En el presente artículo me propongo limitarme a exponer el desarrollo de las sesiones del congreso sobre la cuestión indicada en el título y a caracterizar las corrientes del pensamiento socialista que aquí lucharon entre sí.

Antes del congreso se publicaron tres proyectos de resoluciones sobre las cooperativas. El proyecto belga (n.º 5 del "Boletín Periódico de la Oficina Socialista Internacional", que aparece irregularmente en los tres idiomas oficiales de los congresos internacionales) comienza previniendo a los obreros socialistas contra la doctrina de quienes ven en las cooperativas algo autosuficiente, un medio para resolver la cuestión social. Reconociendo luego que la clase obrera está extremadamente interesada en utilizar las cooperativas como instrumento de su lucha de clases, el proyecto del partido belga señala las ventajas inmediatas de las cooperativas (lucha contra la explotación comercial, mejora de las condiciones de trabajo de los proveedores, etc.) y expresa el deseo de que entre los partidos socialistas y las cooperativas se establezcan "vínculos orgánicos, cada vez más estrechos".

El proyecto de la mayoría del partido socialista francés está redactado en el espíritu de Jaurès. Las cooperativas son ensalzadas hasta el cielo y presentadas –tal como hacen los reformadores burgueses– como un elemento "necesario" de la "transformación social". Se pronuncian frases nebulosas sobre la transformación de las cooperativas de una unión de individuos en federaciones universales de asociaciones. Se confunden las cooperativas proletarias con las cooperativas de los pequeños propietarios (en la agricultura). Se predica la neutralidad de las cooperativas, se describe el daño de imponer a las cooperativas obligaciones respecto al partido socialista.

Finalmente, el proyecto de la minoría de los socialistas franceses (guesdista) declara resueltamente que las cooperativas por sí mismas no son en modo alguno organizaciones de clase (como lo son, por ejemplo, los sindicatos), que su importancia viene determinada por el uso que se haga de ellas. Los obreros, al ingresar en masa en las cooperativas, pueden obtener de ellas un beneficio para su lucha contra el capital, pueden comprender hasta cierto punto, mediante el ejemplo, lo que sería la sociedad socialista, organizada tras la supresión de las contradicciones del régimen actual. El proyecto subraya, por tanto, el significado limitado de las cooperativas y llama a los partidos socialistas a apoyar las cooperativas proletarias, previene contra las ilusiones cooperativas, recomienda la cohesión de los socialistas dentro de las cooperativas con el fin de explicar a las masas su verdadera tarea: la conquista del poder político y la transformación de los medios de producción e intercambio en propiedad común.

Es completamente evidente que aquí se perfilan dos líneas fundamentales: una, la línea de la lucha de clases proletaria, el reconocimiento del valor de las cooperativas para esta lucha, como su instrumento, como uno de sus medios auxiliares, y la determinación de las condiciones bajo las cuales las cooperativas jugarían realmente ese papel, y no seguirían siendo simples empresas comerciales. La otra línea es la pequeñoburguesa, que oscurece la cuestión del papel de las cooperativas en la lucha de clases del proletariado, ensancha la importancia de las cooperativas más allá de los límites de esta lucha (es decir, confunde los puntos de vista proletario y patronal sobre las cooperativas), define los objetivos de las cooperativas con frases tan generales que son aceptables incluso para el reformador burgués, ese ideólogo de los patronos y pequeños propietarios progresistas.

Desgraciadamente, las dos líneas indicadas solo se perfilaban en los tres proyectos preparados de antemano, y no estaban claras, nítidas y tajantemente contrapuestas entre sí, como dos corrientes cuya lucha debe resolver la cuestión. Y por eso las sesiones del congreso transcurrieron de manera desigual, confusa, como espontáneamente. Se "tropezaba" a cada momento con las divergencias, pero no se aclararon del todo, y el resultado fue una resolución que refleja la confusión del pensamiento, que no da todo lo que podría y debería haber dado una resolución del congreso de partidos socialistas.

En la comisión sobre la cuestión de las cooperativas se perfiló de inmediato dos corrientes. Una, la de Jaurès y Elm. Elm era uno de los cuatro delegados alemanes en la comisión de cooperativas y actuó como representante de los alemanes, en un espíritu claramente oportunista. La otra corriente, la belga. El austriaco Karpeles, destacado militante del movimiento cooperativo austriaco, actuó como mediador y conciliador, sin defender una línea principista definida, pero inclinándose (mejor dicho: no "pero", sino precisamente por eso) con mucha más frecuencia hacia los oportunistas. Y también a los belgas les obligaba a discutir con Jaurès y Elm mucho más el instinto de un planteamiento realmente proletario del asunto cooperativo, que la comprensión clara de la hostilidad e irreconciliabilidad del punto de vista proletario y pequeñoburgués sobre la cuestión. Por eso, por ejemplo, Anseele (presidente de la comisión de cooperativas) pronunció en la comisión discursos ardientes y excelentes contra la neutralidad de las cooperativas, contra la exageración de su importancia, a favor de la necesidad de que seamos socialistas-cooperativistas, y no cooperativistas-socialistas; pero al elaborar la resolución, ese mismo Anseele podía llevar directamente a la desesperación con su condescendencia hacia las formulaciones de Jaurès y Elm, con su falta de deseo de profundizar en las causas de la divergencia.

