INFORME EN EL II CONGRESO PANRUSO DE POLITPROSVETOS

17 DE OCTUBRE DE 1921

Camaradas: Tengo la intención de dedicar el presente informe o, mejor dicho, la presente conversación a la nueva política económica y a las tareas de los Politprosvetos, tal como yo las entiendo, en relación con esta política. Me parecería sumamente incorrecto limitar los informes sobre cuestiones que no entran en los límites de uno u otro congreso a una mera información sobre lo que se hace en general en el partido o en la República Soviética.

EL BRUSCO VIRAJE DEL PODER SOVIÉTICO Y DEL PCR

Sin negar en absoluto la utilidad de tal información y sin negar la utilidad de las conferencias sobre toda clase de cuestiones, considero, sin embargo, que el principal defecto en el trabajo de la mayoría de nuestros congresos es la falta de una conexión directa e inmediata con las tareas prácticas que tienen ante sí. Y sobre estos defectos me gustaría hablar, en relación con la nueva política económica y a propósito de la nueva política económica.

Hablaré de la nueva política económica en términos breves y generales. La inmensa mayoría de ustedes, camaradas, son comunistas y, a pesar de la gran juventud de algunos, son comunistas que han realizado un gran trabajo en nuestra política común durante los primeros años de nuestra revolución. Y, como personas que han realizado una gran parte de ese trabajo, no pueden dejar de ver qué brusco viraje han dado nuestro Poder Soviético y nuestro Partido Comunista al pasar a esa política económica que llaman «nueva», nueva en relación con nuestra política económica anterior.

Y en esencia, contiene más de viejo que nuestra política económica anterior.

¿Por qué es así? Porque nuestra política económica anterior, si no se puede decir que calculaba (en aquella situación calculábamos poco en general), hasta cierto punto suponía, se podría decir, suponía sin cálculo, que se produciría una transición directa de la vieja economía rusa a la producción y distribución estatales sobre bases comunistas.

Si recordamos nuestra propia literatura económica anterior, si recordamos lo que escribieron los comunistas antes de tomar el poder en Rusia y poco después de tomarlo, por ejemplo a principios de 1918, cuando el primer embate político contra la vieja Rusia terminó con un enorme éxito, cuando se creó la República Soviética, cuando Rusia salió de la guerra imperialista, aunque en forma mutilada, pero salió con menos mutilaciones que si hubiera continuado, siguiendo el consejo de los imperialistas y de los mencheviques con los eseristas, «defendiendo la patria», veremos que en el primer período, cuando acabábamos de terminar la primera obra de construcción del Poder Soviético y acabábamos de salir de la guerra imperialista, hablábamos entonces de nuestras tareas de construcción económica con mucha más cautela y prudencia de como actuamos en la segunda mitad de 1918 y durante todo 1919 y todo 1920.

EL CEC SOBRE EL PAPEL DEL CAMPESINADO - EN 1918

Si no todos ustedes fueron en esa época trabajadores activos del partido y del Poder Soviético, de todos modos pudieron conocer y, por supuesto, conocieron resoluciones como la del Comité Ejecutivo Central Panruso a finales de abril de 1918. Esa resolución señalaba la necesidad de tener en cuenta la economía campesina y se basaba en un informe que consideraba el papel del capitalismo de Estado en la construcción del socialismo en un país campesino, en un informe que subrayaba la importancia de la responsabilidad personal, individual, unipersonal, subrayaba la importancia de este factor en la dirección del país, a diferencia de las tareas políticas de construcción del poder y las tareas militares.

NUESTRO ERROR

A principios de 1918 contábamos con un cierto período en que sería posible la construcción pacífica. Tras la firma de la Paz de Brest, el peligro parecía haberse alejado, se podía emprender la construcción pacífica. Pero nos engañamos, porque en 1918 se nos vino encima un verdadero peligro militar, junto con la sublevación checoslovaca y el comienzo de la guerra civil, que se prolongó hasta 1920. En parte bajo la influencia de las tareas militares que nos abrumaron y de la situación, al parecer desesperada, en que se encontraba entonces la república, en el momento de terminar la guerra imperialista, bajo la influencia de estas circunstancias y de otras varias, cometimos el error de decidir realizar una transición directa a la producción y distribución comunistas. Decidimos que los campesinos, mediante el sistema de cupos, nos darían la cantidad de grano que necesitábamos, y nosotros lo distribuiríamos entre las fábricas y talleres, y así tendríamos producción y distribución comunistas.

