Camaradas, permítanme compartir algunas reflexiones que fueron abordadas en parte en el Comité Central del Partido Comunista y en el Consejo de Comisarios del Pueblo sobre la cuestión de la organización del Glavpolitprosvet, y en parte surgieron en mí a propósito del proyecto que fue presentado al Consejo de Comisarios del Pueblo. Ayer este proyecto fue aprobado en principio, y luego se discutirá en detalle{155}.

Permítanme señalar solamente que, al principio, me manifesté extremadamente negativo respecto al cambio de nombre de vuestra institución. En mi opinión, la tarea del Narkompros es ayudar a la gente a aprender y a enseñar a otros. Durante mi experiencia soviética, me he acostumbrado a considerar los diferentes nombres como simples bromas infantiles, pues cada nombre es en cierto modo una broma. Ahora ya se ha aprobado el nuevo nombre: Glavpolitprosvet.

Como es una cuestión resuelta, tomen mi observación simplemente como una observación personal. Si el asunto no se limita solo al cambio de apelativo, esto solo se podrá saludar.

Si logramos atraer a nuevos trabajadores para la labor cultural-educativa, entonces el asunto no radicará solo en el nuevo nombre y entonces se podrá tolerar la «debilidad» soviética de poner etiquetas a cada nuevo asunto y a cada nueva institución. En caso de éxito, lograremos algo más de lo que se ha alcanzado hasta ahora.

Lo más importante que debe impulsar a los camaradas a participar junto con nosotros en la labor cultural-educativa conjunta es la cuestión de la vinculación de la educación con nuestra política. El nombre puede prever algo, si es necesario, pues en toda la línea de nuestro trabajo educativo no podemos mantener el viejo punto de vista de la apoliticidad de la educación, no podemos situar el trabajo educativo al margen de la política.

Esa idea ha dominado y domina en la sociedad burguesa. El nombre de «apoliticidad» o «impoliticidad» de la educación es una hipocresía de la burguesía, no es otra cosa que el engaño a las masas, en un 99% humilladas por el dominio de la iglesia, la propiedad privada, etc. La burguesía, dominando en todos los países aún burgueses, se dedica precisamente a este engaño de las masas.

Y cuanto mayor es la importancia del aparato allí, menor es su libertad respecto al capital y su política.

En todos los estados burgueses, la vinculación del aparato político con la educación es extremadamente fuerte, aunque la sociedad burguesa no puede reconocerlo directamente. Mientras tanto, esta sociedad moldea a las masas a través de la iglesia, a través de toda la institución de la propiedad privada.

Nuestra tarea fundamental consiste, entre otras cosas, en oponer a la «verdad» burguesa nuestra propia verdad y hacerla reconocer.

La transición de la sociedad burguesa a la política del proletariado es una transición muy difícil, tanto más cuanto que la burguesía nos calumnia incesantemente con todo el aparato de su propaganda y agitación. Se esfuerza todo lo posible por ocultar el papel aún más importante de la dictadura del proletariado, su tarea educativa, especialmente importante en Rusia, donde el proletariado constituye una minoría de la población. Mientras tanto, aquí esta tarea debe pasar a primer plano, pues necesitamos preparar a las masas para la construcción socialista. Ni siquiera se podría hablar de la dictadura del proletariado si el proletariado no hubiera desarrollado en sí mismo una gran conciencia, una gran disciplina, una gran abnegación en la lucha contra la burguesía, es decir, ese conjunto de tareas que es necesario plantear para la victoria completa del proletariado sobre su enemigo secular.

No partimos del punto de vista utópico de que las masas trabajadoras están preparadas para la sociedad socialista. Sabemos, sobre la base de datos precisos de toda la historia del socialismo obrero, que no es así, que la preparación para el socialismo la da solo la gran industria, la lucha huelguística, la organización política. Y para obtener la victoria, para realizar la revolución socialista, el proletariado debe ser capaz de actuar solidariamente, de llevar a cabo la tarea de derrocar a los explotadores. Y ahora vemos que ha adquirido todas las capacidades necesarias y las ha convertido en realidad cuando conquistó su poder.

