(SIGNIFICADO DE LA NUEVA POLÍTICA Y SUS CONDICIONES)
## EN LUGAR DE INTRODUCCIÓN

La cuestión del impuesto en especie atrae actualmente particular atención, discusión y debate. Es perfectamente comprensible, pues se trata efectivamente de una de las cuestiones políticas principales en las condiciones actuales.

La discusión tiene un carácter un tanto tumultuoso. Todos padecemos este pecado por razones demasiado comprensibles. Tanto más útil será el intento de abordar esta cuestión no desde su lado "candente", sino desde su lado general de principio. En otras palabras: contemplar el fondo general y radical del cuadro sobre el que ahora trazamos el diseño de determinadas medidas prácticas de la política del día.

Para hacer tal intento, me permitiré presentar una larga cita de mi folleto: "La tarea principal de nuestros días. - Sobre el 'izquierdismo' infantil y sobre el espíritu pequeñoburgués" *. Este folleto se publicó en la edición del Soviet de Petrogrado en 1918 y contiene, en primer lugar, un artículo periodístico del 11 de marzo de 1918 sobre la Paz de Brest, y en segundo lugar, una polémica con el grupo de entonces de los comunistas de izquierda, fechada el 5 de mayo de 1918. La polémica ahora no es necesaria y la omito. Dejo lo que se refiere a las consideraciones sobre el "capitalismo de Estado" y sobre los elementos fundamentales de nuestra economía actual, de transición del capitalismo al socialismo.

Esto es lo que escribí entonces:

* Véase Obras, 5ª ed., tomo 36, págs. 283-314. Red.

## SOBRE LA ECONOMÍA ACTUAL DE RUSIA (DEL FOLLETO DE 1918)

"... El capitalismo de Estado sería un paso adelante respecto a la situación actual de nuestra República Soviética. Si, por ejemplo, al cabo de medio año se hubiera instaurado entre nosotros el capitalismo de Estado, esto sería un enorme éxito y la garantía más segura de que dentro de un año el socialismo se consolidaría definitivamente y se volvería invencible.

Me imagino con qué noble indignación se echarán algunos atrás ante estas palabras... ¿Cómo? ¿En una república socialista soviética el paso al capitalismo de Estado sería un paso adelante?... ¿No es esto una traición al socialismo?

Precisamente en este punto hay que detenerse con más detalle.

En primer lugar, hay que analizar cuál es exactamente esa transición del capitalismo al socialismo que nos da el derecho y la razón para llamarnos república socialista de los Soviets.

En segundo lugar, hay que descubrir el error de aquellos que no ven las condiciones económicas pequeñoburguesas y el elemento pequeñoburgués como el principal enemigo del socialismo entre nosotros.

En tercer lugar, hay que comprender bien la importancia del Estado soviético en su diferencia económica respecto al Estado burgués.

Examinemos estas tres circunstancias.

No parece haber habido nadie que, al plantearse la cuestión de la economía de Rusia, negara el carácter de transición de esta economía. Ningún comunista ha negado, al parecer, que la expresión "República Soviética Socialista" significa la determinación del poder soviético de realizar la transición al socialismo, y no en absoluto el reconocimiento del orden económico actual como socialista.

Pero, ¿qué significa la palabra transición? ¿No significa, aplicada a la economía, que en el régimen actual existen elementos, partículas, fragmentos de capitalismo y de socialismo? Todos reconocen que sí. Pero no todos, al reconocerlo, reflexionan sobre cuáles son exactamente los elementos de los diversos tipos de estructura socioeconómica existentes en Rusia. Y en esto está todo el meollo de la cuestión. Enumeremos estos elementos:

1) la economía campesina patriarcal, es decir, en gran medida natural;

2) la pequeña producción mercantil (aquí se incluye la mayoría de los campesinos que venden grano);

3) el capitalismo de empresa privada;

4) el capitalismo de Estado;

5) el socialismo.

Rusia es tan grande y tan variopinta que todos estos diferentes tipos de estructura socioeconómica se entrelazan en ella. En esto reside precisamente la peculiaridad de la situación.

Cabe preguntarse, ¿qué elementos predominan? Está claro que en un país de pequeños campesinos predomina, y no puede dejar de predominar, el elemento pequeñoburgués: la mayoría, y la inmensa mayoría, de los agricultores son pequeños productores mercantiles. La envoltura del capitalismo de Estado (monopolio del grano, empresarios y comerciantes controlados, cooperadores burgueses) es desgarrada aquí y allá por los especuladores, y el principal objeto de especulación es el grano.

La lucha principal se desarrolla precisamente en este terreno. ¿Entre quiénes y quiénes se libra esta lucha, si se habla en términos de categorías económicas como "capitalismo de Estado"? ¿Entre el cuarto y el quinto escalón en el orden en que los he enumerado ahora? Por supuesto que no. No es el capitalismo de Estado el que lucha aquí con el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo de empresa privada los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeña burguesía se resiste a toda intervención, registro y control del Estado, tanto estatal-capitalista como estatal-socialista. Este es un hecho completamente indiscutible de la realidad, en cuya incomprensión reside la raíz de toda una serie de errores económicos. El especulador, el merodeador del comercio, el violador del monopolio: he ahí nuestro principal enemigo "interno", enemigo de las medidas económicas del poder soviético. Si hace 125 años los pequeños burgueses franceses, los revolucionarios más brillantes y más sinceros, podían aún disculparse por su afán de vencer al especulador mediante ejecuciones de unos pocos "elegidos" y truenos de declaraciones, hoy la actitud puramente francesa ante la cuestión por parte de algunos socialrevolucionarios de izquierda provoca en todo revolucionario consciente solo repugnancia o asco. Sabemos perfectamente que la base económica de la especulación es la capa de pequeños propietarios, inusualmente amplia en Rusia, y el capitalismo de empresa privada, que tiene en cada pequeño burgués a su agente. Sabemos que millones de tentáculos de esta hidra pequeñoburguesa envuelven aquí y allá capas aisladas de obreros, que la especulación, en lugar del monopolio estatal, irrumpe en todos los poros de nuestra vida socioeconómica.

Quien no ve esto, precisamente con su ceguera demuestra su cautiverio por los prejuicios pequeñoburgueses...

El pequeño burgués tiene un depósito de dinerillo, unos miles, acumulados con "artimañas" y especialmente con tropelías durante la guerra. Este es el tipo económico, característico como base de la especulación y del capitalismo de empresa privada. El dinero es un certificado para obtener riqueza social, y la capa multimillonaria de pequeños propietarios, aferrándose a este certificado, lo esconde del "Estado", sin creer en ningún socialismo ni comunismo, "esperando a que pase" la tormenta proletaria. O bien sometemos a nuestro control y registro a este pequeño burgués (podremos hacerlo si organizamos a los pobres, es decir, a la mayoría de la población o a los semiproletarios, en torno al consciente destacamento de vanguardia proletario), o bien él derribará nuestro poder obrero, inevitable e ineluctablemente, como derribaron la revolución los Napoleones y Cavaignacs, que precisamente en este terreno de la pequeña propiedad crecen. Así se plantea la cuestión. Solo así se plantea la cuestión...

El pequeño burgués que guarda sus miles es enemigo del capitalismo de Estado, y desea realizar esos miles forzosamente para sí mismo, contra los pobres, contra todo control estatal general, y la suma de los miles proporciona la base multimillonaria de la especulación, que sabotea nuestra construcción socialista. Supongamos que un número determinado de obreros da en pocos días una suma de valores expresada por la cifra de 1000. Supongamos además que 200 de esa suma se pierden entre nosotros debido a la pequeña especulación, a todo tipo de hurtos y a la evasión pequeñopropietaria de los decretos y disposiciones soviéticos. Todo obrero consciente diría: si yo pudiera dar 300 de cada mil, a costa de crear un mayor orden y organización, daría gustoso 300 en lugar de 200, porque bajo el poder soviético reducir después ese "tributo", digamos, a 100 o a 50 será una tarea completamente fácil, una vez que el orden y la organización estén establecidos, una vez que la ruptura pequeñopropietaria de todo monopolio estatal esté definitivamente quebrantada.

Con este simple ejemplo numérico —deliberadamente simplificado al máximo para una exposición popular— se explica la correlación actual entre el capitalismo de Estado y el socialismo. Los obreros tienen en sus manos el poder en el Estado, tienen la más plena posibilidad jurídica de "tomar" todo el millar, es decir, de no dar ni un kopek sin un destino socialista. Esta posibilidad jurídica, basada en la transferencia efectiva del poder a los obreros, es un elemento del socialismo. Pero por muchos caminos el elemento pequeñopropietario y privado-capitalista socava la situación jurídica, introduce la especulación, viola el cumplimiento de los decretos soviéticos. El capitalismo de Estado sería un paso gigantesco adelante, incluso si (y he tomado deliberadamente ese ejemplo numérico para mostrar esto claramente) pagáramos más que ahora, porque vale la pena pagar "por la ciencia", porque es útil para los obreros, porque la victoria sobre el desorden, la ruina, la desidia es lo más importante, porque la continuación de la anarquía pequeñopropietaria es el mayor y el más terrible peligro, que nos arruinará (si no lo vencemos) sin duda alguna, mientras que el pago de un mayor tributo al capitalismo de Estado no solo no nos arruinará, sino que nos conducirá por el camino más seguro al socialismo. La clase obrera, que haya aprendido a defender el orden estatal contra la anarquía pequeñopropietaria, que haya aprendido a organizar la gran producción estatal sobre bases capitalistas de Estado, tendrá entonces —disculpen la expresión— todas las cartas en la mano, y la consolidación del socialismo estará asegurada.

El capitalismo de Estado es económicamente incomparablemente superior a nuestra economía actual, esto es lo primero.

En segundo lugar, no hay en él nada temible para el poder soviético, porque el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el poder de los obreros y de los pobres...

* * *

Para aclarar aún más la cuestión, presentemos ante todo el ejemplo más concreto de capitalismo de Estado. Todo el mundo sabe cuál es ese ejemplo: Alemania. Aquí tenemos la "última palabra" de la técnica capitalista moderna y de la organización planificada, sometida al imperialismo junker-burgués. Dejen de lado las palabras subrayadas, pongan en lugar del Estado militar, junker, burgués, imperialista, otro Estado, pero de un tipo social diferente, de un contenido de clase diferente, un Estado soviético, es decir, proletario, y obtendrán toda la suma de condiciones que da el socialismo.