No puedo decir que nos hubiéramos trazado ese plan de manera tan definida y clara, pero aproximadamente en ese espíritu actuamos. Esto es, desgraciadamente, un hecho. Digo: desgraciadamente, porque una experiencia no muy larga nos llevó a convencernos del error de esta construcción, que contradice lo que antes escribíamos sobre el tránsito del capitalismo al socialismo, suponiendo que sin un período de control y contabilidad socialistas no se puede llegar ni siquiera a la fase inferior del comunismo. En la literatura teórica, a partir de 1917, cuando la tarea de tomar el poder se planteó y fue revelada por los bolcheviques ante todo el pueblo, en nuestra literatura se subrayó claramente que es necesario un largo y complejo tránsito de la sociedad capitalista (y tanto más largo cuanto menos desarrollada está), un tránsito a través de la contabilidad y el control socialistas, aunque sea a uno de los accesos a la sociedad comunista.

LA RETIRADA ESTRATÉGICA

Esto lo olvidamos entonces, cuando en el fragor de la guerra civil hubo que dar los pasos necesarios para la construcción. Y nuestra nueva política económica, en su esencia, consiste precisamente en que en este punto sufrimos una fuerte derrota y comenzamos a realizar una retirada estratégica: «Mientras no nos hayan derrotado definitivamente, retirémonos y reconstruyámoslo todo de nuevo, pero más sólidamente». No puede haber ninguna duda entre los comunistas, si plantean conscientemente la cuestión de la nueva política económica, de que hemos sufrido una derrota económica muy grave en el frente económico. Y, por supuesto, es inevitable que una parte de la gente caiga aquí en un estado muy agrio, casi de pánico, y con motivo de la retirada estas personas comenzarán a entregarse a un estado de ánimo pánico. Esto es inevitable. Cuando el Ejército Rojo se retiraba, comenzaba su victoria huyendo ante el enemigo, y cada vez, en cada frente, este período de pánico era vivido por algunas personas. Pero cada vez -y en el frente de Kolchak, y en el de Denikin, y en el de Yudenich, y en el frente polaco, y en el de Wrangel- cada vez resultaba que después de que nos hubieran golpeado bien una vez, y a veces más, justificábamos el proverbio de que «por uno golpeado dan dos no golpeados». Después de haber sido golpeados una vez, comenzábamos a avanzar lenta, sistemática y cautelosamente.

Por supuesto, las tareas en el frente económico son muchas veces más difíciles que las tareas en el frente militar, pero existe una similitud general de estos contornos elementales de la estrategia. En el frente económico, con el intento de transición al comunismo, hacia la primavera de 1921 sufrimos una derrota más grave que cualquier derrota infligida por Kolchak, Denikin o Pilsudski, una derrota mucho más grave, mucho más sustancial y peligrosa. Se expresó en que nuestra política económica, en sus alturas, resultó estar desligada de las bases y no creó ese auge de las fuerzas productivas que en el programa de nuestro partido es reconocido como la tarea fundamental e inaplazable.

El sistema de cupos en el campo, ese enfoque comunista directo de las tareas de construcción en la ciudad, obstaculizaba el auge de las fuerzas productivas y resultó ser la causa fundamental de la profunda crisis económica y política con que tropezamos en la primavera de 1921. He aquí por qué se requirió lo que, desde el punto de vista de nuestra línea, de nuestra política, no puede llamarse de otro modo que una fortísima derrota y retirada. Y no se puede decir que esta retirada sea semejante a la retirada del Ejército Rojo, en pleno orden, hacia posiciones preparadas de antemano. Es cierto que las posiciones estaban preparadas de antemano. Esto se puede comprobar comparando las resoluciones de nuestro partido en la primavera de 1921 con la mencionada resolución de abril de 1918. Las posiciones estaban preparadas de antemano, pero la retirada a esas posiciones se produjo (y en muchos lugares de provincias se produce aún ahora) en un desorden bastante grande e incluso excesivo.

