¿Es la folleto del camarada Trotsky "El papel y las tareas de los sindicatos" una actuación fraccional? ¿Hay en tal actuación, independientemente de su contenido, algo peligroso para el partido? Callar esta cuestión les gusta especialmente (fuera, naturalmente, del camarada Trotsky) a los miembros del MK, que ven la fraccionalidad de los piterburgueses, y al camarada Bujarin, quien, sin embargo, al hablar el 30 de diciembre de 1920 en nombre de la "fracción de amortiguación", se consideró obligado a declarar:

"...cuando el tren tiene cierta inclinación a sufrir un desastre, los amortiguadores ya no son una cosa tan mala" (pág. 45 del informe sobre la discusión del 30 de diciembre de 1920).

Así pues, hay cierta inclinación al desastre. ¿Acaso son concebibles miembros conscientes del partido que estén despreocupados respecto a la cuestión de dónde precisamente, en qué precisamente, cómo precisamente comenzó esta inclinación?

El folleto de Trotsky se abre con la declaración de que "es fruto de un trabajo colectivo"; que participó en su redacción "toda una serie de trabajadores responsables, especialmente profesionalistas (miembros del presidium del VTsSPS, del CC de los metalúrgicos, del Tsektran y otros)"; que es un "folleto-plataforma". Y al final de la tesis nº 4 leemos que "el próximo congreso del partido tendrá que elegir (cursiva de Trotsky) entre dos tendencias en el ámbito del movimiento sindical".

Si esto no es la formación de una fracción por un miembro del CC, si esto no es "cierta inclinación al desastre", que intente explicar al partido el camarada Bujarin o cualquiera de sus correligionarios qué otro sentido tienen las palabras rusas: "fraccionalidad" e "inclinación al desastre" del partido. ¿Puede uno imaginarse un cegamiento más monstruoso que el cegamiento de quienes quieren "hacer de amortiguadores" y cierran los ojos ante tal "inclinación al desastre"?

Pensad solo: después de dos plenos del CC (9 de noviembre y 7 de diciembre), dedicados a una discusión inauditamente detallada, larga y acalorada del borrador inicial de las tesis del camarada Trotsky y de toda la política del partido en los sindicatos defendida por él, un miembro del CC sigue siendo uno de los 19 que se busca un grupo fuera del CC y sale con el "trabajo colectivo" de este grupo como "plataforma", proponiendo al congreso del partido "elegir entre dos tendencias". No hablemos ya de que esta proclamación por el camarada Trotsky precisamente de dos y solo dos tendencias el 25 de diciembre de 1920, aunque Bujarin ya el 9 de noviembre había actuado como "amortiguador", desenmascara claramente el verdadero papel del grupo de Bujarin como cómplice de la peor y más dañina fraccionalidad. Esto es de paso. Pero pregunto a cualquier miembro del partido: ¿semejante embestida y embate a la "elección" entre dos tendencias en el ámbito del movimiento sindical no sorprende por su atolondramiento? ¿No queda uno con los brazos cruzados si después de tres años de dictadura del proletariado pudo encontrarse en el partido al menos un miembro capaz de "embestir" así la cuestión de las dos tendencias en el ámbito del movimiento sindical?

Más aún. Mirad los ataques fraccionales de que está sembrado este folleto. En la primera tesis leemos la formidable "amenaza" contra "algunos trabajadores del movimiento sindical", que son empujados "hacia atrás a posiciones tradeunionistas, hace tiempo liquidadas en principio por el partido" (evidentemente, solo un miembro del CC de 19 representa al partido). En la tesis 8 se condena con solemnidad el "conservadurismo profesionalista en la capa dirigente de los trabajadores sindicales" (¡observad, esta es una atención verdaderamente burocrática centrada en la "capa dirigente"!). En la tesis 11, al principio, una sorprendentemente táctil, convincente, práctica... ¿cómo expresarlo cortésmente?..., "insinuación" de que "la mayoría de los profesionalistas" "formalmente, es decir, de palabra reconocen" las resoluciones del IX Congreso del PCR.

¡He aquí qué jueces autorizados tenemos de que la mayoría (!!) de los profesionalistas reconocen las decisiones del partido de palabra!

En la tesis 12:

"...muchos profesionalistas se pronuncian cada vez más dura e irreconciliablemente contra la perspectiva de la fusión... Entre estos profesionalistas encontramos a los camaradas Tomsky y Lozovsky. Más aún. Defendiéndose de las nuevas tareas y métodos, muchos profesionalistas desarrollan en su seno un espíritu de aislamiento corporativo, de animadversión hacia los nuevos trabajadores atraídos a este ámbito de la economía, y así apoyan de hecho los vestigios del corporativismo gremial entre los trabajadores organizados sindicalmente."

Que el lector relea atentamente estos razonamientos y reflexione bien sobre ellos. La abundancia de "perlas" es sorprendente. En primer lugar, ¡apreciad esta actuación desde el punto de vista de su fraccionalidad! Imaginad qué diría y cómo actuaría Trotsky si Tomsky hubiera publicado una plataforma acusando a Trotsky y a "muchos" trabajadores militares de desarrollar un espíritu de burocratismo, apoyar vestigios de barbarie, etc. ¿Cuál es el "papel" de Bujarin, Preobrazhensky, Serebryakov y otros, que no ven (directamente no se dan cuenta, no notan en absoluto) la dureza y la fraccionalidad aquí, no ven cuánto más fraccional es esto que la actuación de los piterburgueses?

En segundo lugar. Penetrad en este enfoque del asunto: muchos profesionalistas "desarrollan en su seno un espíritu"... Un enfoque completamente burocrático. Todo el asunto, usted verá, consiste en qué "espíritu" desarrollan "en su seno" Tomsky y Lozovsky, y no en absoluto en el nivel de desarrollo y las condiciones de vida de la masa, de los millones.

En tercer lugar. Sin querer, el camarada Trotsky expresó aquí la esencia de toda la disputa, tan cuidadosamente eludida y difuminada tanto por él como por los "amortiguadores" Bujarin y Cía.

¿Consiste la esencia de toda la disputa y la fuente de la lucha en que muchos profesionalistas se defienden de las nuevas tareas y métodos, desarrollando en su seno un espíritu de animadversión hacia los nuevos trabajadores?

¿O en que las masas de trabajadores organizados sindicalmente protestan legítima e inevitablemente y expresan su disposición a arrojar de sí a aquellos nuevos trabajadores que no quieren corregir los extremos innecesarios y perjudiciales del burocratismo?

¿Consiste la esencia de la disputa en que alguien no quiere comprender las "nuevas tareas y métodos"?

¿O en que alguien, con palabrería sobre nuevas tareas y métodos, cubre sin éxito la defensa de ciertos extremos innecesarios y perjudiciales del burocratismo?

Que el lector recuerde esta esencia de toda la disputa.

**Democratismo formal y conveniencia revolucionaria**

"La democracia obrera no conoce fetiches", escribe el camarada Trotsky en sus tesis, que son "fruto de un trabajo colectivo". "Ella solo conoce la conveniencia revolucionaria" (tesis 23).

Con estas tesis del camarada Trotsky ha ocurrido una historia desagradable. Lo que hay de cierto en ellas no solo no es nuevo, sino que se vuelve contra Trotsky. Y lo que hay de nuevo en ellas es enteramente falso.

He citado las afirmaciones ciertas del camarada Trotsky. Se vuelven contra él no solo sobre aquella cuestión (sobre el Glavpolitput) que se toca en la tesis 23, sino también sobre otras cuestiones.

Formalmente, democráticamente, Trotsky tenía derecho a salir con una plataforma fraccional aunque fuera contra todo el CC. Esto es indiscutible. Es indiscutible también que este derecho formal fue confirmado por el CC en su decisión del 24 de diciembre de 1920 sobre la libertad de discusión. Este derecho formal lo reconoce a Trotsky el amortiguador Bujarin, pero no lo reconoce a la organización de Piterburgo —probablemente porque Bujarin llegó el 30 de diciembre de 1920 a hablar de la "consigna sagrada de la democracia obrera" (pág. 45 del informe estenográfico)...

¿Y bien, y la conveniencia revolucionaria?

¿Se encontrará siquiera una persona seria, no cegada por el amor propio fraccional de la fracción "tsektraniana" o "amortiguadora", que, en su sano juicio, encuentre revolucionariamente conveniente una actuación como esta sobre cuestiones del movimiento sindical de un dirigente tan autorizado como Trotsky?

¿Se puede negar que incluso si las "nuevas tareas y métodos" fueran señalados por Trotsky tan altamente correctamente como de hecho están señalados por él enteramente incorrectamente (de lo que hablaré más abajo), con semejante enfoque del asunto ya Trotsky causaría daño a sí mismo, al partido, al movimiento sindical, a la educación de millones de miembros de los sindicatos, y a la república?

El bondadoso Bujarin y su grupo probablemente se llaman a sí mismos "amortiguadores" porque han decidido firmemente no pensar en las obligaciones que impone este título.

**El peligro político de las escisiones en el movimiento sindical**

Todo el mundo sabe que las grandes divergencias crecen a veces a partir de las más pequeñas — incluso insignificantes al principio — discrepancias. Todo el mundo sabe que una herida insignificante o incluso un simple rasguño, de los que cada uno ha recibido decenas en su vida, puede convertirse en una enfermedad peligrosísima, y hasta absolutamente mortal, si la herida comienza a supurar, si se produce una infección de la sangre. Así ocurre en cualquier conflicto, incluso puramente personal. Así ocurre también en política.

Cualquier divergencia, incluso insignificante, puede llegar a ser políticamente peligrosa si existe la posibilidad de que se convierta en un cisma, y además de un tipo de cisma que sea capaz de conmocionar y destruir todo el edificio político, llevando — usando la comparación del camarada Bujarin — al descarrilamiento del tren.

Está claro que en un país que vive la dictadura del proletariado, un cisma dentro del proletariado, o entre el partido proletario y la masa del proletariado, no solo es peligroso, sino lo más peligroso, especialmente si en ese país el proletariado constituye una pequeña minoría de la población. Y los cismas en el movimiento sindical (el cual, como me esforcé en subrayar en mi discurso del 30 de diciembre de 1920, es el movimiento del proletariado organizado casi por completo en sindicatos[22]) significan precisamente cismas en la masa del proletariado.

