PALABRAS DE CIERRE AL INFORME POLÍTICO DEL CC DEL PCR(b)

28 DE MARZO
(Aplausos.) Ante todo tendré que dedicar algún tiempo a la crítica de las observaciones que han hecho aquí los camaradas Preobrazhenski y Osinski. Creo que los camaradas Preobrazhenski y Osinski, en lo principal y fundamental, han disparado completamente fuera del blanco, y precisamente con sus intervenciones han mostrado la incorrección de la línea que ellos se imaginan como política.

El camarada Preobrazhenski habló del capitalismo y de que, según el programa, deberíamos haber entablado una discusión general. Creo que eso habría sido la pérdida de tiempo más improductiva e incorrecta.

Ante todo, sobre la cuestión del capitalismo de Estado.

«El capitalismo de Estado es capitalismo —dijo Preobrazhenski—, y sólo así se le puede y se le debe entender». Yo afirmo que eso es escolástica. Hasta ahora nadie ha podido escribir semejante librito sobre el capitalismo en la historia de la humanidad, porque nosotros lo estamos viviendo ahora por primera vez. Hasta ahora, los libros más o menos sensatos sobre el capitalismo de Estado se escribían en tales condiciones y en tal situación que el capitalismo de Estado era capitalismo. Ahora ha resultado de otro modo, y ni Marx ni marxista alguno podía preverlo. Y no hace falta mirar hacia atrás. Si ustedes escriben historia, la escribirán muy bien; y cuando escriban un manual, escribirán: el capitalismo de Estado es un capitalismo tan inesperado,

absolutamente imprevisto por nadie —pues nadie podía prever que el proletariado llegaría al poder en un país de los menos desarrollados y trataría primero de organizar la gran producción y distribución para los campesinos y luego, cuando, por condiciones culturales, no pudiera dominar esa tarea, atraería al capitalismo al asunto. Todo esto nunca fue previsto, pero es el hecho más indiscutible.

En la intervención de Larin hay total falta de claridad acerca de qué es la nueva política económica y cómo hay que tratarla.

No se ha dicho ni una sola objeción seria contra la necesidad de pasar a la nueva política económica. El proletariado no teme reconocer que en la revolución le ha salido una cosa magnífica y otra no le ha salido. Todos los partidos revolucionarios que hasta ahora han perecido, perecieron porque se engreían y no sabían ver cuál era su fuerza y temían hablar de sus debilidades. Y nosotros no pereceremos porque no tememos hablar de nuestras debilidades y aprenderemos a vencerlas. (Aplausos.) El capitalismo que hemos admitido era necesario admitirlo. Si es deforme y malo, podemos corregirlo, porque el poder está en nuestras manos y no tenemos nada que temer. Esto lo reconocen todos, y mezclarlo con sembrar el pánico es ridículo. Si temiéramos reconocerlo, pereceríamos inevitablemente. Pero que aprenderemos esto y querremos aprenderlo lo muestran los tres, cuatro o cinco años en que hemos aprendido cosas más complicadas en períodos de tiempo más cortos. Cierto, entonces nos empujaba la necesidad. En la guerra nos empujaban con suma energía y, al parecer, no hubo frente ni campaña en que no nos empujaran: primero se acercaron a Moscú hasta una distancia de cien verstas, se acercaron a Oriol, estuvieron a cinco verstas de Petrogrado. Entonces es cuando nos dimos cuenta de verdad y comenzamos a estudiar y a aplicar los frutos del estudio y expulsamos al enemigo.

Mil veces más difícil es la situación cuando se trata de un enemigo que está aquí, en la vida cotidiana

XI CONGRESO DEL PCR(b)
económica. Las disputas que hasta ahora han surgido en la literatura acerca del capitalismo de Estado, esas disputas, en el mejor de los casos, pueden entrar en un manual histórico. No niego en absoluto la utilidad de los manuales y recientemente escribí que sería mejor si nuestros literatos prestaran menos atención a los periódicos, al ruido político, y escribieran manuales*, cosa que harían estupendamente muchos, entre ellos el camarada Larin. Allí sus cualidades serían extraordinariamente útiles; entonces se habría resuelto la tarea que el camarada Trotski ha subrayado bien al declarar que lo fundamental ahora es la educación de la joven generación, y que no hay en qué educarla. En efecto, ¿en qué estudia ciencias sociales? En los viejos desechos burgueses. ¡Es una vergüenza! Y esto cuando tenemos cientos de literatos marxistas que pueden dar manuales sobre todas las cuestiones sociales, pero no los dan porque están ocupados en otras cosas, porque no se dirigen adonde deben.