El socialismo es impensable sin la gran técnica capitalista, construida según la última palabra de la ciencia más moderna, sin una organización estatal planificada que someta a decenas de millones de personas a la observancia más estricta de una norma única en la producción y distribución de los productos. De esto hemos hablado siempre los marxistas, y con personas que ni siquiera han comprendido esto (anarquistas y buena mitad de los socialrevolucionarios de izquierda) no vale la pena perder ni dos segundos en conversación.

El socialismo es impensable, al mismo tiempo, sin el dominio del proletariado en el Estado: esto también es un abc. La historia (de la que nadie, excepto quizás los obtusos mencheviques de primer orden, esperaba que diera un socialismo "íntegro" de manera suave, tranquila, fácil y simple) ha ido de manera tan peculiar que para 1918 dio a luz dos mitades separadas del socialismo, una junto a la otra, exactamente como dos futuros polluelos bajo una misma cáscara del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron en 1918 del modo más palpable la realización material de las condiciones económicas, productivas, socioeconómicas, por un lado, y políticas del socialismo, por el otro.

Una revolución proletaria victoriosa en Alemania rompería de inmediato, con enorme facilidad, cualquier cáscara del imperialismo (hecha, por desgracia, del mejor acero y por eso no se rompe con los esfuerzos de cualquier polluelo), realizaría la victoria del socialismo mundial con toda seguridad, sin dificultades o con dificultades insignificantes —claro está, si se toma la escala de "difícil" como histórico-mundial, y no como filisteo-cerradamente local.

Si en Alemania la revolución aún se demora en "nacer", nuestra tarea es aprender el capitalismo de Estado de los alemanes, asimilarlo con todas nuestras fuerzas, no escatimar métodos dictatoriales para acelerar esta asimilación del occidentalismo por la Rusia bárbara, sin detenernos ante medios bárbaros de lucha contra la barbarie. Si hay personas entre los anarquistas y los socialrevolucionarios de izquierda (recuerdo accidentalmente los discursos de Karelin y Gue en el CIC) que son capaces de razonar a la Karelin que no nos corresponde a nosotros, revolucionarios, "aprender" del imperialismo alemán, entonces hay que decir una sola cosa: la revolución que tomara en serio a tales personas perecería sin remedio (y con toda justicia).

En Rusia predomina ahora precisamente el capitalismo pequeñoburgués, desde el cual tanto al gran capitalismo de Estado como al socialismo lleva un mismo camino, lleva una ruta a través de una misma estación intermedia, llamada "control y registro popular sobre la producción y distribución de los productos". Quien no comprenda esto comete un imperdonable error económico, o bien por no conocer los hechos de la realidad, no ver lo que hay, no saber mirar la verdad cara a cara, o bien limitándose a la contraposición abstracta del "capitalismo" al "socialismo" y no profundizando en las formas concretas y las etapas de esta transición actualmente entre nosotros.

Dicho sea de paso: este es el mismo error teórico que desorientó a los mejores de entre los hombres del campo de "Nueva Vida" y "Adelante": los peores y los medianos, por su estupidez y falta de carácter, van a la zaga de la burguesía, amedrentados por ella; los mejores no comprendieron que los maestros del socialismo no hablaban en vano de todo un período de transición del capitalismo al socialismo y subrayaban no sin razón "los largos dolores de parto" de la nueva sociedad, y que esta nueva sociedad es a su vez una abstracción que no puede encarnarse en la vida si no es a través de una serie de intentos concretos diversos e imperfectos de crear tal o cual Estado socialista.

Precisamente porque de la actual situación económica de Rusia no se puede avanzar sin pasar por lo que es común tanto al capitalismo de Estado como al socialismo (el control y registro nacional), asustar a otros y a uno mismo con la "evolución hacia el capitalismo de Estado" es una completa tontería teórica. Esto significa precisamente divagar con el pensamiento "hacia un lado" del camino real de la "evolución", no comprender este camino; en la práctica, esto equivale a tirar hacia atrás, hacia el capitalismo pequeñopropietario.

Para que el lector se convenza de que la "alta" valoración del capitalismo de Estado la hago no solo ahora, sino que la hacía también antes de la toma del poder por los bolcheviques, me permito presentar la siguiente cita de mi folleto "La catástrofe inminente y cómo lucharemos contra ella", escrito en septiembre de 1917:

"... Intente sustituir el Estado junker-capitalista, terrateniente-capitalista, por un Estado revolucionario-democrático, es decir, que destruya revolucionariamente todo privilegio, que no tema llevar a cabo revolucionariamente la más completa democracia. Verá que el capitalismo monopolista de Estado bajo un Estado verdaderamente revolucionario-democrático significa inevitable, ineluctablemente, un paso hacia el socialismo.

... Pues el socialismo no es otra cosa que el paso adelante más inmediato desde el monopolio capitalista de Estado.

... El capitalismo monopolista de Estado es la más completa preparación material del socialismo, es el vestíbulo del mismo, es ese peldaño de la escalera histórica entre el cual (el peldaño) y el peldaño llamado socialismo no hay peldaños intermedios" (págs. 27 y 28) *.

Obsérvese que esto fue escrito bajo Kerenski, que aquí no se trata de la dictadura del proletariado, ni del Estado socialista, sino del "revolucionario-democrático". ¿Acaso no está claro que cuanto más alto nos hemos elevado sobre este peldaño político, cuanto más plenamente hemos encarnado en los Soviets el Estado socialista y la dictadura del proletariado, tanto menos nos está permitido temer al "capitalismo de Estado"? ¿Acaso no está claro que en el sentido material, económico, productivo, aún no nos encontramos en el "vestíbulo" del socialismo? ¿Y que solo a través de este "vestíbulo", aún no alcanzado por nosotros, se entra en la puerta del socialismo?..  

* * *

Es sumamente instructiva aún la siguiente circunstancia.

Cuando discutíamos en el CIC con el camarada Bujarin, observó, entre otras cosas: en la cuestión de los altos salarios a los especialistas, "nosotros" somos "más de derecha que Lenin", pues no vemos aquí ninguna desviación de los principios, recordando las palabras de Marx, de que en determinadas condiciones lo más conveniente para la clase obrera sería "comprar a esa banda" (precisamente a la banda de capitalistas, es decir, comprar a la burguesía la tierra, las fábricas, los talleres y demás medios de producción).

Esta es una observación extremadamente interesante...

... Reflexione sobre el pensamiento de Marx.

Se trataba de Inglaterra de los años 70 del siglo pasado, del período culminante del capitalismo premonopolista, del país en el que entonces había menos militarismo y burocracia, del país en el que entonces había más posibilidades de una victoria "pacífica" del socialismo en el sentido de "comprar" a la burguesía por parte de los obreros. Y Marx decía: en determinadas condiciones, los obreros no se negarán en modo alguno a comprar a la burguesía. Marx no se ataba las manos —ni a los futuros dirigentes de la revolución socialista— en cuanto a las formas, procedimientos, métodos del vuelco, comprendiendo perfectamente qué masa de nuevos problemas surgirían entonces, cómo cambiaría toda la situación en el curso del vuelco, con qué frecuencia y fuerza cambiaría en el curso del vuelco.

Y bien, en la Rusia soviética después de la toma del poder por el proletariado, después de la represión de la resistencia militar y sabotajista de los explotadores —¿acaso no es evidente que algunas condiciones se han formado según el tipo de las que podrían haberse formado hace medio siglo en Inglaterra, si esta hubiera empezado entonces a pasar pacíficamente al socialismo? El sometimiento de los capitalistas a los obreros en Inglaterra podría entonces haber sido asegurado por las siguientes circunstancias: 1) el predominio más completo de los obreros, proletarios, en la población, debido a la ausencia de campesinado (en Inglaterra en los años 70 había indicios que permitían esperar éxitos extraordinariamente rápidos del socialismo entre los trabajadores agrícolas); 2) la excelente organización del proletariado en los sindicatos (Inglaterra era entonces el primer país del mundo en ese aspecto); 3) el nivel cultural relativamente alto del proletariado, disciplinado por el desarrollo secular de la libertad política; 4) la larga costumbre de los magníficamente organizados capitalistas de Inglaterra —entonces eran los capitalistas mejor organizados de todos los países del mundo (ahora esa primacía pasó a Alemania)— de resolver mediante compromisos las cuestiones políticas y económicas. He aquí en virtud de qué circunstancias pudo entonces surgir la idea de la posibilidad de un sometimiento pacífico de los capitalistas ingleses a sus obreros.

Entre nosotros, ese sometimiento en el momento actual está asegurado por determinadas premisas concretas (victoria en octubre y represión desde octubre hasta febrero de la resistencia militar y sabotajista de los capitalistas). Entre nosotros, en lugar del predominio más completo de los obreros, proletarios, en la población y de su alta organización, el factor de la victoria fue el apoyo de los proletarios por el campesinado más pobre y rápidamente arruinado. Entre nosotros, por último, no hay ni alta cultura ni costumbre de compromisos. Si se reflexiona sobre estas condiciones concretas, quedará claro que podemos y debemos lograr ahora la combinación de métodos de represión despiadada contra los capitalistas incultos, que no aceptan ningún "capitalismo de Estado", que no piensan en ningún compromiso, que continúan violando las medidas soviéticas con la especulación, el soborno a los pobres, etc., con métodos de compromiso o de compra respecto a los capitalistas cultos, que aceptan el "capitalismo de Estado", que son capaces de llevarlo a la práctica, útiles para el proletariado como organizadores inteligentes y experimentados de las más grandes empresas, que realmente abastecen de productos a decenas de millones de personas.

Bujarin es un economista marxista excelentemente formado. Por eso recordó que Marx tenía profunda razón al enseñar a los obreros la importancia de conservar la organización de la gran producción precisamente en interés de facilitar la transición al socialismo y la total admisibilidad de la idea de pagar bien a los capitalistas, comprarlos, si (como excepción: Inglaterra era entonces la excepción) las circunstancias se dieran de modo que obligaran a los capitalistas a someterse pacíficamente y pasar culta y organizadamente al socialismo a condición de ser comprados.

