El Primer Congreso Constituyente de la Internacional Comunista{89} no elaboró condiciones precisas para la admisión de partidos particulares en la III Internacional. En el momento de la convocatoria del primer congreso, en la mayoría de los países solo existían corrientes y grupos comunistas.

El II Congreso Mundial de la Internacional Comunista se reúne en otras condiciones. Actualmente en la mayoría de los países ya existen no solo corrientes y tendencias comunistas, sino partidos y organizaciones comunistas.

Cada vez con más frecuencia se dirigen ahora a la Internacional Comunista partidos y grupos que hasta hace poco pertenecían a la II Internacional, deseando ahora ingresar en la III Internacional, pero que en realidad no se han vuelto comunistas. La II Internacional está definitivamente destruida. Los partidos y grupos intermedios del «centro», viendo la completa desesperanza de la II Internacional, intentan arrimarse a la Internacional Comunista, cada vez más fuerte, esperando, sin embargo, conservar una tal «autonomía» que les permita llevar a cabo la vieja política oportunista o «centrista». La Internacional Comunista se está convirtiendo hasta cierto punto en una moda.

El deseo de algunos grupos dirigentes del «centro» de ingresar ahora en la III Internacional es una confirmación indirecta de que la Internacional Comunista se ha ganado las simpatías de la inmensa mayoría de los obreros conscientes de todo el mundo y cada día se vuelve una fuerza mayor.

En determinadas circunstancias, la Internacional Comunista puede correr el peligro de diluirse con grupos vacilantes y a medias, que aún no se han desprendido de la ideología de la II Internacional.

Además, en algunos grandes partidos (Italia, Suecia), cuya mayoría se sitúa en el punto de vista del comunismo, subsiste hasta ahora un ala importante reformista y socialpacifista, que solo espera el momento para levantar de nuevo la cabeza, comenzar un sabotaje activo de la revolución proletaria y ayudar así a la burguesía y a la II Internacional.

Ningún comunista debe olvidar las lecciones de la República Soviética Húngara. La unión de los comunistas húngaros con los reformistas le costó cara al proletariado húngaro.

Por ello, el II Congreso Mundial considera necesario establecer condiciones totalmente precisas para la admisión de nuevos partidos, así como señalar a aquellos partidos que ya han sido admitidos en la Internacional Comunista las obligaciones que recaen sobre ellos.

El II Congreso de la Internacional Comunista resuelve: las condiciones de pertenencia al Comintern son las siguientes:

1. La propaganda y la agitación cotidianas deben tener un carácter verdaderamente comunista. Todos los órganos de prensa que estén en manos del partido deben ser redactados por comunistas fiables, que hayan demostrado su devoción a la causa de la revolución proletaria. Sobre la dictadura del proletariado no se debe hablar simplemente como una fórmula hecha y aprendida; hay que propagarla de tal modo que su necesidad para cada obrero común, obrera, soldado, campesino, se desprenda de los hechos vitales que nuestra prensa registre sistemáticamente día tras día. En las páginas de los periódicos, en las asambleas populares, en el sindicato, en la cooperativa – en todas partes donde tengan acceso los partidarios de la III Internacional, es necesario estigmatizar sistemática y despiadadamente no solo a la burguesía, sino también a sus ayudantes, los reformistas de todos los matices.

2. Toda organización que desee pertenecer al Comintern está obligada a eliminar planificada y sistemáticamente de los puestos más o menos responsables en el movimiento obrero (organización del partido, redacción, sindicato, fracción parlamentaria, cooperativa, municipio, etc.) a los reformistas y partidarios del «centro», y a colocar en su lugar a comunistas fiables – sin perturbarse por el hecho de que a veces al principio haya que sustituir a los «experimentados» dirigentes por obreros de base.

3. En todos aquellos países donde los comunistas, debido al estado de sitio o a leyes excepcionales, no tengan posibilidad de realizar todo su trabajo legalmente, es absolutamente necesario combinar el trabajo legal con el ilegal. La lucha de clases en casi todos los países de Europa y América entra en la fase de la guerra civil. En tales condiciones, los comunistas no pueden depositar confianza en la legalidad burguesa. Están obligados a crear en todas partes un aparato ilegal paralelo que, en el momento decisivo, pueda ayudar al partido a cumplir con su deber ante la revolución.

