¡Camaradas! Hablando con franqueza, no he tenido posibilidad de prepararme como es debido para el presente informe. La traducción de mi folleto sobre el impuesto en especie* y las tesis sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia** – eso es todo lo que he podido preparar sistemáticamente. A este material quiero solamente añadir algunas aclaraciones y observaciones.

Para fundamentar la táctica de nuestro partido hace falta, según me parece, comenzar por esclarecer la situación internacional. Ya hemos discutido detalladamente la situación económica del capitalismo a escala internacional, y el congreso ya ha adoptado al respecto determinadas resoluciones 25. Yo toco este tema muy brevemente en mis tesis y exclusivamente desde el punto de vista político. No abordo la base económica, pero creo que en la situación internacional de nuestra república políticamente hay que contar con el hecho de que ahora ha llegado indudablemente un cierto equilibrio de fuerzas, que sostenían entre sí una lucha abierta, con las armas en la mano, por el dominio de una u otra clase dirigente – equilibrio entre la sociedad burguesa, la burguesía internacional en su conjunto, por un lado, y la Rusia Soviética, por el otro. Pero, por supuesto, equilibrio sólo en un sentido limitado.

* Véase Obras, 5ª ed., t. 43, págs. 203-245. Red.
** Véase el presente tomo, págs. 3-12. Red.

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Sólo en lo que respecta a esta lucha militar afirmo que ha llegado un cierto equilibrio en la situación internacional. Por supuesto, hay que subrayar que se trata sólo de un equilibrio relativo, de un equilibrio muy inestable. En los Estados capitalistas se ha acumulado mucho material combustible, lo mismo que en aquellos países que hasta ahora eran considerados sólo como objetos, y no como sujetos de la historia – es decir, en los países coloniales y semicoloniales; por tanto, es muy posible que en estos países, tarde o temprano, y de manera completamente inesperada, estallen sublevaciones, grandes combates y revoluciones. En los últimos años hemos visto la lucha directa de la burguesía internacional contra la primera república proletaria. Esta lucha estuvo en el centro de toda la situación política mundial, y precisamente ahí se ha producido ahora un cambio. Puesto que el intento de la burguesía internacional de estrangular a nuestra república no ha tenido éxito, ha llegado un equilibrio – por supuesto, muy inestable.

Ciertamente, comprendemos perfectamente que la burguesía internacional es ahora mucho más fuerte que nuestra república y que sólo una combinación peculiar de circunstancias le impide continuar la guerra contra nosotros. Ya en las últimas semanas hemos podido observar de nuevo en el Lejano Oriente un intento de reanudar la invasión 26, y no hay duda alguna de que intentos semejantes continuarán en adelante. Al respecto no hay ninguna duda en nuestro partido. Para nosotros es importante constatar que existe un equilibrio inestable y que debemos utilizar este respiro, tomando en consideración los rasgos característicos de la situación actual, aplicando nuestra táctica a las particularidades de esta situación y sin olvidar ni un minuto que de repente puede surgir de nuevo la necesidad de la lucha armada. La organización del Ejército Rojo, su reforzamiento, siguen siendo nuestra tarea. Y en lo que respecta al problema alimentario, debemos seguir pensando, en primer lugar, en nuestro Ejército Rojo. En esta situación internacional, cuando aún debemos esperar nuevos ataques y nuevos

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intentos de invasión de la burguesía internacional, no podemos emprender otro camino. En cuanto a nuestra política práctica, el hecho de que en la situación internacional haya llegado un cierto equilibrio tiene cierta importancia, pero sólo en el sentido de que debemos reconocer que el movimiento revolucionario, ciertamente, ha avanzado, pero que el desarrollo de la revolución internacional este año no ha ido tan rectilíneamente como esperábamos.

Cuando comenzamos, en su momento, la revolución internacional, lo hicimos no por la convicción de que pudiéramos anticipar su desarrollo, sino porque toda una serie de circunstancias nos impulsaba a iniciar esta revolución. Pensábamos: o bien la revolución internacional vendrá en nuestra ayuda, y entonces nuestras victorias estarán plenamente aseguradas, o bien haremos nuestro modesto trabajo revolucionario con la conciencia de que, en caso de derrota, serviremos de todos modos a la causa de la revolución y que nuestra experiencia aprovechará a otras revoluciones. Nos estaba claro que sin el apoyo de la revolución mundial internacional la victoria de la revolución proletaria era imposible. Ya antes de la revolución, así como también después de ella, pensábamos: o bien ahora mismo, o por lo menos muy rápidamente, estallará la revolución en los demás países, capitalístamente más desarrollados, o, en caso contrario, debemos perecer. A pesar de esta conciencia, hacíamos todo para, en todas las circunstancias y a toda costa, conservar el sistema soviético, pues sabíamos que trabajábamos no sólo para nosotros, sino también para la revolución internacional. Lo sabíamos, lo expresamos repetidamente antes de la Revolución de Octubre, lo mismo que inmediatamente después de ella y durante la firma de la Paz de Brest-Litovsk. Y esto, hablando en general, era correcto.

