Con un gran discurso intervino V. I. Lenin, recibido con estruendosos aplausos.

En la situación internacional, dijo el camarada Lenin, el hecho más destacado es la paz con Estonia. Esta paz es una ventana a Europa. Con ella se nos abre la posibilidad de iniciar el intercambio de mercancías con los países de Occidente. Nuestros adversarios afirmaban que la revolución en Occidente está lejana y que sin ella no nos mantendríamos. Pero no solo nos mantuvimos, sino que también vencimos.

Vencimos sin recibir de ninguna parte ni un solo cartucho, vencimos solo porque los obreros y los soldados del Ejército Rojo sabían por qué luchaban.

Si los pequeños pueblos, que son juguetes en manos de la Entente, comienzan a inclinarse por la paz con la Rusia Soviética, ello se explica porque hemos demostrado en la práctica cómo los engañaron los imperialistas y con cuánta cordialidad les tiende la mano de paz el proletariado ruso. Tras Estonia viene Polonia. Se ha recibido la noticia de que Polonia discutirá la propuesta de paz de la Rusia Soviética. Esta victoria incruenta tiene una importancia enorme.

Pasando a la cuestión de la situación interior, V. I. Lenin señaló que dicha situación se reduce a la lucha contra la devastación del transporte. Actualmente, el ferrocarril pende de un hilo. Si los trenes se detienen, eso significará la ruina de los centros proletarios. Son necesarios esfuerzos heroicos de las masas obreras para mantener el transporte y aliviar la lucha contra el hambre y el frío. Si en la guerra civil, que se cobró tantas víctimas, fueron posibles heroísmos sin precedentes que decidieron la causa a nuestro favor, esos heroísmos y sacrificios son necesarios ahora, cuando la guerra ha pasado a otro frente: el industrial. Ahora son necesarias las victorias en este frente incruento.

Hay que comprender que también aquí se necesitan sacrificios. A costa de sacrificios hay que levantar la economía del país. «Muerte o victoria» debe ser la consigna en el frente industrial. Es necesario que los obreros tomen conciencia de la necesidad de la lucha más intensa para vencer en este frente. La lucha que se avecina es muy difícil, y tendrán que librarla obreros agotados y hambrientos; pero si comprenden que del desenlace de esta lucha depende el destino de la clase obrera, lograrán su objetivo.

La cuestión del transporte se está debatiendo actualmente en el Consejo de Defensa{51}. Pero los propios obreros deben unirse para luchar contra la devastación del transporte y la especulación que contribuye a dicha devastación. Quienes no entregan al Estado sus excedentes de pan convierten los ferrocarriles en un instrumento de especulación; esos están contra nosotros, y los obreros conscientes deben luchar unidos contra ellos.

Al Ejército Rojo lo condujimos a la victoria no solo con agitación, sino también con una estricta disciplina de hierro. Lo que se organizó en el Ejército Rojo debe crearse en todos los frentes del trabajo. Toda la experiencia de la creación del Ejército Rojo hay que trasladarla al seno del ejército ferroviario de los trabajadores, para situarlo a la misma altura a la que se elevó el Ejército Rojo. Sin sacrificios, sin disciplina de hierro, sin la utilización de especialistas, el Ejército Rojo no habría vencido, ni vencerá el ejército ferroviario. (Aplausos.)

«Petrogradskaya Pravda» n.º 28, 7 de febrero de 1920.

Se publica según el texto del periódico «Petrogradskaya Pravda».