(Aplausos.) ¡Camaradas! Sobre la cuestión de la situación internacional de la república soviética, naturalmente, hay que hablar sobre todo en relación con la guerra polaca{19} y la liquidación de Wrangel. Creo que en una asamblea de trabajadores del partido, que, por supuesto, han seguido la prensa del partido y han oído más de una vez los informes fundamentales sobre esta cuestión, no tengo necesidad ni sería oportuno hablar detalladamente de los pormenores de toda esta historia y de cada viraje particular de la historia de la guerra polaca, del carácter de nuestras ofensivas, del significado de la derrota cerca de Varsovia. Supongo que por este lado la cuestión ya resulta tan conocida a la mayoría de los camaradas que tendría que repetirme, y con ello los camaradas solo estarían descontentos. Por eso no hablaré de la historia de los episodios y virajes particulares de nuestra guerra polaca. Me detendré solamente en el resultado que se ha obtenido ahora.

Después de las brillantes victorias del Ejército Rojo en verano y después de la enorme derrota cerca de Varsovia, después de la paz preliminar concertada con Polonia, que ahora precisamente en Riga se transforma o debe transformarse en paz definitiva, las posibilidades de que esta paz preliminar sea realmente una paz definitiva han aumentado en grado enorme, han aumentado gracias al aniquilamiento de Wrangel. Ahora, cuando este aniquilamiento se ha definido, la prensa imperialista de la Entente empieza a descubrir sus cartas y a confesar aquello que hasta ahora más había ocultado.

No sé si han prestado atención a una pequeña nota aparecida en los periódicos hoy o hace unos días, en la que el órgano principal de la burguesía imperialista francesa, el periódico francés "Le Temps"{20}, escribe ahora sobre la conclusión de la paz polaca contra los consejos de Francia. No cabe duda de que aquí los representantes de la burguesía expresan una verdad que más les hubiera gustado ocultar y que durante mucho tiempo intentaron ocultar. A pesar de las condiciones desfavorables de la paz polaca (aunque son más ventajosas que las que nosotros mismos en abril del corriente año ofrecíamos a los terratenientes polacos para evitar toda guerra), y son desfavorables desde el punto de vista de lo que se podría haber alcanzado si no hubiera sido por la situación extraordinariamente difícil cerca de Varsovia, logramos, sin embargo, obtener unas condiciones tales que desbaratan una gran parte del plan general imperialista. La burguesía francesa reconoce ahora que ella insistía en la continuación de la guerra por parte de Polonia, que se pronunciaba contra la conclusión de la paz, temiendo el aniquilamiento de Wrangel y deseando apoyar una nueva intervención y campaña contra la república soviética. A pesar de que las condiciones del imperialismo polaco empujan y empujaban a la guerra con Rusia, a pesar de ello, el plan de los imperialistas franceses ha sufrido un fracaso, y como resultado obtenemos ahora algo más sustancial que un simple respiro.

En el transcurso de los tres últimos años, Polonia, entre los pequeños Estados que antes formaban parte del antiguo Imperio ruso, pertenecía a aquellos que más enemistad tenían con la nacionalidad granrusa y que más pretensiones tenían sobre una gran parte de los territorios no poblados por polacos. La paz con Finlandia, Estonia y Letonia{21} fue concertada por nosotros también contra el deseo de la Entente imperialista, pero esto fue más fácil de lograr porque en Finlandia, Estonia y Letonia la burguesía no tenía sus propios fines imperialistas por los cuales la lucha contra la república soviética pareciera necesaria, mientras que las aspiraciones de la república burguesa polaca se dirigían no solo a Lituania y Bielorrusia, sino también a Ucrania. Además, la empuja en esta misma dirección la vieja lucha secular de Polonia, que en su tiempo fue una gran potencia y que ahora se contrapone a la gran potencia: Rusia. Esta vieja lucha secular Polonia no puede abandonarla ni en el presente. He aquí por qué Polonia manifestó mucha más belicosidad y más obstinación en sus planes militares contra nuestra república, y he aquí por qué nuestro éxito actual en la conclusión de la paz, contra la Entente, resulta más serio. Si en alguna de las potencias que conservan el régimen burgués, limítrofes con Rusia, puede contar la Entente en su plan de larga duración de intervención militar, es solo en Polonia, por lo que ahora, con el odio general de los Estados burgueses hacia el Poder soviético, todos ven un interés inmediato en la posesión por los terratenientes polacos de Galitzia oriental.

