## PRIMERA VERSIÓN

1. Pregunta. Observo un enorme auge económico, todo el mundo compra y vende, y evidentemente está naciendo una nueva clase comercial. Pregunto: ¿cómo es que el nepman no es ni muestra indicios de aspirar a ser una fuerza política?

Respuesta. Su primera pregunta me ha recordado una conversación en tiempos muy, muy lejanos en Londres. Ocurría un sábado por la noche. Paseaba con un amigo, hace unos veinte años. En las calles había un movimiento extraordinario. Los comerciantes se habían instalado por todas partes en las calles, iluminando sus mercancías con pequeños tubos metálicos de petróleo o algo parecido. Las lucecitas eran muy hermosas. El movimiento en las calles era realmente extraordinario. Todo el mundo compraba o vendía.

En Rusia existía entonces una corriente que llamábamos los «economistas». Bajo esta denominación un tanto campechana entendíamos una simplificación pueril de las concepciones del materialismo histórico de Marx. Mi amigo era un «economista» y se puso enseguida a exponer su sabiduría: he aquí que, según decía, a esta extraordinaria actividad económica debía seguir el afán de fuerza política. Yo me reía de semejante comprensión de Marx. La abundancia de pequeños comerciantes y su actividad tan intensa no atestiguan en modo alguno la gran fuerza económica de una clase, de la cual se pueda y se deba deducir la «fuerza política». Probablemente, Londres se convirtió en potencia mundial del comercio, tanto económica como política,

por un camino algo más complejo de lo que imaginaba mi interlocutor, y los vendedores callejeros de Londres, a pesar de su notable actividad, estaban bastante lejos de la «fuerza política» e incluso del afán de ella.

Temo que su pregunta, de por qué este «nepman» (es decir, ¿vendedor callejero? ¿pequeño mercader?) no muestra entre nosotros «indicios de afán de ser una fuerza política», provoque una sonrisa entre nosotros y le respondamos: por la misma razón por la que la multitud en las calles de Londres, que todo lo compraba y vendía los sábados, no mostraba en Inglaterra «indicios de afán de fuerza política».

2. Pregunta. Tengo la impresión de que actualmente en Rusia la compraventa y el intercambio son altamente lucrativos, mientras que la producción sólo es posible en contadísimos casos. La compraventa y el intercambio están en manos de los nepmanes. La producción lucrativa se realiza en su mayor parte a pequeña escala y está en manos de particulares. La producción deficitaria está en manos del Estado. Pregunto: ¿no significa esto un constante fortalecimiento económico de los nepmanes y un constante debilitamiento del Estado?

Respuesta. Temo que su segunda pregunta también esté planteada desde un punto de vista casi «economista» en el sentido indicado. Bastiat, según creo, sostenía casi en serio la opinión de que «los antiguos griegos y romanos vivían del saqueo». No se preocupaba mucho de la cuestión «económica» de dónde obtenían lo que saqueaban esas personas que vivían del saqueo.

Usted «tiene la impresión de que en Rusia actualmente la compraventa y el intercambio son altamente lucrativos», «mientras que la producción sólo es posible en contadísimos casos».

Me sorprendió mucho leer tal conclusión deducida de la observación de las calles de Moscú. ¿Y qué pasa, pensé, con los millones y millones de campesinos rusos? ¿Que siembran la tierra es, al parecer, un caso no raro ni el más raro, sino el predominante en Rusia? ¿Un caso «incluso» más numeroso que la «compraventa» de cualquier cosa por un «nepman»? Y probablemente,

la producción campesina en Rusia no sólo es «posible», sino también extraordinariamente «lucrativa»? De otro modo, ¿de dónde provendrían esos centenares de millones del impuesto en especie que nuestros campesinos han entregado ya al Estado tan extraordinariamente rápido y fácil? ¿De dónde ese auge general de la actividad constructiva, tanto en las aldeas de la inmensa Rusia como en las ciudades, que observa todo el mundo?

¿No tomará la persona que hace la pregunta por «venta e intercambio altamente lucrativos» el pequeño comercio, cuando un pequeño comerciante obtiene a veces millones y millones de ganancias en la depreciada moneda rusa, cuando un millón vale en el mercado libre menos de lo que antes valía un rublo? Apenas si es posible semejante error, pues nuestro Estado suprime ahora -ya desde hace varios meses- los ceros «sobrantes» en el papel moneda. Ayer era un billón, y hoy se suprimen cuatro ceros y resulta diez millones. El Estado no se enriquece con esto, pero suponer que «se vuelve más débil» es muy extraño, pues el paso adelante hacia la mejora de la moneda es aquí evidente. El nepman empieza a ver cómo comienza la estabilización del rublo; por ejemplo, esto se vio el pasado verano; el nepman empieza a comprender que la «supresión» de ceros continuará, y dudo de que sea detenida por su «afán de fuerza política».

