1. El momento actual en el desarrollo del movimiento comunista internacional se caracteriza por el hecho de que en todos los países capitalistas los mejores representantes del proletariado revolucionario han comprendido plenamente los principios fundamentales de la Internacional Comunista, a saber: la dictadura del proletariado y el poder soviético, y con entusiasmo sin reservas se han puesto del lado de la Internacional Comunista. Un paso aún más importante y de mayor envergadura es que en todas partes, en las más amplias masas, no solo del proletariado urbano, sino también entre la parte avanzada de los trabajadores agrícolas, se ha determinado plenamente su simpatía incondicional hacia estos principios fundamentales.

Por otro lado, se han manifestado dos errores o debilidades del movimiento comunista internacional que crece extraordinariamente rápido. Uno, muy grave y que representa un inmenso peligro inmediato para el éxito de la causa de la liberación del proletariado, consiste en que una parte de los viejos dirigentes y de los viejos partidos de la II Internacional, cediendo en parte semiinconscientemente a los deseos y al empuje de las masas, y en parte engañándolas conscientemente para conservar su antiguo papel de agentes y ayudantes de la burguesía dentro del movimiento obrero, declaran su adhesión condicional o incluso incondicional a la III Internacional, permaneciendo de hecho, en toda la práctica de su trabajo partidista y político, al nivel de la II Internacional. Semejante estado de cosas es completamente inadmisible, pues introduce una corrupción directa en las masas, hace caer el respeto hacia la III Internacional, amenazando con la repetición de traiciones como la traición de los socialdemócratas húngaros, que se apresuraron a rebautizarse como comunistas. El otro error, mucho menos significativo, que es más bien una enfermedad del crecimiento del movimiento, consiste en la tendencia hacia la «izquierdismo», que conduce a una valoración incorrecta del papel y las tareas del partido con respecto a la clase y a la masa, y de la obligatoriedad para los comunistas revolucionarios de trabajar en los parlamentos burgueses y en los sindicatos reaccionarios.

El deber de los comunistas no es silenciar las debilidades de su movimiento, sino criticarlas abiertamente para deshacerse de ellas más rápida y radicalmente. Con este fin es necesario: en primer lugar, determinar más concretamente, especialmente sobre la base de la experiencia práctica ya adquirida, el contenido de los conceptos: «dictadura del proletariado» y «poder soviético»; en segundo lugar, señalar en qué debe consistir precisamente en todos los países el trabajo preparatorio inmediato y sistemático que realice estas consignas; en tercer lugar, señalar las vías y los métodos para corregir nuestro movimiento de sus defectos.

**I. La esencia de la dictadura del proletariado y del poder soviético**

2. La victoria del socialismo (como primera etapa del comunismo) sobre el capitalismo exige que el proletariado, como única clase verdaderamente revolucionaria, realice las tres tareas siguientes. La primera: derrocar a los explotadores y, en primer lugar, a la burguesía, como principal representante económico y político de aquellos; aplastarlos por completo; sofocar su resistencia; hacer imposible cualquier intento por su parte de restablecer el yugo del capital y la esclavitud asalariada. La segunda: arrastrar y conducir tras la vanguardia revolucionaria del proletariado, su partido comunista, no solo a todo el proletariado o a su inmensa mayoría aplastante, sino también a toda la masa de trabajadores y explotados por el capital; ilustrarlos, organizarlos, educarlos, disciplinarlos en el mismo curso de la lucha audaz sin reservas y firme sin piedad contra los explotadores; arrancar a esta inmensa mayoría de la población en todos los países capitalistas de la dependencia de la burguesía, infundirle mediante la experiencia práctica la confianza en el papel dirigente del proletariado y de su vanguardia revolucionaria. La tercera: neutralizar o hacer inofensivas las inevitables vacilaciones entre la burguesía y el proletariado, entre la democracia burguesa y el poder soviético, por parte de la clase, aún bastante numerosa en casi todos los países avanzados, aunque constituye una minoría de la población, de los pequeños propietarios en la agricultura, la industria, el comercio, y de la capa de intelectuales, empleados, etc., correspondiente a esta clase.

La primera y la segunda tareas son tareas independientes, que requieren cada una sus propios métodos de acción particulares con respecto a los explotadores y con respecto a los explotados. La tercera tarea se deriva de las dos primeras, requiriendo solo una combinación hábil, oportuna y flexible de los métodos del primer y segundo tipo, según las circunstancias concretas de cada caso particular de vacilación.

