Hace exactamente un año, en febrero de 1909, en el nº 2 del «Socialdemócrata», caracterizamos los trabajos de la conferencia del partido del POSDR como los que encaminan al partido «por el buen camino» después de «un año de desintegración, un año de confusión ideológico-política, un año de extravío del partido» (artículo: «Por el buen camino»)[30]. Señalábamos allí que la grave crisis que atravesaba nuestro partido era, sin duda, no solo organizativa, sino también ideológico-política. Veíamos la garantía de la lucha exitosa del organismo del partido contra las influencias disolventes del período contrarrevolucionario, ante todo, en que las decisiones tácticas de la conferencia resolvieron correctamente la tarea fundamental: la plena confirmación por el partido obrero de sus fines revolucionarios, extraídos del reciente tiempo de tormenta y embate, de su táctica revolucionario-socialdemócrata, confirmada por la experiencia de la lucha directa de las masas, y al mismo tiempo, la consideración de los enormes cambios económicos y políticos que ocurren ante nuestros ojos, los intentos de la autocracia de adaptarse a las condiciones burguesas de la época, de organizarse en una monarquía burguesa, de asegurar los intereses del zarismo y de los terratenientes de las Centurias Negras mediante una alianza abierta, amplia y sistemáticamente llevada a cabo con las cúpulas burguesas del campo y con los magnates del capitalismo comercial e industrial. Señalábamos la tarea organizativa del partido, vinculada con el nuevo momento histórico: la tarea de utilizar por el partido ilegal toda clase de instituciones legales, y la fracción socialdemócrata en la Duma inclusive, para crear puntos de apoyo del trabajo revolucionario socialdemócrata en las masas. Señalando la semejanza de esta tarea organizativa con la que resolvieron nuestros camaradas alemanes en la época de la ley de excepción, hablábamos de la «triste desviación del trabajo proletario consecuente» en forma de negación del trabajo en la Duma por parte de la socialdemocracia o de renuncia a la crítica directa y abierta de la línea de nuestra fracción en la Duma, en forma de negación o menosprecio del partido socialdemócrata ilegal, de intentos de sustituirlo por una organización legal informe, de acortar nuestras consignas revolucionarias, etc.

Habiendo echado esta mirada atrás, podemos valorar más correctamente la importancia del recién celebrado pleno del Comité Central de nuestro partido{87}. Los lectores encontrarán en otro lugar del presente número el texto de las resoluciones más importantes adoptadas por el pleno{88}. La importancia de estas resoluciones es un gran paso hacia la unidad efectiva del partido, hacia la concentración de todas las fuerzas del partido, hacia el reconocimiento unánime de aquellas disposiciones fundamentales sobre la táctica del partido y su organización que determinan el camino de la socialdemocracia en nuestro difícil tiempo. Este camino fue señalado correctamente hace un año, y ahora todo el partido entra en él, todas las fracciones del partido se han convencido de su justeza. El año transcurrido fue un año de nuevas fragmentaciones fraccionales, de nueva lucha fraccional, un año de agudización del peligro de desintegración del partido. Pero las condiciones de trabajo en las bases, la difícil situación de la organización socialdemócrata, las tareas apremiantes de la lucha económica y política del proletariado, todo esto impulsaba a todas las fracciones a la concentración de las fuerzas socialdemócratas. Cuanto más se fortalecía, se insolentaba y desenfrenaba la contrarrevolución, más ampliamente se difundía la vil renegación y la renuncia a la revolución en las capas liberales y pequeño-burguesas-democráticas, tanto más fuerte era la atracción hacia el partido de todos los socialdemócratas. Es sumamente característico que, bajo la influencia de todo este conjunto de condiciones, en la segunda mitad de 1909, se pronunciaran a favor del espíritu de partido miembros de nuestro partido tan divergentes entre sí como el menchevique camarada Plejánov, por un lado, y el grupo «Adelante» (grupo de bolcheviques que se apartaron del bolchevismo ortodoxo), por el otro. El primero se pronunció decididamente en agosto de 1909 contra la escisión y la línea de escisión del partido con la consigna: «lucha por la influencia en el partido». El segundo publicó una plataforma en la que se habla, es cierto, al principio de «lucha por la restauración de la unidad del bolchevismo», pero al final se condena decididamente el fraccionalismo, «el partido dentro del partido», «el aislamiento y el hermetismo de las fracciones», se exige decididamente su «disolución» en el partido, su «fusión», la transformación de los centros fraccionales en centros «verdaderamente solo ideológicos y literarios» (págs. 18 y 19 del folleto: «La situación actual y las tareas del partido»).