Además, Polonia pretende apoderarse de Ucrania y Lituania. Esto da a la campaña un carácter especialmente agudo y obstinado. El aprovisionamiento militar de Polonia, naturalmente, constituía el principal objeto de preocupación de Francia y de las demás potencias, y la cantidad de sumas que se proporcionaban para ello no se presta a cálculo alguno. Por ello es especialmente grande la importancia de la victoria que finalmente obtuvo el Ejército Rojo, a pesar de la derrota cerca de Varsovia, ya que colocó a Polonia en una situación tal que no tiene absolutamente fuerzas para continuar la guerra. Tuvo que aceptar la paz, que le dio menos de lo que nosotros ofrecíamos en abril de 1920, antes de la ofensiva polaca, cuando, no queriendo apartarnos de los trabajos de construcción económica, ofrecíamos fronteras sumamente desventajosas para nosotros. Entonces la prensa de los patriotas pequeño-burgueses, a los que pertenecen nuestros socialrevolucionarios y mencheviques, acusaba a los bolcheviques de contemporización y de una actitud casi tolstoiana manifestada por el Poder soviético. Llamaban actitud tolstoiana al hecho de que aceptáramos la paz según la línea de entonces de Pilsudski, según la línea por la cual Minsk quedaba en manos de Polonia y la frontera pasaba unos 50 verstas, y en algunos lugares 100 verstas, más al este que la establecida ahora. Pero, claro está, no tengo necesidad, ante una asamblea de trabajadores del partido, de detenerme en por qué aceptábamos y debíamos aceptar fronteras peores si, efectivamente, nuestro trabajo económico no hubiera sido interrumpido. El resultado fue que Polonia, conservando el orden burgués, provocó con la guerra un desbarajuste económico extremo de todo el país, provocó un crecimiento extraordinario del descontento, provocó un terror burgués que campa no solo contra los obreros industriales, sino también contra los jornaleros. La situación general burguesa de Polonia se volvió hasta tal punto inestable que no podía hablarse de continuación de la guerra.

Los éxitos alcanzados en este aspecto por el Poder soviético son enormes. Cuando hace tres años planteábamos la cuestión de las tareas y condiciones de la victoria de la revolución proletaria en Rusia, siempre decíamos claramente que esta victoria no podía ser sólida si no la apoyaba la revolución proletaria en Occidente, que una valoración correcta de nuestra revolución solo es posible desde el punto de vista internacional. Para lograr vencer sólidamente, debemos lograr la victoria de la revolución proletaria en todos o, por lo menos, en varios de los principales países capitalistas, y después de tres años de encarnizada y tenaz guerra vemos en qué relación no se cumplieron nuestras predicciones y en qué relación se cumplieron. No se cumplieron en el sentido de que no se obtuvo una solución rápida y simple de esta cuestión. Claro está, ninguno de nosotros esperaba que pudiera prolongarse durante tres años una lucha tan desigual como la lucha de Rusia contra todas las potencias capitalistas del mundo. Resultó que ni la victoria ni la derrota, ni una ni otra parte, ni la República Soviética de Rusia ni todo el resto del mundo capitalista, obtuvieron para sí, y al mismo tiempo resultó que si nuestras predicciones no se cumplieron de manera simple, rápida y directa, se cumplieron en la medida en que nos dieron lo principal, pues lo principal era conservar la posibilidad de existencia del poder proletario y de la república soviética, incluso en caso de retraso de la revolución socialista en todo el mundo. Y en este aspecto hay que decir que la situación internacional de la república se ha configurado ahora de tal modo que ha dado la mejor y más exacta confirmación de todos nuestros cálculos y de toda nuestra política.

Ni potrebno dokazovati, da o primerjavi vojaških sil RSFSR z vojaškimi silami vseh kapitalističnih sil ne more biti govora. V tem pogledu smo desetkrat in stokrat šibkejši od njih, kljub temu pa smo po triletni vojni prisilili skoraj vse te države, da so opustile misel o nadaljnjem vojaškem posredovanju. Torej se je uresničilo tisto, kar se nam je pred tremi leti v razmerah še nekončane imperialistične vojne zdelo možno, namreč – dolgotrajno zavlačevanje položaja, ki ni bil dokončno rešen ne v eno ne v drugo smer. Toda zakaj je do tega prišlo? Ni prišlo zato, ker bi bili mi vojaško močnejši, Antanta pa šibkejša, ampak zato, ker je ves čas intenzivno potekal notranji razpad v državah Antante, pri nas pa je, nasprotno, potekala notranja utrditev, in vojna je to potrdila in dokazala. Antanta se s svojimi lastnimi četami ni mogla bojevati proti nam. Delavcev in kmetov v kapitalističnih državah ni bilo mogoče prisiliti, da bi se bojevali proti nam. Buržoazne države so iz imperialistične vojne uspele iziti kot buržoazne. Uspele so to krizo, ki je neposredno visela nad njimi, odložiti in preložiti, vendar so v osnovi tako spodkopale svoj položaj, da so se ob vseh svojih gigantskih vojaških silah morale po treh letih priznati, da niso sposobne zadušiti Sovjetske republike, ki skoraj nima nobenih vojaških sil. Tako se je izkazalo, da se je naša politika in naše napovedi v osnovi povsod potrdile, in naši zavezniki so dejansko postali zatirani množice v vsaki kapitalistični državi, kajti te množice so preprečile vojno. Znašli smo se v takšnem položaju, da smo si, ne da bi dosegli mednarodno zmago, edino in trajno zmago za nas, izborili pogoje, pod katerimi lahko obstajamo vzporedno s kapitalističnimi silami, ki so zdaj prisiljene vstopiti v trgovinske odnose z nami. V procesu tega boja smo si izborili pravico do samostojnega obstoja.