Pero en realidad el movimiento no fue tan rectilíneo como esperábamos. En los otros grandes países, capitalístamente más desarrollados, la revolución aún no ha llegado hasta ahora. Cierto, la revolución se desarrolla – podemos constatarlo con satisfacción – en todo el mundo, y sólo gracias a esta

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circunstancia la burguesía internacional, aunque en lo económico y militar es cien veces más fuerte que nosotros, no es capaz de estrangulamos. (Aplausos.)

Examino en el § 2 de las tesis cómo se ha creado tal situación y qué conclusiones debemos sacar de ella. Añadiré aún que la conclusión definitiva que saco de ello es la siguiente: el desarrollo de la revolución internacional, que pronosticábamos, avanza. Pero este movimiento progresivo no es tan rectilíneo como esperábamos. A primera vista está claro que en los demás países capitalistas, después de la firma de la paz, por mala que fuera, no se logró provocar la revolución, aunque los síntomas revolucionarios, como sabemos, fueron muy significativos y numerosos – incluso mucho más significativos y numerosos de lo que pensábamos. Ahora empiezan a aparecer folletos que nos cuentan que en los últimos años y meses estos síntomas revolucionarios fueron en Europa mucho más serios de lo que sospechábamos. ¿Qué debemos hacer ahora? Ahora es necesaria una preparación a fondo de la revolución y un estudio profundo de su desarrollo concreto en los países capitalistas avanzados. Esta es la primera lección que debemos sacar de la situación internacional. Para nuestra república rusa debemos utilizar este breve respiro para adaptar nuestra táctica a esta línea zigzagueante de la historia. Políticamente, este equilibrio es muy importante, porque vemos claramente que precisamente en muchos países de Europa Occidental, donde las amplias masas de la clase obrera, y muy probablemente la inmensa mayoría de la población, están organizadas, el principal apoyo de la burguesía lo constituyen precisamente las organizaciones hostiles de la clase obrera, adheridas a la II y II½ Internacionales. Hablo de esto en el § 2 de las tesis y creo que aquí debo tocar sólo dos puntos que ya han sido esclarecidos en nuestros debates sobre la cuestión de la táctica. En primer lugar: la conquista de la mayoría del proletariado. Cuanto más organizado está el proletariado en un país capitalístamente desarrollado, tanto más

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fundamentación exige de nosotros la historia en la preparación de la revolución y con tanta mayor fundamentación debemos conquistar a la mayoría de la clase obrera. En segundo lugar: el principal apoyo del capitalismo en los países capitalistas industrialmente desarrollados es precisamente la parte de la clase obrera organizada en la II y II½ Internacionales. Si ella no se apoyara en esta parte de los obreros, en estos elementos contrarrevolucionarios dentro de la clase obrera, la burguesía internacional sería completamente incapaz de mantenerse. (Aplausos.)

Quisiera también subrayar aquí la importancia del movimiento en las colonias. A este respecto vemos en todos los viejos partidos, en todos los partidos obreros burgueses y pequeño-burgueses de la II y II½ Internacionales, restos de viejas concepciones sentimentales: están llenos de simpatía por los pueblos oprimidos coloniales y semicoloniales. El movimiento en los países coloniales aún es considerado como un movimiento nacional insignificante y completamente pacífico. Pero no es así. Desde principios del siglo XX se han producido grandes cambios a este respecto, a saber: millones y cientos de millones – en realidad la inmensa mayoría de la población del globo terráqueo – se presentan ahora como factores revolucionarios activos independientes. Y está completamente claro que en las futuras batallas decisivas de la revolución mundial, el movimiento de la mayoría de la población del globo terráqueo, inicialmente dirigido hacia la liberación nacional, se volverá contra el capitalismo y el imperialismo y quizás desempeñe un papel revolucionario mucho mayor del que esperamos. Es importante subrayar que nosotros, por primera vez en nuestra Internacional, hemos abordado la preparación de esta lucha. Por supuesto, en este inmenso campo las dificultades son mucho mayores, pero, en todo caso, el movimiento avanza, y las masas trabajadoras, los campesinos de los países coloniales, a pesar de que actualmente son aún atrasados, desempeñarán un papel revolucionario muy grande en las fases subsiguientes de la revolución mundial. (Viva aprobación.)

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En lo que respecta a la situación política interior de nuestra república, debo comenzar por un examen preciso de las relaciones de clase. En los últimos meses se ha producido aquí un cambio, puesto que observamos la formación de nuevas organizaciones de la clase explotadora dirigidas contra nosotros. La tarea del socialismo consiste en destruir las clases. En las primeras filas de la clase explotadora están los grandes terratenientes y los capitalistas industriales. Aquí el trabajo de destrucción es bastante fácil y puede llevarse a cabo en unos pocos meses, a veces incluso en unas semanas o días. Nosotros en Rusia expropiamos a nuestros explotadores, a los grandes terratenientes, lo mismo que a los capitalistas. Durante la guerra ellos no tenían su propia organización y actuaban sólo como lacayos de las fuerzas militares de la burguesía internacional. Ahora, después de que hemos rechazado la ofensiva de la contrarrevolución internacional, se ha formado una organización en el extranjero de la burguesía rusa y de todos los partidos contrarrevolucionarios rusos. Se puede calcular el número de emigrados rusos, que se han dispersado por todos los países extranjeros, en un millón y medio o dos millones. Casi en cada país publican diarios, y todos los partidos, terratenientes y pequeño-burgueses, sin excluir a los socialistas-revolucionarios y mencheviques, tienen numerosos vínculos con elementos burgueses extranjeros, es decir, reciben suficiente dinero para tener su propia prensa; podemos observar en el extranjero el trabajo conjunto de todos sin excepción nuestros antiguos partidos políticos, y vemos cómo la prensa rusa “libre” en el extranjero, desde los socialistas-revolucionarios y mencheviques hasta los monárquicos más reaccionarios, defiende la gran propiedad territorial. Esto, hasta cierto punto, facilita nuestra tarea, porque podemos observar más fácilmente las fuerzas del enemigo, su organización y las corrientes políticas en su campo. Por otra parte, esto, por supuesto, dificulta nuestro trabajo, porque estos emigrados contrarrevolucionarios rusos utilizan todos los medios para preparar la lucha contra nosotros. Esta lucha

