¡Camaradas! Quisiera contestar, principalmente, al camarada Lazzari. Él ha dicho: «Aportad hechos concretos — no palabras». Magnífico. Pero si seguimos el desarrollo de la tendencia reformista-oportunista en Italia, ¿qué será eso: palabras o hechos? En vuestros discursos y en toda vuestra política pasáis por alto una circunstancia significativa para el movimiento socialista en Italia: que no solo esa tendencia, sino también el grupo oportunista-reformista existe desde hace ya mucho tiempo. Recuerdo muy bien la época en que Bernstein inició su propaganda oportunista, que terminó en el sociopatriotismo, la traición y la bancarrota de la II Internacional. Desde entonces, Turati nos es conocido no solo de nombre, sino por su propaganda en el partido italiano y en el movimiento obrero italiano, del que fue un desorganizador durante los 20 años transcurridos desde entonces. La falta de tiempo me priva de la posibilidad de estudiar a fondo los materiales referentes al partido italiano, pero considero como uno de los documentos más importantes el informe publicado en uno de los periódicos burgueses italianos — no recuerdo si en La Stampa 12 o en el Corriere della Sera 13 — sobre la conferencia de Turati y sus amigos en Reggio Emilia 14. Lo comparé con lo que se publicó en el Avanti! 15. ¿Acaso no es esto una prueba suficiente? Después del II Congreso de la Internacional Comunista, en la polémica con Serrati

III CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA
y sus amigos, les dijimos abierta y exactamente cuál era, a nuestro juicio, la situación. Les declaramos que el partido italiano no podría hacerse comunista mientras tolerara en sus filas a hombres como Turati.
¿Acaso son estos hechos políticos o nuevamente solo palabras? Y cuando, después del II Congreso de la Internacional Comunista, declaramos abiertamente al proletariado italiano: «No entréis en unión con los reformistas, con Turati», y cuando Serrati empezó a publicar en la prensa italiana una serie de artículos contra la Internacional Comunista y convocó una asamblea especial de reformistas 16, ¿acaso todo eso son palabras? Aquello fue más que una escisión, fue ya la creación de un nuevo partido. Había que estar ciego para no verlo. Este documento tiene una importancia decisiva para esta cuestión. Todos los que participaron en la conferencia de Reggio Emilia deben ser expulsados del partido: son mencheviques, no rusos, pero mencheviques italianos. Lazzari dijo: «Nosotros conocemos la psicología del pueblo italiano». Personalmente, no me atrevería a afirmar eso del pueblo ruso, pero no es importante. «Los socialistas italianos comprenden bien el espíritu del pueblo italiano», dijo Lazzari. Es posible, no lo discuto. Pero el menchevismo italiano, si se tienen en cuenta los datos concretos y la obstinada negativa a extirparlo, no les es conocido. Nos vemos obligados a decir: es necesario — por triste que sea — confirmar la resolución de nuestro Comité Ejecutivo. No puede formar parte de la Internacional Comunista un partido que tolere en sus filas a oportunistas y reformistas como Turati.
«¿Por qué cambiar el nombre del partido? — pregunta el camarada Lazzari. — Pues es perfectamente satisfactorio». Pero nosotros no podemos compartir semejante punto de vista. Conocemos la historia de la II Internacional, su caída y su bancarrota. ¿Acaso no conocemos la historia del partido alemán? ¿Y acaso no sabemos que la mayor desgracia del movimiento obrero en Alemania fue el no haber llevado a cabo la ruptura antes de la guerra? Esto costó la vida a 20.000 obreros

