Pero si existen divergencias de principio fundamentales y profundas, podrían decirnos, ¿acaso no justifican incluso las intervenciones más agudas y fraccionales? Si es necesario decir algo nuevo e incomprensible, ¿no lo justifica eso a veces incluso la escisión?

Por supuesto que lo justifica, si las divergencias son realmente extremadamente profundas y si no se puede lograr de otra manera la corrección de la orientación errónea de la política del partido o de la clase obrera.

Pero la desgracia está en que tales divergencias no existen. El camarada Trotsky trató de señalarlas, pero no pudo. Y si antes de la aparición de su folleto (25 de diciembre) se podía –y se debía– hablar de manera condicional o conciliadora ("no se puede abordar así la cuestión ni siquiera en la condición de que existan nuevas tareas no concienciadas, de que hay divergencias"), después de ese folleto hubo que decir: en lo que tiene de nuevo, el camarada Trotsky no tiene razón en el fondo.

Esto se ve con toda claridad al comparar las tesis del camarada Trotsky con las tesis de Rudzutak, que fueron aprobadas en la V Conferencia Panrusa de Sindicatos (2–6 de noviembre). Las cité en mi discurso del 30 de diciembre y en la *Pravda* del 21 de enero[23]. Estas tesis son más exactas y más completas que las de Trotsky. Aquello en lo que las tesis de Trotsky se diferencian de las de Rudzutak es incorrecto en Trotsky.

Tomemos para empezar la famosa "democracia de producción", que el camarada Bujarin se apresuró a insertar en la resolución del Comité Central del 7 de diciembre. Por supuesto, sería ridículo buscarle defectos a este término torpe e intelectualoide-artificial ("extravagancias") si se hubiera empleado en un discurso o en un artículo. ¡Pero precisamente Trotsky y Bujarin se han colocado en una situación tan ridícula que insisten en sus tesis precisamente en este término que distingue sus "plataformas" de las tesis de Rudzutak aprobadas por los sindicatos!

Este término es teóricamente incorrecto. Toda democracia, como en general toda superestructura política (inevitable mientras no se haya completado la destrucción de las clases, mientras no se haya creado una sociedad sin clases), sirve, en última instancia, a la producción y está determinada, en última instancia, por las relaciones de producción de la sociedad dada. Por lo tanto, separar la "democracia de producción" de cualquier otra democracia no dice nada. Eso es confusión y vaciedad. Este es el primer punto.

En segundo lugar. Véase la explicación de este término por el propio Bujarin en la resolución del pleno del Comité Central del 7 de diciembre, escrita por él. "Por lo tanto –escribió allí Bujarin–, los métodos de la democracia obrera deben ser métodos de la democracia de producción. Esto significa" –¡nótese: "esto significa"! Bujarin comienza su llamamiento a las masas con un término tan enrevesado que hay que explicarlo especialmente: a mi juicio, desde el punto de vista del democratismo, esto no es democrático; para las masas hay que escribir sin tales términos nuevos que requieran una explicación especial; desde el punto de vista "de producción", esto es perjudicial, pues obliga a perder tiempo inútilmente en explicar un término innecesario – "esto significa que todas las elecciones, la presentación de candidatos, su apoyo, etc., deben realizarse bajo el ángulo de visión no solo de la firmeza política, sino también de las capacidades económicas, la experiencia administrativa, las cualidades de organizador y el cuidado comprobado en la práctica por los intereses materiales y espirituales de las masas trabajadoras".

El razonamiento es claramente forzado e incorrecto. La democracia no significa solo "elecciones, presentación de candidatos, su apoyo, etc.". Esto es por un lado. Y por otro lado, no todas las elecciones deben realizarse bajo el ángulo de visión de la firmeza política y las capacidades económicas. También es necesario, contrariamente a Trotsky, que en una organización de millones haya un cierto porcentaje de gestores, burócratas (sin buenos burócratas no se puede pasar durante muchos años). Pero nosotros no hablamos de una democracia "gestionaria" o "burocrática".

En tercer lugar. Es incorrecto mirar solo a los elegidos, solo a los organizadores, administradores, etc. Estos son, sin embargo, una minoría de personas destacadas. Hay que mirar a los de fila, a la masa. En Rudzutak esto está expresado no solo de manera más simple, más comprensible, sino también teóricamente más correcta (tesis 6ª):

"...es necesario que cada participante en la producción comprenda la necesidad y la conveniencia de las tareas productivas que ejecuta; que cada participante en la producción no solo participe en la ejecución de las tareas desde arriba, sino que tome parte conscientemente en la corrección de todas las deficiencias, técnicas y organizativas, en el ámbito de la producción".

En cuarto lugar. "Democracia de producción" es un término que engendra la posibilidad de interpretaciones torcidas. Puede entenderse en el sentido de negación de la dictadura y de la dirección unipersonal. Puede interpretarse en el sentido de aplazamiento de la democracia ordinaria o de pretexto para eludirla. Ambas interpretaciones son perjudiciales, y para evitarlas no se puede prescindir de comentarios especiales y largos.

La simple exposición de las mismas ideas en Rudzutak es más correcta y evita todos estos inconvenientes. Y Trotsky, en su artículo "La democracia de producción" en la *Pravda* del 11 de enero, no solo no refuta que estos errores e inconvenientes existan (él elude toda esta cuestión, no compara sus tesis con las de Rudzutak), sino que, por el contrario, confirma indirectamente lo inconveniente e incorrecto de su término precisamente al poner en paralelo con él la "democracia militar". Por suerte, jamás, que yo recuerde, hemos suscitado disputas fraccionales a causa de un término semejante.

Aún más desafortunado es un término de Trotsky como "atmósfera de producción". Zinóviev se rió con razón de él. Trotsky se enfadó mucho y objetó: "Atmósfera militar la tuvimos... Ahora debe crearse en la masa obrera, en sus capas más profundas, no solo en la superficie, una atmósfera de producción, es decir, la misma tensión, interés práctico, atención a la producción que hubo hacia los frentes...". Ahí está el asunto: a la "masa obrera, a sus capas más profundas" hay que hablarle como se habla en las tesis de Rudzutak, y no empleando palabras como "atmósfera de producción", que provocarán perplejidad o una sonrisa. En el fondo, al emplear la expresión "atmósfera de producción", el camarada Trotsky expresa el mismo pensamiento que expresa el concepto de propaganda de producción. Pero precisamente para la masa obrera, para sus capas más profundas, hay que realizar la propaganda de producción de tal modo que se eviten expresiones semejantes. Esta expresión sirve como ejemplo de cómo no debe realizarse la propaganda de producción en las masas.