3. En la situación concreta que, en todo el mundo y sobre todo en los países capitalistas más avanzados, poderosos, más ilustrados y libres, han creado el militarismo, el imperialismo, el ahogamiento de las colonias y de los países débiles, la matanza imperialista mundial, la «paz» de Versalles, toda admisión de la idea de un sometimiento pacífico de los capitalistas a la voluntad de la mayoría de los explotados, de una transición pacífica y reformista al socialismo, es no solo una estupidez pequeñoburguesa extrema, sino también un engaño directo a los obreros, un barnizado de la esclavitud asalariada capitalista, un ocultamiento de la verdad. Esta verdad consiste en que la burguesía, la más ilustrada y democrática, ya hoy no se detiene ante ningún engaño y crimen, ante la matanza de millones de obreros y campesinos para salvar la propiedad privada de los medios de producción. Solo el derrocamiento violento de la burguesía, la confiscación de su propiedad, la destrucción de todo el aparato estatal burgués de arriba abajo, parlamentario, judicial, militar, burocrático, administrativo, municipal, etc., hasta la expulsión total o el internamiento de los explotadores más peligrosos y obstinados, el establecimiento sobre ellos de una estricta vigilancia para combatir los inevitables intentos de resistencia y restauración de la esclavitud capitalista, solo medidas semejantes pueden asegurar el sometimiento real de toda la clase de los explotadores.

Por otro lado, un barnizado semejante del capitalismo y de la democracia burguesa, un engaño semejante a los obreros es la admisión habitual, por parte de los viejos partidos y los viejos dirigentes de la II Internacional, de la idea de que la mayoría de los trabajadores y explotados es capaz, en las condiciones de la esclavitud capitalista, bajo el yugo de la burguesía, que adopta formas infinitamente diversas, tanto más sutiles y al mismo tiempo crueles e implacables cuanto más culto es el país capitalista de que se trate, de elaborar en sí misma una completa claridad de conciencia socialista, firmeza de convicciones y carácter socialistas. En realidad, solo después de que la vanguardia del proletariado, apoyada por toda esta clase, la única revolucionaria, o por su mayoría, derroque a los explotadores, los sofoque, libere a los explotados de su situación de esclavitud, mejore inmediatamente sus condiciones de vida a costa de los capitalistas expropiados, solo después de esto y en el mismo curso de la aguda lucha de clases es realizable la ilustración, educación, organización de las más amplias masas trabajadoras y explotadas en torno al proletariado, bajo su influencia y dirección, la liberación de su egoísmo, desunión, vicios, debilidad, engendrados por la propiedad privada, su transformación en una unión libre de trabajadores libres.

4. Para el éxito de la victoria sobre el capitalismo se requiere una correcta correlación entre el partido dirigente, comunista, la clase revolucionaria, el proletariado, y la masa, es decir, el conjunto de todos los trabajadores y explotados. Solo el partido comunista, si es realmente la vanguardia de la clase revolucionaria, si incluye en sí a todos sus mejores representantes, si se compone de comunistas plenamente conscientes y dedicados, ilustrados y templados por la experiencia de la lucha revolucionaria tenaz, si este partido ha sabido ligarse indisolublemente con toda la vida de su clase, y a través de ella con toda la masa de los explotados, e infundir a esta clase y a esta masa plena confianza, solo ese partido es capaz de dirigir al proletariado en la lucha más despiadada, decidida y última contra todas las fuerzas del capitalismo. Por otro lado, solo bajo la dirección de tal partido es el proletariado capaz de desplegar toda la potencia de su embate revolucionario, reduciendo a la nada la inevitable apatía y en parte la resistencia de la pequeña minoría de la aristocracia obrera corrompida por el capitalismo, de los viejos dirigentes sindicales y cooperativistas, etc.; capaz de desplegar toda su fuerza, que es inconmensurablemente mayor que su proporción en la población, en virtud de la propia estructura económica de la sociedad capitalista. Finalmente, solo la masa, es decir, el conjunto de los trabajadores y explotados, liberada ya de hecho del yugo de la burguesía y del aparato estatal burgués, solo habiendo recibido la posibilidad de organizarse realmente libremente (de los explotadores) en sus soviets, puede desplegar por primera vez en la historia toda la iniciativa y toda la energía de decenas de millones de hombres aplastados por el capitalismo. Solo cuando los soviets se han convertido en el único aparato estatal es realizable la participación efectiva en la dirección de toda la masa de los explotados, que, bajo la democracia burguesa más ilustrada y libre, permanecía siempre de hecho excluida en un noventa y nueve por ciento de la participación en la dirección. Solo en los soviets comienza la masa de los explotados a aprender realmente, no de los libros, sino de su propia experiencia práctica, la obra de la construcción socialista, la creación de una nueva disciplina social, de la unión libre de trabajadores libres.