Para los trabajadores de la educación y para el partido comunista, como vanguardia en la lucha, debe ser la tarea fundamental: ayudar a la educación e instrucción de las masas trabajadoras para superar las viejas costumbres, los viejos hábitos que nos han quedado como herencia del viejo régimen, los hábitos y costumbres propietarios que impregnan de parte a parte el seno de las masas. Esta tarea fundamental de toda la revolución socialista nunca debe perderse de vista al examinar aquellas cuestiones particulares que tanto han ocupado la atención del Comité Central del partido y del Consejo de Comisarios del Pueblo. Cómo construir el Glavpolitprosvet, cómo vincularlo con las instituciones particulares, cómo conectarlo no solo con el centro sino también con las instituciones locales, a esta pregunta nos responderán los camaradas más competentes en este asunto, que tienen ya una gran experiencia y han estudiado especialmente esta cuestión. Quisiera solamente subrayar los momentos fundamentales del aspecto de principio del asunto. No podemos dejar de plantear el asunto abiertamente, reconociendo abiertamente, en contra de toda la vieja mentira, que la educación no puede no estar vinculada con la política.

Vivimos en un momento histórico de lucha contra la burguesía mundial, que es muchas y muchas veces más fuerte que nosotros. En un momento tal de lucha debemos defender la construcción revolucionaria, luchar contra la burguesía tanto por la vía militar como aún más por la vía ideológica, por la vía de la educación, para que las costumbres, los hábitos, las convicciones que la clase obrera ha forjado durante muchas décadas en la lucha por la libertad política, para que toda esa suma de costumbres, hábitos e ideas sirva como instrumento de educación de todos los trabajadores, y la tarea de resolver la cuestión de cómo educar exactamente recae sobre el proletariado. Es necesario educar la conciencia de que no se puede, de que es inadmisible mantenerse al margen de esa lucha del proletariado que hoy abarca cada vez más a todos sin excepción los países capitalistas del mundo, mantenerse al margen de toda la política internacional. La unificación de todos los países capitalistas poderosos del mundo contra la Rusia Soviética: esa es la base auténtica de la actual política internacional. Y hay que reconocer que de ello depende el destino de cientos de millones de trabajadores en los países capitalistas. Pues en el momento actual no hay rincón en la tierra que no esté sometido a un puñado de países capitalistas. Así, la situación se presenta de tal forma que es necesario, o bien mantenerse al margen de la lucha que se está librando y demostrar con ello una total inconsciencia, como esas gentes oscuras que se han mantenido al margen de la revolución y de la guerra y que no ven todo el engaño de las masas por parte de la burguesía, no ven cómo la burguesía mantiene a esas masas deliberadamente en la oscuridad, o bien ponerse del lado de la lucha por la dictadura del proletariado.

De esta lucha del proletariado hablamos completamente abiertamente, y cada persona debe ponerse o de este lado, el nuestro, o del otro lado. Todos los intentos de no ponerse ni de un lado ni del otro terminan en fracaso y escándalo.

Observando los interminables vestigios de la kerenshchina, los vestigios de los eseristas, de la socialdemocracia, que se manifestaron en la persona de los Yudénich, Kolchak, Petliura, Majnó, etc., hemos visto tal diversidad de formas y matices de la contrarrevolución en diferentes lugares de Rusia, que podemos decir que estamos mucho más curtidos que cualquier otro, y cuando miramos a Europa Occidental, vemos que allí se repite lo mismo que ocurrió entre nosotros, se repite nuestra historia. En casi todas partes, junto a la burguesía, encontramos elementos de la kerenshchina. En toda una serie de Estados, especialmente en Alemania, ellos predominan. En todas partes se observa lo mismo: la imposibilidad de una posición intermedia cualquiera y la clara conciencia de que, o bien la dictadura blanca (a la que se prepara la burguesía en todos los países de Europa Occidental, armándose contra nosotros), o bien la dictadura del proletariado. Nosotros hemos experimentado esto de manera tan aguda y profunda que no tengo que extenderme sobre los comunistas rusos. De aquí se desprende una única conclusión, y una conclusión que debe servir como base angular de todas las reflexiones y planteamientos relacionados con la Dirección General de Educación Política. Ante todo, en el trabajo de este órgano debe reconocerse abiertamente la primacía de la política del partido comunista. No conocemos otra forma, y ningún país ha elaborado aún otra forma. El partido puede ser más o menos adecuado a los intereses de su clase, experimenta tales o cuales cambios o correcciones, pero no conocemos aún una forma mejor, y toda la lucha en la Rusia Soviética, que durante tres años ha contenido el embate del imperialismo mundial, está vinculada a que el partido se plantea conscientemente como tarea ayudar al proletariado a cumplir su papel de educador, organizador y dirigente, ese papel sin el cual la descomposición del capitalismo es imposible. Las masas trabajadoras, las masas de campesinos y obreros, deben vencer las viejas costumbres de la intelectualidad y reeducarse a sí mismas para la construcción del comunismo; sin esto, no se puede emprender la obra de construcción. Toda nuestra experiencia muestra que este asunto es demasiado serio, y por ello el reconocimiento del papel dirigente del partido debe estar presente en nuestra consideración, y no podemos perderlo de vista al discutir la cuestión de la actividad, de la construcción organizativa. Cómo realizarlo, habrá que hablar aún mucho, se tendrá que hablar de ello tanto en el Comité Central del partido como en el Consejo de Comisarios del Pueblo; el decreto que fue aprobado ayer constituyó la base con respecto a la Dirección General de Educación Política, pero aún no ha completado todo su recorrido en el Consejo de Comisarios del Pueblo. En los próximos días este decreto será publicado, y en su forma definitivamente redactada verán que allí no hay una declaración directa sobre la relación con el partido.