He aquí por qué, cuando "se armó la marimorena" en la V Conferencia Panrusa de Sindicatos del 2 al 6 de noviembre de 1920 (y se armó precisamente allí), cuando inmediatamente después de esta conferencia… no, me equivoco, durante esta conferencia, se presentó en el Politburó el camarada Tomsky, inusitadamente excitado, y, con el pleno apoyo del equilibradísimo camarada Rudzutak, comenzó a contar cómo el camarada Trotski había hablado en esa conferencia sobre la "remoción" de los sindicatos y cómo él, Tomsky, había polemizado con esto; cuando esto ocurrió, decidí para mí mismo, inmediata e irrevocablemente, que el quid de la disputa está precisamente en la política (es decir, en la política del partido respecto a los sindicatos) y que el camarada Trotski está radicalmente equivocado en esta disputa con su política de "remoción" contra el camarada Tomsky. Pues la política de "remoción", incluso si estuviera parcialmente justificada por "nuevas tareas y métodos" (tesis 12 de Trotski), es una política absolutamente inadmisible en el momento dado y en la situación dada, por cuanto amenaza con un cisma.

Al camarada Trotski le parece ahora que atribuirle la política de "remoción desde arriba" "es una pura caricatura" (L. Trotski: "Respuesta a los camaradas de Petrogrado" en *Pravda* nº 9 del 15 de enero de 1921). Pero la palabrita "remoción" es una verdadera "palabra alada" no solo en el sentido de que, dicha por el camarada Trotski en la V Conferencia Panrusa de Sindicatos, ya ha "volado", por así decirlo, tanto por el partido como por los sindicatos. No. Lamentablemente, sigue siendo cierta aún ahora en un sentido mucho más profundo. A saber: ella sola expresa, en la forma más breve, todo el espíritu, toda la tendencia del folleto-plataforma "El papel y las tareas de los sindicatos". De principio a fin, todo este folleto-plataforma del camarada Trotski está impregnado precisamente del espíritu de la política de "remoción desde arriba". ¡Basta recordar la acusación al camarada Tomsky o a "muchos sindicalistas" de que "desarrollan en su seno un espíritu de animadversión hacia los nuevos trabajadores"!

Pero si en la V Conferencia Panrusa de Sindicatos (2-6 de noviembre de 1920) apenas comenzaba a crearse una atmósfera amenazante de cismas, a principios de diciembre de 1920 el cisma de Tsektran se convirtió en un hecho.

Este acontecimiento es fundamental, principal, radical para valorar la esencia política de nuestras disputas; y los camaradas Trotski y Bujarin se equivocan si piensan que silenciarlo ayudará en algo. El silencio en este caso no "amortigua", sino que aviva la cuestión, porque el problema no solo ha sido puesto en el orden del día por la vida, sino que además ha sido subrayado por el camarada Trotski en su folleto-plataforma. Porque precisamente este folleto, en múltiples pasajes que he citado, especialmente en la tesis 12, plantea la cuestión: ¿el quid está en que "muchos sindicalistas desarrollan en su seno un espíritu de animadversión hacia los nuevos trabajadores", o en que la "animadversión" de las masas es legítima debido a algunos extremismos innecesarios y nocivos del burocratismo, por ejemplo, en Tsektran?

El camarada Zinóviev, en su primer discurso del 30 de diciembre de 1920, con toda razón planteó directamente esta cuestión, diciendo que al cisma habían llevado "los partidarios excesivos del camarada Trotski". ¿Acaso por esto el camarada Bujarin calificó el discurso del camarada Zinóviev de "charla vacua"? Pero de la injusticia de este reproche se convencerá ahora cualquier miembro del partido que lea el acta taquigráfica de la discusión del 30 de diciembre de 1920 y vea que quien cita hechos precisos y se apoya en hechos precisos es precisamente el camarada Zinóviev, mientras que la "verborrea" intelectual sin ningún hecho predomina precisamente en Trotski y Bujarin.

Cuando el camarada Zinóviev dijo: "Tsektran se sostiene sobre pies de barro, ya se ha dividido en tres partes", el camarada Sosnovski lo interrumpió con la exclamación:

"¡Y usted lo fomentó!" (Acta taquigráfica, pág. 15).

Esta acusación es grave. Si estuviera probada, entonces, naturalmente, el culpable de fomentar el cisma aunque fuera de uno solo de los sindicatos no tendría cabida ni en el Comité Central, ni en el partido del PCR, ni en los sindicatos de nuestra república. Afortunadamente, la grave acusación ha sido planteada en forma poco seria por un camarada que, lamentablemente, ya ha dado en más de una ocasión ejemplos de sus "exaltaciones" polémicas poco serias. El camarada Sosnovski incluso a sus excelentes artículos, digamos, en el campo de la propaganda de producción, a veces sabía añadir tal "cucharada de alquitrán" que superaba con creces todos los aspectos positivos de la propia propaganda de producción. Hay naturalezas felices (como, por ejemplo, Bujarin) que, incluso en el mayor ardor de la lucha, son las menos capaces de envenenar sus ataques con veneno; hay naturalezas, no muy felices, que con demasiada frecuencia envenenan sus ataques con veneno. Al camarada Sosnovski le sería útil vigilarse a sí mismo a este respecto, e incluso pedir a sus amigos que lo vigilen.

Pero —se podría decir— la acusación, sin embargo, está formulada. Sea en una forma poco seria, desafortunada, claramente "fraccional". Pero es mejor decir la verdad torpemente que silenciarla, si el asunto es grave.

El asunto es, sin duda, grave, porque aquí, repito, está el clavo de toda la disputa más de lo que se piensa. Y tenemos, afortunadamente, datos suficientemente convincentes y suficientemente objetivos para responder de fondo a la cuestión planteada por el camarada Sosnovski.

En primer lugar. En la misma página del acta taquigráfica leemos la declaración del camarada Zinóviev, quien no solo respondió al camarada Sosnovski: "¡Falso!", sino que además aportó referencias precisas a hechos decisivos. El camarada Zinóviev señaló que el camarada Trotski intentaba plantear (añado por mi cuenta: hallándose claramente en un arrebato fraccional) una acusación no tan parecida a la formulada por el camarada Sosnovski, sino la acusación contra el camarada Zinóviev de que él, Zinóviev, con su intervención en la Conferencia Panrusa de septiembre del PCR, contribuyó al cisma o provocó el cisma. (Acusación, entre paréntesis señalo, inconsistente ya porque la intervención de septiembre de Zinóviev fue en esencia aprobada tanto por el Comité Central como por el partido y nadie la impugnó formalmente jamás.)

Y el camarada Zinóviev respondió que el camarada Rudzutak, en una sesión del Comité Central con las actas en la mano, demostró que "esta cuestión (la cuestión de algunos extremismos innecesarios y nocivos del burocratismo en Tsektran) fue examinada tanto en Siberia como en el Volga, como en el Norte y en el Sur, mucho antes de cualquier intervención mía (es decir, de Zinóviev) y mucho antes de la Conferencia Panrusa".

Esta es una declaración completamente clara, precisa y fáctica. La hizo el camarada Zinóviev en su primer discurso ante miles de los miembros más responsables del PCR, y ni el camarada Trotski, que habló dos veces después de este discurso de Zinóviev, ni el camarada Bujarin, que habló también después de este discurso de Zinóviev, refutaron las indicaciones fácticas de Zinóviev.

En segundo lugar. Una refutación aún más precisa y oficial de la acusación del camarada Sosnovski es la resolución del Pleno del Comité Central del PCR sobre la cuestión del conflicto entre los comunistas del gremio de trabajadores fluviales y la fracción comunista de la conferencia de Tsektran, aprobada el 7 de diciembre de 1920, que figura en la misma acta taquigráfica. La parte de esta resolución dedicada a Tsektran dice:

«En relación con el conflicto entre el Tsektran y los trabajadores del agua, el Comité Central resolvió: 1) Crear en el Tsektran unificado una sección de trabajadores del agua. 2) Convocar en febrero un congreso de ferroviarios y trabajadores del agua, en el cual se realicen elecciones normales para un nuevo Tsektran. 3) Hasta entonces, mantener en funciones la composición anterior del Tsektran. 4) Suprimir inmediatamente el Glavpolitvod y el Glavpolitput, transfiriendo todas sus fuerzas y medios a la organización sindical sobre la base del democratismo normal».

El lector ve aquí que no solo no se trata de condenar a los trabajadores del agua, sino que, por el contrario, se reconoce su razón en todo lo esencial. Mientras tanto, por esta resolución no votó ninguno (excepto Kámenev) de aquellos miembros del CC que firmaron la plataforma común del 14 de enero de 1921 («Sobre el papel y las tareas de los sindicatos». Proyecto de resolución del X Congreso del PCR, presentado al CC por un grupo de miembros del CC y de la comisión sindical. No siendo miembro del CC, pero sí de la comisión sindical, firmó Lozovski; los demás: Tomski, Kalinin, Rudzutak, Zinóview, Stalin, Lenin, Kámenev, Petrovski, Artiom Serguéiev).

Esta resolución se aprobó contra los mencionados miembros del CC, es decir, contra nuestro grupo. Pues nosotros habríamos votado en contra del mantenimiento temporal del antiguo Tsektran. Y la inevitabilidad de la victoria de nuestro grupo obligó a Trotski a votar a favor de la resolución de Bujarin, porque de lo contrario habría pasado nuestra decisión. El camarada Rýkov, que en noviembre estaba con Trotski, participó en diciembre en los trabajos de la comisión sindical para analizar el conflicto entre los trabajadores del agua y el Tsektran, y se convenció de la razón de los trabajadores del agua.

Resultado: la mayoría del Comité Central en diciembre (7 de diciembre) estaba compuesta por los camaradas Trotski, Bujarin, Preobrazhenski, Serebryakov, etc., es decir, miembros del CC de quienes nadie sospecharía parcialidad contra el Tsektran. Y esta mayoría, por la esencia de su decisión, no condenó a los trabajadores del agua, sino al Tsektran, negándose solo a destituirlo de inmediato. Por lo tanto, queda demostrada la inconsistencia de la acusación de Sosnovski.

Para no dejar lugar a confusiones, es necesario tocar otro punto. ¿En qué consistían «algunos extremismos burocráticos innecesarios y perjudiciales», de los que he hablado más de una vez? ¿Fue o es infundada o exagerada esta acusación?

