El camarada Marchlewski, en su artículo{79}, ha desarrollado de manera excelente las razones por las cuales la Segunda Internacional, hoy convertida en amarilla, no solo no pudo determinar la táctica del proletariado revolucionario en la cuestión agraria, sino que ni siquiera pudo plantear correctamente dicha cuestión. Asimismo, el camarada Marchlewski ha sentado las bases teóricas del programa agrario comunista de la III Internacional.

Sobre estas bases, puede (y, me parece, debe) elaborarse una resolución general sobre la cuestión agraria para el próximo congreso de la Internacional Comunista, que tendrá lugar el 15 de julio de 1920.

Lo que sigue es un esbozo inicial de dicha resolución.

1.  Solo el proletariado urbano e industrial, dirigido por el partido comunista, puede liberar a las masas trabajadoras del campo del yugo del capital y de la gran propiedad terrateniente, de la devastación y de las guerras imperialistas, inevitables una y otra vez mientras se mantenga el régimen capitalista. Para las masas trabajadoras del campo no hay salvación posible fuera de la alianza con el proletariado comunista, fuera del apoyo sin reservas a su lucha revolucionaria por derrocar el yugo de los terratenientes (grandes propietarios de tierras) y de la burguesía.

Por otra parte, los obreros industriales no pueden cumplir su misión histórico-universal de liberar a la humanidad del yugo del capital y de las guerras si se encierran en intereses estrechos de oficio o de gremio y se limitan satisfechos a preocuparse por mejorar su situación, a veces tolerablemente pequeñoburguesa. Así ocurre en muchos países avanzados con la "aristocracia obrera", que constituye la base de los partidos pretendidamente socialistas de la II Internacional, representando en realidad a los peores enemigos del socialismo, a sus traidores, a chovinistas pequeñoburgueses, a agentes de la burguesía dentro del movimiento obrero. El proletariado solo es una clase verdaderamente revolucionaria y actúa de manera verdaderamente socialista si se presenta y actúa como la vanguardia de todos los trabajadores y explotados, como su dirigente en la lucha por derrocar a los explotadores; y esto es irrealizable sin llevar la lucha de clases al campo, sin unir a las masas trabajadoras del campo en torno al partido comunista del proletariado urbano, sin la educación de las primeras por el segundo.

2.  Las masas trabajadoras y explotadas del campo, que el proletariado urbano debe conducir a la lucha o, en todo caso, atraer a su lado, están representadas en todos los países capitalistas por las siguientes clases:

En primer lugar, el proletariado agrícola, los obreros asalariados (anuales, temporeros, jornaleros), que se ganan la vida trabajando por cuenta ajena en empresas agrícolas capitalistas. La organización independiente y separada de otros grupos de la población rural de esta clase (tanto política, como militar, profesional, cooperativa, cultural-educativa, etc.), la intensificación de la propaganda y la agitación entre ellos, su atracción al lado del poder soviético y de la dictadura del proletariado, constituye la tarea fundamental de los partidos comunistas en todos los países.

En segundo lugar, los semiproletarios o campesinos parcelarios, es decir, aquellos que se ganan la vida en parte mediante trabajo asalariado en empresas agrícolas e industriales capitalistas, y en parte trabajando en su propio pedazo de tierra o en uno arrendado, que les proporciona solo una parte de los productos alimenticios para su familia. Este grupo de la población trabajadora rural es muy numeroso en todos los países capitalistas; su existencia y su situación particular son encubiertas por los representantes de la burguesía y por los "socialistas" amarillos pertenecientes a la II Internacional, en parte engañando conscientemente a los obreros, en parte dejándose ciegamente llevar por la rutina de las concepciones filisteas, confundiéndolo con la masa general del "campesinado". Este procedimiento de embrutecimiento burgués de los obreros se observa sobre todo en Alemania y Francia, y luego en América y otros países. Si el trabajo del partido comunista se organiza correctamente, este grupo se convertirá en su segura partidaria, pues la situación de estos semiproletarios es muy difícil y las ventajas que obtendrían del poder soviético y de la dictadura del proletariado son enormes e inmediatas.

En tercer lugar, el pequeño campesinado, es decir, los pequeños agricultores que poseen, en propiedad o en arriendo, parcelas de tierra tan reducidas que, cubriendo las necesidades de su familia y de su explotación, no recurren al empleo de fuerza de trabajo ajena. Esta capa, como capa, gana indudablemente con la victoria del proletariado, que le proporciona inmediata y totalmente: (a) la liberación del pago de la renta de la tierra o de la parte del producto por aparcería (por ejemplo, *métayers*, aparceros, en Francia, también en Italia, etc.) a los grandes terratenientes; (b) la liberación de las deudas hipotecarias; (c) la liberación de las múltiples formas de opresión y dependencia respecto a los grandes terratenientes (tierras forestales y su uso, etc.); (d) la ayuda inmediata para su explotación por parte del poder estatal proletario (accesibilidad al uso de instrumentos agrícolas y parte de las construcciones de las grandes explotaciones capitalistas expropiadas por el proletariado, transformación inmediata por el poder estatal proletario de las cooperativas rurales y asociaciones agrícolas, de organizaciones que bajo el capitalismo servían sobre todo a los campesinos ricos y medios, en organizaciones que presten ayuda en primer lugar a los pobres, es decir, a los proletarios, semiproletarios y pequeños campesinos, etc.) y muchas más.

