INFORME SOBRE EL IMPUESTO EN ESPECIE  

26 DE MAYO  
Camaradas, tuve que tratar la cuestión del impuesto en especie para el partido en un folleto que, supongo, es conocido por la mayoría de los presentes *. Para mí personalmente, la inclusión de esta cuestión en el orden del día de la conferencia del partido fue inesperada en el sentido de que yo no disponía personalmente de materiales sobre la necesidad de tal planteamiento, pero muchos de los camaradas que estuvieron en las localidades, en particular el camarada Osinsky, después de su viaje por varias provincias, informaron al Comité Central –y esto fue apoyado por varios otros camaradas– de que en las localidades la política determinada en relación con el impuesto en especie permanece en gran medida sin aclarar, e incluso en parte sin comprender. Y dada la excepcional importancia de esta política, una discusión adicional en la conferencia del partido parecía tan necesaria que se decidió convocar la conferencia antes de lo previsto.  
Ustedes saben que en el Comité Central decidimos dividir el informe sobre esta cuestión en 4 partes, para que intervinieran 4 ponentes: sobre la cuestión del trabajo de la cooperación, Kamenev; sobre la pequeña industria, Miliutin; sobre los cálculos y previsiones exactos del Comisariado del Pueblo de Abastecimiento y los pasos organizativos relacionados con ello, el camarada Svidersky. Aquí tienen una importancia especial la instrucción y el reglamento sobre el sistema de impuestos, que en parte  

* Véase el presente volumen, págs. 205-245. Red.  

han sido aprobados por el Consejo de Comisarios del Pueblo, y en parte deben ser aprobados en el futuro inmediato. Y, finalmente, el cuarto ponente debe ser el camarada Jinchuk, que ahora está completamente liberado del trabajo en el Comisariado del Pueblo de Abastecimiento para concentrarse por entero en el trabajo de cooperación, como presidente del Centrosoyuz.  
Se decidió adoptar como principio fundamental que el intercambio de mercancías lo realizara el Comisariado del Pueblo de Abastecimiento, preferentemente, e incluso principalmente, a través del Centrosoyuz, a través de la cooperación. Y en el acuerdo entre el Comisariado del Pueblo de Abastecimiento y el Centrosoyuz debemos formalizar estas relaciones, que cristalizaron en forma de acuerdo. En este acuerdo consta que todos los productos disponibles para el intercambio de mercancías, el Comisariado del Pueblo de Abastecimiento los transfiere al Centrosoyuz. De ahí que el papel del Centrosoyuz sea comprensible y no sea necesario detenerse en ello en detalle. Así pues, a mí me corresponde hacer una introducción sobre la cuestión del significado general de esta política, y quisiera limitarme solo a pequeñas adiciones a lo que ya he dicho en el folleto. Sobre cómo se plantea exactamente la cuestión ahora en las localidades, qué deficiencias, carencias y falta de claridad se sienten más en las localidades, no estoy directamente informado al respecto. Probablemente tendré que dar explicaciones adicionales cuando, a partir de las preguntas planteadas en la conferencia o de los debates posteriores, se aclare hacia qué lado debe dirigirse ahora la atención de los trabajadores locales y del partido.  
Por lo que he podido ver, los malentendidos y la falta de claridad en la comprensión de las tareas políticas en relación con el impuesto en especie y la nueva política económica están vinculados, quizás, con las exageraciones de uno u otro lado del asunto. Pero este tipo de exageraciones son completamente inevitables mientras no pongamos el asunto en práctica, y difícilmente sea posible, antes de que llevemos a cabo al menos una campaña de aprovisionamiento sobre las nuevas bases, elaborar con cierta precisión los límites reales de aplicación de unas u otras particularidades de esta política. Solo me detendré en líneas generales en algunas contradicciones que, según he podido juzgar por algunas notas presentadas en la reunión, suscitaron la mayoría  