**II. ¿En qué debe consistir la preparación inmediata y universal para la dictadura del proletariado?**

5. El momento actual en el desarrollo del movimiento comunista internacional se caracteriza por el hecho de que en la inmensa mayoría de los países capitalistas no está terminada —muy a menudo ni siquiera sistemáticamente iniciada— la preparación del proletariado para la realización de su dictadura. De esto no se sigue que la revolución proletaria sea imposible en un futuro muy próximo; es perfectamente posible, pues toda la situación económica y política está extraordinariamente rica en materiales combustibles y en motivos para su súbita inflamación; la otra condición para la revolución, además de la preparación del proletariado, a saber: el estado general de crisis en todos los partidos dirigentes y en todos los partidos burgueses, también está presente. Pero de lo dicho se sigue que la tarea del momento para los partidos comunistas consiste ahora no en acelerar la revolución, sino en intensificar la preparación del proletariado. Por otro lado, los casos señalados más arriba en la historia de muchos partidos socialistas obligan a prestar atención a que el «reconocimiento» de la dictadura del proletariado no pueda quedar solo en palabras.

Por eso, la tarea principal de los partidos comunistas, desde el punto de vista del movimiento proletario internacional, es en el momento actual la concentración de las fuerzas comunistas dispersas, la formación en cada país de un partido comunista único (o el fortalecimiento y renovación del partido ya existente) para decuplicar el trabajo de preparación del proletariado para la conquista del poder estatal, y precisamente para la conquista del poder en la forma de la dictadura del proletariado. El trabajo socialista habitual de los grupos y partidos que reconocen la dictadura del proletariado está aún lejos de haber sido sometido a esa transformación radical, a esa renovación radical que son necesarias para considerar ese trabajo como comunista y correspondiente a las tareas de la víspera de la dictadura proletaria.

6. La conquista del poder político por el proletariado no pone fin a la lucha de clases de éste contra la burguesía, sino que, por el contrario, hace esta lucha particularmente amplia, aguda, despiadada. Todos los grupos, partidos, personalidades del movimiento obrero que se colocan total o parcialmente en el punto de vista del reformismo, del «centro», etc., inevitablemente se colocan, en virtud de la extrema agudización de la lucha, o del lado de la burguesía, o entre los vacilantes, o (lo que es más peligroso) caen en el número de los amigos poco fiables del proletariado victorioso. Por consiguiente, la preparación de la dictadura del proletariado exige no solo la intensificación de la lucha contra las tendencias reformistas y «centristas», sino también un cambio del carácter de esta lucha. La lucha no puede limitarse a mostrar la falsedad de estas tendencias, sino que debe desenmascarar constante y despiadadamente a todo aquel dentro del movimiento obrero que manifieste estas tendencias, pues de otro modo el proletariado no puede saber con quién irá a la lucha más decisiva contra la burguesía. Esta lucha es tal que en cualquier momento puede sustituir —y sustituye, como ya ha mostrado la experiencia— el arma de la crítica por la crítica de las armas{80}. Toda inconsecuencia o debilidad en el desenmascaramiento de quienes se manifiestan como reformistas o «centristas» significa un aumento directo del peligro de que la burguesía derribe el poder del proletariado, utilizando mañana para la contrarrevolución lo que a los miopes les parece hoy solo una «discrepancia teórica».

7. En particular, no se puede limitar a la negación general habitual de toda colaboración del proletariado con la burguesía, de todo «colaboracionismo». La simple defensa de la «libertad» y la «igualdad», manteniendo la propiedad privada sobre los medios de producción, se convierte, en las condiciones de la dictadura del proletariado, que nunca podrá destruir por completo la propiedad privada de inmediato, se convierte en una «colaboración» con la burguesía que socava directamente el poder de la clase obrera. Pues la dictadura del proletariado significa la fijación estatal y la protección por todo el aparato del poder estatal de la «no libertad» para el explotador de continuar su obra de opresión y explotación, de la «desigualdad» del propietario (es decir, del que ha separado para sí personalmente ciertos medios de producción creados por el trabajo social) con el no poseedor. Lo que antes de la victoria del proletariado parece solo una discrepancia teórica sobre la cuestión de la «democracia», se convierte inevitablemente mañana, después de la victoria, en una cuestión que se resuelve por la fuerza de las armas. Por consiguiente, sin un cambio radical de todo el carácter de la lucha contra los «centristas» y los «defensores de la democracia», es imposible incluso la preparación previa de las masas para la realización de la dictadura del proletariado.

