Los liquidadores y los otzovistas, con una unanimidad conmovedora, insultan por todos los costados a los bolcheviques (los primeros también a Plejánov). Los culpables son los bolcheviques, el culpable es el Centro Bolchevique, los culpables son las «mañas "individualistas" de Lenin y Plejánov» (pág. 15 del «Complemento Necesario»), el culpable es el «grupo irresponsable» de «antiguos miembros del Centro Bolchevique» (véase el volante del grupo «Vperiod»). La solidaridad entre liquidadores y otzovistas es en este aspecto total; su bloque contra el bolchevismo ortodoxo (bloque que caracterizó más de una vez también la lucha en el Pleno, de lo cual se hablará especialmente más abajo) es un hecho indiscutible; los representantes de dos corrientes extremas, que expresan ambas la sumisión a las ideas burguesas y son ambas antipartido, coinciden plenamente en su política intrapartidista, en la lucha contra los bolcheviques y en la proclamación del Órgano Central como «bolchevique». Sin embargo, los más violentos insultos de Axelrod y Aleksinski no hacen más que ocultar su total incomprensión del sentido y la significación de la unificación del partido. La resolución de Trotski (– los de Viena) solo exteriormente se diferencia de las «efusiones» de Axelrod y Aleksinski. Está redactada muy «cautelosamente» y pretende una justicia «superfraccional». Pero ¿cuál es su sentido? La culpa de todo la tienen los «jefes bolcheviques» – es la misma «filosofía de la historia» que la de Axelrod y Aleksinski.

Ya en el primer párrafo de la resolución de Viena se dice: «… los representantes de todas las fracciones y corrientes… con su decisión» (en el Pleno) «asumían consciente y deliberadamente la responsabilidad de aplicar las resoluciones adoptadas en las condiciones dadas, en colaboración con las dadas personas, grupos e instituciones». Se habla de los «conflictos en el CC [Órgano Central]». ¿Quién es «responsable de la aplicación de las resoluciones» del Pleno en el CC? Está claro: la mayoría del CC, es decir, los bolcheviques con los polacos; ellos son los responsables de aplicar las resoluciones del Pleno – «en colaboración con las dadas personas», es decir, con los golossovistas y los vperedistas.

¿De qué habla la principal resolución del Pleno, en aquella de sus partes que está dedicada a las cuestiones más «dolorosas» de nuestro partido, a las cuestiones que fueron las más discutidas antes del Pleno y que debían ser las menos discutidas después del Pleno?

De que la manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado es, por un lado, la negación del partido socialdemócrata ilegal, la disminución de su papel y significación, etc., y, por otro lado, la negación del trabajo parlamentario de los socialdemócratas y de la utilización de las posibilidades legales, la incomprensión de la importancia de ambas cosas, etc.

Ahora preguntamos: ¿qué sentido tiene esta resolución?

¿Aquel de que los golossovistas debían poner sincera e irrevocablemente fin a la negación del partido ilegal, a la disminución de su papel, etc., debían reconocer esto como una desviación, debían deshacerse de ella, desarrollar un trabajo positivo en un espíritu hostil a esta desviación; – que los vperedistas debían poner sincera e irrevocablemente fin a la negación del trabajo parlamentario y de las posibilidades legales, etc.; – que la mayoría del CC debía atraer por todos los medios a los golossovistas y vperedistas a la «colaboración» a condición de su renuncia sincera, consecuente e irrevocable a las «desviaciones» descritas detalladamente en la resolución del Pleno?

¿O el sentido de la resolución es que la mayoría del CC es responsable de la aplicación de las resoluciones (sobre la superación de las desviaciones liquidacionistas y otzovistas) «en colaboración con los dados» golossovistas, que continúan defendiendo como antes e incluso más groseramente el liquidacionismo, con los dados vperedistas, que continúan defendiendo como antes e incluso más groseramente la legitimidad del otzovismo, el ultimatismo y cosas por el estilo?

Basta plantear esta cuestión para ver cuán vacías de contenido son las pomposas frases en la resolución de Trotski, – cómo sirven en la práctica para defender la misma posición en la que se encuentran Axelrod y Cía., Aleksinski y Cía.

