¡Querido ciudadano Charles Dumas!

Mi esposa y yo recordamos con gran placer la época en que lo conocimos en París, en la calle Bonnier. Le estamos muy agradecidos por el intercambio de ideas y por la información tan precisa sobre el movimiento socialista en Francia.

Lamento mucho que las relaciones personales entre nosotros se hayan vuelto imposibles, después de que nos separaran divergencias políticas tan profundas. Durante toda la guerra luché contra la tendencia de la «defensa nacional»; siempre abogué por la escisión, convencido de que esa tendencia destruye por completo el socialismo.

Ni que decir tiene que escribo esta carta no como miembro del gobierno, sino como particular.