Tako ob celovitem pogledu na naše mednarodno stanje vidimo, da smo dosegli ogromne uspehe, da nimamo le premora, ampak nekaj veliko resnejšega. S premorom smo navadno imenovali kratek časovni presledek, v katerem so imperialistične sile večkrat imele možnost obnoviti močnejši poskus vojne z nami. Tudi zdaj si ne dovolimo navdušenja in zanikanja možnosti vojaškega posredovanja v naše zadeve s strani kapitalističnih držav v prihodnosti. Potrebno je ohranjati našo bojno pripravljenost. Toda če pogledamo pogoje, pod katerimi smo zlomili vse poskuse ruske protirevolucije in dosegli formalno sklenitev miru z vsemi zahodnimi državami, postane jasno, da nimamo le premora – imamo novo obdobje, ko je naš osnovni mednarodni obstoj v mreži kapitalističnih držav izvojen. Notranji pogoji niso dovolili nobeni močni kapitalistični državi, da bi vrgla svoje vojske na Rusijo; v tem se je pokazalo, da je v teh državah revolucija dozorela in jim ne omogoča, da bi nas premagale s tako naglico, kot bi to lahko storile. Tri leta so na ozemlju Rusije stale angleška, francoska, japonska vojska. Ni dvoma, da bi bil najmanjši napor sil teh treh držav povsem dovolj, da bi v nekaj mesecih, če ne celo tednih, dosegle zmago nad nami. In če nam je uspelo to napad zadržati, je to le zaradi razpada v francoskih četah, začenjajočega se vrenja pri Angležih in Japoncih. To razliko imperialističnih interesov smo ves čas izkoriščali. Če smo premagali intervencijo, je to le zato, ker so jih njihovi lastni interesi cepili, nas pa so povezovali in krepili. S tem smo si zagotovili premor in nezmožnost popolne zmage nemškega imperializma v obdobju Brest-Litovskega miru.

Zdaj, v zadnjem času, se je to nasprotje še bolj okrepilo, zlasti v povezavi s projektom sklenitve koncesijske pogodbe s skupino ameriških kapitalističnih morskih psov, najhujših, na čelu z milijarderjem, ki namerava zbrati celo skupino milijarderjev. Vemo, da zdaj skoraj ni nobenega sporočila z Daljnega vzhoda, ki ne bi pričalo o tem, da na Japonskem vlada izredno razburjenje zaradi sklenitve te pogodbe, čeprav ta pogodba še ne obstaja, ampak je le njen projekt. Toda japonsko javno mnenje je že zavrelo, in danes sem bral sporočilo, ki pravi, da Japonska obtožuje Sovjetsko Rusijo, da hoče naščuvati Japonsko proti Ameriki.

Pravilno smo upoštevali to napetost imperialističnega tekmovanja in si rekli, da moramo sistematično izkoriščati nasprotja med njimi, da bi otežili boj proti nam. Politični razdor je že na dlani v odnosih med Anglijo in Francijo. Zdaj moramo govoriti ne le o premoru, ampak o resnih možnostih za novo graditev za daljši čas. Pravzaprav doslej sploh nismo imeli nobene mednarodne podlage. Zdaj to podlago imamo, njen vzrok pa je odnos majhnih držav, ki so v popolni odvisnosti od velikih sil tako vojaško kot ekonomsko. Zdaj se izkaže, da je Poljska, kljub pritiskom Francije, sklenila mir z nami. Sovraštvo do Sovjetske oblasti s strani poljskih kapitalistov je zelo močno; z nezaslišano surovostjo zatirajo najpreprostejše stavke. Želja po vojni s Sovjetsko Rusijo je pri njih najmočnejša, vendar kljub temu raje izbirajo mir z nami kot izpolnjevanje pogojev Antante. Vidimo, da imperialistične sile gospodujejo nad vsem svetom, hkrati pa predstavljajo nepomemben del prebivalstva na zemlji. In dejstvo, da se je pojavila država, ki se je tri leta upirala svetovnemu imperializmu, je bistveno spremenilo mednarodni položaj po vsem svetu, zato vse majhne države, ki predstavljajo večino prebivalstva zemlje, težijo k miru z nami.

Ogromen dejavnik, ki nam omogoča obstoj v tem zapletenem in povsem izjemnem položaju, je ta, da socialistična država vstopa v trgovinske odnose s kapitalističnimi državami.

Naletel sem na to, kako mi je neki ameriški socialšovinist, ki se približuje našim desnim eserjem in menševikom, eden od delavcev II. internacionale, član Ameriške socialistične stranke Spargo, nekakšen ameriški Aleksinski, ki piše celo kopico knjig proti boljševikom, očital in dokazoval popoln zlom komunizma s tem, da govorimo o poslih s kapitalističnimi silami. Pisal je: boljšega dokaza za popoln zlom komunizma in propad njegovega programa si ne morem predstavljati. Zdi se mi, da bodo tisti, ki bodo razmislili o stvari, rekli nasprotno. Boljšega dokaza materialne in moralne zmage Ruske sovjetske republike nad kapitalisti celega sveta si sploh ni mogoče najti, kot je to, da so sile, ki so se nas oboroženo lotile zaradi našega terorja in celotnega našega reda, prisiljene, proti svoji volji, stopiti na pot trgovinskih odnosov, vedoč, da nas s tem krepijo. To bi lahko izpostavili kot dokaz zloma komunizma, če bi obljubljali ali sanjali, da bomo s silami same Rusije predelali ves svet. Toda do take norosti nikoli nismo prišli in smo vedno govorili, da bo naša revolucija zmagala, ko jo bodo podprli delavci vseh držav. Zgodilo se je tako, da so jo podprli napol, kajti oslabili so roko, ki se je dvignila proti nam, vendar so nam s tem vseeno pomagali.