EL SENTIDO DE LA NUEVA POLÍTICA ECONÓMICA

Aquí es donde la tarea de los Politprosvetos de luchar contra esto pasa a primer plano. La cuestión fundamental, desde el punto de vista de la nueva política económica, consiste en saber aprovechar lo más rápidamente posible la situación creada.

La nueva política económica significa la sustitución del sistema de cupos por el impuesto, significa el paso a la restauración del capitalismo en medida considerable. En qué medida, no lo sabemos. Las concesiones a capitalistas extranjeros (aunque, por ahora, se han concluido muy pocas, sobre todo en comparación con las ofertas que hemos hecho), el arrendamiento a capitalistas privados, eso es la restauración directa del capitalismo y está vinculado a las raíces de la nueva política económica. Pues la abolición del sistema de cupos significa para los campesinos el libre comercio de los excedentes agrícolas no tomados por el impuesto, y el impuesto toma sólo una pequeña parte de los productos. Los campesinos constituyen una parte gigantesca de toda la población y de toda la economía, y por eso, sobre la base de este libre comercio, el capitalismo no puede dejar de crecer.

Este es el abc económico más fundamental que se enseña en los rudimentos de la ciencia económica, y entre nosotros, además, lo enseña cada «meshochnik» (especulador), ser que nos familiariza muy bien con la economía, independientemente de la ciencia económica y política. Y la cuestión fundamental, desde el punto de vista de la estrategia, es: ¿quién aprovechará más rápidamente esta nueva situación? Toda la cuestión es: ¿a quién seguirá el campesinado, al proletariado que aspira a construir la sociedad socialista, o al capitalista que dice: «Volvamos atrás, es más seguro, si no, han inventado no sé qué socialismo»?

¿QUIÉN VENCERÁ: EL CAPITALISTA O EL PODER SOVIÉTICO?

A esto se reduce toda la guerra actual: ¿quién vencerá, quién aprovechará más rápidamente: el capitalista, a quien nosotros mismos dejamos entrar por la puerta o incluso por varias puertas (y por muchas puertas que nosotros mismos no conocemos y que se abren al margen nuestro y contra nosotros), o el poder estatal proletario? ¿En qué puede apoyarse económicamente? Por un lado, en la mejora de la situación de la población. A este respecto hay que recordar a los campesinos. Es completamente indiscutible, y para todos es evidente, que, a pesar de una calamidad tan enorme como el hambre, la mejora de la situación de la población, descontada esta calamidad, se ha producido precisamente en relación con el cambio de nuestra política económica.

Por otro lado, si el capitalismo gana, crecerá la producción industrial, y junto con ella crecerá el proletariado. Los capitalistas se beneficiarán de nuestra política y crearán el proletariado industrial, que entre nosotros, debido a la guerra y a la desesperada ruina y devastación, está desclasado, es decir, ha sido arrancado de su cauce de clase y ha dejado de existir como proletariado. Proletariado se llama a la clase ocupada en la producción de valores materiales en las empresas de la gran industria capitalista. En la medida en que la gran industria capitalista ha sido destruida, en que las fábricas y talleres están parados, el proletariado ha desaparecido. A veces figuraba formalmente, pero no estaba ligado por raíces económicas.

Si el capitalismo se restaura, significa que se restaurará también la clase del proletariado ocupado en la producción de valores materiales útiles para la sociedad, ocupado en las grandes fábricas de maquinaria, y no en la especulación, en la fabricación de encendedores para la venta y otros «trabajos» no muy útiles, pero muy inevitables en las condiciones de devastación de nuestra industria.