Trotski ya en las primeras palabras de su resolución expresó todo el espíritu del peor conciliacionismo, del «conciliacionismo» entre comillas, del conciliacionismo de círculo, filisteo, que toma a «las dadas personas» y no la línea dada, ni el espíritu dado, ni el contenido ideológico-político dado del trabajo del partido.

Pues en esto reside todo el abismo de diferencia entre el «conciliacionismo» de Trotski y Cía., que en la práctica presta el más fiel servicio a los liquidadores y otzovistas, y por ello es un mal tanto más peligroso en el partido cuanto más astuta, refinada y verbosamente se oculta bajo declamaciones supuestamente partidistas y supuestamente antifraccionales, – y la verdadera partidista, que consiste en depurar el partido del liquidacionismo y del otzovismo.

¿Qué se nos ha dado, en realidad, como tarea del partido?

¿Se nos han «dado» «personas, grupos e instituciones dadas» que hay que «conciliar» independientemente de su línea, independientemente del contenido de su trabajo, independientemente de su actitud hacia el liquidacionismo y el otzovismo?

¿O se nos ha dado una línea del partido, se nos ha dado una orientación ideológico-política y un contenido de todo nuestro trabajo, se nos ha dado la tarea de depurar este trabajo del liquidacionismo y del otzovismo, – una tarea que debe realizarse independientemente de las «personas, grupos e instituciones», a pesar de la oposición de las «personas, instituciones y grupos» que no están de acuerdo con esta línea o no la aplican?

Son posibles dos puntos de vista sobre la significación y las condiciones de realización de cualquier unificación del partido. Es sumamente importante comprender la diferencia de estos puntos de vista, pues se entremezclan y confunden en el curso del desarrollo de nuestra «crisis unificadora», y sin delimitar un punto de vista del otro es imposible orientarse en esta crisis.

Un punto de vista sobre la unificación puede poner en primer plano la «conciliación» de las «personas, grupos e instituciones dadas». La unidad de sus puntos de vista sobre el trabajo del partido, sobre la línea de este trabajo, es algo secundario. Las divergencias hay que tratar de silenciarlas, no de esclarecer sus raíces, su significación, sus condiciones objetivas. «Conciliar» a las personas y los grupos: en esto consiste lo principal. Si no coinciden en la aplicación de una línea común, hay que interpretar esta línea de tal modo que sea aceptable para todos. Vive y deja vivir a los demás. Esto es «conciliacionismo» filisteo, que conduce inevitablemente a la diplomacia de círculo. «Tapar» las fuentes de las divergencias, silenciarlas, «arreglar» a toda costa los «conflictos», neutralizar las tendencias hostiles: he aquí a qué se dirige la atención principal de semejante «conciliacionismo». Es comprensible que, en las condiciones de una base en el extranjero para las operaciones del partido ilegal, esta diplomacia de círculo abra de par en par las puertas a «personas, grupos e instituciones» que desempeñan el papel de «honestos casamenteros» en toda clase de intentos de «conciliación» y «neutralización».

He aquí cómo relata Mártov en el nº 19-20 de «La Voz» uno de tales intentos en el Pleno:

«Los mencheviques, los "pravdistas" y los bundistas propusieron una composición del CC que asegurara la "neutralización" de dos corrientes opuestas del pensamiento del partido, que no diera una mayoría determinada a ninguna de ellas y que, de este modo, obligara al órgano del partido a elaborar sobre cada cuestión esencial aquella línea media que pudiera unir a la mayoría de los trabajadores del partido».

La propuesta de los mencheviques, como se sabe, no fue aceptada. Trotski, que presentó su candidatura al CC en calidad de neutralizador, fracasó. La candidatura para el mismo cargo de un bundista –esta candidatura fue propuesta en sus discursos por los mencheviques– ni siquiera fue sometida a votación.

