¡Camaradas! La cuestión de las concesiones ha suscitado entre nosotros divergencias bastante inesperadas, porque, en principio, parecía ya desde el otoño del año pasado que esta cuestión estaba resuelta sin discusión, y cuando el decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo sobre las concesiones fue promulgado el 23 de noviembre del año pasado, en los círculos del partido, al menos entre los trabajadores responsables, no hubo protestas ni se vio que surgieran divergencias. Ustedes saben, por supuesto, que en el congreso del partido hubo que adoptar una resolución especial que confirmara el decreto sobre las concesiones y lo extendiera especialmente también a la concesión de yacimientos en Bakú y Grozni [71]. Hubo que hacerlo en el congreso del partido para que no pudiera haber vacilaciones en la política del Comité Central, en el cual la división precisamente sobre esta cuestión resultó en cierta medida completamente ajena a las anteriores divisiones fraccionales, pero relacionada en gran medida con Bakú. Algunos camaradas de Bakú no querían aceptar la idea de que también para Bakú, quizá especialmente para Bakú, las concesiones son necesarias y que en Bakú sería deseable entregar la mayor parte de los yacimientos de Bakú en concesión. Los argumentos eran extraordinariamente variados, desde el argumento de que, supuestamente, nosotros mismos "investigamos", para qué llamar a extranjeros, hasta el de que los viejos obreros probados en la lucha contra los capitalistas no tolerarán volver a estar bajo el yugo del capitalista, etc.

No pretendo juzgar ahora hasta qué punto en tales argumentos había una principialidad general o, por así decirlo, un "patriotismo" bakinés, un localismo bakinés. Por mi parte, debo decir que he combatido este punto de vista de la manera más decidida, considerando que si no logramos llevar a cabo una política de concesiones y atraer el capital extranjero a las concesiones, entonces no hay nada que hablar sobre medidas prácticas serias para mejorar la situación económica. No se puede plantear seriamente la cuestión de una mejora inmediata de la situación económica sin aplicar una política de concesiones, sin renunciar a los prejuicios, al patriotismo local, en parte al patriotismo gremial, en parte a eso de que nosotros mismos, supuestamente, "investigamos". Es necesaria la disposición a soportar toda una serie de sacrificios, privaciones e inconvenientes, a romper con las costumbres, quizá incluso con enfermedades, con tal de lograr un cambio y mejora serios de la situación económica en las ramas principales de la industria. Hay que conseguir esto a toda costa.

En el congreso del partido, toda la atención se centró en la cuestión de la política hacia el campesinado y en la cuestión del impuesto en especie, que ocupa el primer lugar en la legislación en general y acaparó la atención del partido como cuestión política central. En la cuestión del impuesto en especie y de la actitud hacia el campesinado, hemos comprendido que no estamos en condiciones de elevar la productividad de la gran industria tan rápidamente como sería necesario para satisfacer las necesidades del campesinado, sin recurrir a muletas como el renacimiento del libre comercio, de la industria libre. Y ahora hay que, al menos con ayuda de estas muletas, levantarnos, porque para cualquiera que no haya perdido la razón es evidente que sin estas muletas no podremos alcanzar las exigencias de la vida, ya que la situación sigue agravándose, debido siquiera a que la conducción de maderas de esta primavera, por toda una serie de razones, en primer lugar naturales, se ha visto frustrada en gran parte. La crisis de combustible se avecina. Luego, la primavera amenaza con una nueva mala cosecha, también por condiciones climáticas, por falta de forraje, lo que puede reducir aún más el suministro de combustible. Y si además aparece la sequía, la crisis amenaza con adquirir un carácter completamente extraordinario. Hay que entender que, en tales condiciones, todas las palabras de nuestro programa que hablan en primer lugar de aumentar a toda costa la cantidad de productos, no están escritas para admirarlas y mostrar apego a diferentes resoluciones, de lo que los comunistas se ocupan con sumo afán, sino para dar, a toda costa, una cantidad aumentada de productos. Esto no podemos hacerlo nosotros solos, sin la ayuda del capital extranjero. Para cualquiera que, sin dejarse seducir, mire la realidad, esto debe ser evidente. He aquí por qué la cuestión de las concesiones ha adquirido tal importancia que el congreso del partido tuvo que ocuparse de ella.