4. Es necesaria una propaganda y agitación perseverante y sistemática en las tropas y la formación de células comunistas en cada unidad militar. A los comunistas les corresponderá realizar este trabajo en su mayor parte ilegalmente, pero la negativa a realizar tal trabajo equivaldría a una traición al deber revolucionario y es incompatible con la pertenencia a la III Internacional.

5. Es necesaria una agitación sistemática y planificada en el campo. La clase obrera no puede consolidar su victoria si no cuenta, al menos, con una parte de los jornaleros agrícolas y campesinos más pobres y no ha neutralizado con su política a una parte del resto del campesinado. El trabajo comunista en el campo adquiere en la época actual una importancia primordial. Es necesario realizarlo, principalmente, a través de obreros comunistas revolucionarios que tengan vínculos con el campo. La negativa a este trabajo o su entrega en manos poco fiables, semirreformistas, equivale a una negativa a la revolución proletaria.

6. Todo partido que desee pertenecer a la III Internacional está obligado a desenmascarar no solo el sociopatriotismo declarado, sino también la falsedad y la hipocresía del socialpacifismo: demostrar sistemáticamente a los obreros que sin el derrocamiento revolucionario del capitalismo, ningún tribunal arbitral internacional, ninguna charla sobre la reducción de armamentos, ninguna reorganización «democrática» de la Sociedad de Naciones salvará a la humanidad de nuevas guerras imperialistas.

7. Los partidos que deseen pertenecer a la Internacional Comunista están obligados a reconocer la necesidad de una ruptura completa y absoluta con el reformismo y con la política del «centro», y a propagar esta ruptura en los círculos más amplios de los miembros del partido. Sin esto es imposible una política comunista consecuente.

La Internacional Comunista exige absoluta y ultimativamente realizar esta ruptura en el plazo más breve. La Internacional Comunista no puede tolerar que reformistas notorios, como, por ejemplo, Turati, Modigliani y otros, tengan derecho a ser considerados miembros de la III Internacional. Semejante orden llevaría a que la III Internacional se asemejase en gran medida a la fenecida II Internacional.

8. En la cuestión de las colonias y de las nacionalidades oprimidas es necesaria una línea particularmente clara y nítida de los partidos de aquellos países cuya burguesía posee tales colonias y oprime a otras naciones. Todo partido que desee pertenecer a la III Internacional está obligado a desenmascarar despiadadamente las artimañas de «sus» imperialistas en las colonias, a apoyar, no de palabra sino de hecho, todo movimiento de liberación en las colonias, a exigir la expulsión de sus imperialistas patrios de estas colonias, a educar en el corazón de los obreros de su país una actitud verdaderamente fraternal hacia la población trabajadora de las colonias y las nacionalidades oprimidas, y a realizar una agitación sistemática en sus tropas contra toda opresión de los pueblos coloniales.

9. Todo partido que desee pertenecer a la Internacional Comunista está obligado a realizar sistemática y perseverantemente un trabajo comunista dentro de los sindicatos, las cooperativas y otras organizaciones obreras de masas. Dentro de estos sindicatos es necesario formar células comunistas que, con un trabajo prolongado y tenaz, deben conquistar los sindicatos para la causa del comunismo. Estas células están obligadas en cada paso del trabajo cotidiano a desenmascarar la traición de los sociopatriotas y las vacilaciones del «centro». Estas células comunistas deben estar totalmente subordinadas al partido en su conjunto.

10. El partido perteneciente a la Internacional Comunista está obligado a librar una lucha tenaz contra la Internacional de Ámsterdam de los sindicatos amarillos{90}. Debe propagar insistentemente entre los obreros sindicalizados la necesidad de romper con la amarilla internacional de Ámsterdam. Debe apoyar por todos los medios la naciente unificación internacional de los sindicatos rojos{91}, que se adhieren a la Internacional Comunista.

