1. En los últimos meses se ha manifestado claramente en las filas del partido una desviación sindicalista y anarquista, que exige las medidas más decididas de lucha ideológica, así como la depuración y el saneamiento del partido.

2. La mencionada desviación se debe en parte al ingreso en las filas del partido de antiguos mencheviques, así como de obreros y campesinos que aún no han asimilado plenamente la concepción comunista del mundo, pero principalmente esta desviación está provocada por la influencia sobre el proletariado y sobre el PCR del elemento pequeño-burgués, que es excepcionalmente fuerte en nuestro país y que inevitablemente engendra vacilaciones hacia el anarquismo, especialmente en los momentos en que la situación de las masas se ha deteriorado bruscamente a consecuencia de la mala cosecha y de las consecuencias extremadamente ruinosas de la guerra, y cuando la desmovilización de un ejército de millones arroja a cientos y cientos de miles de campesinos y obreros que no pueden encontrar de inmediato fuentes regulares de medios de subsistencia.

3. La expresión teóricamente más acabada y más formalizada de esta desviación {variante: una de las expresiones más acabadas, etc., de esta desviación} son las tesis y otros trabajos literarios del grupo de la llamada «Oposición Obrera». Bastante indicativa es, por ejemplo, la siguiente tesis suya: «La organización de la gestión de la economía nacional corresponde al congreso panruso de los productores, unidos en sindicatos profesionales de producción, que eligen el órgano central que dirige toda la economía nacional de la república».

Las ideas que sirven de base a esta y a numerosas declaraciones semejantes son radicalmente incorrectas desde el punto de vista teórico, al ser una ruptura total con el marxismo y el comunismo, así como con las conclusiones de la experiencia práctica de todas las revoluciones semiproletarias y de la verdadera revolución proletaria.

En primer lugar, el concepto de «productor» une al proletario con el semiproletario y con el pequeño productor mercantil, apartándose así de manera fundamental del concepto básico de la lucha de clases y de la exigencia fundamental de distinguir claramente las clases.

En segundo lugar, la apuesta por las masas no partidistas o el coqueteo con ellas, que se expresa en la tesis citada, constituye una desviación no menos fundamental del marxismo.

El marxismo enseña —y esta enseñanza no solo ha sido confirmada formalmente por toda la Internacional Comunista en la resolución del II Congreso de la Internacional Comunista (1920) sobre el papel del partido político del proletariado, sino también confirmada prácticamente por nuestra revolución— que solo el partido político de la clase obrera, es decir, el Partido Comunista, es capaz de unir, educar y organizar tal vanguardia del proletariado y de toda la masa trabajadora, la cual por sí sola puede oponerse a las inevitables vacilaciones pequeño-burguesas de esa masa, a las inevitables tradiciones y recaídas de la estrechez profesionalista o de los prejuicios profesionalistas entre el proletariado, y dirigir toda la actividad unificada de todo el proletariado, es decir, dirigirlo políticamente, y a través de él dirigir a todas las masas trabajadoras. Sin esto, la dictadura del proletariado es irrealizable.

La comprensión incorrecta del papel del Partido Comunista en su relación con el proletariado no partidista y, luego, la relación de ambos factores con toda la masa de trabajadores, constituye una desviación teórica fundamental del comunismo y una inclinación hacia el sindicalismo y el anarquismo, desviación que impregna todas las concepciones del grupo de la «Oposición Obrera».

4. El X Congreso del PCR declara que considera también radicalmente incorrectos todos los intentos del mencionado grupo y de otras personas de defender sus puntos de vista erróneos con referencias al § 5 de la parte económica del programa del PCR, dedicado al papel de los sindicatos. Ese parágrafo dice que «los sindicatos deben llegar a concentrar efectivamente en sus manos toda la gestión de toda la economía nacional, como un todo económico único» y que «aseguran así un vínculo indisoluble entre la administración central del Estado, la economía nacional y las amplias masas de trabajadores», «incorporando» a estas masas «al trabajo directo de conducción de la economía».

