Camaradas, mi informe sobre la actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, cuyas funciones eran desempeñadas entre sesiones por el Presidium del CEC, se divide naturalmente en dos subsecciones principales: primero, la política internacional, la situación internacional de la República Soviética y, segundo, la construcción interior y las tareas económicas fundamentales. Permítanme exponer en este orden los hechos principales de nuestro trabajo durante el período objeto del informe, es decir, durante los últimos dos meses.

En lo que respecta a la situación internacional de la República Soviética, el hecho fundamental que la determina son los éxitos del Ejército Rojo. Ustedes saben que los últimos restos del ejército de Kolchak han sido casi aniquilados en el Lejano Oriente, y que entre Japón y América, potencias formalmente aliadas entre sí, se descubre cada vez más claramente la rivalidad, la enemistad que no les permite desplegar todas las fuerzas de su embestida contra la República Soviética. Tras la aniquilación de las tropas de Yudénich, tras la toma en el sur a principios de enero de Novocherkask y Rostov del Don, se asestó un golpe tan decisivo a la parte principal de sus tropas que la situación militar de la República Soviética cambió de la manera más radical, y aunque la guerra no había terminado, sin embargo, para todo Estado quedó claro que sus anteriores esperanzas de la posibilidad de aplastar las fuerzas militares de la República Soviética habían fracasado.

La conciencia de este cambio radical en la situación internacional de la República Soviética se manifestó en la transmisión por radio (no comunicada oficialmente) de la decisión del Consejo Supremo de los Aliados. Esta decisión fue adoptada por ellos el 16 de enero y consistía en que se levantaba el bloqueo de la República Soviética. El Consejo Supremo adoptó una decisión cuya parte fundamental dice: (lee){40}.

No necesito criticar la diplomacia que encierra esta formulación, salta demasiado a la vista como para detenerse en que las relaciones de los aliados con Rusia no han cambiado. Si los aliados entienden así su política, que el levantamiento del bloqueo no es un cambio de la política anterior, con ello mismo demuestran la inconsistencia de su política. Pero para nosotros es importante no el lado político, sino el económico de esta decisión. El hecho del levantamiento del bloqueo es un hecho importante de significado internacional y muestra que ha llegado una nueva etapa de la revolución socialista. Pues el bloqueo era realmente el arma principal, verdaderamente sólida, en manos de los imperialistas de todo el mundo para estrangular a la Rusia Soviética.

En el último Congreso de los Soviets ya tuve ocasión de señalar y desarrollar la idea de que la lucha contra la Rusia Soviética no solo llevó a que los obreros y campesinos de Francia, Inglaterra y otros países avanzados obligaran a renunciar a la lucha, sino que esta lucha llevó a que dentro de los propios países, las masas pequeño-burguesas de la población comenzaron a desarrollar una oposición contra el bloqueo[6]. Y, por supuesto, tal oposición de los sectores medios de la población dentro de países como Inglaterra y Francia no podía dejar de influir en la política de los imperialistas internacionales. Conociendo su diplomacia, no podemos esperar que actúen directamente, sin reservas, sin deseo de devolver lo viejo, de colar con algún ardid su política anterior, aquella que ahora no pueden llevar abiertamente. Pero hay que decir que en lo fundamental hemos obtenido enormísimas victorias, y el arma que estaba solo en manos de los aliados –la flota–, incluso esa arma se la hemos arrancado de las manos; se la hemos arrancado a pesar de que nos asustaban los elementos vacilantes, que decían que la flota era invencible. Sin embargo, el desarrollo de las relaciones políticas demostró que incluso esa flota invencible resultó incapaz de ir contra nosotros. Sin tener posibilidad de oponer resistencia militar en el mar, hemos obligado a las potencias imperialistas a renunciar a esa arma.

Por supuesto, este cambio de política a escala internacional no se manifiesta de inmediato, pero el hecho es que nos hemos encontrado en la esfera de las relaciones interestatales mundiales, lo que brinda la posibilidad de obtener apoyo de los países más avanzados. Por supuesto, la situación económica y financiera de estos países es muy lamentable, todos van cuesta abajo, y no podemos contar con mucho, pero teniendo la posibilidad de desarrollar la industria en nuestro país, podemos contar con recibir máquinas para la producción, máquinas para restaurar nuestra industria. Y lo principal es que aquello que nos aislaba completamente, nos aislaba mediante el bloqueo de los países avanzados, ha sido roto.

Después de que el Consejo Aliado se vio obligado a renunciar a esta arma, nuestras victorias en el campo de la política internacional continuaron, y la más importante de estas victorias fue que logramos la conclusión de la paz con Estonia. Hoy hemos recibido una comunicación de Ioffe y Gukovski, en la que se dice: «Hoy, 2 de febrero, a las 2 de la madrugada, hora de Moscú, se firmó la paz entre Rusia y Estonia. A la firma llegó desde Reval el ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Birk».

Camaradas, el texto de este documento de paz, que ha sido muy discutido y representa un documento de enorme importancia, ha sido enviado con un correo que debe llegar mañana por la mañana, pero ahora hemos recibido el texto exacto por telégrafo, y mañana será distribuido. Será examinado y ratificado. Este documento tiene para nosotros una importancia enorme. El tratado de paz entre Rusia y Estonia tiene un enorme significado histórico mundial, y por lo tanto, al haber logrado un tratado de paz con un gobierno que también se vuelve democrático y que ahora tendrá relaciones sólidas con nosotros, pero que hasta ahora fue apoyado por todo el mundo imperialista, debemos considerar esto como un acto de enorme importancia histórica.

Sabemos que las personas que se sitúan entre el imperialismo y la democracia, por lo general siempre se pasan a uno u otro lado. Nosotros, como ven, obtenemos sin duda una victoria, porque la paz está firmada, y ahora este Estado debe actuar contra nuestro enemigo. El significado de principio de este hecho es tal que en la época imperialista el mundo entero se divide en una enorme cantidad de estados grandes y pequeños, y los estados pequeños son completamente indefensos, son una ínfima minoría frente a las potencias más ricas, que subordinan por completo a una serie de estados pequeños y débiles. El imperialismo creó una época durante la cual se produce el reparto de todo el mundo, de toda la población de la tierra entre una minoría de países explotadores –países opresores– y una mayoría de países con una población pequeña y débil, que se encuentra en dependencia colonial respecto a ellos.