Una vez más: la respuesta la dio el camarada Zinóview en su primer discurso del 30 de diciembre de 1920, y una respuesta que no deja nada que desear en cuanto a precisión. El camarada Zinóview citó un extracto de una orden impresa del camarada Zof sobre el transporte acuático (del 3 de mayo de 1920) con la declaración: «queda abolido el comiteísmo»*. El camarada Zinóview llamó acertadamente a esto un error fundamental. He ahí un ejemplo de extremismo burocrático y de «nombramiento» innecesario y perjudicial. Al mismo tiempo, el camarada Zinóview aclaró de inmediato que hay «camaradas mucho menos probados y menos experimentados» —nombrados— que el camarada Zof. En el Comité Central oí una valoración de Zof como trabajador valiosísimo, y mis observaciones en el Sovoborón confirman plenamente esa valoración. Nadie piensa en socavar la autoridad de tales camaradas ni en convertirlos en «chivos expiatorios» (como sospechó el camarada Trotski en su informe, pág. 25, sin tener la más mínima base para ello). La autoridad de los «nombrados» no la socava quien corrige sus errores, sino quien pretendiera defenderlos incluso cuando cometen errores.

Vemos así que el peligro de escisiones en el movimiento sindical no fue inventado, sino real. Vemos también con claridad en qué consistió exactamente la esencia no exagerada de las divergencias: en la lucha para que algunos extremismos burocráticos innecesarios y perjudiciales y del nombramiento no fueran defendidos ni justificados, sino corregidos. Eso es todo.

Sobre las divergencias de principio

Pero si hay divergencias de principio fundamentales y profundas —podrían decirnos—, ¿acaso no justifican estas incluso las intervenciones más agudas y faccionales? Si hay que decir algo nuevo e incomprensible, ¿no justifica ello a veces incluso la escisión?

Por supuesto que sí, si las divergencias son realmente muy profundas y si no se puede lograr de otro modo la corrección de la orientación incorrecta de la política del partido o de la clase obrera.

Pero la desgracia está en que tales divergencias no existen. El camarada Trotski se esforzó por señalarlas, pero no pudo. Y si antes de la aparición de su folleto (25 de diciembre) se podía —y debía— hablar de manera condicional o conciliadora («no se puede abordar así la cuestión incluso a condición de que haya tareas nuevas no conscientes, haya divergencias»), después de ese folleto hubo que decir: en lo que tiene de nuevo, el camarada Trotski no tiene razón en el fondo.

Esto se ve con toda claridad al comparar las tesis del camarada Trotski con las tesis de Rudzutak, que fueron aprobadas por la V Conferencia Panrusa de Sindicatos (2-6 de noviembre). Las cité en mi discurso del 30 de diciembre y en *Pravda* del 21 de enero[23]. Estas tesis son más correctas y más completas que las tesis de Trotski. Aquello en que se diferencian las tesis de Trotski de las de Rudzutak es incorrecto en Trotski.

Tomemos para empezar la famosa «democracia productiva», que el camarada Bujarin se apresuró a incluir en la resolución del Comité Central del 7 de diciembre. Por supuesto, sería ridículo poner reparos a este término torpe e intelectualistamente artificial («subterfugios») si se hubiera empleado en un discurso o un artículo. Pero precisamente Trotski y Bujarin se han puesto en la ridícula situación de insistir en las tesis precisamente en este término, que distingue sus «plataformas» de las tesis de Rudzutak aprobadas por los sindicatos.

Este término es teóricamente incorrecto. Toda democracia, como en general toda superestructura política (inevitable mientras no se haya completado la destrucción de las clases, mientras no se haya creado la sociedad sin clases), sirve, en última instancia, a la producción y está determinada, en última instancia, por las relaciones de producción de la sociedad dada. Por lo tanto, separar la «democracia productiva» de cualquier otra democracia no dice nada. Es confusión y vacuidad. Esto es lo primero.

En segundo lugar. Miremos la aclaración de este término por el propio Bujarin en la resolución del pleno del Comité Central del 7 de diciembre que él redactó. «Por lo tanto —escribió allí Bujarin— los métodos de la democracia obrera deben ser métodos de la democracia productiva. Esto significa» —¡nótenlo!: «esto significa»! Bujarin comienza su apelación a las masas con un término tan complicado que hay que explicarlo especialmente: en mi opinión, desde el punto de vista del democratismo, esto no es democrático; para las masas hay que escribir sin tales términos nuevos que requieren una explicación especial; desde el punto de vista «productivo», esto es perjudicial, porque obliga a perder tiempo inútilmente en explicar un término innecesario —«esto significa que todas las elecciones, la presentación de candidatos, su apoyo, etc., deben realizarse bajo el ángulo no solo de la firmeza política, sino también de las capacidades económicas, la experiencia administrativa, las cualidades organizativas y la preocupación comprobada en la práctica por los intereses materiales y espirituales de las masas trabajadoras».

El razonamiento es evidentemente forzado e incorrecto. La democracia no significa solamente «elecciones, presentación de candidatos, su apoyo, etc.». Esto, por un lado. Y por otro, no todas las elecciones deben realizarse bajo el ángulo de la firmeza política y las capacidades económicas. Es necesario también, al contrario de Trotski, que en una organización de millones haya un cierto porcentaje de gestores, burócratas (sin buenos burócratas no se puede pasar muchos años). Pero no hablamos de una democracia «de gestión» o «burocrática».

En tercer lugar. No es correcto mirar solo a los elegidos, solo a los organizadores, administradores, etc. Esto sigue siendo una minoría de personas destacadas. Hay que mirar a los corrientes, a la masa. En Rudzutak esto está expresado no solo de manera más simple, más comprensible, sino también teóricamente más correcta (tesis 6ª):

«…es necesario que cada participante de la producción comprenda la necesidad y la conveniencia de las tareas productivas que ejecuta; que cada participante de la producción participe no solo en el cumplimiento de las tareas desde arriba, sino que también tome parte conscientemente en la corrección de todas las deficiencias, técnicas y organizativas, en el ámbito de la producción».

En cuarto lugar. «Democracia productiva» es un término que da lugar a interpretaciones erróneas. Puede entenderse en el sentido de negación de la dictadura y de la dirección unipersonal. Puede interpretarse en el sentido de aplazamiento de la democracia ordinaria o de pretexto para evitarla. Ambas interpretaciones son perjudiciales, y para evitarlas no se puede prescindir de comentarios especiales y extensos.

La exposición simple de las mismas ideas en Ruzutak es tanto más correcta como evita todos estos inconvenientes. Y Trotski, en su artículo «La democracia de producción» en *Pravda* del 11 de enero, no solo no refuta que estas incorrecciones e inconvenientes existan (elude toda esta cuestión, no compara sus tesis con las de Ruzutak), sino que, al contrario, confirma indirectamente el inconveniente y la incorrección de su término precisamente al poner en paralelo con él la «democracia militar». Afortunadamente, que yo recuerde, nunca hemos suscitado disputas fraccionales a causa de un término semejante.

Aún más desafortunado es un término de Trotski como «atmósfera productiva». Zinóviev se rió con razón de él. Trotski se enfadó mucho y objetó: «Tuvimos una atmósfera militar… Ahora debe crearse en la masa obrera, en su seno, no solo en la superficie, una atmósfera productiva, es decir, la misma tensión, interés práctico, atención a la producción que hubo hacia los frentes…». Ahí está la cuestión: a la «masa obrera, a su seno» hay que hablarle como se dice en las tesis de Ruzutak, y no usando palabras como «atmósfera productiva», que causarán perplejidad o una sonrisa. En esencia, al usar la expresión «atmósfera productiva», el camarada Trotski expresa el mismo pensamiento que expresa el concepto de propaganda de producción. Pero precisamente para la masa obrera, para su seno, hay que realizar la propaganda de producción de modo que se eviten tales expresiones. Esta expresión vale como ejemplo de cómo no se debe hacer propaganda de producción en las masas.

**Política y economía. Dialéctica y eclecticismo**

Resulta extraño tener que plantear de nuevo una cuestión tan elemental, tan de abecé. Por desgracia, Trotski y Bujarin obligan a hacerlo. Ambos me reprochan que «sustituyo» la cuestión, o que enfoco «políticamente», mientras ellos enfocan «económicamente». Bujarin incluso incluyó esto en sus tesis e intentó «elevarse por encima» de ambos contendientes: yo, dice, combino ambas cosas.

La incorrección teórica es flagrante. La política es la expresión concentrada de la economía —repetí en mi discurso, porque ya antes había oído este reproche, carente de todo sentido y completamente inadmisible en boca de un marxista, por mi enfoque «político». La política no puede dejar de tener primacía sobre la economía. Razonar de otro modo significa olvidar el abecé del marxismo.

¿Acaso mi valoración política es incorrecta? Díganlo y demuéstrenlo. Pero decir (o siquiera admitir indirectamente el pensamiento) de que el enfoque político equivale al «económico», que se puede tomar «lo uno y lo otro», significa olvidar el abecé del marxismo.

Dicho de otro modo. El enfoque político significa esto: si se aborda incorrectamente a los sindicatos, esto arruinará el poder soviético, la dictadura del proletariado. (La escisión del partido con los sindicatos, bajo la condición de que el partido esté equivocado, derrocaría con toda seguridad el poder soviético en un país campesino como Rusia.) Se puede (y se debe) verificar esta consideración en esencia, es decir, analizar, profundizar, decidir si este enfoque dado es correcto o incorrecto. Decir: yo «aprecio» su enfoque político, «pero» esto es solo político, nosotros necesitamos «también el económico», es lo mismo que decir: yo «aprecio» su consideración de que, dando tal paso, se rompe el cuello, pero sopesen también que estar saciado y vestido es mejor que estar hambriento y desnudo.

Bujarin teóricamente cayó en el eclecticismo, predicando la combinación del enfoque político y el económico.

Trotski y Bujarin presentan las cosas como si nosotros nos preocupáramos por el crecimiento de la producción, y ustedes solo por la democracia formal. Esta representación es incorrecta, porque la cuestión se plantea (y, marxistamente, solo puede plantearse) así: sin un enfoque político correcto del asunto, la clase dada no mantendrá su dominación y, por consiguiente, no podrá resolver tampoco su tarea productiva.

Más concretamente. Zinóviev dice: «Usted comete un error político al llevar a escisiones en los sindicatos. Sobre el crecimiento de la producción, yo hablé y escribí ya en enero de 1920, poniendo como ejemplo la construcción de una casa de baños». Trotski responde: «¡Qué tontería, figúrese! (pág. 29), escribir un folleto con el ejemplo de la casa de baños, y he aquí que usted “ni una palabra”, “ni una sola palabra” (pág. 22) sobre lo que deben hacer los sindicatos».