Toda la cuestión es: ¿quién se adelantará a quién? Si los capitalistas logran organizarse antes, entonces echarán a los comunistas, y aquí ya no cabe ninguna discusión. Hay que mirar estas cosas con seriedad: ¿quién a quién? ¿O el poder estatal proletario resultará capaz, apoyándose en el campesinado, de mantener a los señores capitalistas en el debido freno, para dirigir el capitalismo por el cauce estatal y crear un capitalismo subordinado al Estado y que le sirva? Hay que plantear esta cuestión con seriedad. Toda ideología, toda discusión sobre las libertades políticas son discusiones que se pueden encontrar en abundancia, sobre todo si miramos a la Rusia de fuera, a la Rusia número dos, donde hay decenas de periódicos diarios de todos los partidos políticos, donde todas esas libertades son cantadas en todos los tonos y con todas las notas musicales existentes en la naturaleza. Todo eso es charlatanería, frases. De esas frases hay que saber abstraerse.

LA LUCHA SERÁ AÚN MÁS CRUEL

En cuatro años hemos soportado muchas batallas serias y hemos aprendido que una cosa es una batalla seria y otra cosa es la charlatanería que se produce con motivo de la batalla seria, especialmente de parte de la gente que se sienta al margen. Hay que saber abstraerse de toda esa ideología, de esa charlatanería y mirar el fondo del asunto. Y el fondo del asunto es que la lucha existe y será aún más desesperada, aún más cruel que la lucha contra Kolchak y Denikin. Esto es porque aquella lucha, la militar, es algo habitual. Durante cientos y miles de años, siempre se ha guerreado. En el arte de matar personas en la guerra se han hecho enormes progresos.

Es cierto que en los estados mayores de casi todos los terratenientes había eseristas y mencheviques que gritaban sobre el gobierno del pueblo, sobre la Asamblea Constituyente y sobre que los bolcheviques habían violado todas las libertades.

Resolver la tarea militar es, sin embargo, más fácil que la que tenemos ahora ante nosotros; la tarea militar se puede resolver con un asalto, un ataque rápido, el entusiasmo, la fuerza física directa del gran número de obreros y campesinos que veían que el terrateniente venía contra ellos. Ahora no hay terratenientes abiertos. Los Wrangel, Kolchak, Denikin, en parte se han ido con Nicolás Románov, en parte se han refugiado en lugares seguros en el extranjero. Este enemigo claro, como antes el terrateniente y el capitalista, el pueblo no lo ve. El pueblo no puede tener esa comprensión clara de que el enemigo ya está entre nosotros, y que este enemigo es el mismo, de que la revolución está ante algún abismo contra el que todas las revoluciones anteriores tropezaron y retrocedieron, porque el pueblo sufre de gran oscuridad y analfabetismo. Y cuánto tiempo tardarán toda clase de comisiones extraordinarias en liquidar de manera extraordinaria este analfabetismo, es difícil decirlo.

¿De dónde puede el pueblo comprender que, en lugar de Kolchak, Wrangel, Denikin, aquí mismo, entre nosotros, se encuentra el enemigo que ha arruinado todas las revoluciones anteriores? Pues si los capitalistas nos vencen, eso significa el retorno a lo viejo, lo que ha sido confirmado por la experiencia de todas las revoluciones anteriores. La tarea de nuestro partido es desarrollar la conciencia de que el enemigo entre nosotros es el capitalismo anárquico y el intercambio anárquico de mercancías. Hay que comprender claramente esta esencia de la lucha y lograr que las más amplias masas de obreros y campesinos comprendan claramente esta esencia de la lucha: «¿quién a quién? ¿quién ganará?». La dictadura del proletariado es la lucha más encarnizada, más rabiosa, en la que el proletariado tiene que luchar contra todo el mundo, pues todo el mundo iba contra nosotros, apoyando a Kolchak y Denikin.

Ahora la burguesía de todo el mundo apoya a la burguesía de Rusia, siendo muchas veces más fuerte que nosotros. Por esto no caemos en pánico en absoluto, porque sus fuerzas militares también eran mayores, sin embargo, esto no bastó para aplastarnos en la guerra, aunque en la guerra, teniendo fuerzas inconmensurablemente mayores en artillería o aviones, era mucho más fácil aplastarnos. Quizás para ello hubiera bastado con movilizar a tiempo algunos cuerpos de una u otra potencia capitalista que iban contra nosotros, y no escatimar algunos millones de oro en préstamo para Kolchak.

