Tales son dos concepciones fundamentalmente distintas, radicalmente divergentes entre sí, sobre la esencia y el significado de nuestra unificación del partido.

Ahora cabe preguntarse: ¿cuál de estas concepciones está en la base de la resolución del pleno? Quien quiera meditarla verá que en la base está la segunda concepción, pero en algunos lugares la resolución lleva claramente las huellas de «enmiendas» particulares en el espíritu de la primera, y estas «enmiendas», empeorando la resolución, no eliminan en absoluto su base, su contenido principal, enteramente impregnado de la segunda concepción.

Para demostrar que esto es así, que las «enmiendas» en el espíritu de la diplomacia de círculo tienen realmente el carácter de enmiendas particulares, que no cambian la esencia del asunto ni la base principista de la resolución, me detendré en los puntos y lugares ya tocados por la prensa del partido de la resolución sobre la situación en el partido. Empezaré por el final.

Acusando a los «dirigentes de las viejas fracciones» de que hacen todo para impedir el establecimiento de la unidad, de que también en el pleno se comportaron así, de que «cada paso había que arrancárselos a la fuerza», Ionov escribe:

«El camarada Lenin no quería "superar las desviaciones peligrosas" mediante la "ampliación y profundización de la labor socialdemócrata". Se esforzaba con bastante energía en colocar en el centro de todas las iniciativas del partido la teoría de la "lucha en dos frentes". No admitía ni siquiera la idea de abolir en el partido el "estatuto de protección reforzada"» (pág. 22, col. 1).

Se trata del § 4, punto b, de la resolución sobre la situación en el partido. El proyecto de esta resolución fue presentado al Comité Central por mí, y este punto fue modificado después del trabajo de la comisión por el propio pleno, modificado a propuesta de Trotsky, contra la cual luché infructuosamente. En este punto yo tenía, si no literalmente las palabras «lucha en dos frentes», en todo caso palabras que expresaban esa idea. La «superación mediante la ampliación y profundización» fue insertada a propuesta de Trotsky. Me alegro mucho de que el camarada Ionov, con su relato de mi lucha contra esa propuesta, me dé una oportunidad cómoda para manifestarme sobre el significado de la «enmienda».

Nada provocó en el pleno una indignación tan rabiosa –a menudo cómica– como la idea de la «lucha en dos frentes». La mera mención de esto sacaba de quicio tanto a los vperedistas como a los mencheviques. Esta indignación es históricamente completamente explicable, pues los bolcheviques llevaron a la práctica, desde agosto de 1908 hasta enero de 1910, la lucha en dos frentes, es decir, la lucha contra los liquidadores y los otzovistas. Cómico era esta indignación porque los que se enfadaban con los bolcheviques solo demostraban con ello su culpabilidad, demostraban que les seguía molestando toda condena del liquidacionismo y el otzovismo. El que las debe, las paga.

La propuesta de Trotsky de poner en lugar de lucha en dos frentes –«superación mediante la ampliación y profundización»– encontró un caluroso apoyo de mencheviques y vperedistas.

Y ahora se regocijan por esta «victoria» tanto Ionov como la «Pravda», como la resolución de Viena, como la «Voz del Socialdemócrata». Pero, cabe preguntarse: ¿expulsando de este punto las palabras sobre la lucha en dos frentes, expulsaron de la resolución el reconocimiento de la necesidad de esa lucha? En absoluto, pues una vez reconocidas las «desviaciones», reconocido su «peligro», reconocido necesario «explicar» ese peligro, reconocido que las desviaciones son «manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado», ¡con ello, en el fondo, se ha reconocido precisamente la lucha en dos frentes! Se cambió en un lugar el término «desagradable» (para tal o cual compadre), ¡pero se dejó la idea fundamental! Lo único que se logró fue confundir, diluir con aguachirle, empeorar con una frase una parte de un punto.

En efecto, esto es precisamente una frase y una evasiva impotente, si en este parágrafo se habla de superación mediante la ampliación y profundización de la labor. No hay aquí ninguna idea clara. Ampliar y profundizar la labor es necesario siempre e incondicionalmente; de esto habla detalladamente todo el tercer parágrafo de la resolución, habla antes de pasar a las «tareas ideológico-políticas» específicas –no siempre e incondicionalmente obligatorias, sino engendradas por las condiciones de un período particular. Solo a estas tareas particulares está dedicado el § 4, y en la introducción a sus tres puntos se dice directamente que estas tareas ideológico-políticas «han surgido a su vez».