Acerca del capitalismo de Estado hay que saber lo que debe convertirse en consigna para la agitación y la propaganda, lo que hay que explicar, lograr una comprensión práctica. Esto es que el capitalismo de Estado ahora no es el mismo del que escribían los alemanes. Es un capitalismo admitido por nosotros. ¿Es verdad esto o no? ¡Todos saben que es verdad!

Hemos aprobado en el Congreso de comunistas una resolución de que el capitalismo de Estado ha sido admitido por nuestro Estado proletario, y el Estado somos nosotros. Si lo hemos admitido mal, la culpa es nuestra, ¡no hay que echarle la culpa a otro! Hay que aprender, conseguir que el capitalismo de Estado en el Estado proletario no pueda ni se atreva a salirse de los marcos y condiciones que le ha fijado el proletariado, de las condiciones que son ventajosas para el proletariado. Y aquí se ha señalado con razón que debíamos contar con el campesinado como masa y darle el libre comercio. Todo obrero sensato comprende que esto es necesario para la dictadura del proletariado, y sólo el camarada Shliápnikov puede bromear y burlarse de

* Véase el presente tomo, págs. 51-52. _Ed._

eso. Todos lo han asimilado, está suficientemente masticado mil veces, y ustedes simplemente no quieren entenderlo. Si el campesino necesita el libre comercio en las condiciones actuales y dentro de ciertos límites, debemos dárselo, pero eso no significa que permitiremos traficar con aguardiente de contrabando. Por eso castigaremos. Eso no significa que permitiremos traficar con literatura política que se llama menchevique y eserista y que se sostiene toda con dinero de los capitalistas de todo el mundo.

De eso hablaba yo cuando mencioné las ametralladoras, y el camarada Shliápnikov debía haberlo entendido. ¡Lo que dice son tonterías!

¡Con eso no asustarán a nadie ni despertarán ninguna compasión hacia ustedes! (Aplausos. Risas.)

¡Pobre Shliápnikov! Lenin se disponía a ponerle ametralladoras.

Se trata de medidas partidarias de presión, y no de ametralladoras. De ametralladoras se trata para aquellas personas que ahora se llaman mencheviques, eseristas, y que sacan la conclusión de que ustedes hablan de retroceso al capitalismo y nosotros decimos lo mismo: ¡estamos de acuerdo con ustedes! Eso lo oímos constantemente; en el extranjero se hace una propaganda gigantesca de que los bolcheviques quieren tener a los mencheviques y eseristas en las cárceles, mientras que ellos mismos admiten el capitalismo. Claro que admitimos el capitalismo, pero dentro de los límites que necesita el campesinado. ¡Esto es necesario! Sin esto el campesino no puede vivir ni administrar su economía. Y sin la propaganda eserista y menchevique, el campesino ruso, afirmamos, puede vivir. Y al que afirme lo contrario le decimos que mejor perezcamos todos hasta el último, ¡pero a ti no te cederemos! Y nuestros tribunales deben entenderlo todo. Cuando pasamos de la Checa a los tribunales político-estatales, hay que decir en el Congreso que no reconocemos tribunales extraclasistas. Nosotros debemos tener tribunales elegidos, proletarios, y los tribunales deben saber lo que admitimos. Los miembros del tribunal deben saber firmemente qué es el capitalismo de Estado.

He ahí la consigna política del día, y no la discusión sobre cómo entendían los profesores alemanes el capitalismo

XI CONGRESO DEL PCR(b)
de Estado y cómo lo entendemos nosotros el capitalismo de Estado. Desde entonces hemos soportado mucho, y mirar hacia atrás no corresponde en absoluto.

Hasta qué punto Preobrazhenski política y completamente mira de lado lo muestra su razonamiento sobre la oficina económica o sobre el programa. ¡Qué cosa tan magnífica es ese programa, y cómo lo deformamos! ¿Y cómo puede hacerse eso? Eso se hace porque se lee letra por letra y renglón por renglón, pero el hombre no quiere mirar más allá. Ha sacado una cita y dice: aquí hubo discusión. Se dice que la línea correcta era la de los rabfaks y las cel. del Partido, y no la de los que decían: «Tened más cuidado, más moderación con esos especialistas». Que las cel. del Partido son magníficas cel. del Partido y los rabfaks son magníficos rabfaks, es cierto, pero no están asegurados contra los errores, no son santos.

