Camaradas, me limitaré a una breve introducción; luego el camarada Maring, que fue secretario de nuestra comisión, les presentará un informe detallado sobre los cambios que hemos introducido en las tesis. Después de él tomará la palabra el camarada Roy, que formuló las tesis adicionales. Nuestra comisión aprobó por unanimidad tanto las tesis iniciales[23] con cambios como las adicionales. De este modo hemos logrado llegar a una completa unanimidad en todas las cuestiones más importantes. Ahora haré algunas breves observaciones.

En primer lugar, ¿cuál es la idea más importante, fundamental, de nuestras tesis? La diferencia entre naciones oprimidas y naciones opresoras. Subrayamos esta diferencia – en oposición a la II Internacional y a la democracia burguesa. Para el proletariado y la Internacional Comunista es especialmente importante en la época del imperialismo constatar los hechos económicos concretos y, al resolver todas las cuestiones coloniales y nacionales, partir no de principios abstractos, sino de los fenómenos de la realidad concreta.

El rasgo característico del imperialismo consiste en que el mundo entero, como vemos, se divide actualmente en un gran número de naciones oprimidas y un número insignificante de naciones opresoras, que disponen de colosales riquezas y una poderosa fuerza militar. La inmensa mayoría, que cuenta con más de mil millones, probablemente mil doscientos cincuenta millones de personas, si tomamos la población total de la Tierra en mil setecientos cincuenta millones, es decir, alrededor del 70% de la población mundial, pertenece a las naciones oprimidas que se encuentran ya sea en dependencia colonial directa, ya sea son Estados semicoloniales, como por ejemplo Persia, Turquía, China, o bien, habiendo sido vencidas por el ejército de una gran potencia imperialista, resultaron por los tratados de paz en una fuerte dependencia de ella. Esta idea de la diferencia, de la división de las naciones en opresoras y oprimidas, recorre todas las tesis, no solo las primeras que aparecieron con mi firma y se imprimieron antes, sino también las tesis del camarada Roy. Estas últimas están escritas principalmente desde el punto de vista de la situación de la India y otras grandes nacionalidades asiáticas oprimidas por Inglaterra, y en esto reside su importancia fundamental para nosotros.

La segunda idea rectora de nuestras tesis consiste en que, en la actual situación mundial, después de la guerra imperialista, las relaciones mutuas entre los pueblos, todo el sistema mundial de Estados, están determinados por la lucha de un pequeño grupo de naciones imperialistas contra el movimiento soviético y los Estados soviéticos, a cuya cabeza se encuentra la Rusia Soviética. Si perdemos esto de vista, no podremos plantear correctamente ninguna cuestión nacional o colonial, aunque se trate del rincón más remoto del mundo. Solo partiendo de este punto de vista podrán las cuestiones políticas ser planteadas y resueltas correctamente por los partidos comunistas tanto en los países civilizados como en los atrasados.