El camino claramente señalado por la mayoría del partido fue ahora reconocido – por supuesto, no en los detalles, sino en lo fundamental – unánimemente por todas las fracciones. El año de aguda lucha fraccional condujo a un paso decisivo a favor de la abolición de todas las fracciones y de todo fraccionalismo, a favor de la unidad del partido. Se ha decidido concentrar todas las fuerzas en las tareas apremiantes de la lucha económica y política del proletariado; se ha anunciado el cierre del órgano fraccional de los bolcheviques; se ha adoptado unánimemente la decisión sobre la necesidad de cerrar la «Voz del Socialdemócrata», es decir, el órgano fraccional de los mencheviques. Se ha adoptado unánimemente una serie de resoluciones, de las cuales debemos destacar aquí, como las más importantes, la resolución sobre el estado de cosas en el partido y sobre la convocatoria de la próxima conferencia del partido. La primera de estas resoluciones, siendo, por así decirlo, la plataforma de unificación de las fracciones, merece un análisis especialmente detallado.

Comienza con las palabras: «en desarrollo de las disposiciones fundamentales de las resoluciones de la conferencia del partido de 1908…». Hemos citado más arriba estas disposiciones fundamentales de las tres resoluciones principales de la Conferencia de Diciembre de 1908: sobre la valoración del momento y las tareas políticas del proletariado, sobre la política organizativa del partido y sobre su relación con la fracción socialdemócrata en la Duma. No puede haber la menor duda de que en el partido no hay unanimidad sobre cada detalle, sobre cada punto de estas resoluciones, de que para su crítica, para su reelaboración, de acuerdo con las indicaciones de la experiencia y las lecciones de la lucha económica y política cada vez más compleja, deben estar ampliamente abiertas las puertas de la prensa del partido, de que este trabajo de crítica, aplicación, mejora deben considerar desde ahora todas las fracciones, mejor dicho: todas las corrientes en el partido, como asunto de su propia autodeterminación, como asunto de esclarecimiento de su propia línea. Pero el trabajo de crítica y corrección de la línea del partido no debe obstaculizar la unidad de la acción del partido, que no puede detenerse ni un minuto, que no puede ser vacilante, que debe orientarse en todo conforme a las disposiciones fundamentales de dichas resoluciones.

Desarrollando estas disposiciones, el primer punto del acuerdo del Comité Central recuerda las «bases de principio» de la táctica socialdemócrata, la cual, según el método de toda la socialdemocracia internacional, no puede calcularse – especialmente en una época como la que atravesamos – «solo para la situación concreta del momento inmediato», sino que debe calcularse para diversos caminos, para todas las situaciones posibles: tanto para el caso de un «rápido derrumbe» como para el caso de una «relativa inmovilidad de la situación». Al proletariado se le abre por primera vez la posibilidad de aplicar planificada y consecuentemente este método táctico. La táctica de nuestro partido debe, al mismo tiempo, en la misma acción del proletariado, en la misma red de células organizativas, «hacer que el proletariado esté preparado para una nueva lucha revolucionaria abierta» (sin esto habríamos perdido el derecho a contarnos entre la socialdemocracia revolucionaria, no habríamos cumplido nuestra tarea fundamental, legada por la época de 1905 y prescrita por cada rasgo de la situación económica y política contemporánea), – y «dar al proletariado la posibilidad de utilizar para sí todas las contradicciones del inestable régimen de la contrarrevolución» (sin esto nuestro revolucionarismo se convertiría en frase, en repetición de palabras revolucionarias en lugar de aplicar toda la suma de la experiencia revolucionaria, los conocimientos y las lecciones de la socialdemocracia internacional a cada acción práctica, a la utilización de cada contradicción y vacilación del zarismo, de sus aliados y de todos los partidos burgueses).

