Con respecto a las tesis acerca del problema agrario, publicadas bajo la firma del "Comité directeur del Partido Comunista Francés" en el nº 95 de "La Voix Paysanne" del 19 de noviembre de 1921, puedo decir lo siguiente:

Me parecen completamente correctas, conformes a las decisiones de los congresos de la Internacional Comunista y muy acertadamente expresadas las ideas fundamentales de estas tesis, a saber: (1) la necesidad de la revolución para evitar nuevas guerras imperialistas; (2) el fracaso de la ideología pacifista y wilsoniana; (3) la necesidad absoluta de crear, en el problema agrario, un "programa de medidas transitorias" (un programme transitoire) hacia el comunismo, adaptado al paso voluntario de los campesinos a la socialización de la agricultura y que dé al mismo tiempo una mejora inmediata de la situación de la inmensa mayoría de la población rural, de los obreros asalariados y de los pequeños campesinos; (4) la confiscación inmediata, es decir, la expropiación sin indemnización (sans indemnité) tanto de las tierras no cultivadas (les terres arables en friche) como de las tierras cultivadas por el trabajo de colonos, arrendatarios u obreros asalariados (les terres mises en valeur par les colons, fermiers ou salariés); (5) la entrega de estas tierras al conjunto de los trabajadores que las cultivan ahora, con la condición de que estos trabajadores constituyan "cooperativas de producción" (coopératives de production), de acuerdo con las disposiciones de la nueva legislación agraria; (6) la garantía absoluta para los "pequeños propietarios que cultivan ellos mismos sus tierras" (les petits propriétaires exploitant eux-mêmes) del derecho de uso permanente (y hereditario) de sus tierras; (7) la necesidad de asegurar la "continuidad y el aumento de la producción" en la agricultura ("continuité et augmentation de la production"); (8) la necesidad de toda una serie de medidas que lleven a cabo sistemáticamente la "educación comunista del campesinado" ("éducation communiste de la classe paysanne").

Estando completamente de acuerdo con estas ideas fundamentales de las tesis, solo puedo hacer las siguientes observaciones particulares acerca de estas tesis en general:

1. La primera parte de las tesis está dedicada a la cuestión: "guerra o revolución". Se dice aquí, entre otras cosas, y con toda razón, que "los acontecimientos de los últimos años han matado la ideología pacifista y wilsoniana" ("les événements des dernières années ont tué l'idéologie pacifiste et wilsonienne").

Para llevar hasta el final la destrucción de estas ilusiones pacifistas, sería necesario, en mi opinión, hablar no solo de la guerra en general, sino también del carácter específicamente imperialista tanto de la guerra de 1914-1918 como de la guerra que ahora se prepara entre América y Japón, con la probable participación de Inglaterra y Francia.

No hay duda de que la revolución del proletariado es la única que puede poner fin, y sin duda pondrá fin, a todas las guerras en general. Pero sería una ilusión pacifista pensar que la revolución victoriosa del proletariado en un solo país, por ejemplo en Francia, destruirá inmediata y seguramente todas las guerras.

La experiencia de Rusia ha refutado claramente esta ilusión. Esta experiencia ha demostrado que solo con la revolución se pudo salir de la guerra imperialista y que los obreros y campesinos rusos ganaron inmensamente con su revolución, a pesar de la guerra civil que les impusieron los capitalistas de todos los países. Por muy criminales y funestas que sean las guerras reaccionarias y, en particular, las guerras imperialistas (a las cuales pertenece, también por parte de Francia, la guerra de 1914-1918: el Tratado de Versalles lo ha demostrado de manera especialmente evidente), así de legítimas y justas son las guerras revolucionarias, es decir, las guerras en defensa de las clases oprimidas contra los capitalistas, en defensa de los pueblos oprimidos por el imperialismo de un puñado de países contra los opresores, en defensa de la revolución socialista contra las invasiones extranjeras. Cuanto más claramente comprenda esto la masa de obreros y campesinos de Francia, menos probables y menos duraderos serán los inevitables intentos de los capitalistas franceses, ingleses y otros de aplastar mediante la guerra la revolución de los obreros y campesinos en Francia. En la Europa contemporánea, después de la victoria de la Rusia Soviética sobre todos los países capitalistas que apoyaron a Denikin, Kolchak, Wrangel, Yudenich y Pilsudski, en la Europa contemporánea, con la inmensurable y desvergonzada opresión de Alemania por el Tratado de Versalles, la guerra civil de los capitalistas franceses contra la revolución socialista victoriosa en Francia no puede ser sino muy breve e infinitamente más fácil para los obreros y campesinos franceses que para los rusos. Pero es absolutamente necesario distinguir claramente las guerras imperialistas, las guerras por el reparto del botín capitalista, las guerras para ahogar a las naciones pequeñas y débiles, de las guerras revolucionarias, las guerras en defensa contra los capitalistas contrarrevolucionarios, para derrocar su yugo.

