Es indudable que el Rabkrin representa para nosotros una dificultad enorme. Hasta ahora no ha dado ningún resultado, y la cuestión de su organización e incluso de su utilidad en general sigue siendo una cuestión abierta.

Creo que quienes dudan de su necesidad están equivocados. Pero al mismo tiempo no niego que la cuestión de nuestro aparato estatal y de su mejora es muy difícil y está lejos de estar resuelta.

Nuestro aparato estatal, con la excepción del Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores, representa en sumo grado una supervivencia del pasado, sometida en mínima medida a una transformación radical. Solo está ligeramente alisado por arriba. Y en los demás aspectos, para ponerlo en funcionamiento como es debido, el estado obrero y campesino, y además un estado construido sobre bases enteramente nuevas, ha necesitado siempre y necesita ahora la concentración en él, dentro de los marcos más jerárquicos, de miembros del partido.

Basta recordar cómo actuamos en los momentos peligrosos de la guerra civil, cómo concentramos nuestras mejores fuerzas del partido en el Ejército Rojo, cómo recurrimos a la movilización de los obreros avanzados del partido, para confirmar lo dicho.

Y he aquí que, pienso, como resultado de todos nuestros intentos de reorganizar la Inspección Obrera y Campesina, la conclusión es que aún no hemos hecho un intento. En concreto, no hemos intentado entregar este asunto

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a nuestros obreros y campesinos, colocándolos al frente de nuestro partido, como miembros del Comité Central.

Imagino esta transformación del Rabkrin del siguiente modo: varias decenas (de 50 a 75 personas) de obreros y campesinos, plenamente probados en cuanto a honradez y lealtad, son elegidos para el Comité Central del partido, además de los demás miembros del Comité Central. Al mismo tiempo, el Rabkrin se reduce por fin (¡por fin!) a unos pocos cientos de personas, por un lado, de las más probadas en los asuntos del Rabkrin en general, es decir, especialistas de alta calificación más familiarizados tanto con el conocimiento de nuestro aparato como con la preparación teórica para las cuestiones de organización del trabajo en las instituciones, y con los métodos de verificación e investigación; por otro lado, personas de puro aparato secretarial auxiliar.

A los nuevos miembros del Comité Central, que gozan de plena igualdad de derechos con los demás miembros del Comité Central, se les asigna la tarea: mediante un trabajo prolongado y tenaz, estudiar y mejorar nuestro aparato estatal. Todos los demás empleados del Rabkrin reciben la tarea de ayudarles en ello: unos, como los más familiarizados con este aparato y los más conocedores del trabajo del Rabkrin; otros, como empleados de tipo secretarial.

El Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina podría seguir siendo, con ello, el mismo comisariado que hasta ahora. Los nuevos miembros del Comité Central podrían ser considerados en comisión temporal en dicho comisariado. El Comisario del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina podría conservar su rango, su posición y sus derechos, al igual que los miembros de su colegio.

¿Qué ventajas obtendríamos de tal organización? Ante todo, renunciaríamos de una vez por todas a nuevas reorganizaciones emprendidas sobre la base de un estudio insuficiente de nuestro aparato. En segundo lugar, elevaríamos de inmediato la autoridad de este comisariado, tanto mediante la atracción de miembros del Comité Central como mediante la reducción del número de empleados en él a unos pocos cientos. Pues del estado actual, en que los miembros del Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina, por regla general, viven de los favores de las instituciones inspeccionadas, pasaríamos de inmediato a una situación tal...