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demuestra de nuevo que, en general y en conjunto, el instinto de clase y la conciencia de clase de las clases dominantes siguen estando por encima de la autoconciencia de las clases oprimidas, a pesar de que la revolución rusa ha hecho más a este respecto que todas las revoluciones anteriores. En Rusia no hay una sola aldea donde el pueblo, donde los oprimidos no hayan sido sacudidos. A pesar de esto, si valoramos fríamente la organización y la claridad política de las concepciones de la emigración contrarrevolucionaria rusa que vive en el extranjero, nos convenceremos de que la conciencia de clase de la burguesía sigue siendo más elevada que la conciencia de clase de los explotados y oprimidos. Estas personas hacen todo tipo de intentos, aprovechan hábilmente cada ocasión para, de una u otra forma, atacar a la Rusia Soviética y desmembrarla. Sería muy aleccionador – y creo que los camaradas extranjeros lo harán – seguir sistemáticamente las tendencias más importantes, los procedimientos tácticos más importantes, las corrientes más importantes de esta contrarrevolución rusa. Trabaja, principalmente, en el extranjero, y a los camaradas extranjeros no les será especialmente difícil seguir este movimiento. En algunos aspectos debemos aprender de este enemigo. Estos emigrados contrarrevolucionarios están muy informados, magníficamente organizados, son buenos estrategas, y creo que la comparación sistemática, el estudio sistemático de cómo se organizan y cómo utilizan tal o cual ocasión, puede ejercer un fuerte impacto sobre la clase obrera desde el punto de vista de la propaganda. No es teoría general, es política práctica, y aquí se ve lo que el enemigo ha aprendido. La burguesía rusa ha sufrido una terrible derrota en los últimos años. Existe un viejo dicho alado acerca de que un ejército derrotado aprende mucho 27. El ejército reaccionario derrotado ha aprendido mucho, ha aprendido magníficamente. Aprende con avidez suma, y realmente ha logrado grandes éxitos. En el momento en que nosotros, con un solo asalto, tomamos el poder, la burguesía rusa estaba desorganizada, políticamente subdesarrollada. Ahora, creo, está a la altura del desarrollo

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contemporáneo de Europa Occidental. Debemos contar con esto, debemos mejorar nuestras propias organizaciones y métodos, y lo lograremos con todas nuestras fuerzas. Nos fue relativamente fácil, y creo que también para otras revoluciones será fácil arreglárselas con estas dos clases explotadoras.

Pero además de esta clase de explotadores, casi en todos los países capitalistas – quizás con la excepción de Inglaterra – existe la clase de los pequeños productores y pequeños agricultores. La cuestión principal de la revolución reside ahora en la lucha contra estas dos últimas clases. Para liberarse de ellas, hay que aplicar otros métodos que en la lucha contra los grandes terratenientes y capitalistas. A estas dos últimas clases pudimos simplemente expropiarlas y expulsarlas – lo que hicimos. Pero con las últimas clases capitalistas, con los pequeños productores y con los pequeños burgueses, que existen en todos los países, no podemos proceder de manera semejante. En la mayoría de los países capitalistas estas clases representan una minoría muy fuerte, aproximadamente del 30 al 45% de la población. Si les añadimos el elemento pequeño-burgués de la clase obrera, resultará incluso más del 50%. No se las puede expropiar o expulsar – aquí la lucha debe librarse de otro modo. La importancia del período que comienza ahora en Rusia, desde el punto de vista internacional – si consideramos la revolución internacional como un proceso único – consiste esencialmente en que prácticamente debemos resolver la cuestión de las relaciones del proletariado con la última clase capitalista en Rusia. Teóricamente, todos los marxistas han resuelto bien y fácilmente esta cuestión; pero teoría y práctica son dos cosas distintas, y resolver esta cuestión práctica o teóricamente no es en absoluto lo mismo. Sabemos con certeza que cometimos grandes errores. Desde el punto de vista internacional representa un progreso enorme que nos esforcemos por determinar la relación del proletariado que tiene en sus manos el poder estatal con la última clase capitalista, con la base más profunda

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del capitalismo, con la pequeña propiedad, con el pequeño productor. Esta cuestión se ha planteado ahora prácticamente ante nosotros. Creo que podremos resolver esta tarea. En todo caso, la experiencia que estamos realizando será útil para las futuras revoluciones proletarias, y sabrán prepararse técnicamente mejor para resolver esta cuestión.