Incorrecto. El ejemplo de la casa de baños vale, disculpen el juego de palabras, por diez «atmósferas productivas» con añadidura de varias «democracias de producción». El ejemplo de la casa de baños dice clara, simplemente, precisamente para la masa, precisamente para el «seno», lo que deben hacer los sindicatos, mientras que las «atmósferas productivas» y las «democracias» son escoria que ciega los ojos de las masas obreras, dificulta su comprensión.

El camarada Trotski también me reprochó que «Lenin no dijo ni una palabra» (pág. 66) sobre «el papel que juegan y deben jugar esas palancas que se llaman el aparato de los sindicatos».

Disculpe, camarada Trotski: al leer íntegramente las tesis de Ruzutak y adherirme a ellas, dije sobre esto más, más completa, más correcta, más simple y más claramente que todas sus tesis y todo su informe o co-informe y su discurso de cierre. Porque, repito, las primas en especie y los tribunales disciplinarios de camaradería significan cien veces más para el dominio de la economía, para la dirección de la industria, para elevar el papel productivo de los sindicatos, que las palabras completamente abstractas (y por ello vacías) sobre la «democracia de producción», la «fusión» y cosas por el estilo.

Bajo el pretexto de destacar el punto de vista «productivo» (Trotski) o de superar la unilateralidad del enfoque político y combinar este enfoque con el económico (Bujarin), se nos ha dado:

1) el olvido del marxismo, expresado en una definición teóricamente incorrecta y ecléctica de la relación de la política con la economía;
2) la defensa o el encubrimiento del error político que se expresa en la política de «remoción» (перетряхивание), que impregna de principio a fin todo el folleto-plataforma de Trotski. Y este error, si no se reconoce y corrige, conduce a la caída de la dictadura del proletariado;
3) un paso atrás en el ámbito de las cuestiones puramente productivas, económicas, de las cuestiones sobre cómo aumentar la producción; precisamente un paso atrás desde las tesis prácticas de Ruzutak, que plantean tareas concretas, prácticas, vitales, vivas (desarrollen la propaganda de producción, aprendan a distribuir bien las primas en especie y a aplicar más correctamente la coerción en forma de tribunales disciplinarios de camaradería), hacia tesis generales abstractas, teóricamente incorrectas, formuladas de modo intelectualoide, con olvido de lo más práctico y eficaz.

He aquí cuál es, en realidad, la correlación entre Zinóviev y yo, por un lado, y Trotski y Bujarin, por el otro, en la cuestión de la política y la economía.

No pude, por tanto, leer sin una sonrisa la objeción que me hizo el camarada Trotski el 30 de diciembre: «El camarada Lenin en su discurso de clausura en el VIII Congreso de los Soviets, sobre el informe de nuestra situación, dijo que necesitamos menos política, más economía; pero en la cuestión de los sindicatos destacó en primer plano el aspecto político del asunto» (pág. 65). Al camarada Trotski estas palabras le parecieron «sumamente acertadas». En realidad, expresan la más desesperada confusión de conceptos, una «barahúnda ideológica» verdaderamente sin límites. Por supuesto, yo siempre he expresado, expreso y expresaré el deseo de que nos ocupemos menos de política y más de economía. Pero no es difícil comprender que para cumplir estos deseos es necesario que no haya peligros políticos ni errores políticos. Los errores políticos que ha cometido el camarada Trotski y que el camarada Bujarin ha profundizado y agravado, desvían a nuestro partido de las tareas económicas, del trabajo «productivo», nos obligan, por desgracia, a perder tiempo en la corrección de estos errores, en discutir con la desviación sindicalista (que conduce a la caída de la dictadura del proletariado), en discutir contra el enfoque incorrecto del movimiento sindical (enfoque que conduce a la caída del poder soviético), en discutir sobre «tesis» generales en lugar de una discusión práctica, «económica», sobre quién ha dado mejor y con más éxito primas en especie, ha organizado tribunales, ha realizado la fusión sobre la base de las tesis de Ruzutak, aprobadas del 2 al 6 de noviembre por la V Conferencia Panrusa de Sindicatos: los molineros de Sarátov, los mineros del carbón en el Donbás, los metalúrgicos en Petrogrado, etc.

Tomemos la cuestión de la utilidad de la "amplia discusión". También aquí veremos cómo los errores políticos desvían la atención de las tareas económicas. Yo estaba en contra de la llamada discusión "amplia" y considero y he considerado un error, un error político del camarada Trotski, su ruptura con la comisión sindical, en la cual debería haber tenido lugar una discusión de trabajo. Considero un error político del grupo amortiguador encabezado por Bujarin que no comprendieran las tareas del amortiguador (sustituyendo también aquí la dialéctica por el eclecticismo); precisamente desde el punto de vista del "amortiguador" debían haber luchado con energía furiosa contra la discusión amplia, a favor de trasladar la discusión a la comisión sindical. Mirad lo que ha pasado.

El 30 de diciembre, Bujarin llegó al punto de decir: "hemos proclamado la nueva consigna sagrada de la democracia obrera, que consiste en que todas las cuestiones se discutan no en estrechos colegios, no en pequeñas reuniones, no en alguna corporación propia, sino que todas las cuestiones se lleven a amplias asambleas. Y yo afirmo que, al llevar la cuestión del papel de los sindicatos a una asamblea tan grande como la de hoy, damos con ello un paso no hacia atrás, sino hacia adelante" (pág. 45). ¡Y este hombre acusaba a Zinóviev de charlatanería y de exagerar la democracia! ¡Pura charlatanería y "meteduras de pata", total incomprensión de que el democratismo formal debe estar subordinado a la conveniencia revolucionaria!

No está ni un ápice mejor en Trotski. Él lanza la acusación: "Lenin quiere a toda costa suprimir, hacer fracasar la discusión sobre el fondo de la cuestión" (pág. 65). Declara: "Por qué no entré en la comisión, lo dije claramente en el Comité Central: mientras no se me permita, en igualdad de condiciones con todos los demás camaradas, plantear estas cuestiones en toda su amplitud en la prensa del partido, mientras tanto no espero ninguna utilidad de la consideración a puerta cerrada de estas cuestiones y, por consiguiente, del trabajo en la comisión" (pág. 69).

¿El resultado? No ha pasado ni un mes desde que Trotski, el 25 de diciembre, inició la "amplia discusión", y difícilmente se encontrará un responsable del partido entre cien que no sienta hastío por esta discusión, que no se dé cuenta de su inutilidad (por no decir algo peor). Porque Trotski le ha quitado tiempo al partido discutiendo sobre palabras, sobre malas tesis, calificando de "consideración a puerta cerrada" precisamente la consideración de trabajo, económica, en la comisión, que se habría propuesto como tarea estudiar y verificar la experiencia práctica para, aprendiendo de esta experiencia, avanzar en el verdadero trabajo "de producción", y no retroceder, desde la obra viva a la escolástica muerta de toda clase de "atmósferas de producción".

Tomad la famosa "fusión". Aconsejé el 30 de diciembre callar sobre ella, porque no hemos estudiado nuestra propia experiencia práctica, y sin esa condición las disputas sobre la fusión degeneran inevitablemente en charlatanería, en una vana distracción de las fuerzas del partido del trabajo económico. Califiqué de burocratismo-proyectista las tesis de Trotski sobre este punto con las propuestas de introducir en la composición de los consejos de economía nacional desde 1/3 hasta 1/2 y desde 1/2 hasta 2/3 de representantes de los sindicatos[24].

Por esto se enfadó mucho conmigo Bujarin, quien, según veo en la página 49 del informe, me demostraba detallada y minuciosamente "que cuando las personas se reúnen y hablan de algo, no deben hacerse los sordomudos" (¡literalmente está impreso así en la página indicada!). Se enfadó también Trotski, quien exclamó:

"Pido a cada uno de vosotros que anote en su libreta que el camarada Lenin ha llamado a esto burocratismo en tal fecha, y yo me atrevo a predecir que esto será aceptado dentro de unos meses como información y como guía, para que en el Consejo Central de Sindicatos de toda Rusia y en el Consejo Supremo de Economía Nacional, en el Comité Central de Metalúrgicos y en el Departamento del Metal, etc., se tengan trabajadores comunes desde un tercio hasta la mitad..." (pág. 68).

Al leer esto, pedí al camarada Miliutin (vicepresidente del Consejo Supremo de Economía Nacional) que me enviara los informes impresos existentes sobre la cuestión de la fusión. Pienso para mis adentros: empezaré, aunque sea poco a poco, a estudiar nuestra experiencia práctica, porque es insoportablemente aburrido dedicarse al "hablar general del partido" (expresión de Bujarin, pág. 47, que quizás se convierta en una "palabra alada" no menos que el famoso "sacudimiento") – en vano, sin material, sin hechos, sacándose de la manga divergencias, definiciones, "democracias de producción".

¡Así pues, ya ahora la participación de los obreros, en promedio, es del 61,6%, es decir, más cerca de los 2/3 que de la mitad! El carácter burocrático-proyectista de lo que escribió sobre esto el camarada Trotski en sus tesis ya está demostrado. Hablar, discutir, escribir plataformas "de 1/3 a 1/2" o "de 1/2 a 2/3", todo esto es el más vacuo "hablar general del partido", una distracción de fuerzas, medios, atención, tiempo del trabajo de producción, un mero politicismo sin contenido serio. En cambio, en una comisión donde hubiera personas con experiencia, donde no se aceptara escribir tesis sin haber estudiado los hechos, se podría, con provecho para la causa, dedicarse a verificar la experiencia –por ejemplo, interrogando a una decena o dos (de entre los mil "trabajadores comunes"), cotejando sus impresiones y conclusiones con los datos objetivos de la estadística, intentando obtener indicaciones prácticas y de trabajo para el futuro: si, con tales resultados de la experiencia, hay que avanzar inmediatamente en la misma dirección o modificar algo y cómo exactamente modificar la dirección, los métodos, el enfoque, o, en interés de la causa, detenerse, verificar la experiencia una y otra vez, reelaborar quizás algo, etc., etc.