Pero debemos saber y recordar que toda la constitución jurídica y fáctica de la república soviética se construye sobre el principio de que el partido todo lo corrige, designa y construye según un único principio, para que los elementos comunistas vinculados al proletariado puedan impregnar a este proletariado con su espíritu, someterlo a sí mismos, liberarlo de ese engaño burgués que tanto tiempo hemos tratado de superar. El Comisariado del Pueblo de Instrucción ha atravesado una larga lucha; durante mucho tiempo la organización magisterial luchó contra la transformación socialista. En ese medio magisterial se afianzaron especialmente los prejuicios burgueses. Allí hubo una larga lucha, tanto en forma de sabotaje directo como de prejuicios burgueses persistentes, y nos vemos obligados a ir conquistando lentamente, paso a paso, nuestra posición comunista. Para la Dirección General de Educación Política, que trabaja en la educación extraescolar, que resuelve la tarea de esa educación e ilustración de las masas, se plantea con particular claridad la tarea de combinar la dirección del partido y de someter a sí mismo, impregnar con su espíritu, encender con el fuego de su iniciativa ese enorme aparato: el ejército de medio millón de personal docente que actualmente está al servicio del obrero. Los trabajadores de la instrucción, el personal docente, fueron educados en el espíritu de los prejuicios y hábitos burgueses, en un espíritu hostil al proletariado, no estaban vinculados en absoluto a él. Ahora debemos educar un nuevo ejército de personal pedagógico docente, que debe estar estrechamente vinculado al partido, a sus ideas, debe estar impregnado de su espíritu, debe atraer a las masas obreras, impregnarlas con el espíritu del comunismo, interesarlas en lo que hacen los comunistas.

Como hay que romper con las viejas costumbres, hábitos e ideas, ante la Dirección General de Educación Política y ante sus trabajadores se presenta la importantísima tarea que debe tenerse más en cuenta. Y, efectivamente, se nos plantea el dilema de cómo vincular al magisterio, en su mayoría de la vieja escuela, con los militantes del partido, con los comunistas. Esta cuestión es sumamente difícil, y hay que reflexionar muy, muy seriamente sobre ella.

Consideremos cómo vincular organizativamente a personas tan distintas. Para nosotros, en principio, no puede haber duda de que debe haber la primacía del partido comunista. Así pues, el objetivo de la cultura política, de la educación política, es educar a auténticos comunistas capaces de vencer la mentira, los prejuicios y ayudar a las masas trabajadoras a vencer el viejo orden y llevar adelante la obra de construcción del Estado sin capitalistas, sin explotadores, sin terratenientes. ¿Y cómo se puede hacer esto? Esto es posible solo dominando toda la suma de conocimientos que los maestros han heredado de la burguesía. Todas las conquistas técnicas del comunismo serían sin ello imposibles, y toda ilusión al respecto sería vana. He ahí que surge la cuestión de cómo vincular a estos trabajadores, que no están acostumbrados a trabajar en conexión con la política y con una política útil para nosotros en particular, es decir, necesaria para el comunismo. Esto, como he dicho, es una tarea muy difícil. Hemos discutido esta cuestión también en el Comité Central y, al discutirla, hemos tratado de tener en cuenta las indicaciones recogidas por la experiencia, y pensamos que un congreso como el de hoy, en el que estoy hablando, una conferencia como la de ustedes, tendrá una gran importancia a este respecto. Cada comité del partido, ante cada propagandista, a quien antes se miraba como a un hombre de un círculo determinado, de una organización determinada, ahora tiene que mirarlo de una manera nueva. Cada cual pertenece al partido que gobierna, que dirige todo el Estado, la lucha mundial de la Rusia Soviética contra el régimen burgués. Él es un representante de la clase combatiente y del partido que domina y debe dominar sobre el enorme aparato estatal. Muchísimos comunistas, que han pasado magníficamente por la escuela del trabajo clandestino, probados y curtidos por la lucha, no quieren ni pueden comprender toda la trascendencia de este viraje, de esta transición, cuando de agitador-propagandista se convierte en dirigente de agitadores, dirigente de una gigantesca organización política. Que se le denomine con algún nombre adecuado, quizás incluso espinoso, por ejemplo, inspector de escuelas populares, no es tan importante, pero lo importante es que sepa dirigir a la masa magisterial.