Pero Bujarin cayó en un error, porque no reflexionó sobre la peculiaridad concreta del momento actual en Rusia, momento precisamente excepcional, en que nosotros, el proletariado de Rusia, estamos por delante de cualquier Inglaterra y cualquier Alemania por nuestro régimen político, por la fuerza del poder político de los obreros, y al mismo tiempo estamos por detrás del más atrasado de los Estados de Europa occidental en cuanto a la organización de un capitalismo de Estado honesto, al nivel de cultura, al grado de preparación para la "introducción" material-productiva del socialismo. ¿No está claro que de esta situación peculiar se deriva para el momento actual precisamente la necesidad de una "compra" peculiar, que los obreros deben proponer a los capitalistas más cultos, más talentosos, más capaces desde el punto de vista organizativo, dispuestos a ponerse al servicio del poder soviético y a ayudar honestamente a la organización de la gran y grandísima producción "estatal"? ¿No está claro que en esta situación peculiar debemos tratar de evitar dos tipos de errores, cada uno de los cuales es a su manera pequeñoburgués? Por un lado, sería un error irreparable declarar que, ya que se reconoce la falta de correspondencia entre nuestras "fuerzas" económicas y la fuerza política, "por consiguiente", no se debía haber tomado el poder. Así razonan los "hombres en un estuche", que olvidan que la "correspondencia" no existirá jamás, que no puede existir en el desarrollo de la sociedad, como tampoco en el desarrollo de la naturaleza, que solo a través de una serie de intentos, cada uno de los cuales, tomado por separado, será unilateral, adolecerá de cierta falta de correspondencia, se crea el socialismo victorioso a partir de la colaboración revolucionaria de los proletarios de todos los países.

Por otro lado, sería un error evidente dar rienda suelta a los vociferantes y farsantes, que se dejan arrastrar por una revolucionariedad "brillante", pero son incapaces de un trabajo revolucionario sostenido, meditado, ponderado, que tenga en cuenta incluso las transiciones más difíciles.

Afortunadamente, la historia del desarrollo de los partidos revolucionarios y de la lucha del bolchevismo contra ellos nos ha legado tipos netamente perfilados, de los cuales los socialrevolucionarios de izquierda y los anarquistas ilustran suficientemente el tipo de revolucionarios mediocres. Gritan ahora —hasta la histeria, atragantándose, a voz en grito— contra el "conciliacionismo" de los "bolcheviques de derecha". Pero no saben reflexionar sobre en qué era malo el conciliacionismo y por qué fue justamente condenado por la historia y el curso de la revolución.

El conciliacionismo de la época de Kerenski entregaba el poder a la burguesía imperialista, y la cuestión del poder es la cuestión fundamental de toda revolución. El conciliacionismo de una parte de los bolcheviques en octubre-noviembre de 1917 o bien temía la toma del poder por el proletariado, o bien quería dividir el poder por igual no solo con "compañeros de viaje poco fiables" como los socialrevolucionarios de izquierda, sino también con los enemigos, los Chernov, los mencheviques, que inevitablemente nos habrían estorbado en lo fundamental: en la disolución de la Asamblea Constituyente, en el aplastamiento despiadado de los Bogáievski, en la realización completa de las medidas de las instituciones soviéticas, en cada confiscación.

Ahora el poder ha sido tomado, retenido, consolidado en manos de un solo partido, el partido del proletariado, incluso sin "compañeros de viaje poco fiables". Hablar ahora de conciliacionismo, cuando no puede siquiera plantearse la cuestión de la división del poder, de la renuncia a la dictadura del proletariado contra la burguesía, significa simplemente repetir como un loro palabras aprendidas de memoria pero no comprendidas. Llamar "conciliacionismo" al hecho de que, habiendo llegado a la situación en que podemos y debemos gobernar el país, tratemos de atraer hacia nosotros, sin escatimar dinero, a los elementos más cultos de entre los formados por el capitalismo, de tomarlos a nuestro servicio contra la descomposición pequeñopropietaria, significa no saber pensar en absoluto sobre las tareas económicas de la construcción del socialismo..." *.

## SOBRE EL IMPUESTO EN ESPECIE, SOBRE LA LIBERTAD DE COMERCIO, SOBRE LAS CONCESIONES

En las consideraciones de 1918 citadas hay una serie de errores en cuanto a los plazos. Los plazos resultaron ser más largos de lo que se suponía entonces. Esto no es sorprendente. Pero los elementos fundamentales de nuestra economía siguen siendo los mismos. Los "pobres" campesinos (proletarios y semiproletarios) se han convertido, en muchísimos casos, en campesinos medios. Con ello se ha reforzado el elemento pequeñopropietario, pequeñoburgués. Y la guerra civil de 1918-1920 agravó extraordinariamente la ruina del país, retrasó la restauración de sus fuerzas productivas, desangró sobre todo al proletariado. A esto se sumó la mala cosecha de 1920, la falta de forraje, la mortandad del ganado, lo que retrasó aún más la restauración del transporte y de la industria, reflejándose, por ejemplo, en el acarreo de leña por caballos campesinos, nuestro principal combustible.

En definitiva, la situación política para la primavera de 1921 se configuró de tal modo que se hicieron urgentemente necesarias medidas inmediatas, las más resueltas, las más extraordinarias para mejorar la situación del campesinado y elevar sus fuerzas productivas.

¿Por qué precisamente del campesinado, y no de los obreros?

Porque para mejorar la situación de los obreros se necesitan pan y combustible. Actualmente, el mayor "retraso" —desde el punto de vista de toda la economía estatal— se debe precisamente a esto. Y no se puede aumentar la producción y la recolección de grano, el acopio y la entrega de combustible, si no es mejorando la situación del campesinado, elevando sus fuerzas productivas. Hay que empezar por el campesinado. Quien no comprenda esto, quien se incline a ver en este poner al campesino en primer lugar una "renuncia" o apariencia de renuncia a la dictadura del proletariado, sencillamente no reflexiona en el asunto, se entrega en poder de la frase. La dictadura del proletariado es la dirección de la política por parte del proletariado. El proletariado, como clase dirigente, como clase dominante, debe saber encauzar la política de modo que resuelva en primer lugar la tarea más acuciante, más "dolorosa". Lo más acuciante ahora son las medidas capaces de elevar inmediatamente las fuerzas productivas de la economía campesina. Solo a través de esto se puede lograr tanto la mejora de la situación de los obreros como el fortalecimiento de la alianza de los obreros con el campesinado, el fortalecimiento de la dictadura del proletariado.

Aquel proletario o representante del proletariado que quisiera ir por otro camino para mejorar la situación de los obreros resultaría en la práctica un cómplice de los guardias blancos y los capitalistas. Porque ir por otro camino significa: anteponer los intereses gremiales de los obreros a los intereses de clase; significa: sacrificar los intereses de todo el proletariado, los de su dictadura, los de su alianza con el campesinado contra los terratenientes y los capitalistas, los de su papel dirigente en la lucha por la liberación del trabajo del yugo del capital, en aras de la ventaja inmediata, momentánea, parcial de los obreros.

Por lo tanto: en primer lugar se necesitan medidas inmediatas y serias para elevar las fuerzas productivas del campesinado.

Esto no puede hacerse sin cambios serios en la política alimentaria. Tal cambio fue la sustitución del cupo de requisición por el impuesto en especie, vinculada con la libertad de comercio después del pago del impuesto, al menos en el intercambio económico local.

¿En qué consiste la esencia de la sustitución del cupo de requisición por el impuesto en especie?

Al respecto, existen concepciones incorrectas muy difundidas. La incorrección proviene en su mayor parte de que no se ahonda en la esencia de la transición, no se pregunta uno de qué a qué conduce esta transición. Se representan las cosas como si la transición hubiera sido del comunismo en general a la bourgeoisité en general. Contra este error hay que señalar inevitablemente lo que se decía en mayo de 1918.

El impuesto en especie es una de las formas de transición del peculiar "comunismo de guerra", forzado por la necesidad extrema, la ruina y la guerra, al correcto intercambio socialista de productos. Y este último, a su vez, es una de las formas de transición del socialismo, con las peculiaridades provocadas por el predominio del pequeño campesinado en la población, al comunismo.

El peculiar "comunismo de guerra" consistió en que tomábamos de hecho del campesino todos los excedentes, y a veces incluso no los excedentes, sino una parte del alimento necesario para el campesino, los tomábamos para cubrir los gastos del ejército y el mantenimiento de los obreros. Los tomábamos casi siempre a crédito, con papel moneda. De otro modo no podríamos vencer a los terratenientes y capitalistas en un país pequeño-campesino arruinado. Y el hecho de que venciéramos (a pesar del apoyo de nuestros explotadores por las potencias más poderosas del mundo) muestra no solo de qué proezas de heroísmo son capaces los obreros y campesinos en la lucha por su liberación. Ese hecho muestra también qué papel de lacayos de la burguesía desempeñaron en la práctica los mencheviques, los socialrevolucionarios, Kautsky y Cía., cuando nos imputaban como culpa este "comunismo de guerra". Hay que atribuírnoslo como mérito.

Pero no es menos necesario conocer la verdadera medida de este mérito. El "comunismo de guerra" fue forzado por la guerra y la ruina. No fue ni podía ser una política que respondiera a las tareas económicas del proletariado. Fue una medida temporal. La política correcta del proletariado, que ejerce su dictadura en un país pequeño-campesino, es el intercambio de pan por productos industriales necesarios al campesino. Solo esa política alimentaria responde a las tareas del proletariado, solo ella es capaz de fortalecer las bases del socialismo y llevar a su victoria completa.

El impuesto en especie es una transición hacia ella. Estamos todavía tan arruinados, tan oprimidos por el yugo de la guerra (que fue ayer y puede estallar mañana, debido a la codicia y maldad de los capitalistas), que no podemos dar al campesino productos industriales por todo el pan que necesitamos. Sabiendo esto, introducimos el impuesto en especie, es decir, tomamos como impuesto la cantidad de pan mínimamente necesaria (para el ejército y los obreros), y lo demás lo intercambiaremos por productos industriales.