11. Los partidos que deseen pertenecer a la III Internacional están obligados a revisar la composición personal de sus fracciones parlamentarias, a eliminar de ellas los elementos no fiables, a subordinar dichas fracciones, no de palabra sino de hecho, a los Comités Centrales de los partidos, y a exigir de cada parlamentario comunista la subordinación de todo su trabajo a los intereses de una propaganda y agitación verdaderamente revolucionarias.

12. Del mismo modo, la prensa periódica y no periódica, así como todas las editoriales, deben estar enteramente subordinadas al Comité Central del partido, independientemente de que el partido en su conjunto sea en ese momento legal o ilegal; es inadmisible que las editoriales, abusando de la autonomía, lleven a cabo una política no plenamente partidista.

13. Los partidos pertenecientes a la Internacional Comunista deben estar construidos según el principio del centralismo democrático. En la época actual de guerra civil agudizada, el partido comunista podrá cumplir con su deber solo si está organizado de la manera más centralizada, si en él domina una disciplina férrea, lindante con la disciplina militar, y si su centro partidista constituye un órgano autoritario y con amplias facultades, que goce de la confianza universal de los miembros del partido.

14. Los partidos comunistas de aquellos países donde los comunistas realizan su trabajo legalmente deben efectuar purgas periódicas (reempadronamiento) de la composición personal de las organizaciones partidistas, para depurar sistemáticamente al partido de los elementos pequeñoburgueses que inevitablemente se le adhieren.

15. Cada partido que desee pertenecer a la Internacional Comunista está obligado a prestar un apoyo incondicional a cada república soviética en su lucha contra las fuerzas contrarrevolucionarias. Los partidos comunistas deben llevar a cabo una propaganda incansable para que los trabajadores se nieguen a transportar objetos de equipo militar destinados a los enemigos de las repúblicas soviéticas, realizar propaganda legal o ilegal entre las tropas enviadas para sofocar a las repúblicas obreras, etc.

16. Los partidos que aún conservan los viejos programas socialdemócratas están obligados, en el plazo más breve posible, a revisar estos programas y a elaborar, teniendo en cuenta las condiciones particulares de su país, un nuevo programa comunista en el espíritu de las decisiones de la Internacional Comunista. Por regla general, los programas de cada partido perteneciente a la Internacional Comunista deben ser aprobados por el congreso correspondiente de la Internacional Comunista o por su Comité Ejecutivo. En caso de no aprobación por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista del programa de uno u otro partido, dicho partido tiene derecho a apelar ante el congreso de la Internacional Comunista.

17. Todas las decisiones de los congresos de la Internacional Comunista, así como las de su Comité Ejecutivo, son obligatorias para todos los partidos que integran la Internacional Comunista. La Internacional Comunista, que actúa en el contexto de una guerra civil sumamente aguda, debe estar construida de manera mucho más centralizada que lo estaba la II Internacional. Con ello, la Internacional Comunista y su Comité Ejecutivo, en todo su trabajo, están naturalmente obligados a tener en cuenta toda la diversidad de condiciones en las que los diferentes partidos deben luchar y actuar, y a dictar resoluciones obligatorias para todos solo sobre aquellas cuestiones en las que tales resoluciones son posibles.

18. En relación con todo ello, todos los partidos que deseen ingresar en la Internacional Comunista deben cambiar su nombre. Cada partido que desee ingresar en la Internacional Comunista debe llevar el nombre: partido comunista de tal país (sección de la III Internacional Comunista). La cuestión del nombre no es solo formal, sino también una cuestión política de gran importancia. La Internacional Comunista ha declarado una lucha decidida a todo el mundo burgués y a todos los partidos socialdemócratas amarillos. Es necesario que a cada trabajador común le sea completamente clara la diferencia entre los partidos comunistas y los viejos partidos oficiales «socialdemócratas» o «socialistas», que han traicionado la bandera de la clase obrera.

19. Una vez concluidos los trabajos del Segundo Congreso Mundial de la Internacional Comunista, todos aquellos partidos que quieran pertenecer a la Internacional Comunista deben, en el plazo más breve, convocar un congreso extraordinario de su partido para confirmar oficialmente, en nombre de todo el partido, las obligaciones expuestas anteriormente.