El segundo punto de la resolución caracteriza el viraje que atraviesa el movimiento obrero en Rusia. Unámonos y acudamos en ayuda de la nueva generación de obreros socialdemócratas, para que pueda resolver su tarea histórica, renovar la organización del partido, elaborar nuevas formas de lucha, sin renunciar en lo más mínimo a las «tareas de la revolución y sus métodos», sino, por el contrario, defendiéndolos, preparando una base más amplia y más sólida para la aplicación más victoriosa de estos métodos en la futura nueva revolución.

El tercer punto de la resolución esboza las condiciones que han provocado en todas partes entre los obreros conscientes un «impulso hacia la concentración de las fuerzas socialdemócratas del partido, hacia el fortalecimiento de la unidad del partido». A la cabeza de estas condiciones se halla la amplia corriente contrarrevolucionaria. El enemigo se agrupa y avanza. A los viejos enemigos –el zarismo, la arbitrariedad y la violencia de los burócratas, la opresión y la burla desvergonzada de los terratenientes feudales– se suma un nuevo enemigo: la burguesía, cada vez más unificada en su hostilidad consciente, corroborada por la propia experiencia, hacia el proletariado. Los revolucionarios son exterminados, torturados y martirizados como nunca. Se intenta escupir a la revolución, infamarla, borrarla de la memoria del pueblo. Pero la clase obrera, en ningún país, ha permitido jamás que los enemigos le arrebaten la principal conquista de toda revolución que merezca tal nombre: la experiencia de la lucha de masas, la convicción de millones de trabajadores y explotados sobre su necesidad para cualquier mejora seria de su situación. Y la clase obrera de Rusia, a través de todas las pruebas, preservará esa disposición a la lucha revolucionaria, ese heroísmo de las masas con el que venció en 1905 y sabrá vencer aún más de una vez.

No solo nos une la opresión de la contrarrevolución y el desenfreno de los sentimientos contrarrevolucionarios. Nos une también cada paso del modesto trabajo práctico cotidiano. El trabajo de la socialdemocracia en la Duma avanza sin cesar, liberándose de los errores inevitables al comienzo, superando el escepticismo y la indiferencia, forjando ese instrumento de propaganda revolucionaria, agitación y lucha de clases organizada que todos los socialdemócratas valoran. Y todo congreso legal en el que participan obreros, toda institución legal en la que se infiltra el proletariado y aporta su conciencia de clase, la defensa abierta de los intereses del trabajo y las exigencias de la democracia, conducen a la concentración de fuerzas y al desarrollo del movimiento en su conjunto. Ninguna persecución del gobierno, ninguna artimaña de sus aliados centuriasnegras y burgueses, puede destruir las manifestaciones de la lucha proletaria en las formas más diversas y a veces inesperadas, porque el propio capitalismo, con cada paso de su desarrollo, enseña y agrupa, multiplica las filas y refuerza la indignación de sus sepultureros.

