Ayer leí en la *Pravda* algunas informaciones que me convencieron de que el momento de la ofensiva es posiblemente más cercano de lo que suponíamos en el congreso, y por lo cual los jóvenes camaradas tanto nos atacaron. Pero sobre estas informaciones hablaré más tarde; ahora debo decir que cuanto más cerca está la ofensiva general, más "oportunistamente" debemos actuar. Ahora todos ustedes volverán a casa y dirán a los obreros que nos hemos vuelto más sensatos que antes del III Congreso. No deben avergonzarse, dirán que hemos cometido errores y que ahora queremos actuar con más cautela; con ello atraeremos a nuestro lado a las masas de los partidos socialdemócrata y socialdemócrata independiente, masas que objetivamente, por todo el curso de los acontecimientos, son empujadas hacia nosotros, pero que nos temen. Con nuestro ejemplo quiero demostrar que es necesario actuar con más cautela.

Al comienzo de la guerra, nosotros, los bolcheviques, manteníamos una sola consigna: la guerra civil, y además implacable. Estigmatizábamos como traidor a cualquiera que no se manifestara a favor de la guerra civil. Pero cuando en marzo de 1917 regresamos a Rusia, cambiamos completamente nuestra posición. Cuando volvimos a Rusia y hablamos con los campesinos y los obreros, vimos que todos estaban a favor de la defensa de la patria, pero, por supuesto, en un sentido completamente distinto que los mencheviques, y no podíamos llamar canallas y traidores a esos simples obreros y campesinos. Caracterizamos esto como "defensismo sincero". Sobre esto quiero, en general, escribir un gran artículo y publicar todos los materiales. El 7 de abril publiqué las tesis, en las que decía: cautela y paciencia.

Nuestra posición inicial al comienzo de la guerra fue correcta; entonces era importante crear un núcleo determinado y decidido. Nuestra posición posterior también fue correcta. Partía de que era necesario ganarse a las masas. Ya entonces nos oponíamos a la idea del derrocamiento inmediato del Gobierno Provisional. Escribí: "Debemos derrocar al gobierno, porque es un gobierno oligárquico y no popular, porque no puede darnos ni pan ni paz. Pero no se lo puede derrocar de inmediato, porque se apoya en los Soviets obreros y todavía tiene la confianza de los obreros. No somos blanquistas, no queremos gobernar con una minoría de la clase obrera contra la mayoría"².

Los kadetes, que son políticos sutiles, advirtieron de inmediato la contradicción entre nuestra posición anterior y la nueva, y nos llamaron hipócritas. Pero como al mismo tiempo nos llamaban espías, traidores, canallas y agentes alemanes, la primera acusación no causó ninguna impresión. El 20 de abril se produjo la primera crisis. La nota de Miliukov sobre los Dardanelos desenmascaró al gobierno como imperialista. A continuación, las masas armadas de soldados se dirigieron al edificio del gobierno y derrocaron a Miliukov. Al frente de ellas se encontraba un tal Linde, sin partido. Este movimiento no fue organizado por el partido. Entonces caracterizamos este movimiento de la siguiente manera: es algo más que una manifestación armada y algo menos que una insurrección armada. En nuestra conferencia del 22 de abril, el ala izquierda exigió el derrocamiento inmediato del gobierno. El Comité Central, por el contrario, se pronunció contra la consigna de guerra civil, y dimos a todos los agitadores en las provincias la instrucción de refutar la desvergonzada mentira de que los bolcheviques querían la guerra civil. El 22 de abril escribí que la consigna "abajo el Gobierno Provisional" es incorrecta, porque si no se tiene detrás a la mayoría del pueblo, esta consigna se convertirá en una frase o en una aventura³.

No nos avergonzamos, ante nuestros enemigos, de llamar "aventureros" a nuestros izquierdistas. Los mencheviques se regocijaron por ello y hablaron de nuestra quiebra. Pero nosotros decíamos que todo intento de estar un poco, aunque sea un ápice, más a la izquierda que el Comité Central es una estupidez, y quien está más a la izquierda que el Comité Central ya ha perdido el simple sentido común. No permitiremos que nos intimide el hecho de que el enemigo se alegre de nuestros errores.

Nuestra única estrategia ahora es hacernos más fuertes, y por lo tanto más inteligentes, más sensatos, más "oportunistas", y esto debemos decírselo a las masas. Pero después de que nos hayamos ganado a las masas gracias a nuestra sensatez, aplicaremos entonces la táctica ofensiva, y precisamente en el sentido más estricto de la palabra.

Ahora, sobre las tres informaciones:

1) La huelga de los trabajadores municipales de Berlín. Los trabajadores municipales son, en su mayoría, personas conservadoras, pertenecientes a los socialdemócratas de la mayoría y al partido socialdemócrata independiente, bien remunerados, pero se ven obligados a la huelga.

2) La huelga de los trabajadores textiles en Lille.

3) El tercer hecho es el más importante. En Roma se celebró un mitin para organizar la lucha contra los fascistas, en el que participaron 50.000 obreros — representantes de todos los partidos — comunistas, socialistas y también republicanos. Asistieron 5.000 excombatientes uniformados, y ningún fascista se atrevió a aparecer en la calle. Esto demuestra que en Europa hay más material combustible del que pensábamos.

Lazzari elogió nuestra resolución sobre la táctica. Este es un gran logro de nuestro congreso. Si Lazzari la reconoce, miles de obreros que siguen a Lazzari vendrán seguramente a nosotros, y sus dirigentes no podrán alejarlos de nosotros. "Il faut reculer pour mieux sauter" (hay que retroceder para saltar mejor). Y ese salto es inevitable, porque la situación objetivamente se vuelve insoportable.

Así pues, comenzamos a aplicar nuestra nueva táctica. No hay que ponerse nerviosos, no podemos llegar tarde, sino que más bien podemos empezar demasiado pronto, y si ustedes preguntan si Rusia podrá resistir tanto tiempo, respondemos que ahora libramos una guerra contra la pequeña burguesía, contra el campesinado, una guerra económica, que para nosotros es mucho más peligrosa que la guerra pasada. Pero, como dijo Clausewitz, el elemento de la guerra es el peligro, y nosotros ni un solo momento hemos estado fuera de peligro. Estoy convencido de que si actuamos con más cautela, si hacemos concesiones a tiempo, venceremos también en esta guerra, aunque dure más de tres años.

Resumo:

1) Todos unánimemente, en toda Europa, diremos que aplicamos una nueva táctica y que de este modo nos ganaremos a las masas.

2) Coordinación de la ofensiva en los países más importantes: Alemania, Checoslovaquia, Italia. Aquí es necesaria la preparación, la interacción constante. Europa está embarazada de revolución, pero es imposible confeccionar de antemano un calendario de la revolución. Nosotros, en Rusia, resistiremos no solo cinco años, sino más. La única estrategia correcta es la que hemos adoptado. Estoy convencido de que conquistaremos para la revolución posiciones a las que la Entente no podrá oponer nada, y este será el comienzo de la victoria a escala mundial.

Los errores de izquierda son fáciles de corregir. En nuestro partido siempre los hemos corregido, e incluso sin ninguna escisión, sin grandes fricciones, permaneciendo como antes amigos. Pero si en el momento decisivo se descubre falta de valor, eso ya no es un error, sino una traición. Escuché con gusto las intervenciones de Terracini, y si él cree que su interpretación de mi discurso, y no la de Šmeral, es la correcta, no se equivoca.

Nuestra consigna es la preparación de la ofensiva. Realizamos nuestro repliegue no por razones de principio, sino solo por razones tácticas y solo por un breve tiempo.