Un verdadero "hombre de la economía", camaradas (¡permítanme también a mí dedicarme un poco a la "propaganda de producción"!), sabe que los capitalistas y organizadores de trusts, incluso en los países más avanzados, durante muchos años, a veces diez años o más, se dedicaron a estudiar y verificar su propia experiencia práctica (y la ajena), corrigiendo, reelaborando lo iniciado, retrocediendo, corrigiendo muchas veces, hasta lograr un sistema de dirección completamente adecuado para el caso dado, una selección de administradores superiores e inferiores, etc. Así ocurría bajo el capitalismo, que en todo el mundo civilizado se apoyaba en su trabajo económico en la experiencia y los hábitos de siglos. Y nosotros construimos sobre un terreno nuevo, que exige el trabajo más largo, tenaz y paciente de reeducación de los hábitos que el capitalismo nos ha legado y cuya transformación solo es posible de manera muy gradual. Abordar esta cuestión como la aborda Trotski es radicalmente incorrecto. "¿Existe – exclamaba en su discurso del 30 de diciembre – existe entre nuestros obreros, entre los trabajadores del partido y los sindicatos, una educación de producción? ¿sí o no? Yo respondo: no" (pág. 29). Abordar así una cuestión semejante es ridículo. Es como si preguntarais: ¿hay en tal división una cantidad suficiente de botas de fieltro? ¿sí o no?

Incluso dentro de diez años seguramente tendremos que decir que todos los trabajadores del partido y los sindicatos no tienen suficiente educación de producción. Como no la habrá dentro de 10 años para todos los trabajadores del partido, los sindicatos y el departamento militar. Pero el comienzo de la educación de producción lo hemos creado con que alrededor de mil obreros, miembros y delegados de los sindicatos, participan en la dirección y dirigen empresas, comités centrales (glavki) y organismos superiores. El principio fundamental de la "educación de producción", de nuestra propia educación, la de los viejos militantes clandestinos y periodistas profesionales, consiste en que nosotros mismos nos pongamos y enseñemos a otros a ponerse a estudiar con la mayor atención y detalle nuestra propia experiencia práctica, según la regla: "mide siete veces, corta una". Una verificación perseverante, lenta, cuidadosa, de trabajo, eficiente de lo que han hecho esos mil, una corrección aún más cuidadosa y eficiente de su trabajo y un avance solo después de la utilidad plenamente probada de tal método, de tal sistema de dirección, de tal proporción, de tal selección de personas, etc. He aquí la regla fundamental, radical, absoluta de la "educación de producción", y precisamente esta regla la viola el camarada Trotski con todas sus tesis, con todo su enfoque de la cuestión. Precisamente todas las tesis, todo el folleto-plataforma del camarada Trotski son tales que con sus errores han desviado la atención y las fuerzas del partido del trabajo eficiente "de producción" hacia vacías e insustanciales discusiones verbales.

Dialéctica y eclecticismo. "Escuela" y "aparato".

Entre las numerosísimas cualidades de gran valor del camarada Bujarin se halla su capacidad e interés teóricos por buscar las raíces teóricas en toda cuestión. Es una cualidad muy valiosa, pues no se puede compreenter cabalmente ningún error, incluso político, si no se investigan las raíces teóricas del error en quien lo comete, partiendo de determinadas posiciones que acepta conscientemente.

En correspondencia con este su afán de profundizar teóricamente la cuestión, el camarada Bujarin, empezando por la discusión del 30 de diciembre, si no antes, traslada la polémica precisamente a dicho campo.

"Considero absolutamente necesario —decía el camarada Bujarin el 30 de diciembre—, en esto consiste la esencia teórica de lo que aquí se llama 'fracción amortiguadora' o su ideología, y me parece completamente indiscutible que no se puede desechar ni este momento político ni este momento económico…" (pág. 47).

La esencia teórica del error que aquí comete el camarada Bujarin consiste en que sustituye la correlación dialéctica entre la política y la economía (que nos enseña el marxismo) por el eclecticismo. "Y lo uno y lo otro", "por un lado, por otro lado": he aquí la posición teórica de Bujarin. Esto es precisamente eclecticismo. La dialéctica exige tener en cuenta de un modo multilateral las correlaciones en su desarrollo concreto, y no arrancar un pedazo de uno, un pedazo de otro. Ya lo he demostrado con el ejemplo de la política y la economía.

Con el ejemplo del "amortiguador" es igualmente indudable. El amortiguador es útil y necesario si el tren del partido va cuesta abajo hacia el desastre. Es indiscutible. Bujarin planteó la tarea del "amortiguador" eclécticamente, tomando un pedazo de Zinóviev y un pedazo de Trotski. Como "amortiguador", Bujarin debía haber determinado por sí mismo dónde, cuándo, en qué comete error uno u otro, unos u otros: error teórico, error de falta de tacto político, error de fraccionismo en la intervención, error de exageración, etc., y arremeter con todas sus fuerzas contra cada uno de esos errores. Bujarin no comprendió esta su tarea de "amortiguador". Una prueba evidente de ello es la siguiente:

La fracción de comunistas del Buró de Petrogrado del Tsektrán (Comité Central del Sindicato de Ferroviarios y Trabajadores del Transporte por Agua) —organización que simpatiza con Trotski y declara directamente que, en su opinión, "en la cuestión fundamental, sobre el papel productivo de los sindicatos, las posiciones de los camaradas Trotski y Bujarin representan variedades de un mismo punto de vista"— publicó en Petrogrado en forma de folleto el co-informe del camarada Bujarin en Petrogrado el 3 de enero de 1921 (N. Bujarin: "Sobre las tareas de los sindicatos". P., 1921). En este co-informe leemos:

"Inicialmente, el camarada Trotski formuló que era necesario cambiar la composición dirigente de los sindicatos, que era necesario seleccionar a los camaradas apropiados, etc., y antes aún, sostenía incluso el punto de vista de la 'reorganización' (sacudida), de lo cual ha desistido ahora, y por eso es completamente absurdo presentar la 'reorganización' (sacudida) como argumento contra el camarada Trotski" (pág. 5).

No me detendré en las numerosas inexactitudes fácticas de esta exposición. (La palabrita "reorganización" (sacudida) fue empleada por Trotski en la V Conferencia Panrusa de Sindicatos, del 2 al 6 de noviembre. Sobre la "selección del personal dirigente" habló Trotski en el § 5 de sus tesis, presentadas por él al Comité Central el 8 de noviembre y publicadas, entre otros, por algún partidario de Trotski, en forma de hoja impresa. Todo el folleto de Trotski: "El papel y las tareas de los sindicatos", del 25 de diciembre, está impregnado del mismo modo de pensar, del mismo espíritu que ya señalé anteriormente. Dónde y en qué se manifestó el "desistimiento", es completamente desconocido.) Mi tema ahora es otro. Si el "amortiguador" es ecléctico, silencia unos errores, menciona otros; calla sobre los errores del 30 de diciembre de 1920 en Moscú ante millares de trabajadores del PC(b)R de toda Rusia; habla de los errores en Petrogrado el 3 de enero de 1921. Si el "amortiguador" es dialéctico, ataca con todas sus fuerzas cada error que advierte en ambas partes o en todas las partes. Esto precisamente no lo hace Bujarin. Ni siquiera intenta analizar el folleto de Trotski desde el punto de vista de la política de la "reorganización" (sacudida). Sencillamente, lo silencia. No es de extrañar que semejante cumplimiento de su papel por el amortiguador provoque la risa de todos.

Más adelante. En el mismo discurso de Petrogrado de Bujarin, en la pág. 7, leemos:

"El error del camarada Trotski consiste en que defiende insuficientemente el momento de escuela del comunismo".

En la discusión del 30 de diciembre, Bujarin razona así:

"El camarada Zinóviev decía que los sindicatos son escuela de comunismo, y Trotski decía que son un aparato administrativo-técnico de gestión de la producción. No veo ninguna base lógica que demuestre que no es cierto lo primero ni lo segundo: son ciertas ambas tesis y la conjunción de ambas tesis" (pág. 48).

La misma idea en la tesis 6 de Bujarin y de su "grupo" o "fracción": "… por un lado, ellos (los sindicatos) son escuela de comunismo; por otro lado, son —y además en grado creciente— parte integrante del aparato económico y del aparato del poder estatal en general…" ("Pravda", 16 de enero).

Precisamente aquí se halla el error teórico fundamental del camarada Bujarin, la sustitución de la dialéctica marxista por el eclecticismo (particularmente difundido entre los autores de diversos sistemas filosóficos "de moda" y reaccionarios).

El camarada Bujarin habla de fundamentos "lógicos". Todo su razonamiento demuestra que —quizás inconscientemente— se sitúa aquí en el punto de vista de la lógica formal o escolástica, y no de la lógica dialéctica o marxista. Para aclararlo, comenzaré con el ejemplo más simple, tomado por el propio camarada Bujarin. En la discusión del 30 de diciembre dijo:

"Camaradas, a muchos de vosotros las discusiones que aquí se producen os causan una impresión aproximadamente de este carácter: llegan dos personas y se preguntan mutuamente qué es un vaso que está sobre la tribuna. Uno dice: 'es un cilindro de vidrio, y sea anatema todo el que diga que no es así'. El segundo dice: 'el vaso es un instrumento para beber, y sea anatema el que diga que no es así'" (pág. 46).

Con este ejemplo, Bujarin quería, como ve el lector, explicarme popularmente el daño de la unilateralidad. Acepto esta aclaración con agradecimiento y, para demostrar de hecho mi agradecimiento, respondo con una explicación popular de lo que es el eclecticismo en contraposición a la dialéctica.

El vaso es, indiscutiblemente, tanto un cilindro de vidrio como un instrumento para beber. Pero el vaso no tiene solamente estas dos propiedades o cualidades o aspectos, sino una cantidad infinita de otras propiedades, cualidades, aspectos, interrelaciones y "mediaciones" con todo el resto del mundo. El vaso es un objeto pesado, que puede ser un instrumento para arrojar. El vaso puede servir como pisapapeles, como jaula para una mariposa cogida, el vaso puede tener valor como objeto con talla o dibujo artístico, completamente independientemente de si es apto para beber, si es de vidrio, si su forma es cilíndrica o no del todo, y así sucesivamente.

Más aún. Si ahora necesito el vaso como instrumento para beber, me importa completamente saber si su forma es enteramente cilíndrica y si está realmente hecho de vidrio, pero en cambio es importante que no tenga una grieta en el fondo, que no pueda lastimarme los labios al usar este vaso, etc. Si, en cambio, necesito el vaso no para beber, sino para un uso para el que sirva cualquier cilindro de vidrio, entonces me sirve también un vaso con grieta en el fondo o incluso totalmente sin fondo, etc.

