17. IX. 1922. ¡Queridos camaradas!

Por primera vez, tras una larga enfermedad, me toca intervenir -aunque sea por escrito- ante un congreso. Permítanme, por tanto, limitarme a un cálido saludo y a unas pocas palabras breves sobre la situación y las tareas de nuestra industria y de nuestra república. Nuestra situación es especialmente difícil porque no tenemos medios para restaurar el capital fijo, las máquinas, las herramientas, los edificios, etc., y precisamente esta industria, la llamada "industria pesada", es la base fundamental del socialismo. En los estados capitalistas suelen restaurar ese capital fijo mediante préstamos. A nosotros no se nos quiere conceder un préstamo mientras no restauremos la propiedad de los capitalistas y terratenientes, y nosotros no podemos ni haremos eso. Queda un camino extraordinariamente difícil y largo: acumular poco a poco ahorros, aumentar los impuestos, para restaurar gradualmente los ferrocarriles, las máquinas, los edificios y demás cosas destruidas. En todo el mundo seguimos siendo por ahora el único estado donde los campesinos trabajadores, bajo la dirección de los obreros, construyen el socialismo, negándose resueltamente a la dirección de los capitalistas, quienes, ocultándose tras toda clase de pomposas palabras sobre la democracia, la libertad, etc., fortalecen en realidad la propiedad privada de los capitalistas y terratenientes, crean el dominio de unos pocos ricos que se reparten todo el globo terráqueo y guerrean entre sí por su reparto, por el sojuzgamiento de centenares de millones de personas de pueblos más débiles y atrasados.

Mientras permanezcamos solos, la tarea de restaurar nuestra economía nacional recae sobre nuestros hombros con una carga extraordinariamente pesada. Es necesario que todas las fuerzas de los campesinos y de los obreros se tensen al máximo, es necesario perfeccionar y abaratar nuestro aparato estatal, que aún es muy malo, para mejorar la situación de los trabajadores y restaurar, aunque sea poco a poco, nuestra economía destruida por la guerra imperialista y la guerra civil.

Que todo campesino y obrero consciente que llegue a desanimarse bajo la influencia de las duras condiciones de vida o de la extraordinaria lentitud de nuestra construcción estatal, recuerde el pasado reciente, con el dominio de los capitalistas y terratenientes. Tal recuerdo le devolverá el ánimo en el trabajo. Con todas las fuerzas, desde todos los frentes, intensificar y mejorar el trabajo: en esto está la única salvación del poder de los obreros y campesinos.

Con saludo camaraderil
V. Uliánov (Lenin)
"Trud", 18 de septiembre de 1922, y "Pravda" nº 210, 19 de septiembre de 1922.

Se publica según el manuscrito.