En tercer lugar, quisiera subrayar especialmente la cuestión del movimiento democrático-burgués en los países atrasados. Precisamente esta cuestión provocó ciertas divergencias. Discutimos sobre si sería correcto, en principio y teóricamente, afirmar que la Internacional Comunista y los partidos comunistas deben apoyar o no el movimiento democrático-burgués en los países atrasados; como resultado de esta discusión llegamos a la decisión unánime de hablar, en lugar de movimiento 'democrático-burgués', de movimiento nacional-revolucionario. No cabe la menor duda de que todo movimiento nacional solo puede ser democrático-burgués, pues la masa principal de la población en los países atrasados está compuesta por el campesinado, que es el representante de las relaciones burguesas-capitalistas. Sería una utopía pensar que los partidos proletarios, si es que pueden surgir en tales países, puedan, sin mantener determinadas relaciones con el movimiento campesino, sin apoyarlo de hecho, aplicar la táctica y la política comunistas en esos países atrasados. Pero se alegaron objeciones de que si hablamos de movimiento democrático-burgués, se borraría toda diferencia entre el movimiento reformista y el revolucionario. Y sin embargo, esta diferencia en los últimos tiempos se ha manifestado con toda claridad en los países atrasados y coloniales, pues la burguesía imperialista se esfuerza por todos los medios en implantar el movimiento reformista también entre los pueblos oprimidos. Se ha producido un cierto acercamiento entre la burguesía de los países explotadores y coloniales, de modo que muy a menudo – quizás incluso en la mayoría de los casos – la burguesía de los países oprimidos, aunque apoya los movimientos nacionales, al mismo tiempo, de acuerdo con la burguesía imperialista, es decir, junto con ella, lucha contra todos los movimientos revolucionarios y las clases revolucionarias. En la comisión esto fue demostrado irrefutablemente, y consideramos que lo único correcto fue tomar en cuenta esta diferencia y reemplazar casi en todas partes la expresión 'democrático-burgués' por 'nacional-revolucionario'. El sentido de este reemplazo es que nosotros, como comunistas, solo debemos y apoyaremos los movimientos de liberación burgueses en los países coloniales cuando esos movimientos sean realmente revolucionarios, cuando sus representantes no nos impidan educar y organizar en un espíritu revolucionario al campesinado y a las amplias masas de explotados. Si estas condiciones no se dan, los comunistas deben luchar en esos países contra la burguesía reformista, a la que pertenecen también los héroes de la II Internacional. Los partidos reformistas ya existen en los países coloniales, y a veces sus representantes se llaman a sí mismos socialdemócratas y socialistas. La mencionada diferencia está ahora plasmada en todas las tesis, y creo que gracias a ello nuestro punto de vista está formulado ahora con mucha mayor precisión.

Luego quise hacer también una observación sobre los Soviets campesinos. El trabajo práctico de los comunistas rusos en las colonias que antes pertenecían al zarismo, en países tan atrasados como el Turquestán, etc., nos planteó la cuestión de cómo aplicar la táctica y la política comunistas en condiciones precapitalistas, pues el rasgo característico más importante de estos países es que en ellos dominan todavía relaciones precapitalistas y, por lo tanto, no puede hablarse de un movimiento puramente proletario. En estos países casi no hay proletariado industrial. A pesar de ello, también allí asumimos y debemos asumir el papel de dirigentes. Nuestro trabajo nos demostró que en estos países hay que superar enormes dificultades, pero los resultados prácticos de nuestra labor mostraron también que, a pesar de estas dificultades, se puede despertar en las masas el afán por el pensamiento político independiente y por la actividad política independiente incluso allí donde casi no hay proletariado. Este trabajo fue más difícil para nosotros que para los camaradas de los países de Europa Occidental, ya que el proletariado en Rusia está abrumado por el trabajo estatal. Es perfectamente comprensible que los campesinos que se encuentran en una dependencia semifeudal puedan asimilar perfectamente la idea de la organización soviética y ponerla en práctica. También está claro que las masas oprimidas, explotadas no solo por el capital comercial, sino también por los señores feudales y por el Estado sobre una base feudal, pueden aplicar esta arma, este tipo de organización, en sus propias condiciones. La idea de la organización soviética es simple y puede aplicarse no solo a las relaciones proletarias, sino también a las relaciones campesinas feudales y semifeudales. Nuestra experiencia en este terreno aún no es muy amplia, pero los debates en la comisión, en los que participaron varios representantes de países coloniales, nos demostraron de manera totalmente irrefutable que en las tesis de la Internacional Comunista es necesario señalar que los Soviets campesinos, los Soviets de los explotados, son un medio adecuado no solo para los países capitalistas, sino también para los países con relaciones precapitalistas, y que el deber absoluto de los partidos comunistas y de aquellos elementos que están dispuestos a crear partidos comunistas es la propaganda de la idea de los Soviets campesinos, de los Soviets de los trabajadores, en todas partes y por doquier, tanto en los países atrasados como en las colonias; y allí donde las condiciones lo permitan, deben hacer inmediatamente intentos para crear Soviets del pueblo trabajador.

Aquí se nos abre un campo de trabajo práctico muy interesante e importante. Por ahora, nuestra experiencia general en este aspecto no es especialmente amplia, pero poco a poco iremos acumulando cada vez más materiales. No puede haber ninguna discusión sobre el hecho de que el proletariado de los países avanzados puede y debe ayudar a las masas trabajadoras atrasadas, y de que el desarrollo de los países atrasados puede salir de su etapa actual cuando el proletariado victorioso de las repúblicas soviéticas tienda la mano a estas masas y pueda brindarles apoyo.

