La chispa que encendió el incendio fue uno de los choques más comunes entre el trabajo y el capital: una huelga en una fábrica. Es interesante, sin embargo, que esta huelga de 12.000 obreros de la fábrica Putílov, que estalló el lunes 3 de enero, fue ante todo una huelga en nombre de la solidaridad proletaria. El motivo fue el despido de cuatro obreros. «Cuando su exigencia de reincorporación no fue satisfecha —nos escribe un camarada de Petersburgo el 7 de enero—, la fábrica se paró de inmediato, de forma muy unánime. La huelga tiene un carácter muy firme; los obreros destacaron a unos cuantos para vigilar las máquinas y demás bienes, previendo algún posible deterioro por parte de los menos conscientes. Luego enviaron una delegación a otras fábricas para comunicar sus reivindicaciones y proponer que se sumaran». Miles y decenas de miles de obreros empezaron a sumarse al movimiento. La asociación obrera legal, zuátovista, fundada con la ayuda del gobierno con el fin de corromper al proletariado mediante una propaganda monárquica sistemática, prestó no poca ayuda a la organización del movimiento en sus etapas iniciales y a su crecimiento en amplitud. Ocurrió lo que los socialdemócratas venían señalando desde hacía tiempo al decir a los zuátovistas que el instinto revolucionario de la clase obrera y el espíritu de su solidaridad se impondrían a todas las pequeñas tretas policiales. Los obreros más atrasados se incorporarán al movimiento gracias a los zuátovistas, y luego el propio gobierno zarista se encargará de impulsarlos más lejos, la propia explotación capitalista los hará pasar del zuátovismo pacífico e hipócrita a la socialdemocracia revolucionaria. La práctica de la vida y la lucha proletarias superará todas las «teorías» y todos los esfuerzos de los señores zuátovistas*.

Y así sucedió. Un camarada obrero, miembro del Comité de Petersburgo del POSDR, relata sus impresiones del siguiente modo en una carta que nos envía el 9 de enero:

«Escribo bajo la viva impresión de la reunión que acaba de celebrarse tras la barriada del Nevá de los obreros de la fábrica Semiánnikov. Pero antes unas palabras sobre el estado de ánimo que reina entre los obreros de Petersburgo. Como es sabido, últimamente han comenzado a surgir, o mejor, a renacer, las organizaciones “zuátovistas” bajo la dirección del pope Gapón. En muy poco tiempo estas organizaciones se han multiplicado y fortalecido. Ahora existen ya 11 secciones de la llamada “Asamblea de obreros fabriles rusos”. Como era de esperar, los resultados de estas asambleas tenían que ser los mismos que en el sur.

Ahora, se puede afirmar con certeza, comienza un amplio movimiento huelguístico en Petersburgo. Casi a diario se oye hablar de una nueva huelga, ora en una fábrica, ora en otra. Hace ya dos días que está en huelga la fábrica *Putílov*. Hace unas dos semanas estuvo en huelga la hilandería de Shau en el lado de Výborg. La huelga duró cuatro días; los obreros no consiguieron nada. Hoy o mañana esta huelga se reanudará. Por doquier reina un ambiente exaltado, pero no se puede decir que sea favorable a la socialdemocracia. La mayoría de los obreros está por la lucha puramente económica y contra la lucha política. Sin embargo, hay que esperar y confiar en que este estado de ánimo cambie y los obreros comprendan que sin lucha política no se conseguirán mejoras económicas. Hoy se ha declarado en huelga la fábrica de la Sociedad de Construcción Naval del Nevá (Semiánnikov). La sección local de la “Asamblea de obreros fabriles rusos” intenta erigirse en dirigente de la huelga iniciada, pero, por supuesto, no lo conseguirá. La dirigente será la socialdemocracia, a pesar de que aquí es terriblemente débil.

Han aparecido dos o tres hojas del Comité de Petersburgo, dos para la fábrica de hilados Shau y una para los obreros de Putílov. Hoy ha tenido lugar la reunión de los obreros de la fábrica de construcción naval del Nevá. Se reunieron unos 500 obreros. Por primera vez tomaron la palabra los miembros de la sección local de la “Asamblea”. Eludieron las reivindicaciones políticas y plantearon principalmente reivindicaciones económicas. De entre la multitud se alzaron voces de desaprobación. Pero entonces apareció Stróev, colaborador de *Rússkaya Gazeta*, que goza de gran respeto entre los obreros de Petersburgo, y propuso una resolución que, según declaró, había sido elaborada por él y representantes de la socialdemocracia. Esta resolución, aunque subraya la oposición entre los intereses de clase del proletariado y la burguesía, es insuficiente. Tras Stróev hablaron camaradas obreros socialdemócratas, quienes defendieron en principio esta resolución, destacando, no obstante, su limitación e insuficiencia. Se armó una algarabía; algunos estaban descontentos con los discursos de los socialdemócratas y comenzaron a disolver la reunión. La mayoría de los reunidos se pronunció contra el presidente, que se hallaba entre los que disolvían, y eligió a un nuevo presidente, socialista. Pero los miembros de la “asamblea” (zuátovista) no callaron y continuaron perturbando la reunión. Aunque la inmensa mayoría (el 90%) estaba del lado de los socialistas, la reunión terminó sin resultado y aplazó la decisión hasta mañana. En todo caso, se puede decir que los socialdemócratas lograron inclinar el ánimo de los obreros a su favor. Mañana se prevé una gran reunión: es posible que asistan dos o tres mil personas. Hay que esperar en estos días una grandiosa manifestación, algo similar a la manifestación de julio en el sur en 1903. Está en huelga la fábrica de la Sociedad Franco-rusa, unos cuatro o cinco mil. Se dice que también ha empezado la huelga en la hilandería del barón Stiglitz, unos cinco mil. Se espera la huelga en la fábrica Obújov, cinco o seis mil.».

Comparando estos datos del socialdemócrata, miembro del comité local (quien, naturalmente, sólo podía conocer con exactitud los acontecimientos en una pequeña parte de Petersburgo) con los datos de los periódicos extranjeros, sobre todo ingleses, debemos llegar a la conclusión de que estos últimos se distinguen por una exactitud muy considerable.

La huelga crecía día a día con rapidez vertiginosa. Los obreros celebraban infinidad de reuniones y elaboraban su «carta», sus reivindicaciones económicas y políticas. Unas y otras, a pesar de la dirección de los zuátovistas, se reducían en general a las reivindicaciones del programa del partido socialdemócrata, hasta la consigna de convocar una asamblea constituyente sobre la base del sufragio universal, directo, igual y secreto. El crecimiento espontáneo de una huelga de dimensiones nunca vistas superaba con creces la participación planificada en el movimiento de los socialdemócratas organizados. Pero cedamos la palabra a ellos mismos.

**CARTAS DE LOS SOCIALDEMÓCRATAS DE PETERSBURGO**