Continuando con el análisis de los defectos de las resoluciones del pleno, debo detenerme ahora en el primer punto de la resolución acerca de la situación en el partido. Este punto, ciertamente, no aborda cuestiones directamente relacionadas con tal o cual comprensión de la unificación del partido, pero tendré que hacer una digresión, pues la interpretación de este primer punto ya ha suscitado no pocas disputas en el partido.

En mi proyecto de resolución no había en absoluto este punto, y yo —al igual que toda la redacción del *Proletari*— luché contra él de la manera más decidida. El punto fue introducido por los mencheviques y los polacos, a quienes una parte de los bolcheviques advirtió de la manera más insistente que la interpretación de este punto oscuro y vago engendraría inevitablemente malentendidos o —aún peor— prestaría servicio a los liquidadores.

Ni que decir tiene que toda una serie de proposiciones de este punto fueron criticadas por mí en el pleno debido a su falta de contenido, vacuidad y carácter tautológico. Decir que la táctica de los socialdemócratas es siempre unitaria en su base de principios —y no determinar en qué consisten esas bases de principios, por qué y de cuáles bases se trata exactamente (el marxismo en general o tal o cual proposición del marxismo)—; decir que la táctica de los socialdemócratas está siempre calculada para obtener el máximo de resultados —y no determinar ni el objetivo más inmediato (los resultados inmediatos posibles) de la lucha en el momento dado, ni los procedimientos específicos de lucha de ese momento dado—; decir que la táctica está calculada para los diversos caminos que puede tomar el desarrollo, y no determinar concretamente esos caminos; decir truismos acerca de que la táctica debe contribuir a la acumulación de fuerzas, hacer que el proletariado esté preparado tanto para la lucha abierta como para la utilización de las contradicciones del régimen inestable —todo esto son defectos evidentes, que saltan a la vista, y que convierten todo el punto en un lastre innecesario e inútil.

Pero hay algo aún peor en este punto. Hay en él una escapatoria para los liquidadores, a la que señalaron durante el pleno diversos miembros del mismo, no solo bolcheviques, sino también un bundista e incluso Trotski. Se trata de la frase de que para el proletariado consciente «por primera vez se abre la posibilidad, organizándose en un partido socialdemócrata de masas, de aplicar consciente, sistemática y consecuentemente este método táctico de la socialdemocracia internacional». (¿Cuál es ese método? Anteriormente se hablaba de las bases de principios de la táctica, no de su método y menos aún de algún método determinado.)

¿Por qué *por primera vez*? —preguntaban los críticos de este punto en el pleno. Si es porque cada paso del desarrollo del país aporta algo nuevo, más elevado, tanto en el nivel de la técnica como en la definición de la lucha de clases, etc., entonces estamos de nuevo ante una banalidad. En ese caso, cada momento siempre e incondicionalmente aporta algo que aparece *por primera vez* en comparación con el momento anterior. Pero nosotros vivimos un momento determinado, un momento de reflujo contrarrevolucionario, un momento de enorme descenso de la energía de las masas y del movimiento obrero socialdemócrata después del auge revolucionario. Y si ese momento se caracteriza como aquel que *por primera vez* ofrece al proletariado la posibilidad de aplicar conscientemente, etc., el método de la socialdemocracia internacional, entonces estas palabras conducirán inevitablemente a una interpretación liquidacionista, a una exaltación puramente liberal del período de la Tercera Duma, supuestamente pacífico y supuestamente legal, por encima del período de tempestad y asalto, por encima del período de la revolución, cuando la lucha del proletariado se desarrollaba en formas directamente revolucionarias y los liberales la calificaban de «locura del elemental».

Para llamar especialmente la atención sobre este peligro de una interpretación liquidacionista del punto archi oscuro, presenté en esa sesión del pleno toda una serie de declaraciones por escrito, subrayando varios pasajes de los discursos de los oradores. He aquí dos de mis declaraciones:

1) «A petición de Lenin, se hace constar en el acta, de las palabras del camarada T. (socialdemócrata polaco): “Es completamente falsa la interpretación de que aquí se menosprecia la táctica de la revolución en comparación con la contrarrevolución”».

2) «A petición de Lenin, se hace constar en el acta la exclamación del camarada Mártov (“¡correcto!”) ante las palabras de I. (bolchevique que defendía este punto) de que las palabras discutidas no menosprecian, sino que elevan el significado de la revolución y sus métodos en comparación con los contrarrevolucionarios».

Ambas declaraciones constatan que el polaco y el bolchevique, con la anuencia de Mártov, negaban categóricamente la más mínima admisibilidad de una interpretación liquidacionista de este punto. En las intenciones de esos dos camaradas no entraba, por supuesto, tal interpretación.

Pero desde hace tiempo es sabido que se aplica la ley, no los motivos de la ley, no las intenciones del legislador. El significado de este punto en la agitación y la propaganda se determinará no por las buenas intenciones de tal o cual de sus autores, ni por sus declaraciones en el pleno, sino por la correlación objetiva de fuerzas y tendencias dentro de la parte rusa de la socialdemocracia (los socialdemócratas no rusos difícilmente prestarán especial atención a este punto oscuro).

Por eso esperaba con especial interés cómo interpretarían ahora este punto en la prensa, prefiriendo no apresurarme a expresar mi opinión, prefiriendo escuchar primero las opiniones de socialdemócratas que no habían estado en el pleno, o las opiniones de los *golosistas*.

El primer número de *Golos* después del pleno proporcionó un material más que suficiente para evaluar nuestra disputa sobre cómo interpretarían este punto.

