Permítanme, en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo, saludar su conferencia y expresarles algunas ideas al respecto.

En lo que se refiere a nuestra situación internacional, puedo hablar de un radiograma recibido hoy de Inglaterra, que caracteriza mejor que nada esa situación internacional. El radiograma comunica que ayer, día 24, el Consejo Supremo de las Potencias Aliadas llegó a la conclusión de que, si los Estados fronterizos con Rusia le pidieran consejo sobre su política, les diría que no puede aconsejarles una guerra que, probablemente, perjudicaría sus intereses, y que menos aún puede aconsejarles una guerra ofensiva contra Rusia; pero que si la República Socialista Federativa Soviética de Rusia atacara sus fronteras legítimas, el Consejo Aliado les prestaría apoyo. Luego, los señores aliados desean enviar a Rusia una comisión perteneciente a la comisión del trabajo en Washington. Los organizadores de la conferencia, los socialtraidores con Albert Thomas a la cabeza, se han puesto de acuerdo sobre algunas reformas sociales y desean enviar a Rusia a ese público, que representa una parte de la Sociedad de Naciones{74}, para investigar en qué medida las condiciones de Rusia corresponden a las exigencias habituales de los Estados "civilizados".

Esta comunicación sobre la decisión de ayer de los aliados muestra claramente cuán enredados están estos señores y qué beneficio podemos obtener de su confusión. Han tirado centenares de millones para apoyar la guerra (por parte del Estado inglés) y han declarado que no pueden seguir apoyando la guerra. Con eso ha terminado su ardor ofensivo, aunque el suministro de equipamiento militar a Polonia continúa: siguen suministrando armas; tenemos informes precisos de que Polonia está realizando reagrupaciones de tropas calculadas para la ofensiva, por lo que no podemos confiar con seguridad en su declaración. Aunque ahora ha desaparecido en un noventa por ciento la amenaza de peligro exterior por parte de los aliados, en todo caso queda cierta amenaza; después del final de la guerra contra Denikin, habrá que mantener la preparación militar. No podemos contar con una desmovilización completa.

Así pues, en un noventa por ciento ha desaparecido el peligro de invasión del capitalismo internacional contra Rusia; han fracasado de manera tan notable que, ya por enésima vez, presentan una propuesta de enviar una comisión a Rusia. Si esa comisión incluye a señores como Albert Thomas, que visitó Rusia durante la guerra, no saldrá más que un escándalo para ellos y un magnífico motivo de agitación para nosotros. Los recibiremos de tal manera que se larguen de Rusia lo antes posible, y no conseguirán más que agitación para los obreros de otros países. Quieren asustar, pero cuando digamos que recibiremos a los caros huéspedes, esconderán su intento. Esto muestra hasta qué punto están desconcertados. Ahora tenemos una ventana a Europa gracias a la paz con Estonia y estamos en condiciones de obtener de allí los productos básicos. Nuestra situación internacional representa realmente un enorme progreso y mejora: en un noventa por ciento, todo peligro exterior para la República Soviética ha sido eliminado.

Cuanto más se elimina, más podemos dedicarnos a la labor de construcción pacífica, y contamos con vuestra actividad, con vosotros, los que trabajáis en el ámbito extraescolar. Para establecer la enseñanza escolar sobre bases más sólidas, se necesita toda una serie de cambios materiales: construcción de escuelas, selección de maestros, reformas internas de organización y selección del personal docente. Todo esto son cosas que requieren una larga preparación. Con respecto a la educación extraescolar, vosotros no estáis muy limitados por esa larga preparación. La necesidad de la población de recibir educación al margen del sistema escolar establecido y la necesidad de trabajadores en este campo están creciendo extraordinariamente. Estamos seguros de que con la ayuda común y los esfuerzos comunes se hará más que hasta ahora.

Para terminar, diré algo sobre el carácter de la educación extraescolar, que está ligada a la propaganda y la agitación. Uno de los defectos fundamentales de la organización de la educación y la instrucción en la sociedad capitalista era que estaba separada de la tarea fundamental de organización del trabajo, en la medida en que al capitalista le bastaba con amaestrar y adiestrar obreros sumisos y amaestrados. No existía vínculo entre las tareas reales de organización del trabajo popular y la enseñanza en la sociedad capitalista. La enseñanza tenía un carácter muerto, escolástico, oficial, apestado por las influencias clericales, que en todas partes, incluso en las repúblicas más democráticas, hacía que todo lo fresco y sano tuviera que ser eliminado. El trabajo vivo directo se veía dificultado, porque sin el aparato del poder estatal, sin ayuda material y financiera, no se puede organizar la educación en gran escala. En la medida en que podemos y debemos prepararnos para el tránsito de toda nuestra vida soviética desde los raíles de la preparación militar y la resistencia militar a los raíles de la construcción pacífica, en esa medida es necesario e imprescindible que vosotros, trabajadores de la educación extraescolar, tengáis en cuenta este cambio y, en vuestra labor propagandística, en sus tareas y programa, os adaptéis a este cambio.

