Al camarada Stalin para el pleno del Comité Central

Considero que lo más importante es analizar la carta del camarada Bujarin. En el primer punto, dice que «ni Lenin ni Krasin dicen una palabra sobre los innumerables perjuicios que la economía del país sufre por la inoperancia del NKVT, que se deriva de su estructura "principista"; no dicen una palabra sobre los perjuicios que provienen de que nosotros mismos no somos capaces (y por razones perfectamente comprensibles no lo seremos durante mucho tiempo) de movilizar el fondo mercantil campesino y ponerlo en el intercambio de mercancías internacional».

Esta afirmación es directamente incorrecta, pues en el parágrafo II de Krasin se habla claramente de la formación de sociedades mixtas, que representan un modo de, en primer lugar, movilizar el fondo mercantil campesino y, en segundo lugar, obtener de esa movilización unas ganancias no inferiores a la mitad para nuestro erario estatal. Así, quien elude la esencia de la cuestión es precisamente Bujarin, que no quiere ver que la «movilización del fondo mercantil campesino» daría un ingreso íntegro y exclusivamente en manos de los nepmanes. La cuestión consiste en si nuestro NKVT trabajará en beneficio de los nepmanes o trabajará en beneficio del Estado proletario. Esta es una cuestión tan fundamental que, sin duda, se puede y se debe luchar por ella en el congreso del partido.

La cuestión de la inoperancia del NKVT, en comparación con esta primera cuestión fundamental y de principio,

es completamente subordinada, pues esa inoperancia no es ni más ni menos que la inoperancia de todos nuestros comisariados del pueblo, que depende de su estructura social general y nos exige largos años de trabajo tenacísimo para elevar la instrucción y el nivel en general.

El segundo punto de las tesis de Bujarin declara que «puntos como, por ejemplo, el § 5 de las tesis de Krasin son enteramente aplicables también a las concesiones en general». Esto es, de nuevo, la más flagrante falsedad, pues la tesis 5ª de Krasin afirma que «en el campo será introducido artificialmente el explotador más malicioso, el acaparador, el especulador, el agente del capital extranjero, que opera con el dólar, la libra, la corona sueca». Nada parecido se deriva de las concesiones, en las que prevemos no solo el territorio, sino también una autorización especial para el comercio de artículos especiales y, además, lo principal, mantenemos en nuestras manos el comercio de aquellos artículos entregados en concesión; sin haber objetado ni una sola palabra contra los argumentos de Krasin de que no mantendremos el libre comercio dentro de los marcos que señala la resolución del pleno del 6 de octubre, de que nos arrancarán de las manos el comercio por la fuerza del empuje no solo de los contrabandistas, sino de todo el campesinado, sin haber respondido ni un ápice a este argumento económico y de clase fundamental, Bujarin lanza contra Krasin acusaciones que llaman la atención por su inconsistencia.

En el tercer punto de su carta, Bujarin escribe: «§ 3 de Krasin». (Por error dice 3 en lugar de 4.) «Nuestra frontera se mantiene», y pregunta: «¿Qué significa esto? Significa realmente que no se hace nada. Exactamente como una tienda con un buen letrero público, dentro de la cual no hay nada (el sistema de Glavzápor)». Krasin dice con total claridad que nuestra frontera se mantiene no tanto por la guardia aduanera o fronteriza como por la existencia del monopolio del comercio exterior. Ante este hecho claro, directo e indiscutible, Bujarin no objeta ni puede objetar ni una palabra. La expresión «sistema de Glavzápor» pertenece a ese tipo de expresiones a las que

SOBRE EL MONOPOLIO DEL COMERCIO EXTERIOR
Marx respondió en su tiempo con la expresión «librecambista vulgar» [202], pues aquí no hay nada más que una frase librecambista completamente vulgar.

A continuación, en el cuarto punto, Bujarin acusa a Krasin de que no ve que debemos avanzar hacia el perfeccionamiento de nuestra política aduanera, y junto con esto me acusa a mí de que me equivoco al hablar de vigilantes por todo el país cuando en realidad se trata solo de los puntos de importación y exportación. Una vez más, las objeciones de Bujarin llaman la atención por su ligereza y yerran el blanco, pues Krasin no solo ve el perfeccionamiento de nuestra política aduanera, no solo lo reconoce plenamente, sino que lo señala con una precisión que no admite ni la menor sombra de duda. Precisamente, este perfeccionamiento consiste en que hemos adoptado el sistema de monopolio del comercio exterior, en primer lugar, y, en segundo lugar, el sistema de formación de sociedades mixtas.

