1. Pregunta. La prensa antirrusa presenta la recepción de Herriot en Moscú y las negociaciones franco-rusas como un giro decisivo en la política exterior de la Rusia Soviética.
¿Es esto correcto? ¿Es cierto que Rusia considera la política inglesa en el Cercano Oriente como un desafío y está dispuesta a concluir un acuerdo con Francia dirigido contra Inglaterra?
Respuesta. Considero absolutamente incorrecto presentar la recepción de Herriot en Moscú y las negociaciones franco-rusas como cualquier giro, por mínimo que sea, en la política de la Rusia Soviética en general y, en particular, como un giro contra Inglaterra 150. Sin duda, valoramos extraordinariamente tanto la recepción de Herriot en Moscú como ese paso hacia el acercamiento con Francia o hacia las negociaciones con ella, que ahora se han hecho posibles, probables y, quisiera pensar, necesarias. Cualquier acercamiento con Francia nos es sumamente deseable, sobre todo en vista de que los intereses comerciales de Rusia exigen imperiosamente el acercamiento con esta potencia continental más fuerte. Pero estamos convencidos de que este acercamiento no implica en lo más mínimo la obligatoriedad de un cambio en nuestra política respecto a Inglaterra. Consideramos que unas relaciones plenamente amistosas con ambas potencias son perfectamente posibles y constituyen nuestro objetivo. Consideramos que precisamente el desarrollo de las relaciones comerciales presionará inevitablemente con enorme fuerza en la dirección de alcanzar este objetivo. Consideramos que los intereses correctamente entendidos de Inglaterra y

Francia actuarán igualmente en esta dirección. Consideramos que los intereses mutuos de Inglaterra y Francia, en la medida en que entran en contacto con Rusia, no contienen en modo alguno elementos de enemistad inevitable entre Inglaterra y Francia. Por el contrario, incluso pensamos que las relaciones pacíficas y amistosas de estas potencias hacia Rusia contienen una de las garantías (casi estoy dispuesto a decir: la garantía más fuerte) de que la paz y la amistad entre Inglaterra y Francia se prolongarán el mayor tiempo posible y de que todas las posibles y probables divergencias entre Francia e Inglaterra en las condiciones actuales llegarán lo más rápida y seguramente posible a un feliz desenlace.

2. Pregunta. ¿No es la terminación efectiva de la guerra greco-turca, que fue apoyada por Inglaterra, el mejor momento para concluir un acuerdo anglo-ruso?
Respuesta. Por supuesto, la terminación de la guerra greco-turca 151, que fue apoyada por Inglaterra, es un momento que aumenta en cierta medida las probabilidades de concluir un acuerdo anglo-ruso. Aspiramos a este acuerdo antes de la terminación de esta guerra y aspiramos ahora con la mayor energía. Es cierto que algunas de las cuestiones relacionadas con la terminación de esta guerra son temas que provocan nuestras divergencias con Inglaterra. Pero, en primer lugar, la paz que ha sucedido a la guerra greco-turca es, en nuestra opinión, una ganancia tan grande para la política internacional en general, que esperamos una mejora de las condiciones generales de esta política gracias a la paz greco-turca. En segundo lugar, las divergencias que tenemos con Inglaterra no las consideramos en modo alguno insuperables. Por el contrario, esperamos que el futuro más inmediato nos muestre, en relación con las diversas etapas de la cuestión del Cercano Oriente, hasta qué punto se justificará nuestra esperanza de que precisamente la terminación de la guerra greco-turca sea también el fin de aquellos conflictos y desacuerdos que pusieron a esta guerra ya terminada en el primer plano de la política internacional. Hacemos todo lo posible para que la terminación

de esta guerra ponga fin también a las fricciones y desacuerdos con Inglaterra, y esperamos que los intereses del gobierno inglés, también en este caso, prevalezcan sobre cualquier sugerencia y los discursos a menudo poco sinceros de la prensa antirrusa.