Cuando conquistamos la paz con Estonia, demostramos que sabemos avanzar como Estado proletario y comunista. ¿Cómo? A todas las potencias beligerantes de la Entente, que antes se oponían a la paz, se les ha demostrado que las simpatías que sabemos infundir a nuestros adversarios y a los gobiernos burgueses, que las simpatías de un país pequeño son más fuertes que toda la opresión militar, toda la ayuda financiera y todos los lazos económicos que atan a este pequeño país con las potencias omnipotentes del mundo. La Entente ha visto que podemos vencer no solo cuando aplicamos la violencia –somos capaces de refutar la mentira y la calumnia que los gobiernos burgueses de todo el mundo difunden contra nosotros, diciendo que los bolcheviques se mantienen solo por la violencia. ¿Con qué hemos triunfado sobre las fuerzas combinadas del imperialismo mundial en relación con Estonia, que siempre vio violencia por parte de la Rusia zarista terrateniente? Con que hemos demostrado nuestra capacidad de renunciar oportuna y honestamente a la violencia para pasar a una política pacífica, conquistando las simpatías del gobierno burgués de un pequeño Estado, a pesar de todo el apoyo del capital internacional. Este es un hecho de significado histórico. Estonia es un país pequeño, una pequeña república, pero está tan oprimida por mil formas, económicas y militares, por el capital imperialista mundial, que toda su población se halla bajo esta presión. Y he aquí que esta paz demuestra que, a pesar de todo el cansancio, la debilidad y la dispersión, sabemos obtener victorias sobre el ejército blanco al que ellos prestaban apoyo. La poderosa Entente sabe responder a la violencia con una violencia más victoriosa, y esta paz demuestra que no solo con violencia sabemos atraer hacia nosotros la simpatía y el apoyo de la burguesía.

Aquí se planteaba la tarea internacional más difícil. El desarrollo del capitalismo en diferentes países progresa a diferente ritmo, en diferentes condiciones y por diferentes caminos y métodos. La república socialista de un país resulta estar al lado de los países capitalistas de todo el mundo y hace vacilar a su burguesía. De ahí se sacaban conclusiones: «Entonces, su situación es desesperada; si con violencia han vencido a los blancos, ¿y al resto del mundo, qué harán con él?» A él también lo venceremos. Que esto no es una frase, la prueba es la paz con Estonia. Toda la presión del capital internacional fue vencida en aquel espacio donde nuestra renuncia a la violencia fue reconocida como honesta. El capital internacional decía: «No hagan la paz con los bolcheviques, si no, los venceremos con el hambre, no les daremos ayuda ni financiera ni económica». Y Estonia resultó ser uno de esos pequeños países formalmente independientes que se dijo a sí mismo: «Confiamos más en que los bolcheviques son capaces de vivir en paz con otros pueblos, incluso más débiles, incluso con un gobierno burgués, que toda la omnipotente democracia de la Entente».

La manifestación más grande de democracia es en la cuestión fundamental de la guerra y la paz. Todas las potencias se encuentran en un estado tal que preparan una nueva guerra imperialista. Cada día los obreros de todo el mundo lo ven. En cualquier momento, América y Japón se lanzarán el uno contra el otro; Inglaterra ha capturado tantas colonias después de la victoria sobre Alemania que las otras potencias imperialistas nunca se resignarán a ello. Se prepara una nueva guerra furiosa, y las masas lo comprenden. Y aquí aparece la paz democrática de Estonia con Rusia, con sus fuerzas enormes, a la que acusan de que, una vez liquidados Yudénich, Kolchak y Denikin, lanzará todas sus fuerzas contra el pequeño Estado. Además, la paz se ha concluido en condiciones tales que hemos hecho una serie de concesiones territoriales, concesiones que no correspondían plenamente al estricto cumplimiento del principio de autodeterminación de las naciones, cuando hemos demostrado con hechos que la cuestión de las fronteras es para nosotros cuestión secundaria, mientras que la cuestión de las relaciones pacíficas, la cuestión de saber esperar el desarrollo de las condiciones de vida dentro de cada pueblo, no solo es una cuestión de principio más importante, sino también una en la que hemos sabido conquistar la confianza de las naciones hostiles a nosotros. Si hemos logrado esto en relación con Estonia, no ha habido nada casual, ha sido la manifestación de que la república proletaria, que existe separadamente y que parecía impotente y débil, ha comenzado a ganar para su causa a aquellos países que dependen de los países imperialistas, y tales países son la inmensa mayoría. He aquí por qué nuestra paz con Estonia tiene un significado histórico mundial. Por mucho que la Entente tense sus fuerzas para iniciar la guerra, –incluso si logra sustituir esta paz otra vez por la guerra–, en todo caso, permanece como hecho inconmovible en la historia que, a pesar de toda la presión del capital mundial, hemos sabido inspirar a un pequeño país gobernado por la burguesía una confianza mayor que la que inspira la burguesía imperialista supuestamente democrática, pero en realidad depredadora.

Sobre la cuestión de cómo resultó aquí nuestra política en comparación con la política de las potencias supuestamente democráticas, pero en realidad depredadoras de todo el mundo, tenemos, casualmente, documentos especialmente interesantes que permítanme comunicarles. Estos documentos fueron traídos por uno de los oficiales o empleados blancos, de apellido Oleinikov, que tenía el encargo de un gobierno blanco de entregar los documentos más importantes a otro, y él nos entregó estos documentos{41}. (Aplausos.) Estos documentos lograron ser enviados a Rusia, y yo se los leeré, aunque ocuparán bastante tiempo. Sin embargo, son muy interesantes porque muestran muy claramente el trasfondo de la política. El primer documento es un telegrama de Sazónov al ministro Gulkévich: París, 14 de octubre de 1919, n.º 668.