No me detendré más en esta cuestión, solo señalaré que en el Cáucaso se están entretejiendo ahora condiciones muy complejas, cuyo análisis es sumamente difícil, y además la guerra podría sernos impuesta incluso de un día para otro. Pero esta guerra, bajo la condición de una paz casi asegurada con Polonia y con la liquidación total de Wrangel, no puede ser muy temible; y si nos la impusieran, nos prometería un fortalecimiento y consolidación aún mayores de nuestra posición que antes. Las noticias periodísticas sobre lo que sucede en Armenia y Turquía les dan cierta idea de ello{25}. Se crea una situación extremadamente enredada, pero estoy completamente seguro de que saldremos de ella, ya sea conservando la paz sobre la base actual, que es, por supuesto, en algunos aspectos muy ventajosa para nosotros, una base que nos satisface y nos brinda la posibilidad de una existencia económica. Y hacia eso dirigimos todos nuestros esfuerzos. Pero es posible que las circunstancias nos impongan directamente la guerra o nos conduzcan a ella indirectamente. Podemos afrontarlo con total tranquilidad: será una guerra en una lejana periferia, con una abrumadora superioridad de fuerzas de nuestro lado, que probablemente nos asegurará una ganancia incluso mayor que la obtenida en la guerra polaca. La guerra polaca fue una guerra en dos frentes, con la amenaza de Wrangel, una guerra que no podía llamarse periférica, porque la línea de Pilsudski pasaba a una distancia no muy grande de Moscú. Con esto concluyo la revisión de la situación internacional.

Ahora pasaré a la situación interna. En relación con el fracaso de toda una serie de intentos de intervención militar, nuestra situación económica ha mejorado en proporciones muy significativas. La base de la situación desesperada en la que nos encontrábamos antes era que de nosotros, de la Rusia central, la Rusia industrial, la Rusia proletaria, Petrogrado, Moscú, Ivánovo-Voznesensk, habían sido separadas todas las regiones más cerealeras –Siberia, el sur, el sureste–, había sido separada una de las principales fuentes de combustible –la cuenca del Donets–, habían sido separadas las fuentes de petróleo, y parecía completamente increíble que en tal situación la república pudiera sostenerse efectivamente. Ustedes saben qué desesperadas calamidades y qué enormes privaciones, la escasez de pan y el hambre, se abatieron sobre nosotros en relación con ese aislamiento de las regiones más cerealeras y económicamente más importantes. Y la base de la mejora que ahora se observa es, en gran medida, la incorporación de esas regiones. Las acopios de víveres nos proporcionan ahora, gracias a la posibilidad de atraer a Siberia, al Cáucaso, y gracias al cambio social en desarrollo en Ucrania a nuestro favor, que en la próxima campaña alimentaria no solo salgamos ya sin un agujero directo en el saco, como ocurrió en el año en curso, sino con un abastecimiento suficiente de todos los obreros industriales en el aspecto alimentario. Esta es la primera campaña en la que podemos contar, gracias a la indudable mejora que se produce en el transporte, con que el Estado dispondrá de un fondo alimentario de 250 a 300 millones de puds de grano, con el cual no solo hablaremos y haremos una labor insignificante sobre la construcción socialista, como ahora, sino que realmente operaremos con verdaderos ejércitos de trabajo, tendremos la posibilidad de colocar a cientos de miles de obreros industriales u obreros que realizan trabajo alimentario para la industria, realmente en un trabajo perentorio y vital, y mejorar ese trabajo, del mismo modo que la mejora en la situación del combustible, que hemos obtenido, nos ha permitido restablecer la industria textil. La gobernación de Ivánovo-Voznesensk ha puesto en marcha sus fábricas. Al principio no funcionaban más de un cuarto de millón de husos, actualmente funcionan ya medio millón, hasta 600 000; para fin de año calculamos ampliarlo hasta un millón, y el año próximo pensamos llegar a 4 millones de husos. De aquel estado en que salíamos del paso con grandísima dificultad, agotando las viejas existencias, solo ahora comenzamos a pasar a condiciones en que Rusia se pone a restaurar la producción destruida y tendrá la posibilidad, recogiendo el grano del campo, de dar al campesino sal, queroseno y, aunque sea en pequeñas cantidades, productos textiles. Sin esto, no puede hablarse de construcción socialista.

Si en el plano internacional hemos adquirido una base, terminando con toda una serie de invasiones militares y arrancando tratados de paz con toda una serie de Estados, en el plano económico solo ahora obtenemos la posibilidad de tener pan para las necesidades de los obreros ocupados en la industria, pan para la industria, es decir, combustible, en tales proporciones como para comenzar la construcción socialista. Y ahí está nuestra tarea principal, ahí está el meollo de la cuestión, ahí está la transición que hemos intentado hacer varias veces. Recuerdo que en abril de 1918, ante la asamblea del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, hablé de que nuestras tareas militares parecían terminar, de que no solo habíamos convencido a Rusia, no solo la habíamos arrebatado de manos de los explotadores para los trabajadores, sino que ahora debíamos pasar a las tareas de gobernar Rusia para la construcción económica{26}. El respiro que entonces tuvimos resultó ser brevísimo. La guerra que nos impusieron, comenzando con la sublevación checoslovaca en el verano de 1918{27}, resultó extremadamente feroz. Pero este intento lo hicimos varias veces: tanto en la primavera de 1918 como, en una escala más amplia, en la primavera del presente año, cuando la cuestión de los ejércitos de trabajo fue planteada prácticamente{28}. Ahora debemos poner esta transición una vez más en primer plano y concentrar todas las fuerzas para realizarla. Aquí reside la tarea sumamente importante de toda la revolución socialista, considerada desde el punto de vista internacional, desde el punto de vista de la victoria sobre el capitalismo en general. Para vencer al capitalismo en general, es necesario, en primer lugar, vencer a los explotadores y defender el poder de los explotados –tarea del derrocamiento de los explotadores por las fuerzas revolucionarias–; en segundo lugar, la tarea creadora: construir nuevas relaciones económicas, mostrar el ejemplo de cómo se hace esto. Estos dos aspectos de la tarea de realizar la revolución socialista están indisolublemente unidos y distinguen a nuestra revolución de todas las anteriores, en las que bastaba con el aspecto destructivo.

