«...cuando el tren tiene cierta tendencia a descarrilar, los amortiguadores ya no son algo tan malo» (pág. 45 del informe de la discusión del 30 de diciembre de 1920).

Así pues, hay cierta tendencia al descarrilamiento. ¿Acaso son concebibles miembros conscientes del partido que estén despreocupados por la cuestión de dónde exactamente, en qué exactamente, cómo exactamente comenzó esta tendencia?

El folleto de Trotski comienza con la declaración de que «es fruto de un trabajo colectivo»; que en su redacción participó «toda una serie de trabajadores responsables, especialmente profesionales (miembros del Presidium del Consejo Central de Sindicatos de Toda Rusia, del Comité Central de los Metalúrgicos, del Tsektrán, etc.)»; que es «un folleto-plataforma». Y al final de la tesis nº 4 leemos que «el próximo congreso del partido tendrá que elegir (cursiva de Trotski) entre dos tendencias en el ámbito del movimiento sindical».

Si esto no es la formación de una fracción por un miembro del Comité Central, si esto no es «cierta tendencia al descarrilamiento», que intente explicar al partido el camarada Bujarin o cualquiera de sus correligionarios qué otro sentido tienen las palabras rusas: «faccionalismo» y «tendencia al descarrilamiento» del partido. ¿Acaso se puede imaginar un cegamiento más monstruoso que el de estas personas que quieren «amortiguar» y cierran los ojos ante semejante «tendencia al descarrilamiento»?

Piénsese solamente: después de dos plenos del Comité Central (9 de noviembre y 7 de diciembre), dedicados a una discusión increíblemente detallada, larga y acalorada del primer borrador de las tesis del camarada Trotski y de toda la política del partido en los sindicatos que él defendía, ¡un miembro del Comité Central sigue siendo uno de los 19 que selecciona un grupo fuera del Comité Central y, con el «trabajo» «colectivo» de este grupo, se presenta como una «plataforma», proponiendo al congreso del partido «elegir entre dos tendencias»! No hablo ya de que esta proclamación por el camarada Trotski precisamente de dos y solo dos tendencias el 25 de diciembre de 1920, aunque el 9 de noviembre Bujarin ya había actuado como «amortiguador», desenmascara claramente el verdadero papel del grupo de Bujarin como cómplice del peor y más pernicioso faccionalismo. Esto es incidental. Pero pregunto a cualquier miembro del partido: ¿este asalto y arremetida por la «elección» entre dos tendencias en el ámbito del movimiento sindical no sorprende por su vértigo? ¿Acaso no queda más que encogerse de hombros si, después de tres años de dictadura del proletariado, ha podido encontrarse en el partido al menos un miembro capaz de «arremeter» de este modo contra la cuestión de las dos tendencias en el ámbito del movimiento sindical?

Y no solo eso. Mírense los ataques faccionales de los que está sembrado este folleto. En la primera tesis leemos la amenazadora «embestida» contra «ciertos trabajadores del movimiento sindical», que son arrojados «hacia atrás, a posiciones sindicalistas, liquidadas en principio hace tiempo por el partido» (evidentemente, solo un miembro del Comité Central de los 19 representa al partido). En la tesis 8 se condena con grandilocuencia el «conservadurismo profesional en la capa dirigente de los trabajadores sindicales» (¡nótese, esta es una atención verdaderamente burocrática dirigida a la «capa dirigente»!). Al comienzo de la tesis 11, una sorprendentemente diplomática, convincente, práctica... ¿cómo expresarlo más cortésmente?..., «insinuación» de que «la mayoría de los profesionales» «reconocen formalmente, es decir, de palabra», las resoluciones del IX Congreso del PCR.

¡He aquí qué jueces tan autoritarios tenemos ante nosotros de que la mayoría (!!) de los profesionales reconocen las decisiones del partido solo de palabra!

En la tesis 12:

«...muchos profesionales se pronuncian cada vez más dura e intransigentemente contra la perspectiva de la fusión... Entre estos profesionales encontramos a los camaradas Tomski y Lozovski. Más aún. Defendiéndose de las nuevas tareas y métodos, muchos profesionales desarrollan en su seno un espíritu de cerrazón corporativa, de antipatía hacia los nuevos trabajadores atraídos a este campo de la economía, y de este modo apoyan de hecho las supervivencias del espíritu de oficio entre los trabajadores organizados sindicalmente».

Que el lector relea atentamente estas consideraciones y reflexione bien sobre ellas. La riqueza de «perlas» es asombrosa. En primer lugar, ¡valórese esta intervención desde el punto de vista de su faccionalismo! Imagínense qué habría dicho y cómo habría actuado Trotski si Tomski hubiera publicado una plataforma acusando a Trotski y a «muchos» trabajadores militares de desarrollar un espíritu de burocratismo, apoyar supervivencias de salvajismo, etc. ¿Cuál es el «papel» de Bujarin, Preobrazhenski, Serebriakov y otros, que no ven –sencillamente no advierten, no advierten en absoluto– la dureza y el faccionalismo aquí, no ven cuánto más faccional es esto que la intervención de los petersburgueses?

En segundo lugar. Penétrese en este enfoque del asunto: muchos profesionales «desarrollan en su seno un espíritu»... Es un enfoque enteramente burocrático. Todo el asunto, verá, está en qué «espíritu» desarrollan «en su seno» Tomski y Lozovski, y no en absoluto en el nivel de desarrollo y las condiciones de vida de las masas, de los millones.

En tercer lugar. Sin querer, el camarada Trotski ha expresado aquí la esencia de toda la disputa, tan cuidadosamente eludida y disimulada tanto por él como por los «amortiguadores» Bujarin y Cía.

¿Acaso la esencia de toda la disputa y la fuente de la lucha está en que muchos profesionales se defienden de las nuevas tareas y métodos, desarrollando en su seno un espíritu de antipatía hacia los nuevos trabajadores?

¿O en que las masas de trabajadores organizados sindicalmente protestan legítimamente y expresan inevitablemente la disposición a echar de lado a aquellos de los nuevos trabajadores que no quieren corregir los extremos innecesarios y nocivos del burocratismo?

¿Acaso la esencia de la disputa está en que alguien no quiere comprender las «nuevas tareas y métodos»?

¿O en que alguien, con palabrería sobre las nuevas tareas y métodos, encubre sin éxito la defensa de algunos extremos innecesarios y nocivos del burocratismo?

Que el lector recuerde esta esencia de toda la disputa.