S. D. Sazónov, testimoniando su más profundo respeto a Konstantín Nikoláievich, tiene el honor de adjuntar para su información copias de los telegramas de B. A. Bajmétiev, n.º 1050, e I. I. Sukin, n.º 23, sobre la cuestión de la situación en las provincias bálticas.

A continuación, un documento más interesante: un telegrama del 11 de octubre desde Washington:

Recibido el 12 de octubre de 1919. Entrada n.º 3346.

Bajmétiev – al Ministro.

Washington, 11 de octubre de 1919, n.º 1050.

Me remito a mi telegrama n.º 1045.

(cifrado) El Departamento de Estado me ha informado oralmente de la instrucción dada a Gedd. Se le nombra comisario del gobierno americano en las provincias bálticas de Rusia. No está acreditado ante ninguno de los gobiernos rusos. Su misión es observar e informar. Su conducta no debe inspirar a la población local la esperanza de que el gobierno americano pudiera aceptar apoyar las corrientes separatistas que vayan más allá de la autonomía. Por el contrario, el gobierno americano espera que la población del Báltico ayude a sus hermanos rusos en su labor estatal general. La instrucción se basa en la interpretación del acuerdo de los gobiernos aliados con el gobernante supremo, tal como se expone en mi memorándum al gobierno del 17 de junio. A Gedd se le dan extractos de los últimos discursos del presidente, en los que denuncia el bolchevismo.

Así, pues, el gobierno americano comunicó que su representante puede dar las instrucciones que quiera, pero no apoyar la independencia, es decir, no garantizarla respecto a estos estados. Esto es lo que directa o indirectamente traslucía y no podía ocultarse a Estonia: que las grandes potencias la engañan. Suponerlo, por supuesto, todos podían, pero nosotros tenemos documentos, y serán publicados:

Recibido el 12 de octubre de 1919. Entrada n.º 3347.

Sukin – al Ministro.

Omsk, 9 de octubre de 1919, n.º 28.

(cifrado) Knox ha transmitido al gobernante supremo una comunicación del Ministerio de Guerra británico, en la que este advierte sobre la tendencia de los estados bálticos a concluir la paz con los bolcheviques, que les garantizan el reconocimiento inmediato de la independencia. Al mismo tiempo, el Ministerio de Guerra británico plantea la cuestión de si no convendría que el gobierno paralizara estas promesas, a su vez, satisfaciendo los deseos de dichos estados. Respondimos a Knox remitiéndonos a los principios expuestos en la nota del gobernante supremo a las potencias del 4 de junio, y, al mismo tiempo, señalamos que la conclusión de la paz por los estados bálticos con los bolcheviques representa un peligro indudable, ya que permitiría liberar una parte de las tropas soviéticas y abriría la barrera que impide la penetración del bolchevismo hacia Occidente. El mero hecho de la disposición a hablar de paz testimonia, en nuestra opinión, una extrema desmoralización de los partidos de estas unidades autogobernadas, que no pueden defenderse por sí mismas... de la penetración del bolchevismo agresivo.

Expresando la seguridad de que las potencias no pueden simpatizar con la ulterior propagación del bolchevismo, señalamos la necesidad de cesar la ayuda ulterior a los estados bálticos, lo que es un verdadero medio de presión en manos de las potencias y, además, más conveniente que la competencia en promesas con los bolcheviques, que ya no tienen nada que perder.

Transmitiendo lo expuesto, ruego hacer la correspondiente presentación en París y Londres; a Bajmétiev nos dirigimos aparte.

Recibido el 9 de octubre de 1919. Entrada n.º 3286.

Sablin – al Ministro.

Londres, 7 de octubre de 1919, n.º 677.

(cifrado) En una carta a Guchkov, el jefe de la sección operativa del Ministerio de Guerra, a quien G. se dirigió con la propuesta de nuestro tonelaje para facilitar a los ingleses el envío de suministros a Yudénich, comunica que, según la opinión del Ministerio de Guerra, Yu. posee ahora todo, y que Inglaterra tiene dificultades para seguir abasteciéndolo. Añade, sin embargo, que ya que tenemos barcos, podríamos organizar el abastecimiento de Yu. sobre bases comerciales, a condición de que encontremos créditos. El general Radcliffe reconoce al mismo tiempo que el ejército de Yu. debe estar equipado adecuadamente, ya que es «la única fuerza entre los estados bálticos capaz de emprender operaciones activas contra los bolcheviques».

Ministro – a Bajmétiev en Washington.

París, 30 de septiembre de 1919, n.º 2442.

(cifrado) Por una fuente sueca muy confidencial sé que el enviado americano en Estocolmo, Morris, habla de la creciente simpatía en América hacia los bolcheviques y de la intención de cesar la ayuda a Kolchak para entablar relaciones con Moscú en interés del comercio americano. Tales declaraciones de un representante oficial causan una extraña impresión.

Recibido el 5 de octubre de 1919. Entrada n.º 3244.

Bajmétiev – al Ministro.

Washington, 4 de octubre de 1919, n.º 1021.

Me remito a su telegrama n.º 2442.

(cifrado) En el Departamento de Estado me han comunicado confidencialmente que, efectivamente, el enviado Morris en Estocolmo, y especialmente Hängut en Copenhague, son conocidos por sus simpatías personales izquierdistas, pero que no gozan aquí de ninguna influencia ni autoridad, y que el gobierno se ve obligado a darles periódicamente instrucciones, señalando categóricamente que la política americana está invariablemente dirigida a apoyar a nuestro gobierno en su lucha contra los bolcheviques.