Sin embargo, esto no ayudó, porque la conciencia de su injusticia y de nuestra justicia penetró también en las masas de los soldados ingleses que llegaron a Arjángelsk, y en las masas de los marineros que obligaron a la flota francesa a retirarse de Odesa. Ahora se han alzado contra nosotros fuerzas, como antes, más poderosas que nosotros. Y para vencer aquí hay que apoyarse en la última fuente de fuerzas. La última fuente de fuerzas es la masa de obreros y campesinos, su conciencia, su organización.

O el poder proletario organizado -y los obreros avanzados y una pequeña parte de los campesinos avanzados comprenderán esta tarea y sabrán organizar el movimiento popular en torno a sí- y entonces saldremos vencedores.

O no logramos hacerlo -y entonces el enemigo, que tiene más fuerzas en cuanto a técnica, inevitablemente nos vencerá.

¿LA ÚLTIMA BATALLA?

La dictadura del proletariado es una guerra encarnizada. El proletariado ha vencido en un país, pero sigue siendo más débil en el plano internacional. Debe unir en torno a sí a todos los obreros y campesinos en la conciencia de que la guerra no ha terminado. Si en la canción cantamos que «esta es nuestra última y decisiva batalla», eso es, desgraciadamente, una pequeña mentira; desgraciadamente, esta no es nuestra última y decisiva batalla. O lográis fundir a obreros y campesinos en esta lucha, o no obtendréis éxito.

Una lucha como la que vemos ahora nunca ha existido en la historia, pero guerras de campesinos contra terratenientes ha habido muchas veces en la historia, desde los primeros tiempos de la esclavitud. Tales guerras han ocurrido más de una vez, pero una guerra del poder estatal contra la burguesía de su propio país y contra la burguesía unida de todos los países, una guerra así no ha ocurrido nunca.

Si organizamos al pequeño campesinado sobre la base del desarrollo de sus fuerzas productivas, apoyando este desarrollo con el poder proletario, o si lo subordinan los capitalistas, de esto depende el resultado de la lucha. En decenas de revoluciones ocurrió lo mismo, pero una guerra así el mundo no la ha visto aún. El pueblo no podía tener experiencia en tales guerras. Debemos crearla nosotros mismos y en esta experiencia podemos apoyarnos sólo en la conciencia de los obreros y campesinos. He aquí la divisa y la grandísima dificultad de esta tarea.

NO DEBEMOS CONTAR CON UNA TRANSICIÓN DIRECTAMENTE COMUNISTA

No debemos contar con una transición directamente comunista. Hay que construir sobre el interés personal del campesino. Nos dicen: «El interés personal del campesino significa la restauración de la propiedad privada». No, la propiedad personal sobre los objetos de consumo y sobre los instrumentos, nosotros nunca la hemos interrumpido con respecto a los campesinos. Hemos abolido la propiedad privada sobre la tierra, y el campesino cultivaba sin propiedad privada sobre la tierra, por ejemplo, en tierra arrendada. Este sistema ha existido en muchos países. Aquí no hay nada económicamente imposible. La dificultad está en interesar personalmente. Hay que interesar también a cada especialista para que esté interesado en el desarrollo de la producción.

¿Hemos sabido hacer esto? ¡No, no hemos sabido! Pensábamos que por mandato comunista se realizaría la producción y distribución en un país con un proletariado desclasado. Debemos cambiar esto porque de otro modo no podemos familiarizar al proletariado con esta transición. Tales tareas nunca se han planteado en la historia. Si intentamos resolver esta tarea de frente, por así decirlo, mediante un ataque frontal, hemos fracasado. Tales errores ocurren en toda guerra y no se consideran errores. Si el ataque frontal no ha tenido éxito, pasemos al envolvimiento, actuemos mediante el asedio y la zapa.

