10 de marzo de 1922

Muy respetado Vladimir Ilich, Le ruego encarecidamente que lea las siguientes propuestas y dé sus indicaciones. Debemos presentar un "programa pacifista amplísimo", este es uno de los elementos principales de la próxima intervención, sin embargo no lo tenemos. Solo hay momentos fragmentarios sueltos en las primeras directivas del CC. Aquí intento por primera vez abordar esta tarea.
La dificultad principal reside en que las formas políticas y económicas internacionales sirven actualmente como constantes hojas de parra para el saqueo de los imperialistas y, en particular, como instrumento contra nosotros.

La Sociedad de Naciones es simplemente un instrumento de la Entente, que ya la ha utilizado contra nosotros. Usted mismo señaló que el arbitraje es imposible entre estados burgueses y soviéticos, sin embargo, el arbitraje es una parte necesaria del arsenal pacifista. La internacionalización del Ferrocarril Oriental de China es un eufemismo para arrebatárnoslo a nosotros y a China y para que la Entente se apodere de él. Un banco emisor extranjero en nuestro país y la introducción del dólar entre nosotros, así como la introducción generalizada de una unidad de oro única, sería el instrumento más eficaz para el completo sometimiento económico por parte de América.
Debemos introducir algo nuevo en las formas internacionales habituales modernas para impedir que estas formas se conviertan en un instrumento del imperialismo. Ese algo nuevo viene dado tanto por nuestra experiencia y creatividad, como por la creatividad de la propia vida en el proceso
de la creciente ruina y quiebra del mundo imperialista. Como resultado de la guerra mundial
se ha intensificado el movimiento de liberación de todos los pueblos oprimidos y coloniales.
Los estados mundiales empiezan a resquebrajarse. Nuestro programa internacional
debe introducir en el esquema internacional a todos los pueblos coloniales oprimidos. A
todos los pueblos se les debe reconocer el derecho a la separación o al *home rule*. La conferencia africana de 1885 tuvo como resultado los horrores del Congo Belga, porque
en esa conferencia las potencias europeas se dedicaron a la filantropía hacia los negros, y esa filantropía resultó ser una hoja de parra para la explotación más bárbara. La novedad de nuestro esquema internacional debe consistir en
que los pueblos negros, así como otros pueblos coloniales, participen en pie de igualdad
con los pueblos europeos en conferencias y comisiones y tengan derecho a no per-
correcto. mitir la injerencia en su vida interna. Otra innovación debe con-
2) sistir en la participación obligatoria de las organizaciones obreras. Durante la guerra mundial, en la literatura obrera inglesa era muy popular la exigencia de atraer a los sindicatos a participar en el futuro congreso europeo. Nosotros lo hemos realizado efectivamente introduciendo a tres miembros del VTsSPS en nuestra delegación. Hay que establecer que un tercio de los votos en la organización internacional que propondremos debe pertenecer, en cada delegación, a las organizaciones obreras. Sin embargo, estas dos innovaciones son insuficientes para proteger a los pueblos oprimidos y a los países perseguidos del dominio del imperialismo, pues las cúpulas de los pueblos coloniales fácilmente

CARTA A G. V. CHICHERIN
pueden resultar ser marionetas, al igual que los líderes obreros traidores. La atracción
de unos y otros abre el campo para la lucha futura. Ante las organizaciones obreras se planteará la tarea de luchar por la liberación de los pueblos coloniales, por la
ayuda al Poder Soviético y contra el saqueo imperialista. Pero los líderes
intentarán traicionar. Así pues, hay que establecer además el principio de no injerencia de las conferencias o congresos internacionales en los asuntos internos de los pueblos particulares. 3)
Debe aplicarse la cooperación voluntaria y la ayuda a los débiles por parte de los fuertes sin subordinar a los primeros a la voluntad de los segundos.
Como resultado, obtendremos una propuesta muy audaz y completamente nueva: UN CONGRESO MUNDIAL con la participación de todos los pueblos del globo terráqueo sobre la base de la igualdad plena, sobre la base de la proclamación del derecho a la autodeterminación, el derecho a la separación completa o al *home rule* para todos los pueblos oprimidos, así como con la participación, en una proporción de un tercio de todo el congreso, de las organizaciones obreras. El congreso tendrá como objetivo no la coacción de la minoría, sino el acuerdo completo. Actuará mediante la autoridad moral. Prácticamente, destacará comisiones técnicas para |\ ch)
^ ]} precisamente llevar a cabo nuestro amplísimo programa económico de restauración mundial. JJ
En todos los proyectos de la Sociedad de Naciones o Liga de Naciones solo había dos tipos de propuestas sobre el modo de obligar al cumplimiento de las decisiones de la Liga de Naciones: o la formación de ejércitos combinados con contingentes de todas las potencias, o la imposición de un mandato punitivo a una potencia determinada o a varias potencias determinadas. En el primer caso se obtiene algo incapaz de actuar, pues un ejército combinado con contingentes de numerosas potencias no sirve para nada. En el segundo caso, la Liga de Naciones o
¡no!
la Sociedad de Naciones es solo un pretexto para justificar nuevas conquistas por las potencias más influyentes. Así pues, es necesario eliminar por completo el elemento de coacción o de expediciones punitivas y dejar al congreso mundial solo la autoridad moral, permitiéndole ser una arena para intervenciones con el objetivo de llegar a un acuerdo. La prevención de la guerra es la tarea del arbitraje. Existen dos tipos de arbitraje: o el recurso voluntario de ambas partes a un árbitro, por ejemplo al Tribunal de La Haya, siendo en tales casos la decisión del árbitro obliga-