He aquí todos los documentos que publicaremos y que muestran claramente cómo se desarrolló la lucha en torno a Estonia, cómo la Entente junto con Kolchak, América, Inglaterra y Francia ejercieron toda la presión sobre Estonia, con tal de que no se firmara la paz con los bolcheviques, y cómo los bolcheviques, que prometen concesiones territoriales y garantizan la independencia, obtuvieron la victoria en esta competencia. Digo que esta victoria tiene un gigantesco significado histórico, porque se ha obtenido sin aplicar violencia, esta victoria se ha obtenido sobre el imperialismo mundial, una victoria gracias a la cual los bolcheviques adquieren la simpatía de todo el mundo. Esta victoria no muestra en absoluto que se vaya a firmar inmediatamente la paz universal, pero, en cambio, esta victoria muestra que representamos los intereses pacíficos de la mayoría de la población de la tierra frente a los depredadores militar-imperialistas. Y tal valoración ha llevado a que la Estonia burguesa, que es adversaria del comunismo, haya firmado la paz con nosotros. Si nosotros, siendo una organización proletaria, la República Soviética, firmamos la paz, actuamos en un espíritu pacífico respecto a los gobiernos burgueses que se encuentran en una situación oprimida frente a los grandes magnates del imperialismo, de ahí debemos concluir cómo debe configurarse nuestra política internacional.

Nos planteamos ahora como tarea principal: vencer a los explotadores y atraer a nuestro lado a los vacilantes –esta es una tarea mundial. Los vacilantes resultan ser también toda una serie de estados burgueses que, como estados burgueses, nos odian, y, por otro lado, como oprimidos, prefieren la paz con nosotros. De esto se desprende la explicación de la paz que se ha firmado con Estonia. Por supuesto, esta paz es solo un primer paso y se manifestará solo en el futuro, pero que se manifestará es un hecho. Con Letonia hasta ahora solo hemos tenido negociaciones de la Cruz Roja, al igual que con el gobierno polaco{42}. Repito, la paz con Estonia debe manifestarse necesariamente, porque las bases son las mismas: a Letonia y Polonia se las intenta arrastrar a la guerra con Rusia igual que a Estonia. Y esto puede lograrse, y debemos estar alerta debido a que la guerra con Polonia es posible, pero estamos seguros –las conquistas fundamentales lo han demostrado– de que podemos firmar la paz y hacer concesiones que brinden la posibilidad de desarrollo a toda democracia. Y esto adquiere ahora una importancia especial, porque con Polonia la cuestión se plantea de forma muy aguda. Tenemos toda una serie de comunicaciones de que, además de la Polonia burguesa, conservadora, terrateniente, además de la influencia de todos los partidos capitalistas polacos, todos los estados de la Entente se desviven por arrastrar a Polonia a la guerra con nosotros.

Ustedes saben que el Consejo de Comisarios del Pueblo ha emitido un llamamiento al pueblo trabajador de Polonia{43}. Este llamamiento les pediremos que lo aprueben, para alzarse contra la campaña de incitación que llevan a cabo los círculos terratenientes de Polonia. Propondremos un texto complementario a las masas trabajadoras polacas. Este llamamiento será un golpe para las potencias imperialistas que intentan azuzar a Polonia contra nosotros, mientras que para nosotros los intereses de la mayoría trabajadora están en primer lugar.

Ahora me permitiré dar a conocer un telegrama que interceptamos ayer y que nos muestra cómo trabaja el capital americano para presentarnos bajo una cierta luz y arrastrarnos a la guerra con Polonia. Este telegrama dice (lee). No he dicho ni oído nada semejante, pero pueden mentir, porque no en vano entregan su capital con el objetivo determinado de difundir rumores falsos. Esto se lo garantiza su gobierno burgués. (Continúa leyendo el telegrama.) Este telegrama va de Europa a América, se sostiene con fondos de los capitalistas y realiza la labor mediante la cual se debe intentar, de la manera más descarada, arrastrarnos a la guerra con Polonia. El capital americano se esfuerza con todas sus fuerzas por ejercer esta presión sobre Polonia y lo hace sin pudor, presentando las cosas como si los bolcheviques quisieran acabar con Kolchak y Denikin para lanzar todas sus «tropas de hierro» contra Polonia.

Es importante que ahora mismo, aquí, aprobemos la resolución del Consejo de Comisarios del Pueblo, y luego debemos hacer lo que ya hemos hecho antes con respecto a otros estados, así como lo que emprendimos respecto a las tropas de Kolchak y Denikin. Debemos hacer que nos dirijamos inmediatamente a la democracia de Polonia y expliquemos la verdadera situación de las cosas. Conocemos perfectamente este medio nuestro, que actúa de la manera más positiva en el sentido de su descomposición. Y en última instancia, este método conduce al camino que necesitamos, al que condujo a la población trabajadora de todos los países. Esta política, por difícil que sea, debe establecer un comienzo definido, y nosotros, una vez comenzada, la llevaremos hasta su completa culminación.

Debo señalar que con respecto a los demás estados hemos llevado la misma política. Proponíamos a Georgia y Azerbaiyán concertar un acuerdo contra Denikin. Ellos se negaron, alegando que no intervienen en los asuntos de otros estados. Veremos cómo considerarán esto los obreros y campesinos de Georgia y Azerbaiyán.

Esta política con respecto a los pueblos occidentales fue aún más cautelosa que cuando se trataba de los pueblos de Rusia. Tocaba a estados como Letonia, Estonia, Polonia, y por otro lado, a toda una serie de estados orientales, cuyo nivel de desarrollo es el nivel de la inmensa mayoría de los países coloniales, que constituyen la mayoría de la población de la tierra. Están oprimidos por Inglaterra, que hasta ahora mantiene a los esclavos coloniales en sus manos. Si nuestra política con respecto a los estados de Europa Occidental se distingue por tal cautela, requiere un lapso de tiempo para darles la posibilidad de superar su kerenchinismo, en Oriente, donde tenemos países mucho más atrasados, que estuvieron bajo el yugo del fanatismo religioso, imbuidos de una gran desconfianza hacia el pueblo ruso, que durante décadas y siglos estuvieron bajo el yugo de la política zarista capitalista y del imperialismo que la gran Rusia llevó a cabo respecto a ellos –aquí nuestra política debe ser más cautelosa y paciente.

