Camaradas, quisiera hacer algunas observaciones relacionadas con los discursos de los cc. Tanner y Mac-Lane. Tanner dice que está por la dictadura del proletariado, pero la dictadura del proletariado se le presenta no del todo como nosotros nos la imaginamos. Él dice que nosotros entendemos por dictadura del proletariado, en esencia, la dictadura de su minoría organizada y consciente.

Y en efecto, en la época del capitalismo, cuando las masas obreras están sometidas a una explotación incesante y no pueden desarrollar sus capacidades humanas, lo más característico para los partidos políticos obreros es precisamente que pueden abarcar solamente a una minoría de su clase. El partido político puede unir solamente a una minoría de la clase, del mismo modo que los obreros realmente conscientes en toda sociedad capitalista constituyen solamente una minoría de todos los obreros. Por eso nos vemos obligados a reconocer que solamente esta minoría consciente puede dirigir a las amplias masas obreras y llevarlas tras de sí. Y si el camarada Tanner dice que es enemigo del partido, pero al mismo tiempo está por que la minoría mejor organizada y más revolucionaria de los obreros señale el camino a todo el proletariado, entonces yo digo que en realidad no hay diferencia entre nosotros. ¿Qué representa la minoría organizada? Si esa minoría es realmente consciente, si sabe llevar tras de sí a las masas, si es capaz de responder a cada cuestión que se ponga en el orden del día, entonces, en esencia, es el partido. Y si tales camaradas como Tanner, con quienes contamos especialmente como representantes del movimiento de masas —lo que no puede decirse sin forzar las cosas de los representantes del Partido Socialista Británico—, si esos camaradas están por que exista una minoría que luche resueltamente por la dictadura del proletariado y que eduque a las masas obreras en esta dirección, entonces, en esencia, tal minoría no es otra cosa que el partido. El camarada Tanner dice que esta minoría debe organizar y llevar tras de sí a toda la masa obrera. Si el camarada Tanner y otros camaradas del grupo de los Shop Stewards y del sindicato de los Obreros Industriales del Mundo (I. W. W.) reconocen esto —y cada día vemos en las conversaciones con ellos que realmente lo reconocen—, si ellos aprueban semejante situación, cuando la minoría consciente comunista de la clase obrera lleva tras de sí al proletariado, entonces deben estar de acuerdo también en que el sentido de todas nuestras resoluciones es precisamente ese. Y entonces la única diferencia que existe entre nosotros consiste solamente en que ellos evitan la palabra "partido", porque entre los camaradas ingleses hay un cierto prejuicio contra el partido político. Ellos se imaginan el partido político únicamente a semejanza de los partidos de Gompers y de Henderson{98}, partidos de politicastros parlamentarios, traidores de la clase obrera. Y si ellos se imaginan el parlamentarismo precisamente tal como es actualmente el parlamentarismo inglés y americano, entonces nosotros también somos enemigos de semejante parlamentarismo y de semejantes partidos políticos. Necesitamos partidos nuevos, partidos diferentes. Necesitamos partidos tales que estén permanentemente en conexión real con las masas y que sepan dirigir a esas masas.

Paso a la tercera cuestión que quería abordar aquí en relación con el discurso del camarada Mac-Lane. Él es partidario de la afiliación del partido comunista inglés al Partido Laborista. Ya me he manifestado sobre esta cuestión en mis tesis sobre la admisión en la III Internacional[21]. En mi folleto dejé esta cuestión abierta{99}. Sin embargo, después de hablar con muchos camaradas, he llegado a la convicción de que la decisión de permanecer en el Partido Laborista es la única táctica correcta. Pero he aquí que interviene el camarada Tanner y declara: no sean demasiado dogmáticos. Esta expresión es aquí completamente inoportuna. El camarada Ramsay dice: permítannos a nosotros, los comunistas ingleses, decidir esta cuestión por nosotros mismos. ¿Qué sería la Internacional si cada pequeña facción viniera y dijera: algunos de nosotros estamos por esto, otros en contra; déjennos decidir por nosotros mismos? ¿Para qué harían falta entonces la Internacional, el congreso y toda esta discusión? El camarada Mac-Lane habló solamente del papel del partido político. Pero lo mismo se refiere a los sindicatos y al parlamentarismo. Es completamente cierto que la mayor parte de los mejores revolucionarios están en contra de la afiliación al Partido Laborista, porque se oponen al parlamentarismo como medio de lucha. Quizás lo mejor sea, por tanto, pasar esta cuestión a la comisión. Ella debe discutirla, estudiarla, y debe ser resuelta sin falta por el presente congreso de la Internacional Comunista. No podemos estar de acuerdo en que concierne solamente a los comunistas ingleses. Debemos decir en general qué táctica es la correcta.