Hay que decir que los cientos de miles de maestros constituyen un aparato que debe impulsar el trabajo, despertar el pensamiento, luchar contra los prejuicios que aún existen en las masas. La herencia de la cultura capitalista, la impregnación de sus deficiencias en la masa magisterial, que al tenerlas no puede ser comunista, sin embargo no puede impedir que tomemos a esos maestros en las filas de los trabajadores de la labor político-educativa, ya que esos maestros poseen conocimientos sin los cuales no podemos alcanzar nuestro objetivo.

Debemos poner al servicio de la ilustración comunista a cientos de miles de personas útiles. Esta es una tarea que se ha resuelto en el frente, en nuestro Ejército Rojo, en el que fueron incorporadas decenas de miles de representantes del antiguo ejército. En un largo proceso, un proceso de reeducación, se fusionaron con el Ejército Rojo, lo que, al fin y al cabo, demostraron con sus victorias. Y en nuestra labor cultural y educativa debemos seguir este ejemplo. Cierto, esta labor no es tan brillante, pero es aún más importante. Cada agitador y propagandista nos es necesario; cumple su tarea cuando trabaja con un rigor de partido, pero no se limita únicamente al partido, sino que recuerda que su misión es dirigir a cientos de miles de personas del personal docente, interesarlos, vencer los viejos prejuicios burgueses, atraerlos hacia lo que hacemos, contagiarlos con la conciencia de la inmensidad de nuestra obra, y solo al emprender esta labor podremos llevar a esa masa, oprimida por el capitalismo, que este nos había arrebatado, por el camino correcto.

He aquí las tareas que debe perseguir todo agitador y propagandista que trabaje fuera del marco escolar, y no debe perder de vista estas tareas. Al resolverlas, se tropieza con una multitud de dificultades prácticas, y ustedes deben ayudar al comunismo y convertirse en representantes y dirigentes no solo de los círculos del partido, sino de todo el poder estatal, que está en manos de la clase obrera.

Nuestra tarea es vencer toda la resistencia de los capitalistas, no solo la militar y la política, sino también la ideológica, la más profunda y la más poderosa. La tarea de nuestros trabajadores de la ilustración es llevar a cabo esta transformación de las masas. Su interés, su afán por la ilustración y el conocimiento del comunismo, que observamos, son garantía de que también aquí seremos vencedores, aunque quizá no tan rápidamente como en el frente, tal vez con mayores dificultades y a veces derrotas, pero al final seremos nosotros los vencedores.

Quisiera, para concluir, detenerme aún en un punto: tal vez la palabra Glavpolitprosvet [Comité Principal de Instrucción Política] se entienda incorrectamente. En la medida en que aquí se menciona el concepto de político, la política es lo más importante.