Hemos dado la autonomía a la República de Bashkiria{44}. Debemos crear la República Autónoma Tártara{45} y continuamos la misma política respecto a todos los pueblos orientales y nos decimos a nosotros mismos: enfrentados a un enorme frente de potencias imperialistas, nosotros, los que luchamos contra el imperialismo, representamos una unión que exige una estrecha cohesión militar, y consideramos cualquier intento de violar esta cohesión como un fenómeno completamente inadmisible, como una traición a los intereses de la lucha contra el imperialismo internacional. Pero, al llevar a cabo esta política, debemos ser aún más cautelosos. Si los países europeos tienen que atravesar un período de kerenchinismo, los países que se encuentran en un estadio de desarrollo más bajo contienen aún más elementos de desconfianza. Hay que actuar sobre ellos de una manera más prolongada. Apoyamos la independencia y la autonomía de estos estados. Apelamos a sus masas trabajadoras. Decimos: es necesaria la unidad de las fuerzas militares, la desviación de esta unidad es inadmisible.

Estamos seguros de que, continuando sistemáticamente nuestra política de estrecha unión, lograremos un éxito mayor con respecto a los pueblos de Oriente que hasta ahora. Y estos éxitos son grandes. Entre todos los pueblos orientales, la República Soviética goza de una enorme popularidad por la misma razón por la que logramos firmar la paz con el pequeño estado occidental, precisamente porque ven en nosotros un luchador inquebrantable contra el imperialismo, porque somos la única república que libra una guerra contra el imperialismo y que sabe utilizar cualquier situación, actuando no con violencia, sino que también sabe vencer mediante la renuncia a la aplicación de la violencia.

Es natural que la misma política, en una forma mucho más definida, se lleve a cabo también con respecto a la República Ucraniana. Aquí la cuestión se ha simplificado por el tratado firmado anteriormente entre el CEC y el CIC de la República Soviética Ucraniana{46}. Sobre la base de este tratado, que significa una federación estrecha de las dos repúblicas en la lucha contra los países imperialistas, construimos una unión cada vez más estrecha. Y las masas de campesinos y obreros ucranianos se convencen por la amarga experiencia del dominio denikinista de que solo la unión más estrecha con la República Rusa será realmente invencible para el imperialismo internacional y que la separación estatal no puede ser ventajosa en la situación de lucha contra el imperialismo, ya que este utiliza cualquier división para aplastar el poder soviético; tal división es un crimen. Nuestra política echa raíces profundas en Ucrania, y estamos seguros de que el próximo Congreso Panucraniano de los Soviets de Obreros y Campesinos confirmará solemnemente esta política. He aquí las breves observaciones con las que debo limitarme sobre la cuestión de la situación internacional, y las propuestas prácticas que debo dirigir en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo y del CEC, las he enumerado, y pediré que se aprueben todos estos proyectos en esta sesión.

Pasando al trabajo de construcción interior, debo detenerme primero en algunas medidas particulares de nuestro gobierno, y luego pasar a lo más importante: la transición a nuevos carriles, la transición de las tareas militares a las tareas de construcción estatal.

En cuanto a las medidas fundamentales de nuestra política interior que en los dos meses del informe se destacan más o menos entre los trabajos corrientes, es especialmente importante la siguiente resolución, que necesita la aprobación del CEC. Se trata de la resolución sobre la abolición de la pena de muerte. Ustedes saben que inmediatamente después de la principal victoria sobre Denikin, tras la toma de Rostov, el camarada Dzerzhinski, que dirige la Checa y el Comisariado del Interior, presentó una propuesta al Consejo de Comisarios del Pueblo y la hizo aprobar en su departamento, para que se aboliera toda aplicación de la pena de muerte que dependiera de la Checa. Si en Europa la democracia burguesa difunde con todas sus fuerzas la mentira contra la Rusia Soviética de que es terrorista por excelencia, si esto lo difunden también la democracia burguesa y los socialistas de la II Internacional, si Kautsky pudo escribir un libro especial titulado «Terrorismo y comunismo», en el que declara que el poder comunista se apoya en el terrorismo, pueden imaginarse qué mentira se difunde al respecto, y para refutar esta mentira hemos llegado al paso dado por el camarada Dzerzhinski y aprobado por el Consejo de Comisarios del Pueblo, y este paso necesita la confirmación del CEC.

El terror nos fue impuesto por el terrorismo de la Entente, cuando las potencias omnipotentes del mundo se abatieron sobre nosotros con sus hordas, sin detenerse ante nada. No podríamos habernos mantenido ni dos días si a estos intentos de los oficiales y blancos no hubiéramos respondido de manera despiadada, y esto significaba terror, pero nos fue impuesto por los métodos terroristas de la Entente. Y tan pronto como obtuvimos una victoria decisiva, incluso antes de terminar la guerra, inmediatamente después de la toma de Rostov, renunciamos a la aplicación de la pena de muerte y con ello demostramos que tratamos nuestro propio programa como lo prometimos. Decimos que la aplicación de la violencia viene determinada por la tarea de aplastar a los explotadores, aplastar a los terratenientes y capitalistas; cuando esto se resuelva, renunciamos a todas las medidas excepcionales. Lo hemos demostrado en la práctica. Y creo, espero y estoy seguro de que el CEC confirmará por unanimidad esta medida del Consejo de Comisarios del Pueblo y la resolverá de modo que la aplicación de la pena de muerte en Rusia sea imposible. Es natural que cualquier intento de la Entente de reanudar los métodos de guerra nos obligará a reanudar el terror anterior; sabemos que vivimos en una época de depredación, donde no se actúa con buenas palabras; esto es lo que tuvimos en cuenta, y tan pronto como la lucha decisiva terminó, comenzamos inmediatamente a abolir medidas que en todos los demás estados se aplican indefinidamente.