Sobre esta cuestión, en la comisión se mantuvieron debates bastante animados, no solo en relación con las tesis firmadas por mí, sino aún más en relación con las tesis del camarada Roy, que él defenderá aquí y a las cuales se aprobaron por unanimidad algunas enmiendas.

El planteamiento de la cuestión era el siguiente: ¿podemos reconocer como correcta la afirmación de que la etapa capitalista de desarrollo de la economía nacional es inevitable para aquellos pueblos atrasados que ahora se liberan y en cuyo seno ahora, después de la guerra, se observa un movimiento por el camino del progreso? Respondimos a esta pregunta negativamente. Si el proletariado revolucionario victorioso lleva a cabo entre ellos una propaganda sistemática, y los gobiernos soviéticos acuden en su ayuda con todos los medios de que disponen, entonces es incorrecto suponer que la etapa capitalista de desarrollo es inevitable para las nacionalidades atrasadas. En todas las colonias y países atrasados, no solo debemos formar cuadros independientes de luchadores, organizaciones de partido, no solo llevar a cabo inmediatamente la propaganda para la organización de Soviets campesinos y esforzarnos por adaptarlos a las condiciones precapitalistas, sino que la Internacional Comunista debe establecer y fundamentar teóricamente la tesis de que, con la ayuda del proletariado de los países avanzados, los países atrasados pueden pasar al sistema soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo, saltándose la etapa capitalista de desarrollo.

Qué medios son necesarios para ello, es imposible señalarlos de antemano. La experiencia práctica nos lo indicará. Pero está establecido con certeza que la idea de los Soviets es cercana a todas las masas trabajadoras de los pueblos más alejados, que estas organizaciones, los Soviets, deben ser adaptadas a las condiciones del orden social precapitalista, y que el trabajo del partido comunista en esta dirección debe comenzar inmediatamente en todo el mundo.

Quisiera también señalar la importancia del trabajo revolucionario de los partidos comunistas no solo en su propio país, sino también en los países coloniales, y especialmente entre las tropas de las que se sirven las naciones explotadoras para mantener sometidos a los pueblos de sus colonias.

El camarada Quelch, del Partido Socialista Británico, habló de esto en nuestra comisión. Dijo que un obrero inglés corriente consideraría una traición ayudar a los pueblos esclavizados en sus levantamientos contra el dominio inglés. Es cierto que la aristocracia obrera de Inglaterra y América, imbuida de espíritu jingoísta{101} y chovinista, representa el mayor peligro para el socialismo y el apoyo más fuerte de la II Internacional, y que aquí tenemos que ver con la traición más grande por parte de los dirigentes y obreros pertenecientes a esta Internacional burguesa. En la II Internacional también se discutió la cuestión colonial. El Manifiesto de Basilea{102} también hablaba de ello con toda claridad. Los partidos de la II Internacional prometieron actuar revolucionariamente, pero no vemos un trabajo revolucionario real y una ayuda a los pueblos explotados y dependientes en sus levantamientos contra las naciones opresoras por parte de los partidos de la II Internacional y, creo, tampoco entre la mayoría de los partidos que salieron de la II Internacional y desean ingresar en la III Internacional. Debemos declararlo públicamente, y esto no puede ser refutado. Veremos si se hace algún intento de refutación.

Todas estas consideraciones sirvieron de base a nuestras resoluciones, que, sin duda, son demasiado largas, pero creo que serán útiles y contribuirán al desarrollo y la organización de un trabajo verdaderamente revolucionario en las cuestiones nacional y colonial, que es nuestra tarea principal.

"Boletín del 2º Congreso de la Internacional Comunista" núm. 6, 7 de agosto de 1920.

Se publica según el texto del libro "2º Congreso de la Internacional Comunista. Informe taquigráfico", 1921, cotejado con el texto de la edición alemana "Der zweite Kongreβ der Kommunist. Internationale".