En el artículo editorial de *Golos* sobre los resultados del pleno leemos:

«Sería completamente inconcebible y absurdo suponer, por supuesto, que el CC con estas palabras» (“por primera vez”, etc.) «quisiera expresar una condena indirecta de nuestra táctica pasada, en la medida en que estaba adaptada a la situación revolucionaria» (cursiva del autor; núm. 19–20, pág. 18).

¡Muy bien! El autor declara inconcebible y absurda la interpretación liquidacionista. Sin embargo, al leer más adelante, en el mismo párrafo encontramos la siguiente afirmación:

«Con estas palabras se ha reconocido oficialmente el atraso comparativo de nuestra vida política en el pasado, a pesar de las formas revolucionarias en que se manifestaba, lo que, dicho sea de paso, fue una de las causas principales de la derrota de la revolución; con estas palabras se ha reconocido oficialmente el excesivo carácter elemental de nuestra táctica pasada, al que la condenaban las atrasadas relaciones sociales; con estas palabras, por último, se ha reconocido oficialmente que, cualquiera que sea la situación política futura, cualquier intento de retornar a la dictadura de los círculos clandestinos cerrados en el movimiento, con toda la política vinculada a ello, sería un paso decididamente atrás».

¿Verdad que está bien?

No se sabe por dónde empezar a analizar esta riqueza de «perlas».

Empezaré por la triple referencia al «reconocimiento oficial». ¡Cuántas burlas llovieron desde el mismo *Golos* sobre todo reconocimiento oficial por tal o cual resolución de la valoración del pasado, de la revolución, del papel de los partidos burgueses, etc.! He aquí un espécimen de la sinceridad de los gritos contra lo «oficial»: cuando a los *golosistas* no les gusta una decisión clara del partido, se burlan de las pretensiones de resolver «oficialmente» cuestiones científicas complejas, etc., tal como los *Sozialistische Monatshefte* se burlan de la resolución de Dresde contra los oportunistas, o como los ministerialistas belgas en nuestros días se burlan de la resolución de Ámsterdam. Pero en cuanto al *golosista* le pareció que había una escapatoria para el liquidacionismo, jura y perjura tres veces que esto está «reconocido oficialmente».

Y cuando un *golosista* jura y perjura, sabed que… se desvía de la verdad. Hablar de «reconocimiento oficial» de su interpretación por parte del autor del artículo es tanto más necio cuanto que la discutibilidad de la interpretación de este punto fue objeto especial de debate en el CC, y de las declaraciones hechas constar oficialmente en el acta —¡sí, sí! ¡eso sí que es realmente «oficial»!— de quienes introdujeron estas palabras [del polaco y del bolchevique] se desprende que nunca reconocerán como correcta la interpretación de *Golos*. Nuestro autor ha quedado en ridículo con sus gritos sobre el reconocimiento oficial.

La palabra «por primera vez» reconoce «el atraso comparativo del pasado» —esto aún podría pasar, aunque no se ve por ningún lado por qué hay que referirlo precisamente a la vida política y no a otros aspectos del desarrollo social; pero añadir: «a pesar de las formas revolucionarias» significa sacar con demasiada imprudencia la oreja de asno del *vejovista*. Se puede apostar que de cien liberales, no menos de noventa, al leer este pasaje, besarán a los *golosistas*, y de cien obreros, no menos de noventa se apartarán de los oportunistas. Y el añadido «dicho sea de paso» sobre las «causas de la derrota de la revolución» delata a los participantes en el tomo liquidacionista de cinco volúmenes: quieren colar sus puntos de vista liberales sobre el papel del proletariado en la revolución al amparo de una resolución confusa. Por eso hablan del «carácter elemental» e incluso —¡fíjense!— del excesivo carácter elemental de «nuestra táctica pasada». «Excesivo» carácter elemental de la táctica, resulta, se desprende de la palabra «“por primera vez” aplicar consciente, sistemática y consecuentemente (en un partido de masas) el método de la socialdemocracia internacional»[41]. ¡La táctica de la época de la lucha abierta, de la época de la relativa libertad de prensa, de los sindicatos de masas, de las elecciones con participación de los partidos revolucionarios, de la excitación general de la población, de las rápidas oscilaciones de la política gubernamental, de la época de algunas grandes victorias sobre el gobierno —esta táctica era excesivamente elemental, evidentemente, en comparación con la táctica no elemental de 1909-1910! ¡Qué reserva de renuncia, qué mezquindad de comprensión socialdemócrata de los acontecimientos hay que tener para hacer semejantes interpretaciones!

Pero deducir de la palabra «por primera vez» la condena de la «dictadura (!!) de los círculos clandestinos cerrados» es ya sencillamente sin igual. En la época de la táctica «excesivamente elemental» de 1905-1907, la dirección del partido de los obreros se parecía mucho más, si es tan amable, a una «dictadura» que en 1909-1910, emanaba mucho más de las organizaciones «clandestinas» y precisamente de «círculos» que eran más «cerrados» que en nuestro tiempo! Para dar a esta divertida profundidad un viso de verosimilitud, hay que recordar que los oportunistas y los amantes de los kadetes se sentían entre los obreros como un «círculo cerrado» durante la revolución y consideran que ahora, en la lucha por la legalidad (¡no bromeen!), no están «cerrados» (el mismísimo Miliukov está a nuestro lado), no son un «círculo» (tenemos revistas renegadas abiertas), no son «clandestinos», etc.

Por primera vez el proletariado, organizándose en un partido socialdemócrata de masas, observa entre las personas que desean considerarse sus dirigentes una tendencia tan sistemática y consecuente hacia la renegación liberal.

Con esta lección de interpretación del famoso punto sobre «por primera vez» tendrán que contar, quiéranlo o no, aquel camarada polaco y aquel camarada bolchevique[42] que declararon oficialmente que consideraban completamente falsa la interpretación liquidacionista de su punto.