V. I. LENIN

¡Camaradas! Hemos llegado al final de los trabajos de nuestro congreso.

La primera diferencia que salta a la vista al comparar este congreso con el anterior es una mayor cohesión, una mayor unanimidad, una mayor unidad organizativa.

Solo una pequeña parte de una fracción de la oposición del congreso anterior se colocó fuera del partido 86.

En la cuestión de los sindicatos y de la nueva política económica no hubo divergencias en nuestro partido, o no las hubo en medida alguna apreciable.

Lo fundamental y principal que hemos adquirido de «nuevo» en este congreso es la prueba viviente del error de nuestros enemigos, que no se cansaban de repetir y repiten que nuestro partido cae en la senilidad, pierde la flexibilidad de la mente y la flexibilidad de todo su organismo.

No. No hemos perdido esa flexibilidad.

Cuando fue necesario —por toda la situación objetiva de las cosas tanto en Rusia como en el mundo entero— avanzar, atacar al enemigo con audacia sin límites, rapidez, decisión, así atacamos. Cuando sea necesario, sabremos hacerlo una vez más y más de una vez.

Elevamos así nuestra revolución a una altura aún no vista en el mundo. Ninguna fuerza en el mundo, por mucho mal, calamidades y sufrimientos que pueda causar aún a millones y cientos de millones de hombres, las conquistas fundamentales de nuestra revolución no las podrá arrebatar, pues ya ahora no son conquistas «nuestras», sino histórico-mundiales.

Y cuando resultó para la primavera de 1921 que a nuestro destacamento de vanguardia de la revolución le amenazaba el peligro de separarse de la masa del pueblo, de la masa del campesinado, a la que debe conducir hábilmente hacia adelante, entonces decidimos unánime y firmemente retirarnos. Y durante el año transcurrido nos retiramos, en general y en conjunto, en orden revolucionario.

Las revoluciones del proletariado, que maduran en todos los países avanzados del mundo, no podrán resolver su tarea sin combinar la capacidad de luchar y atacar sin reservas con la capacidad de retirarse en orden revolucionario. La experiencia de la segunda fase de nuestra lucha, es decir, la experiencia de la retirada, también será probablemente útil en el futuro para los obreros de, por lo menos, algunos países, como sin duda será útil para los obreros de todos los países nuestra experiencia de la primera fase de la revolución, la experiencia del ataque audaz sin reservas.

Ahora hemos resuelto declarar la retirada terminada.

Esto significa que se plantea de nuevo toda la tarea de nuestra política.

Todo el quid está ahora en que la vanguardia no tema trabajar sobre sí misma, transformarse a sí misma, reconocer abiertamente su insuficiente preparación, su insuficiente capacidad. Todo el quid está en avanzar ahora con una masa incomparablemente más amplia y poderosa, no de otra manera que junto con el campesinado, demostrándole con hechos, con la práctica, con la experiencia, que aprendemos y aprenderemos a ayudarlo, a conducirlo hacia adelante. Semejante tarea, en la situación internacional dada, en el estado dado de las fuerzas productivas de Rusia, solo puede resolverse resolviéndola muy lentamente, con cautela, con sentido práctico, comprobando mil veces prácticamente cada paso.

Si hubiera voces en nuestro partido que se pronuncien contra este movimiento archilento y archiprudente, esas voces serán solitarias.

El partido en su conjunto lo ha comprendido y ahora demostrará con hechos que ha comprendido la necesidad de construir su trabajo en este momento precisamente así y solo así. ¡Y ya que lo hemos comprendido, sabremos alcanzar nuestro objetivo!

Declaro clausurado el XI Congreso del Partido Comunista Ruso.

«Pravda» № 7bis e «Izvestia del VTsIK» № 76, 4 de abril de 1922.