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de los malentendidos. A menudo se interpreta el impuesto en especie y los cambios relacionados en nuestra política como un viraje radical en ella. No es de extrañar que esta interpretación sea inflada con ahínco por la prensa contrarrevolucionaria extranjera, principalmente eserista y menchevique. Pero no sé si por cierta influencia de acciones análogas que se manifiestan también en el territorio de la RSFSR, o por el agudo descontento que se sentía en ciertos círculos y que quizás se siente aún ahora debido al extraordinario empeoramiento de la situación alimentaria, – quizás hasta cierto punto este tipo de perplejidades se extendieron también entre nosotros y crearon una idea en gran medida incorrecta sobre el significado del cambio realizado y el carácter de la nueva política.  
Es natural que, en las condiciones de un enorme predominio de la población campesina, nuestra tarea principal –tanto de la política en general como de la política económica en particular– sea el establecimiento de relaciones determinadas entre la clase obrera y el campesinado. Por primera vez en la historia moderna tenemos que ver con un orden social en el que la clase explotadora ha sido eliminada, pero en el que tenemos dos clases diferentes: la clase obrera y el campesinado. Dado el enorme predominio del campesinado, este predominio no podía dejar de reflejarse en la política económica y en toda la política en general. La cuestión principal para nosotros sigue siendo –y por muchos años inevitablemente seguirá siendo– el correcto establecimiento de las relaciones entre estas dos clases, más correctamente desde el punto de vista de la abolición de las clases. En la fórmula del acuerdo entre la clase obrera y el campesinado se detienen muy a menudo y muy a menudo la utilizan contra nosotros los enemigos del poder soviético, porque por sí misma esta fórmula es completamente indefinida. Por acuerdo entre la clase obrera y el campesinado se puede entender cualquier cosa. Si no se tiene en cuenta que el acuerdo, desde el punto de vista de la clase obrera, solo es admisible, correcto y fundamentalmente posible cuando apoya la dictadura de la clase obrera y es una  

de las medidas dirigidas a la abolición de las clases, entonces la fórmula del acuerdo de la clase obrera con el campesinado sigue siendo, por supuesto, una fórmula que todos los enemigos del poder soviético y todos los enemigos de la dictadura defienden en sus concepciones. ¿De qué manera, en el primer período de nuestra revolución, es decir, ese que ahora se puede considerar aproximadamente que se está realizando, llevar a cabo este acuerdo? ¿De qué manera la dictadura del proletariado, con un enorme predominio de la población campesina, se mantuvo y se consolidó? La causa principal, el motor principal y el determinante principal de nuestro acuerdo fue la guerra civil. La guerra civil, que aunque comenzaba a menudo con la participación en la alianza contra nosotros de los blancos, los eseristas y los mencheviques, cada vez conducía inevitablemente a que todos los elementos eseristas, de la Asamblea Constituyente, mencheviques, resultaran, mediante un golpe de Estado o sin él, relegados a un segundo plano, y al frente de la contrarrevolución blanca aparecieran enteramente los elementos capitalistas y terratenientes. Esto ocurrió tanto en el gobierno de Kolchak y Denikin como en todos los numerosos gobiernos menores e invasiones contra nosotros. Y este fue el factor principal que determinó la forma de la alianza del proletariado con el campesinado. Esta circunstancia nos creó dificultades increíbles por partida doble, pero, por otra parte, nos ahorró las difíciles reflexiones sobre cómo debía realizarse la fórmula de la alianza entre la clase obrera y el campesinado, porque esta fórmula y sus condiciones las prescribían las circunstancias militares con una categoricidad absoluta, sin dejarnos la menor opción.  
Solo la clase obrera podía ejercer la dictadura en la forma que requerían la guerra y las condiciones de esta guerra civil. La participación en ella de los terratenientes unió a la clase obrera y a los campesinos de manera incondicional, sin reservas e irrevocablemente. En este aspecto no hubo vacilaciones políticas internas. Dadas las gigantescas dificultades que teníamos ante nosotros, debido al aislamiento de las principales regiones cerealeras de Rusia, y al hecho de que las dificultades alimentarias  