Al mismo tiempo, el partido comunista debe ser claramente consciente de que, durante el período de transición del capitalismo al comunismo, es decir, durante la dictadura del proletariado, son inevitables en esta capa, al menos en parte, vacilaciones hacia la libertad de comercio sin restricciones y la libertad de uso de los derechos de propiedad privada, pues esta capa, siendo ya (aunque en pequeña medida) vendedora de artículos de consumo, está corrompida por la especulación y los hábitos propietarios. Sin embargo, con una política proletaria firme, con una represión completamente decidida por parte del proletariado victorioso contra los grandes terratenientes y los campesinos ricos, las vacilaciones de esta capa no pueden ser significativas y no pueden alterar el hecho de que, en general y en su conjunto, estará del lado de la revolución proletaria.

3.  En conjunto, los tres grupos mencionados de la población rural constituyen en todos los países capitalistas la mayoría de la misma. Por lo tanto, el éxito de la revolución proletaria, no solo en las ciudades sino también en el campo, está plenamente asegurado. La opinión contraria está muy extendida, pero se mantiene solo, en primer lugar, por el engaño sistemático de la ciencia y la estadística burguesas, que por todos los medios encubren el profundo abismo entre las clases indicadas en el campo y los explotadores, terratenientes y capitalistas, así como entre los semiproletarios y los pequeños campesinos, por un lado, y los campesinos ricos, por otro; en segundo lugar, se mantiene debido a la incapacidad y falta de voluntad de los héroes de la Internacional amarilla, la Segunda, y de la "aristocracia obrera" de los países avanzados, corrompida por los privilegios imperialistas, para llevar a cabo un trabajo verdaderamente proletario-revolucionario de propaganda, agitación y organización entre el campesinado pobre; toda la atención de los oportunistas se ha dirigido y se dirige a inventar una reconciliación teórica y práctica con la burguesía, incluso con el campesinado rico y medio (sobre ellos véase más abajo), y no al derrocamiento revolucionario del gobierno burgués y de la burguesía por el proletariado; en tercer lugar, se mantiene debido a la obstinada incomprensión, que ya tiene la fuerza de un prejuicio (vinculado a todos los prejuicios burgueses-democráticos y parlamentarios), de la verdad que está plenamente demostrada teóricamente por el marxismo y plenamente confirmada por la experiencia de la revolución proletaria en Rusia, a saber: que la población rural de las tres categorías mencionadas, increíblemente oprimida, atomizada, aplastada, condenada en todos los países, incluso los más avanzados, a condiciones de vida semibárbaras, estando económica, social y culturalmente interesada en la victoria del socialismo, solo es capaz de apoyar decididamente al proletariado revolucionario después de que este conquiste el poder político, después de que liquide decididamente a los grandes terratenientes y capitalistas, solo después de que estas personas aplastadas vean en la práctica que tienen un dirigente y defensor organizado, lo suficientemente poderoso y firme para la ayuda y la dirección, para señalar el camino seguro.

4.  Por "campesinado medio", en sentido económico, debe entenderse los pequeños agricultores que poseen, en propiedad o en arriendo, también pequeñas parcelas de tierra, pero que, sin embargo, son tales que, en primer lugar, bajo el capitalismo, por regla general, no solo proporcionan un magro sustento para la familia y la explotación, sino también la posibilidad de obtener un cierto excedente, capaz, al menos en los años buenos, de convertirse en capital, y que, en segundo lugar, recurren con bastante frecuencia (por ejemplo, en una de cada dos o tres explotaciones) al empleo de fuerza de trabajo ajena. Un ejemplo concreto de campesinado medio en un país capitalista avanzado puede ser, en Alemania, según el censo de 1907, el grupo con explotaciones de 5 a 10 hectáreas, en el que el número de obreros agrícolas asalariados contratados asciende aproximadamente a un tercio del número total de explotaciones de este grupo[19]. En Francia, donde están más desarrollados los cultivos especiales, por ejemplo, la viticultura, que requieren una aplicación especialmente grande de trabajo a la tierra, el grupo correspondiente probablemente usa fuerza de trabajo asalariada ajena en una escala aún algo mayor.