A continuación, quise señalar la discusión de la cuestión de la Inspección Obrera. Sobre esta cuestión tendrán ustedes un informe especial, y sería incorrecto si me detuviera en ella largo tiempo. Aquí se nos presenta en primer plano la tarea de atraer a las amplias masas a la gestión, y se plantea de manera más aguda que las tareas de la construcción amplia. Tendrán ustedes proyectos detallados, y tras discutirlos y corregirlos, comprenderán que esta construcción debe continuar con una participación más amplia de las amplias masas obreras. Esta es nuestra tarea fundamental, a la que es muy difícil acercarse con la devastación que ahora se observa, pero vamos hacia ella sin desviación.

Ante nosotros se plantea aún otra cuestión: la de la cooperación. Nos hemos propuesto como tarea unir a toda la población en cooperativas, que se diferenciarían de la vieja cooperación, que incluía en el mejor de los casos solo a las cúpulas.

El socialismo sería imposible si no aprendiera a utilizar la técnica, la cultura, el aparato que creó la cultura burguesa, la cultura del capitalismo. Entre estos aparatos se encuentra la cooperación, que tanto más se desarrolla cuanto más alto está el país en el nivel de desarrollo capitalista. A nuestra cooperación le hemos planteado la tarea de abarcar todo el país. La cooperación hasta ahora abarcaba las cúpulas, daba ventajas a quien tenía medios para hacer aportaciones de acciones, no daba la posibilidad de utilizar sus servicios a las masas trabajadoras. Con esta cooperación rompimos decididamente, pero no de modo que anuláramos la cooperación en general, sino que dimos en marzo y abril de 1918 a la cooperación la tarea de abarcar a toda la población. Si hay cooperativistas que valoran los preceptos de los fundadores del movimiento cooperativo (las viejas tareas de la cooperación – satisfacer los intereses de los trabajadores), deben simpatizar con esto. Y estamos seguros de que tenemos de nuestro lado la simpatía de la mayoría de los participantes en las organizaciones cooperativas, aunque no nos hacemos ilusiones sobre que hayamos atraído a nuestro lado la simpatía de la mayoría de los dirigentes de la cooperación, que se sitúan en el punto de vista burgués y pequeño-burgués, que entienden por cooperación solo un nuevo tipo de gestión capitalista y la llamada libertad de comercio, que significa enriquecimiento para unos pocos, ruina para la mayoría. En lugar de esto, declaramos como tarea estatal la transición de la cooperación al servicio real de las masas trabajadoras, de modo que la cooperación abarque a toda la población. Esto no se podía hacer de inmediato. Habiendo dado esta tarea, hemos trabajado sistemáticamente y seguiremos trabajando ahora para llevar a cabo esta labor, para que toda la población esté unida en cooperativas, y podemos decir con seguridad que toda la República Soviética, quizá dentro de algunas semanas, quizá dentro de un pequeño número de meses, se convertirá en una gran cooperativa de trabajadores. Después de esto, el desarrollo de la iniciativa propia de los trabajadores, su atracción a la construcción, irá en marcos más amplios.

Completando esto, hemos decretado que todos los tipos de cooperativas, no solo de consumo, sino también de crédito, de producción, etc., sean unidos con la debida gradualidad y cautela en la Tsentrosoiuz (Unión Central de Cooperativas de Consumo). En este sentido, los pasos emprendidos por nosotros, estamos seguros, encontrarán apoyo del Comité Ejecutivo Central y de los trabajadores en las localidades, quienes, tras la culminación formal de la unificación de las cooperativas, con su trabajo de construcción económica y la atracción a ella de la mayoría de obreros y campesinos, lograrán –esto lo planteábamos como una de las tareas más importantes– que la cooperación resulte, entre otras cosas, un factor importantísimo en la lucha contra el burocratismo, que hemos heredado del viejo Estado capitalista, lucha que hemos declarado como tarea importantísima también en nuestro programa. Y esta lucha la llevaremos a cabo en todos los departamentos, por todos los caminos y, entre otros, mediante la unificación cooperativa y la apelación desde las cúpulas cooperativas burguesas a las verdaderas masas trabajadoras, que todas deben emprender el trabajo autónomo de construcción cooperativa.

Luego, de las cuestiones de la construcción interior, quiero señalar lo que se ha hecho en el campo de la agricultura. Con el fin de ordenar el uso de la tierra, el comisario del pueblo de Agricultura en julio de 1919 emitió una circular sobre las medidas de lucha contra los frecuentes repartos de la tierra de adjudicación. Esta circular fue publicada el 1 de julio en las «Izvestia del CEC» y entró en la «Colección de leyes y disposiciones del Gobierno Obrero y Campesino». Esta circular es importante porque responde a las numerosas indicaciones y declaraciones de los campesinos, que señalan que los frecuentes repartos obstaculizaban, en las condiciones de la pequeña economía, el aumento de la disciplina laboral y el aumento de la productividad del trabajo. En este punto de vista se sitúa también el Consejo de Comisarios del Pueblo, que dio al Comisariado de Agricultura la tarea de presentar un proyecto de reglamento sobre el orden de los repartos. Este proyecto será examinado en breve{47}. Igualmente, el Comisariado del Pueblo de Agricultura se plantea como tarea una serie de medidas urgentes para la restauración del inventario agrícola vivo y muerto. En este sentido, tiene gran importancia el trabajo sistemático precisamente de los trabajadores locales, y esperamos que los miembros del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia ejerzan la correspondiente presión sobre las autoridades y presten ayuda para que estas medidas del Comisariado del Pueblo de Agricultura se pongan en práctica en el plazo más breve posible.