Tras algunos debates, el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobó los principios fundamentales del contrato de concesión [72]. Los leeré ahora e indicaré todos los principios que tienen especial importancia o suscitan divergencias. Si todos los miembros del partido, especialmente los dirigentes del movimiento sindical, es decir, de las masas organizadas del proletariado, de la mayoría organizada del proletariado, si ellos no comprenden la situación actual, no extraen de ella las conclusiones correspondientes, entonces, por supuesto, no se puede hablar en serio de ninguna construcción económica. Leeré punto por punto los principios fundamentales del contrato de concesión, tal como fueron aprobados por el Consejo de Comisarios del Pueblo. Debo añadir que hasta ahora no hemos concluido ni una sola concesión. Las divergencias principiales hemos logrado expresarlas —en eso somos grandes maestros—, pero no hemos concluido ni una sola concesión. Quizá haya personas que se alegren de ello. Si las hay, es triste, porque si no atraemos capital a las concesiones, significa que no tenemos ninguna seriedad económica. Pero para un comunista queda mucho espacio en las resoluciones. Con ellas se podrá llenar todo el papel que quede. Primer punto:

"1. Se impone al concesionario la obligación de mejorar la situación de los obreros ocupados en las empresas de la concesión (en comparación con otros obreros ocupados en empresas análogas de la misma localidad), hasta la norma media extranjera."

Insertamos en el contrato esta disposición fundamental para introducir a los comunistas y a los dirigentes de nuestras instituciones económicas directamente en el centro de la cuestión. ¿Qué es lo más importante para nosotros en las concesiones? Por supuesto, el aumento de la cantidad de productos. Esto se comprende por sí mismo. Pero también es especialmente importante, si no aún más importante, que podemos lograr inmediatamente una mejora de la situación de los obreros ocupados en las explotaciones de la concesión. Estas disposiciones del contrato de concesión fueron adoptadas tras una serie de discusiones del asunto, en particular sobre la base de una serie de discusiones que en el extranjero llevaron algunos representantes de la RSFSR, especialmente el camarada Krasin, con algunos de los reyes financieros del imperialismo contemporáneo. Hay que decir que, entre nosotros, por supuesto, como ustedes mismos saben, la gran mayoría de los comunistas conocen por los libros lo que es el capitalismo y el capital financiero, quizá incluso han escrito folletos sobre ello, pero el 99 de cada 100 comunistas no saben hablar de manera práctica con los representantes del capital financiero y nunca lo aprenderán.

En este sentido, el camarada Krasin tiene una preparación excepcional, ya que en Alemania y en Rusia estudió tanto práctica como organizativamente las condiciones de la industria. Al camarada Krasin se le comunicaron estas condiciones y él respondió: "En general, es aceptable". En primer lugar, lo que se impone al concesionario como obligación es mejorar la situación de los obreros. En la conversación preliminar de Krasin con uno de los reyes del petróleo, se trató precisamente de esta circunstancia, y para los capitalistas de Europa Occidental estaba claro que contar con un aumento de la productividad en las condiciones actuales de los obreros es completamente imposible. Esta imposición al concesionario de la obligación de mejorar la situación de los obreros no es un afán humanitario cualquiera, sino un aspecto puramente práctico de la cuestión. Segundo punto:

"2. Se tiene en cuenta, al mismo tiempo, la productividad más baja del trabajo del obrero ruso, y se prevé, en lo posible, la revisión de la norma de productividad del trabajo del obrero ruso en función del logro por él de mejores condiciones de vida."

Esta salvedad fue necesaria para evitar una interpretación unilateral del punto. Todos estos puntos son reglas y directivas para todos los representantes del Poder Soviético que tengan que ver con las concesiones, y constituyen indicaciones rectoras sobre cuya base se elaborarán los contratos. Tenemos un proyecto de contrato petrolero, un contrato para fábricas que producen cojinetes, un proyecto de concesiones forestales y un contrato relativo a Kamchatka, del que se habla desde hace tiempo, pero que por muchas condiciones no se lleva a la práctica. El segundo punto era necesario para que el primero no se tomara en un sentido lineal. Debemos tener en cuenta que la productividad del trabajo no aumentará hasta que mejore la situación de los obreros. Renunciar a esta consideración significa poner inmediatamente todas las cuestiones sobre las concesiones en un terreno tan poco práctico que el capitalista ni siquiera hablará. Tercer punto:

"3. El concesionario está obligado a traer a los obreros ocupados en las empresas de la concesión los artículos necesarios para su vida desde el extranjero, vendiéndoselos a los obreros no por encima del costo más un determinado porcentaje de gastos generales."