La lógica formal, a la que se limitan en las escuelas (y deben limitarse —con enmiendas— para las clases inferiores de la escuela), toma las definiciones formales, guiándose por lo que es más corriente o lo que salta más a la vista, y se limita a esto. Si entonces se toman dos o más definiciones diferentes y se unen completamente al azar (tanto cilindro de vidrio como instrumento para beber), obtenemos una definición ecléctica, que indica diferentes aspectos del objeto y nada más.

La lógica dialéctica exige que vayamos más lejos. Para conocer realmente un objeto, hay que abarcar, estudiar todos sus aspectos, todas sus conexiones y «mediaciones». Nunca lograremos esto plenamente, pero la exigencia de exhaustividad nos prevendrá de errores y de la rigidez. Esto es lo primero. En segundo lugar, la lógica dialéctica exige tomar el objeto en su desarrollo, «automovimiento» (como dice a veces Hegel), cambio. Con respecto al vaso, esto no es inmediatamente claro, pero tampoco el vaso permanece inmutable, y en especial cambian su finalidad, su uso, su conexión con el mundo circundante. En tercer lugar, toda la práctica humana debe entrar en la «definición» completa del objeto, tanto como criterio de verdad como determinante práctico de la conexión del objeto con lo que el hombre necesita. En cuarto lugar, la lógica dialéctica enseña que «no existe verdad abstracta, la verdad es siempre concreta», como solía decir, siguiendo a Hegel, el difunto Plejánov. (Entre paréntesis, me parece oportuno señalar para los jóvenes miembros del partido que no se puede llegar a ser un comunista consciente y auténtico sin estudiar —precisamente estudiar— todo lo escrito por Plejánov en filosofía, pues es lo mejor de toda la literatura internacional del marxismo[25].)

Por supuesto, no he agotado el concepto de lógica dialéctica. Pero por ahora basta con esto. Se puede pasar del vaso a los sindicatos y a la plataforma de Trotsky.

«Por un lado, escuela; por otro, aparato», dice Bujarin y escribe en sus tesis. En Trotsky el error está en que «no defiende suficientemente el momento de la escuela»… en Zinóviev, el defecto respecto al «momento» del aparato.

¿Por qué este razonamiento de Bujarin es un eclecticismo muerto y vacío de contenido? Porque en Bujarin no hay ni el menor intento de analizar por sí mismo, desde su propio punto de vista, tanto toda la historia de esta discusión (el marxismo, es decir, la lógica dialéctica, lo exige sin duda) como todo el enfoque del problema, toda la formulación —o, si se quiere, toda la orientación de la formulación— del problema en ese momento, en esas circunstancias concretas. ¡Ni el menor intento de Bujarin por hacerlo! Se acerca sin el más mínimo estudio concreto, con abstracciones desnudas, y toma un pedacito de Zinóviev, un pedacito de Trotsky. Esto es eclecticismo.

Para explicarlo más claramente, pondré un ejemplo. No sé absolutamente nada sobre los insurrectos y revolucionarios del sur de China (excepto 2-3 artículos de Sun Yat-sen y algunos libros y artículos de periódico que leí hace muchos años). Si allí hay levantamientos, probablemente haya discusiones entre el chino número 1, que dice que la insurrección es producto de la lucha de clases más aguda y que abarca a toda la nación, y el chino número 2, que dice que la insurrección es un arte. Puedo redactar tesis, similares a las de Bujarin, sin saber nada más: «por un lado… por otro lado». Uno no ha tenido suficientemente en cuenta el «momento» del arte, el otro el «momento de la agudización», etc. Esto sería un eclecticismo muerto y vacío de contenido, porque no hay un estudio concreto de esta discusión, de este problema, de este enfoque del mismo, etc.

Los sindicatos, por un lado, escuela; por otro, aparato; por un tercero, organización de los trabajadores; por un cuarto, organización casi exclusivamente de los obreros industriales; por un quinto, organización por ramas de producción[26], etc., etc. En Bujarin no hay ni rastro de fundamentación, ni de análisis propio, que demuestre por qué hay que tomar las dos primeras «caras» del problema o del objeto, y no la tercera, cuarta, quinta, etc. Por eso las tesis del grupo de Bujarin son una vacuidad ecléctica de cabo a rabo. Bujarin plantea de raíz incorrectamente, de modo ecléctico, todo el problema de la relación entre «escuela» y «aparato».

Para plantear este problema correctamente, hay que pasar de las abstracciones vacías a lo concreto, es decir, a la discusión presente. Tomen esta discusión como quieran, tal como surgió en la V Conferencia Panrusa de Sindicatos, o tal como la planteó y orientó el propio Trotsky con su folleto-plataforma del 25 de diciembre; verán que todo el enfoque de Trotsky, toda su orientación, es incorrecta. No comprendió que hay que poder acercarse a los sindicatos como escuela, tanto cuando se plantea el tema del «sindicalismo soviético», como cuando se habla de propaganda productiva en general, y también cuando se plantea la cuestión, como hace Trotsky, de la «fusión», de la participación de los sindicatos en la gestión de la producción. Y en esta última cuestión, tal como se plantea en todo el folleto-plataforma de Trotsky, el error consiste en no comprender que los sindicatos son escuela de gestión administrativo-técnica de la producción. No «por un lado, escuela; por otro, algo distinto», sino desde todos los lados, en esta discusión, con este planteamiento del problema por parte de Trotsky, los sindicatos son escuela, escuela de unión, escuela de solidaridad, escuela de defensa de sus intereses, escuela de gestión económica, escuela de dirección. En lugar de comprender y corregir este error fundamental del camarada Trotsky, el camarada Bujarin le ha hecho una corrección cómica: «por un lado, por otro lado».

Acerquémonos aún más concretamente al problema. Miremos qué son los sindicatos actuales como «aparato» de gestión de la producción. Hemos visto: según datos incompletos, unos 900 obreros, miembros y delegados del sindicato, gestionan la producción. Aumenten esta cifra, si quieren, aunque sea diez veces, aunque sea cien veces, supongan incluso, para cederles y para explicar su error fundamental, una rapidez tan increíble de «avance» en un futuro próximo; aun así obtenemos una parte ínfima de gestores directos en comparación con la masa total de 6 millones de miembros de los sindicatos. Y de aquí se ve aún más claramente que dirigir toda la atención al «estrato dirigente», como hace Trotsky, hablar del papel productivo de los sindicatos y de la gestión de la producción, sin tener en cuenta que el 98½% aprende (6 000 000 – 90 000 = 5 910 000 = 98½% del total) y debe aprender durante mucho tiempo, es cometer un error fundamental. No escuela y gestión, sino escuela de gestión.

Al polemizar contra Zinóviev el 30 de diciembre y acusarlo, de modo completamente gratuito e incorrecto, de negar el «nombramiento», es decir, el derecho y el deber del Comité Central de nombrar, el camarada Trotsky se dejó escapar involuntariamente una contraposición muy característica:

«…Zinóviev —dijo—, se acerca demasiado propagandísticamente a cada cuestión práctica de trabajo, olvidando que aquí no solo hay material para agitación, sino también una cuestión que debe resolverse administrativamente» (pág. 27).

Ahora explicaré detalladamente cómo podría ser un enfoque administrativo de esta cuestión. Pero el error fundamental del camarada Trotsky consiste precisamente en que a las cuestiones que él mismo planteó en su folleto-plataforma se acercó (o mejor, voló) como administrador, mientras que a estas cuestiones solo podía y debía acercarse exclusivamente como propagandista.

En efecto. ¿Qué hay de bueno en Trotsky? No en sus tesis, sino en sus discursos —especialmente cuando olvida su desafortunada polémica con el supuesto ala «conservadora» de los sindicalistas—, lo indudablemente bueno y útil es la propaganda productiva. En el trabajo práctico de «gestión económica» dentro de la comisión sindical, en las intervenciones, oratorias y literarias, como participante y trabajador de la Oficina Panrusa de Propaganda Productiva, el camarada Trotsky sin duda aportaría (y sin duda aportará) no poca utilidad a la causa. El error son las «tesis-plataforma». Como hilo rojo las atraviesa el enfoque del administrador ante la «crisis» en la organización sindical, ante las «dos tendencias» en los sindicatos, ante la interpretación del programa del PCR, ante el «sindicalismo soviético», ante la «educación productiva», ante la «fusión». He repasado ahora todos los temas principales de la «plataforma» de Trotsky, y precisamente en tales temas el enfoque correcto en el momento actual, con el material que Trotsky tiene, solo puede ser propagandístico.

El Estado es un ámbito de coacción. Sería una locura renunciar a la coacción, especialmente en la época de la dictadura del proletariado. El «administrar» y el enfoque administrativo del asunto son aquí obligatorios. El Partido es la vanguardia directamente dirigente del proletariado, es el dirigente. La exclusión del Partido, y no la coacción: he ahí el medio específico de influencia, el medio de depuración y temple de la vanguardia. Los sindicatos son el reservorio del poder estatal, la escuela del comunismo, la escuela de la gestión económica. En este ámbito, lo específico y principal no es la administración, sino el «vínculo» «entre la administración estatal central» (y naturalmente también local), «la economía nacional y las amplias masas de trabajadores» (como dice nuestro programa del Partido, § 5 de la parte económica, dedicado a los sindicatos).

Como un hilo rojo recorre todo el folleto-plataforma de Trotsky la incorrección de todo el planteamiento de esta cuestión, la incomprensión de dicha correlación.