8. La dictadura del proletariado es la forma más resuelta y revolucionaria de la lucha de clases del proletariado contra la burguesía. Semejante lucha puede tener éxito solo cuando la vanguardia más revolucionaria del proletariado arrastra tras sí a la inmensa mayoría del mismo. La preparación de la dictadura del proletariado exige, por tanto, no solo la explicación del carácter burgués de todo reformismo, de toda defensa de la democracia manteniendo la propiedad privada sobre los medios de producción; no solo el desenmascaramiento de las manifestaciones de tales tendencias, que significan de hecho la realización de la defensa de la burguesía dentro del movimiento obrero, sino que exige también la sustitución de los viejos dirigentes por comunistas en todas, sin excepción, las organizaciones proletarias, no solo políticas, sino también profesionales, cooperativas, educativas, etc. Cuanto más prolongado, completo y firme haya sido el dominio de la democracia burguesa en un país dado, más habrá logrado la burguesía colocar en los puestos a tales dirigentes, educados por ella, imbuidos de sus puntos de vista y prejuicios, muy a menudo directa o indirectamente sobornados por ella. Es necesario, cien veces más audazmente que hasta ahora, desplazar a estos representantes de la aristocracia obrera o de los obreros aburguesados de todos sus puestos y sustituirlos aunque sea por los obreros más inexpertos, con tal de que estén ligados a la masa explotada y gocen de su confianza en la lucha contra los explotadores. La dictadura del proletariado exigirá el nombramiento de tales obreros, sin experiencia, para los puestos estatales más responsables, de lo contrario el poder del gobierno obrero será impotente y no será apoyado por la masa.

9. La dictadura del proletariado es la realización más completa de la dirección de todos los trabajadores y explotados, que están oprimidos, acoquinados, aplastados, atemorizados, desunidos, engañados por la clase de los capitalistas, por parte de la única clase preparada para ese papel dirigente por toda la historia del capitalismo. Por tanto, la preparación de la dictadura del proletariado debe iniciarse en todas partes e inmediatamente mediante, entre otros, el siguiente procedimiento.

En todas las organizaciones, uniones, asociaciones sin excepción, en primer lugar las proletarias, y luego las de la masa trabajadora y explotada no proletaria (políticas, profesionales, militares, cooperativas, educativas, deportivas, etc., etc.), deben crearse grupos o células de comunistas —preferentemente abiertos, pero también secretos, obligatorios en cada caso en que deba suponerse su clausura, arresto o expulsión de sus miembros por parte de la burguesía—; y estas células, estrechamente ligadas entre sí y con el centro del partido, intercambiando su experiencia, realizando la labor de agitación, propaganda, organización, aplicándose resueltamente a todos los campos de la vida social, a todas las variedades y subdivisiones de la masa trabajadora, deben educar sistemáticamente, mediante este trabajo multifacético, a sí mismas, al partido, a la clase y a las masas.

Al mismo tiempo, es extremadamente importante elaborar prácticamente la necesaria diferencia de métodos de todo el trabajo, por un lado, con respecto a los «dirigentes» o a los «representantes responsables», las más de las veces irremediablemente estropeados por prejuicios pequeñoburgueses e imperialistas; estos «dirigentes» deben ser despiadadamente desenmascarados y expulsados del movimiento obrero; por otro lado, con respecto a las masas, que, especialmente después de la matanza imperialista, están en su mayor parte inclinadas a escuchar y asimilar la doctrina de la necesidad de la dirección del proletariado como única salida de la esclavitud capitalista; a las masas hay que aprender a acercarse con particular paciencia y cuidado, para saber comprender las peculiaridades, los rasgos singulares de la psicología de cada capa, profesión, etc., de esta masa.