No hay que olvidar, además, lo siguiente. La necesidad y la ruina son tales que no podemos restaurar inmediatamente la gran producción fabril, estatal, socialista. Para ello se necesitan grandes reservas de pan y combustible en los centros de la gran industria, se necesita sustituir las máquinas desgastadas por otras nuevas, etc. Por experiencia nos hemos convencido de que esto no puede hacerse de inmediato, y sabemos que después de la desastrosa guerra imperialista, incluso los países más ricos y avanzados podrán resolver tal tarea solo en el transcurso de un cierto número de años, bastante largo. Por lo tanto, es necesario ayudar en cierta medida a la restauración de la pequeña industria, que no requiere máquinas, no requiere ni reservas estatales ni grandes reservas de materias primas, combustible, alimentos, que puede prestar inmediatamente cierta ayuda a la economía campesina y elevar sus fuerzas productivas.

¿Qué resulta de esto?

Resulta, sobre la base de una cierta libertad de comercio (aunque solo sea local), el renacimiento de la pequeña burguesía y del capitalismo. Esto es indudable. Es ridículo cerrar los ojos ante ello.

Cabe preguntarse, ¿es esto necesario? ¿Se puede justificar esto? ¿No es peligroso?

Se hacen muchas preguntas de este tipo, y en la mayoría de los casos solo descubren la ingenuidad (por decir algo suave) de quien las formula.

Miren cómo yo en mayo de 1918 definía los elementos (componentes) existentes en nuestra economía de los diferentes tipos de estructura socioeconómica *. Nadie puede refutar que existen todos estos cinco escalones (o componentes) de todos estos cinco tipos de estructura, desde el patriarcal, es decir, semisalvaje, hasta el socialista. Que en un país de pequeños campesinos predomina el "tipo de estructura" pequeño-campesino, es decir, en parte patriarcal, en parte pequeñoburgués, es evidente por sí mismo. El desarrollo de la pequeña economía es un desarrollo pequeñoburgués, es un desarrollo capitalista, desde el momento en que existe el intercambio; esta es una verdad indiscutible, una verdad elemental de la economía política, confirmada además por la experiencia y observación cotidianas incluso del filisteo.

¿Qué política puede llevar el proletariado socialista frente a tal realidad económica? ¿Dar al pequeño campesino todos los productos que necesita procedentes de la producción de la gran fábrica socialista a cambio de pan y materias primas? Esta sería la política más deseable, más "correcta", y la iniciamos. Pero no podemos dar todos los productos, ni mucho menos, y no podremos hacerlo muy pronto —al menos hasta que terminemos aunque sea la primera etapa de los trabajos de electrificación de todo el país. ¿Qué hacer? O bien intentar prohibir, cerrar completamente todo desarrollo del intercambio privado, no estatal, es decir, del comercio, es decir, del capitalismo, inevitable dada la existencia de millones de pequeños productores. Tal política sería una estupidez y un suicidio para el partido que la ensayara. Estupidez, porque esta política es económicamente imposible; suicidio, porque los partidos que ensayan tal política sufren inevitablemente un fracaso. No hay por qué ocultar el pecado, algunos comunistas pecaron "con pensamiento, palabra y obra", incurriendo precisamente en tal política. Tratemos de corregir estos errores. Es indispensable corregirlos, de lo contrario será realmente malo.

O bien (la última política posible y la única razonable) no intentar prohibir o cerrar el desarrollo del capitalismo, sino tratar de encauzarlo por el cauce del capitalismo de Estado. Esto es económicamente posible, porque el capitalismo de Estado existe —en una u otra forma, en uno u otro grado— allí donde hay elementos de libre comercio y de capitalismo en general.

¿Es posible la combinación, la unión, la compatibilidad del Estado soviético, la dictadura del proletariado, con el capitalismo de Estado?

Por supuesto que es posible. Esto lo demostré en mayo de 1918. Esto, espero, lo demostré en mayo de 1918. Es más: demostré entonces mismo que el capitalismo de Estado es un paso adelante en comparación con el elemento pequeñopropietario (y pequeño-patriarcal, y pequeñoburgués). Cometen multitud de errores quienes comparan o contraponen el capitalismo de Estado solo con el socialismo, cuando en la actual situación político-económica es obligatorio comparar el capitalismo de Estado también con la producción pequeñoburguesa.

Toda la cuestión —tanto teórica como práctica— consiste en encontrar los modos correctos de cómo precisamente hay que encauzar el inevitable (hasta cierto punto y por cierto plazo) desarrollo del capitalismo por el cauce del capitalismo de Estado, con qué condiciones rodearlo, cómo asegurar la transformación en un futuro próximo del capitalismo de Estado en socialismo.

Para abordar la solución de esta cuestión, hay que, ante todo, representarse lo más claramente posible qué será y qué puede ser en la práctica el capitalismo de Estado dentro de nuestro sistema soviético, en el marco de nuestro Estado soviético.

El caso o ejemplo más simple de cómo el poder soviético encauza el desarrollo del capitalismo por el cauce del capitalismo de Estado, cómo "implanta" el capitalismo de Estado, son las concesiones. Ahora todos estamos de acuerdo en que las concesiones son necesarias, pero no todos reflexionan sobre cuál es la importancia de las concesiones. ¿Qué son las concesiones bajo el sistema soviético, desde el punto de vista de los tipos de estructura socioeconómica y su relación? Es un contrato, un bloque, una alianza del poder estatal soviético, es decir, proletario, con el capitalismo de Estado, contra el elemento pequeñopropietario (patriarcal y pequeñoburgués). El concesionario es un capitalista. Lleva el negocio capitalistamente, en busca de ganancia, acepta el contrato con el poder proletario para obtener una ganancia extraordinaria, por encima de la normal, o para obtener materias primas que de otro modo le sería imposible o extremadamente difícil conseguir. El poder soviético obtiene la ventaja en forma de desarrollo de las fuerzas productivas, aumento de la cantidad de productos de inmediato o en el plazo más breve. Tenemos, digamos, un centenar de tales o cuales explotaciones, minas, bosques. No podemos explotarlos todos —faltan máquinas, alimentos, transporte. Explotamos mal las demás explotaciones por las mismas razones. Debido a la mala e insuficiente explotación de las grandes empresas, se refuerza el elemento pequeñopropietario en todas sus manifestaciones: debilitamiento de la economía campesina circundante (y luego de toda), menoscabo de sus fuerzas productivas, descenso de su confianza en el poder soviético, hurtos y pequeña especulación masiva (la más peligrosa), etc. Al "implantar" el capitalismo de Estado en forma de concesiones, el poder soviético refuerza la gran producción frente a la pequeña, la avanzada frente a la atrasada, la maquinizada frente a la manual, aumenta la cantidad de productos de la gran industria en sus manos (participación proporcional), refuerza las relaciones económicas ordenadas por el Estado frente a las pequeñoburguesas-anárquicas. La política de concesiones, llevada a cabo con medida y prudencia, nos ayudará sin duda a mejorar rápidamente (hasta cierto punto, pequeño) el estado de la producción, la situación de los obreros y campesinos —claro está, a costa de ciertos sacrificios, de la entrega al capitalista de decenas y decenas de millones de puds de productos valiosísimos. La determinación de la medida y las condiciones en que las concesiones son ventajosas y no peligrosas para nosotros depende de la correlación de fuerzas, se resuelve mediante la lucha, porque la concesión es también una forma de lucha, la continuación de la lucha de clases en otra forma, y de ningún modo la sustitución de la lucha de clases por la paz de clases. Los modos de lucha los mostrará la práctica.

El capitalismo de Estado en forma de concesiones es, en comparación con otras formas de capitalismo de Estado dentro del sistema soviético, quizás la más simple, clara, nítida, exactamente delimitada. Tenemos aquí un contrato directamente formal, escrito, con el capitalismo más culto, avanzado, de Europa occidental. Sabemos exactamente nuestras ventajas y nuestras pérdidas, nuestros derechos y nuestras obligaciones, sabemos exactamente el plazo por el que entregamos la concesión, conocemos las condiciones de la recompra anticipada, si el contrato prevé el derecho de recompra anticipada. Pagamos un cierto "tributo" al capitalismo mundial, lo "compramos" en tales o cuales aspectos, obteniendo inmediatamente una cierta medida de consolidación de la situación del poder soviético, de mejora de las condiciones de nuestra gestión económica. Toda la dificultad de la tarea, en relación con las concesiones, se reduce a pensar y sopesar todo al concluir el contrato de concesión, y luego saber vigilar su cumplimiento. Las dificultades aquí, sin duda, existen, y los errores aquí, probablemente, son inevitables al principio, pero estas dificultades son las menores en comparación con otras tareas de la revolución social y, en particular, en comparación con otras formas de desarrollo, admisión, implantación del capitalismo de Estado.

La tarea más importante de todos los trabajadores del partido y soviéticos, en relación con la introducción del impuesto en especie, es saber aplicar los principios, los comienzos, las bases de la política "de concesiones" (es decir, similar al capitalismo de Estado "de concesiones") a las demás formas del capitalismo, del libre comercio, del intercambio local, etc.

Tomemos la cooperación. No en vano el decreto sobre el impuesto en especie provocó inmediatamente la revisión de la situación de la cooperación y cierta ampliación de su "libertad" y de sus derechos. La cooperación es también un tipo de capitalismo de Estado, pero menos simple, menos nítidamente delimitado, más embrollado y que por ello plantea a nuestro poder mayores dificultades en la práctica. La cooperación de pequeños productores mercantiles (se trata de ella, y no de la cooperación obrera, como predominante, como típica en un país de pequeños campesinos) engendra inevitablemente relaciones pequeñoburguesas, capitalistas, fomenta su desarrollo, coloca en primer plano a los capitalistillos, les da la mayor ganancia. Esto no puede ser de otro modo, dado el predominio de los pequeños patronos y la posibilidad, así como la necesidad, del intercambio. La libertad y los derechos de la cooperación, en las condiciones actuales de Rusia, significan libertad y derechos para el capitalismo. Cerrar los ojos ante esta verdad evidente sería una estupidez o un crimen.