toria, o el otro método, cuyo ejemplo es el artículo sobre arbitraje en el tratado entre Inglaterra y los Estados Unidos, en virtud del cual, en caso de peligro de guerra, se crean comisiones especiales de conciliación, a las que es obligatorio recurrir para ambas partes, pero cuya decisión es solo facultativa, aunque durante un plazo determinado, por ejemplo de un año, el procedimiento de arbitraje continúa; este segundo método tiene como objetivo retrasar el inicio de las acciones bélicas para dar la posibilidad, en el intervalo legalizado, de que se calmen las pasiones de ambas partes y se debiliten los conflictos. En el primer método, el recurso al arbitraje no es obligatorio, pero su decisión es obligatoria. En el segundo método, el recurso al arbitraje es obligatorio, pero su decisión no es obligatoria, y las partes permanecen vinculadas solo durante el plazo legalizado. De esta alternativa no se puede salir actualmente. El congreso mundial propuesto podría hacerse cargo del Tribunal de La Haya con su arbitraje facultativo y con sus otros servicios. Nosotros, por nuestra parte, consideraremos admisible entre un estado capitalista y un estado soviético solo un tribunal arbi-
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tral en el que haya un número igual de miembros nombrados por ambas partes, de modo que
la mitad de los miembros sean imperialistas y la mitad comunistas. Simultáneamente
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propondremos la reducción general de armamentos, partiendo de las tesis que tenemos establecidas con el RV SR; desarrollando más la tradición 7) de las Convenciones de La Haya y Ginebra, propondremos la ampliación de las reglas de la guerra con diversas prohibiciones: la abolición de los submarinos, los gases químicos, los morteros, los lanzallamas y la lucha armada aérea.
8) Las comisiones técnicas que destaque el congreso mundial dirigirán la realización del amplísimo programa de restauración mundial. Este programa no se impondrá por la fuerza. Será una propuesta voluntaria, que apelará a la venta-9) ja de cada participante. A los débiles se les prestará ayuda. De este modo será necesario trazar las vías ferroviarias, fluviales y marítimas mundiales. La internacionalización de estas vías será cuestión de desarrollo gradual, pues no se permitirá el método de coacción a los que se resistan. Las comisiones técnicas internacionales deberán

CARTA A G. V. CHICHERIN
ofrecer a los países particulares ayuda económica y técnica para la creación de superautopistas, para la regulación de las comunicaciones por ríos internacionales, para la utilización de puertos internacionales y para la mejora técnica de las rutas marítimas mundiales. Propondremos al capital de los países avanzados construir la superautopis-
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ta Londres - Moscú - Vladivostok (Pekín), y explicaremos que con ello se abrirán
al uso universal las incalculables riquezas de Siberia. En general, la ayuda a los débiles por parte de los fuertes será el principio fundamental de la restauración mundial, que deberá basarse en la geografía económica y en la distribución
planificada de los recursos. La unidad de oro mundial solo puede surgir como resultado de la elevación de los países económicamente débiles con la ayuda de los fuertes, siendo esta elevación
un interés universal, pues la ruina mundial golpea también a los países fuertes, causando incluso en América un desempleo sin precedentes. Los fuertes, ayudando a los débiles, se abren mercados y fuentes de materias primas. Partiendo de estas consideraciones, propondremos
distribuir planificadamente el oro que actualmente yace ocioso en las bóvedas de los bancos americanos. \\L
Esta distribución planificada del oro por todos los países debe
combinarse con la distribución planificada de pedidos, comercio, suministro de materiales faltantes, en general con una ayuda económica integral a los países arruinados.
Esta ayuda puede tener el carácter de PRÉSTAMO, pues con una economía planificada
en unos años comenzará a reembolsarse. A esto se refiere también el plan del Instituto Barter (Keynes), o de la Centralstelle, o de los centros nacionales de intercambio de mercancías. Si Alemania nos contrapone, en lugar de comerciantes particulares, una Centralstelle única, nos irá mal, pues será un modo de imponernos mercancías malas a precio caro. Pero, si estas Centralstellen son instrumentos de la distribución planificada mundial de las mercancías necesarias y un modo de ayuda a los países débiles por parte de los fuertes, serán un eslabón necesario del amplísimo programa de restauración económica. El pan que nos envía América es ya el primer comienzo de la distribución internacional de alimentos. Durante la guerra, dentro de la Entente ya se producía en parte una distribución planificada de combustible; uno de los elementos principales del amplísimo programa debe

ser la distribución sistemática de petróleo y carbón, pero también en este caso debe eliminarse el elemento de coacción y represalias. En la forma más general, las comisiones técnicas internacionales deberán elaborar planes para la distribución planificada de la energía térmica y motriz. Todo esto en conjunto dará una imagen de lo que es teóricamente posible bajo el régimen burgués, pero que en la realidad histórica chocará con los egoísmos nacionales y el saqueo de las oligarquías capitalistas.
Con saludo comunista, Georgi Chicherin