10. En particular, uno de los grupos o células de comunistas merece una atención y cuidado excepcionales por parte del partido, a saber: la fracción parlamentaria, es decir, el grupo de miembros del partido que son diputados en la institución representativa burguesa (ante todo, nacional, luego también local, municipal, etc.). Por un lado, precisamente esta tribuna tiene una importancia particular a los ojos de las capas más amplias de la masa trabajadora atrasada o imbuida de prejuicios pequeñoburgueses; por eso los comunistas deben obligatoriamente, precisamente desde esta tribuna, realizar el trabajo de propaganda, agitación, organización, explicación a las masas de por qué fue legítima en Rusia (y será legítima a su debido tiempo en cualquier país) la disolución del parlamento burgués por el congreso nacional de los soviets. Por otro lado, toda la historia de la democracia burguesa ha hecho de la tribuna parlamentaria, especialmente en los países avanzados, el campo principal o uno de los principales de fraudes inauditos, engaños financieros y políticos al pueblo, arribismo, hipocresía, opresión de los trabajadores. Por eso es plenamente legítimo el odio ardiente hacia los parlamentos por parte de los mejores representantes del proletariado revolucionario. Por eso, por parte de los partidos comunistas y de todos los partidos que se adhieren a la III Internacional —especialmente en aquellos casos en que estos partidos surgieron no por la escisión con los viejos partidos y la lucha prolongada y tenaz con ellos, sino por la transición (a menudo nominal) de los viejos partidos a una nueva posición— es necesaria una actitud excepcionalmente estricta hacia sus fracciones parlamentarias: completa subordinación de las mismas al control y a las indicaciones del Comité Central del partido; inclusión en su composición, preferentemente, de obreros revolucionarios; análisis muy atento, en la prensa del partido y en las reuniones del partido, de los discursos de los parlamentarios desde el punto de vista de su firmeza comunista; envío de diputados a la labor de agitación entre las masas, exclusión de estas fracciones de quienes manifiesten tendencias de la II Internacional, etc.

11. Una de las causas principales que dificultan el movimiento obrero revolucionario en los países capitalistas desarrollados consiste en que, gracias a las posesiones coloniales y a las superganancias del capital financiero, etc., el capital ha logrado destacar aquí una capa relativamente más amplia y estable de una pequeña minoría de la aristocracia obrera. Esta disfruta de mejores condiciones de salario y está más imbuida del espíritu de estrechez gremial, de prejuicios pequeñoburgueses e imperialistas. Esta es la auténtica «base» social de la II Internacional, de los reformistas y «centristas», y en el momento actual es quizás la principal base social de la burguesía. Ninguna preparación, ni siquiera previa, del proletariado para el derrocamiento de la burguesía es posible sin una lucha inmediata, sistemática, amplia, abierta contra esta capa, que, sin duda —como lo ha demostrado plenamente la experiencia—, aportará no pocos elementos para la guardia blanca burguesa después de la victoria del proletariado. Todos los partidos adheridos a la III Internacional deben realizar a toda costa la consigna: «más hondo en las masas», «más estrecho vínculo con las masas», entendiendo por masas el conjunto de los trabajadores y explotados por el capital, especialmente los menos organizados e ilustrados, los más oprimidos y menos accesibles a la organización.

El proletariado se vuelve revolucionario solo en la medida en que no se encierra en estrechos marcos gremiales, en que actúa en todas las manifestaciones y en todos los campos de la vida social como dirigente de toda la masa trabajadora y explotada, y la realización de su dictadura es imposible sin la disposición y la capacidad suyas para los mayores sacrificios en aras de la victoria sobre la burguesía. Un significado tanto de principio como práctico tiene en este aspecto la experiencia de Rusia, donde el proletariado no podría haber realizado su dictadura, no podría haberse ganado el reconocido respeto y la confianza de toda la masa trabajadora si no hubiera aportado la mayor cantidad de sacrificios y no hubiera pasado más hambre que todas las demás capas de esta masa en los momentos más difíciles del embate, la guerra, el bloqueo por parte de la burguesía mundial.

En particular, el apoyo multilateral y abnegado por parte del partido comunista y de todo el proletariado avanzado es especialmente necesario con respecto al amplio movimiento huelguístico, espontáneo, de masas, que solo él, bajo el yugo del capital, es capaz de despertar, remover, ilustrar y organizar realmente a las masas, educar en ellas la plena confianza en el papel dirigente del proletariado revolucionario. Sin tal preparación, ninguna dictadura del proletariado es posible, y las personas capaces de manifestarse públicamente contra las huelgas, como Kautsky en Alemania, Turati en Italia, son absolutamente intolerables en las filas de los partidos adheridos a la III Internacional. Esto se aplica aún más, por supuesto, a aquellos dirigentes sindicales y parlamentarios que a menudo traicionan a los obreros, enseñándoles mediante la experiencia de las huelgas el reformismo, y no la revolución (por ejemplo, en Inglaterra y Francia en los últimos años).