Si no resolvemos la segunda tarea, entonces ningún éxito, ninguna victoria en el derrocamiento de los explotadores, en la represión militar de los imperialistas internacionales, servirá de nada, y el retorno a lo viejo será inevitable. En esto, desde el punto de vista teórico, no puede haber dos opiniones. La transición aquí es extraordinariamente brusca y difícil, que exige otros métodos, otra distribución y utilización de las fuerzas, otra orientación de la atención, otra psicología, etc. En lugar de los métodos de derrocamiento revolucionario de los explotadores y de represión a los violentos, debemos aplicar métodos de organización, de construcción; debemos manifestarnos, mantenernos ante el mundo entero no solo como una fuerza capaz de resistir la estrangulación militar, sino como una fuerza capaz de dar ejemplo. Siempre, en todas las obras de los más grandes escritores socialistas, se podía encontrar la indicación de estos dos aspectos de la tarea de la revolución socialista, que, como dos aspectos de la tarea, se refieren tanto al mundo exterior, a los Estados que han quedado en manos de los capitalistas, como a las masas no proletarias de nuestro propio país. Hemos convencido al campesinado de que el proletariado le da condiciones de vida mejores que las que le daba la burguesía; lo hemos convencido en la práctica. Cuando el campesinado, aunque descontento con el régimen bolchevique, lo comparó, sin embargo, en la práctica con los regímenes de la Asamblea Constituyente, de Kolchak y otros, llegó a la conclusión de que los bolcheviques le aseguraban una existencia mejor y lo defendían militarmente de la violencia de los imperialistas de todo el mundo. Y, sin embargo, la mitad del campesinado vivía bajo las condiciones de la burguesía de un modo burgués, y no podía vivir de otro modo. El proletariado debe resolver ahora la segunda tarea: mostrar al campesino que puede darle un ejemplo y una práctica de relaciones económicas que resulten superiores a aquellas en que cada familia campesina administra sus asuntos a su manera. Hasta ahora, el campesinado solo cree en ese viejo orden; hasta ahora lo considera normal. Esto es indudable. Que por nuestra propaganda cambie su actitud hacia las cuestiones vitales, hacia la economía, eso es una pura tontería. El campesinado se encuentra en una situación de espera; de neutralmente hostil se ha vuelto neutralmente simpatizante con nosotros. Nos prefiere a cualquier otro gobierno, viendo que el Estado obrero, proletario, la dictadura del proletariado, no es una violencia brutal, una usurpación, como la pintaban, sino el mejor defensor del campesinado, mejor que los kolchakistas, denikinianos, etc.

Pero esto no es suficiente; no hemos hecho lo principal que hay que hacer: demostrar que el proletariado restaurará la gran producción y la economía social de modo tal que lleve al campesinado a un régimen económico superior. Debemos, después de haber demostrado que con una organización revolucionaria somos capaces de repeler la violencia contra los explotados, demostrar lo mismo en otra esfera, creando un ejemplo que no convenza con palabras, sino que muestre en la práctica a toda la enorme masa de campesinos y a los elementos pequeño-burgueses, y a los demás países, que el régimen comunista, la estructura comunista, puede ser creada por el proletariado vencedor en la guerra. Esta tarea tiene una importancia mundial. Para obtener la segunda mitad de la victoria en el sentido internacional, necesitamos resolver la segunda mitad de la tarea: en la obra de la construcción económica. De esto hemos hablado en la última conferencia del Partido[1], por lo que me parece que no hay necesidad ni posibilidad de detenerse aquí en detalle sobre aspectos particulares; esta tarea abarca todo en la obra de la construcción económica. He señalado brevemente las condiciones para asegurar el pan a los obreros ocupados en la industria y para asegurar el combustible a la industria. Tales condiciones son el fundamento que asegura la posibilidad de la construcción ulterior. Debo añadir que en el próximo Congreso de los Soviets, como habéis visto por el orden del día publicado en los periódicos, esta cuestión de la construcción económica debe ser la cuestión central. Todo el orden del día está adaptado para concentrar toda la atención y los cuidados de todos los delegados reunidos, de toda la masa de trabajadores soviéticos y del Partido en toda la República, en el aspecto económico, en la restauración de los transportes, de la industria, en lo que se ha llamado cautelosamente "ayuda a la economía campesina", pero que significa mucho más: todo un sistema, una serie meditada de medidas para elevar a la altura debida la economía campesina, que existirá aún bastante tiempo.

