El camarada Nobs, redactor del periódico socialista de izquierda suizo «Derecho Popular» («Volksrecht») en Zúrich{160}, publicó recientemente una carta de Zinóviev sobre la necesidad de ruptura con los oportunistas y su extensa respuesta a esa carta. La respuesta de Nobs se reduce a que a la cuestión de la aceptación de la 21ª condición y del ingreso en la Internacional Comunista se da una respuesta decididamente negativa – ¡en nombre de la «libertad», por supuesto, de la libertad de crítica, de la libertad frente a las exigencias excesivas o al dictado de Moscú (no he conservado el artículo de Nobs y me veo obligado a citar de memoria, respondiendo del sentido, no de tal o cual expresión).

El camarada Nobs, entre otras cosas, se busca como aliado al camarada Serrati, quien, como es sabido, también está descontento con «Moscú», es decir, especialmente con los miembros rusos del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, y también se queja de que Moscú viola la «libertad» de las partes constitutivas, de los partidos particulares y de los miembros particulares de la Internacional Comunista. No estará de más, por tanto, decir algunas palabras sobre la «libertad».

Tras haber vivido tres años de dictadura del proletariado, tenemos derecho a decir que la objeción más corriente y popular contra ella en todo el mundo es la referencia a la violación de la libertad y la igualdad. Toda la prensa burguesa de todos los países, hasta la prensa de los demócratas pequeñoburgueses, es decir, de los socialdemócratas y socialistas, incluyendo a Kautsky, Hilferding, Mártov, Chernov, Longuet, etc., etc., ataca a los bolcheviques precisamente por violar la libertad y la igualdad. Desde el punto de vista teórico, esto es completamente comprensible. Que el lector recuerde las famosas palabras de Marx, llenas de sarcasmo, en «El Capital»:

«La esfera de la circulación o del intercambio de mercancías, dentro de cuyos límites se realiza la compra y venta de la fuerza de trabajo, es un verdadero edén de los derechos innatos del hombre. Lo único que aquí impera es Libertad, Igualdad, Propiedad y Bentham» («El Capital», tomo I, sección segunda, final del capítulo cuarto, edición rusa de 1920, pág. 152){161}.

Estas palabras llenas de sarcasmo están llenas del más profundo contenido histórico-filosófico. Hay que confrontarlas con las explicaciones populares de la misma cuestión por Engels en su «Anti-Dühring», en particular con las palabras de Engels de que la igualdad es un prejuicio o una tontería en tanto este concepto no se reduzca a la abolición de las clases{162}.

La abolición del feudalismo y de sus vestigios, la instauración de las bases del orden burgués (se puede decir con todo derecho: del orden burgués-democrático) ocupó toda una época de la historia universal. Y las consignas de esta época histórico-mundial fueron inevitablemente libertad, igualdad, propiedad y Bentham. La abolición del capitalismo y de sus vestigios, la instauración de las bases del orden comunista constituye el contenido de la nueva época de la historia universal que ahora comienza. Y las consignas de nuestra época son y deben ser inevitablemente: abolición de las clases; dictadura del proletariado para realizar este objetivo; desenmascaramiento implacable de los prejuicios democráticos pequeñoburgueses acerca de la libertad y la igualdad, lucha implacable contra esos prejuicios. Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido nada en las cuestiones sobre la dictadura del proletariado, sobre el Poder Soviético, sobre las bases fundamentales de la Internacional Comunista.

Mientras no sean abolidas las clases, toda conversación sobre la libertad y la igualdad en general es un autoengaño o un engaño a los obreros, así como a todos los trabajadores y explotados por el capital, es, en todo caso, una defensa de los intereses de la burguesía. Mientras no sean abolidas las clases, en toda discusión sobre la libertad y la igualdad debe plantearse la pregunta: ¿libertad para qué clase? ¿y para qué uso precisamente? ¿igualdad de qué clase con cuál? ¿y en qué relación precisamente? La elusión de estas preguntas, directa o indirecta, consciente o inconsciente, es inevitablemente una defensa de los intereses de la burguesía, de los intereses del capital, de los intereses de los explotadores. La consigna de libertad e igualdad, callando estas cuestiones, la propiedad privada de los medios de producción, es la mentira y la hipocresía de la sociedad burguesa, que, con el reconocimiento formal de la libertad y la igualdad, encubre la no libertad y la desigualdad económicas reales para los obreros, para todos los trabajadores y explotados por el capital, es decir, para la inmensa mayoría de la población en todos los países capitalistas.

En Rusia ahora, gracias a que la dictadura del proletariado ha planteado prácticamente las cuestiones fundamentales, últimas, del capitalismo, se ve con especial claridad a quién sirven (cui prodest? «¿a quién benefician?») las conversaciones sobre la libertad y la igualdad en general. Cuando los eseristas y mencheviques, los Chernov y Mártov, nos endosan razonamientos sobre el tema de la libertad y la igualdad en los límites de la democracia laboral – ¡pues ellos, verá usted, no son en absoluto culpables de razonamientos sobre la libertad y la igualdad en general! ¡no olvidan en absoluto a Marx! –, entonces les preguntamos: ¿qué hacer con la diferencia entre la clase de los obreros asalariados y la clase de los pequeños patronos propietarios en el período de la dictadura del proletariado?