Sí, las cel. del Partido son representantes de nuestro partido, y los rabfaks son representantes de nuestra clase, pero que cometen errores y nosotros debemos corregirlos es una verdad de Perogrullo. No sé cómo corregirlos aquí, porque personalmente no participé en las reuniones del CC donde se discutió esta cuestión. Pero sé que hay un exceso por nuestra parte en cuanto a la línea de los rabfaks y las cel. del Partido contra los profesores. Pero cuando el CC, después de examinar el asunto por todos los lados, vio que aquí había exceso y que con respecto a esos profesores, ajenos, representantes de otra clase, había que tomar una línea más prudente, entonces aparece Preobrazhenski, saca el programa y dice: ninguna concesión política a este estrato, si no es una violación del programa.

Si se empieza así a dirigir el partido, eso nos llevará seguramente a la perdición. No porque el camarada Preobrazhenski entienda incorrectamente la política en general, sino porque aborda todo con lo que constituye su lado fuerte: es un teórico orientado hacia determinados marcos, habituales y comunes, un propagandista que se ocupa de diversas medidas encaminadas a propagandizar. Todos conocen y aprecian ese lado fuerte; pero cuando aborda desde el punto de vista político y administrativo, resulta algo monstruoso.

¡Crear una oficina económica?! Precisamente todos acaban de hablar y todos han estado de acuerdo, y se ha llegado a una completa unanimidad (y esto es muy importante: de esa unidad depende la acción) en que los aparatos del partido y soviético deben delimitarse.

Hacer esto es terriblemente difícil: ¡no hay hombres! He ahí que Preobrazhenski ha soltado aquí a la ligera que Stalin está en dos comisariados. ¿Y quién de nosotros no ha pecado? ¿Quién no ha tomado varias funciones a la vez? ¿Y cómo puede hacerse de otro modo? ¿Qué podemos hacer ahora para asegurar la situación existente en el Narkomnats, para resolver todas las cuestiones turquestanas, caucásicas y demás? ¡Pues son cuestiones políticas! Y es necesario resolver esas cuestiones; son cuestiones que durante cientos de años ocuparon a los Estados europeos, que en una mínima parte han sido resueltas en las repúblicas democráticas. Nosotros las resolvemos, y necesitamos tener un hombre a quien cualquier representante de las naciones pueda ir y contarle detalladamente de qué se trata. ¿Dónde buscarlo? Creo que Preobrazhenski no podría nombrar otra candidatura que la del camarada Stalin.

Lo mismo respecto a la Rabkrin. Es una tarea gigantesca. Pero para saber manejar la inspección, hace falta que al frente haya un hombre con autoridad; si no, nos empantanaremos, nos ahogaremos en pequeñas intrigas.

El camarada Preobrazhenski propone la oficina económica, pero entonces todo lo que decimos sobre la separación del trabajo del partido y el soviético se irá al traste. El camarada Preobrazhenski propone un esquema que parece bueno: por un lado el Buró Político, luego la oficina económica, el Buró de Organización. ¡Pero esto es liso sólo sobre el papel, y en la vida es ridículo! ¡No comprendo en absoluto cómo un hombre que tiene sensibilidad para la política viva, después de cinco años de existencia del Poder soviético, puede presentar e insistir en semejante propuesta!

¿En qué se diferencia entre nosotros el Buró de Organización del Buró Político? No se puede precisar exactamente qué cuestión es política y cuál es organizativa. Cualquier cuestión política puede ser organizativa, y viceversa. Y sólo

la práctica establecida de que del Buró de Organización se puede trasladar al Buró Político cualquier cuestión ha permitido organizar correctamente el trabajo del CC.

¿Alguien, alguna vez, ha propuesto otra cosa? Nunca nadie lo ha propuesto, porque otra salida, desde el punto de vista de la razón, no se puede proponer. No se puede separar mecánicamente lo político de lo organizativo. La política se realiza a través de los hombres, y si otras personas escriben papeles, no saldrá nada.