En relación con esto, en el Congreso de los Soviets se ha incluido un informe sobre la electrificación de Rusia, para establecer desde el punto de vista técnico el plan económico único de restauración de la economía nacional, del que hemos hablado. Si no trasladamos a Rusia a una técnica distinta, más elevada que antes, no puede hablarse de restauración de la economía nacional ni de comunismo. El comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país, pues sin electrificación es imposible elevar la industria. Esta tarea es de larga duración, no menos de 10 años, a condición de atraer a este trabajo a una masa de técnicos que darán al Congreso de los Soviets toda una serie de documentos impresos donde se elabora en detalle este plan{29}. En menos de 10 años no podremos realizar las bases de este plan, crear 30 grandes regiones de centrales eléctricas que permitan trasladar toda la industria a fundamentos modernos. Es evidente que sin esta reconstrucción de toda la industria, desde el punto de vista de las condiciones de la gran producción maquinizada, la edificación socialista seguirá siendo solo una suma de decretos, seguirá siendo el vínculo político de la clase obrera con el campesinado, seguirá siendo la salvación del campesinado del kolchakismo, del denikinismo, seguirá siendo un ejemplo para todas las potencias del mundo, pero no tendrá su base. El comunismo presupone el poder soviético como órgano político que da la posibilidad a la masa de oprimidos de resolver todos los asuntos; sin esto, el comunismo es inconcebible. Y en todo el mundo vemos la prueba de ello, porque la idea del poder soviético, su programa, obtiene en todo el mundo una victoria indiscutible. Lo vemos en cada episodio de la lucha contra la II Internacional, que se sostiene con la ayuda de la policía, los curas y los viejos funcionarios burgueses del movimiento obrero.

Con esto está asegurado el aspecto político, pero el económico solo puede asegurarse cuando realmente en el Estado proletario ruso estén concentrados todos los hilos de la gran máquina industrial, construida sobre las bases de la técnica moderna, y esto significa la electrificación; y para ello es necesario comprender las condiciones fundamentales de la aplicación de la electricidad y comprender en consecuencia tanto la industria como la agricultura. La tarea es enorme; el plazo para su realización es mucho más considerable que aquel durante el cual hemos defendido nuestra existencia contra la invasión armada. Pero no tememos este plazo; consideramos como una conquista el haber atraído a decenas y centenares de ingenieros y representantes de la ciencia imbuidos de puntos de vista burgueses, el haberles dado la tarea de reorganizar toda la economía, la industria y la agricultura, el haber despertado en ellos interés y obtenido una gran cantidad de material que se condensa en toda una serie de folletos. Cada región de electrificación está tratada en un folleto aparte. El plan de electrificación de la región del Norte está listo; los interesados pueden obtenerlo. Para el Congreso de los Soviets se editarán folletos dedicados a cada región, que darán todo el plan de reorganización. La tarea consiste en que desde todos los extremos, en cada célula del Partido, en cada institución soviética, se realice sistemáticamente el trabajo según este plan único, calculado para una larga serie de años, para que en un futuro no lejano podamos presentar concretamente cuánto y cómo avanzamos, sin caer en ningún autoengaño y sin ocultar las dificultades que se nos presentan. Esta tarea del plan económico único, su realización a toda costa, se plantea ante toda la República. Toda la agitación, toda la propaganda y el trabajo del Partido deben orientarse en relación con esta tarea. De esto se ha hablado teóricamente más de una vez; nadie discute contra ello, pero se ha hecho apenas la centésima parte de lo que hay que hacer.

Es natural que estemos acostumbrados al período de guerra política, que todos nos hayamos templado en la lucha político-militar, y por eso lo que ha hecho el actual poder soviético es solo un acercamiento a la tarea que ahora exige cambiar el tren de vías, y ese tren debe arrastrar a decenas de millones de personas. La transición de un mecanismo así a otras vías, cuando en algunos lugares ni siquiera hay rieles, requiere atención intensa, conocimiento y mucha perseverancia. Debido a que el nivel cultural de los campesinos y de la masa obrera no correspondía a la tarea, y al mismo tiempo nosotros, casi en un 99%, estábamos acostumbrados a las tareas político-militares, se produjo un resurgimiento del burocratismo. Esto es reconocido por todos. La tarea del poder soviético es destruir por completo el viejo aparato, tal como fue destruido en Octubre, y transferir el poder a los Soviets, pero ya en nuestro programa reconocemos que se ha producido un resurgimiento del burocratismo, que aún no existen las bases económicas para una sociedad socialista real. No existen las condiciones culturales, la alfabetización, en general una cultura más elevada en la masa de obreros y campesinos. Esto ocurrió porque las tareas militares desviaron a lo mejor del proletariado. El proletariado realizó sacrificios gigantescos para las tareas militares, a las que hubo que destinar a decenas de millones de campesinos, y fue necesario atraer al trabajo a elementos imbuidos de puntos de vista burgueses, ya que no hay otros. Por eso debimos decir en el programa, en un documento como el programa del partido, que el burocratismo ha resurgido y que se necesita una lucha sistemática contra él{30}. Es comprensible que el burocratismo resurgido en las instituciones soviéticas no pudiera dejar de ejercer una influencia deletérea también entre las organizaciones del partido, ya que las cúpulas del partido son las cúpulas del aparato soviético: son lo mismo. Por lo tanto, si hemos tomado conciencia del mal –el viejo burocratismo, que pudo manifestarse en el aparato del partido–, es evidente y natural que en las organizaciones del partido se encuentren todos los signos de este mal. Y si es así, entonces esta cuestión ha sido puesta en el orden del día del Congreso de los Soviets y ha ocupado una gran atención de la presente conferencia, y legítimamente, porque la enfermedad del partido, cuyo reconocimiento se expresa en las resoluciones de la conferencia general del partido{31}, no solo existe en Moscú, sino que se extiende a toda la república. Esto está relacionado con la necesidad de realizar un trabajo político-militar, cuando debíamos arrastrar a las masas campesinas y cuando no podíamos aumentar las exigencias en el sentido de un plan más amplio, vinculado al desarrollo del nivel de la economía campesina, del nivel de las masas campesinas.