Imaginemos que Trotsky hubiera elaborado ese mismo famoso «entrelazamiento» en relación con los demás temas de su plataforma, abordando toda la cuestión desde otro lado. Imaginemos que su folleto estuviera enteramente dedicado a la tarea de investigar detalladamente, por ejemplo, 90 de los 900 casos de «entrelazamiento», casos de acumulación de cargos en el Consejo Supremo de Economía Nacional para la administración de la industria y cargos por elección de los sindicatos, acumulación por miembros de los sindicatos y trabajadores permanentes del movimiento sindical. Imaginemos que esos 90 casos se analizaran junto con datos de una encuesta estadística selectiva, junto con informes y reportes de los revisores e instructores de la Inspección Obrera y Campesina y de los Comisariados del Pueblo correspondientes, es decir, analizados según los datos de las instituciones administrativas, analizados desde el punto de vista de los resultados y frutos del trabajo, los éxitos de la producción, etc. Tal enfoque del asunto sería un enfoque administrativo correcto, y justificaría plenamente la línea de «sacudir», es decir, dirigir la atención a quién destituir, a quién trasladar, a quién nombrar, qué exigencias plantear inmediatamente a la «capa dirigente». Si Bujarin dijo en su discurso de Petrogrado del 3 de enero, publicado por los tsekistranistas, que Trotsky antes estaba en el punto de vista de «sacudir» y ahora lo ha abandonado, entonces Bujarin incurre también aquí en un eclecticismo prácticamente ridículo y teóricamente absolutamente inadmisible para un marxista. Bujarin aborda la cuestión abstractamente, sin saber (o sin querer) acercarse concretamente. Mientras nosotros, el Comité Central del Partido y todo el Partido, administremos, es decir, dirijamos el Estado, nunca renunciaremos ni podemos renunciar a «sacudir», es decir, destituir, trasladar, nombrar, despedir, etc. Pero en el folleto-plataforma de Trotsky se ha tomado un material completamente distinto, no se ha planteado una «cuestión práctica de negocios». Zinóviev y Trotsky no discutían sobre una «cuestión práctica de negocios», nosotros discutimos con Bujarin, todo el Partido discute, sino sobre la cuestión de las «tendencias en el ámbito del movimiento sindical» (tesis 4, final, en Trotsky).

Esta es una cuestión, en esencia, política. Corregir el error de Trotsky con correcciones y añadidos eclécticos, como quiere Bujarin, lleno de los sentimientos e intenciones más humanitarias, por supuesto, es imposible por la propia esencia del asunto – del asunto dado, concreto.

Aquí solo puede haber una y solo una solución.

Primero: resolver correctamente la cuestión política sobre las «tendencias en el ámbito del movimiento sindical», sobre la correlación de clases, sobre la correlación de la política y la economía, sobre los roles específicos del Estado, el Partido, los sindicatos, – «la escuela» y el aparato, etc.

Segundo: sobre la base de la solución política correcta, llevar a cabo – o más bien: ir llevando a cabo – una propaganda productiva prolongada, sistemática, persistente, paciente, multifacética, repetida, realizarla a escala estatal, en nombre y bajo la dirección de una institución estatal.

Tercero: no mezclar las «cuestiones prácticas de negocios» con esas disputas sobre tendencias que (las disputas) constituyen el legítimo patrimonio del «hablar general del Partido» y de las amplias discusiones, sino plantearlas de manera práctica, en comisiones prácticas, con interrogatorio de testigos, con estudio de informes, reportes, estadísticas, y sobre la base de todo esto – solo sobre la base de todo esto, solo en tales condiciones – solo por decisión del correspondiente órgano soviético o del Partido, o de ambos órganos, «sacudir».

Y en Trotsky y Bujarin resultó una mezcolanza de errores políticos en el enfoque, ruptura del vínculo de transmisión, de las correas de transmisión en el medio, vuelo o ataque al «administrar» en vacío, en ralentí. La «fuente teórica» del error, – ya que Bujarin planteó con su «vaso» la cuestión de la fuente teórica, – es clara. El error teórico – en este caso gnoseológico – de Bujarin consiste en la sustitución de la dialéctica por el eclecticismo. Planteando la cuestión eclécticamente, Bujarin se enredó completamente y llegó al sindicalismo. En Trotsky el error: unilateralidad, apasionamiento, exageración, terquedad. La plataforma de Trotsky consiste en que el vaso es un instrumento para beber, mientras que el vaso dado resultó no tener fondo.

Conclusión

Solo me queda tocar brevemente algunos puntos cuyo silencio podría dar lugar a malentendidos.

En la tesis 6 de su «plataforma», el camarada Trotsky reprodujo el § 5 de la parte económica del programa del PCR, que habla sobre los sindicatos. Dos páginas después, en la tesis 8, el camarada Trotsky declaró:

«…Habiendo perdido la vieja base de su existencia, la lucha económica de clases, los sindicatos»… – (esto es falso, es una exageración apresurada: los sindicatos han perdido tal base como la lucha económica de clases, pero están lejos de haber perdido y durante muchos años aún, por desgracia, no podrán perder tal base como la lucha económica «no de clases» en el sentido de lucha contra las deformaciones burocráticas del aparato soviético, en el sentido de la defensa de los intereses materiales y espirituales de la masa de trabajadores por vías y medios inaccesibles para ese aparato, etc.)… – «los sindicatos, debido a una serie de condiciones, no tuvieron tiempo de reunir en sus filas las fuerzas necesarias y elaborar los métodos necesarios para poder resolver la nueva tarea planteada ante ellos por la revolución proletaria y formulada por nuestro programa: organizar la producción» (cursiva de Trotsky, pág. 9, tesis 8).

Esto es, de nuevo, una exageración apresurada que contiene el germen de una gran incorrección. El programa no da tal formulación y no plantea a los sindicatos tal tarea como «organizar la producción». Sigamos paso a paso cada pensamiento, cada tesis de nuestro programa del Partido en el mismo orden en que estas tesis aparecen en el texto del programa:

(1) «El aparato organizativo» (no cualquier aparato) «de la industria socializada debe apoyarse en primer lugar» (y no exclusivamente) «en los sindicatos profesionales». (2) «Ellos deben liberarse cada vez más de la estrechez gremial» (¿cómo liberarse? bajo la dirección del Partido y en el curso de la influencia educativa y de toda otra índole del proletariado sobre la masa trabajadora no proletaria) «y convertirse en grandes asociaciones productivas que abarquen a la mayoría, y gradualmente a todos los trabajadores sin excepción de la rama de producción dada…»

Esta es la primera parte de la sección dedicada en el programa del Partido a los sindicatos. Como se ve, esta parte establece inmediatamente «condiciones» muy «estrictas» y que requieren un trabajo muy prolongado para lo posterior. Y a continuación viene lo siguiente:

«…Siendo ya, según las leyes de la República Soviética y la práctica establecida, participantes…» (nótese que es una palabra muy cautelosa: sólo participantes) «…de todos los órganos locales y centrales de dirección de la industria, los sindicatos deben llegar a la concentración efectiva en sus manos de toda la dirección de toda la economía nacional, como un todo económico unitario…» (nótese: deben llegar a la concentración efectiva de la dirección no de ramas de la industria ni de la industria, sino de toda la economía nacional y, además, como un todo económico unitario: esta condición, como condición económica, puede considerarse realmente cumplida no antes de que los pequeños productores, tanto en la industria como en la agricultura, representen una proporción menor de la mitad en la población y en la economía nacional)…«Garantizando así»… (precisamente «así», que realiza gradualmente todas las condiciones señaladas anteriormente)… «un vínculo indisoluble entre la administración estatal central, la economía nacional y las amplias masas de trabajadores, los sindicatos deben involucrar a estas últimas en la mayor escala posible»… (es decir, a las masas, es decir, a la mayoría de la población)… «en el trabajo directo de gestión de la economía. La participación de los sindicatos en la gestión de la economía y su atracción de las amplias masas a esta tarea es, al mismo tiempo, el medio principal de lucha contra la burocratización del aparato económico del poder soviético y brinda la posibilidad de establecer un control verdaderamente popular sobre los resultados de la producción».

Así, en la última frase aparece nuevamente una palabra muy cautelosa: «participación en la gestión de la economía»; nuevamente, la indicación de atraer a las amplias masas como el medio principal (pero no único) de lucha contra el burocratismo; y, para concluir, una indicación sumamente cautelosa: «brinda la posibilidad» de establecer un control «popular», es decir, obrero-campesino, en modo alguno sólo proletario.

Resumir todo esto afirmando que nuestro programa del partido «formuló» la tarea de los sindicatos de «organizar la producción» es claramente incorrecto. Y si se insiste en esta incorrección y se la introduce en tesis-plataformas, no se puede obtener de ello más que una desviación anticomunista y sindicalista.

Por cierto. El camarada Trotski escribe en sus tesis que «en el último período no nos hemos acercado al objetivo fijado en el programa, sino que nos hemos alejado de él» (pág. 7, tesis 6). Esto es infundado y, creo, incorrecto. No se puede demostrar esto, como hizo Trotski en las discusiones, remitiéndose al reconocimiento de tal hecho por «los propios» sindicatos. Para el partido, esa no es una instancia definitiva. Y, en general, esto sólo puede demostrarse mediante el estudio objetivo más serio de una gran cantidad de hechos. Esto es lo primero. Y, en segundo lugar, aunque esto estuviera demostrado, quedaría abierta la cuestión: ¿por qué nos alejamos? ¿Porque «muchos profesionalistas» «se resisten a las nuevas tareas y métodos», como piensa Trotski, o porque «nosotros» «no logramos reunir en nuestras filas las fuerzas necesarias ni desarrollar los métodos necesarios para» cortar y corregir algunos extremismos innecesarios y perjudiciales del burocratismo?

En relación con esto, será oportuno tocar el reproche que nos hizo el camarada Bujarin el 30 de diciembre (y que Trotski repitió ayer, 24 de enero, en nuestra discusión en la fracción comunista del II Congreso de Mineros), precisamente el reproche de «renegar de la línea trazada por el IX Congreso del Partido» (pág. 46 del informe de la discusión del 30 de diciembre). Dicen que Lenin en el IX Congreso defendió la militarización del trabajo y se burló de las referencias a la democracia, y ahora ha «renunciado» a ello. En su discurso de cierre del 30 de diciembre, el camarada Trotski aderezó este reproche con una especie de pimienta especial: «Lenin tiene en cuenta el hecho de que en los sindicatos se está produciendo… una agrupación de camaradas de oposición» (pág. 65); Lenin aborda «desde un ángulo diplomático» (pág. 69); «maniobra dentro de las agrupaciones del partido» (pág. 70), etcétera. Esta exposición de los hechos por parte del camarada Trotski es, por supuesto, muy halagadora para el camarada Trotski y, más que no halagadora, para mí. Pero veamos los hechos.