EL PRINCIPIO DEL INTERÉS PERSONAL Y LA RESPONSABILIDAD

Y decimos que hay que construir toda gran rama de la economía nacional sobre el interés personal. La discusión -en común, y la responsabilidad -unipersonal. Por la incapacidad de realizar este principio sufrimos a cada paso. Toda la nueva política económica exige que esta división se lleve a cabo con absoluta nitidez, con incondicional claridad. Cuando el pueblo pasó a las nuevas condiciones económicas, se lanzó a discutir qué resultaría de ello y cómo había que construirlo de nuevo. Sin pasar por discusiones generales, no se podía comenzar nada, porque al pueblo se le mantuvo durante decenas y cientos de años bajo la prohibición de discutir algo, y la revolución no podía desarrollarse de otro modo que a través de un período de mitin universal general sobre todas las cuestiones.

Esto creó en muchos aspectos confusión. Esto fue así, es inevitable, pero hay que decir que esto no es peligroso. Si a tiempo aprendemos a separar del mitin lo que es necesario para el mitin y lo que es necesario para la administración, entonces sólo podremos alcanzar la altura de la situación de la República Soviética. Pero nosotros, desgraciadamente, aún no hemos aprendido a hacer esto, y la mayoría de los congresos se desarrollan de manera poco práctica.

En la abundancia de nuestros congresos superamos a todos los estados del mundo. Ninguna de las repúblicas democráticas tiene tantos congresos como tenemos nosotros, y no pueden permitírselo.

Debemos recordar que nuestro país es un país que ha perdido mucho y está empobrecido, y hay que enseñarle a hacer mítines de modo que no se confunda, como he dicho, lo que es necesario para el mitin con lo que es necesario para la administración. Haz mítines, pero administra sin la menor vacilación, administra con más firmeza de lo que administraba antes que tú el capitalista. Si no, no le vencerás. Debes recordar que la administración debe ser aún más estricta, aún más firme que antes.

En el Ejército Rojo, después de meses de mítines, la disciplina era tal que no cedía a la disciplina del antiguo ejército. En él se aplicaban medidas estrictas, severas, que llegaban hasta los fusilamientos, medidas que ni siquiera el antiguo gobierno había visto. Los pequeñoburgueses escribían y clamaban: «He aquí que los bolcheviques han introducido los fusilamientos». Debemos decir: «Sí, los hemos introducido, y los hemos introducido con plena conciencia».

Debemos decir que deben perecer o aquellos que querían destruirnos y de quienes consideramos que deben perecer -y entonces vivirá nuestra República Soviética-, o al contrario, vivirán los capitalistas y perecerá la república. En un país que se ha empobrecido, o perecen los que no pueden ponerse a tono, o perece toda la república obrera y campesina. Y aquí no hay elección ni puede haberla, como tampoco debe haber ningún sentimentalismo. El sentimentalismo no es un crimen menor que la cobardía en la guerra. El que ahora se aparta del orden, de la disciplina, ese introduce enemigos en su seno.

He aquí por qué digo que la nueva política económica tiene importancia también desde el punto de vista de la enseñanza. Ustedes hablan aquí de cómo hay que enseñar. Deben llegar a decir que para los que no han aprendido no hay lugar entre nosotros. Cuando haya comunismo, entonces la enseñanza será más suave. Ahora digo que la enseñanza no puede dejar de ser severa, so pena de muerte.

¿SABREMOS TRABAJAR PARA NOSOTROS MISMOS?

Tuvimos deserción del ejército, también en el frente laboral: trabajabas para el capitalista, trabajabas para el explotador, y es comprensible que trabajaras mal, pero ahora trabajas para ti mismo, para el poder obrero y campesino. Recuerda que debe decidirse la cuestión de si sabremos trabajar para nosotros mismos, porque de lo contrario, repito, nuestra república perecerá. Y decimos, como decíamos en el ejército: o perecen todos los que querían destruirnos, y aquí aplicaremos las medidas más severas de disciplina, o salvaremos el país, y vivirá nuestra república.

Así debe ser nuestra línea, he aquí por qué (entre otras cosas) necesitamos la nueva política económica.