Pero el capitalismo "cooperativo", a diferencia del capitalismo de empresa privada, es, bajo el poder soviético, una variedad del capitalismo de Estado, y, como tal, nos es ventajoso y útil ahora —claro está, hasta cierto punto. Puesto que el impuesto en especie significa la libertad de vender los excedentes restantes (no recaudados como impuesto), es necesario que nos esforcemos por encauzar este desarrollo del capitalismo —pues la libertad de venta, la libertad de comercio es desarrollo del capitalismo— por el cauce del capitalismo cooperativo. El capitalismo cooperativo se parece al capitalismo de Estado en que facilita el registro, el control, la vigilancia, las relaciones contractuales entre el Estado (soviético en este caso) y el capitalista. La cooperación, como forma de comercio, es más ventajosa y útil que el comercio privado, no solo por las razones señaladas, sino también porque facilita la unión, la organización de millones de la población, luego de toda la población en su totalidad, y esta circunstancia, a su vez, es un gigantesco plus desde el punto de vista de la ulterior transición del capitalismo de Estado al socialismo.

Comparemos las concesiones y la cooperación como formas del capitalismo de Estado. La concesión se basa en la gran industria maquinizada, la cooperación en la pequeña, manual, en parte incluso patriarcal. La concesión se refiere a un capitalista o a una firma, a un sindicato, cartel, trust en cada contrato de concesión por separado. La cooperación abarca a muchos miles, incluso millones de pequeños patronos. La concesión admite e incluso presupone un contrato exacto y un plazo exacto. La cooperación no admite ni un contrato del todo exacto, ni un plazo del todo exacto. Es mucho más fácil derogar una ley sobre la cooperación que romper un contrato de concesión, pero la ruptura del contrato significa la ruptura inmediata, simple, de las relaciones reales de unión económica o de "convivencia" económica con el capitalista, mientras que ninguna derogación de la ley sobre la cooperación, ninguna ley en general, no solo no romperá de inmediato la "convivencia" real del poder soviético con los capitalistillos, sino que en general es incapaz de romper las relaciones económicas reales. Al concesionario es fácil "vigilarlo", a los cooperadores es difícil. El paso de las concesiones al socialismo es un paso de una forma de gran producción a otra forma de gran producción. El paso de la cooperación de pequeños patronos al socialismo es un paso de la pequeña producción a la grande, es decir, un paso más complejo, pero que, en caso de éxito, es capaz de abarcar masas más amplias de la población, capaz de arrancar raíces más profundas y más persistentes de las viejas relaciones presocialistas, incluso precapitalistas, las más tenaces en cuanto a su resistencia a toda "novedad". La política de concesiones, en caso de éxito, nos dará un pequeño número de grandes empresas ejemplares —en comparación con las nuestras—, situadas al nivel del capitalismo avanzado moderno; al cabo de unas decenas de años, estas empresas pasarán enteramente a nosotros. La política cooperativa, en caso de éxito, nos dará el ascenso de la pequeña economía y la facilitación de su paso, en un plazo indeterminado, a la gran producción sobre la base de la unión voluntaria.

Tomemos el tercer tipo de capitalismo de Estado. El Estado atrae al capitalista como comerciante, pagándole un determinado porcentaje de comisión por la venta de productos del Estado y por la compra de productos del pequeño productor. El cuarto tipo: el Estado arrienda al empresario capitalista un establecimiento o explotación o parcela de bosque, tierra, etc., perteneciente al Estado, siendo el contrato de arrendamiento el más parecido a un contrato de concesión. Sobre estos dos últimos tipos de capitalismo de Estado no se habla en absoluto entre nosotros, no se piensa en absoluto, no se les presta atención alguna. Pero esto no ocurre porque seamos fuertes e inteligentes, sino porque somos débiles y estúpidos. Tememos mirar cara a cara la "verdad baja" y con demasiada frecuencia nos entregamos en poder del "engaño que nos eleva". Caemos constantemente en que "nosotros" pasamos del capitalismo al socialismo, olvidando representarnos exacta y claramente quién es ese "nosotros". El recuento de todas —necesariamente todas, sin excepción— las partes componentes, de todos los heterogéneos tipos de estructura de la economía social en nuestra economía, dado por mí en el artículo del 5 de mayo de 1918 *, es necesario tenerlo ante los ojos para que no se olvide esta clara representación. "Nosotros", la vanguardia, el destacamento avanzado del proletariado, pasamos directamente al socialismo, pero el destacamento avanzado es solo una pequeña parte de todo el proletariado, que, a su vez, es solo una pequeña parte de toda la masa de la población. Y para que "nosotros" podamos resolver con éxito la tarea de nuestro paso directo al socialismo, para ello es necesario comprender qué caminos, procedimientos, medios, auxilios intermedios se necesitan para la transición de las relaciones precapitalistas al socialismo. En esto está todo el meollo.

Miren el mapa de la RSFSR. Al norte de Vólogda, al sudeste de Rostov del Don y de Sarátov, al sur de Oremburgo y de Omsk, al norte de Tomsk se extienden espacios inmensos en los que cabrían decenas de enormes Estados civilizados. Y en todos estos espacios reina el patriarcalismo, la semisalvajería y la más auténtica salvajería. ¿Y en los rincones campesinos del resto de Rusia? En todas partes donde decenas de verstas de camino vecinal —mejor dicho: decenas de verstas de falta de caminos— separan la aldea del ferrocarril, es decir, de la conexión material con la cultura, con el capitalismo, con la gran industria, con la gran ciudad. ¿Acaso no predomina también en todas esas zonas el patriarcalismo, el oblomovismo, la semisalvajería?

¿Es pensable la realización del paso directo desde este estado, predominante en Rusia, al socialismo? Sí, pensable hasta cierto punto, pero solo con una condición, que conocemos ahora, gracias a una gigantesca y ya concluida obra científica, con precisión. Esta condición es la electrificación. Si construimos decenas de centrales eléctricas regionales (sabemos ahora dónde y cómo se pueden y deben construir), si llevamos la energía desde ellas a cada aldea, si obtenemos una cantidad suficiente de motores eléctricos y otras máquinas, entonces no se necesitarán escalones de transición, eslabones intermediarios del patriarcalismo al socialismo, o casi no se necesitarán. Pero sabemos perfectamente que esta "una" condición requiere, por lo menos, diez años solo para los trabajos de primera etapa, y la reducción de este plazo es pensable, a su vez, solo en caso de victoria de la revolución proletaria en países como Inglaterra, Alemania, América.

Para los próximos años, hay que saber pensar en eslabones intermediarios capaces de facilitar la transición del patriarcalismo, de la pequeña producción al socialismo. "Nosotros" caemos todavía a menudo en el razonamiento: "el capitalismo es un mal, el socialismo es un bien". Pero este razonamiento es incorrecto, porque olvida toda la suma de los tipos de estructura socioeconómica existentes, extrayendo solo dos de ellos.

El capitalismo es un mal en relación con el socialismo. El capitalismo es un bien en relación con la Edad Media, en relación con la pequeña producción, en relación con el burocratismo ligado a la dispersión de los pequeños productores. Puesto que aún no estamos en condiciones de realizar el paso directo de la pequeña producción al socialismo, el capitalismo es inevitable hasta cierto punto, como producto espontáneo de la pequeña producción y del intercambio, y por ello debemos utilizar el capitalismo (particularmente encauzándolo por el cauce del capitalismo de Estado) como eslabón intermediario entre la pequeña producción y el socialismo, como medio, camino, procedimiento, modo de aumentar las fuerzas productivas.

Tomen la cuestión del burocratismo y mírenla desde el lado económico. El 5 de mayo de 1918, el burocratismo no se encontraba en nuestro campo de visión. Seis meses después de la Revolución de Octubre, después de que hayamos destruido el viejo aparato burocrático de arriba abajo, aún no sentimos este mal.

Pasa otro año. En el VIII Congreso del PCR, del 18 al 23 de marzo de 1919, se aprueba el nuevo programa del partido, y en este programa decimos directamente, sin temor a reconocer el mal, sino deseando descubrirlo, desenmascararlo, exponerlo a la vergüenza, provocar el pensamiento y la voluntad, la energía, la acción para luchar contra el mal, decimos sobre el "renacimiento parcial del burocratismo dentro del régimen soviético".

Pasan aún dos años. En la primavera de 1921, después del VIII Congreso de los Soviets, que discutió (diciembre de 1920) la cuestión del burocratismo, después del X Congreso del PCR (marzo de 1921), que hizo balance de las discusiones estrechamente vinculadas al análisis del burocratismo, vemos este mal aún más claro, aún más nítido, aún más amenazador ante nosotros. ¿Cuáles son las raíces económicas del burocratismo? Principalmente, estas raíces son dobles: por un lado, la burguesía desarrollada necesita precisamente contra el movimiento revolucionario de los obreros (en parte también de los campesinos) un aparato burocrático, en primer lugar militar, luego judicial, etc. Esto no lo tenemos nosotros. Los tribunales son entre nosotros de clase, contra la burguesía. El ejército es entre nosotros de clase, contra la burguesía. El burocratismo no está en el ejército, sino en las instituciones que lo sirven. Otra raíz económica del burocratismo tenemos: la desintegración, la dispersión del pequeño productor, su miseria, incultura, falta de caminos, analfabetismo, ausencia de intercambio entre la agricultura y la industria, ausencia de vínculo e interacción entre ellas. En enorme medida, esto es resultado de la guerra civil. Cuando nos bloquearon, nos asediaron por todos lados, nos aislaron del mundo entero, luego del Sur cerealista, de Siberia, del carbón, no podíamos restaurar la industria. Tuvimos que no detenernos ante el "comunismo de guerra", no asustarnos de la más desesperada extremidad: soportaremos una existencia semi-hambrienta y peor que semi-hambrienta, pero defenderemos, cueste lo que cueste, a pesar de la más inaudita ruina y ausencia de intercambio, defenderemos el poder obrero-campesino. Y no nos dejamos amedrentar por lo que amedrentaba a los socialrevolucionarios y mencheviques (que iban de hecho a la zaga de la burguesía en gran parte por miedo, por estar amedrentados). Pero lo que fue condición de la victoria en un país bloqueado, en una fortaleza asediada, mostró su lado negativo precisamente hacia la primavera de 1921, cuando fueron expulsadas definitivamente las últimas tropas contrarrevolucionarias del territorio de la RSFSR. "Cerrar" todo intercambio en una fortaleza asediada se puede y se debe; con un heroísmo especial de las masas, esto se puede soportar tres años. Después de esto, la ruina del pequeño productor se agravó aún más, la restauración de la gran industria se demoró aún más, se aplazó. El burocratismo, como herencia del "asedio", como superestructura sobre la dispersión y opresión del pequeño productor, se manifestó plenamente.