entregados por los scheidemannianos y los centristas al gobierno alemán debido a sus polémicas y quejas contra los comunistas alemanes 17.
¿Y acaso ahora no vemos el mismo cuadro ante nosotros en Italia? El partido italiano nunca fue verdaderamente revolucionario. Su mayor desgracia consiste en que no rompió con los mencheviques y los reformistas antes de la guerra y en que estos últimos continuaron en el partido. El camarada Lazzari dice: «Reconocemos plenamente la necesidad de romper con los reformistas; la única discrepancia consiste solo en que no creímos necesario realizarlo en el Congreso de Livorno». Pero los hechos dicen otra cosa. No es la primera vez que discutimos la cuestión del reformismo italiano. El año pasado, polemizando sobre esto con Serrati, le preguntamos: «Perdonad, pero ¿por qué la escisión en el partido italiano no puede realizarse inmediatamente, por qué debe ser aplazada?». ¿Qué nos respondió Serrati a esto? Nada. Y, citando el artículo de Frossard, en el que se dice que «es necesario ser hábil e inteligente», el camarada Lazzari ve aquí, evidentemente, un argumento a su favor y contra nosotros. Creo que se equivoca. Por el contrario, es un excelente argumento a nuestro favor y contra el camarada Lazzari. Cuando se vea obligado a explicar a los obreros italianos su conducta y su salida, ¿qué dirán estos? Si reconocen nuestra táctica como inteligente y hábil en comparación con los zigzags de la supuesta izquierda comunista — esa izquierda que no siempre es ni siquiera simplemente comunista, recordando mucho más a menudo el anarquismo —, ¿qué les responderéis?
¿Qué significan todos los cuentos de Serrati y de su partido sobre que los rusos solo desean que se les imite? Nosotros exigimos precisamente lo contrario. No basta saber de memoria las resoluciones comunistas y emplear a cada paso giros revolucionarios. Eso es poco, y estamos de antemano contra los comunistas que se saben de memoria tal o cual resolución. La primera condición del verdadero comunismo es la ruptura con el oportunismo. Con aquellos comunistas que suscriban esto, hablaremos con toda libertad y franqueza

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y con pleno derecho y valor les diremos: «No hagáis tonterías; sed inteligentes y hábiles». Pero así hablaremos solo con aquellos comunistas que hayan roto con los oportunistas, lo cual no puede decirse aún de vosotros. Y por eso repito: espero que el congreso apruebe la resolución del Comité Ejecutivo. El camarada Lazzari dijo: «Nos encontramos en un período preparatorio». Es la pura verdad. Os encontráis en un período preparatorio. La primera etapa de este período es la ruptura con los mencheviques, semejante a la que nosotros mismos realizamos en 1903 con nuestros mencheviques. Y del hecho de que el partido alemán no rompiera con los mencheviques, sufre toda la clase obrera alemana durante el largo y fatigoso período de posguerra en la historia de la revolución alemana.
El camarada Lazzari dice que el partido italiano atraviesa un período preparatorio. Lo reconozco plenamente. Y la primera etapa es una ruptura seria, definitiva, inequívoca y resuelta con el reformismo. Entonces las masas se pondrán completamente del lado del comunismo. La segunda etapa no consistirá en absoluto en la repetición de consignas revolucionarias. Consistirá en la adopción de nuestras resoluciones inteligentes y hábiles, que siempre serán tales y siempre repetirán: los principios revolucionarios fundamentales deben ser adaptados a las peculiaridades de los diferentes países.
La revolución en Italia se desarrollará de manera distinta que en Rusia. Comenzará de otra forma. ¿De qué manera exactamente? Ni vosotros ni nosotros lo sabemos. Los comunistas italianos no siempre son en suficiente medida comunistas. Durante la ocupación de las fábricas en Italia, ¿se manifestó allí siquiera un comunista? 18 No, el comunismo no existía aún entonces en Italia; se puede hablar de cierto anarquismo, pero en modo alguno de comunismo marxista. Este último solo debe ser creado, inculcado a las masas obreras mediante la experiencia de la lucha revolucionaria. Y el primer paso en este camino es la ruptura definitiva con los mencheviques, que durante más de 20 años colaboraron y trabajaron con el gobierno burgués. Puede muy bien ser que Modigliani, a quien tuve ocasión de