¿Acaso no saben que ha habido revoluciones en que en las asambleas parlamentarias se escribían papeles, pero los llevaban a cabo hombres de otra clase? Se llevaban chascos y los echaban fuera. No se pueden separar las cuestiones organizativas de la política. La política es la economía concentrada.

El camarada Kosiór se queja del CC, ha nombrado apellidos (los he anotado todos); personalmente no los conozco y no puedo responder; pero si ustedes, como congreso del partido, se interesan, es su deber elegir comisiones para cada nombre y someter a Kosiór y a las personas correspondientes a un interrogatorio severo. Aquí la esencia está en que si al CC se le quita el derecho de disponer de la distribución de los hombres, no podrá dirigir la política. Aunque cometamos errores al trasladar a unos u otros hombres, me permito pensar, sin embargo, que el Buró Político del CC, durante todo el tiempo de su trabajo, ha cometido el mínimo de errores. Esto no es jactancia. El trabajo del Buró Político no lo controlan comisiones, ni los hombres colocados por nuestro mismo partido, sino que lo controlan los guardias blancos, lo controlan nuestros enemigos; prueba de ello son los resultados de la política, en la que no ha habido grandes errores.

En Osinski, su lado fuerte es atacar con energía y presión el asunto del que se encarga. Hay que hacer de modo que ese lado fuerte esté dispuesto de tal manera que su lado débil sea recortado (aunque Osinski gritará, es un hombre enérgico —pero, a pesar de todo, hay que hacerlo, si no, perecerá como trabajador). Creo que en el CC hemos tomado medidas para combinar sus lados débiles con los fuertes.

El mejor material acusatorio contra Osinski —si yo quisiera polemizar con él, y no quiero— sería imprimir y colocar en el tablero el discurso de hoy de Osinski... Había un hombre...

Siendo vicecomisario del pueblo y dirigente del más importante de los comisariados, hallándose en las filas delanteras de los hombres que sobre cualquier cuestión darán una plataforma, él, ese hombre, ha propuesto pasar al sistema de gabinete. Afirmo que ese hombre está para siempre absolutamente liquidado. No voy a analizar eso, a polemizar detalladamente; todo el interés está en que una fuerza tan enorme como Osinski sea utilizada correctamente. Si el camarada Osinski no atiende camaraderilmente los consejos que se le han dado a menudo en el CC y en los cuales yo tengo no poca culpa, y no se modera en esa parte, caerá inevitable y absolutamente en el pantano, como ha ocurrido hoy.

Esto es muy desagradable para las personas a quienes les gusta manifestar su naturaleza; esa tendencia es legítima si el hombre tiene una naturaleza ricamente dotada y quiere manifestarla. Ojalá todos la tuvieran. Pero el CC debe vigilar que la naturaleza se manifieste con utilidad. El CC debe disponer las cosas de modo que se corte el razonamiento sobre el gabinete, aunque el hombre que es sometido a ese, digamos, corte, presente reclamaciones. Eso será útil. Hay que moderar las propias capacidades para no caer en ese pantano, y consultar con los camaradas de los comisariados y manifestar una línea común; pero ¿acaso se ha hecho algo en alguno de nuestros comisariados sin discusión? No se ha hecho.

«Mejoramiento del sistema de dirección y movilización psicológica de las masas». ¡Esto es un asesinato! Si el congreso adoptara semejante punto de vista de reacción política, sería el medio más seguro y mejor de suicidio.

«¡Mejoramiento del sistema de dirección!» ¡Ojalá pudiéramos acercarnos a salir de esa barahúnda que existe!

¡¿Que no tenemos sistema?! ¡Cinco años se han ido las mejores fuerzas en crear ese sistema! ¡Ese sistema es el paso más grande adelante!

¡El aparato práctico es malo! ¿Sabemos cómo están las cosas? ¡No lo sabemos! Y Osinski habla como si lo supiera. Puede sentarse y en 10 minutos escribir un sistema de dirección, y si no se limita ese deseo, será perjudicial y será un error político. En cambio, en otras condiciones, si sigue mostrando el mismo celo que muestra en el trabajo actual, el trabajo será muy útil.

He aquí una ilustración. Luego, sobre lo que yo decía acerca de lo más importante, Preobrazhenski y Osinski lo han demostrado, y Larin lo ha demostrado doblemente. Miren lo que ha hecho. Me ha acusado y ha bromeado y reído muy alegremente.