Pero volvamos a las sesiones de la comisión. Es comprensible que los representantes de las naciones con un movimiento cooperativo fuertemente desarrollado tuvieran una influencia decisiva en el curso de los trabajos. Inmediatamente se puso de manifiesto la divergencia entre belgas y alemanes, en enorme desventaja para estos últimos. Los belgas, en cualquier caso, llevaban la línea proletaria, aunque no del todo consecuentemente, no del todo claramente. Elm actuaba como un oportunista de agua pura (especialmente en la subcomisión, de lo que se hablará más adelante). Era natural que el papel dirigente correspondiera a los belgas. Los austriacos se inclinaban hacia ellos, y hacia el final de los trabajos de la comisión se leyó la resolución austro-belga, mientras que Elm, que había presentado la resolución alemana, declaró directamente que consideraba perfectamente posible un acuerdo de esta con el proyecto jaurésista. Como entre los franceses había una fuerte minoría contra Jaurès (a favor de su punto de vista había 202 mandatos, y a favor del guesdista 142), y entre los alemanes, con toda seguridad, se habría obtenido una minoría no menos fuerte contra Elm (si se hubiera planteado clara y tajantemente la cuestión de los dos puntos de vista), la alianza austro-belga tenía seguras posibilidades de victoria. Y la cuestión no era, por supuesto, tanto de "victoria" en el sentido estricto de la palabra, como de defender consecuentemente el punto de vista proletario sobre las cooperativas. Esta consecuencia no se logró debido a las excesivas concesiones hechas por la subcomisión a Jaurès y Elm.

Por lo que respecta a nosotros, los socialdemócratas rusos, procuramos apoyar en la comisión la línea austro-belga y, con este fin, antes de que se diera a conocer el proyecto de compromiso austro-belga, presentamos nuestro proyecto de resolución del siguiente tenor:

"PROYECTO DE LA DELEGACIÓN SOCIALDEMÓCRATA DE RUSIA

El Congreso considera:

1) Que las cooperativas de consumo proletarias mejoran la situación de la clase obrera en el sentido de que reducen la magnitud de la explotación por parte de todo tipo de intermediarios comerciales, que influyen en las condiciones de trabajo de los obreros ocupados en los establecimientos de los proveedores y mejoran la situación de sus propios empleados.

2) Que estas cooperativas pueden adquirir una gran importancia para la lucha económica y política de masas del proletariado, apoyando a los obreros durante las huelgas, lockouts, persecuciones políticas, etc.

Por otra parte, el Congreso señala lo siguiente:

1) que las mejoras que pueden alcanzarse mediante las cooperativas de consumo solo pueden ser muy insignificantes mientras los medios de producción se hallen en manos de la clase sin cuya expropiación no puede realizarse el socialismo;

2) que las cooperativas de consumo no son organizaciones de lucha directa contra el capital y existen al lado de organizaciones de este mismo género de otras clases, que pueden engendrar la ilusión de que estas organizaciones son un medio mediante el cual la cuestión social puede ser resuelta sin la lucha de clases y la expropiación de la burguesía.

El Congreso llama a los obreros de todos los países:

a) a ingresar en las cooperativas de consumo proletarias y a contribuir por todos los medios a su desarrollo, defendiendo al mismo tiempo el carácter democrático de estas organizaciones;

b) a contribuir, mediante una incesante propaganda socialista en las cooperativas de consumo, a la difusión entre los obreros de las ideas de la lucha de clases y del socialismo;

c) a esforzarse, al mismo tiempo, por lograr el acercamiento más completo posible de todas las formas del movimiento obrero.

El Congreso señala también que las cooperativas de producción solo tienen importancia para la lucha de la clase obrera cuando constituyen una parte integrante de las cooperativas de consumo".

Todos los proyectos de resolución fueron entregados a la subcomisión (las comisiones de los congresos internacionales son tan grandes –cada nación envía 4 delegados a cada comisión– que no puede ni hablarse de elaborar el texto de las resoluciones en la sesión plenaria de la comisión). En la subcomisión entraron 10 personas: dos belgas (Anseele y Vandervelde), un francés (Jaurès), un austriaco (Karpeles), un alemán (Elm), un holandés (marxista Vliegen), y uno de cada uno: italiano, danés, inglés, socialdemócrata ruso (Voinov y yo –nuestra delegación socialdemócrata no tuvo tiempo de reunirse para elegir un representante–, por lo que estuvimos presentes ambos, pero votó uno solo).