observar un poco en las conferencias de Zimmerwald y de Kienthal, sea un político lo suficientemente hábil para no entrar en el gobierno burgués, sino permanecer en el centro del partido socialista, donde puede ser mucho más útil a la burguesía. Pero ya toda la posición teórica, toda la propaganda, toda la agitación del grupo de Turati y sus amigos es colaboración con la burguesía. ¿Acaso no está probado esto por las numerosas citas aducidas en el discurso de Gennari? Sí, ese es el frente único que ya preparó Turati. Por eso debo decir al camarada Lazzari: con discursos como el vuestro y el que pronunció aquí el camarada Serrati, la revolución no se prepara, sino que se desorganiza. (Gritos: «¡Bravo!». Aplausos.)
En Livorno teníais una considerable mayoría. Teníais 98.000 votos contra 14.000 reformistas y 58.000 comunistas. Para el comienzo de un movimiento puramente comunista en un país como Italia, con sus conocidas tradiciones, sin una preparación suficiente de la escisión, el número indicado significa para los comunistas un gran éxito.
Es una gran victoria, una prueba palpable que ilustra el hecho de que el movimiento obrero en Italia se desarrollará más rápidamente que nuestro movimiento en Rusia, porque si conocéis las cifras relativas a nuestro movimiento, sabréis que en febrero de 1917, después de la caída del zarismo y durante la república burguesa, éramos todavía minoría con respecto a los mencheviques. Así era después de 15 años de lucha encarnizada y de escisiones. En nuestro país el ala derecha no se desarrolló, y eso no fue tan simple como pensáis al hablar de Rusia en tono despectivo. Indudablemente, en Italia el desarrollo se producirá de manera completamente distinta. Después de 15 años de lucha contra los mencheviques y después de la caída del zarismo, nosotros comenzamos a trabajar con un número mucho menor de partidarios. Vosotros tenéis 58.000 obreros de orientación comunista contra 98.000 centristas unidos, que ocupan una posición indefinida. Esto es una prueba, un hecho que debe convencer sin duda a todos aquellos que no quieran cerrar

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los ojos ante el movimiento de masas de los obreros italianos. No todo llega de inmediato. Pero esto sirve ya como prueba de que detrás de nosotros están las masas obreras — no los viejos dirigentes, no los burócratas, no los profesores, no los periodistas, sino la clase realmente explotada, la vanguardia de los explotados. Y esto es un indicador del gran error que cometisteis en Livorno. Es un hecho. Disponíais de 98.000 votos, pero preferisteis iros con los 14.000 reformistas contra 58.000 comunistas. Incluso si esos comunistas no fueran verdaderos comunistas, si fueran solo partidarios de Bordiga — lo cual no es verdad, ya que Bordiga, después del II Congreso, declaró con toda lealtad que renunciaba a todo anarquismo y antiparlamentarismo —, debíais haberos ido con ellos. ¿Qué hicisteis? Preferisteis la unión con 14.000 reformistas y la ruptura con 58.000 comunistas, y esta es la mejor prueba de que la política de Serrati fue una desgracia para Italia. Nunca quisimos que Serrati imitara en Italia la revolución rusa. Eso habría sido una estupidez. Tenemos suficiente inteligencia y flexibilidad para evitar esa estupidez. Pero Serrati demostró que se equivocó en su política en Italia. Quizá debía maniobrar. Esa es la expresión que aquí hace un año repetía con mayor frecuencia. Decía: «Sabemos maniobrar, no queremos una imitación servil. Eso sería una idiotez. Debemos maniobrar para provocar la separación del oportunismo. Vosotros, los rusos, no sabéis hacerlo. Nosotros, los italianos, somos más capaces en este aspecto. Ya veremos». ¿Y qué vimos? Serrati maniobró magníficamente. Rompió con 58.000 comunistas. Y ahora los camaradas vienen aquí y dicen: «Si nos rechazáis, las masas se confundirán». No, camaradas, os equivocáis. Las masas obreras en Italia están confundidas ahora, y les hará bien si les decimos: «Escoged, camaradas, escoged, obreros italianos, entre la Internacional Comunista, que nunca exigirá que imitéis servilmente a los rusos, y los mencheviques, a quienes

conocemos desde hace 20 años y a quienes nunca toleraremos como vecinos en la verdadera Internacional Comunista revolucionaria». Eso diremos a los obreros italianos. El resultado no ofrece dudas. Las masas obreras nos seguirán. (Aprobación tumultuosa.)

El informe del periódico fue impreso el 1 de julio de 1921 en la Pravda, núm. 141, y en las Izvestia del VTsIK, núm. 141. Fue impreso íntegramente el 4 de julio de 1921 en el Boletín del Tercer Congreso de la Internacional Comunista, núm. 8. Se imprime según el texto del libro «Tercer Congreso Mundial de la Internacional Comunista. Informe estenográfico». Petrogrado, 1922.