La estadística social en general, y la estadística económica en particular, han logrado enormes avances en el transcurso de los dos o tres últimos decenios. Toda una serie de cuestiones, y por cierto las más fundamentales, concernientes a la estructura económica de los Estados modernos y su desarrollo, que antes se resolvían sobre la base de consideraciones generales y datos aproximativos, no pueden ser elaboradas en la actualidad con seriedad alguna sin tener en cuenta los datos masivos, recogidos en todo el territorio de un país determinado según un programa definido y compilados por estadísticos especializados. En particular, las cuestiones de la economía agrícola, que provocan especialmente muchas discusiones, exigen una respuesta basada en datos precisos y masivos, tanto más cuanto que en los Estados europeos y en América se está generalizando cada vez más la realización de censos periódicos que abarcan todas las explotaciones agrícolas del país.

En Alemania, por ejemplo, tales censos se realizaron en 1882, 1895 y el último en 1907. La importancia de estos censos ha sido señalada muchas veces en nuestra literatura, y difícilmente se puede encontrar un libro o artículo dedicado a la economía de la agricultura moderna en el que no haya referencias a los datos de la estadística agrícola alemana. Con motivo del último censo se ha levantado ya bastante revuelo tanto en la literatura alemana como en la nuestra. El Sr. Valentínov, según recuerdo, en «Kíevskaya Mysl»{120} el año pasado se puso a tocar el bombo porque este censo supuestamente refutaba la doctrina del marxismo y las opiniones de Kautsky, demostrando la vitalidad de la pequeña producción y su victoria sobre la gran producción. Recientemente, en «El Economista de Rusia»{121}, el profesor Vobly, en su artículo «Tendencias de la evolución agraria en Alemania» (n.º 36, 11 de septiembre de 1910), refutaba, basándose en los datos del censo de 1907, la aplicabilidad a la agricultura del «esquema elaborado por Marx respecto al desarrollo de la industria» y demostraba que «las pequeñas empresas no sólo no perecen en la lucha contra las grandes en el ámbito de la agricultura; por el contrario, cada nuevo censo constata su éxito».

Pensamos, por tanto, que sería oportuno analizar detalladamente los datos del censo de 1907. Ciertamente, la publicación de los materiales de este censo aún no ha concluido: han salido tres tomos que contienen todos los datos del censo[54], y el cuarto tomo, dedicado a la «exposición de los resultados generales del censo», aún no ha sido publicado y no se sabe si saldrá pronto. Pero no hay razón para aplazar el estudio de los resultados del censo hasta la aparición de ese tomo final, pues el material ya está disponible en su totalidad, su compilación también, y la literatura lo utiliza ampliamente.

Observemos solamente que plantear la cuestión como se plantea habitualmente, limitándose casi exclusivamente a comparar el número de explotaciones de diferentes tamaños (por superficie) y la cantidad de tierra que poseen en distintos años, significa abordar el asunto de manera completamente incorrecta. Las divergencias reales entre los marxistas y los adversarios del marxismo en la cuestión agraria tienen raíces mucho más profundas. Si nos proponemos esclarecer plenamente las fuentes de las divergencias, debemos prestar atención ante todo y sobre todo a la cuestión de cuáles son los rasgos fundamentales del régimen capitalista en la agricultura moderna. Precisamente en este punto los datos del censo alemán del 12 de junio de 1907 son especialmente valiosos. Es menos detallado en algunas cuestiones que los censos anteriores de 1882 y 1895, pero en cambio proporciona por primera vez datos sobre el trabajo asalariado en la agricultura de una riqueza sin precedentes. Y el empleo del trabajo asalariado es el rasgo distintivo principal de toda agricultura capitalista.

Por ello, procuraremos ante todo ofrecer un cuadro general del régimen capitalista de la agricultura moderna, apoyándonos principalmente en los datos del censo alemán de 1907 y completándolos con los datos de los mejores censos agrícolas de otros países, a saber: daneses, suizos, estadounidenses y el último húngaro. En cuanto al hecho que más salta a la vista al primer contacto con los resultados del censo y del que más se habla, a saber: la disminución en Alemania del número de explotaciones grandes (por tamaño de la superficie agrícola) y de la cantidad de tierra que poseen, nos ocuparemos de su examen solo al final de nuestro trabajo. Pues se trata de uno de los hechos complejos que son función de toda una serie de otros, y no hay posibilidad alguna de comprender su significado sin haber dilucidado previamente varias cuestiones mucho más importantes y fundamentales.