En la subcomisión se inició ya un trabajo puramente práctico de redacción del texto de la resolución. El texto aprobado por el congreso, con los más pequeños cambios estilísticos, es el elaborado por la subcomisión; los lectores encontrarán el texto de la resolución del congreso en otro lugar del presente número. La lucha en la subcomisión –a diferencia de la comisión– se centró no en la cuestión de las relaciones de las cooperativas con el partido, sino en la cuestión más de principio sobre el significado y el papel de las cooperativas. Los belgas se inclinaban por una definición completamente correcta en principio de su papel, como uno de los posibles (bajo ciertas condiciones) instrumentos auxiliares de la lucha de clases proletaria por la "expropiación total" (expropriation intégrale) de la clase capitalista. Elm, apoyado por Jaurès, se rebeló decididamente y mostró todo su oportunismo en su totalidad. Decía que no se sabe si se llegará en general a la expropiación, que él personalmente lo considera completamente inverosímil, que para la "mayoría" (!) es una cuestión discutible, que en el programa del partido socialdemócrata alemán no hay expropiación, que debe decirse "Ueberwindung des Kapitalismus" – "superación del capitalismo". Las famosas palabras de Bebel en Hannover, dichas al concluir las discusiones con Bernstein, "es bleibt bei der Expropriation" – "nos mantenemos como antes por la expropiación"{124}, fueron olvidadas por uno de los jefes del oportunismo alemán. En relación con estas discusiones surgió la "cuestión de la socialización". Jaurès exigía ultimativamente que en la definición del significado de las cooperativas constara: "ayudan a los obreros (como está en el texto de la resolución aprobada por el congreso) a preparar la democratización y socialización de los medios de producción e intercambio".

Esta es una de esas frases vagas, indefinidas, perfectamente aceptables para los ideólogos del pequeño propietario y para los teóricos del reformismo burgués, de las que Jaurès es un maestro y a las que es tan aficionado. ¿Qué es la "democratización de los medios de producción e intercambio"? (En la comisión, después, cuando el proyecto volvió de la subcomisión, los franceses sustituyeron la palabra medios –moyens– por la palabra fuerzas –forces–, pero el asunto no cambió en nada). La producción campesina (dije yo en la comisión) es más "democrática" que la gran producción capitalista. ¿Significa esto que nosotros, los socialistas, queremos la creación de la pequeña producción? ¿Qué es la "socialización"? Bajo esto se puede entender la transformación en propiedad de toda la sociedad, pero también se pueden entender cualquier tipo de medidas parciales, cualquier tipo de reformas en el marco del capitalismo, desde las cooperativas campesinas hasta los baños y urinarios municipales. Jaurès se refería en la subcomisión a las cooperativas agrícolas danesas, considerando, evidentemente, al igual que los economistas burgueses, que no son empresas capitalistas.

Organizando la resistencia a este oportunismo, nosotros (socialdemócratas rusos y polacos) intentamos apelar de Elm a Wurm, coeditor de la "Neue Zeit", que también estaba en la comisión de cooperativas por los alemanes. Wurm no aprobaba la frase sobre la "democratización y socialización", proponía (en privado) una serie de enmiendas, parlamentaba entre Elm y los marxistas, pero Elm demostró tal "firmeza como una roca" que Wurm no logró nada. Ya después del congreso leí en el "Leipziger Volkszeitung" (n.º 201, 31 de agosto de 1910, 3. Beilage) que en la delegación alemana se había planteado ya el martes la cuestión de las cooperativas. "R. Fischer preguntaba –escribe el corresponsal de este periódico– si no hay divergencias sobre la cuestión de las cooperativas entre los delegados alemanes". Elm respondió: "Las hay. No se pueden eliminar de la noche a la mañana. Las decisiones de los congresos son siempre decisiones de compromiso, y en esta cuestión también, probablemente, terminará en un compromiso". Wurm: "Mis concepciones sobre la cuestión de las cooperativas son completamente diferentes (durchaus andere) que las de von Elm; pero probablemente coincidiremos en una resolución común". La delegación consideró después de esto innecesaria una discusión ulterior.

Esta información confirma el fenómeno que ya se había perfilado completamente en el congreso internacional de Stuttgart. La delegación alemana se compone por partes iguales de representantes del partido y de los sindicatos. De estos últimos pasan casi siempre oportunistas, pues se eligen normalmente a los secretarios y demás "burocracia" sindical. En general, los alemanes son incapaces de mantener una línea principista consecuente en los congresos internacionales, y la hegemonía en la Internacional se les escapa a veces de las manos. La impotencia de Wurm frente a Elm solo ilustró una vez más esa crisis en la socialdemocracia alemana que consiste en el crecimiento de un inevitable y decisivo ajuste de cuentas con los oportunistas.