Ahora paso a la última cuestión de nuestra construcción y, en esencia, a la cuestión más importante: la cuestión de los ejércitos de trabajo y la movilización laboral. La tarea más difícil en las transiciones y cambios bruscos de la vida social es la tarea de tener en cuenta la singularidad de cada transición. Cómo luchar los socialistas dentro de la sociedad capitalista: esta no es una tarea difícil, y hace tiempo que está resuelta. Cómo imaginarse la sociedad socialista desarrollada: esto tampoco es difícil. Esta tarea también está resuelta. Pero cómo realizar prácticamente la transición del viejo capitalismo, habitual y conocido por todos, al nuevo socialismo, aún no nacido, que no tiene una base estable: he aquí la tarea más difícil. Esta transición ocupará, en el mejor de los casos, muchos años. Dentro de este período, nuestra política se divide en una serie de transiciones aún más pequeñas. Y toda la dificultad de la tarea que recae sobre nosotros, toda la dificultad de la política y todo el arte de la política, consiste en tener en cuenta las tareas singulares de cada una de esas transiciones.

Acabamos de resolver, en sus rasgos principales y fundamentales, aunque aún no del todo, la tarea de la guerra. Nos planteábamos como tarea repeler a toda costa el embate de los blancos. Decíamos: todo debe estar para nosotros para la guerra. Esta era una política correcta. Sabemos perfectamente que esta política se expresó en penalidades inauditas en la retaguardia, frío, hambre, devastación, pero precisamente la circunstancia de que el Ejército Rojo, que encuentra, entre otras cosas, tal valoración, muestras de la cual he leído, haya resuelto esta tarea en el país más atrasado, demuestra que en este país hay nuevas fuerzas, de lo contrario habría sido inconcebible la creación de este ejército ejemplar y la victoria sobre ejércitos materialmente más fuertes. Pero después de que hemos afilado todo el aparato estatal en esto y hemos sabido resolver la singularidad de esta tarea –subordinar todo por completo a los intereses de la guerra–, la situación exige una transición rápida y brusca. Aún no hemos terminado la guerra. Hay que mantener toda la preparación militar, hay que destruir las tropas de Denikin, hay que mostrar a los terratenientes y capitalistas de cualquier país que, si desean seguir peleándose con Rusia mediante la guerra, sufrirán la misma suerte que Kolchak y Denikin. Por lo tanto, no podemos dar un solo paso para debilitar nuestras fuerzas militares. Y al mismo tiempo, hay que trasladar todo el país a otros carriles, reestructurar todo el mecanismo. No se puede seguir agudizando –todo para la guerra–, porque en lo fundamental la tarea de la guerra está resuelta.

Aparece la tarea de la transición de la guerra a la construcción pacífica en condiciones tan singulares que no podemos disolver el ejército, ya que debemos contar, aunque solo sea con la posibilidad de una ofensiva de la misma Polonia o de cualquier potencia que la Entente sigue azuzando contra nosotros. Esta singularidad de la tarea, cuando no podemos debilitar nuestras fuerzas militares, pero debemos trasladar toda la máquina del poder soviético, agudizada para la guerra, a los nuevos carriles de la construcción económica pacífica, exige una atención extraordinaria y muestra un ejemplo de que aquí no podemos arreglárnoslas mediante fórmulas generales, disposiciones generales del programa, principios generales del comunismo, sino que debemos tener en cuenta la singularidad de estas condiciones de transición del capitalismo al comunismo, de transición de la situación de un país cuya atención toda estaba dedicada a la guerra, a la situación de un país que se ha conquistado una victoria decisiva en el campo militar y debe pasar a la solución militar de las tareas económicas, solución militar porque la situación, como todos ustedes saben, es extraordinariamente grave. El final del invierno trae y ha traído a las masas trabajadoras penalidades inauditas: hambre, frío, devastación. Necesitamos superar todo esto a toda costa. Sabemos que podemos hacerlo. La energía del Ejército Rojo nos lo ha demostrado.

Si hasta ahora hemos podido luchar estando rodeados por todos lados y aislados de las regiones más cerealeras y carboníferas, ahora que lo tenemos todo, que tenemos la posibilidad, junto con Ucrania, de resolver las tareas de la construcción económica, podemos resolver la tarea fundamental: reunir una gran cantidad de pan y productos alimenticios, transportarlos a los centros industriales, para iniciar la construcción industrial. En esta tarea debemos concentrar todas nuestras fuerzas. La desviación de ella hacia cualquier otra tarea práctica es inadmisible; hay que resolverla por medios militares, con total despiadadez, con total supresión de todos los demás intereses. Sabemos que toda una serie de exigencias e intereses legítimos sufrirán daño, pero si no hubiéramos asumido ese daño, no habríamos obtenido la victoria en la guerra. Ahora se requiere realizar una transición brusca y rápida para crearnos una base para la construcción económica pacífica. Esta base debe ser la creación de grandes reservas de alimentos y su transporte a la región central; la tarea del transporte es la tarea de transportar materias primas y productos. Si desde agosto de 1917 hasta agosto de 1918 reunimos 30 millones de puds de pan, durante el segundo año –110 millones, ahora en 5 meses –90 millones, reunidos por el aparato de nuestro Comisariado de Abastecimiento, reunidos de manera socialista y no capitalista, a precios fijos, mediante el reparto entre los campesinos y no mediante la venta en el mercado libre, significa que nos hemos encontrado el camino. Estamos seguros de que es correcto y nos dará la posibilidad de lograr resultados que nos aseguren una enorme construcción económica.

Todas las fuerzas deben dedicarse a esta tarea, todas las fuerzas militares que se han manifestado en la construcción militar deben ser lanzadas a estos nuevos carriles. He aquí la singular situación, la singular transición que engendró la idea de los ejércitos de trabajo, provocó la ley sobre la creación del primer ejército de trabajo en los Urales y del Ejército de Trabajo Ucraniano, luego la ley sobre la aplicación de las fuerzas del ejército de reserva a las tareas laborales, luego la resolución que emitió el poder soviético sobre los comités de prestación laboral obligatoria{48}. Todas estas leyes les serán expuestas por un miembro del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia en un informe detallado y circunstanciado. Yo, por supuesto, no puedo entrar en este campo, porque puede ser suficientemente esclarecido en un informe especial. Solo subrayo la importancia de esto en nuestra política general, la importancia de esta transición, que nos plantea tareas singulares: tensar todas las fuerzas a la manera militar, organizarlas, para reunir grandes reservas de productos alimenticios y transportarlos a los centros de la construcción industrial. Por ello –a toda costa crear ejércitos de trabajo, organizarse militarmente, comprimir, reducir, incluso cerrar toda una serie de instituciones, para que en los próximos meses, a toda costa, se venza la devastación del transporte, se salga de esta situación desesperada, en que el final del invierno trae tal frío, hambre y empobrecimiento. Hay que salir de esto. Podemos hacerlo. Y cuando el CEC confirme todas las medidas sobre la prestación laboral obligatoria y los ejércitos de trabajo, cuando inculque aún más esta idea en las amplias masas de la población y exija su realización de todos los trabajadores locales, estamos completamente seguros de que nos las arreglaremos con esta tarea tan difícil, sin debilitar ni una gota nuestra preparación militar.