He intentado analizar en mis tesis la cuestión de las relaciones del proletariado con el campesinado. Por primera vez en la historia existe un Estado en el que hay sólo estas dos clases, sólo el proletariado y el campesinado. Este último constituye la inmensa mayoría de la población. Es, por supuesto, muy atrasado. ¿Cómo se expresa prácticamente en el desarrollo de la revolución la relación del proletariado, que tiene el poder en sus manos, con el campesinado? La primera forma es la alianza, la alianza estrecha. Esta es una tarea muy difícil, pero, en todo caso, económica y políticamente posible.

¿Cómo hemos abordado prácticamente esta cuestión? Hemos concertado una alianza con el campesinado. Entendemos esta alianza así: el proletariado libera al campesinado de la explotación de la burguesía, de su dirección e influencia y lo atrae hacia sí, para vencer juntos a los explotadores.

Los mencheviques razonan así: el campesinado constituye la mayoría, somos demócratas puros, por tanto, la mayoría debe decidir. Pero como el campesinado no puede ser independiente, prácticamente esto no significa otra cosa que la restauración del capitalismo. La consigna es la misma: alianza con los campesinos. Cuando nosotros hablamos de ello, entendemos con ello el fortalecimiento y la consolidación del proletariado. Intentamos realizar esta alianza entre el proletariado y el campesinado, siendo el primer paso la alianza militar. La guerra civil de tres años creó enormes dificultades, pero, en cierto sentido, facilitó nuestra tarea. Esto quizás suene extraño, pero es así. La guerra no fue algo nuevo para los campesinos; la guerra contra los explotadores, contra los grandes terratenientes, les era perfectamente comprensible. Inmensas masas de campesinos estaban

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de nuestra parte. A pesar de las enormes distancias, a pesar de que la mayoría de nuestros campesinos no sabe leer ni escribir, nuestra propaganda era acogida por ellos con mucha facilidad. Esto es una prueba de que las amplias masas – como también en los países más avanzados – aprenden mucho más fácilmente con su propia experiencia práctica que de los libros. En nuestro caso, la experiencia práctica para el campesinado se facilitó aún porque Rusia es tan excepcionalmente grande y porque diferentes partes de ella podían vivir al mismo tiempo diferentes etapas de desarrollo.

En Siberia y en Ucrania la contrarrevolución pudo vencer temporalmente, porque la burguesía tenía allí al campesinado de su parte, porque los campesinos estaban contra nosotros. Los campesinos decían a menudo: “Somos bolcheviques, pero no comunistas. Estamos por los bolcheviques, porque expulsaron a los terratenientes, pero no estamos por los comunistas, porque ellos están contra la economía individual”. Y durante algún tiempo la contrarrevolución pudo vencer en Siberia y Ucrania, porque la burguesía tuvo éxito en la lucha por la influencia entre los campesinos; pero bastó un período muy breve para abrir los ojos a los campesinos. En poco tiempo acumularon experiencia práctica y pronto dijeron: “Sí, los bolcheviques son personas bastante desagradables; no nos gustan, pero aun así son mejores que los guardias blancos y la Asamblea Constituyente”. “Asambleíta Constituyente” es para ellos una palabra ofensiva. No sólo para los comunistas desarrollados, sino también para los campesinos. Saben por la vida práctica que la Asamblea Constituyente y la guardia blanca significan lo mismo, que a la primera le sigue inevitablemente la segunda. Los mencheviques también utilizan el hecho de la alianza militar con el campesinado, pero no piensan en que esta sola alianza es insuficiente. La alianza militar no puede existir sin una alianza económica. No vivimos del aire; nuestra alianza con los campesinos no podría haberse mantenido mucho tiempo sin un fundamento económico, que fue la base de nuestra victoria en la guerra contra nuestra burguesía: pues nuestra burguesía se unió con toda la burguesía internacional.

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La base de esta alianza económica entre nosotros y el campesinado era, por supuesto, muy simple, incluso burda. El campesino recibió de nosotros toda la tierra y apoyo contra la gran propiedad territorial. Nosotros debíamos obtener a cambio los alimentos. Esta alianza era algo completamente nuevo y se basaba no en las relaciones habituales entre productores de mercancías y consumidores. Nuestros campesinos lo entendían mucho mejor que los héroes de la II y II½ Internacionales. Se decían a sí mismos: “Estos bolcheviques son dirigentes severos, pero aun así son los nuestros”. Como quiera que sea, creamos así las bases de una nueva alianza económica. Los campesinos daban al Ejército Rojo sus productos y recibían de él apoyo para defender sus posesiones. Esto lo olvidan siempre los héroes de la II Internacional, quienes, como Otto Bauer, no comprenden en absoluto la situación real. Confesamos que la forma inicial de la alianza era muy primitiva y que cometimos muchos errores. Pero debíamos actuar con la mayor rapidez posible, debíamos a toda costa organizar el abastecimiento del ejército. Durante la guerra civil estuvimos aislados de todas las regiones cerealeras de Rusia. Nuestra situación era terrible, y parece casi un milagro que el pueblo ruso y la clase obrera pudieran soportar tantos sufrimientos, penurias y privaciones, no teniendo nada más que un incansable afán de victoria. (Viva aprobación y aplausos.)