12. Para todos los países, incluso para los más libres, «legales» y «pacíficos» en el sentido de la menor agudización de la lucha de clases, ha madurado plenamente el período en que es absolutamente necesario para todo partido comunista la combinación sistemática del trabajo legal e ilegal, de la organización legal e ilegal. Pues en los países más ilustrados y libres, con el régimen burgués-democrático más «estable», los gobiernos recurren ya sistemáticamente, a pesar de sus declaraciones mentirosas e hipócritas, a la confección de listas secretas de comunistas, a las infinitas violaciones de su propia constitución para el apoyo semisecreto y secreto a los guardias blancos y el asesinato de comunistas en todos los países, a la preparación secreta de arrestos de comunistas, a la introducción de provocadores en el seno de los comunistas, etc., etc. Solo el pequeñoburgués más reaccionario, por muy bellas frases «democráticas» y pacifistas con que se cubra, puede negar este hecho o la conclusión obligada de él: la formación inmediata por todos los partidos comunistas legales de organizaciones ilegales para el trabajo ilegal sistemático y la preparación completa para el momento de la manifestación de las persecuciones burguesas. Especialmente necesario es el trabajo ilegal en el ejército, la flota, la policía, pues después de la gran matanza imperialista todos los gobiernos del mundo han llegado a temer al ejército popular, abierto a campesinos y obreros, y han pasado secretamente a todos los procedimientos posibles de selección de unidades militares escogidas especialmente entre la burguesía y provistas especialmente de una técnica particularmente perfeccionada.

Por otro lado, también es necesario, en todos los casos sin excepción, no limitarse al trabajo ilegal, sino realizar también el legal, superando para ello todas las dificultades, fundando órganos de prensa legales y organizaciones legales con los nombres más diversos y, en caso necesario, cambiándolos a menudo. Así actúan los partidos comunistas ilegales en Finlandia, Hungría, en parte en Alemania, en Polonia, en Letonia, etc. Así deben actuar los «Trabajadores Industriales del Mundo» (I.W.W.) en América, así deberán actuar todos los partidos comunistas hoy legales, si a los fiscales les place entablar persecuciones sobre la base de las resoluciones de los congresos de la Internacional Comunista, etc.

La necesidad absoluta de principio de la combinación del trabajo ilegal y legal está determinada no solo por todo el conjunto de peculiaridades del período actual, período de la víspera de la dictadura proletaria, sino también por la necesidad de demostrar a la burguesía que no hay ni puede haber campo y esfera de trabajo que los comunistas no hayan conquistado, y sobre todo porque en todas partes existen aún amplias capas del proletariado, y aún más de la masa trabajadora y explotada no proletaria, que confían aún en la legalidad burgués-democrática y cuya desilusión es para nosotros la tarea más importante.

13. En particular, el estado de la prensa obrera en los países capitalistas más avanzados muestra de manera especialmente evidente tanto toda la falsedad de la libertad y la igualdad bajo la democracia burguesa como la necesidad de la combinación sistemática del trabajo legal e ilegal. Tanto en la Alemania vencida como en la América vencedora, toda la fuerza del aparato estatal de la burguesía y todas las artimañas de sus reyes financieros se ponen en movimiento para arrebatar a los obreros su prensa: persecuciones judiciales, arrestos (o asesinato por sicarios) de redactores, prohibición del envío por correo, retirada del papel, etc., etc. Además, el material informativo necesario para un diario está en manos de las agencias telegráficas burguesas, y los anuncios, sin los cuales un gran periódico no se amortiza, están a «libre» disposición de los capitalistas. En resumen, la burguesía, mediante el engaño, la presión del capital y del estado burgués, arrebata al proletariado revolucionario su prensa.

Para combatir esto, los partidos comunistas deben crear un nuevo tipo de prensa periódica para su difusión masiva entre los obreros: en primer lugar, publicaciones legales que aprendan, sin llamarse comunistas y sin hablar de su pertenencia al partido, a utilizar la más mínima legalidad, como los bolcheviques bajo el zar después de 1905; en segundo lugar, hojas ilegales, aunque sean de volumen muy pequeño y se publiquen irregularmente, pero reimpresas en masa por los obreros en imprentas (secretamente o, si el movimiento se ha fortalecido, mediante la toma revolucionaria de imprentas) y que proporcionen al proletariado información libre y revolucionaria y consignas revolucionarias.

Sin la lucha revolucionaria de masas por la libertad de la prensa comunista, la preparación para la dictadura del proletariado es imposible.