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se habían llevado al extremo, nuestra política alimentaria no se habría realizado en la práctica sin la requisa de excedentes. Esta requisa significaba no solo la sustracción de los excedentes, que difícilmente podrían haber sido suficientes incluso con una distribución correcta. No puedo detenerme aquí en detalle sobre las irregularidades que acarreaba la requisa. En todo caso, su tarea –la conservación de la industria, aunque fuera en las condiciones del mayor aislamiento de las regiones cerealeras– la requisa la cumplió. Y solo en el contexto militar esto pudo ser más o menos satisfactorio. Tan pronto como realmente y de manera firme liquidamos al enemigo externo –y esto solo hacia 1921 resultó un hecho–, se presentó ante nosotros otra tarea: la tarea de la alianza económica entre la clase obrera y el campesinado. Solo hacia la primavera de 1921 planteamos esta tarea de lleno, y esto ocurrió cuando la mala cosecha de 1920 empeoró la situación del campesinado hasta un grado increíble, cuando por primera vez experimentamos hasta cierto punto vacilaciones políticas internas, vinculadas no con el ataque exterior de los enemigos, sino con la relación entre la clase obrera y el campesinado. Si 1920 nos hubiera dado una cosecha muy buena, o al menos solo buena, si de la requisa de 420 millones de puds hubiéramos recogido 400 millones de puds, podríamos haber cumplido en gran parte nuestro programa industrial, entonces habríamos tenido un cierto fondo para el intercambio de productos industriales urbanos por agrícolas. Obtuvimos lo contrario. Se produjo, en algunos lugares aún más aguda que la crisis alimentaria, una crisis de combustible, una total imposibilidad de satisfacer la economía campesina con productos urbanos. Se produjo una crisis increíblemente aguda de la economía campesina. De estas circunstancias se derivaba que no podíamos permanecer en modo alguno con la antigua política alimentaria. Debíamos poner en el orden del día la cuestión de qué bases económicas de la alianza entre la clase obrera y el campesinado necesitamos inmediatamente, como transición a medidas ulteriores.  

La medida de transición hacia adelante se reduce a preparar el intercambio de productos industriales por productos agrícolas, para lograr un orden en el que el campesino no tuviera que entregar sus productos de otro modo que a cambio de productos urbanos y fabriles, sin que debiera someterse a todas las formas existentes bajo el régimen capitalista. Pero debido a las condiciones económicas, no podíamos ni siquiera pensar en ello. He aquí por qué hemos adoptado esa forma de transición de la que he hablado, a saber: tomar los productos en forma de impuesto sin ningún equivalente y obtener productos adicionales en forma de intercambio de mercancías; pero para ello es necesario disponer de un fondo correspondiente; nuestro fondo es extraordinariamente insignificante, y la posibilidad de completarlo mediante el intercambio de mercancías con el extranjero solo se presenta en este año como consecuencia de una serie de acuerdos con las potencias capitalistas. Es cierto que por ahora son solo una introducción, un preámbulo; el verdadero intercambio de mercancías aún no ha comenzado hasta ahora. El sabotaje y todo tipo de intentos de ruptura de estos acuerdos por parte de la mayoría o de la mayor parte de los círculos capitalistas continúan incesantemente, y lo más característico es que la prensa rusa contrarrevolucionaria, incluida la eserista y menchevique, difícilmente concentra sus fuerzas en otra cosa con más energía y perseverancia que en este acuerdo. Está absolutamente claro que la burguesía está mejor preparada para la lucha, que está más desarrollada que el proletariado, y que su conciencia de clase se ha agudizado aún más con todas las "molestias" que ha tenido que experimentar, y muestra una sensibilidad mucho más elevada de lo normal. Basta con observar la prensa contrarrevolucionaria para ver que golpea precisamente en el punto que es el centro, el nudo de nuestra política.  
Toda la prensa rusa contrarrevolucionaria se propone, tras el fracaso de la invasión militar, que ha fracasado manifiestamente, aunque la lucha aún continúa, – se propone un objetivo irrealizable: hacer fracasar los acuerdos comerciales. La campaña que se emprendió en la primavera de este año en proporciones extraordinariamente intensificadas, en la que los eseristas y los mencheviques  

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ocuparon el primer lugar entre las fuerzas contrarrevolucionarias, esta lucha se llevó a cabo con un objetivo determinado: hacer fracasar en primavera los acuerdos económicos entre Rusia y el mundo capitalista. Y este objetivo les ha salido en gran medida. Es cierto que hemos firmado los acuerdos básicos, el número de estos acuerdos aumenta, y la resistencia que se ha intensificado en este sentido la estamos superando, pero la demora ha resultado muy peligrosa para nosotros, porque sin cierta ayuda del extranjero, la restauración de la gran industria y el restablecimiento de un correcto intercambio de mercancías es imposible, o significa una demora tan peligrosa. He aquí las condiciones en las que debemos actuar, y he aquí las condiciones que han puesto en primer plano la cuestión de la restauración del comercio para los campesinos. No abordaré la cuestión de las concesiones, porque esta cuestión es la que más se ha debatido en las reuniones del partido y últimamente no suscita ninguna perplejidad. La situación sigue siendo la misma: ofrecemos diligentemente concesiones, pero hasta ahora los capitalistas extranjeros no han obtenido ninguna concesión seria, no hemos firmado hasta ahora ningún contrato de concesión sólido. Toda la dificultad consiste en encontrar una forma prácticamente probada de atraer al capital de Europa Occidental.  
Teóricamente es para nosotros completamente indiscutible –y me parece que todas las dudas al respecto se han disipado–, teóricamente, digo, está completamente claro que nos conviene redimirnos del capital europeo con algunas decenas o centenas de millones que podríamos proporcionarle aún para aumentar en el plazo más breve las reservas de equipo, materiales, materias primas, maquinaria para la restauración de nuestra gran industria.  
La base real y única para consolidar los recursos, para crear la sociedad socialista, es una y solo una: la gran industria. Sin la gran fábrica capitalista, sin una gran industria altamente desarrollada, no puede hablarse de socialismo en general, y menos aún  