Hay que saber reconocer el mal sin temor, para luchar más firmemente contra él, para empezar una y otra vez desde el principio —tendremos que empezar muchas veces, en todos los campos de nuestra construcción, repetidamente desde el principio, corrigiendo lo no terminado, eligiendo diferentes caminos de aproximación a la tarea. Se ha manifestado el aplazamiento de la restauración de la gran industria, se ha manifestado la insoportabilidad del intercambio "cerrado" de la industria con la agricultura —por lo tanto, hay que apoyarse en lo más accesible: la restauración de la pequeña industria. Ayudar a la causa desde este lado, apuntalar este flanco del edificio semiderruido por la guerra y el bloqueo. Desarrollar por todos los medios y a toda costa el intercambio, sin temer al capitalismo, porque los marcos para él los hemos puesto ya (expropiación de terratenientes y burguesía en la economía, poder obrero-campesino en la política) suficientemente estrechos, suficientemente "moderados". Tal es la idea fundamental del impuesto en especie, tal es su significado económico.

Todos los trabajadores, del partido y soviéticos, deben dirigir todos sus esfuerzos, toda su atención, a crear, provocar una gran iniciativa de las localidades —provincias; aún más, distritos; aún más, volosts y aldeas— en la construcción económica, precisamente desde el punto de vista de elevar de inmediato, aunque sea con medios "pequeños", en pequeña escala, la economía campesina, ayudándola mediante el desarrollo de la pequeña industria local. El plan económico único de todo el Estado exige que el centro de atención y cuidado, el centro de los trabajos "de choque" sea precisamente esto. La mejora conocida, alcanzada aquí, lo más cerca del "fundamento", el más amplio y el más profundo, permitirá pasar en el plazo más breve a una restauración más enérgica y más exitosa de la gran industria.

El trabajador de la alimentación conocía hasta ahora una directiva principal: recoge el 100% del cupo de requisición. Ahora la directiva es otra: recoge el 100% del impuesto en el plazo más breve, luego recoge otro 100% mediante el intercambio por productos de la gran y pequeña industria. Aquel que recoja el 75% del impuesto y el 75% (del segundo ciento) mediante el intercambio por productos de la gran y pequeña industria, hará una obra estatal más útil que aquel que recoja el 100% del impuesto y el 55% (del segundo ciento) mediante el intercambio. La tarea del trabajador de la alimentación se complica. Por un lado, es una tarea fiscal. Recoge el impuesto lo más rápido posible, lo más racionalmente posible. Por otro lado, es una tarea económica general. Procura encauzar la cooperación, ayudar a la pequeña industria, desarrollar la iniciativa local, de modo que se aumente y consolide el intercambio entre la agricultura y la industria. Aún sabemos hacer esto muy mal; prueba de ello es el burocratismo. No debemos temer reconocer que aquí aún podemos y debemos aprender mucho del capitalista. Comparemos por provincias, por distritos, por volosts, por aldeas los resultados de la experiencia práctica: en un lugar, los capitalistas y capitalistillos privados alcanzaron tal cosa. Su ganancia es aproximadamente tal. Esto es el tributo, el pago que hemos hecho "por la ciencia". No es lamentable pagar por la ciencia, con tal de que el aprendizaje vaya por buen camino. Y en un lugar vecino, mediante el camino cooperativo, se ha alcanzado tal cosa. La ganancia de las cooperativas es tal. Y en un tercer lugar, mediante el camino puramente estatal, puramente comunista, se ha alcanzado tal cosa (este tercer caso será en el momento actual una rara excepción).

La tarea debe consistir en que cada centro económico regional, cada conferencia económica provincial del comité ejecutivo, ponga inmediatamente, como tarea de primer orden, la organización enseguida de diversos tipos de experimentos o sistemas de "intercambio" respecto a aquellos excedentes que quedan después del pago del impuesto en especie. Al cabo de unos meses hay que tener resultados prácticos para compararlos y estudiarlos. Sal local o traída; queroseno del centro; industria artesana de la madera; oficio que, con materias primas locales, dé algunos productos, aunque no muy importantes, pero necesarios y útiles para el campesino; "carbón verde" (utilización de pequeñas fuerzas hidráulicas locales para la electrificación) y así sucesivamente y demás —todo debe ponerse en marcha para avivar el intercambio de la industria y la agricultura a toda costa. Quien alcance los mayores resultados en este terreno, aunque sea mediante el capitalismo de empresa privada, aunque sea incluso sin la cooperación, sin la transformación directa de este capitalismo en capitalismo de Estado, ese aportará mayor beneficio a la causa de la construcción socialista de toda Rusia que aquel que "piense" en la pureza del comunismo, escriba reglamentos, normas, instrucciones para el capitalismo de Estado y la cooperación, pero en la práctica no impulse el intercambio.

Esto puede parecer una paradoja: ¿el capitalismo de empresa privada en el papel de auxiliar del socialismo?

Pero esto no es en absoluto una paradoja, sino un hecho económicamente completamente indiscutible. Dado que existe un país de pequeños campesinos con un transporte especialmente arruinado, que sale de la guerra y del bloqueo, dirigido políticamente por el proletariado, que tiene en sus manos el transporte y la gran industria, de estas premisas se deriva completamente inevitable la importancia primordial en el momento actual del intercambio local, en primer lugar, y la posibilidad de prestar ayuda al socialismo a través del capitalismo de empresa privada (por no hablar del capitalismo de Estado), en segundo lugar.

Menos discusiones sobre palabras. Aún pecamos inmensamente en este sentido. Más diversidad en la experiencia práctica y más estudio de la misma. Hay condiciones en que la organización ejemplar del trabajo local, incluso en la escala más pequeña, tiene una importancia estatal más grande que muchas ramas del trabajo estatal central. Y nosotros, precisamente en el momento actual, con respecto a la economía campesina en general y al intercambio de los excedentes de la producción agrícola por productos de la industria en particular, las condiciones son precisamente tales. La organización ejemplar del trabajo, en el aspecto señalado, aunque sea para un solo volost, tiene una importancia estatal general más grande que la mejora "ejemplar" del aparato central de tal o cual comisariado del pueblo. Porque el aparato central se ha formado ya tanto en tres años y medio que ha adquirido una cierta rigidez nociva; no podemos mejorarlo significativa y rápidamente, no sabemos cómo hacerlo. La ayuda para una mejora más radical, para una nueva afluencia de fuerzas frescas, para una lucha exitosa contra el burocratismo, para superar la rigidez nociva, debe venir de las localidades, de las bases, de la organización ejemplar de un pequeño "todo", pero precisamente del "todo", es decir, no de una sola economía, no de una sola rama de la economía, no de una sola empresa, sino de la suma de todas las relaciones económicas, de la suma de todo el intercambio económico, aunque sea de una pequeña localidad.

Aquellos de nosotros que estemos condenados a permanecer en el trabajo central continuaremos la obra de mejorar el aparato y de limpiarlo del burocratismo, aunque sea en las modestas dimensiones directamente accesibles. Pero la ayuda principal, en este aspecto, viene y vendrá de las localidades. En las localidades, en general, las cosas andan mejor —en cuanto puedo observar— que en el centro, y esto es comprensible, porque el mal del burocratismo se concentra naturalmente en el centro; Moscú no puede dejar de ser en este aspecto la peor ciudad y, en general, el peor "lugar" de la república. En las localidades, las desviaciones de la media existen en ambas direcciones; las desviaciones hacia el lado malo son más raras que las desviaciones hacia el lado bueno. Las desviaciones hacia el lado malo son los abusos de los viejos funcionarios, terratenientes, burgueses y demás canalla que se han adherido a los comunistas, que a veces cometen repugnantes tropelías y barbaridades, vejaciones contra el campesinado. Aquí se necesita una purga terrorista: juicio en el lugar y fusilamiento sin titubeos. Que los Mártov, los Chernov y los pequeñoburgueses sin partido, semejantes a ellos, se golpeen el pecho y exclamen: "te alabo, Señor, porque no soy como 'ellos', porque no reconocí ni reconozco el terror". Esos tontuelos "no reconocen el terror", porque han elegido el papel de lacayos cómplices de la contrarrevolución en cuanto a embaucar a los obreros y campesinos. Los socialrevolucionarios y mencheviques "no reconocen el terror", porque cumplen su papel de guiar a las masas bajo la bandera del "socialismo" hacia el terror contrarrevolucionario. Esto lo demostraron el kerenskismo y el kornilovismo en Rusia, el kolchakismo en Siberia, el menchevismo en Georgia, esto lo demostraron los héroes de la Segunda y de la Internacional "dos y medio" en Finlandia, Hungría, Austria, Alemania, Italia, Inglaterra, etc. Que los lacayos cómplices del terror contrarrevolucionario se enorgullezcan por su negación de todo terror. Y nosotros diremos la verdad dura, pero indudable: en los países que atraviesan una crisis inaudita, desintegración de los viejos vínculos, agudización de la lucha de clases después de la guerra imperialista de 1914-1918 —tales son todos los países del mundo—, no se puede prescindir del terror, a pesar de los hipócritas y farsantes. O el terror contrarrevolucionario, burgués, de factura americana, inglesa (Irlanda), italiana (fascistas), alemana, húngara y otras, o el terror rojo, proletario. No hay término medio, no hay ni puede haber un "tercero".

