En la primera nota un camarada pregunta si es cierto que todas las instituciones se trasladan a Petrogrado. Eso es incorrecto. Este rumor surgió porque en el Soviet de Moscú se planteó la idea de trasladar algunas instituciones no necesarias de Moscú a Petrogrado debido a la crisis de vivienda. Se aclaró que Petrogrado puede albergar hasta 10 000 empleados soviéticos, mientras que en Moscú hay 200 000. Para esclarecer a fondo esta cuestión se ha creado una comisión que está trabajando, y sus decisiones pasarán por el Gran Consejo de Comisarios del Pueblo{34}. Así pues, ven que el rumor es en algunos aspectos inexacto.

En la segunda y tercera nota se habla de las concesiones. Permítanme detenerme en esto.

El socialista estadounidense Spargo, algo así como nuestro Alexinski, que odia encarnizadamente a los bolcheviques, dice en uno de sus libros que las concesiones son la prueba del fracaso del comunismo. Lo mismo dicen nuestros mencheviques. El desafío está lanzado, y estamos dispuestos a aceptarlo. Examinemos la cuestión desde el punto de vista práctico. ¿Quién ha fracasado: nosotros o la burguesía europea? Durante tres años nos ha calumniado, nos ha considerado usurpadores y bandidos, ha tratado de vencernos por todos los medios, y ahora se ve obligada a reconocer que no nos ha vencido, y eso es ya una victoria para nosotros. Los mencheviques dicen que nosotros solos pretendíamos vencer a la burguesía mundial. Pero siempre hemos dicho que somos solo un eslabón en la cadena de la revolución mundial y nunca nos hemos propuesto la tarea de vencer con nuestras propias fuerzas. La revolución mundial aún no ha llegado, pero a nosotros todavía no nos han vencido. El militarismo se descompone, mientras nosotros nos fortalecemos, y los que han fracasado son ellos, no nosotros.

Ahora quieren someternos sobre la base de un tratado. Mientras no llegue la revolución, el capital burgués nos resulta ventajoso. Cuando nos encontramos en la situación de un país económicamente más débil, ¿cómo se puede acelerar el desarrollo de la economía? Con ayuda del capital burgués. Actualmente tenemos dos proyectos de concesión. Uno es un proyecto de tratado sobre una concesión en Kamchatka por 10 años. Aquí estuvo un multimillonario estadounidense que habló muy francamente sobre los motivos del tratado, a saber, que Estados Unidos quiere tener una base en Asia para el caso de una guerra con Japón. Este multimillonario dijo que si vendemos Kamchatka a Estados Unidos, él nos promete tal entusiasmo de la población de los Estados Unidos que el gobierno estadounidense reconocería de inmediato el poder soviético en Rusia; pero si solo la arrendamos, el entusiasmo será menor. Ahora viaja a Estados Unidos para comunicar que la Rusia soviética no es en absoluto lo que se pensaba de ella.

Hasta ahora hemos vencido a la burguesía mundial porque ella no sabe unirse. Tanto el Tratado de Brest como el de Versalles{35} los dividieron. Ahora crece una enemistad furiosa entre Estados Unidos y Japón. Nosotros aprovechamos esto y ofrecemos en arrendamiento Kamchatka en lugar de entregarla gratis: pues Japón nos ha arrebatado mediante la conquista militar un enorme pedazo de tierra en el Lejano Oriente{36}. Y para nosotros es mucho más ventajoso no arriesgar, arrendar Kamchatka y recibir de allí una parte de los productos, tanto más cuanto que de hecho de todas formas no disponemos de ella ni podemos aprovecharla. El tratado aún no está firmado, y ya en Japón se habla de ello con rabia furibunda. Con este tratado hemos ahondado aún más las divergencias entre nuestros enemigos.

El segundo tipo de concesión: cedemos varios millones de desiatinas de bosque en la gobernación de Arcángel, que por más que nos esforcemos no podemos aprovechar. Se establece un orden de tablero de ajedrez, de modo que junto a las parcelas arrendadas habrá parcelas nuestras que podemos explotar, y nuestros obreros pueden aprender de ellos la técnica. Todo esto nos resulta muy ventajoso.

Ahora, el último aspecto de la cuestión.

Las concesiones no son la paz, son también guerra, solo que en otra forma, más ventajosa para nosotros. Antes la guerra se libraba con tanques, cañones, etc., que nos impedían trabajar; ahora la guerra se librará en el frente económico. Quizás ellos tratarán de restablecer la libertad de comercio, pero no podrán prescindir de nosotros. Además, están obligados a someterse a todas nuestras leyes; nuestros obreros pueden aprender de ellos, y en caso de guerra – y a la guerra con la burguesía debemos estar siempre preparados – todos los bienes quedan para nosotros por derecho de guerra. Repito: las concesiones son la continuación de la guerra en el plano económico, pero aquí ya no destruimos, sino que desarrollamos nuestras fuerzas productivas. Sin duda, tratarán de engañarnos y de eludir nuestras leyes, pero para eso tenemos las instituciones correspondientes: la Cheka, la MChK, la Gubernia Cheka, etc., y estamos seguros de que obtendremos la victoria.

Hace año y medio queríamos firmar una paz por la que una enorme parte del territorio quedaba en manos de Denikin y Kolchak. Ellos la rechazaron y lo perdieron todo{37}. Nosotros trazamos correctamente el camino hacia la revolución internacional, pero este camino no es recto, va en zigzag. Hemos debilitado a la burguesía, y por la fuerza militar no podrá vencernos. Antes nos prohibían hacer propaganda comunista; ahora eso ha desaparecido, exigirlo es ridículo. En ellos se produce una descomposición interna, y eso nos fortalece. No nos imaginamos vencer a la burguesía mundial solo con la fuerza militar, y los mencheviques nos lo atribuyen en vano.

No he oído aquí el informe del camarada Kámenev sobre la conferencia, pero diré que nos da una enseñanza: sea cual sea el desarrollo de la lucha, cualesquiera que sean los recuerdos, hay que terminarlo todo por completo; hay que recordar que en la cohesión de las fuerzas reside la tarea más principal e importante. Se avecina el tránsito a las tareas de la construcción económica. Es difícil después de seis años de guerra, y hay que ir cohesionados, sobre la plataforma de las resoluciones de la Conferencia Panrusa, que es necesario llevar a la práctica. La lucha contra el burocratismo, el trabajo económico y administrativo exigen cohesión. De nosotros se espera propaganda con el ejemplo: a las masas no partidarias hay que mostrarles el ejemplo. La realización de las resoluciones es difícil, y en ello hay que concentrar las fuerzas y pasar al trabajo práctico, a lo cual los exhorto.

«Pravda» n.º 269, 30 de noviembre de 1920

Se publica conforme al texto del periódico «Pravda», cotejado con la transcripción taquigráfica.