En la misma discusión del 30 de diciembre, Trotski y Krestinski establecen el hecho de que «el camarada Preobrazhenski ya en julio (de 1920) planteó ante el Comité Central la cuestión de que debemos pasar a nuevos rieles en lo que respecta a la vida interna de nuestras organizaciones obreras» (pág. 25). En agosto, el camarada Zínoviev redacta un proyecto de carta, y el Comité Central aprueba la carta del Comité Central sobre la lucha contra el burocratismo y la ampliación del democratismo. En septiembre, la cuestión se plantea en la conferencia del partido, y su resolución es aprobada por el Comité Central. En diciembre, la cuestión de la lucha contra el burocratismo se plantea en el VIII Congreso de los Soviets. Esto significa que todo el Comité Central, todo el partido y toda la república obrero-campesina reconocieron la necesidad de poner en el orden del día la cuestión del burocratismo y la lucha contra él. ¿Se deduce de esto una «renuncia» al IX Congreso del PCR? No. Aquí no hay ninguna renuncia. Las resoluciones sobre la militarización del trabajo, etc., son indiscutibles, y no tengo la menor necesidad de retirar mis burlas hacia las referencias al democratismo por parte de quienes impugnaban estas resoluciones. De esto se deduce únicamente que ampliaremos el democratismo en las organizaciones obreras, sin convertirlo en absoluto en un fetiche; que prestaremos una atención especial a la lucha contra el burocratismo; que corregiremos con especial esmero todos los extremismos innecesarios y perjudiciales del burocratismo, venga de quien venga la indicación.

Una última observación más sobre la pequeña cuestión de la prioridad y el igualitarismo. En la discusión del 30 de diciembre, dije que la formulación de la tesis 41 del camarada Trotski sobre este punto es teóricamente incorrecta, porque de ella resultaba que en el consumo hay igualitarismo y en la producción, prioridad. La prioridad es una preferencia, respondí, y la preferencia sin consumo no es nada. El camarada Trotski me reprocha por esto, acusándome de «la más grande falta de memoria» y de «aterrorizar» (págs. 67 y 68) – me sorprende que no me acuse también de maniobrar, de diplomacia, etc. Él, Trotski, hizo «concesiones» a favor de mi línea igualitaria, ¡y yo ataco a Trotski!

En realidad, ante el lector interesado en los asuntos del partido, existen documentos partidarios precisos: la resolución de noviembre del pleno del Comité Central, punto 4, y las tesis-plataforma de Trotski, tesis 41. Por muy "olvidadizo" que yo sea, por muy buena que sea la memoria del camarada Trotski, sigue siendo un hecho que la tesis 41 contiene una inexactitud teórica que no está presente en la resolución del Comité Central del 9 de noviembre. Esta resolución dice: "Reconociendo la necesidad de conservar el principio de prioridad (udarnost) en la realización del plan económico, el Comité Central, en plena solidaridad con la decisión de la última (es decir, la de septiembre) Conferencia Panrusa, considera necesario una transición gradual pero firme hacia la igualdad (uravnitelnost) en la situación de los diversos grupos de obreros y de los sindicatos correspondientes, reforzando constantemente la organización de toda la Unión". Está claro que esto va dirigido contra el Tsektran (Comité Central del Sindicato de Ferrocarriles y Obras Fluviales), y no se puede tergiversar de ningún modo el sentido exacto de esta resolución. La prioridad no se suprime. La preferencia por la empresa, el sindicato, el trust o el departamento prioritario (en la realización del plan económico) se mantiene, pero al mismo tiempo la "línea igualitaria", que no defendió "el camarada Lenin" sino que fue afirmada por la conferencia del partido y el Comité Central, es decir, todo el partido, exige claramente: pasa a la igualdad, gradual pero firmemente. Que el Tsektran no cumplió esta resolución de noviembre del Comité Central se desprende de la resolución de diciembre (aprobada por Trotski y Bujarin) del Comité Central, donde leemos una vez más el recordatorio sobre los "principios del democratismo normal". La inexactitud teórica en la tesis 41 es que allí se dice: en el ámbito del consumo – igualdad, en el ámbito de la producción – prioridad. Esto es un absurdo económico, porque es una ruptura del consumo con la producción. Yo no he dicho nada parecido ni podía decirlo. Si una fábrica no es necesaria, ciérrala. Cierra todas las fábricas que no sean absolutamente necesarias. De las absolutamente necesarias, da preferencia a la prioritaria. Digamos, preferencia al transporte. Indiscutible. Pero para que esta preferencia no sea excesiva, y dado que en el Tsektran lo fue, la directiva del partido (no de Lenin) es: pasa gradual pero firmemente a la igualdad. Si Trotski, después del pleno de noviembre, que dio una resolución precisa y teóricamente correcta, sale con un folleto fraccional sobre las "dos tendencias" y en la tesis 41 propone su propia formulación, que es económicamente incorrecta, que se atenga a las consecuencias.

Hoy, 25 de enero, hace exactamente un mes de la intervención fraccional del camarada Trotski. Que el partido fue distraído por esta intervención, inconveniente en la forma e incorrecta en el fondo, del trabajo práctico, económico, productivo, distraído para corregir errores políticos y teóricos, ya se ve ahora con mucha claridad. Pero el viejo proverbio no dice en vano: "no hay mal que por bien no venga".

Sobre las divergencias internas en el Comité Central se decían, según los rumores, cosas monstruosas. Alrededor de la oposición se refugiaban (y sin duda se refugian) mencheviques y eseristas, que inflan los rumores, les dan formulaciones increíblemente maliciosas, inventan patrañas con el objetivo de denigrar por todos los medios, dar una interpretación sucia, agravar los conflictos, estropear el trabajo del partido. Este es un recurso político de la burguesía, incluidos los demócratas pequeño-burgueses, mencheviques y eseristas, que hierven de rabia contra los bolcheviques y no pueden dejar de hervir por razones demasiado comprensibles. Todo miembro consciente del partido conoce este recurso político de la burguesía y sabe lo que vale.

Las divergencias dentro del Comité Central obligaron a recurrir al partido. La discusión mostró palpablemente la esencia y la medida de estas divergencias. Se ha puesto fin a los rumores y las calumnias. El partido aprende y se templa en la lucha contra una nueva enfermedad (en el sentido de que después del golpe de Octubre nos olvidamos de ella), el fraccionalismo. En esencia, es una vieja enfermedad, cuyas recaídas son probablemente inevitables durante algunos años, pero cuya curación puede y debe ir ahora más rápida y fácilmente.

El partido aprende a no exagerar las divergencias. Aquí es oportuno repetir las observaciones correctas del camarada Trotski dirigidas al camarada Tomski: "En la polémica más aguda con el camarada Tomski, siempre he dicho que me es absolutamente claro que nuestros dirigentes en los sindicatos solo pueden ser personas con experiencia, con autoridad, como las que tiene el camarada Tomski. Esto lo dije en la fracción de la V Conferencia de Sindicatos, lo dije hace unos días también en el teatro Zimin. La lucha ideológica en el partido no significa el rechazo mutuo, sino la influencia mutua{119}" (pág. 34 del informe sobre la discusión del 30 de diciembre). Sobra decir que el partido aplicará este razonamiento correcto también al camarada Trotski.

La desviación sindicalista se manifestó durante la discusión especialmente en el camarada Shliápnikov y su grupo, la llamada "Oposición Obrera". Como se trata de una evidente desviación que se aparta del partido, que se aparta del comunismo, habrá que ajustar cuentas especialmente con esta desviación, habrá que hablar especialmente de ella, y habrá que prestar especial atención a la propaganda y explicación del carácter erróneo de estas opiniones y del peligro de tal error. El camarada Bujarin, que llegó a la frase sindicalista de "candidaturas obligatorias" (de los sindicatos en los órganos de dirección), se defiende hoy en "Pravda" de manera muy desafortunada, evidentemente incorrecta. ¡Él, resulta, habla en otros puntos del papel del partido! ¡Faltaría más! De lo contrario, eso sería una salida del partido. De lo contrario, no sería solo un error que requiere corrección y admite una corrección fácil. Si se habla de "candidaturas obligatorias" y no se añade al mismo tiempo que no son obligatorias para el partido, eso es una desviación sindicalista, es incompatible con el comunismo, incompatible con el programa del partido del PCR. Si se añade: "no obligatorias para el partido", entonces se engañará a los obreros no partidistas con el espejismo de un aumento de sus derechos, mientras que en la práctica no habrá el más mínimo cambio respecto a lo que hay ahora. Cuanto más defienda el camarada Bujarin su desviación del comunismo, evidentemente incorrecta en teoría y engañosa en política, tanto más lamentables serán los frutos de la obstinación. Pero no conseguirá defender lo indefendible. El partido no está en contra de toda ampliación de los derechos de los obreros no partidistas, pero basta una pequeña reflexión para comprender por qué camino se puede y por cuál no se puede ir en esto.

En la discusión de la fracción comunista del II Congreso Panruso de Mineros, la plataforma de Shliápnikov, a pesar de que fue defendida por el camarada Kisélev, particularmente autorizado en ese sindicato, sufrió una derrota: por nuestra plataforma hubo 137 votos, por la de Shliápnikov 62, por la de Trotski 8. La desviación sindicalista debe ser curada y lo será.

En un mes, tanto Petrogrado como Moscú, y una serie de ciudades de provincias, ya han demostrado que el partido respondió a la discusión y rechazó por aplastante mayoría la línea errónea del camarada Trotski. Si en las "cúpulas" y en la "periferia", en los comités, en las instituciones, hubo sin duda vacilaciones, la masa de los miembros de base del partido, la masa obrera del partido, en su mayoría aplastante, se pronunció contra esta línea errónea.

El camarada Kámenev me ha comunicado que en la discusión del distrito Zamoskvorechie de la ciudad de Moscú, el 23 de enero, el camarada Trotski declaró que retiraba su plataforma y se unía al grupo de Bujarin en una nueva plataforma. Desgraciadamente, ni el 23 de enero ni el 24 de enero oí ni una sola palabra de esto del camarada Trotski, que intervino contra mí en la fracción comunista del congreso de mineros. Si las intenciones y plataformas del camarada Trotski han cambiado de nuevo o si el asunto se explica de otra manera, no lo sé. Pero en todo caso, la declaración del camarada Trotski del 23 de enero muestra que el partido, sin llegar siquiera a movilizar todas sus fuerzas, habiendo logrado expresar las opiniones solo de Petrogrado, Moscú y una minoría de los centros provinciales, corrigió de inmediato, firme, resuelta, rápida e inflexiblemente el error del camarada Trotski.

Los enemigos del partido se regocijaron en vano. No pudieron ni podrán aprovechar las divergencias, a veces inevitables, dentro del partido en su perjuicio y en perjuicio de la dictadura del proletariado en Rusia.

25 de enero de 1921.

Impreso el 25 y 26 de enero de 1921 como folleto aparte en la edición del Departamento de Prensa del Soviet de Diputados Obreros, Campesinos y del Ejército Rojo de Moscú. Firma: N. Lenin

Se imprime según el texto del folleto, cotejado con el manuscrito.