Al terminar la guerra civil, nuestra tarea se volvió, en todo caso, distinta. Si el país no hubiera estado tan arruinado como lo estuvo después de siete años de guerra ininterrumpida, quizás hubiera sido posible una transición más fácil a la nueva forma de alianza entre el proletariado y el campesinado. Pero las ya de por sí duras condiciones del país se complicaron aún con la mala cosecha, la falta de forraje, etc. Las privaciones de los campesinos se volvieron por ello insoportables. Debíamos mostrar inmediatamente a las amplias masas del campesinado que estábamos dispuestos, sin apartarnos en absoluto del camino revolucionario, a cambiar nuestra política en el sentido de que los campesinos pudieran

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decirse a sí mismos: los bolcheviques quieren mejorar inmediata y a toda costa nuestra insoportable situación.

Así, se produjo el cambio de nuestra política económica: en lugar de la requisa apareció el impuesto en especie. Esto no se ideó de inmediato. En la prensa bolchevique pueden encontrarse, a lo largo de meses, una serie de propuestas, pero no se ideó el proyecto que realmente prometiera éxito. Pero esto no es importante. Importante es el hecho de que realizamos el cambio de nuestra política económica obedeciendo exclusivamente a las circunstancias prácticas y a la necesidad que emanaba de la situación. La mala cosecha, la falta de forraje, la escasez de combustible – todo esto tiene, por supuesto, una influencia decisiva en la economía en su conjunto, incluida la economía campesina. Si el campesinado se declara en huelga, no obtendremos leña. Y si no obtenemos leña, las fábricas se verán obligadas a parar. La crisis económica, debido a la enorme mala cosecha y la falta de forraje, alcanzó así, en la primavera de 1921, dimensiones gigantescas. Todo esto fue consecuencia de la guerra civil de tres años. Convenía mostrar al campesinado que podemos y queremos cambiar rápidamente nuestra política para aliviar inmediatamente su penuria. Decimos constantemente – en el II Congreso también se dijo esto – que la revolución exige sacrificios. Hay camaradas que argumentan en su propaganda del siguiente modo: estamos dispuestos a hacer la revolución, pero no debe ser demasiado dura. Si no me equivoco, esta posición fue expresada por el camarada Šmeral en su discurso en el congreso del partido checoslovaco 28. Leí sobre ello en el informe del “Vorwärts” de Reichenberg. Allí hay, al parecer, un ala ligeramente izquierdista. Esta fuente, por tanto, no puede considerarse completamente imparcial. En todo caso, debo declarar que si Šmeral dijo esto, está equivocado. Algunos oradores que intervinieron en el mencionado congreso después de Šmeral dijeron: “Sí, iremos con Šmeral, pues nos libraremos así de la guerra civil”. (Risas.) Si todo esto es cierto, debo declarar que tal agitación no es comunista ni revolucionaria. Es natural que cada

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revolución acarree enormes sacrificios para la clase que la realiza. La revolución se diferencia de la lucha ordinaria en que en el movimiento participan diez, cien veces más personas, y en este sentido cada revolución significa sacrificios no sólo para individuos particulares, sino también para toda una clase. La dictadura del proletariado en Rusia ha acarreado tales sacrificios, tal penuria y tales privaciones para la clase dominante, para el proletariado, como nunca conoció la historia, y es muy probable que también en cualquier otro país ocurra exactamente lo mismo.

Surge la pregunta: ¿cómo distribuiremos estas privaciones? Somos el poder estatal. Hasta cierto punto, estamos en condiciones de distribuir las privaciones, imponerlas a varias clases y, así, aliviar relativamente la situación de capas particulares de la población. ¿Según qué principio debemos actuar? ¿Según el principio de justicia o de mayoría? No. Debemos actuar de manera práctica. Debemos hacer la distribución de tal modo que se conserve el poder del proletariado. Este es nuestro único principio. Al comienzo de la revolución, la clase obrera se vio obligada a soportar una necesidad increíble. Constato ahora que nuestra política alimentaria logra año tras año cada vez mayores éxitos. Y en general la situación, indudablemente, ha mejorado. Pero los campesinos sin duda han ganado en la Rusia de la revolución más que la clase obrera. No puede haber ninguna duda al respecto. Desde el punto de vista teórico, esto muestra, por supuesto, que nuestra revolución, en cierta medida, fue burguesa. Cuando Kautsky esgrimía este argumento contra nosotros, nos reíamos. Es natural que sin la expropiación de la gran propiedad territorial, sin la expulsión de los grandes terratenientes y sin el reparto de la tierra, sólo se produce una revolución burguesa, y no socialista. Sin embargo, fuimos el único partido que supo llevar la revolución burguesa hasta el final y facilitar la lucha por la revolución socialista. El poder soviético y el sistema soviético son instituciones del Estado socialista. Ya hemos

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realizado estas instituciones, pero la tarea de la relación económica entre el campesinado y el proletariado aún no está resuelta. Queda mucho por hacer, y el resultado de esta lucha dependerá de si podemos resolver esta tarea o no. Así pues, la distribución de las privaciones es prácticamente una de las tareas más difíciles. En general, se ha producido una mejora en la situación del campesinado, y a la clase obrera le han correspondido graves sufrimientos – y precisamente porque está realizando su dictadura.