Eso le sale magníficamente, ése es su lado fuerte. Si ese lado fuerte del camarada Larin no estuviera vinculado con que tiene que aplicarlo al trabajo del Estado, el camarada Larin reportaría mil veces más beneficio a la república, porque es un hombre muy capaz y posee una gran fantasía. Esa capacidad es sumamente valiosa. Se cree erróneamente que es necesaria sólo para el poeta. ¡Es un prejuicio estúpido! Hace falta hasta en matemáticas; incluso el descubrimiento del cálculo diferencial e integral no sería posible sin fantasía. La fantasía es una cualidad de grandísimo valor, pero en el camarada Larin hay un pequeño exceso de ella. Por ejemplo, yo diría que si todo el caudal de fantasía de Larin se repartiera a partes iguales entre todos los miembros del PCR, entonces sería muy bueno (Risas, aplausos). Pero mientras no podamos realizar esa operación, mientras tanto no se puede confiar a Larin el trabajo estatal, económico, planificador, porque sería lo mismo que en el viejo VSNJ, cuando Rýkov aún no se había restablecido y trabajaba y firmaba «Yu. Larin» en nombre de todo el Vysovnarjoz; era malo no porque el camarada Larin manifestara sólo sus peores cualidades, sino al contrario, las mejores capacidades, pues en su abnegación y conocimiento del asunto nadie tiene la menor duda, ¡y sin embargo el trabajo estaba mal planteado!

Eso es lo que yo decía. Cierto, todo eso son lugares comunes. Pero sobre los lugares comunes, Kámkov ya se burlaba de mí en el congreso de los eseristas. Kámkov decía: «Lenin predica hoy: 'No hurtarás', y mañana añade: 'No cometerás adulterio'. He aquí toda la sabiduría de Lenin». Esto se lo oí al eserista Kámkov ya en 1918. Y si Kámkov, que acompañaba esos argumentos con el trueno de los cañones, no causó ninguna impresión, menos la causará Larin. Ahora hay que aplicar esas tareas a los momentos fundamentales de nuestra nueva política económica. Aquí el camarada Larin ha intentado llevar al partido por una dirección equivocada; pero si estuviera ocupado en esa labor en que manifestaría gran cantidad de capacidades y reportaría gran beneficio a la juventud y donde no haría esa jugarreta que hizo en el Gosplán, sería completamente distinto. Allí quedarían huellas del camarada Larin para la joven generación. Creo que me he explicado con suficiente claridad. Y no habría esa confusión que ha introducido aquí Larin.

He dicho que Kámenev presentó en el Buró Político una propuesta-directiva: reconocer como útil la importación de víveres y que se compraran conservas con dinero soviético. Larin estaba aquí, lo oyó todo magníficamente y lo recuerda todo magníficamente, y en seguida, al subir a esta tribuna, dijo: «Lenin ha olvidado, por enfermedad —perdonémosle esta vez—, que para gastar el fondo de oro hay que pasar por el Buró Político». Si el camarada Kámenev hubiera propuesto que diéramos el fondo de oro a los especuladores franceses para comprar conservas, ni siquiera lo habríamos escuchado. No hemos dado ni un kopek de oro para conservas; dimos papel moneda soviético y —figúrense— compramos. Vulfson me aseguraba ayer incluso que esas conservas son de buena calidad (aunque aún no han llegado). Pero no le creo, primero probaremos, porque aquí puede haber aún un engaño. Pero la cuestión es que aquí Larin mismo se confundió: no dimos ni un kopek de oro, dimos 160 mil millones de papel moneda soviético.

Claro que sería ridículo y absurdo pensar que Larin, al hablar así, lo hace con malas intenciones; no, no se trata de eso, sino que su fantasía vuela a billones de kilómetros, y de eso resulta que el asunto se complica.