puede hablarse de él en relación con un país campesino, y nosotros en Rusia sabemos esto mucho más concretamente que antes, y, en lugar de la forma indeterminada o abstracta de restauración de la gran industria, ahora hablamos de un plan concreto, exactamente calculado y específico de electrificación. Tenemos un plan perfectamente calculado, calculado con la ayuda del trabajo de los mejores especialistas y científicos rusos, que nos da una idea determinada de con qué recursos, teniendo en cuenta las peculiaridades naturales de Rusia, podemos, debemos y pondremos esta base de la gran industria bajo nuestra economía. Sin esto no puede hablarse de ningún fundamento realmente socialista de nuestra vida económica. Esto sigue siendo completamente indiscutible, y si últimamente, en relación con el impuesto en especie, se ha hablado de ello en expresiones abstractas, ahora hay que decir concretamente que hay que restaurar ante todo la gran industria. Personalmente me ha tocado oír declaraciones de este tipo de algunos camaradas y, por supuesto, responder a ellas solo con un encogimiento de hombros. Suponer que alguna vez pudiéramos olvidar este objetivo fundamental es, por supuesto, completamente ridículo y absurdo. La cuestión aquí es solo cómo pudieron nacer tales dudas y perplejidades entre los camaradas, cómo pudieron pensar que esta tarea fundamental, principal, sin la cual la base material productiva del socialismo es imposible, que esta tarea hubiera pasado a un segundo plano entre nosotros. Estos camaradas simplemente han entendido mal la correlación entre nuestro Estado y la pequeña industria. Nuestra tarea fundamental es la restauración de la gran industria. Pero para que podamos pasar de manera más o menos seria y sistemática a la restauración de esta gran industria, necesitamos la restauración de la pequeña industria. En este año 1921 y en el año pasado hemos experimentado una enorme interrupción en nuestro trabajo de restauración de la gran industria.  
En el otoño e invierno de 1920 se pusieron en marcha algunas de las ramas importantes de nuestra gran industria,  

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pero hubo que interrumpirlas. ¿Por qué? ¿Por qué? Había muchas fábricas que tenían la posibilidad de abastecerse suficientemente de mano de obra, que tenían la posibilidad de abastecerse de materias primas; ¿por qué se interrumpió el trabajo de estas fábricas? Porque no encontramos un fondo alimentario y de combustible suficiente. Sin tener 400 millones de puds de grano (doy una cifra aproximada) como reserva estatal, asegurada por una distribución mensual correcta, sin esto es difícil hablar de cualquier construcción económica correcta, de la restauración de la gran industria; sin esto nos encontramos en una situación en la que, durante varios meses, el trabajo ya iniciado de restauración de la gran industria se interrumpe de nuevo. La inmensa mayoría de las empresas, de ese reducido número que se pusieron en marcha, ahora están paradas. Sin un fondo alimentario plenamente asegurado y suficiente, no puede hablarse de que el Estado pueda concentrar su atención, pueda plantear sistemáticamente la restauración de la gran industria, plantearla de modo que, aunque sea en dimensiones modestas, esta restauración sea ininterrumpida.  
Y en cuanto al combustible, hasta la restauración del Donbás, hasta que no se obtenga petróleo de forma regular, nos queda de nuevo el bosque, la calefacción con leña, y, por tanto, de nuevo la dependencia de la misma pequeña economía.  
He aquí por qué se produjo el error, el equívoco entre los camaradas que no comprendieron por qué la atención principal en el momento actual debe dirigirse al campesino. Algunos obreros dicen: a los campesinos se les da cierta concesión, y a nosotros no se nos da nada. He tenido que oír tales discursos, y hay que decir que estos discursos, creo, no están demasiado extendidos, porque hay que decir que tales discursos son peligrosos porque se hacen eco del planteamiento de la cuestión por los eseristas; aquí hay una clara provocación política y luego restos de prejuicios gremiales, no de clase, sino profesionalistas de los obreros, cuando la clase obrera se considera a sí misma como  