Vuelvo a la producción. La tierra está en manos del Estado. Los pequeños campesinos que la poseen entregan perfectamente el impuesto. La producción industrial, en lo que respecta a la llamada industria ligera, revive claramente, y a menudo se halla, bien en propiedad del Estado bajo la dirección de sus empleados, bien en posesión de arrendatarios.

Por lo tanto, no hay fundamento para temer un «constante debilitamiento del Estado».

Hay que distinguir no entre producción y comercio, sino entre producción en la industria ligera y producción en la industria pesada. Esta última es realmente no lucrativa; de ahí la situación realmente difícil de nuestro Estado. Sobre esto, más abajo.

3. Pregunta. Se insinúa que se hará un intento (mediante impuestos) de obligar al nepman a subvencionar la producción. Pregunto: ¿no dará esto como resultado sólo un aumento de los precios, un aumento de las ganancias del nepman y, indirectamente, la necesidad de elevar los salarios, y, por tanto, un retorno a la situación anterior?

Respuesta. El Estado tiene en sus manos centenares de millones de puds de cereal. En tales condiciones, no se puede esperar que los impuestos «sólo» eleven los precios. Los impuestos nos darán también ingresos de los nepmanes y de los productores para ayuda a la industria, especialmente para ayuda a la industria pesada.

4. Pregunta. Si se juzga por los patrones capitalistas habituales, la situación económica debe ser peor. Si se juzga por los patrones comunistas, la situación también debe ser peor (decadencia de la industria pesada). Sin embargo, toda persona que encuentro coincide en que su situación es mejor que hace un año. Al parecer, está ocurriendo algo que no admite ni la ideología capitalista ni la comunista. Una y otra suponen progreso. Pero ¿y si en lugar de progreso, retrocedemos? Pregunto: ¿no es posible que no vayamos hacia adelante, hacia un nuevo bienestar, sino que volvamos hacia atrás, a la situación anterior? ¿No es posible que Rusia se mueva hacia atrás, hacia un período de producción agrícola aproximadamente correspondiente a sus necesidades, y hacia un animado comercio interior, sólo ligeramente afectado por la importación extranjera? ¿No puede concebirse un período semejante bajo la dictadura del proletariado, como antes bajo la dictadura feudal?

Respuesta. Empecemos a «juzgar» según los «patrones capitalistas habituales». Durante todo el verano nuestro rublo fue estable. Esto es un claro comienzo de mejora. Luego, el auge de la producción campesina y de la industria ligera es indudable. También una mejora. Por último, nuestro Banco del Estado obtuvo un ingreso neto de no menos de 20 millones de rublos oro (es el mínimo; en realidad, más). Poco, pero la mejora es indudable. Poco, pero el comienzo del aumento del fondo para la industria pesada es indudable.

Pasemos ahora a juzgar según los patrones comunistas. Las tres circunstancias enumeradas significan aspectos positivos también desde el punto de vista comunista, pues el poder estatal está en manos de los obreros. Tanto el paso hacia la estabilización del rublo, como el auge de la producción campesina y de la industria ligera, como el comienzo de las ganancias del Banco del Estado

(el del Estado), todo ello es un aspecto positivo también desde el punto de vista comunista.

¿Cómo puede ser que el capitalismo y el comunismo sean opuestos, y que resulten aspectos positivos desde ambos puntos de vista opuestos? Esto es posible, porque la transición al comunismo es posible también a través del capitalismo de Estado, si el poder en el Estado está en manos de la clase obrera. Este es precisamente «nuestro caso actual».

La decadencia de la industria pesada es nuestro aspecto negativo. El comienzo de ingreso del Banco del Estado y del Comercio Exterior es la preparación también en este terreno para mejorar la situación. Las dificultades aquí son grandes, pero la cosa no es en modo alguno desesperada.

Vayamos más allá. ¿No puede ser que vayamos hacia atrás, hacia algo parecido a una «dictadura feudal»? No puede ser en modo alguno, porque lenta, con interrupciones, con pasos atrás de vez en cuando, ascendemos por la línea del capitalismo de Estado. Y esta es una línea que nos lleva hacia adelante, hacia el socialismo y el comunismo (como fase superior del socialismo), y de ningún modo hacia atrás, hacia el feudalismo.