Para mostrar cómo entiendo las tareas y todo el carácter de la educación, la enseñanza, la crianza y la instrucción de acuerdo con las tareas modificadas de la República Soviética, recordaré aquella resolución sobre la electrificación que fue aprobada en la última sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia; probablemente todos la conocen. Hace unos días apareció en la prensa una comunicación de que en un plazo de dos meses (en la comunicación oficialmente impresa se decía: en un plazo de dos semanas, es un error), de que en un plazo de dos meses se elaborará el plan de electrificación del país, calculado para 2 o 3 años según el programa mínimo y para 10 años según el máximo. El carácter de toda nuestra propaganda, tanto puramente del partido como de la enseñanza escolar y la educación, y el carácter de la enseñanza extraescolar, deben cambiar, no en el sentido de que cambien los fundamentos mismos y la orientación de la enseñanza, sino en el sentido de adaptar el carácter de la actividad al tránsito hacia la construcción pacífica con un amplio plan de transformación industrial y económica del país, porque la dificultad económica general y la tarea general es la tarea de restaurar las fuerzas económicas del país de tal modo que, junto a la pequeña economía campesina, la revolución proletaria pueda crear nuevas bases de la vida económica. Hasta ahora, al campesino le ha tocado dar trigo en préstamo al Estado obrero: los papelitos de colores (el dinero) no pueden satisfacer al campesino por el trigo. El campesino, no estando satisfecho con ellos, exige su derecho legítimo: a cambio del trigo que da, productos de la industria, que no podemos dar mientras no restauremos la economía. Restaurarla es la tarea fundamental, pero no podemos restaurarla sobre la vieja base económica y técnica. Esto es imposible técnicamente, y sería descabellado; hay que encontrar una nueva base. Esa nueva base es el plan de electrificación.

Nos presentamos ante el campesinado, ante la masa menos desarrollada, señalándole cómo el nuevo tránsito a un nivel más alto de cultura y de instrucción técnica es necesario para el éxito de toda la edificación soviética. Por lo tanto, es necesario restaurar la economía. El campesino más atrasado comprende que la guerra la ha arruinado, que sin su restauración no podrá salir de la miseria, obtener los productos necesarios a cambio del trigo. A esta misma necesidad más inmediata y acuciante del campesinado debe ajustarse y engancharse toda la labor de propaganda, educación, instrucción y educación extraescolar, para que no esté separada de las necesidades más acuciantes de la vida cotidiana, sino que precisamente parta de su desarrollo y del entendimiento del campesino, subrayando que la salida de la situación está solo en la restauración de la industria. Pero la restauración de la industria no puede hacerse sobre la vieja base: hay que restaurarla sobre la base de la técnica moderna. Esto significa electrificación de la industria y elevación de la cultura. Las centrales eléctricas requieren hasta 10 años de trabajo, pero un trabajo más culto y consciente.

Desplegaremos un amplio plan de trabajo, que debe estar vinculado, en la representación de las amplias masas del campesinado, con un objetivo claro, planteado de manera práctica. Esto no puede hacerse en pocos meses. Se puede dar un programa mínimo no menor de 3 años. Pero, sin proponernos utopías, se puede decir que en el transcurso de 10 años estaremos en condiciones de cubrir toda Rusia con una red de centrales eléctricas y pasar a un estado de la industria eléctrica que satisfaga las exigencias modernas de la técnica y acabe con la vieja agricultura campesina. Ella exige una cultura y una educación más elevadas.

Sin ocultarnos que la tarea práctica inmediata es la restauración del transporte y el suministro de víveres, que con el estado actual de la productividad no se puede abordar tareas amplias, vosotros, en el campo de la propaganda y la instrucción, debéis tener presente y realizar esta tarea de una completa reestructuración sobre una base que corresponda a las necesidades culturales y técnicas. Nos curaremos con gran rapidez de los viejos métodos de propaganda, que pecaban de caducos, que hasta ahora se dirigían al campesino con frases generales sobre la lucha de clases, sobre cuya base se inventaban toda clase de tonterías acerca de la cultura proletaria{75}, etc., de esa basura que se parece mucho a las enfermedades infantiles de la edad pueril. En la propaganda, la agitación, la actividad educativa e instructiva, pasaremos a plantear la cuestión de un modo más sobrio y eficaz, digno de los hombres del Poder soviético, que en dos años han aprendido algo y que van hacia el campesino con un plan práctico, eficaz y claro de reestructuración de toda la industria, exponiendo que ahora el campesino y el obrero, con el estado actual de la educación, no cumplirán esa tarea y no saldrán del barro, la miseria, el tifus exantemático y las enfermedades. Esta tarea práctica, claramente vinculada con la elevación de la cultura y la educación, debe servir como nudo en torno al cual debe agruparse todo el carácter de nuestra propaganda de partido y de nuestra actividad, de nuestra enseñanza e instrucción. Entonces se enganchará tan profundamente en los intereses más acuciantes de la masa campesina, vinculará tan fuertemente la elevación general de la cultura y el saber con las necesidades económicas más dolorosas, que aumentaremos aún cien veces la necesidad de educación por parte de las masas obreras. Estamos absolutamente seguros de que si en dos años resolvimos la tarea militar más difícil, resolveremos en 5 o 10 años una tarea aún más difícil: la tarea cultural-educativa e instructiva. Este es el deseo con el que quería dirigirme a vosotros. (Aplausos.)

Breve informe periodístico publicado el 2 de marzo de 1920 en las "Noticias de la Tarde del Soviet de Diputados Obreros y del Ejército Rojo de Moscú" n.º 481

Publicado por primera vez completo el 25 de abril de 1930 en el diario "Pravda" n.º 114

Se publica según la transcripción taquigráfica, cotejada con el texto del diario "Pravda"