Aquí se suponía fijar el porcentaje en un 10%, pero en la discusión final eliminamos la magnitud del porcentaje. Lo importante aquí es que ponemos como base la importación desde el extranjero de los artículos necesarios para la vida de los obreros. Sabemos que, en las condiciones en que se encuentra entre nosotros la economía campesina y la cuestión del combustible, en los próximos años no podremos mejorar radicalmente la situación de los obreros y, por consiguiente, aumentar la productividad del trabajo. Por lo tanto, es necesario que el concesionario incluya en este contrato la necesidad de traer todos los medios de consumo desde el extranjero, lo que es perfectamente realizable para él. En este sentido, ya tenemos el consentimiento preliminar de algunos tiburones del capitalismo. Los concesionarios aceptarán estas condiciones debido a la extrema necesidad que tienen de obtener materias primas de un valor gigantesco. La importación de materias primas es para ellos una primera necesidad. Ocupen estas empresas de choque diez, veinte o treinta mil obreros, a los concesionarios no les cuesta nada conseguir todos los artículos necesarios para los obreros, dadas las relaciones que tienen los sindicatos y trusts modernos, pues casi no quedan capitalistas no unidos en sindicatos y trusts, y todas las grandes empresas se basan en el monopolio, no en el mercado libre, y, por consiguiente, están en condiciones de cerrar la obtención de materias primas y productos para otros capitalistas, mientras que ellos mismos tienen la posibilidad de obtener tantos productos como sea necesario mediante cualquier contrato previo. Estos sindicatos manejan cientos de millones. Tendrán la posibilidad de disponer de enormes reservas de alimentos y, por consiguiente, podrán obtener esos alimentos y otros artículos necesarios para varias decenas de miles de obreros y trasladarlos a Rusia.

Para ellos esto no constituye ninguna dificultad económica. Considerarán estas empresas como de choque, obtendrán el 100%, si no el 1000% de ganancia, y abastecerán de alimentos a estas empresas. Repito, económicamente esto no les representa ninguna dificultad. Debemos poner como base de nuestra política de concesiones la tarea de mejorar la situación de los obreros en las empresas del primer tipo y luego ya en las demás. El siguiente punto, el cuarto:

"4. Además, el concesionario está obligado, en caso de que el gobierno de la RSFSR lo exija, a traer, por encima de lo que traiga para los obreros ocupados en las empresas de la concesión, aún un 50-100% de esa cantidad, entregándolo al gobierno de la RSFSR a cambio de un pago de la misma magnitud (costo más un determinado porcentaje de gastos generales). Este pago, el gobierno de la RSFSR tiene derecho a efectuarlo con una parte del producto extraído por el concesionario (es decir, a deducirlo de su parte proporcional)."

Y esta condición, en las negociaciones preliminares con los reyes financieros, fue reconocida por ellos como posible, ya que las empresas de la concesión son para ellas de choque.

Si tomamos artículos como el petróleo, que pueden obtener de nosotros, tendrán la posibilidad de venderlo en el extranjero como monopolistas. Por lo tanto, podrán dar artículos de alimentación no solo para los obreros ocupados en la empresa, sino también un cierto porcentaje adicional. Al comparar este punto con el primero, ven ustedes cuál es el eje fundamental de la política de concesiones: mejora de la situación de los obreros, ante todo de los que trabajan en las empresas de la concesión, y luego, en menor medida, de los demás obreros, obteniendo para ello ciertos artículos de consumo del extranjero. Estos artículos no los recibimos ahora, como compradores en el mercado internacional, aunque tuviéramos con qué pagarlos. Actuando con divisas, por ejemplo con oro, ustedes no deben olvidar que no hay mercado libre, que el mercado todo, o casi todo, está ocupado por sindicatos, cárteles y trusts, que se guían por sus ganancias imperialistas y que darán artículos de abastecimiento a los obreros solo para sus empresas, no para otras, porque el viejo capitalismo —en el sentido del mercado libre— ya no existe. Aquí ven ustedes la esencia de la política de concesiones aplicada a las condiciones actuales del capital financiero y la lucha gigantesca de los trusts, la lucha de unos contra otros. La política de concesiones es una alianza que se concluye de una parte contra otra, y mientras no seamos lo suficientemente fuertes, debemos, para mantenernos hasta la victoria de la revolución internacional, utilizar su enemistad mutua. Para ellos es posible asegurar la situación de los obreros porque asegurar a dos o tres decenas de miles de obreros adicionales no es nada para una gran empresa moderna. A nosotros esto nos daría la posibilidad de cubrir el gasto con materias primas, petróleo por ejemplo. Si con una cantidad adicional de madera, mineral —nuestros principales valores— pudiéramos pagar esa cantidad adicional de artículos necesarios para la vida de los obreros, entonces tendríamos la posibilidad de mejorar en primer lugar la situación de aquellos obreros que están ocupados en las empresas de la concesión, y el excedente iría a mejorar la situación de los demás obreros —en menor medida. Punto quinto:

"5. El concesionario está obligado a observar las leyes de la RSFSR y, en particular, las relativas a las condiciones de trabajo, plazos de pago, etc., a llegar a acuerdos con los sindicatos (en caso de exigencia del concesionario, aceptamos añadir que en tales acuerdos será obligatoria para ambas partes la norma del obrero medio americano o de Europa Occidental)."

Esta salvedad se adoptó para eliminar los temores del capital respecto a nuestros sindicatos. Si decimos: hay que llegar a acuerdos con los sindicatos, porque en toda la legislación pasa como un hilo rojo la participación de los sindicatos; porque en todas las leyes de importancia sustancial de este tipo, la participación de los sindicatos está introducida y la situación de los sindicatos, correspondiente a los principios socialistas, está asegurada por la ley. Si hubiéramos dicho: el capitalista debe llegar a un acuerdo con los sindicatos, entonces el capitalista, bien informado, sabiendo que los sindicatos están dirigidos por fracciones comunistas y, a través de ellas, por el partido, podría abrigar el temor de que de estos comunistas se pueda esperar toda clase de absurdos y podría imponer condiciones completamente inverosímiles. Desde el punto de vista del capitalista, tales temores son completamente naturales. Por eso debemos decir que estamos en el terreno de un acuerdo práctico —de lo contrario no hay nada de qué hablar. Por eso decimos que aceptamos hacer tal añadidura. Aceptamos para nosotros y para nuestros sindicatos tomar esta norma como igual a la norma media americana o de Europa Occidental. De lo contrario, repito, no puede hablarse de ningún contrato adaptado a las relaciones capitalistas. Punto sexto:

"6. El concesionario está obligado a observar estrictamente las reglas técnicas científicas correspondientes a la legislación rusa y extranjera (los detalles en cada contrato)."

Este punto se desarrollará con especial detalle en el contrato. Por ejemplo, el contrato petrolero contiene 10 artículos en los que se exponen y describen reglas científicas detalladas. La propiedad fundamental de la economía capitalista es su incapacidad para preocuparse de la explotación científicamente correcta tanto de la tierra como de la fuerza de trabajo. El medio de lucha contra esto son las reglas técnico-científicas. Sabemos que, por ejemplo, los yacimientos petrolíferos, con una explotación más o menos incorrecta o insuficientemente correcta, se inundan. Está claro que para nosotros la obtención de equipo técnico tiene una importancia gigantesca. Recordaré aquí que el cálculo aproximado de lo que necesitamos de este equipo se hizo en el folleto "Plan de electrificación de Rusia". No recuerdo las cifras absolutamente exactas, pero en general los gastos de electrificación se han fijado en 17 mil millones de rublos oro, pudiendo realizarse los trabajos de primera etapa en un plazo aproximado de una década. Calculamos cubrir hasta 11 mil millones de esta suma con nuestro fondo, tanto en oro como mediante exportación; y, por consiguiente, quedan sin cubrir 6 mil millones. En relación con esto, los autores de este trabajo llegan a la conclusión de que habrá que dar obligaciones de deuda o concesiones. Hay que cubrir este déficit. El plan ha sido elaborado por los mejores especialistas con respecto a toda la república —desde el punto de vista del desarrollo planificado de todas las ramas de la industria. Se trata ante todo del combustible y de la utilización más económica, racional y perfecta de ese combustible, aplicado en todas las ramas principales de la industria. No podríamos resolver esta tarea si no tuviéramos recursos de concesiones y de deuda. Estas condiciones, por supuesto, en algún momento, sumamente deseable, dejarán de existir. Después de una huelga especialmente grande, como la que está ocurriendo ahora en Inglaterra, o como la que recientemente terminó en un fracaso en Alemania [73]. Pero después de una huelga fracasada seguirá una huelga acertada y una revolución acertada, y entonces nos encontraremos en relaciones socialistas, no capitalistas.

