7 de noviembre de 1921

(La orquesta interpreta «La Internacional». Aplausos unánimes.) Camaradas, no puedo compartir con vosotros recuerdos que fueran para vosotros tan instructivos e interesantes como los recuerdos de los camaradas que participaron en Moscú y llevaron a cabo personalmente tal o cual lucha. Yo no estaba en Moscú en ese momento y creo que me limitaré a un breve saludo.
Uno de los camaradas anteriores terminó su discurso con un llamamiento a que los propios trabajadores trabajen intensamente en los órganos sindicales y soviéticos y pongan en ello todas sus fuerzas, y yo quiero apoyar ese llamamiento.
Camaradas, en estos cuatro años hemos vivido una lucha sin precedentes. Y si hace cuatro años nos hubieran dicho que el obrero extranjero no está tan cerca de la revolución mundial, que tendríamos que librar una cruel guerra civil durante tres años, entonces nadie habría creído que resistiríamos esa guerra. Pero, a pesar de que nos atacaban desde todos los lados, resistimos ese embate, y si lo logramos, no fue porque ocurriera algún milagro (pues las personas inteligentes no creen en milagros), resistimos porque las tropas enviadas contra nosotros no eran de fiar. Y si los ingleses no se hubieran ido de Arjángelsk y los marineros franceses no se hubieran ido de Odesa, y si el obrero extranjero, vestido de soldado y enviado contra nosotros, no se hubiera vuelto simpatizante del poder soviético, ni siquiera ahora estaríamos garantizados contra la posibilidad de una ofensiva contra nosotros. Pero esto no nos asusta, porque sabemos que en cada país hay muchos aliados nuestros. Y aquel camarada que os llamó aquí al trabajo cohesionado tenía razón, y yo lo apoyo plenamente, porque sabéis que el hambre se abatió sobre nosotros en el momento más difícil, y los capitalistas de todo el mundo tratan de aprovechar esto para someternos. Pero hay masas de obreros que nos aseguran la posibilidad de luchar contra ellos.
Tomemos, por ejemplo, la ayuda de semillas a los campesinos. Sabéis que la requisición de excedentes fue sustituida por el impuesto en especie, y ahora podéis seguir cómo marchan bien el impuesto en especie y el préstamo de semillas.
Hace unos días tuvimos que discutir la cuestión de ayudar a los campesinos de las regiones hambrientas a sembrar los campos de primavera, y vimos que la cantidad de semillas de que dispone el Estado dista mucho de ser suficiente para sembrar aunque sea tanto como en 1921. Para ello el Estado necesita 30 millones de puds de grano, y por el impuesto en especie obtendremos solo 15 millones de puds; los otros 15 millones de puds tenemos que comprarlos en el extranjero. Últimamente vemos que por parte de la burguesía inglesa se lleva a cabo una campaña para romper el tratado comercial con la Rusia soviética, pero los obreros de Inglaterra están en contra. Sabemos que ahora se están firmando tratados con otros países, y por muy difícil que sea comprar 15 millones de puds de grano, podremos hacerlo.
En todos los países extranjeros vemos crisis industriales y un enorme desempleo. Alemania, aplastada por el vergonzoso Tratado de Versalles, ha sido arrancada durante mucho tiempo de la situación internacional. Está tan aplastada por la Paz de Versalles que no puede comerciar. Los países aliados firmaron la inaudita Paz de Versalles y, a pesar de ello, perecen ellos mismos.
Nuestra situación económica mejora cada día.

**DISCURSO EN LA CELEBRACIÓN DEL IV ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN**

Mi ruego es que sigáis el llamamiento del camarada anterior y reforcéis el trabajo dentro de nuestro país. Hay que comprender toda la necesidad de esto, porque trabajamos para mejorar la economía campesina, y para ello se requiere una energía inmensamente mayor que antes, y estamos seguros de que lo lograremos. (Aplausos. La orquesta interpreta «La Internacional».)

Publicado por primera vez en 1950
en la 4ª edición de las Obras
de V. I. Lenin, tomo 33

Se imprime según el ejemplar mecanografiado de la transcripción protocolizada.