Desviaciones hacia el lado bueno: lucha exitosa contra el burocratismo, atención extremadamente cuidadosa a las necesidades de obreros y campesinos, elevación solícita de la economía, aumento de la productividad del trabajo, desarrollo del intercambio local entre la agricultura y la industria. Estas desviaciones hacia el lado bueno, aunque más frecuentes que las desviaciones hacia el lado malo, son sin embargo raras. Pero las hay. La formación de nuevas fuerzas comunistas, jóvenes, frescas, templadas por la guerra civil y las privaciones, avanza por doquier en las localidades. Aún hacemos muy, muy poco para el traslado sistemático y constante de estas fuerzas de abajo arriba. Esto es posible y necesario hacerlo más amplia y persistentemente. A algunos trabajadores se les puede y se les debe retirar del trabajo central y colocarlos en el local: como dirigentes de distritos y volosts, creando allí la organización ejemplar de todo el trabajo económico en su conjunto, prestarán un enorme beneficio y harán una obra estatal más importante que tal o cual función central. Porque la organización ejemplar del trabajo servirá como semillero de trabajadores y ejemplo para la imitación, que será ya relativamente fácil de copiar, y nosotros sabremos ayudar desde el centro para que la "imitación" del ejemplo ejemplar se extienda ampliamente por todas partes y se vuelva obligatoria.

La tarea del desarrollo del "intercambio" entre la agricultura y la industria, en cuanto a los excedentes después del pago del impuesto en especie y en cuanto a la pequeña industria, predominantemente artesanal, requiere por su propia naturaleza una iniciativa local independiente, competente, inteligente, y por ello la organización ejemplar del trabajo de distrito y de volost adquiere, en el momento actual, una importancia completamente excepcional desde el punto de vista estatal general. En el arte militar, por ejemplo, durante la última guerra polaca, no temimos apartarnos de la jerarquía burocrática, no temimos "bajar de rango", trasladar a miembros del Consejo Militar Revolucionario de la república (dejándoles este alto cargo central) a puestos inferiores. ¿Por qué no trasladar ahora a algunos miembros del CEC, o miembros de los colegios, u otros camaradas de alto rango, al trabajo incluso de distrito, incluso de volost? ¿Tan "burocratizados" estamos realmente para "avergonzarnos" de ello? Y habrá decenas de trabajadores centrales que irán gustosamente a esto. Y la obra de la construcción económica de toda la república ganará con ello extraordinariamente, y los volosts ejemplares o los distritos ejemplares desempeñarán no solo un gran papel, sino un papel directamente decisivo, histórico.

Entre paréntesis. Como circunstancia pequeña, pero que tiene sin embargo importancia, hay que señalar el necesario cambio en el planteamiento de principio de la cuestión de la lucha contra la especulación. El comercio "correcto", que no se desvía del control estatal, debemos apoyarlo, nos conviene desarrollarlo. Y la especulación no se puede distinguir del comercio "correcto" si se entiende la especulación en el sentido político-económico. La libertad de comercio es capitalismo, el capitalismo es especulación, es ridículo cerrar los ojos ante esto.

¿Qué hacer? ¿Declarar la especulación impune? No. Hay que revisar y reelaborar todas las leyes sobre la especulación, declarando punible (y persiguiendo de hecho con un rigor triple que el anterior) todo hurto y toda evasión, directa o indirecta, abierta o encubierta, del control, vigilancia, registro del Estado. Precisamente con este planteamiento de la cuestión (en el Consejo de Comisarios del Pueblo ya se ha empezado el trabajo, es decir, el Consejo de Comisarios del Pueblo ha ordenado iniciar el trabajo de revisión de las leyes sobre la especulación) lograremos encauzar el inevitable, hasta cierto punto, y necesario para nosotros desarrollo del capitalismo por el cauce del capitalismo de Estado.

## RESULTADOS Y CONCLUSIONES POLÍTICAS

Me queda aún tratar, aunque sea brevemente, la situación política tal como se ha formado y modificado en relación con la economía descrita más arriba.

Ya se ha dicho que los rasgos fundamentales de nuestra economía en 1921 son los mismos que en 1918. La primavera de 1921 trajo —principalmente debido a la mala cosecha y a la mortandad del ganado— una agudización extrema en la situación del campesinado, ya de por sí extraordinariamente grave a causa de la guerra y el bloqueo. El resultado de la agudización fueron las vacilaciones políticas, que constituyen, en general, la propia "naturaleza" del pequeño productor. La expresión más clara de estas vacilaciones fue la rebelión de Kronstadt.

Lo más característico en los acontecimientos de Kronstadt son precisamente las vacilaciones del elemento pequeñoburgués. Muy poco hay de completamente formado, claro, definido. Lema nebulosos de "libertad", "libertad de comercio", "emancipación", "Soviets sin bolcheviques", o reelección de los Soviets, o liberación de la "dictadura del partido", etc., etc. Y los mencheviques y los socialrevolucionarios declaran el movimiento de Kronstadt como "suyo". Víctor Chernov envía un emisario a Kronstadt, por la "Asamblea Constituyente" vota en Kronstadt, por propuesta de este emisario, el menchevique Valk, uno de los jefes kronstadtitas. Toda la contrarrevolución se moviliza "por Kronstadt" de inmediato, con una rapidez, puede decirse, radiotelegráfica. Los especialistas militares contrarrevolucionarios en Kronstadt, una serie de especialistas, y no solo Kozlovski, elaboran un plan de desembarco en Oranienbaum, plan que asustó a la masa vacilante menchevique-socialrevolucionaria-sin partido. Más de medio centenar de periódicos rusos contrarrevolucionarios en el extranjero desarrollan una campaña de una energía rabiosa "por Kronstadt". Los grandes bancos, todas las fuerzas del capital financiero abren suscripciones de ayuda a Kronstadt. El inteligente jefe de la burguesía y los terratenientes, el kadete Miliukov, explica pacientemente al tontuelo Víctor Chernov directamente (e indirectamente a los mencheviques Dan y Rozhkov, encarcelados en Petrogrado por su vinculación con Kronstadt) que no hay por qué apresurarse con la Asamblea Constituyente, que se puede y se debe pronunciar a favor del poder soviético —solo que sin bolcheviques.

Por supuesto, no es difícil ser más inteligente que narcisos engreídos como Chernov, héroe de la frase pequeñoburguesa, o como Mártov, caballero del reformismo pequeñoburgués disfrazado de "marxismo". La cuestión no está propiamente en que Miliukov, como persona, sea más inteligente, sino en que el jefe de partido de la gran burguesía ve más claro, comprende mejor la esencia de clase del asunto y las relaciones políticas mutuas en virtud de su posición de clase, que los jefes de la pequeña burguesía, los Chernov y los Mártov. Porque la burguesía es realmente una fuerza de clase que bajo el capitalismo domina inevitablemente tanto en la monarquía como en la más democrática de las repúblicas, disfrutando también inevitablemente del apoyo de la burguesía mundial. Y la pequeña burguesía, es decir, todos los héroes de la Segunda y de la Internacional "dos y medio", no puede ser, por su esencia económica, otra cosa que la expresión de la impotencia de clase —de ahí las vacilaciones, la frase, la incapacidad. En 1789, los pequeños burgueses podían aún ser grandes revolucionarios; en 1848 eran cómicos y lastimosos; en 1917-1921 son repugnantes cómplices de la reacción, sus lacayos directos, por su papel real, se llamen Chernov y Mártov o Kautsky, MacDonald, etc., etc.

Cuando Mártov en su revista berlinesa declara que Kronstadt no solo llevó a cabo consignas mencheviques, sino que también dio la prueba de que es posible un movimiento antibolchevique que no sirva enteramente a la contrarrevolución, a los capitalistas y terratenientes, esto es precisamente una muestra de narciso pequeñoburgués engreído. ¡Cerremos sencillamente los ojos al hecho de que todos los verdaderos contrarrevolucionarios saludaron a los kronstadtitas y recaudaron fondos a través de los bancos en ayuda de Kronstadt! Miliukov tiene razón frente a los Chernov y Mártov, porque descubre la táctica real de la verdadera fuerza contrarrevolucionaria, la fuerza de los capitalistas y terratenientes: apoyemos a quien sea, incluso a los anarquistas, cualquier poder soviético, con tal de derribar a los bolcheviques, con tal de realizar un desplazamiento del poder. Da igual, a la derecha o a la izquierda, hacia los mencheviques o hacia los anarquistas, con tal de que haya un desplazamiento del poder desde los bolcheviques; lo demás —lo demás "nosotros", los Miliukov, "nosotros", los capitalistas y terratenientes, "lo haremos nosotros mismos", a los anarquistillas, Chernov, Mártov los expulsaremos a bofetadas, como hicimos en Siberia con Chernov y Maiski, como hicimos en Hungría con los Chernov y Mártov húngaros, como hicimos en Alemania con Kautsky, en Viena con Fr. Adler y Cía. A estos narcisos pequeñoburgueses —mencheviques, socialrevolucionarios, sin partido— la verdadera burguesía de negocios los ha engañado a cientos y expulsado en todas las revoluciones decenas de veces en todos los países. Esto está demostrado por la historia. Esto está verificado por los hechos. Los narcisos charlarán. Los Miliukov y la contrarrevolución harán el trabajo.

"Con tal de que haya un desplazamiento del poder desde los bolcheviques, un poco a la derecha o un poco a la izquierda, da igual, lo demás vendrá por añadidura", en esto Miliukov tiene toda la razón. Esta es una verdad de clase, confirmada por toda la historia de las revoluciones de todos los países, por toda la época multisecular de la historia moderna, después de la Edad Media. Al pequeño productor disperso, al campesino, lo une económica y políticamente o bien la burguesía (así ha ocurrido siempre bajo el capitalismo, en todos los países, en todas las revoluciones de la época moderna, así ocurrirá siempre bajo el capitalismo), o bien el proletariado (así ha ocurrido, en forma embrionaria, en el más alto desarrollo de algunas de las más grandes revoluciones de la historia moderna, durante brevísimo tiempo; así fue en Rusia de 1917 a 1921 en forma más desarrollada). Solo los narcisos engreídos pueden charlar y soñar con un "tercer" camino, con una "tercera" fuerza.

Con grandísima dificultad, en una lucha desesperada, los bolcheviques forjaron la vanguardia capaz de gobernar del proletariado, crearon y defendieron la dictadura del proletariado, y la correlación de las fuerzas de clase en Rusia se ha vuelto más clara que el agua, después de la verificación por la experiencia, la práctica de cuatro años. Vanguardia de acero y templada de la única clase revolucionaria, el elemento pequeñoburgués vacilante, los Miliukov, capitalistas, terratenientes, escondidos en el extranjero y con el apoyo de la burguesía mundial. La cosa está más clara que el agua. Cualquier "desplazamiento del poder" lo utilizarán y solo pueden utilizarlo ellos.