El peligro en las interrupciones de la extracción de petróleo adquiere un carácter catastrófico. La norma que hubo hasta 1905 en Bakú, los capitalistas no lograron alcanzarla. Resulta que en los yacimientos de petróleo extranjeros, por ejemplo en California y Rumanía, se reconoce el mismo peligro de inundación de los yacimientos. La insuficiente extracción de agua conduce a una inundación cada vez mayor.

En las legislaciones extranjeras y rusas hay reglas detalladas al respecto. Cuando nos ocupamos de este asunto en Bakú, consultamos a nuestros especialistas sobre la legislación rumana y californiana. Para proteger las fuentes de nuestras materias primas, debemos lograr la ejecución y observancia de las reglas técnico-científicas. Por ejemplo, si se trata de la entrega de bosques, hay que prever que la silvicultura se lleve correctamente. Si se trata de la entrega de petróleo, hay que prever la lucha contra la inundación. Por lo tanto, aquí se necesita la observancia de reglas técnico-científicas y una explotación racional. ¿De dónde se toman estas nociones? Se toman de la legislación rusa y extranjera. Con esto eliminamos los temores de que hayamos inventado estas reglas nosotros mismos, porque entonces ningún capitalista hablaría con nosotros. Tomamos lo que hay en la legislación rusa y extranjera. Si tomamos lo mejor que existe en la legislación rusa y en cualquier legislación extranjera, sobre esta base tenemos la posibilidad de garantizar la norma que alcanza actualmente el capitalista avanzado. Es una norma práctica conocida, y no está tomada de la fantasía comunista, que es lo que más temen los capitalistas, sino de la práctica capitalista. Garantizamos que en estos contratos no iremos más allá de lo que existe en la legislación capitalista bajo todas las condiciones y en todos los aspectos, en todos los puntos del contrato de concesión. Esto es la disposición fundamental que no podemos olvidar ni un minuto. Debemos, sobre la base de las relaciones capitalistas, demostrar la aceptabilidad de estas condiciones para los capitalistas, la ventaja para ellos de estas condiciones, y al mismo tiempo debemos saber extraer de ello ventajas para nosotros mismos. De lo contrario, toda conversación sobre concesiones es palabrería. Así pues, hablamos de lo que está reconocido en la legislación capitalista. Todos saben que el capitalismo avanzado, desde el punto de vista de las perfecciones técnicas, de la organización técnica del asunto, es incomparablemente superior a nuestra industria actual. Por lo tanto, no nos limitamos a una sola legislación rusa. Por ejemplo, con respecto al petróleo, comenzamos a tomar materiales de la legislación rusa, rumana y californiana. Tenemos derecho a tomar cualquier ley, y con esto se elimina toda sospecha de que aquí haya algún invento o arbitrariedad. Para el capitalista avanzado contemporáneo, para los reyes financieros y el capital financiero moderno, esto es comprensible. Ellos se guían por las condiciones extranjeras y la norma extranjera. Nosotros planteamos esta norma, teniendo en cuenta las exigencias prácticas del capitalismo. Aquí no actuamos sobre la base de ninguna fantasía y al mismo tiempo nos fijamos el objetivo práctico de mejorar nuestra industria hasta tal punto que corresponda al capitalismo avanzado contemporáneo. Cualquiera que conozca la situación de nuestra industria comprende que esta mejora es gigantesca. Si hubiéramos realizado estas disposiciones con respecto a una parte de la industria, aunque fuera a una décima parte, sería un paso gigantesco adelante, posible para ellos y sumamente deseable para nosotros. Séptimo punto:

"7. Se establece una regla análoga al parágrafo 4° respecto al equipo que el concesionario traiga del extranjero."

El cuarto punto dice que, además de lo que el concesionario trae para sus trabajos, debe traer, si lo incluimos en el contrato, una cantidad adicional para la venta, a cambio de un pago especial. Si el capitalista trae para sí mismo barrenos e instrumentos perfeccionados, entonces tenemos derecho a exigir que, además de los barrenos que necesita, digamos un 25%, traiga para nosotros, y pagaremos esto igual que en el parágrafo 4°, es decir, al costo más un determinado porcentaje de gastos generales.