una parte de la sociedad capitalista con igualdad de derechos y no es consciente de que continúa estando en la misma base capitalista: al campesino se le ha hecho una concesión, se le ha liberado de la requisa, la parte libre de los excedentes se le ha dejado para el intercambio, mientras que nosotros, los obreros, estamos en las máquinas y queremos tener lo mismo.  
¿Qué hay en la base de tal punto de vista? En esencia, la misma ideología pequeñoburguesa. En la medida en que los campesinos entran como parte componente de la sociedad capitalista, la clase obrera sigue siendo también parte componente de esta sociedad. Por consiguiente, si el campesino comercia, entonces nosotros también debemos comerciar. Y aquí los viejos prejuicios que atan al obrero al viejo mundo renacen sin duda. Los defensores más acérrimos e incluso los únicos defensores sinceros del viejo mundo capitalista son los eseristas y los mencheviques. En los demás campos, entre cientos, miles e incluso cientos de miles de defensores sinceros del mundo capitalista, no los encontrará. Pero en el seno de la llamada democracia pura, que representan los eseristas y los mencheviques, allí aún quedan ejemplares tan raros que defienden sinceramente el capitalismo. Y cuanto más obstinadamente defienden su punto de vista, más peligrosa es su influencia sobre la clase obrera. Son tanto más peligrosos en el momento en que la clase obrera tiene que atravesar períodos de interrupción de la producción. La base material principal para el desarrollo de la conciencia de clase proletaria es la gran industria, cuando el obrero ve fábricas trabajando, cuando siente diariamente esa fuerza que realmente podrá abolir las clases.  
Cuando los obreros pierden esta base material productiva bajo sus pies, entonces un estado de desequilibrio, incertidumbre, desesperación, incredulidad se apodera de ciertos sectores de obreros, y en combinación con la provocación directa de nuestra democracia burguesa –los eseristas y los mencheviques– esto produce un efecto determinado. Y entonces aparece una psicología en la que incluso en las filas del partido comunista hay personas que razonan de la siguiente manera: a los campesinos se les ha dado una dádiva,  

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hay que dar también a los obreros sobre esta misma base y con los mismos métodos. Hemos tenido que pagar un cierto tributo a esto. Por supuesto, el decreto sobre la primación de los obreros con una parte de los productos de fábrica es una concesión a esos estados de ánimo que hunden sus raíces en el pasado, que están vinculados con el estado de incredulidad y desesperación. Hasta uno u otro pequeño límite, esta concesión era necesaria. Se ha hecho, pero ni por un segundo hay que olvidar que aquí hemos hecho y hacemos una concesión necesaria no desde el punto de vista de algún otro, sino desde el punto de vista económico, desde el punto de vista de los intereses del proletariado. El interés fundamental y esencial del proletariado es la recreación de la gran industria y de una base económica sólida en ella; entonces consolidará su dictadura, entonces su dictadura, a pesar de todas las dificultades políticas y militares, la llevará hasta el final con seguridad. ¿Por qué debíamos hacer una concesión, y por qué es extremadamente peligroso que se empiece a considerarla más ampliamente de lo necesario? Precisamente porque solo por condiciones temporales y dificultades en las relaciones alimentarias y de combustible nos vimos obligados a emprender este camino.  
Cuando decimos: hay que basar la relación con el campesinado no en la requisa, sino en el impuesto, ¿cuál es el principal determinante económico de esta política? Que bajo la requisa las pequeñas economías campesinas no tienen una base económica correcta y están condenadas a permanecer muertas durante muchos años; la pequeña economía no puede existir ni desarrollarse, porque el pequeño propietario pierde el interés en consolidar y desarrollar su actividad y en aumentar la cantidad de productos, como consecuencia de lo cual nos quedamos sin base económica. No tenemos otra base, no tenemos otra fuente, y sin la concentración en manos del Estado de grandes reservas de alimentos, no puede hablarse de ninguna recreación de la gran industria. Por eso, en primer lugar, aplicamos esta política que modifica nuestras relaciones alimentarias.  
La aplicamos para tener nuestro fondo de recreación de la gran industria, para  