**III. Corrección de la línea —y en parte también de la composición— de los partidos que se adhieren y desean adherirse a la Internacional Comunista**

14. El grado de preparación del proletariado de los países más importantes, desde el punto de vista de la economía mundial y de la política mundial, para la realización de su dictadura se caracteriza con la mayor objetividad y exactitud por el hecho de que los partidos más influyentes de la II Internacional: el Partido Socialista Francés, el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, el Partido Laborista Independiente de Inglaterra, el Partido Socialista Americano{81}, han salido de esa Internacional amarilla y han resuelto adherirse —los tres primeros condicionalmente, y el último incluso incondicionalmente— a la III Internacional. Esto demuestra que no solo la vanguardia, sino también la mayoría del proletariado revolucionario ha comenzado, convencida por todo el curso de los acontecimientos, a pasar a nuestro lado. Lo principal ahora es saber consumar este paso y afianzar sólida y organizativamente lo alcanzado, para poder, sin la menor vacilación, avanzar por toda la línea.

15. Toda la actividad de los partidos mencionados (a los que hay que añadir el Partido Socialista Suizo{82}, si son ciertas las noticias telegráficas sobre su resolución de adherirse a la III Internacional) demuestra —y cualquier publicación periódica de estos partidos lo confirma de manera evidente— que ella no es aún comunista, y a menudo va directamente en contra de los principios fundamentales de la III Internacional, a saber: el reconocimiento de la dictadura del proletariado y del poder soviético en lugar de la democracia burguesa.

Por lo tanto, el II Congreso de la Internacional Comunista debe resolver que no considera posible admitir inmediatamente a estos partidos; que confirma la respuesta que dio el Comité Ejecutivo de la III Internacional a los «independientes» alemanes; que confirma su disposición a entablar negociaciones con cualquier partido que salga de la II Internacional y desee acercarse a la III; que concede el derecho de voto consultivo a los delegados de tales partidos en todos sus congresos y conferencias; que establece las siguientes condiciones para la unificación completa de estos (y similares) partidos con la Internacional Comunista:

1. Publicación de todas las resoluciones de todos los congresos de la Internacional Comunista y de su Comité Ejecutivo en todas las publicaciones periódicas del partido;
2. Discusión de las mismas en reuniones especiales de todas las secciones u organizaciones locales del partido;
3. Convocatoria, después de tal discusión, de un congreso especial del partido para hacer balance y para
4. depuración del partido de los elementos que continúen actuando en el espíritu de la II Internacional.
5. Paso de todos los órganos periódicos del partido a manos de redacciones exclusivamente comunistas.

El II Congreso de la III Internacional debe encargar a su Comité Ejecutivo que admita formalmente en la III Internacional a los partidos mencionados y similares, después de haber verificado previamente que todas estas condiciones se han cumplido de hecho y que el carácter de la actividad del partido se ha vuelto comunista.

16. Sobre la cuestión de cuál debe ser la conducta de los comunistas que constituyen actualmente minoría en los puestos responsables de los partidos mencionados y similares, el II Congreso de la Internacional Comunista debe resolver que, en vista del evidente crecimiento de las simpatías más sinceras hacia el comunismo entre los obreros pertenecientes a estos partidos, la salida de los comunistas de los mismos no es deseable mientras sea posible dentro de ellos realizar un trabajo en el espíritu del reconocimiento de la dictadura del proletariado y del poder soviético y mientras sea posible la crítica de los oportunistas y centristas aún restantes en estos partidos.

Junto con esto, el II Congreso de la III Internacional debe pronunciarse por la adhesión de los grupos y organizaciones comunistas o simpatizantes del comunismo en Inglaterra al «Partido Laborista» (Labour Party), a pesar de que este forma parte de la II Internacional. Pues, mientras este partido conserve para las organizaciones que lo componen su actual libertad de crítica y libertad de actividad propagandística, de agitación y organizativa por la dictadura del proletariado y por el poder soviético, mientras este partido conserve su carácter de unión de todas las organizaciones profesionales de la clase obrera, los comunistas deben obligatoriamente dar todos los pasos y aceptar ciertos compromisos para tener la posibilidad de influir en las más amplias masas obreras, desenmascarar a sus dirigentes oportunistas desde una tribuna más elevada y visible para las masas, acelerar el paso del poder político de los representantes directos de la burguesía a los «lugartenientes obreros de la clase de los capitalistas» para la más rápida curación de las masas de sus últimas ilusiones al respecto.