El futuro es muy favorable. Pero de ningún modo se deben confundir estas dos actividades: por un lado, la actividad de agitación, que aproxima ese futuro, y, por otro lado, la habilidad para arreglárselas ahora de tal manera que se pueda existir en el cerco capitalista. Si no logramos esto, tendremos que sufrir las desagradables consecuencias del refrán que dice: "Mientras sale el sol, el rocío se come los ojos". Debemos saber, apoyándonos en las particularidades del mundo capitalista y utilizando la codicia de los capitalistas por las materias primas, extraer de aquí tales ventajas que nos permitan fortalecer nuestra situación económica, por extraño que parezca, entre los capitalistas. La tarea parece extraña: ¿cómo puede una república socialista mejorar su situación apoyándose en el capitalismo? Pero ya lo vimos en la guerra. Vencimos en la guerra no porque fuéramos más fuertes, sino porque, siendo más débiles, utilizamos la enemistad entre los estados capitalistas. Ahora, o utilizamos la enemistad entre los trusts, o resultaremos no estar adaptados a las particularidades capitalistas y no podremos existir en el sistema del cerco capitalista. Punto octavo:

"8. La cuestión del pago de salarios a los obreros ocupados en las empresas de la concesión en moneda extranjera o en bonos especiales o en dinero soviético, etc., se determinará mediante acuerdo especial en cada contrato."

Aquí, como ven, aceptamos toda clase de pago: en moneda extranjera, en bonos, en dinero soviético, y aceptamos de antemano examinar benévolamente todas las proposiciones que los hombres de negocios nos hagan. De las proposiciones concretas, nuestros representantes han oído la proposición de Vanderlip, quien decía: "Me gustaría pagar a los obreros un salario medio, digamos un dólar y medio al día. Luego establecería en mi territorio de concesión tiendas; en estas tiendas tendré todos los artículos necesarios para los obreros, y podrá obtener de las tiendas aquel que reciba determinados bonos, y yo daré bonos solo a aquellos obreros que estén ocupados en mis empresas de la concesión". Sea esto así o no, en principio lo consideramos perfectamente aceptable. Por supuesto, aquí surgen multitud de dificultades. Saber combinar la concesión, que tiene en cuenta la producción capitalista, con el punto de vista soviético, es, claro está, cosa no fácil, y todo esfuerzo de este tipo es, como he dicho, la continuación de la lucha del capitalismo con el socialismo. Esta lucha ha cambiado de formas, pero sigue siendo lucha. Todo concesionario sigue siendo capitalista, y tratará de socavar el Poder Soviético, mientras que nosotros debemos tratar de utilizar su codicia. Decimos: "No nos dolerá ni el 150% de ganancia, si logramos una mejora de la situación de nuestros obreros". He aquí por qué se va a luchar. Aquí, por supuesto, se necesita aún mayor destreza que en la lucha al concluir cualquier tratado de paz. Al concluir cada tratado de paz tiene lugar una lucha, en la que participan las potencias burguesas que están detrás. Si firmamos un tratado de paz con Letonia, Finlandia y Polonia, tras cada una de estas potencias estaban potencias extranjeras que movían su mano. Y debíamos concluir estos tratados de manera que, por un lado, dieran la posibilidad de existencia a las repúblicas burguesas y, por otro lado, aseguraran las ventajas del Poder Soviético desde el punto de vista de la diplomacia mundial. Cada tratado de paz con las potencias burguesas es un tratado que registra ciertos puntos de la guerra. Del mismo modo, cada punto del contrato de concesión es un contrato de guerra, en el sentido de que en cada punto hubo guerra. Y hay que saber plantear el asunto de manera que se defiendan los propios intereses en esta guerra. Esto se puede hacer porque el capitalista obtiene grandes ganancias de la empresa de la concesión, mientras que nosotros obtenemos alguna mejora en la situación de nuestros obreros, algún aumento de productos mediante la deducción de la parte proporcional. Si el pago se hace en moneda extranjera, surge toda una serie de cuestiones complejas: ¿cómo cambiar esa moneda por soviética? ¿cómo luchar contra la especulación? etc. Aceptamos de antemano que sabremos luchar contra cualquier modo de pago y que no nos asusta. Inventen, señores capitalistas, todo lo que quieran —eso es lo que dice este punto. Sea la mercancía traída por ustedes y vendida por bonos especiales, sea vendida en condiciones especiales o solo mediante certificados nominativos de los obreros que trabajan en la concesión, nos es indiferente. Sabremos adaptarnos a todas las condiciones de tal manera que luchar contra ustedes sobre la base de esas condiciones y conquistar para nosotros una mejora conocida de la situación de nuestros obreros. He aquí la tarea que nos proponemos. Cómo se resolverá esta tarea en el contrato de concesión, no se puede decir. En alguna Kamchatka no se pueden proponer las mismas condiciones de pago que entre nosotros o en Bakú. Si la concesión es en la cuenca del Donéts, las formas de pago no pueden ser las mismas que en el lejano Norte. No hemos atado en nada a los capitalistas en cuanto a la forma de pago. Cada punto del contrato incluirá la lucha de los capitalistas con los socialistas. No tememos esta lucha y estamos seguros de antemano de que sabremos obtener de las concesiones las ventajas posibles. Punto noveno:

"9. Las condiciones de contratación, vida material y remuneración de los obreros y empleados calificados extranjeros se dejan al libre acuerdo del concesionario con dicha categoría de empleados y obreros.
Los sindicatos no tienen derecho a exigir la aplicación a tales obreros de las tarifas rusas, así como de las reglas rusas sobre contratación."

Consideramos el punto noveno completamente necesario, pues suponer por parte de los capitalistas confianza en los comunistas sería una estupidez extraordinaria. Esto está claro —tanto en principio, como más aún desde el punto de vista "práctico". Y si decimos que para nosotros es obligatoria la confirmación de estas condiciones de contratación por los sindicatos, si decimos a los capitalistas que aceptamos a cualquier técnico o especialista extranjero, pero, por favor, pase por el código laboral de la RSFSR, entonces, claro está, ningún técnico extranjero podrá ni querrá pasar por ello, de modo que esto sería una simple formalidad. Se podría decir que el gobierno dice una cosa y los sindicatos dicen otra, ya que el gobierno no son los sindicatos y los sindicatos no son el gobierno, y aquí se podría hacer una "trampa" jurídica. Pero escribimos esto no para abogados, no para leguleyos, sino para comunistas. Lo escribimos basándonos en la resolución del X Congreso del Partido sobre cómo debe llevarse la política de concesiones. Por toda nuestra literatura, que es accesible a los europeos, se sabe que la política de concesiones está dirigida por el partido comunista, que es el partido gobernante. Esto no es una mecánica astuta, está traducida a todos los idiomas. Y si nosotros, como políticos dirigentes, no hubiéramos dicho que no podemos ni queremos utilizar aquí nuestra influencia sobre los sindicatos, entonces no se podría hablar de ninguna política de concesiones. No nos toca enseñarles a ellos, a los capitalistas, el comunismo. Somos excelentes comunistas, pero no será mediante concesiones como introduciremos el orden comunista. La concesión es un contrato con una potencia burguesa. Y así como meteríamos en un manicomio a aquel comunista que fuera a concluir un contrato con una potencia burguesa sobre la base de principios comunistas, y le diríamos: "no sirves como diplomático en una potencia burguesa, aunque seas un excelente comunista", no estaría lejos del manicomio aquel comunista que, en relación con la política de concesiones, quisiera manifestar su comunismo en el contrato. Aquí hay que entender el comercio capitalista, y si no lo entiendes, no sirves. O no hacer concesiones, o entender que estas condiciones capitalistas hay que utilizarlas en nuestro provecho, dando plena libertad a los obreros y técnicos extranjeros. En este terreno, por supuesto, no incluiremos restricciones. La restricción va más adelante, en la tercera parte del punto noveno:

"La relación porcentual del número de obreros y empleados extranjeros respecto a los rusos, tanto en la suma total como dentro de las categorías particulares, se establece mediante acuerdo de las partes al concluir cada contrato de concesión por separado."

No podemos, por supuesto, excluir la importación de obreros extranjeros a aquella localidad donde no podamos dar obreros rusos, como, por ejemplo, en Kamchatka, para la industria forestal. En aquella industria, por ejemplo en las minas, donde no hay agua potable ni alimentos, si los capitalistas quieren construir allí, deben traer obreros, y allí les permitiremos traer una proporción enorme. Por el contrario, donde hay obreros rusos, estipulamos la relación porcentual, para dar a nuestros obreros la posibilidad, por un lado, de aprender, y por otro lado, de mejorar su situación, pues queremos extraer de las concesiones provecho para nuestros obreros en el sentido de mejorar las empresas según el último grito de la técnica capitalista. Todo esto no encuentra objeciones de principio por parte de los capitalistas. El último punto, el décimo:

"10. Al concesionario se le puede conceder el derecho, mediante acuerdo con los órganos gubernamentales de la RSFSR, a invitar a especialistas de alta calificación de entre los ciudadanos rusos; las condiciones de contratación en cada caso particular deben ser coordinadas con los órganos del poder central."