Administren todos. Los capitalistas estarán a su lado, junto a ustedes estarán también los capitalistas extranjeros, concesionarios y arrendatarios, ellos les sacarán a ustedes cientos por ciento de ganancia, se enriquecerán a costa de ustedes. Que se enriquezcan, y ustedes aprendan de ellos a administrar, y entonces sólo podrán construir la república comunista. Desde el punto de vista de la necesidad de aprender rápidamente, toda relajación es el mayor crimen. Y hay que ir a esta ciencia, una ciencia dura, severa, a veces incluso cruel, porque de otro modo no hay otra salida.

Deben recordar que nuestro país soviético, empobrecido después de largos años de pruebas, está rodeado no por una Francia socialista ni por una Inglaterra socialista, que nos ayudarían con su alta técnica, su alta industria. ¡No! Debemos recordar que ahora toda su alta técnica, toda su alta industria pertenece a los capitalistas, que actúan contra nosotros.

Debemos recordar que debemos tener o el mayor esfuerzo de las fuerzas en el trabajo cotidiano, o nos espera la muerte inevitable.

El mundo entero, en virtud de la situación dada de las cosas, se desarrolla más rápidamente que nosotros. El mundo capitalista, al desarrollarse, dirige todas sus fuerzas contra nosotros. ¡Así se plantea la cuestión! He aquí por qué hay que prestar especial atención a esta lucha.

Con nuestra incultura no podemos resolver mediante un ataque frontal la perdición del capitalismo. Con otro nivel de cultura se podría resolver la tarea de manera más directa, y quizás otros países la resuelvan así cuando llegue el momento de construir sus repúblicas comunistas. Pero nosotros no podemos resolver la cuestión por el camino directo.

El Estado debe aprender a comerciar de modo que la industria satisfaga al campesinado, de modo que el campesinado mediante el comercio satisfaga sus necesidades. Hay que plantear las cosas de modo que cada trabajador aplique sus fuerzas al fortalecimiento del Estado obrero y campesino. Sólo entonces podrá crearse la gran industria.

Es necesario que esta conciencia penetre en las masas, y que no sólo penetre en las masas, sino que se afiance en ellas prácticamente. He aquí de dónde, digo yo, se derivan las tareas del Glavpolitprosvet. Después de todo profundo vuelco político, el pueblo necesita mucho tiempo para asimilar ese vuelco. Y aquí se plantea la cuestión: ¿ha comprendido el pueblo las lecciones que se le han dado? Por desgracia, a esta pregunta se puede responder que no. Si así fuera, entonces habríamos llegado mucho más rápido, mucho más corto a la creación de la gran industria.

Después de resuelta la tarea del mayor vuelco político del mundo, se nos presentaron otras tareas: tareas culturales, que se pueden llamar «pequeñas cosas». Hay que digerir este vuelco político, hacerlo accesible a las masas de la población, lograr que este vuelco político no quede sólo como una declaración.

MÉTODOS OBSOLETOS

En su momento fueron necesarias estas declaraciones, proclamas, manifiestos, decretos. De esto tenemos suficiente. En su momento estas cosas fueron necesarias para mostrar al pueblo cómo y qué queremos construir, qué cosas nuevas y nunca vistas. Pero ¿se puede seguir mostrando al pueblo lo que queremos construir? ¡No! El obrero más sencillo se burlaría de nosotros en tal caso. Diría: «¿Qué estás todo el tiempo mostrando cómo quieres construir? Muéstrame de hecho cómo sabes construir. Si no sabes, entonces no vamos por el mismo camino, ¡vete al diablo!». Y tendría razón.

Ha pasado la época en que había que dibujar políticamente las grandes tareas, y ha llegado la época en que hay que realizarlas prácticamente. Ahora tenemos ante nosotros tareas culturales, tareas de digerir la experiencia política que debe y puede convertirse en vida. O la perdición de todas las conquistas políticas del Poder Soviético, o el poner bajo ellas un fundamento económico. Esto no existe ahora. Precisamente esto hay que emprender.