Sobre la base de las consideraciones expuestas, consideraría más correcto, en lugar de lo que se dice en las tesis sobre la cuestión: "guerra o revolución", decir aproximadamente lo siguiente:

Los acontecimientos de los últimos años han desenmascarado toda la mentira, todo el engaño de la ideología pacifista y wilsoniana. Hay que destruir definitivamente esta mentira. La guerra de 1914-1918 fue imperialista, rapaz, reaccionaria no solo por parte de Alemania, sino también por parte de Francia; esto lo ha demostrado de manera especialmente evidente el Tratado de Versalles, aún más bestial y vil que el Tratado de Brest-Litovsk. La nueva guerra que se prepara entre América y Japón (o Inglaterra) y que es inevitable si se mantiene el capitalismo, arrastrará inevitablemente también a la Francia capitalista, pues está enredada en todos los crímenes, atrocidades y vilezas imperialistas de nuestra época imperialista. O una nueva guerra y una serie de guerras para la "defensa" del imperialismo francés, o la revolución socialista, no hay otra alternativa para los obreros y campesinos de Francia. Y no les asustarán las referencias de los contrarrevolucionarios capitalistas a la dureza de la guerra civil que impusieron a la Rusia Soviética. Los obreros y campesinos de Francia supieron llevar una guerra legítima, justa, revolucionaria contra sus feudales cuando ahogaban la gran revolución francesa del siglo XVIII. Los obreros y campesinos franceses sabrán llevar una guerra igualmente legítima, justa y revolucionaria contra los capitalistas franceses cuando estos se conviertan en emigrados que organicen una invasión extranjera contra la república socialista francesa. A los obreros y campesinos franceses les será tanto más fácil aplastar a sus explotadores cuanto que toda Europa, desgarrada, agotada, balcanizada por el vil Tratado de Versalles, estará directa e indirectamente de su lado.

2. Considero errónea, en la parte siguiente de las tesis, la afirmación: "La próxima revolución en Francia (cette révolution que nous devons faire)... será en cierto modo una revolución prematura" (sera en quelque sorte une révolution avant terme), así como la siguiente afirmación: "La concentración de la propiedad anunciada por los teóricos del marxismo no se ha producido regularmente en la agricultura" (La concentration de la propriété annoncée par les théoriciens du marxisme ne s'est pas produite avec régularité dans l'agriculture).

Esto es falso. Y no son las opiniones de Marx, ni las opiniones del marxismo, sino las opiniones de aquellos "teóricos" del seudo-marxismo que llevaron a la Segunda Internacional a la bancarrota vergonzosa en 1914. Son las opiniones de aquellos seudomarxistas que desde 1914 se pasaron al lado de la burguesía nacional "propia" y de los cuales se burlaba tan bien en tiempos pasados nada menos que Jules Guesde, cuando escribía contra Millerand que los futuros Millerand estarían del lado de "sus" capitalistas en la guerra venidera por el reparto del botín capitalista.

Marx no consideró de manera simplista y lineal las formas del proceso de concentración en la agricultura. Prueba de ello es el tercer tomo de "El Capital". Prueba de ello es el artículo de Engels en los años 90 del siglo pasado contra el programa agrario francés de entonces. Marx no consideraba la revolución del proletariado "oportuna" solo bajo la condición de la expropiación del último campesino. Dejemos esa interpretación de las opiniones de Marx a los Hyndman, Renaudel, Vandervelde, Südekum, a los señores Turati y Serrati.

Aconsejaría echar fuera esas afirmaciones erróneas, innecesarias y comprometedoras para los comunistas franceses. No son necesarias para demostrar su idea fundamental, práctica y teóricamente importante y correcta, a saber, que la aplicación inmediata (l'application immédiate) del comunismo integral a las condiciones de la pequeña economía campesina (no solo en Francia, sino en todos los países donde existe la pequeña economía campesina) sería profundamente errónea.

En lugar de estas afirmaciones erróneas, sería mejor decir con más detalle por qué es precario el enriquecimiento de los campesinos franceses durante la guerra; por qué se desvalorizan los dinerillos que estos campesinos ganaron durante la guerra; por qué se intensifica el yugo de los grandes bancos tanto sobre los obreros como sobre los campesinos de Francia; en qué se expresa esta intensificación, y así sucesivamente.

3. En las tesis se dice además que la estadística de preguerra contaba en Francia 5.700.000 explotaciones rurales (exploitations rurales), de ellas 4.850.000 pequeñas (hasta 10 hectáreas) y 850.000 de tamaño superior a 10 hectáreas. Estas cifras muestran, se dice en las tesis, cuán desigualmente está distribuida la tierra en Francia. "Pero estas cifras no proporcionan, se dice en las tesis, ninguna idea precisa ("mais ils [ces chiffres] ne fournissent aucune précision"...) sobre la relación que existe entre la extensión de las tierras cultivadas por sus propietarios y las tierras que son fuente de ganancia capitalista" ("... sur le rapport qui existe entre l'étendue des terres travaillées par leurs propriétaires et des terres source de profit capitaliste").