Sobre la cuestión del apoyo económico de las cooperativas al partido, Elm y Jaurès consiguieron también en la subcomisión una concesión excesiva de los belgas, que aceptaron la formulación: "corresponde a las cooperativas de cada país decidir si deben y en qué medida ayudar directamente con sus fondos al movimiento político y sindical".

Cuando el proyecto de la subcomisión volvió a la comisión para su aprobación definitiva, centramos toda nuestra atención precisamente en estos dos puntos. Junto con Guesde presentamos dos enmiendas (principales): en primer lugar, sustituir las palabras: "(las cooperativas) ayudan a los obreros a preparar la democratización y socialización de la producción y el intercambio" por las palabras: "(las cooperativas) ayudan en cierta medida a preparar el funcionamiento de la producción y el intercambio después de la expropiación de la clase capitalista". El sentido de esta enmienda, formulada estilísticamente no del todo acertadamente, no consistía en que las cooperativas no puedan ayudar ahora a los obreros, sino en que el funcionamiento futuro de la producción y el intercambio, que ya ahora preparan las cooperativas, solo puede producirse después de la expropiación de los capitalistas. La segunda enmienda se refería al punto que habla de las relaciones de las cooperativas con el partido. Proponíamos o bien añadir las palabras: "que (es decir, la ayuda a la lucha obrera) es, en todo caso, deseable desde el punto de vista del socialismo", o bien sustituir todo este punto por otro que recomendara directamente a los socialistas en las cooperativas predicar y defender la necesidad de una ayuda directa a la lucha de clases del proletariado.

Ambas enmiendas fueron rechazadas por la comisión, reuniendo solo unos 15 votos. Los socialistas revolucionarios votaron –como siempre en los congresos internacionales– por Jaurès. ¡Ante el público ruso no tienen reparo en acusar de oportunismo incluso a Bebel, y ante el público europeo van con Jaurès y con Elm! Wurm intentó corregir el final de la resolución mediante el reordenamiento de los tres últimos párrafos. Que se diga primero que es deseable la unión de las cooperativas en una sola federación (penúltimo párrafo). Que se declare luego que depende de las cooperativas si prestan ayuda directa al partido o no (antepenúltimo párrafo). Y que el último párrafo comience con las palabras: "pero" (pero el congreso declara que son deseables relaciones cada vez más íntimas entre el partido, los sindicatos y las cooperativas). Entonces, del contexto general se desprendería claramente que el congreso recomienda a las cooperativas ayudar al partido. Elm rechazó incluso esta enmienda. Wurm la retiró entonces. Entonces Vliegen la presentó por su cuenta, votamos a favor de ella, pero la enmienda fue rechazada.

Sobre la cuestión de cómo comportarse en el pleno del congreso, tuvimos una consulta con Guesde. Guesde opinaba –y su opinión fue compartida por los socialdemócratas revolucionarios alemanes– que por enmiendas particulares no se debía entablar una guerra en el pleno del congreso, que en general había que votar a favor de la resolución. Sus defectos consisten en la admisión de una frase revisionista, que no sustituye a la definición del objetivo del socialismo, sino que está al lado de tal definición, y en una expresión insuficientemente fuerte de la idea de que las cooperativas obreras deben ayudar a la lucha de clases obrera. Tales defectos deberían haberse tratado de corregir, pero no hay motivo para entablar una lucha por ellos en el pleno. Estuvimos de acuerdo con esta opinión de Guesde, y la resolución fue aprobada en el pleno del congreso por unanimidad.

Resumiendo los trabajos del congreso sobre la cuestión de las cooperativas, debemos decir –sin ocultarnos a nosotros mismos ni a los obreros los defectos de la resolución– que la Internacional dio una definición correcta en sus rasgos fundamentales de las tareas de las cooperativas proletarias. Todo miembro del partido, todo obrero socialdemócrata, todo obrero cooperativista consciente debe guiarse por la resolución aprobada y desarrollar toda su actividad en su espíritu.

El congreso de Copenhague señala esa etapa del desarrollo del movimiento obrero en que este se extendía, por así decirlo, preferentemente en anchura y comenzaba a incorporar al cauce de la lucha de clases las cooperativas proletarias. Las divergencias con los revisionistas se perfilaban, pero aún falta mucho para que los revisionistas se presenten con un programa independiente. La lucha contra el revisionismo se aplaza, pero esta lucha llegará inevitablemente.

"Sociál-Demócrata" n.º 17, 25 de septiembre (8 de octubre) de 1910. Firma: N. Lenin