liberar a la clase obrera de todas las interrupciones que la gran industria –incluso la gran industria de nuestra mísera apariencia, si se la compara con los países avanzados– no debe experimentar, para liberar al proletario de la necesidad de recurrir, al buscar medios, a métodos no proletarios, sino especulativos, pequeñoburgueses, que son el mayor peligro económico para nosotros. Debido a las tristes condiciones de nuestra realidad, los proletarios se ven obligados a recurrir a modos de ganarse la vida no proletarios, no vinculados con la gran industria, sino pequeñoburgueses, especulativos, y ya sea mediante hurtos, ya sea mediante la producción privada en la fábrica pública, obtener productos para sí mismos e intercambiar estos productos por productos agrícolas – en esto reside nuestro principal peligro económico, el principal peligro para toda la existencia del régimen soviético. Y ahora el proletariado necesita ejercer su dictadura de modo que se sienta firme como clase, que sienta el suelo bajo sus pies. Pero ese suelo desaparece. En lugar de la gran fábrica maquinista que funciona ininterrumpidamente, el proletario ve otra cosa y se ve obligado a actuar en la esfera económica como especulador o pequeño productor.  
Para liberarlo de esto, en el período de transición no debemos escatimar ningún sacrificio. Para asegurar la restauración ininterrumpida, aunque sea lenta, de la gran industria, no debemos negarnos a hacer dádivas a los capitalistas extranjeros, ávidos de estas dádivas, porque ahora, desde el punto de vista de la construcción del socialismo, es ventajoso pagar de más cientos de millones a los capitalistas extranjeros, pero obtener así las máquinas y materiales para la restauración de la gran industria, que nos restaurarán la base económica del proletariado, lo convertirán en un proletariado sólido, y no en ese proletariado que sigue siendo especulativo. Los mencheviques y eseristas nos han atronado los oídos diciendo que, como el proletariado está desclasado, por lo tanto hay que renunciar a las tareas de la dictadura del proletariado. Gritaron esto desde 1917,  

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y hay que sorprenderse de que no se hayan cansado de repetirlo hasta 1921. Pero cuando oímos estos ataques, no respondemos que no hay desclasamiento, que no hay aspectos negativos, sino que decimos que las condiciones de la realidad rusa e internacional son tales que, incluso cuando el proletariado tiene que atravesar un período de desclasamiento, experimentar estos aspectos negativos, a pesar de estos aspectos negativos, puede cumplir su tarea de conquistar y retener el poder.  
Negar que las condiciones de desclasamiento del proletariado son un aspecto negativo es ridículo, necio y absurdo. Hacia 1921 vimos que, tras el fin de la lucha contra los enemigos externos, el principal peligro, el mayor mal, se convirtió en que no podíamos asegurar el trabajo productivo ininterrumpido en las empresas más grandes, de las que nos quedaban en reducido número. Esto es lo fundamental. Sin esa base económica, la clase obrera no puede tener un poder político sólido. Para asegurar la restauración ininterrumpida de la gran industria, hay que plantear el asunto alimentario de modo que el fondo, digamos, de 400 millones de puds, esté asegurado y distribuido correctamente. Reunirlo mediante la antigua requisa no podríamos hacerlo en absoluto. 1920 y 1921 lo demostraron. Ahora vemos que mediante el impuesto en especie esta tarea, que presenta enormes dificultades, puede cumplirse sin embargo. Con los viejos métodos no cumpliremos esta tarea y debemos preparar nuevos métodos. Podemos resolver esta tarea mediante el impuesto en especie y unas relaciones correctas con el campesino como pequeño productor. Hasta ahora hemos dedicado no poca atención a demostrarlo teóricamente.  
Me parece que, a juzgar por la prensa del partido, por las conversaciones en las reuniones, teóricamente está completamente demostrado que podemos resolver esta tarea conservando en manos del proletariado el transporte, las grandes fábricas, la base económica junto con el poder político. Debemos dar al campesinado un espacio considerable como pequeño productor. Sin el auge de la economía campesina  