En primer lugar, también las tierras que son cultivadas por sus propietarios sirven en Francia (como en cualquier otro país capitalista) como "fuente de ganancia capitalista". Sobre las formas de esta ganancia sería teóricamente más correcto y prácticamente más útil hablar en las tesis del Partido Comunista Francés que sobre si la concentración de la propiedad no se produce "regularmente" ("avec régularité") en la agricultura.

En segundo lugar. Es cierto que la estadística agraria francesa es mala, peor que la alemana, la americana, la suiza y la danesa, y que no proporciona una determinación precisa de la extensión de la superficie territorial en la que se lleva a cabo la economía capitalista. Es cierto también, como se señala más adelante en las tesis, que los obreros asalariados cultivan a veces granjas de menos de 10 hectáreas, mientras que los campesinos propietarios cultivan a veces "granjas de 20, 30 hectáreas y más" ("des fermes de 20, 30 hectares et au-dessus").

Pero si no una idea completamente precisa, sí una idea aproximada de la extensión de la superficie territorial que se encuentra bajo explotación capitalista se puede formar también con la estadística agraria francesa. No tengo a mano ni el libro de Compère-Morel ni otras fuentes, pero recuerdo que la estadística francesa separa las explotaciones que tienen 40 o más hectáreas. Sería muy útil citar estos datos para mostrar más claramente a los pequeños campesinos franceses qué masa de tierras han acaparado (a los obreros y a ellos) los capitalistas y terratenientes franceses. Se puede (y, en mi opinión, se debe) mostrar en las tesis agrarias más claramente, con cifras de la propia estadística agraria francesa (y con cifras de Compère-Morel, cuando aún era socialista y no defensor de los capitalistas y de su guerra rapaz de 1914-1918 y de su rapaz Tratado de Versalles), qué inmensa mayoría de la población rural en Francia ganaría inmediatamente, de golpe y de manera muy significativa, con la revolución proletaria.

4. Mi última observación se refiere a las secciones de las tesis donde se habla de la necesidad de aumentar la producción de productos agrícolas, de la importancia de las máquinas modernas (des machines modernes), en particular de máquinas como las trilladoras (les batteuses), los arados motorizados (les charrues à tracteur), etc.

Todas estas indicaciones de las tesis son absolutamente correctas y prácticamente necesarias. Solo me parecería que no se debe permanecer dentro de los límites completamente habituales para la técnica capitalista, que se debería dar un paso más allá. Habría que decir algunas palabras sobre la necesidad de una electrificación planificada y completa de toda Francia, sobre la absoluta imposibilidad de llevar a cabo este trabajo en beneficio de los obreros y campesinos sin derrocar el poder de la burguesía, sin la conquista del poder por el proletariado. En la literatura francesa hay no pocos datos sobre la importancia de la electrificación para Francia. Solo sé que una pequeña parte de estos datos fue citada en el trabajo realizado por encargo de nuestro gobierno sobre el plan de electrificación de Rusia y que después de la guerra la preparación técnica del problema de la electrificación ha avanzado mucho en Francia.

Es sumamente importante, en mi opinión, tanto desde el punto de vista teórico como desde el punto de vista práctico-agitativo, decir en las tesis (y en general hablar más en la literatura comunista) que la técnica moderna avanzada exige imperiosamente la electrificación de todo el país y de una serie de países vecinos según un solo plan; que ese trabajo es perfectamente realizable en la actualidad; que la agricultura y, en particular, el campesinado serían los que más ganarían con ello; que, mientras subsistan el capitalismo y la propiedad privada sobre los medios de producción, la electrificación de todo un país y de una serie de países, en primer lugar, no puede ser rápida ni planificada; en segundo lugar, no puede ser realizada en beneficio de los obreros y campesinos. Bajo el capitalismo, la electrificación llevará inevitablemente a la intensificación del yugo de los grandes bancos tanto sobre los obreros como sobre los campesinos. Ya antes de la guerra, no un "marxista estrecho", sino el propio Lysis, que hoy adula servilmente a los capitalistas, demostró que Francia es en realidad una oligarquía financiera.

Francia posee magníficas posibilidades de electrificación. Con la victoria del proletariado en Francia, de la electrificación realizada planificadamente y sin tener en cuenta la propiedad privada de los grandes terratenientes y capitalistas, ganará gigantescamente, sobre todo, el pequeño campesinado. Con la conservación del poder de los capitalistas, es inevitable que la electrificación no sea planificada ni rápida, y en la medida en que se realice, será una nueva servidumbre para los campesinos, una nueva esclavitud de los campesinos despojados por la "oligarquía financiera".

He aquí las pocas observaciones que puedo hacer acerca de las tesis agrarias francesas, que en conjunto y en general me parecen completamente correctas.

N. Lenin
11 de diciembre de 1921