3. Pregunta. ¿Considera usted la participación de Rusia en la cuestión oriental como un asunto de prestigio solamente, o se basa usted exclusivamente en los intereses reales de Rusia? ¿Está de acuerdo el gobierno ruso con la propuesta francesa de admitir a Rusia solamente en la parte de la conferencia que resolverá la cuestión de los Estrechos?
Respuesta. Considero la participación de Rusia en la resolución de la cuestión del Cercano Oriente en ningún caso como un asunto de prestigio 152. Espero que toda nuestra política internacional durante cinco años haya demostrado plenamente que somos completamente indiferentes a las cuestiones de prestigio y nunca somos capaces de plantear ninguna exigencia o empeorar las posibilidades reales de paz entre las potencias solo por prestigio. Estoy seguro de que en ninguna potencia hay entre las masas populares tanta indiferencia e incluso tanta disposición a recibir la cuestión del prestigio como prestigio con la más alegre burla. Creemos que la diplomacia de la época moderna se encamina cada vez más rápidamente a tratar las cuestiones de prestigio precisamente de esta manera.
Nuestra política en el Cercano Oriente es para nosotros un asunto del interés vital más real e inmediato de Rusia y de toda una serie de estados federados con ella. Si todos estos estados no lograran su exigencia de participar en la conferencia del Cercano Oriente, ello significaría tal cantidad de elementos de hostilidad, conflictos y descontento, significaría tales dificultades en los asuntos puramente comerciales entre el oriente de Europa, por un lado, y todos los demás estados, por otro, que para la coexistencia pacífica o no quedaría terreno alguno, o sería extraordinariamente dificultada.
Por eso, el gobierno ruso está descontento con la propuesta de París de admitir a Rusia solamente a la participación

en aquella parte de la conferencia que resolverá la cuestión de los Estrechos. Creemos que tal limitación conducirá inevitablemente a una serie de inconvenientes muy prácticos e inmediatos, particularmente económicos, de los cuales las propias Francia e Inglaterra sufrirán, con toda probabilidad, en el futuro más inmediato.

4. Pregunta. ¿Cuál es el programa ruso para la solución de la cuestión de los Estrechos?
Respuesta. Nuestro programa sobre los Estrechos (todavía aproximado, por supuesto) contiene, entre otras cosas:
En primer lugar, la satisfacción de las aspiraciones nacionales de Turquía. Consideramos que no solo los intereses de la independencia nacional lo exigen. Nuestra experiencia de resolver durante cinco años la cuestión nacional en un estado que contiene tal abundancia de nacionalidades, como difícilmente se puede encontrar en otros países, nos convence plenamente de que la única actitud correcta hacia los intereses de las naciones en casos semejantes será su máxima satisfacción y la creación de condiciones que excluyan toda posibilidad de conflictos en este terreno. Nuestra experiencia ha creado en nosotros la convicción inquebrantable de que solo una enorme atención a los intereses de las distintas naciones elimina el terreno para los conflictos, elimina la desconfianza mutua, elimina el temor a cualquier intriga, crea esa confianza, especialmente de los obreros y campesinos que hablan diferentes lenguas, sin la cual son absolutamente imposibles tanto las relaciones pacíficas entre los pueblos como el desarrollo, siquiera sea algo exitoso, de todo lo valioso que hay en la civilización moderna.
En segundo lugar, nuestro programa incluye el cierre de los Estrechos para todos los buques de guerra en tiempos de paz y de guerra. Este es el interés comercial inmediato y más directo de todas las potencias, no solo de aquellas cuyos territorios lindan directamente con los Estrechos, sino también de todas las demás. Hay que tener en cuenta que por todo el mundo se prodigan extraordinariamente frases pacifistas, conversaciones y seguridades, a veces incluso juramentos contra la guerra y por la paz, pero la disposición a dar pasos reales, incluso los más simples, para garantizar la paz, la encontramos en la mayoría de los estados, y especialmente en los estados modernos civilizados, extraordinariamente escasa. Y a nosotros nos gustaría ver en esto y en cuestiones semejantes lo menos posible de declaraciones generales, promesas solemnes, fórmulas pomposas, y lo más posible de las soluciones y medidas más simples y claras que realmente conduzcan a la paz, ya que no hablemos de la eliminación completa de los peligros de guerra.
En tercer lugar, nuestro programa sobre los Estrechos consiste en la plena libertad de navegación mercante. Y después de lo que he dicho en la frase anterior, creo que es completamente superfluo explicar y concretar este punto.

5. Pregunta. ¿Está de acuerdo el gobierno ruso con el control de los Estrechos por la Liga de las Naciones, si la Liga incluyera también en su composición a Rusia, Turquía, Alemania y los Estados Unidos? ¿O Rusia exigiría la creación de una comisión especial para el control de los Estrechos?
Respuesta. Somos, por supuesto, adversarios de la Liga de las Naciones 153, y creo que no solo nuestro régimen económico y político con sus peculiaridades provoca nuestra actitud negativa hacia la Liga de las Naciones, sino que también los intereses de la paz, considerados desde el punto de vista de las condiciones concretas de toda la política internacional moderna en general, justifican plenamente esta actitud negativa. La Liga de las Naciones lleva en sí misma todas las huellas de su origen en la guerra mundial, está tan indisolublemente unida al Tratado de Versalles, está tan impregnada de la ausencia de algo parecido al establecimiento real de la igualdad de derechos de las naciones, de posibilidades reales de coexistencia pacífica entre ellas, que, me parece, nuestra actitud negativa hacia la Liga de las Naciones es comprensible y no requiere más comentarios.