Crece el comercio exterior; se fortalece, aunque con interrupciones, la estabilización del rublo; claro auge de la industria en Petrogrado y en Moscú; pequeño, muy pequeño comienzo de preparación de medios del Estado para ayudar a la industria pesada, etc. Todo esto demuestra que Rusia va hacia adelante, y no hacia atrás, aunque, repito, muy lentamente y con interrupciones.

5. Pregunta. ¿O asistimos al triste espectáculo de la dilapidación del capital que debería ser empleado en la producción?

Respuesta. A esta pregunta ya se ha respondido con la exposición anterior.

6. Pregunta. Además de estas preguntas, al «Manchester Guardian» le interesaría tener de sus labios un desmentido de los rumores que circulan ahora vivamente por Moscú de que este invierno se implantará de nuevo el sistema de racionamiento junto con la requisa total de los almacenes de los nepmanes.

Respuesta. Confirmo gustosamente la total inconsistencia de los rumores de que pensamos volver atrás

al sistema de racionamiento o a la «requisa total de los almacenes de los nepmanes».

Puros cuentos. Ni pensamos en nada semejante.

Nada parecido puede siquiera imaginarse en la Rusia actual. Son rumores difundidos maliciosamente por personas que están muy furiosas con nosotros, pero no muy inteligentes.

7. Pregunta. Por último, ¿tengo razón en mi suposición de que el contrato con Urquhart no ha sido rechazado definitivamente, sino sólo archivado hasta que se restablezcan relaciones amistosas normales con el gobierno inglés?

Respuesta. Tiene usted toda la razón en lo de Urquhart. Repito lo que dije hace poco a Farbman*. La concesión a Urquhart no la hemos rechazado definitivamente. La hemos rechazado sólo por la razón política por nosotros públicamente indicada. Hemos iniciado en nuestra prensa una discusión abierta de todos los pros y todos los contras. Y esperamos que, después de esta discusión, nos formemos una opinión definitiva tanto en el plano político como en el económico.

5/XI. 1922.

Suyo, Lenin

Publicado en inglés
el 22 de noviembre de 1922 en el diario «The Manchester Guardian» nº 23797

En ruso se publicó por primera vez en 1930
en las 2-3 ediciones de las Obras
de V. I. Lenin, tomo XXVII

Se imprime según el manuscrito

* Véase el presente tomo, págs. 237-244. Red.

## SEGUNDA VERSIÓN (INACABADA)

A sus preguntas respondo:

1. Creo que el «nepman», es decir, el representante del creciente comercio en la «nueva política económica», desea ser una fuerza política, pero no muestra ningún indicio de ello o los muestra de tal manera que oculta sus deseos. Le es necesario tender a ocultar sus deseos, pues de lo contrario corre el riesgo de encontrar una seria oposición de nuestro poder estatal, y a veces algo peor que la oposición, es decir, una hostilidad directa.

Opino que, al concentrarse en manos de nuestro poder estatal la inmensa mayoría de los medios de producción, la real necesidad económica de la pequeña burguesía es la libertad de compra y venta de artículos de consumo. Nuestra legislación garantiza a la pequeña burguesía esta libertad.

La palabra «nepman» que usted emplea conduce a algún malentendido. Esta palabra está formada por la abreviatura «nep», que significa «nueva política económica», y el añadido «man», que significa «hombre o representante de esta nueva política económica». En el lenguaje periodístico, esta palabra surgió primero como designación jocosa del pequeño mercader o de la persona que utiliza la libertad de comercio para toda clase de abusos.

Exteriormente, la nueva política económica se manifiesta sobre todo precisamente en que

aparece en el primer plano este tipo de «nepman», o cualquiera, como usted escribe, que «vende y compra».

Pero la real actividad económica de la real mayoría de la población no consiste en absoluto en esto. Basta señalar, por ejemplo, la actividad de la inmensa masa del campesinado, que precisamente ahora, con enorme energía y con el mayor sacrificio personal, restablece sus siembras y trabaja en la restauración de sus instrumentos de producción agrícola, de sus viviendas, edificios, etc. Por otra parte, los obreros industriales precisamente ahora, con energía igualmente sobresaliente, trabajan en el mejoramiento de los instrumentos de trabajo, en la sustitución de los instrumentos de trabajo desgastados por otros nuevos, en la renovación de los edificios destruidos, estropeados o dañados, etc.

El «nepman», si ya se emplea esta expresión, mucho más propia del lenguaje periodístico jocoso que del ámbito de los términos serios de la economía política, hace mucho más ruido de lo que corresponde a su fuerza económica. Por ello, temo que la persona que aplicara a nuestro «nepman» la simplificada tesis del materialismo histórico de que a la fuerza económica debe seguir la política, corre el riesgo de equivocarse muy profundamente e incluso de ser víctima de toda una serie de divertidos malentendidos.