Permítanme, para concluir, decir algunas palabras sobre la situación dentro del partido, sobre esa lucha, sobre esa manifestación de la oposición, que los presentes conocen perfectamente y que, en la conferencia municipal y provincial de Moscú, consumió muchas fuerzas y atención, quizás muchas más de las que todos hubiéramos deseado. Es natural que la inmensa transición que se ha realizado ahora, con el agotamiento de las fuerzas que la república tomó del proletariado y del partido durante tres años de lucha, nos haya colocado en una situación difícil ante la tarea que no es posible calcular con exactitud. Debemos confesar que no conocemos la magnitud exacta del mal, que no podemos determinar las correlaciones y las agrupaciones precisas. La importancia principal de la conferencia del partido es plantear la cuestión, no ocultar el mal existente, llamar la atención del partido sobre él y convocar a todos los miembros del partido a trabajar sobre cómo librarse de este mal. Es natural, y desde el punto de vista del Comité Central, y creo que desde el punto de vista de la inmensa mayoría de los camaradas del partido, no puede haber duda (hasta donde conozco las opiniones, de las que nadie reniega) de que, en relación con la crisis en el partido, en la oposición, que existe no solo en Moscú, sino en toda Rusia, se manifiestan muchas cosas completamente sanas, necesarias e inevitables en los momentos de crecimiento natural del partido y de transición desde una situación en la que toda la atención estaba centrada en las tareas políticas y militares, a una situación de construcción y organización, en la que debemos abarcar decenas de instituciones burocráticas y en la que el nivel cultural de la mayoría del proletariado y de los campesinos no corresponde a la tarea. Pues la Inspección Obrera y Campesina existe más como un deseo, no se pudo poner en marcha porque los mejores obreros fueron tomados para el frente y porque el nivel cultural de las masas campesinas no pudo aportar trabajadores en una escala significativa.

Es natural que la oposición, que plantea como su consigna la transición más rápida, la atracción de la mayor cantidad de fuerzas frescas y jóvenes, la atracción de los obreros locales a puestos más responsables, tenga tras de sí aspiraciones, una tendencia y un programa extraordinariamente sanos. Ni en el Comité Central ni en los círculos de camaradas medianamente responsables, hasta donde se podía juzgar por cómo se expresaban, hay dos opiniones al respecto. Pero tampoco hay duda de que, junto a esto sano, que todos se unifican en la plataforma de implementar las decisiones de la conferencia, hay otros principios. En todas las reuniones, también en las preliminares, que tuvieron una composición mayor que el número habitual de la presente conferencia, no pudieron oír dos opiniones sobre esta cuestión. Nuestro programa general debe ser realizado –no hay duda de ello–, y ahora nos espera un trabajo difícil. Por supuesto, aquí ya no se puede, en esencia, limitarse a derrocar a este adversario y a repeler a este adversario. Pues aquí tenemos ante nosotros ese elemento pequeño burgués que nos rodea en decenas de millones; somos menos, somos muy pocos en comparación con esa masa pequeño burguesa. Debemos educar a esta masa, prepararla, mientras tanto, todas las fuerzas organizadas y preparadoras tuvimos que lanzarlas a otra labor, muy interesante, pesada y muy arriesgada, a una labor ligada a grandes sacrificios, a la labor de la guerra. Tal es el orden de esta labor militar, y no se puede escapar de ella.

Y he aquí, en relación con esta situación, debemos darnos cuenta de si tenemos aquí una plena saneamiento del partido, una plena victoria sobre el burocratismo para plantear la construcción económica sobre una base más correcta, para realizar la Inspección Obrera y Campesina no solo en el sentido del decreto, sino atrayendo realmente a las masas obreras. Esta es una labor difícil, y nuestra tarea principal debe ser, si hablamos de las tareas del partido, que debemos lograr la liquidación más rápida de la llamada línea de la oposición. Si hablamos de los distintos puntos de vista, de la distinta comprensión de lo que ocurre, de los distintos programas, aunque sea de la actividad ulterior, entonces el Comité Central debe abordar esta cuestión con la mayor atención en todas las reuniones del Buró Político y en los plenos, donde existen puntos de vista con diversos matices. Esta tarea la asegurará un trabajo unido en todo el partido. Consideramos esto extraordinariamente importante. Ahora tenemos ante nosotros un trabajo económico, más difícil que el militar, que realizamos con el entusiasmo de los campesinos, porque, sin duda, los campesinos preferían el estado obrero al de Kolchak. No es lo mismo ahora, cuando es necesario trasladar a las masas campesinas a una construcción que les es completamente ajena, que no comprenden y en la que no pueden creer. Esta tarea requiere mayor sistematicidad, mayor tenacidad, mayores capacidades organizativas, y en cuanto a capacidades organizativas, el hombre ruso es, probablemente, el peor hombre. Este es nuestro punto más débil; por lo tanto, si algo obstaculiza este trabajo, debemos tratar de eliminarlo lo más rápido posible. La oposición, que representa una transición, indudablemente lleva algo sano en sí, pero cuando se convierte en oposición por la oposición misma, entonces hay que ponerle fin sin condiciones. Hemos perdido mucho tiempo en disputas, altercados y peleas internas, y debemos decirnos: "¡basta!" y tratar, en una u otras condiciones, de hacer el trabajo sano. Hacer tales y tales concesiones, mejor mayores que menores, a quienes están descontentos, a quienes se llaman a sí mismos oposición, pero lograr que el trabajo sea unido, pues sin ello es imposible existir en tales condiciones, cuando estamos rodeados de enemigos externos e internos.