no podremos resolver la situación alimentaria.  
He aquí en qué marcos debemos plantear la cuestión del desarrollo de la pequeña industria sobre la base de la libertad de comercio, la libertad de circulación. Esta libertad de circulación es un medio que permite crear entre la clase obrera y el campesinado unas relaciones que sean económicamente estables. Los datos sobre la dimensión de la producción agrícola los tenemos ahora cada vez más precisos. En el congreso del partido se repartió un folleto sobre la producción de cereales, que entonces se distribuyó aún en pruebas de imprenta entre los miembros del congreso. Desde entonces este material se ha recogido y difundido. El folleto en su forma definitiva, aunque ya está entregado a la imprenta, no está listo aún para la conferencia, y no puedo responder si lograrán publicarlo para cuando la conferencia se disuelva. Tomaremos todas las medidas para ello, pero no se puede prometer que se logre publicarlo.  
Es una pequeña parte de los trabajos que hemos realizado para determinar lo más exactamente posible el estado de la producción agrícola, los recursos de que disponemos.  
Sin embargo, se puede decir que hay datos que se reducen a que la tarea económica podemos resolverla perfectamente, especialmente este año, cuando las perspectivas de cosecha no son del todo malas o no tan malas como se podía esperar en primavera; esto nos asegura la posibilidad de reunir el fondo agrícola para dedicarnos por entero a la obra de restauración de la gran industria, aunque sea lenta, pero ininterrumpida.  
Para que la tarea de reunir el fondo alimentario sea resuelta, hay que encontrar formas de relación con el campesino, con el pequeño propietario, y aquí no hay otra forma que el impuesto en especie; nadie ha propuesto otra forma, y no se la puede concebir. Pero hay que resolver esta tarea en la práctica, establecer la corrección del impuesto en especie, aplicarlo no como antes, cuando se tomaba dos y tres veces, dejando al campesino en condiciones mucho peores, de modo que  

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el campesino más esforzado sufría más que nadie, y se perdía toda posibilidad de relaciones económicamente estables. El impuesto en especie, siendo la misma medida de exacción de cada campesino, debe plantearse de otro modo. Sobre la base de los datos recogidos y publicados anteriormente, se puede decir que ahora el impuesto en especie introducirá en este asunto el cambio más importante y decisivo, pero hasta qué punto se logrará conciliar todo, esto sigue siendo hasta cierto punto una cuestión. Pero que debemos dar al campesino una mejora inmediata de su situación, es indudable.  
La tarea se plantea ante los trabajadores locales así: por un lado, aplicar plenamente el impuesto en especie y, por otro, en el plazo más breve posible. La dificultad aumenta porque la cosecha se prevé extraordinariamente temprana este año, y preparándonos desde el punto de vista de los plazos habituales, podemos resultar llegando tarde. He aquí por qué la temprana convocatoria de la conferencia del partido es importante y oportuna. Hay que trabajar con mayor rapidez que antes en la preparación de todo el aparato para la recaudación del impuesto en especie. De la rápida recaudación del impuesto en especie dependen tanto el aseguramiento del Estado con un fondo mínimo de 240 millones de puds como el aseguramiento de la situación del campesinado. Toda demora en la recaudación del impuesto es una cierta restricción para el campesino. La recaudación del impuesto no se realizará voluntariamente, sin coerción no podremos prescindir; la recaudación del impuesto plantea una serie de restricciones para la economía campesina. Si prolongamos esta operación de recaudación del impuesto más de lo debido, el campesino estará descontento y dirá que no obtiene libertad de disposición de los excedentes. Para que la libertad se parezca en la práctica a la libertad, es necesario que la recaudación del impuesto se realice rápidamente, que el recaudador del impuesto no esté mucho tiempo sobre el campesino; y esto se puede lograr acortando el período desde la cosecha hasta la recaudación completa del impuesto.  
Esta es una tarea; la otra consiste en llevar a cabo en la máxima medida posible la libertad de circulación para el campesino y el auge de la pequeña industria, para dar a ese capitalismo que crece  