La tarea de elevar la cultura es una de las más inmediatas. Y esta es la tarea del Politprosvet, si sabe servir a la «educación política», nombre que se ha elegido. Poner el nombre no es difícil, pero ¿cómo están las cosas con su cumplimiento? Esperemos que después de este congreso obtengamos datos precisos sobre esto. Tenemos una comisión para la liquidación del analfabetismo creada el 19 de julio de 1920. A propósito, antes de venir al congreso, leí el decreto correspondiente. Comisión Panrusa para la Liquidación del Analfabetismo... Más aún: Comisión Extraordinaria para la Liquidación del Analfabetismo. Esperemos que después de este congreso obtengamos datos sobre en cuántas provincias y qué se ha hecho exactamente en este campo, y obtengamos un informe preciso. Pero el solo hecho de que haya sido necesario crear una comisión extraordinaria para la liquidación del analfabetismo demuestra que somos gente (¿cómo decirlo más suavemente?) como semisalvajes, porque en un país donde la gente no es semisalvaje, allí sería vergonzoso crear una comisión extraordinaria para la liquidación del analfabetismo; allí en las escuelas se liquida el analfabetismo. Allí hay escuelas decentes, y en ellas enseñan. ¿Qué? Enseñan a leer y escribir, en primer lugar. Pero si esta tarea elemental no está resuelta, hablar de la nueva política económica es ridículo.

EL MILAGRO MÁS GRANDE

¿Qué nueva política? ¡Dios quiera que podamos mantenernos de alguna manera con la vieja, si debemos liquidar el analfabetismo con medidas extraordinarias! Esto es evidente. Pero aún más evidente es que hemos hecho milagros en el campo militar y en otros. Entre estos milagros, el milagro más grande, creo yo, sería liquidar hasta el final la propia comisión para la liquidación del analfabetismo. Y que no surjan proyectos como el que he oído aquí, sobre la separación del Narkompros. Si esto es así, si ustedes lo meditan, estarán de acuerdo en que sería necesario crear una comisión extraordinaria para la liquidación de algunos malos proyectos.

Más aún: no basta con liquidar el analfabetismo, sino que además hay que construir la economía soviética, y con sólo la alfabetización no se va muy lejos. Necesitamos un enorme aumento de la cultura. Es necesario que el hombre utilice de hecho la habilidad de leer y escribir, que tenga qué leer, que tenga periódicos y folletos de propaganda, que se distribuyan correctamente y lleguen al pueblo, que no se pierdan en el camino, de modo que no los lea más de la mitad y se usen para algo en las oficinas, y que al pueblo quizás no llegue ni una cuarta parte. Hay que aprender a utilizar lo escaso que tenemos.

He aquí por qué, en relación con la nueva política económica, hay que plantear incansablemente la idea de que la educación política exige a toda costa la elevación de la cultura. Hay que lograr que la habilidad de leer y escribir sirva para elevar la cultura, que el campesino tenga la posibilidad de aplicar esta habilidad de leer y escribir al mejoramiento de su economía y de su Estado.

Las leyes soviéticas son muy buenas, porque conceden a todos la posibilidad de luchar contra el burocratismo y la papeleo, posibilidad que en ningún Estado capitalista se concede al obrero y al campesino. Y ¿se aprovecha esta posibilidad? ¡Casi nadie! Y no sólo el campesino, un enorme porcentaje de comunistas no sabe utilizar las leyes soviéticas para luchar contra la papeleo, el burocratismo o contra un fenómeno tan verdaderamente ruso como el soborno. ¿Qué obstaculiza la lucha contra este fenómeno? ¿Nuestras leyes? ¿Nuestra propaganda? ¡Al contrario! ¡Leyes se han escrito cuantas se quiera! ¿Por qué no hay éxito en esta lucha? Porque no se puede hacer sólo con propaganda, sino que se puede completar sólo si la propia masa popular ayuda. Entre nosotros, los comunistas, no menos de la mitad no saben luchar, por no hablar de los que obstaculizan la lucha. Es cierto que el 99% de ustedes son comunistas, y saben que con estos últimos