XI CONGRESO DEL PCR(b)
Luego ha dicho que el Gosplán proponía dar en arriendo 3/4 del transporte ferroviario. Menos mal que lo ha dicho en el congreso del partido, donde Krzhizhanovski lo ha refutado en el acto. Eso no ocurre con frecuencia. ¿Y creen que el intento de hablar así se da sólo en el congreso del partido? ¿Quieren informarse en la CCC cómo trataron el asunto del club de discusión de Moscú, por qué se trató en general del club de discusión de Moscú, donde los camaradas Larin y Riazanov... (Riazanov desde su sitio: «Sobre el fondo de oro no habló allí, dijeron cosas peores».) No estaba en Moscú, no participé en el examen de ese asunto, sólo tuve una breve notificación. (Riazanov: «No hay que creer a cualquier rumor».) Lo sé por una conversación con el camarada Solts; no es un rumor, sino una conversación con una persona designada por el congreso superior del partido para la CCC, y me dijo, y lo que me dijo no puede suscitar ninguna duda. Llamar a eso rumor se puede sólo por mucha ligereza. La CCC examinó el asunto de la conducta del club de discusión y tuvo que señalar unánimemente la incorrección del planteamiento del asunto. Para mí está claro en qué consiste la incorrección. Hoy Larin, de pasada, porque se dejó llevar, su propio discurso lo apremió, llegó a decir que arriendan 3/4 del transporte ferroviario, y el CC lo corrigió. Krzhizhanovski dice que nada de eso —que el CC no lo corrigió y Larin se equivocó. Así ocurre constantemente.

No hemos sabido aprender en cuatro años a hacer tal cosa que coloquemos al útil trabajador Larin en un trabajo útil y lo apartemos de aquel trabajo en que, contra su voluntad, causa daño.

Parece bastante antinatural: dictadura del proletariado, poder terrorífico, victoria sobre todos los ejércitos del mundo, excepto la victoria sobre el ejército de Larin. ¡Aquí la derrota es completa! Siempre se agarrará a lo que no debe. Sus enormes conocimientos, su capacidad de arrastrar a la gente reportarían el beneficio más perentorio a la joven generación, que anda en tinieblas. No sabemos utilizar sus conocimientos; por eso comienzan las fricciones, la resistencia; aquí el Buró Político, el Buró de Organización del CC, los plenos del CC, que son acusados de excesivo poder,

resulta que tienen insuficiente poder o autoridad para distribuir correctamente a todos los camaradas.

Hay que pensar en esto y discutir seriamente esta cuestión. Ahí está el centro de gravedad del trabajo, eso hay que corregirlo. Si lo corregimos, saldremos de las dificultades. Esto lo alcanzaremos corrigiendo, y no hablando de nuevas tareas del programa agrario, de lo que hablaron Osinski y Larin. Yo he escrito una reseña sobre ello en el CC*. No voy a hablar de ella ahora: todo miembro del partido que se interese por ella tiene derecho a tomarla y leerla en la secretaría. ¡Por favor! Si se aplican correctamente las fuerzas de Larin y Osinski, amputando sus falsas aspiraciones, obtendremos un gigantesco beneficio de la aplicación de sus fuerzas.

Termino con unas palabras sobre Shliápnikov. Quería hablar más de él. Trotski, quien por encargo del CC junto con Zínoviev en la Internacional Comunista dio respuesta a la declaración de los 22, ha agotado este tema en un 99 por ciento.

El camarada Shliápnikov, en primer lugar, se ha hecho el que no comprende respecto a qué hablaba yo de las ametralladoras y de los alarmistas; bromeaba diciendo que a mí me han juzgado muchas veces. Camaradas, la broma es, por supuesto, una cosa buena. Sin bromas, claro, no se puede hablar en una gran asamblea, porque la gente está cansada; hay que entender humanamente. Pero hay cosas con las que es impermisible bromear; hay cosas tales como la unidad del partido.

Cuando estamos rodeados de enemigos por todos lados, cuando la burguesía internacional es lo bastante inteligente para trasladar a Miliukov a la izquierda, y proporcionar dinero a los eseristas para editar cualquier periódico, lanzar a Vandervelde, a Otto Bauer, levantar una campaña sobre el proceso contra los eseristas, gritar que los bolcheviques son fieras; cuando esas personas han estudiado política durante cientos de años, disponen de miles de millones de rublos oro, francos, etc., cuando todo eso tenemos contra nosotros, en tales condiciones bromear como bromea el camarada Shliápnikov, diciendo que «a mí me han juzgado en el CC», etc., eso, camaradas, es lamentable. El congreso del partido debe sacar conclusiones precisas.