La libertad y la igualdad en los límites de la democracia laboral es libertad para el pequeño agricultor propietario (aunque explote su tierra nacionalizada) para vender los excedentes de grano a precio de especulación, es decir, para explotar al obrero. Cualquiera que hable de libertad e igualdad en los límites de la democracia laboral – en la condición de que los capitalistas han sido derrocados, pero la propiedad privada y la libertad de comercio aún subsisten –, es un defensor de los explotadores. Y con tal defensor, el proletariado, al realizar su dictadura, debe proceder como con un explotador, aunque ese defensor se llame a sí mismo socialdemócrata, socialista o incluso hombre consciente de la podredumbre de la II Internacional, etcétera y demás.

Mientras subsistan la propiedad privada de los medios de producción (por ejemplo, de los instrumentos y el ganado agrícolas, aunque la propiedad privada de la tierra haya sido abolida) y el libre comercio, subsiste la base económica del capitalismo. Y la dictadura del proletariado es el único medio de lucha victoriosa contra esta base, el único camino hacia la abolición de las clases (sin la cual no puede hablarse de libertad real para la personalidad humana – y no para el propietario –, ni de igualdad real, en la relación sociopolítica, de hombre a hombre – y no de la igualdad hipócrita entre el propietario y el desposeído, entre el harto y el hambriento, entre el explotador y el explotado). La dictadura del proletariado conduce a la abolición de las clases, conduce a ello mediante el derrocamiento de los explotadores y la represión de su resistencia, por un lado; conduce a ello, por otro lado, mediante la neutralización, la anulación del efecto de las vacilaciones del pequeño propietario entre la burguesía y el proletariado.

La falsedad de los discursos de los camaradas Nobs y Serrati consiste, por supuesto, no en que ellos sean falsos, poco sinceros. Nada de eso. Son completamente sinceros, y no hay ninguna falsedad subjetiva en sus discursos. Pero objetivamente, por su contenido, sus discursos son falsos, pues consisten en la defensa de los prejuicios de la democracia pequeñoburguesa, pues se reducen a la defensa de la burguesía.

La Internacional Comunista no puede en modo alguno reconocer la libertad y la igualdad para todos los que deseen firmar ciertas declaraciones, con independencia de su comportamiento político. Esto sería para los comunistas un suicidio, tanto teórico como político-práctico, lo mismo que el reconocimiento de la libertad y la igualdad «en los límites de la democracia laboral» y cosas por el estilo. Para cualquiera que sepa leer y quiera entender lo que lee, no puede dejar de estar claro que todas las resoluciones, tesis, decisiones, acuerdos y condiciones de la Internacional Comunista no reconocen «la libertad y la igualdad» de quienes desean ingresar en la Internacional Comunista de manera incondicional.

¿En qué consiste, pues, la condición de nuestro reconocimiento de la «libertad y la igualdad»? ¿de la libertad y la igualdad de los miembros de la Internacional Comunista?

En que no puedan llegar a ser miembros los oportunistas y los «centristas», como los conocidos representantes del ala derecha de los partidos socialistas suizo e italiano. Pues esos oportunistas y «centristas», por mucho que firmen su reconocimiento de la dictadura del proletariado, siguen siendo en la práctica predicadores y defensores de los prejuicios, las debilidades y las vacilaciones de la democracia pequeñoburguesa.

Primero: ruptura con esos prejuicios, debilidades, vacilaciones; con las personas que predican, defienden, plasman en la vida esos puntos de vista y esas propiedades. Después, y solo bajo esa condición: «libertad» de ingreso en la Internacional Comunista, «igualdad» de hecho del comunista (y no del comunista de palabra) con cualquier otro comunista, miembro de la Internacional Comunista.

Usted es «libre», camarada Nobs, de defender los puntos de vista que defiende. Pero nosotros también somos «libres» de declarar que esos puntos de vista son prejuicios pequeñoburgueses, perjudiciales para la causa del proletariado, útiles para el capital; nosotros también somos «libres» de negarnos a entrar en una alianza o en una sociedad con personas que defienden esos puntos de vista o la política correspondiente a ellos. Y nosotros ya hemos condenado esa política y esos puntos de vista en nombre de todo el II Congreso de la Internacional Comunista. Ya hemos dicho que exigimos incondicional y previamente la ruptura con los oportunistas.

¡No hable en general de libertad e igualdad, camarada Nobs y camarada Serrati! Hable de la libertad de no cumplir las resoluciones de la Internacional Comunista acerca de la obligatoriedad incondicional de la ruptura con los oportunistas y los «centristas» (que no pueden dejar de socavar, no pueden dejar de sabotear la dictadura del proletariado). Hable de la igualdad de los oportunistas y los «centristas» con los comunistas. Tal libertad y tal igualdad no podemos reconocerlas para la Internacional Comunista; cualquier otra libertad e igualdad, cuanto quiera.

La condición más importante y fundamental para el éxito en el momento de la víspera de la revolución proletaria es la liberación, es la libertad de los partidos del proletariado revolucionario respecto a los oportunistas y los «centristas», respecto a su influencia, respecto a sus prejuicios, debilidades, vacilaciones.

11. XII. 1920.