Sin duda, el viejo elemento pequeñoburgués, los pequeños propietarios, son muchos más que nosotros. Son más fuertes que la producción económica socialista, unificada en torno a las necesidades de los obreros. Todo el que haya tenido contacto con el campo y haya visto la especulación en la ciudad comprende perfectamente que esta sociedad, basada en la pequeña construcción económica, es más grande que nosotros; por eso aquí se necesita un trabajo absolutamente unido, y debemos conseguirlo cueste lo que cueste. Cuando me ha tocado observar las disputas y la lucha en las organizaciones de Moscú, cuando he tenido que observar cuántos debates tenían lugar en las asambleas, cuántos reproches mutuos, cuántos tiroteos, llegué a la conclusión de que era hora de acabar con eso y de que todos nos uniéramos en la plataforma de la conferencia. Hay que decir que hemos llegado a esto a un alto precio. Era triste ver, por ejemplo, cómo en las asambleas del partido se perdían horas en altercados sobre cuestiones como si tal persona había llegado a tiempo a la reunión, si tal individuo se había manifestado de tal o cual manera. ¿Acaso para eso se reúnen las asambleas? Para eso existe una comisión determinada que discute si la persona presentada en la lista se ha manifestado de una u otra forma. Pero aquí se trata del contenido de la asamblea. Por ejemplo, tomemos a un camarada de partido tan experimentado como Bubnov. He oído su discurso sobre la plataforma propuesta por la conferencia. Esa plataforma se reduce a una mayor libertad de crítica. Pero la conferencia fue en septiembre, y ahora es noviembre. La libertad de crítica es una cosa magnífica, pero después de que todos la hayamos suscrito, no estaría mal ocuparse también de la cuestión del contenido de la crítica. Con la libertad de crítica nos asustaron durante mucho tiempo los mencheviques, los eseristas y demás gente, pero nosotros no nos asustamos. Si la libertad de crítica significa libertad para defender el capitalismo, la aplastaremos. Hemos avanzado. La libertad de crítica está proclamada, pero hay que pensar en el contenido de la crítica.

Y aquí hay que reconocer algo triste: que el contenido de la crítica no se ve. Vas a un distrito y piensas: ¿cuál es el contenido de la crítica? No se puede vencer el analfabetismo con los viejos métodos burocráticos mediante las organizaciones del partido. ¿Qué otro modo hay para acabar con el burocratismo sino atrayendo a los obreros y campesinos? Y en las asambleas de distrito, el contenido de la crítica se refiere a minucias, mientras que de la Inspección Obrera y Campesina no he oído ni una palabra, ni un sonido. No he oído que tal o cual distrito atrajera a obreros o campesinos a esta causa. El trabajo de la verdadera construcción es la aplicación de la crítica y su contenido. Y en Moscú, cada administración de una casa pequeña, cada fábrica grande, cada planta industrial debe tener su propia experiencia. Si queremos luchar contra el burocratismo, debemos atraer a las bases. Debemos saber qué experiencia hubo en tal o cual fábrica o planta, qué hicieron para echar a tales o cuales burócratas, qué experiencia tuvo la administración del barrio, la sociedad de consumo. Se necesita la mayor rapidez posible en el funcionamiento de todo el mecanismo económico, y entretanto no se oye ni una palabra de eso, mientras que altercados y camorras hay a montones. Por supuesto, una transformación tan gigantesca no podía realizarse sin esta basura, sin esta espuma no siempre de la mayor pureza. Nos ha llegado la hora de plantear no solo la cuestión de la libertad de crítica, sino también la de su contenido. Es hora de decir que, teniendo en cuenta nuestra experiencia, debemos hacer toda una serie de concesiones, debemos decirnos a nosotros mismos que en adelante no permitiremos ni la más mínima desviación hacia las camorras. Necesitamos pasar página a nuestro pasado y dedicarnos a la verdadera construcción económica, a la reorganización de todo el trabajo del partido, para que dirija la construcción económica soviética y los éxitos prácticos, y propague más con hechos que con palabras. Pues ahora no convenceréis a ningún obrero ni a ningún campesino con palabras; solo se le puede convencer con el ejemplo. Hay que convencerles de que podrán mejorar su economía sin capitalistas, de que para eliminar los conflictos no necesitan ni el garrote policial ni el hambre capitalista, sino la dirección de los hombres del partido. He ahí el punto de vista que debemos adoptar, y entonces en la ulterior construcción económica alcanzaremos el éxito que, en el plano internacional, llevará nuestra victoria hasta su fin completo.

Publicado en diciembre de 1920 en el folleto "Cuestiones inmediatas del trabajo actual del partido", edición del Comité de Moscú del PC(b)R

Se imprime según el texto del folleto, cotejado con la transcripción taquigráfica.