Pero ¿cómo entender la política? Si se entiende la política en el sentido antiguo, se puede caer en un grave y pesado error. La política es la lucha entre las clases; la política son las relaciones del proletariado que lucha por su liberación contra la burguesía mundial. Pero en nuestra lucha se destacan dos aspectos: por un lado, la tarea de destruir la herencia del régimen burgués, destruir los intentos de aplastar el poder soviético, repetidos por toda la burguesía. Hasta ahora, esta tarea ha ocupado sobre todo nuestra atención y nos ha impedido pasar a la otra tarea: la tarea de la construcción. La política, según la concepción burguesa del mundo, estaba como separada de la economía. La burguesía decía: trabajad, campesinos, para poder existir; trabajad, obreros, para obtener en el mercado todo lo necesario para vivir, mientras que la política económica la hacen vuestros patrones. Pero no es así; la política debe ser asunto del pueblo, asunto del proletariado. Y aquí debemos subrayar que nosotros ocupamos 9/10 de nuestro tiempo en la lucha contra la burguesía. Las victorias sobre Wrangel, de las que leíamos ayer y de las que leerán hoy y probablemente mañana, muestran que una etapa de la lucha llega a su fin, que hemos conquistado la paz con toda una serie de países occidentales, y cada victoria en el frente militar nos libera para la lucha interna, para la política de construcción del Estado. Cada paso que nos acerca a la victoria sobre los guardias blancos traslada gradualmente el centro de gravedad de la lucha hacia la política de la economía. La propaganda de tipo antiguo cuenta, da ejemplos de lo que es el comunismo. Pero esa vieja propaganda no sirve para nada, porque hay que mostrar prácticamente cómo se debe construir el socialismo. Toda la propaganda debe basarse en la experiencia política de la construcción económica. Esta es nuestra tarea principal, y si alguien pretendiera entender esto en el sentido antiguo de la palabra, resultaría atrasado y no podría llevar a cabo la labor de propaganda para las masas de campesinos y obreros. Nuestra política principal ahora debe ser la construcción económica del Estado, para reunir los puds de grano sobrantes, para proporcionar los puds de carbón sobrantes, para decidir cómo utilizar mejor esos puds de grano y carbón, para que no haya hambrientos; esa es nuestra política. Y sobre esto debe basarse toda la agitación y toda la propaganda. Es necesario que haya menos frases, porque con frases no satisfarán a los trabajadores. Tan pronto como la guerra nos dé la posibilidad de liberar el centro de gravedad de la lucha contra la burguesía, de la lucha contra Wrangel, contra los guardias blancos, nos volcaremos hacia la política de la economía. Y entonces la agitación y la propaganda desempeñarán un papel cada vez mayor e inmenso.

Cada agitador debe ser un dirigente estatal, un dirigente de todos los campesinos y obreros en la obra de la construcción económica. Debe decir que, para ser comunista, hay que saber, hay que leer tal folleto, tal libro. Así mejoraremos la economía y la haremos más sólida, más social, aumentaremos la producción, mejoraremos el problema del pan, distribuiremos más correctamente los productos elaborados, aumentaremos la extracción de carbón y restauraremos la industria sin capitalismo y sin espíritu capitalista.

¿En qué consiste el comunismo? Toda su propaganda debe plantearse de modo que redunde en la dirección práctica de la construcción estatal. El comunismo debe hacerse accesible a las masas obreras como su propio asunto. Este asunto se lleva a cabo mal, con miles de errores. No lo ocultamos, pero los propios obreros y campesinos deben, con nuestra ayuda, con nuestra pequeña y débil cooperación, elaborar y corregir nuestro aparato; para nosotros, ha dejado de ser programa, teoría y tarea; para nosotros, es el asunto de la construcción práctica de hoy. Y si en nuestra guerra sufrimos las más crueles derrotas a manos de nuestros enemigos, entonces aprendimos de esas derrotas y alcanzamos la victoria plena. Y ahora, de cada derrota debemos extraer conocimientos, debemos recordar que hay que enseñar a los obreros y campesinos con el ejemplo del trabajo realizado. Señalar lo que tenemos mal, para evitarlo en el futuro.

Con el ejemplo de esta construcción, repitiéndola gran cantidad de veces, lograremos que de los malos jefes comunistas creemos verdaderos constructores, ante todo de nuestra economía económica. Lograremos todo lo necesario, superaremos todos los obstáculos que nos ha dejado el viejo régimen y que no pueden desecharse de inmediato; hay que reeducar a las masas, y solo la agitación y la propaganda pueden reeducarlas, hay que vincular a las masas ante todo con la construcción de la vida económica común. Esto debe ser lo principal y fundamental en el trabajo de cada agitador-propagandista, y cuando lo asimile, entonces el éxito de su trabajo estará asegurado. (Aplausos atronadores.)

«Boletín de la Conferencia Panrusa de Instrucción Política (1–8 de noviembre de 1920)», Moscú

Se publica según el texto del boletín, cotejado con la transcripción taquigráfica.