Ya he hablado de que la falta de forraje y la mala cosecha engendraron en la primavera de 1921 una terrible penuria en el campesinado, que es entre nosotros la mayoría. Sin buenas relaciones con las masas campesinas no podemos existir. Por ello, nuestra tarea era ayudarlas inmediatamente. La situación de la clase obrera es sumamente grave. Sufre terriblemente. Sin embargo, los elementos políticamente más desarrollados comprenden que debemos, en interés de la dictadura de la clase obrera, hacer el mayor esfuerzo para ayudar al campesinado a cualquier precio. La vanguardia de la clase obrera lo ha comprendido, pero aún hay en ella, en esta vanguardia, personas que no pueden comprenderlo, que están demasiado fatigadas para entenderlo. Vieron en ello un error, comenzaron a usar la palabra oportunismo. Se decía que los bolcheviques ayudan a los campesinos. El campesino, que nos explota, recibe todo lo que le place, mientras el obrero pasa hambre. ¿Acaso es esto oportunismo? Ayudamos a los campesinos por la razón de que sin la alianza con ellos es imposible el poder político del proletariado, es inconcebible su conservación. Precisamente este motivo de conveniencia fue para nosotros decisivo, y no el motivo de la distribución justa. Ayudamos a los campesinos porque es absolutamente necesario para que conservemos el poder político. El principio supremo de la dictadura es el mantenimiento de la alianza del proletariado con el campesinado, para que aquél pueda conservar el papel dirigente y el poder estatal.

El único medio que hemos encontrado para ello fue el paso al impuesto en especie, que fue

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una consecuencia inevitable de la lucha. En el próximo año aplicaremos por primera vez este impuesto. Prácticamente, este principio aún no ha sido probado. De la alianza militar debemos pasar a la alianza económica, y teóricamente la única base de esta última puede ser la introducción del impuesto en especie. En esto reside la única posibilidad teórica de llegar a una base económica realmente sólida de la sociedad socialista. La fábrica socializada da al campesino sus productos, y el campesino da a cambio el pan. Esta es la única forma posible de existencia de la sociedad socialista, la única forma de construcción socialista en un país donde el pequeño campesino constituye la mayoría o, por lo menos, una minoría muy significativa. Una parte el campesino dará en forma de impuesto, y otra a cambio de productos de la fábrica socialista o mediante el intercambio de mercancías.

Aquí llegamos a la cuestión más difícil. El impuesto en especie significa, por supuesto, la libertad de comercio. El campesino tiene derecho, después de cumplir con el impuesto en especie, a intercambiar libremente el resto de su grano. Esta libertad de intercambio significa libertad de capitalismo. Lo decimos abiertamente y lo subrayamos. No lo ocultamos en absoluto. Nuestras cosas irían mal si pretendiéramos ocultarlo. La libertad de comercio significa libertad de capitalismo, pero al mismo tiempo una nueva forma de éste. Esto significa que, hasta cierto punto, creamos de nuevo el capitalismo. Lo hacemos completamente abiertamente. Esto es capitalismo de Estado. Pero el capitalismo de Estado en una sociedad en la que el poder pertenece al capital, y el capitalismo de Estado en un Estado proletario – son dos conceptos distintos. En el Estado capitalista, el capitalismo de Estado significa que es reconocido por el Estado y controlado por éste en beneficio de la burguesía y contra el proletariado. En el Estado proletario se hace lo mismo en beneficio de la clase obrera, con el objetivo de mantenerse en pie contra la burguesía aún fuerte y luchar contra ella. Se comprende por sí mismo que debemos conceder a la burguesía extranjera,

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al capital extranjero, concesiones. Sin la menor desnacionalización, entregamos las minas, los bosques, los yacimientos petrolíferos a capitalistas extranjeros para obtener de ellos productos industriales, máquinas, etc., y así restaurar nuestra propia industria.

En la cuestión del capitalismo de Estado, por supuesto, no estuvimos todos de acuerdo de inmediato. Pero al respecto pudimos constatar con gran alegría que nuestro campesinado se desarrolla, que ha comprendido perfectamente la significación histórica de la lucha que actualmente libramos. Campesinos muy sencillos de lugares remotísimos venían a nosotros y decían: “¿Cómo? A nuestros capitalistas, que hablan ruso, los expulsaron, y ahora vendrán a nosotros capitalistas extranjeros?”. ¿Acaso esto no indica el desarrollo de nuestros campesinos? Al obrero económicamente formado no hace falta explicarle por qué esto es necesario. Con la guerra de siete años estamos tan arruinados que la restauración de nuestra industria requiere muchos años. Debemos pagar por nuestro atraso, por nuestra debilidad, por lo que ahora aprendemos, por lo que debemos aprender. Quien quiere aprender, debe pagar por el estudio. Debemos explicarlo a todos y cada uno, y si lo demostramos prácticamente, las enormes masas de campesinos y obreros estarán de acuerdo con nosotros, pues así mejorará inmediatamente su situación, pues esto asegurará la posibilidad de restaurar nuestra industria. ¿Qué nos obliga a esto? No estamos solos en el mundo. Existimos en el sistema de Estados capitalistas... 29 De un lado están los países coloniales, pero aún no pueden ayudarnos; del otro, los países capitalistas, pero son nuestros enemigos. Resulta un cierto equilibrio, ciertamente, muy malo. Pero debemos contar con este hecho. No debemos cerrar los ojos ante este hecho, si queremos existir. O la victoria inmediata sobre toda la burguesía, o el pago de tributo.