Debemos, sin debilitar nuestra preparación militar, a toda costa trasladar a la República Soviética a los nuevos carriles de la construcción económica. En las próximas semanas, quizá en los próximos meses, esta tarea debe ser cumplida. Cada organización soviética o del partido debe tensar todas las fuerzas para acabar con la devastación del transporte, aumentar las reservas de pan.

Entonces y solo entonces tendremos una base, un fundamento sólido para la construcción industrial amplia, para la electrificación de Rusia. Y para mostrar a la población y en especial al campesinado que tenemos en este sentido planes amplios, no sacados de la fantasía, sino respaldados por la técnica, preparados por la ciencia –para ello, creo, debemos aprobar, –espero que el CEC lo apruebe–, una resolución que proponga al Consejo Superior de Economía Nacional y al Comisariado de Agricultura elaborar de común acuerdo un proyecto sobre la cuestión de la electrificación de Rusia.

Gracias a la ayuda de la Editorial del Estado y a la energía de los obreros de la imprenta de la antigua Kúshnerev, ahora la 17.ª imprenta del Estado, he logrado que en un plazo muy breve se publicara el folleto de Krzhizhanovski «Las tareas fundamentales de la electrificación de Rusia». Mañana este folleto será distribuido a todos los miembros del CEC. Este folleto del camarada Krzhizhanovski, que trabaja en la subsección electrotécnica del Consejo Superior de Economía Nacional, resume lo ya hecho y plantea cuestiones cuya propaganda –no su aplicación práctica, sino la propaganda– constituirá ahora una de las tareas más importantes.

Espero que el CEC apruebe la resolución que plantea, desde el CEC, la tarea al Consejo Superior de Economía Nacional y al Comisariado del Pueblo de Agricultura de elaborar en el transcurso de algunos meses –nuestras tareas prácticas durante este tiempo serán otras–, elaborar con la ayuda de representantes de la ciencia y la técnica un plan amplio y completo de electrificación de Rusia. El autor del folleto tiene toda la razón al elegir como epígrafe la sentencia: «El siglo del vapor es el siglo de la burguesía, el siglo de la electricidad es el siglo del socialismo». Debemos tener una nueva base técnica para la nueva construcción económica. Esta nueva base técnica es la electricidad. Debemos construir todo sobre esa base. Esto llevará largos años. No temeremos trabajar durante 10 y 20 años, pero debemos mostrar al campesinado que, en lugar del antiguo aislamiento de la industria y la agricultura, esta contradicción más profunda que alimentó al capitalismo, sembró la discordia entre los obreros industriales y los obreros agrícolas, nos planteamos como tarea devolver al campesinado lo que recibimos en préstamo de él en forma de pan, pues sabemos que el papel moneda no es, por supuesto, un equivalente del pan. Este préstamo debemos devolverlo mediante la organización de la industria y el abastecimiento de los campesinos con sus productos. Debemos mostrar a los campesinos que la organización de la industria sobre la base técnica moderna más elevada, sobre la base de la electrificación, que unirá la ciudad y el campo, acabará con la discordia entre la ciudad y el campo, dará la posibilidad de elevar culturalmente el campo, vencer incluso en los rincones más apartados el atraso, la oscuridad, la pobreza, las enfermedades y el embrutecimiento. A esto nos pondremos inmediatamente, tan pronto como nos las arreglemos con nuestra tarea fundamental inmediata. Para ello no nos desviaremos ni un minuto de nuestra tarea práctica fundamental.

En los próximos meses –todas las fuerzas para el transporte de alimentos y la ampliación de la base alimenticia. No debe haber la más mínima desviación de esto. Y al mismo tiempo, que los especialistas de la ciencia y la técnica elaboren un plan de electrificación de toda Rusia calculado para muchos años{49}. Que la vinculación con el mundo exterior, con la Europa capitalista, que hemos realizado, la ventana que nos hemos abierto al firmar la paz con Estonia, sirva para que obtengamos inmediatamente la ayuda técnica necesaria. Y al resolver las tareas fundamentales del transporte y la alimentación en los próximos meses, al resolver las tareas de la prestación laboral obligatoria, en las que concentraremos por completo todas nuestras fuerzas, sin distraernos en nada durante el próximo tiempo, al resolverlas, demostraremos que sabemos pasar a las tareas de construcción para toda una serie de años, a las tareas de trasladar toda Rusia a una base técnica superior, que eliminará la discordia entre la ciudad y el campo y dará la posibilidad de vencer plena y decididamente ese atraso, esa desunión, esa dispersión, esa oscuridad campesina, que es la causa principal de toda la inercia, de todo el atraso, de toda la opresión hasta ahora. Y en este campo, en el campo de esta victoria pacífica en el frente incruento de la reorganización de la industria, si operamos con todas nuestras habilidades militares, con toda la energía, con toda la concentración de fuerzas en esta tarea, –en este campo obtendremos victorias aún más decisivas, aún más grandes que las que hemos obtenido en el campo militar. (Aplausos.)

Breve informe periodístico impreso el 3 de febrero de 1920 en «Pravda» n.º 23 e «Izvestia del CEC» n.º 23

Publicado por primera vez completo en 1950 en la 4.ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 30

Se imprime según la transcripción taquigráfica