Condición previa de esa situación, a la que «deben llegar» los sindicatos, el programa del PCR, en el mismo parágrafo, declara el proceso de «una creciente liberación de los sindicatos del estrechez gremial» y su abarcamiento de la mayoría, «y gradualmente de la totalidad» de los trabajadores.

Finalmente, en el mismo parágrafo, el programa del PCR subraya que los sindicatos son «ya, según las leyes de la RSFSR y la práctica establecida, participantes de todos los órganos locales y centrales de dirección de la industria».

En lugar de tomar en cuenta precisamente esta experiencia práctica de participación en la dirección, en lugar de desarrollar ulteriormente esta experiencia en estricta concordancia con los éxitos alcanzados y los errores corregidos, los sindicalistas y anarquistas plantean la consigna directa de «congresos o el congreso de los productores», que «eligen» los órganos de dirección de la economía. El papel dirigente, educador y organizador del partido respecto a los sindicatos del proletariado, y de este último respecto a las masas trabajadoras semimesetizas y directamente pequeño-burguesas, es así eludido y suprimido por completo, y en lugar de la continuación y corrección del trabajo práctico de construcción de nuevas formas de economía ya iniciado por el poder soviético, se obtiene una destrucción pequeño-burguesa-anarquista de ese trabajo, capaz de conducir únicamente al triunfo de la contrarrevolución burguesa.

5. Además de la incorrección teórica y la actitud radicalmente incorrecta hacia la experiencia práctica de la construcción económica iniciada por el poder soviético, el Congreso del PCR ve en las opiniones del mencionado grupo y de grupos y personas análogos una enorme incorrección política y un peligro político directo para la propia existencia de la dictadura del proletariado.

En un país como Rusia, el enorme predominio del elemento pequeño-burgués y las inevitables, como resultado de la guerra, la ruina, el empobrecimiento, las epidemias y las malas cosechas, agudizaciones extremas de la necesidad y las calamidades populares, engendran manifestaciones especialmente agudas de vacilaciones en el estado de ánimo de la masa pequeño-burguesa y semiproletaria. Estas vacilaciones van ora en dirección al fortalecimiento de la alianza de estas masas con el proletariado, ora en dirección a la restauración burguesa, y toda la experiencia de todas las revoluciones de los siglos XVIII, XIX y XX muestra con absoluta claridad y contundencia que de estas vacilaciones, bajo la condición del más mínimo debilitamiento de la unidad, la fuerza y la influencia de la vanguardia revolucionaria del proletariado, no puede obtenerse nada más que la restauración (restablecimiento) del poder y la propiedad de los capitalistas y terratenientes.

Por eso, las opiniones de la «Oposición Obrera» y de elementos similares no solo son teóricamente incorrectas, sino que prácticamente sirven como expresión de las vacilaciones pequeño-burguesas y anárquicas, prácticamente debilitan la línea directriz firme del partido comunista, prácticamente ayudan a los enemigos de clase de la revolución proletaria.

6. Sobre la base de todo esto, el Congreso del PCR, rechazando decididamente las mencionadas ideas, en las que se expresa la desviación sindicalista y anarquista, reconoce como necesario:

En primer lugar, una lucha ideológica firme y sistemática contra estas ideas;

En segundo lugar, el Congreso reconoce que la propaganda de estas ideas es incompatible con la pertenencia al PCR.

Encargando al Comité Central del partido la aplicación más rigurosa de estas resoluciones, el Congreso señala al mismo tiempo que en publicaciones especiales, colecciones, etc., puede y debe darse lugar a un intercambio de opiniones lo más detallado posible de los miembros del partido sobre todas las cuestiones mencionadas.

Impreso por primera vez en 1923 en la Colección de Obras de N. Lenin (V. Uliánov), tomo XVIII, parte I.

Se imprime según el manuscrito.