Reconocemos completamente abiertamente, no ocultamos, que las concesiones en el sistema de capitalismo de Estado significan un tributo al capitalismo. Pero ganamos tiempo,

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y ganar tiempo significa ganarlo todo, especialmente en la época de equilibrio, cuando nuestros camaradas extranjeros preparan a fondo su revolución. Y cuanto más a fondo esté preparada, más segura será la victoria. Bueno, y hasta entonces nos veremos obligados a pagar tributo.

Unas palabras sobre nuestra política alimentaria. Fue, indudablemente, primitiva y mala. Pero podemos señalar también los éxitos. En relación con esto, debo subrayar una vez más que la única base económica posible del socialismo es la gran industria maquinizada. Quien olvida esto, no es comunista. Debemos elaborar concretamente esta cuestión. No podemos plantear las cuestiones como lo hacen los teóricos del viejo socialismo. Debemos plantearlas prácticamente. ¿Qué significa la gran industria moderna? Significa la electrificación de toda Rusia. Suecia, Alemania y América están ya cerca de realizarla, aunque son países aún burgueses. Un camarada de Suecia me contó que una parte significativa de la industria está allí electrificada, así como el 30% de la agricultura. En Alemania y en América, como países aún más desarrollados capitalísticamente, nos encontramos con esto en una escala aún mayor. La gran industria maquinizada no significa otra cosa que la electrificación de todo el país. Ya hemos nombrado una comisión especial de los mejores economistas y técnicos. Casi todos ellos, cierto, están en contra del poder soviético. Todos estos especialistas llegarán al comunismo, pero no como nosotros, no a través de veinte años de trabajo clandestino, durante el cual estudiamos, repetimos y rumiamos continuamente el abc del comunismo.

Casi todos los órganos del poder soviético estaban a favor de que fuéramos a los especialistas. Los especialistas-ingenieros vendrán a nosotros cuando les demostremos prácticamente que así se elevan las fuerzas productivas del país. No basta demostrárselo teóricamente. Debemos demostrárselo prácticamente. Y atraeremos a estas personas a nuestro lado si planteamos la cuestión de otro modo, no sobre el terreno de la propaganda teórica del comunismo. Decimos: la gran industria es

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el único medio de salvar al campesinado de la necesidad y el hambre. Con esto todos están de acuerdo. Pero ¿cómo hacerlo? La restauración de la industria sobre la base antigua requiere demasiado trabajo y tiempo. Debemos dar a la industria formas más modernas, a saber: pasar a la electrificación. Requiere considerablemente menos tiempo. Los planes de electrificación ya han sido elaborados por nosotros. Más de 200 especialistas – casi todos, sin excepción, adversarios del poder soviético – trabajaron con interés en ello, aunque no son comunistas. Pero, desde el punto de vista de la ciencia técnica, tuvieron que reconocer que éste es el único camino correcto. Por supuesto, del plan a su realización hay aún mucho trecho. Especialistas prudentes dicen que la primera serie de trabajos requiere no menos de 10 años. El profesor Ballod calculó que para la electrificación de Alemania bastan tres o cuatro años. Para nosotros, incluso diez años son demasiado pocos. En mis tesis aduzco cifras reales para que vean lo poco que hasta ahora hemos podido hacer en este campo. Las cifras que aduzco son hasta tal punto modestas que se comprende de inmediato su significado más propagandístico que científico. Sin embargo, debemos comenzar con la propaganda. El campesino ruso, que participó en la guerra mundial y vivió varios años en Alemania, vio allí cómo hay que dirigir la economía de manera moderna para vencer el hambre. Debemos llevar a cabo una amplia propaganda en este sentido. Estos planes, por sí mismos, tienen poca importancia práctica, pero en cambio su importancia agitadora es muy grande.

El campesino ve que debe crearse algo nuevo. El campesino comprende que en esto debe trabajar no cada uno por su cuenta, sino todo el Estado en su conjunto. En el cautiverio alemán, el campesino vio y supo cuál es la base real de la vida, de la vida cultural. 12 mil kilovatios – un comienzo muy modesto. Quizás un extranjero, familiarizado con la electrificación americana, alemana o sueca, se reirá de esto. Pero ríe bien quien ríe el último. Sí, que sea un comienzo modesto. Pero el campesinado

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empieza a comprender que hay que realizar en gran escala nuevas obras, y ya se inician. Hay que superar enormes dificultades. Intentaremos entablar relaciones con los países capitalistas. No hay que lamentarse de que entreguemos a los capitalistas unos cuantos cientos de millones de kilogramos de petróleo, a condición de que nos ayuden a electrificar nuestro país.

