(APELACIÓN DEL CONSEJO DE COMISARIOS DEL PUEBLO, 7 DE OCTUBRE DE 1921)

¡Queridos camaradas!

Seguramente ya ha llegado hasta vosotros la noticia de una inmensa desgracia: una hambruna sin precedentes que ha azotado toda la región del Volga y parte de los Urales. Desde la gobernación de Astracán hasta la República Tártara y la gobernación de Perm, la sequía ha abrasado casi por completo tanto el grano como la hierba. Millones de personas —campesinos trabajadores y obreros—, millones de cabezas de ganado están a punto de perecer y ya están pereciendo.

Tanto rusos como musulmanes, sedentarios y nómadas —a todos por igual les espera una muerte atroz si no acuden en su ayuda sus propios camaradas: obreros, campesinos trabajadores, pastores y pescadores de las zonas más afortunadas. Por supuesto, el poder soviético, por su parte, se apresura a ayudar a los hambrientos; ya les ha enviado de forma urgente más de 12 millones de puds de grano para la siembra de invierno, está enviando ahora víveres, organizando comedores, etcétera. Pero todo esto es insuficiente. La desgracia es tan grande, la República Soviética está tan arruinada por la guerra zarista y los guardias blancos* que con los medios estatales apenas se puede alimentar hasta la próxima cosecha a una cuarta parte de los necesitados.

Tampoco se puede contar con la ayuda de los capitalistas ricos. Los capitalistas que gobiernan ahora los estados más poderosos del mundo —como Inglaterra, América y Francia—, es cierto, nos han declarado que también quieren ayudar a nuestros campesinos hambrientos, pero bajo condiciones que significan la entrega en sus manos de todo el poder sobre nuestra república obrera y campesina. Es cosa comprensible. ¿Cuándo se ha visto que un capitalista y usurero, chupasangre del hombre trabajador, le ayude desinteresadamente? La clase capitalista siempre se ha aprovechado del hambre del hombre trabajador para esclavizar su cuerpo y su alma. Y también ahora quieren aprovecharse de nuestra hambruna para destruir nuestra libertad, conquistada con sangre, arrancar para siempre el poder de las manos de los obreros y campesinos y colocar de nuevo sobre sus cabezas al zar, al terrateniente, al patrón, al comisario de policía y al funcionario.

Toda la esperanza de los hambrientos de Kazán, Ufá, Samara y Astracán reside en la gran solidaridad proletaria (acuerdo) de los hombres trabajadores como ellos, con manos callosas, que se ganan el pan con el sudor de su frente, sin chupar la sangre a nadie. En el mar de Aral tenéis una buena pesca de peces y viviréis sin grandes necesidades. ¡Entregad, pues, una parte de vuestra pesca para los ancianos y ancianas que se hinchan de hambre, para los 8 millones de trabajadores exhaustos que, con el estómago vacío, deben realizar casi todo un año el duro trabajo de labrar la tierra, y, por último, para los 7 millones de niños, que pueden perecer antes que nadie!

¡Haced donaciones, queridos camaradas pescadores y obreros del Aral, con mano generosa! No solo haréis una obra de conciencia humana, sino que fortaleceréis la causa de la revolución obrera. Pues mostraréis a todo el mundo, y ante todo a todos los trabajadores, que es indestructible el poder del estado obrero soviético, edificado sobre la más amplia ayuda mutua de los proletarios de las localidades más alejadas entre sí.

¡Que toda la clase obrera, como un solo hombre, se levante para curar la grave herida de la región del Volga, y la fértil región del Volga, en los años venideros, nos recompensará a su vez con su pan! Solo así conservaremos el poder soviético y defenderemos la libertad conquistada contra todas las villanas maquinaciones de los capitalistas de todo el mundo.

Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo
V. Uliánov (Lenin)

Se imprime según el original, firmado por V. I. Lenin.

* En la carta del 30 de mayo de 1921, V. I. Lenin propuso al Consejo Militar Revolucionario elaborar un plan para la utilización del ejército en el frente económico y dio instrucciones concretas sobre las vías y formas de la «utilización económica del ejército» (véase Lenin Miscelánea XX, pág. 206).