17. Con respecto al Partido Socialista Italiano, el II Congreso de la III Internacional encuentra en lo fundamental correcta la crítica de este partido y las propuestas prácticas expuestas, como propuestas al Consejo Nacional del Partido Socialista Italiano, en nombre de la sección turinesa{83} de este partido en la revista «El Orden Nuevo» («L'Ordine Nuovo»){84} del 8 de mayo de 1920, y que corresponden plenamente a todos los principios fundamentales de la III Internacional.

Por lo tanto, el II Congreso de la III Internacional pide al Partido Socialista Italiano que convoque un congreso extraordinario del partido para discutir tanto estas propuestas como todas las resoluciones de ambos congresos de la Internacional Comunista, para corregir la línea del partido y para depurarlo, y especialmente a su fracción parlamentaria, de elementos no comunistas.

18. El II Congreso de la III Internacional reconoce como incorrectas las opiniones sobre las relaciones del partido con la clase y con la masa, sobre la no obligatoriedad de la participación de los partidos comunistas en los parlamentos burgueses y en los sindicatos más reaccionarios, que han sido refutadas detalladamente en resoluciones especiales del presente congreso, siendo defendidas con mayor amplitud por el «Partido Comunista Obrero de Alemania», así como parcialmente por el «Partido Comunista de Suiza»{85}, el órgano de la Secretaría de Europa Oriental de la Internacional Comunista «Comunismo» («Kommunismus») en Viena, actualmente disuelto, por la Secretaría de Ámsterdam y algunos camaradas holandeses, luego por algunas organizaciones comunistas en Inglaterra, por ejemplo, la «Federación Socialista Obrera», etc., así como por los «Trabajadores Industriales del Mundo» en América y el «Comité de Delegados de Fábrica y Taller» (Shop Stewards Committee) en Inglaterra, etc.

Sin embargo, el II Congreso de la III Internacional considera posible y deseable la adhesión inmediata a la Internacional Comunista de aquellas de estas organizaciones que aún no se han adherido oficialmente, pues en este caso, especialmente con respecto a los «Trabajadores Industriales del Mundo» en América y Australia, así como con respecto a los «Delegados de Fábrica y Taller» en Inglaterra, tenemos que ver con un movimiento profundamente proletario y de masas, que en su base se encuentra de hecho sobre el terreno de los principios fundamentales de la Internacional Comunista. En tales organizaciones, las opiniones erróneas sobre la participación en los parlamentos burgueses se explican no tanto por el papel de los salidos de la burguesía, que aportan sus opiniones, en esencia pequeñoburguesas, como lo son a menudo las opiniones de los anarquistas, sino por la inexperiencia política de proletarios completamente revolucionarios y ligados a la masa.

El II Congreso de la III Internacional pide, por tanto, a todas las organizaciones y grupos comunistas en los países anglosajones que lleven a cabo, incluso en el caso de que no se produzca la adhesión inmediata a la III Internacional de los «Trabajadores Industriales del Mundo» y de los «Delegados de Fábrica y Taller», una política de relaciones lo más amistosas posible con estas organizaciones, de acercamiento a ellas y a la masa simpatizante con ellas, de explicación amistosa a las mismas, desde el punto de vista de la experiencia de todas las revoluciones y de las tres revoluciones rusas en el siglo XX en particular, de la incorrección de sus opiniones señaladas más arriba, y no renunciar a repetidos intentos de fusión con estas organizaciones en un partido comunista único.

19. El Congreso llama, en relación con esto, la atención de todos los camaradas, especialmente en los países románicos y anglosajones, sobre el hecho de que entre los anarquistas, después de la guerra, se produce en todo el mundo una profunda división ideológica sobre la cuestión de la actitud hacia la dictadura del proletariado y el poder soviético. Al mismo tiempo, precisamente entre los elementos proletarios, a los que a menudo empujaba hacia el anarquismo un odio completamente legítimo al oportunismo y al reformismo de los partidos de la II Internacional, se nota particularmente una comprensión correcta de estos principios, y tanto más extendida cuanto más estrecho es su conocimiento de la experiencia de Rusia, Finlandia, Hungría, Letonia, Polonia, Alemania.

El Congreso considera, por tanto, deber de todos los camaradas apoyar por todos los medios el paso de todos los elementos proletarios de masas del anarquismo al lado de la III Internacional. El Congreso señala que el éxito del trabajo de los partidos realmente comunistas debe medirse, entre otras cosas, por cuánto hayan logrado atraer a su lado a todos los elementos proletarios de masas, no intelectuales, no pequeñoburgueses, del anarquismo.

4 de julio de 1920.