Su colegiado por la mañana se puso nervioso en vano: usted los azota poco, les deja hablar demasiado.

Y Sviderski ayer hizo el tonto: en lugar de decir «no hay pan, porque no lo traen», se puso a asegurar que «no hay tanta hambre como dicen». Sviderski es un buen muchacho, pero a veces dice disparates.