DISCURSO SOBRE LA CUESTIÓN DE LA PUBLICACIÓN DE ANUNCIOS EN «PRAVDA»

2 DE ABRIL

¡Camaradas! Aquí se ha producido casi un malentendido fatal. Tomé la palabra sobre el orden del día (lo que el camarada presidente subrayó), y no para un discurso de clausura. Solicité la palabra sobre el orden del día para pedir al congreso una excepción al orden y a la norma. Existe la norma de que, una vez adoptada una decisión, toda injerencia en ese asunto es incorrecta. Ruego al congreso que me conceda 4 o 5 minutos para pronunciarme contra esa decisión que fue adoptada erróneamente.

Cuando oí que el congreso había adoptado esta decisión, y cuando oí que la defendía el camarada Riazánov... (Riazánov: «Eso no es cierto».) Pues bien, al menos una decisión absurda ha sido adoptada sin Riazánov. Si realmente estuviéramos ante una ingenua señorita de unos doce años, que ayer hubiera oído que en el mundo existe el comunismo, se hubiera puesto un vestidito blanco con lazos rojos y hubiera dicho que los comunistas son comerciantes puros — eso sería ridículo, podríamos reírnos de ello con benevolencia, pero en serio, ¿qué estamos haciendo? ¿De dónde va a sacar el dinero «Pravda», a la que habéis privado de los anuncios? Pregunto: ¿cuánto dinero necesita «Pravda» para no quedar rezagada respecto a «Izvestia»? ¿No lo sabéis? ¡Pues yo tampoco lo sé!