Ahora me detendré en algunos argumentos del camarada Mac-Lane en relación con la cuestión del Partido Laborista inglés. Hay que hablar claramente: el partido de los comunistas puede afiliarse al Partido Laborista solo con la condición de que conserve plena libertad de crítica y pueda llevar a cabo su propia política. Esto es lo más importante. Cuando el camarada Serrati habla en este sentido de colaboración de clases, entonces yo declaro: esto no es colaboración de clases. Si los camaradas italianos toleran en su partido a oportunistas como Turati y Cía., es decir, elementos burgueses, eso sí es colaboración de clases. Pero en este caso, en relación con el Partido Laborista inglés, se trata solamente de la colaboración de la minoría de vanguardia de los obreros ingleses con su abrumadora mayoría. Los miembros del Partido Laborista son todos miembros de los sindicatos. Es una estructura muy original, que no encontramos en ningún otro país. Esta organización abarca a 4 millones de obreros de los 6 o 7 millones de miembros de los sindicatos. No se les pregunta cuáles son sus convicciones políticas. Que me demuestre el camarada Serrati que alguien nos impedirá usar allí el derecho de crítica. Cuando usted lo demuestre, solo entonces demostrará que el camarada Mac-Lane se equivoca. El Partido Socialista Británico puede decir libremente que Henderson es un traidor, y sin embargo permanecer en las filas del Partido Laborista. Y aquí se realiza la colaboración de la vanguardia de la clase obrera con los obreros atrasados, con la retaguardia. Esta colaboración tiene una importancia tan grande para todo el movimiento que insistimos categóricamente en que los comunistas ingleses sean el eslabón de unión entre el partido, es decir, la minoría de la clase obrera, y toda la masa restante de obreros. Si la minoría no sabe dirigir a las masas, vincularse estrechamente con ellas, entonces no es un partido y en general no vale nada, aunque se llame a sí misma partido o comité nacional de los Soviets de delegados de fábrica —por lo que sé, los Soviets de delegados de fábrica en Inglaterra tienen su comité nacional, dirección central, y eso ya es un paso hacia el partido—. Por consiguiente, si no se refuta que el Partido Laborista inglés está compuesto por proletarios, entonces esto es colaboración de la vanguardia de la clase obrera con los obreros atrasados, y si esta colaboración no se lleva a cabo sistemáticamente, entonces el partido comunista no vale nada y entonces no puede hablarse de dictadura del proletariado. Y si nuestros camaradas italianos no tienen argumentos más convincentes, entonces deberemos más tarde decidir aquí definitivamente la cuestión sobre la base de lo que sabemos, y llegaremos a la conclusión de que la afiliación es la táctica correcta.

Los camaradas Tanner y Ramsay nos dicen que la mayoría de los comunistas ingleses no estarán de acuerdo con la afiliación, pero ¿acaso debemos estar necesariamente de acuerdo con la mayoría? En absoluto. Si aún no ha comprendido qué táctica es la correcta, quizás se pueda esperar. Incluso la existencia paralela de dos partidos durante algún tiempo sería mejor que negarse a responder a la cuestión de qué táctica es la correcta. Por supuesto, partiendo de la experiencia de todos los miembros del congreso, sobre la base de los argumentos aquí expuestos, ustedes no insistirán en que tomemos aquí mismo una resolución sobre la creación inmediata en todos los países de un partido comunista unido. Esto es imposible. Pero decir abiertamente nuestra opinión, dar directivas, eso podemos hacerlo. Debemos estudiar la cuestión planteada por la delegación inglesa en una comisión especial y después decir: la táctica correcta es la entrada en el Partido Laborista. Si la mayoría está en contra de esto, debemos organizar a la minoría por separado. Esto tendrá un significado educativo. Si las masas obreras inglesas todavía creen en la táctica anterior, verificaremos nuestras conclusiones en el próximo congreso. Pero no podemos decir que esta cuestión concierne solamente a Inglaterra —eso sería imitar las peores costumbres de la II Internacional—. Debemos manifestar abiertamente nuestra opinión. Si los comunistas ingleses no llegan a un acuerdo y si no se crea un partido de masas, entonces la escisión, de una u otra manera, es inevitable[22].

«Boletín del 2º congreso de la Internacional Comunista» nº 5, 5 de agosto de 1920.

Se publica según el texto del libro «2º congreso de la Internacional Comunista», 1921, cotejado con el texto de la edición alemana «Der zweite Kongreβ der Kommunist. Internationale» Verlag der Kommunistischen Internationale, Hamburg, 1921.