¿Qué resultó? Resultó un absurdo: ¡como si la tarea de ampliar y profundizar la labor también hubiera surgido a su vez! ¡Como si pudiera haber tal «turno» histórico en que esta tarea no se planteé, como siempre!

¿Y de qué manera se pueden superar las desviaciones mediante la ampliación y profundización de la labor socialdemócrata? Con toda ampliación y con toda profundización surgirá inevitablemente la cuestión de cómo ampliar y cómo profundizar; si el liquidacionismo y el otzovismo no son casualidad, sino corrientes engendradas por las condiciones sociales, pueden abrirse paso en toda ampliación y en toda profundización de la labor. Se puede ampliar y profundizar la labor en el espíritu del liquidacionismo – esto lo hacen, por ejemplo, «Nuestra Aurora» y «Renacimiento»{105}; se puede hacerlo también en el espíritu del otzovismo. Por otro lado, la superación de las desviaciones, en el verdadero sentido de la palabra «superación», inevitablemente distrae ciertas fuerzas, tiempo, energía de la ampliación y profundización directas de la correcta labor socialdemócrata. Por ejemplo, el mismo Ionov en la misma página de su artículo escribe:

«El pleno terminó. Sus participantes se marcharon. Al Comité Central le toca, al organizar el trabajo, superar dificultades increíbles, entre las cuales no ocupa el último lugar la conducta de los llamados» (¿solo llamados, camarada Ionov, y no verdaderos, no auténticos?) «liquidadores, cuya existencia el camarada Mártov negaba tan obstinadamente».

Aquí tienen material –pequeño pero característico– para explicar hasta qué punto son vacías las frases de Trotsky e Ionov. La superación de los pasos liquidacionistas de Mijaíl, Yuri y Compañía quitaba fuerzas y tiempo al Comité Central de la ampliación y profundización directas de la verdadera labor socialdemócrata. Si no hubiera habido actos de Mijaíl, Yuri y Compañía, si no hubiera habido liquidacionismo entre aquellos a quienes erróneamente seguimos considerando nuestros camaradas, entonces la ampliación y profundización de la labor socialdemócrata habrían ido más exitosamente, pues la lucha interna no habría distraído las fuerzas del partido. Es decir, si entendemos por ampliación y profundización de la labor socialdemócrata el desarrollo directo de la agitación, la propaganda, la lucha económica, etc., en un espíritu verdaderamente socialdemócrata, entonces para esta labor la superación de las desviaciones de los socialdemócratas del socialdemocratismo es un menos, un descuento, por así decirlo, de la «actividad positiva», y, por consiguiente, la frase sobre la superación de las desviaciones mediante la ampliación, etc., no tiene sentido.

Esta frase expresa en realidad un vago deseo, un buen deseo inocente: ¡que haya menos lucha interna entre los socialdemócratas! Nada más que este inocente deseo se refleja en esta frase; es un suspiro de los llamados conciliadores: ¡ojalá hubiera menos lucha contra el liquidacionismo y el otzovismo!

El significado político de tal «suspiro» es cero, peor que cero. Si hay gente en el partido a la que le conviene «negar obstinadamente» la existencia de liquidadores (y otzovistas), utilizarán el «suspiro» de los «conciliadores» para encubrir el mal. Así obra la «Voz del Socialdemócrata». Y por eso los defensores de tales frases bienintencionadas y vacías en las resoluciones son solo los llamados «conciliadores». En realidad, son cómplices de liquidadores y otzovistas; en realidad, no profundizan la labor socialdemócrata, sino que fortalecen precisamente las desviaciones de ella, fortalecen precisamente el mal, escondiéndolo temporalmente, dificultando su curación.

Para ilustrar al camarada Ionov el significado de este mal, le recordaré un pasaje del artículo del camarada Ionov en el nº 1 del «Hojín de Discusión». El camarada Ionov comparó acertadamente el liquidacionismo y el otzovismo con un absceso benigno que «en el proceso de supuración atrae hacia sí de todo el organismo toda clase de elementos nocivos y contribuye así a su saneamiento».

Exactamente. El proceso de supuración, que extrae del organismo «elementos nocivos», lleva al saneamiento. Y lo que dificulta la limpieza del organismo de tales elementos, le causa daño. ¡Que el camarada Ionov reflexione sobre este útil pensamiento del camarada Ionov!