* Véase el presente tomo, págs. 43-47. _Ed._

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¡Nosotros no armamos juicios en el CC por tonterías! Hubo un juicio contra Shliápnikov, y en el CC faltaron tres votos para expulsarlo del partido. Los miembros del Partido reunidos en el congreso del partido deben interesarse por esto, tomar el acta de esa reunión del CC. ¡Eso no es broma!

Apelar a la Internacional Comunista es un derecho legítimo. Pero mucho antes de esa apelación, la inmensa mayoría del CC estaba por la expulsión del camarada Shliápnikov; faltaron los dos tercios legales de votos. ¡Con eso no se bromea! No está de más que se enteren de que el camarada Shliápnikov, en la reunión de la fracción de los miembros del congreso de los metalúrgicos, hizo una agitación directa por la escisión.

Sobre el papel del folleto de la camarada Kollontai ha hablado el camarada Trotski.

Si con cosas así vamos a bromear, entonces no puede hablarse de que nos mantengamos en la difícil situación en que nos encontramos. Para que nos mantengamos, yo exponía tres condiciones: primera, que no haya intervención; segunda, que la crisis financiera no sea demasiado fuerte; tercera, que no cometamos errores políticos.

Alguien, de los oradores, ha dicho que yo hablaba de complicaciones políticas. No, yo hablaba de errores políticos. Si no cometemos ningún error político, entonces puedo decir que el 99 por ciento del partido estará con nosotros, al igual que los obreros y campesinos no partidarios, que comprenderán que ahora es tiempo de estudio.

Recuerdo que en su artículo con motivo del aniversario del Ejército Rojo, el camarada Trotski dijo: «año de estudio». Para el partido y para la clase obrera esa consigna es igualmente cierta. Durante este tiempo hemos acumulado muchos hombres heroicos, que han asegurado indudablemente un viraje en la historia mundial. Eso no es una disculpa para que no hayamos comprendido la tarea que ahora tenemos ante nosotros: «año de estudio».

Ahora estamos mucho más firmes que hace un año. Claro que ahora también la burguesía intentará hacer una nueva intervención, pero les será más difícil que antes; hoy es más difícil que ayer.

Para realizar el estudio, no debemos permitir un error político. No debemos perder el tiempo jugando a la unidad del partido, como hace el camarada Shliápnikov.

¡Así no se puede jugar! Sabemos que de la lucha en el partido perdemos no poco. Camaradas, ¡no hay que olvidar esta lección! Y durante este año, el CC puede decir con pleno derecho que el partido llega al congreso menos fraccional y más unido que el año pasado. No quiero jactarme de que todo lo fraccional en nuestro partido haya desaparecido. Pero que ese fraccionalismo ha disminuido es el hecho más indiscutible, ya demostrado.

Ustedes saben que la «Oposición Obrera» —es ya un residuo de la anterior—. Comparen las firmas de la declaración de los 22 con las firmas de la plataforma que hubo ante el X Congreso. Aquí no están todas las firmas. Hay que decir a esas personas que utilizan legítimamente su derecho de apelación a la Internacional Comunista que fue ilegal presentar una solicitud a favor de Miasnikov. La historia con Miasnikov fue el verano del año pasado. Entonces no estaba en Moscú y le escribí una larga carta, que él incluyó en su folleto. Vi que el hombre tenía capacidades, que valía la pena hablar con él, pero hay que decirle al hombre que si sale con semejante crítica, será inadmisible.

Él escribe una carta: reúnan en tal o cual región a todos los descontentos. Sí, reunir en una región dada a todos los descontentos es muy fácil. He aquí los discursos que ha sostenido aquí Shliápnikov y que no sostiene aquí el camarada Medvédev. (Medvédev desde su sitio: «¿Quién le informa?».) Me informan las instituciones establecidas por el congreso del PCR: el Buró de Organización del CC, la Secretaría del CC, la CCC. Diríjanse a ellas, si quieren, y verán qué discursos sostiene el camarada Medvédev. Si no se pone fin a eso, no conservaremos la unidad, y éste es acaso el principal logro: poner al desnudo implacablemente nuestros errores y hablar de ellos. Si somos conscientes de ello claramente —y en este congreso se logra—, entonces no hay la menor sombra de duda de que sabremos vencerlos. (Aplausos atronadores.)

Breve informe de periódico impreso el 29 de marzo de 1922 en «Izvestia del VTsIK» núm. 71