* Se refiere a la Paz de Versalles. Red.

6. Pregunta. ¿Significa la negativa a ratificar el acuerdo con Urquhart una victoria de los «comunistas de izquierda»? ¿Cuáles son las condiciones objetivas que harían posible reanudar las negociaciones y ratificar el tratado con Urquhart?
Respuesta. La cuestión de concluir un tratado con Urquhart fue planteada por nuestro gobierno cuando yo estaba enfermo y no podía participar en los asuntos gubernamentales. Por lo tanto, sobre todos los detalles de este asunto no estoy aún completamente informado en el momento actual. Pero, no obstante, puedo afirmar con toda certeza que no se trata ni puede tratarse en el momento actual de una victoria de los comunistas de izquierda. Lo sé por mi observación directa del curso de los asuntos gubernamentales.
El caso es que el paso injusto de Inglaterra, expresado en la falta de voluntad para admitirnos en la conferencia, fue tan inesperado, provocó tal indignación en Rusia y unió de tal manera no solo a los comunistas de derecha con los de izquierda, sino también a una gigantesca masa de la población rusa no partidista, obreros y campesinos, que el asunto no llegó ni pudo llegar a ninguna divergencia entre los comunistas de izquierda y los de derecha.
La motivación de nuestro rechazo del tratado con Urquhart expresó directamente, se podría decir, no solo el estado de ánimo general del partido, sino precisamente el estado de ánimo general del pueblo, es decir, el estado de ánimo de toda la masa obrera y campesina.
La reanudación de las negociaciones y la posterior ratificación del tratado con Urquhart están condicionadas ante todo por el hecho de que Inglaterra elimine las flagrantes injusticias hacia Rusia, que están vinculadas a cualquier menoscabo de sus derechos a participar en la conferencia sobre las cuestiones del Cercano Oriente. En cuanto a las condiciones concretas que nos ha propuesto Urquhart, aún no he tenido tiempo de ocuparme de ello con suficiente detalle y solo puedo decir que el gobierno ha decidido dar la palabra en nuestra prensa lo más rápidamente posible a los partidarios y oponentes de este acuerdo, para obtener, a partir de la discusión más objetiva y motivada, material para la verificación más seria de todos los

argumentos a favor y en contra y para resolver esta cuestión en el espíritu de la mayor correspondencia con los intereses de Rusia.

7. Pregunta. ¿Hasta qué punto son justas las acusaciones de la prensa antirrusa en Inglaterra, que afirma que las recientes detenciones de industriales en Moscú significan el fin de la Nueva Política Económica y el retorno a la política de nacionalización y confiscación?
Respuesta. Con respecto a su pregunta sobre la acusación que nos hace la prensa antirrusa en Inglaterra en relación con las detenciones de «industriales en Moscú», debo decir que precisamente hoy leo en nuestro periódico («Izvestia») una nota titulada «Detenciones de especuladores del mercado negro». Nada menos que el jefe de la Dirección Económica dependiente de la Dirección Política del Estado, el camarada Z. B. Katsnelson, relata en esta nota que no se ha tratado en absoluto de ninguna detención de industriales, que «los rumores difundidos por los enemigos del Poder Soviético tanto dentro de la RSFSR como en el extranjero, de que estas detenciones son una persecución del libre comercio, representan en realidad una invención absolutamente absurda con determinadas intenciones contrarrevolucionarias de hacer fracasar las relaciones económicas que se están estableciendo con Europa Occidental».
En realidad, han sido detenidos exclusivamente los agentes de la llamada bolsa negra, y en manos de nuestras autoridades hay datos que establecen la conexión de estos especuladores de divisas con algunos empleados de misiones extranjeras en Moscú, y estos datos establecen no solo la venta de platino, oro (en lingotes), sino también la organización del contrabando de estos valores al extranjero.
De esto usted puede ver cuán absolutamente carentes de contenido están los rumores de que supuestamente estamos poniendo fin a la «Nueva Política Económica», y cuán falsas hasta el extremo son las acusaciones de la prensa antirrusa en Inglaterra, que trata, mediante la más inaudita tergiversación de los hechos y el engaño, de presentar nuestra política bajo una falsa luz. En realidad, absolutamente no se ha

hablado en ningún círculo gubernamental de poner fin a la «Nueva Política Económica» y volver a la antigua. Todo el trabajo del gobierno, entre otras cosas en la sesión actual del Comité Ejecutivo Central Panruso, se dirige a consolidar legislativamente en el mayor grado lo que se llama la Nueva Política Económica, para eliminar toda posibilidad de desviación de ella.

27 de octubre de 1922.
«Pravda» nº 254, 10 de noviembre de 1922.

Se imprime según el ejemplar mecanografiado, corregido por V. I. Lenin.