En la misma dirección (el impulso hacia la partidización) actúa la dispersión de los grupos socialdemócratas y el «trabajo artesanal» en la labor, de los que tanto sufre nuestro movimiento en el último año y medio o dos años. Resulta imposible elevar el trabajo práctico sin concentrar las fuerzas, sin crear un centro dirigente. El Comité Central ha adoptado una serie de decisiones sobre la organización y el funcionamiento de este centro, sobre la ampliación de su composición con fuerzas prácticas, sobre una vinculación más estrecha de su trabajo con el trabajo en las localidades, etc. Los intereses teóricos, que inevitablemente pasan a primer plano en tiempos de estancamiento, exigen igualmente la unión en defensa del socialismo en general y del marxismo, como socialismo únicamente científico, en particular, frente a la contrarrevolución burguesa que moviliza todas sus fuerzas para luchar contra las ideas de la socialdemocracia revolucionaria.

Por último, el último punto de la resolución habla de las tareas ideológico-políticas del movimiento socialdemócrata. El agudo proceso dentro del movimiento socialdemócrata en 1908-1909 llevó a que también estas tareas se plantearan hasta ahora de manera extremadamente aguda y se resolvieran mediante la lucha más encarnizada de las fracciones. Esto no fue casualidad, sino un fenómeno necesario en el ambiente de crisis y descomposición de las organizaciones del partido. Pero precisamente fue una necesidad, y la adopción unánime de la resolución que examinamos mostró de manera evidente la aspiración común de avanzar, de pasar de la lucha por las premisas fundamentales discutibles a reconocerlas como indiscutibles y a un trabajo amistoso y esforzado sobre la base de ese reconocimiento.

La resolución reconoce que dos tipos de desviaciones del camino correcto son generadas inevitablemente por la situación histórica actual y por la influencia burguesa sobre el proletariado. Una de estas desviaciones, en esencia, se caracteriza por los siguientes rasgos: «negación del partido socialdemócrata ilegal, menosprecio de su papel y significado, intentos de recortar las tareas y consignas programáticas y tácticas de la socialdemocracia revolucionaria, etc.». La conexión de estos errores dentro de la socialdemocracia con la corriente burguesa contrarrevolucionaria fuera de ella es comprensible. Nada odian tanto la burguesía y el zarismo como el partido socialdemócrata ilegal, que con su trabajo demuestra su fidelidad a las consignas de la revolución, su disposición inflexible a luchar sin piedad contra los fundamentos de la «legalidad» estolipiana. Nada odian tanto la burguesía y los servidores del zarismo como las tareas y consignas revolucionarias de la socialdemocracia. Defender ambas cosas es nuestra tarea absoluta, y precisamente la combinación del trabajo ilegal y legal exige de nosotros particularmente la lucha contra todo «menosprecio del papel y significado» del partido ilegal. Precisamente la necesidad de defender la posición del partido en cuestiones más pequeñas, en dimensiones más modestas, por motivos particulares, dentro del marco legal, exige particularmente velar por que estas tareas y consignas no se recorten, por que el cambio de forma de lucha no liquide su contenido, no debilite su intransigencia, no distorsione la perspectiva histórica y el objetivo histórico del proletariado: conducir a todos los trabajadores y explotados, conducir a todas las masas del pueblo a través de una serie de revoluciones burguesas, que conquisten la república democrática, hacia la revolución proletaria, que derribe el propio capitalismo.

Pero, por otra parte –y aquí pasamos a la caracterización de la otra desviación–, no se puede llevar a cabo en la práctica y de manera cotidiana un trabajo socialdemócrata revolucionario si no se aprende a modificar sus formas, adaptándolas a la singularidad de cada nuevo momento histórico. «La negación del trabajo socialdemócrata en la Duma y del aprovechamiento de las posibilidades legales, la incomprensión de la importancia de ambas cosas» representa precisamente una desviación tal que, de hecho, hace imposible la conducción de una política clasista socialdemócrata. La nueva etapa del desarrollo histórico de Rusia nos plantea nuevas tareas: esto no significa que las viejas tareas ya estén resueltas, que sea lícito renunciar a ellas –no–; significa que hay que tomar en cuenta estas nuevas tareas, encontrar nuevas formas de lucha, elaborar la táctica y la organización correspondientes.