Bujarin no ve —este es su error más llamativo, y además puramente teórico— que ninguna política aduanera puede ser efectiva en la época del imperialismo y de la monstruosa diferencia entre países paupérrimos y países increíblemente ricos. Varias veces Bujarin alude a la protección aduanera, sin ver que, en las condiciones señaladas, cualquiera de los países industriales ricos puede quebrantar totalmente esa protección. Para ello le basta con introducir una prima a la exportación para la importación en Rusia de aquellas mercancías que aquí están gravadas con una prima aduanera. Para esto, cualquier país industrial tiene dinero más que suficiente, y como resultado de tal medida, cualquier país industrial quebrantará con toda seguridad nuestra industria nacional.

Por eso, todos los razonamientos de Bujarin sobre la política aduanera significan en la práctica nada más que la total indefensión de la industria rusa y el tránsito, cubierto con el más leve velo, hacia el sistema de libre comercio. Contra esto debemos luchar con todas nuestras fuerzas, y luchar hasta el congreso del partido, pues en la actualidad, en la época del imperialismo, no puede hablarse de ninguna política aduanera seria

fuera del sistema de monopolio del comercio exterior.

La acusación de Bujarin contra Krasin (en el punto quinto) de que no comprende toda la importancia de intensificar la circulación queda completamente refutada por lo que dice Krasin acerca de las sociedades mixtas, pues estas sociedades mixtas no persiguen ningún otro fin que precisamente intensificar la circulación, manteniendo una protección real, y no ficticia como con la protección aduanera, de nuestra industria rusa.

Si, además, en el sexto punto, objetándome, Bujarin escribe que no le importa que el campesino realice el negocio más ventajoso, y que la lucha no se dará entre el campesino y el poder soviético, sino entre el poder soviético y el exportador, esto es, de nuevo, radicalmente incorrecto, pues el exportador, con las diferencias de precios que yo he señalado, por ejemplo (el lino cuesta en Rusia 4 rublos 50 y en Inglaterra 14 rublos), movilizará a su alrededor a todo el campesinado del modo más rápido, seguro e indudable. En la práctica, Bujarin se pone del lado del especulador, del pequeño burgués y de las capas superiores del campesinado contra el proletariado industrial, que es absolutamente incapaz de reconstruir su industria, de hacer de Rusia un país industrial, sin su protección, de ningún modo mediante una política aduanera, sino solo y exclusivamente mediante el monopolio del comercio exterior. Cualquier otro proteccionismo en las condiciones de la Rusia actual es un proteccionismo completamente ficticio, de papel, que no da nada al proletariado. Por eso, desde el punto de vista del proletariado y de su industria, esta lucha tiene un significado fundamental de principio. El sistema de sociedades mixtas es el único sistema que es capaz de mejorar realmente el mal aparato del NKVT, pues en este sistema trabajan codo a codo el comerciante extranjero y el ruso. Si ni siquiera en tales condiciones logramos aprender, instruirnos y aprender completamente, entonces nuestro pueblo es un pueblo de necios completamente desahuciado.

Si nosotros nos ponemos a hablar de «protección aduanera», esto significa que nos cegaremos

SOBRE EL MONOPOLIO DEL COMERCIO EXTERIOR
ante los peligros señalados por Krasin con total claridad y no refutados por Bujarin en ninguna de sus partes.

Añadiré aún que la apertura parcial de las fronteras conlleva gravísimos peligros en lo referente a la divisa, pues caeremos prácticamente en la situación de Alemania; conlleva gravísimos peligros en el sentido de la penetración en Rusia, sin la menor posibilidad de control para nosotros, de la pequeña burguesía y de toda clase de agentes de la Rusia extranjera.

Servirse de las sociedades mixtas para aprender seria y prolongadamente: ese es el único camino hacia la reconstrucción de nuestra industria.

Lenin
Dictado por teléfono el 13 de diciembre de 1922.

Publicado por primera vez incompletamente el 26 de enero de 1924 en el periódico «Izvestia VTsIK» № 21
Publicado por primera vez completamente en 1930 en la revista «Proletarskaya Revolutsiya» № 2-3

Se imprime según la grabación del secretario (copia mecanografiada).