He ahí el papel real de aquellos «conciliadores» en el mal sentido de la palabra, que escribieron la resolución de Viena y cuyos puntos de vista están expresados en el artículo de Ionov en el nº 4 de «Ecos del Bund», que acabo de recibir. Los mencheviques no se atrevían a proponer un CC con mayoría de su tendencia, – reconociendo al mismo tiempo, como se desprende del razonamiento de Mártov que he citado, dos corrientes opuestas en el partido. A los mencheviques ni siquiera se les pasó por la cabeza proponer un CC con mayoría de su tendencia. Ni siquiera intentaron lograr un Órgano Central con una dirección determinada (hasta tal punto estaba claro en el Pleno la ausencia de dirección en los mencheviques, de los cuales solo se exigía, solo se esperaba una renuncia sincera y consecuente al liquidacionismo). Los mencheviques buscaban en el CC la «neutralización» y, como neutralizadores, proponían a un bundista o a Trotski. El bundista y Trotski debían desempeñar el papel de casamentero que asumiría la tarea de «unir en matrimonio» a «las dadas personas, grupos e instituciones» independientemente de que una parte hubiera renunciado o no al liquidacionismo.

Este punto de vista del casamentero constituye toda la «base ideológica» del conciliacionismo de Trotski e Ionov. Cuando se quejan y lloran por el hecho de que la unificación no se llevó a cabo, esto debe entenderse cum grano salis[36]. Debe entenderse como que el casamiento no se realizó. El «fracaso» de aquellas esperanzas de unificación que albergaban Trotski e Ionov, esperanzas de unificación con «las dadas personas, grupos e instituciones» independientemente de su actitud hacia el liquidacionismo, significa solo el fracaso de las casamenteras, significa la falsedad, la desesperanza, la mezquindad del punto de vista de la casamentera, pero no significa en modo alguno el fracaso de la unificación del partido.

Hay otro punto de vista sobre esta unificación. Este otro punto de vista consiste en que toda una serie de causas objetivas profundas, independientes de la composición tal o cual de «las dadas (al Pleno y en el Pleno) personas, grupos e instituciones», hace ya mucho tiempo que comenzó a provocar y sigue provocando inexorablemente en las dos viejas, en las dos principales fracciones rusas de los socialdemócratas, tales cambios que crean –a veces en contra de la voluntad e incluso de la conciencia de algunos de «las dadas personas, grupos e instituciones»– las bases ideológicas y organizativas de la unificación. Estas condiciones objetivas radican en las particularidades de la época que vivimos del desarrollo burgués de Rusia, la época de la contrarrevolución burguesa y de los intentos de la autocracia de reorganizarse según el tipo de la monarquía burguesa. Estas condiciones objetivas crean, al mismo tiempo y en vínculo indisoluble una con otra, cambios en el carácter del movimiento obrero, en la composición, el tipo, la fisonomía de la vanguardia obrera socialdemócrata y cambios en las tareas ideológico-políticas del movimiento socialdemócrata. Por ello, no un azar, ni una maldad individual, ni una estupidez o un error, sino un resultado inevitable de la acción de estas causas objetivas –y una superestructura inseparable de la «base» sobre todo el movimiento obrero de la Rusia contemporánea– es aquella influencia burguesa sobre el proletariado que crea el liquidacionismo (= semiliberalismo que desea contarse entre los socialdemócratas) y el otzovismo (= semianarquismo que desea contarse entre los socialdemócratas). La conciencia del peligro, del carácter no socialdemócrata, del daño para el movimiento obrero de ambas desviaciones provoca el acercamiento de elementos de distintas fracciones y abre el camino a la unificación del partido «a través de todos los obstáculos».

Desde este punto de vista, la unificación puede avanzar lentamente, con dificultad, con vacilaciones, titubeos, recaídas, pero no puede dejar de avanzar. Desde este punto de vista, la unificación no se da en absoluto necesariamente entre «las dadas personas, grupos e instituciones», sino independientemente de las personas dadas, sometiéndolas a sí misma, desechando de los «dados» a quienes no comprenden o no quieren comprender las exigencias del desarrollo objetivo, poniendo de relieve y atrayendo a nuevas personas que no pertenecen a la composición de los «dados», produciendo cambios, reajustes, reagrupaciones en el seno de las viejas fracciones, corrientes, divisiones. Desde este punto de vista, la unificación es inseparable de su base ideológica, solo sobre la base del acercamiento ideológico crece, está vinculada con la aparición, el desarrollo, el crecimiento de desviaciones tales como el liquidacionismo y el otzovismo, no por un vínculo casual de tal o cual intervención polémica, de tal o cual lucha literaria, sino por un vínculo interno, indisoluble, como están vinculados la causa y el efecto.