Una vez que en el partido ha comenzado a establecerse el acuerdo sobre estas cuestiones fundamentales, el acuerdo sobre la necesidad de «superar» ambas desviaciones señaladas, principalmente mediante la ampliación y profundización del trabajo socialdemócrata, lo principal (para la correcta determinación de las «tareas ideológico-políticas del movimiento socialdemócrata») está logrado. Ahora hay que llevar sistemáticamente a la práctica lo logrado, conseguir una total claridad de comprensión de estas tareas en todos los círculos del partido, en todos los trabajadores locales, llevar hasta el final la explicación del peligro de ambas desviaciones en todos los ámbitos del trabajo, organizar el trabajo de modo que resulten imposibles las vacilaciones hacia uno u otro lado. Los pasos prácticos para la realización de las decisiones adoptadas, las necesidades de la propia lucha económica y política mostrarán luego por sí mismos qué y cómo queda por hacer aquí.

Entre estas necesidades hay una que forma parte del curso ordinario de la vida del Partido (cuando existe ese «curso ordinario»). Nos referimos a una conferencia del Partido que reúna a los representantes de las organizaciones y grupos socialdemócratas de todo el país que realmente trabajen sobre el terreno. Por modesta que sea esta tarea, la desorganización actual la ha dificultado enormemente. La resolución del Comité Central tiene en cuenta las nuevas dificultades (elección de delegados regionales por las células locales concretas, y no por conferencias regionales, cuando su convocatoria resulta imposible) y las nuevas tareas (atraer con voz consultiva a los militantes del Partido que participan en el movimiento legal).

Las condiciones objetivas exigen que la organización del Partido se base en pequeñas células obreras ilegales, modestas por su tamaño y por las formas actuales de trabajo. Pero, para aprender a realizar un trabajo revolucionario socialdemócrata sistemática, constante y planificadamente en las difíciles condiciones actuales, se requiere de ellas mucha más iniciativa y actividad propia que antes, tanto más cuanto que en la mayoría de los casos no pueden esperar ayuda de los viejos y experimentados compañeros. Y estas células no pueden resolver la tarea de una influencia constante sobre las masas y de interacción con ellas sin crear, en primer lugar, un sólido vínculo entre sí y, en segundo lugar, sin crear puntos de apoyo en forma de todo tipo de instituciones legales. De ahí la necesidad de una conferencia de delegados de estas células ilegales —en primer lugar, ante todo, inmediatamente y a toda costa. De ahí la necesidad de atraer a los miembros del Partido socialdemócratas del movimiento legal, de atraer a los representantes «de los grupos socialdemócratas en el movimiento legal que estén dispuestos a establecer un sólido vínculo organizativo con los centros locales del Partido». Quiénes de nuestros socialdemócratas legales son realmente militantes del Partido, de hecho y no solo de palabra, quiénes de ellos han comprendido realmente las nuevas condiciones de trabajo señaladas anteriormente y la combinación de estas con las viejas tareas de la socialdemocracia revolucionaria, quiénes están sinceramente dispuestos a trabajar para cumplir estas tareas, qué grupos están realmente dispuestos a establecer un sólido vínculo organizativo con el Partido, solo puede determinarse sobre el terreno, en el propio curso del trabajo ilegal cotidiano.

Esperemos que en este trabajo se unan ahora todas las fuerzas socialdemócratas, que los trabajadores del Partido en el centro y en las localidades se pongan a preparar la conferencia con toda energía, y que esta conferencia ayude a consolidar definitivamente nuestra unidad de Partido y a impulsar unidos la creación de una base proletaria más amplia, más sólida y más flexible para las futuras batallas revolucionarias.

«Socialdemócrata» núm. 11, 13 (26) de febrero de 1910.

Se publica según el texto del periódico «Socialdemócrata».