La verdadera esencia de la nueva política económica consiste en que el Estado proletario: primero, ha permitido la libertad de comercio a los pequeños productores, y, segundo, en que a los medios de producción para el gran capital el Estado proletario aplica toda una serie de principios de lo que en la economía capitalista se llamaba «capitalismo de Estado».

Creo que el «nepman» que de esto deduzca la conveniencia de convertirse en una fuerza política corre el riesgo no sólo de equivocarse, sino también de convertirse en objeto de las burlas periodísticas por su comprensión vulgar del marxismo.

2. Su impresión de que ahora en Rusia la compra y la venta reportan una renta extraordinariamente alta, «mien-

tras que la producción sólo es posible en contadísimos casos», me parece capaz de provocar burlas bastante merecidas contra la economía política del «señor «nepman»».

Si no me equivoco, en Rusia la inmensa mayoría de la población es campesina pequeña, que con extraordinario ahínco se ha lanzado ahora a la producción y ha alcanzado (en parte gracias a la ayuda estatal con semillas, etc.) enormes éxitos, casi increíbles, sobre todo si se tienen en cuenta las inauditas destrucciones de la guerra civil, el hambre, etc. Los pequeños campesinos han alcanzado con ello tales éxitos que con extraordinaria facilidad y casi sin coacción alguna han entregado el impuesto estatal, calculado en centenares de millones de puds de cereal.

Por eso creo que será más justo decir: la gigantesca mayoría de la población, teniendo una producción muy pequeña en escala, da la más enorme ganancia, encontrándose en manos de particulares. Esto se refiere a toda la producción agrícola del campesinado. Una ganancia igual o algo menor da la producción industrial, que se halla en parte en manos de particulares y en parte en manos de arrendatarios estatales o de aquellas fábricas estatales que producen artículos de consumo para la población rural.

La producción realmente no lucrativa que queda en manos del Estado es sólo lo que habría que llamar, si se emplea la terminología científica de la economía política, producción de medios de producción (mineral, metales, etc.) o producción de capital fijo. En la economía capitalista, este tipo de capital exige generalmente para su renovación empréstitos estatales, que proporcionan de golpe sumas extraordinariamente grandes (centenares de millones de rublos o incluso dólares) para la reorganización de una serie de empresas capaces de restablecer los medios de producción destruidos.

Para nosotros, la restauración de los medios de producción destruidos no promete ganancia alguna durante largo tiempo, es, como usted dice, «no lucrativa». Durante bastante tiempo tendremos que utilizar para la restauración

del capital fijo los ingresos de las concesiones o las subvenciones estatales.

Tal es la realidad económica contemporánea. Como ve, considero esta realidad esencialmente de otro modo que usted. Temo que su punto de vista, de que entre nosotros se produce un «continuo fortalecimiento económico de los nepmanes» y un «continuo debilitamiento económico del Estado», hubiera provocado probablemente las burlas de Marx contra la economía política vulgar.

Y yo me permito pensar a la antigua usanza que después de Marx sólo se puede hablar de cualquier otra economía política no marxista para embaucar a los pequeñoburgueses, aunque sean pequeñoburgueses «altamente civilizados».

Termino con la cuestión de la «fuerza política»: los obreros y el campesinado son la base de la fuerza política en Rusia. En todos los países capitalistas, los campesinos son saqueados tanto por los terratenientes como por los capitalistas. Cuanto más conscientes se vuelven los campesinos, mejor lo comprenden. Por eso, la masa de la población no seguirá a los nepmanes «compradores y vendedores».

3. ¿No conducirán los impuestos sobre los «nepmanes» sólo a elevar los salarios y los precios, en lugar de proporcionar medios para la producción?

- No, porque en la base de los precios estará el cereal. Una parte del mismo está en manos del Estado, recogida como impuesto. El nepman no podrá tener una influencia independiente sobre los precios, porque no es productor. El monopolio del comercio exterior, observaré de paso, nos ayudará a tener al nepman en nuestras manos, pues los precios se fijarán al margen de él, por el precio de producción en el extranjero más nuestro recargo estatal, que irá a subvencionar la producción.

Temo que usted confunde a veces el aumento de los precios por los nepmanes con el alza de los precios de nuestro papel moneda debido al aumento de la emisión. Esto sería un error.

Escrito entre el 27 de octubre y el 5 de noviembre de 1922

Publicado por primera vez el 21 de enero de 1926 en el diario «Pravda» nº 17

Se imprime según el ejemplar mecanografiado, corregido y completado por V. I. Lenin