Está claro que en este aspecto no podemos garantizar la misma libertad total que respecto a los técnicos y obreros extranjeros. Allí no intervenimos, allí están sometidos enteramente a las relaciones capitalistas. Para nuestros especialistas y técnicos no prometemos tal libertad. No podemos permitir que nuestros mejores especialistas sean empleados en las empresas de la concesión. No deseamos que se les cierre completamente el acceso a ellas, pero es necesario que haya un control del cumplimiento del contrato desde arriba y desde abajo. El control debe ser por parte de los obreros, miembros del partido comunista, que trabajarán en las empresas, el control del cumplimiento de las condiciones del contrato, así como en lo relativo a su propia formación profesional-técnica, igualmente el control de la observancia de la legislación. Este punto no encontró objeciones de principio en las negociaciones preliminares con algunos de los reyes del capital moderno.

He aquí todos los puntos confirmados por el Consejo de Comisarios del Pueblo. Espero que de ellos quede claro qué política de concesiones queremos llevar.

No hay duda de que cada concesión será una nueva guerra, en cierto sentido, una guerra económica, el traslado de la guerra a otro plano. Es necesario adaptarse a ello, pero hay que saber hacerlo desde el punto de vista del congreso del partido. Es necesario aceptar un respiro, sacrificios y privaciones, de lo contrario no alcanzaremos el objetivo, y el objetivo es uno: en el cerco capitalista, utilizamos la codicia de los capitalistas por la ganancia y la enemistad de un trust contra otro, para crear condiciones para la existencia de la república socialista, que no puede existir fuera de los vínculos mundiales y que, en las condiciones dadas, debe vincular su existencia con las relaciones capitalistas. Surge la pregunta: ¿cuáles serán las condiciones concretas? Por ejemplo, en lo que respecta a los contratos petroleros, estas condiciones concretas son: 1/3-1/4 de todo Grozni y de todo Bakú. Se ha elaborado la magnitud de la participación proporcional: nos quedaremos con el 30-40% del petróleo extraído. Introducimos la obligación de llevar la extracción, en un plazo determinado, a, por ejemplo, 100 millones, la obligación de llevar el oleoducto desde Grozni y desde Petrovsk hasta Moscú. Si habrá que hacer algún pago adicional —esta cuestión se prevé en cada contrato particular. Pero el tipo de contrato debe quedar claro a partir de estas condiciones. Desde el punto de vista de los sindicatos, es importante que los elementos dirigentes del partido asimilen la particularidad de esta política y se planteen la tarea: en cumplimiento de la resolución del congreso del partido, con vistas a las tareas del régimen socialista en el cerco capitalista, lograr tales concesiones a toda costa. Cada concesión será una ganancia, una mejora inmediata de la situación para una parte de los obreros y campesinos. Para los campesinos, porque cada concesión supone algún producto adicional que nosotros no somos capaces de producir, pero que intercambiaremos con los campesinos, y no tomaremos mediante impuesto.

La operación no es nada fácil, y para los órganos del Poder Soviético incluso no es nada fácil. Partiendo de esta posición fundamental, hay que plantearse como tarea lograr concesiones, sorteando todos los prejuicios existentes al respecto, la falta de voluntad para aceptar cambios, la falta de voluntad para sacrificar las viejas costumbres, el inconveniente de que una parte de los obreros reciba mejor y otra peor. Se pueden inventar aún un millón de tales inconvenientes y tales pretensiones con los que podemos echar a perder toda mejora práctica. El capital extranjero especula con este sabotaje. No conozco otro punto contra el que se hayan levantado tan violentamente los representantes más inteligentes de la prensa contrarrevolucionaria rusa, que en la historia de los sucesos de Kronstadt demostraron cuánto están por encima de Chernov y Mártov multiplicados por cinco. Ellos saben perfectamente que si, debido a nuestros prejuicios, no logramos mejorar la situación de los obreros y campesinos, con ello nos crearemos dificultades aún mayores y socavaremos definitivamente el prestigio del Poder Soviético. Ustedes saben que debemos lograr esta mejora a toda costa. No nos dolerá dar al capitalista extranjero ni el 2000% de ganancia, con tal de mejorar la situación de los obreros y campesinos —y esto hay que realizarlo a toda costa.