Y ahora, para terminar, unas palabras sobre la “democracia pura”. Cito lo que Engels escribió el 11 de diciembre de 1884 en una carta a Bebel:

“La democracia pura adquiere importancia en el momento de la revolución como último partido burgués, como lo fue ya en Francfort, convirtiéndose en áncora de salvación de toda la economía burguesa, incluso feudal... Así, toda la masa burocrática en 1848, desde marzo hasta septiembre, apoyó a los liberales con el objetivo de reprimir a las masas revolucionarias... En todo caso, en el día de la crisis y al día siguiente, nuestro único adversario será la reacción que se agrupa en torno a la democracia pura, y esta circunstancia, me parece, no debe perderse de vista” 30.

No podemos plantear nuestras cuestiones como lo hacen los teóricos. Toda la reacción en pleno, no sólo la burguesa, sino también la feudal, se agrupa en torno a la “democracia pura”. Los camaradas alemanes saben mejor que otros lo que significa la “democracia pura”, pues Kautsky y demás dirigentes de la II y II½ Internacionales defienden esta “democracia pura” contra los malvados bolcheviques. Si juzgamos a los socialistas-revolucionarios y mencheviques rusos no por sus palabras, sino según sus hechos, resultarán ser no otra cosa que representantes de la “democracia pura” pequeño-burguesa. En nuestra revolución mostraron con pureza clásica, y también durante la última crisis, en los días de la sublevación de Kronstadt, lo que significa la democracia pura. La fermentación en el campesinado era muy fuerte, entre los obreros también reinaba el descontento. Estaban fatigados y agotados. Pues existen límites para las fuerzas humanas. Tres años pasaron hambre,

III CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA
pero no se puede pasar hambre cuatro o cinco años. El hambre, naturalmente, ejerce una enorme influencia sobre la actividad política. ¿Cómo actuaron los socialistas-revolucionarios y mencheviques? Todo el tiempo vacilaban y con ello fortalecían a la burguesía. La organización de todos los partidos rusos en el extranjero ha mostrado cómo están las cosas ahora. Los dirigentes más inteligentes de la gran burguesía rusa se dijeron a sí mismos: “No podemos vencer en Rusia inmediatamente. Por tanto, nuestra consigna debe ser: ‘Soviets sin bolcheviques’”. El líder de los kadetes, Miliukov, defendió el poder soviético contra los socialistas-revolucionarios. Esto suena muy extraño. Pero tal es la dialéctica práctica, que en nuestra revolución estudiamos de modo peculiar: en la práctica de nuestra lucha y de la lucha de nuestros adversarios. Los kadetes defienden “Soviets sin bolcheviques” porque comprenden bien la situación y porque esperan pescar con este anzuelo a una parte de la población. Así hablan los kadetes inteligentes. No todos los kadetes, por supuesto, son inteligentes, pero una parte de ellos es inteligente y ha extraído cierta experiencia de la revolución francesa. La consigna ahora es la siguiente: lucha contra los bolcheviques a cualquier precio, a toda costa. Toda la burguesía ayuda ahora a los mencheviques y socialistas-revolucionarios. Los eseristas y mencheviques son ahora la vanguardia de toda la reacción. Esta primavera tuvimos ocasión de conocer los frutos de esta hermandad contrarrevolucionaria 31.

Por ello, debemos continuar la lucha implacable contra estos elementos. La dictadura es un estado de guerra agudizada. Nos encontramos precisamente en tal estado. En el momento actual no hay invasión militar. Sin embargo, estamos aislados. Pero, por otra parte, no estamos completamente aislados, puesto que toda la burguesía internacional del mundo no está actualmente en condiciones de hacer abiertamente la guerra contra nosotros, pues toda la clase obrera – aunque su mayoría aún no es comunista – está, no obstante, lo suficientemente consciente como para no permitir la intervención. La burguesía tiene que contar con este estado de ánimo de las masas, aunque aún no hayan madurado del todo hasta el comunismo. Por tanto, la burguesía no puede pasar ahora a la ofensiva contra nosotros, aunque esto no está excluido. Mientras no haya

III CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA
un resultado final general, continuará el estado de guerra terrible. Y decimos: “En la guerra procedemos militarmente: no prometemos ninguna libertad ni ninguna democracia”. Declaramos a los campesinos completamente abiertamente que deben escoger: o el poder de los bolcheviques – y entonces haremos toda clase de concesiones hasta aquellos límites en que sea posible conservar el poder, y luego los conduciremos al socialismo – o el poder burgués. Todo lo demás es engaño, pura demagogia. La lucha más encarnizada debe ser declarada a este engaño, a esta demagogia. Nuestro punto de vista es el siguiente: por ahora, grandes concesiones y la máxima cautela, y precisamente porque hay un cierto equilibrio, precisamente porque somos más débiles que nuestros adversarios unidos, porque nuestra base económica es demasiado débil y necesitamos una base económica más fuerte.

Esto es lo que quería decir a los camaradas sobre nuestra táctica, sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia. (Aplausos prolongados.)

El informe de prensa fue impreso el 9 de julio de 1921 en la “Pravda” nº 144
Fue impreso completamente
el 14 de julio de 1921 en el “Boletín
del Tercer Congreso de la Internacional
Comunista” nº 17

Se imprime según el texto del libro

“Tercer Congreso Mundial

de la Internacional Comunista.

Informe taquigráfico”.

Petrogrado, 1922