sobre la base de la pequeña propiedad y el pequeño comercio cierta libertad, no tenerle miedo, porque no nos asusta en absoluto.  
Debido a la coyuntura económica y política general que ahora se ha formado, cuando el proletariado tiene en sus manos todas las fuentes de la gran industria, cuando no puede hablarse de ninguna desnacionalización, no tenemos por qué temerle. Y cuando sufrimos sobre todo de la total falta de productos, de nuestro completo empobrecimiento, es ridículo temer que el capitalismo, sobre la base de la pequeña agricultura industrial, constituya una amenaza. Temer esto significa no tener en cuenta en absoluto la correlación de fuerzas de nuestra economía, significa no comprender en absoluto que la economía campesina, como pequeña economía campesina, sin cierta libertad de circulación y sin las relaciones capitalistas vinculadas a ella, no puede ser estable en modo alguno.  
Esto, camaradas, deben recordarlo firmemente, y nuestra tarea principal consiste en dar en las localidades un impulso en todas partes, dar un máximo de iniciativa y mostrar un máximo de independencia y un máximo de audacia; nos falta en este aspecto hasta ahora el haber temido un alcance algo amplio. No tenemos ninguna experiencia práctica más o menos concretamente preparada, recogida de las localidades, sobre la cuestión de cómo está el asunto en las localidades en cuanto al intercambio de mercancías y la circulación de mercancías, cómo se ha logrado restaurar y desarrollar en alguna medida la pequeña industria, que está en condiciones de aliviar la situación de los campesinos inmediatamente, sin los grandes trabajos que requiere la gran industria y que consisten en el transporte de grandes reservas de alimentos y combustible a los centros industriales. En este aspecto, en las localidades se hace insuficientemente desde el punto de vista económico general. No tenemos estos datos de las localidades, no sabemos cómo está el asunto en toda la república, no tenemos ejemplos de una organización realmente correcta del trabajo, y a mí me queda esa impresión tanto del congreso de los sindicatos como del congreso del Consejo Superior de Economía Nacional 107.  

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El principal defecto de estos congresos es, una vez más, que nos ocupamos más de cosas flojas como tesis, programas generales y razonamientos, y no ocurre que en el congreso la gente realmente comparta la experiencia local, que al irse a las localidades pueda decir: he aquí que de mil ejemplos hemos encontrado uno bueno y lo imitaremos. Y esos buenos ejemplos no los tenemos uno de cada mil, sino muchos más. Pero ese orden de trabajo lo vemos en el menor grado.  
No quiero adelantarme, pero dos palabras quisiera decir no obstante sobre el abastecimiento colectivo de los obreros, es decir, sobre la transición de las cartillas a un orden en el que una cantidad determinada de alimentos se asegura a una empresa determinada, en la medida en que realmente funciona, y proporcionalmente a lo producido. La idea es excelente, pero entre nosotros la han convertido en algo semifantástico. Y un trabajo preparatorio real en esta dirección no lo tenemos todavía. Todavía no tenemos un ejemplo de que en tal o cual distrito, en tal o cual fábrica, aunque sea con un pequeño número de obreros, hayamos aplicado esta medida – y he aquí el resultado. Esto no lo tenemos. Y en esto reside el mayor defecto de todo nuestro trabajo. Debemos repetir incansablemente que, en lugar de las cuestiones generales que eran pertinentes en 1918, es decir, en un tiempo ya lejano, en 1921 necesitamos ocuparnos del planteamiento práctico de la cuestión. Al contar en los congresos en primer lugar sobre dónde tenemos muestras de una buena organización del trabajo, y estas muestras las tenemos suficientes, hacemos obligatorio para los demás ponerse a la altura del ejemplo de lo que se ha logrado prácticamente de mejor en unos pocos lugares raros y excepcionales. Esto es a propósito del trabajo del congreso sindical, pero se refiere también a todos los trabajos de aprovisionamiento.  
Para la preparación de la recaudación del impuesto en especie, del intercambio de mercancías, etc., en un reducido número de lugares se ha hecho bastante. Precisamente eso no hemos sabido estudiarlo, y ahora la gran tarea es elevar la mayoría de las localidades al nivel del mejor ejemplo que existe. A este  

trabajo, al estudio práctico de la experiencia, a la elevación de nuestros distritos y volosts atrasados y medios, que indudablemente están a un nivel completamente insatisfactorio, con un número insignificante de altamente satisfactorios – a este trabajo debemos pasar. La máxima atención debe trasladarse en los congresos, no al estudio de tesis generales y programas de reuniones, sino al estudio de experiencias prácticas, ejemplos satisfactorios y más que satisfactorios, y a la elevación de los lugares atrasados y medios, que predominan, a esos ejemplos raros pero existentes.  
He aquí las observaciones a las que debo limitarme. (Aplausos.)