En el folleto citado de 1918 se decía directamente de esto: "el principal enemigo" es "el elemento pequeñoburgués". "O lo sometemos a nuestro control y registro, o él derribará el poder obrero inevitable e ineluctablemente, como derribaron la revolución los Napoleones y Cavaignacs, que precisamente en este terreno de la pequeña propiedad crecen. Así se plantea la cuestión. Solo así se plantea la cuestión" (del folleto del 5 de mayo de 1918, véase más arriba *).

Nuestra fuerza es la completa claridad y sobriedad en la apreciación de todas las magnitudes de clase existentes, tanto rusas como internacionales, y la energía férrea, firmeza, decisión y abnegación en la lucha que de ello se derivan. Tenemos muchos enemigos, pero están desunidos, o no saben lo que quieren (como todos los pequeños burgueses, todos los Mártov y Chernov, todos los sin partido, todos los anarquistas). Y nosotros estamos unidos —directamente entre nosotros e indirectamente con los proletarios de todos los países; sabemos lo que queremos. Y por eso somos invencibles en escala mundial, aunque esto no excluye en absoluto la posibilidad de derrota de tal o cual revolución proletaria durante tal o cual tiempo.

El elemento pequeñoburgués no en vano se llama elemento, porque es efectivamente algo informe, indefinido, inconsciente. Los narcisos de la pequeña burguesía piensan que el "sufragio universal" destruye la naturaleza del pequeño productor bajo el capitalismo, pero en realidad ayuda a la burguesía, mediante la iglesia, la prensa, el magisterio, la policía, el ejército, la opresión económica en mil formas, a someter a los pequeños productores dispersos. La ruina, la necesidad, lo pesado de la situación provocan vacilaciones: hoy por la burguesía, mañana por el proletariado. Solo la vanguardia templada del proletariado es capaz de mantenerse firme y resistir las vacilaciones.

Los acontecimientos de la primavera de 1921 mostraron una vez más el papel de los socialrevolucionarios y mencheviques: ayudan al elemento pequeñoburgués vacilante a apartarse de los bolcheviques, a realizar un "desplazamiento del poder" en beneficio de los capitalistas y terratenientes. Los mencheviques y socialrevolucionarios han aprendido ahora a repintarse de "sin partido". Esto está probado plenamente. Y solo los necios pueden ahora no verlo, no comprender que no podemos dejarnos embaucar. Las conferencias de personas sin partido no son un fetiche. Son valiosas si se puede acercarse a la masa aún no tocada, a capas de millones de trabajadores que están al margen de la política, pero son dañinas si dan una plataforma a mencheviques y socialrevolucionarios repintados de "sin partido". Tales personas ayudan a las rebeliones, ayudan a la contrarrevolución. A los mencheviques y socialrevolucionarios, tanto a los abiertos como a los repintados de sin partido, su lugar está en la cárcel (o en las revistas extranjeras, junto a los contrarrevolucionarios; nosotros dejamos ir voluntariamente a Mártov al extranjero), pero no en una conferencia de personas sin partido. Se pueden y se deben encontrar otros modos de verificar el estado de ánimo de las masas, de acercarse a ellas. Que se vaya al extranjero quien desee jugar al parlamentarismo, a las asambleas constituyentes, a las conferencias de personas sin partido; vayan allí, con Mártov, son bienvenidos, prueben las delicias de la "democracia", pregunten a los soldados de Wrangel sobre estas delicias, hagan el favor.

Y nosotros no estamos para juegos de "oposición" en "conferencias". Estamos rodeados por la burguesía mundial, que acecha cada minuto de vacilación para recuperar a "los suyos", para restaurar a los terratenientes y la burguesía. Mantendremos a los mencheviques y socialrevolucionarios, tanto abiertos como repintados de "sin partido", en la cárcel.

Por todos los medios estableceremos vínculos más estrechos con la masa de trabajadores no tocada por la política —excepto aquellos medios que dan campo a los mencheviques y socialrevolucionarios, que dan campo a las vacilaciones ventajosas para Miliukov. En particular, impulsaremos asiduamente hacia el trabajo soviético, en primer lugar hacia el trabajo económico, a cientos y cientos de personas sin partido, auténticos sin partido de la masa, de los obreros y campesinos de base, y no a aquellos que se han "repintado" de sin partido para leer por chuleta instrucciones mencheviques y socialrevolucionarias, tan ventajosas para Miliukov. Trabajan entre nosotros cientos y miles de personas sin partido, de ellos decenas en los más importantes y responsables puestos. Más verificación de su trabajo. Más promoción para nueva verificación de miles y miles de trabajadores de base, probarlos, sistemática y constantemente, por cientos, trasladarlos a puestos superiores sobre la base de la verificación por la experiencia.

Los comunistas aún saben poco comprender entre nosotros su verdadera tarea de dirección: no tratar de "hacerlo todo ellos mismos", extralimitándose y no dando abasto, tomando 20 asuntos y no terminando ninguno, sino verificar el trabajo de decenas y centenares de ayudantes, organizar la verificación de su trabajo desde abajo, es decir, por la masa real; dirigir el trabajo y aprender de aquellos que tienen conocimientos (especialistas) y experiencia en la organización de la gran economía (capitalistas). El comunista inteligente no teme aprender del especialista militar, aunque 9/10 de los especialistas militares son capaces de traicionar en cualquier ocasión. El comunista inteligente no temerá aprender del capitalista (da igual si este capitalista es un gran capitalista concesionario, o un comerciante comisionista, o un capitalistillo cooperador, etc.), aunque el capitalista no es mejor que el especialista militar.

Aprendimos en el Ejército Rojo a atrapar a los especialistas militares traidores, a apartar a los honestos y conscientes, a utilizar en general a miles y decenas de miles de especialistas militares. Aprendemos a hacer lo mismo (en forma peculiar) con los ingenieros, maestros —aunque lo hacemos mucho peor que en el Ejército Rojo (allí Denikin y Kolchak nos espolearon bien, nos obligaron a aprender más deprisa, más diligentemente, más inteligentemente). Aprenderemos a hacer lo mismo (una vez más, en forma peculiar) con los comerciantes comisionistas, con los acaparadores que trabajan para el Estado, con los cooperadores capitalistillos, con los concesionarios empresarios, etc.

La masa de obreros y campesinos necesita una mejora inmediata de su situación. Colocando nuevas fuerzas, incluyendo a personas sin partido, en un trabajo útil, lo lograremos. El impuesto en especie y una serie de medidas conexas ayudarán a ello. Con ello cortaremos la raíz económica de las inevitables vacilaciones del pequeño productor. Y con las vacilaciones políticas, útiles solo para Miliukov, lucharemos sin piedad. Vacilantes hay muchos. Nosotros somos pocos. Los vacilantes están desunidos. Nosotros estamos unidos. Los vacilantes son económicamente dependientes. El proletariado es económicamente independiente. Los vacilantes no saben lo que quieren: quieren y no quieren, y Miliukov no lo permite. Y nosotros sabemos lo que queremos.

Y por eso venceremos.

## CONCLUSIÓN

Resumamos.

El impuesto en especie es el paso del comunismo de guerra al correcto intercambio socialista de productos.

La ruina extrema, agravada por la mala cosecha de 1920, hizo este paso urgentemente necesario debido a la imposibilidad de restaurar rápidamente la gran industria.

De ahí: en primer lugar, mejorar la situación de los campesinos. Medio: impuesto en especie, desarrollo del intercambio de la agricultura con la industria, desarrollo de la pequeña industria.

El intercambio es libertad de comercio, es capitalismo. Nos es útil en la medida en que ayude a luchar contra la dispersión del pequeño productor, y hasta cierto punto también contra el burocratismo. La medida la establecerán la práctica, la experiencia. No hay nada temible para el poder proletario en esto, mientras el proletariado mantenga firmemente el poder en sus manos, mantenga firmemente en sus manos el transporte y la gran industria.

La lucha contra la especulación hay que transformarla en lucha contra los hurtos y contra las evasiones de la vigilancia, registro, control del Estado. Con este control encauzamos el capitalismo, inevitable hasta cierto punto y necesario para nosotros, por el cauce del capitalismo de Estado.

Desarrollo integral, pleno, a toda costa, de la iniciativa, de la energía emprendedora, de la independencia de las localidades en el fomento del intercambio de la agricultura con la industria. Estudio de la experiencia práctica en este aspecto. La mayor diversidad posible de la misma.

Ayuda a la pequeña industria, que sirve a la agricultura campesina y ayuda a levantarla; ayuda a ella, hasta cierto punto, también mediante la entrega de materias primas del Estado. Lo más criminal es dejar las materias primas sin elaborar.

No temer el "aprendizaje" de los comunistas de los especialistas burgueses, incluidos los comerciantes, los capitalistillos cooperadores, los capitalistas. Aprender de ellos en la forma de otro modo, pero en esencia igual que aprendimos y aprendimos de los especialistas militares. Verificar los resultados de la "ciencia" solo mediante la experiencia práctica: hazlo mejor que lo que hicieron al lado los especialistas burgueses, consigue de una y otra manera el ascenso de la agricultura, el ascenso de la industria, el desarrollo del intercambio de la agricultura con la industria. No escatimes en pagar "por la ciencia": pagar caro por la ciencia no es lamentable, con tal de que el aprendizaje vaya por buen camino.

Ayudar por todos los medios a la masa de trabajadores, acercarse a ella, promocionar de ella a cientos y miles de trabajadores sin partido para el trabajo económico. Y a los "sin partido" que no son en realidad otra cosa que mencheviques y socialrevolucionarios disfrazados con el traje de moda, kronstadtita-sin-partido, mantenerlos cuidadosamente en la cárcel o enviarlos a Berlín, con Mártov, para la libre utilización de todas las delicias de la democracia pura, para el libre intercambio de ideas con Chernov, con Miliukov, con los mencheviques georgianos.

21 de abril de 1921.

Impreso en mayo de 1921 en Moscú como folleto separado, editado por la Editorial del Estado

Se imprime según el texto del folleto, cotejado con el manuscrito.