El proletariado revolucionario no puede proponerse como tarea –al menos para el futuro inmediato y para el comienzo del período de la dictadura del proletariado– atraer a esta capa a su lado, sino que debe limitarse a la tarea de neutralizarla, es decir, hacerla neutral en la lucha entre el proletariado y la burguesía. Las vacilaciones de esta capa entre una y otra fuerza son inevitables, y al comienzo de la nueva época, su tendencia predominante, en los países capitalistas desarrollados, será favorable a la burguesía. Pues aquí predominan la cosmovisión y los sentimientos de los propietarios; el interés por la especulación, por la "libertad" de comercio y de propiedad, es directo; el antagonismo hacia los obreros asalariados es inmediato. El proletariado victorioso le proporcionará una mejora inmediata de su situación, suprimiendo la renta de la tierra y las hipotecas. El poder proletario no debe proceder en absoluto a la abolición inmediata y total de la propiedad privada en la mayoría de los estados capitalistas, y en todo caso garantiza tanto al pequeño como al campesinado medio no solo la conservación de sus parcelas de tierra, sino también su aumento con toda la superficie que suelen arrendar (abolición de la renta de la tierra).

La combinación de medidas de este tipo con la lucha implacable contra la burguesía garantiza plenamente el éxito de la política de neutralización. El poder estatal proletario debe llevar a cabo la transición a la agricultura colectiva solo con una enorme cautela y gradualidad, mediante la fuerza del ejemplo, sin ninguna violencia contra el campesinado medio.

5.  El campesinado rico (*Großbauern*) está constituido por los empresarios capitalistas en la agricultura, que explotan, por regla general, con varios obreros asalariados, vinculados al "campesinado" solo por el bajo nivel cultural, el modo de vida y el trabajo físico personal en su propia explotación. Esta es la más numerosa de las capas burguesas, que son enemigas directas y decididas del proletariado revolucionario. La lucha contra esta capa, la liberación de la mayoría trabajadora y explotada de la población rural de la influencia ideológica y política de estos explotadores, etc., debe ser el centro de atención en todo el trabajo de los partidos comunistas en el campo.

Después de la victoria del proletariado en las ciudades, son completamente inevitables por parte de esta capa todo tipo de manifestaciones de resistencia, sabotaje y acciones armadas directas de carácter contrarrevolucionario. Por lo tanto, el proletariado revolucionario debe comenzar inmediatamente la preparación ideológica y organizativa de las fuerzas necesarias para desarmar totalmente a esta capa y, junto con el derrocamiento de los capitalistas en la industria, asestarle, ante la primera manifestación de resistencia, el golpe más decidido, despiadado y aniquilador, armando para ello al proletariado rural y organizando en el campo los Soviets, en los que no puede haber lugar para los explotadores, y donde debe asegurarse el predominio de los proletarios y semiproletarios.

Sin embargo, la expropiación incluso de los campesinos ricos no puede ser de ningún modo una tarea inmediata del proletariado victorioso, pues para la socialización de tales explotaciones no existen aún las condiciones materiales, en particular técnicas, y luego sociales. En casos particulares, probablemente excepcionales, serán confiscadas aquellas partes de sus parcelas de tierra que se arriendan en pequeña parcela o que son especialmente necesarias para la población circundante de pequeños campesinos; a estos últimos también se les debe garantizar el uso gratuito, bajo ciertas condiciones, de una parte de la maquinaria agrícola del campesino rico, etc. Por regla general, el poder estatal proletario debe conservar las tierras de los campesinos ricos, confiscándolas solo en caso de resistencia al poder de los trabajadores y explotados. La experiencia de la revolución proletaria rusa, en la que la lucha contra el campesinado rico se complicó y prolongó debido a una serie de condiciones especiales, mostró, sin embargo, que, tras recibir una buena lección ante el más mínimo intento de resistencia, esta capa es capaz de cumplir lealmente las tareas del estado proletario y comienza incluso a impregnarse, aunque con extrema lentitud, de respeto por el poder que protege a todo trabajador y es despiadado con los parásitos ricos.

Las condiciones especiales que complicaron y retrasaron la lucha del proletariado victorioso sobre la burguesía contra el campesinado rico en Rusia se reducen principalmente a que la revolución rusa, después del golpe del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, atravesó la etapa de la lucha "democrática general", es decir, en esencia burgueso-democrática, de todo el campesinado en su conjunto contra los terratenientes; luego, a la debilidad cultural y numérica del proletariado urbano; finalmente, a las enormes distancias y los pésimos medios de comunicación. En la medida en que en los países avanzados no existen estas condiciones retardatarias, el proletariado revolucionario de Europa y América debe preparar más enérgicamente y completar mucho más rápida, decidida y exitosamente la victoria total sobre la resistencia del campesinado rico, arrebatándole por completo la más mínima posibilidad de resistencia. Esto es imperiosamente necesario, pues hasta esta victoria total y absoluta, las masas de proletarios rurales, semiproletarios y pequeños campesinos no están en condiciones de reconocer como plenamente estable el poder estatal proletario.

6.  El proletariado revolucionario debe someter a confiscación inmediata e incondicional todas las tierras de los terratenientes, de los grandes propietarios de tierras, es decir, de aquellas personas que, en los países capitalistas, recurren, directamente o a través de sus arrendatarios (*farmers*), a la explotación sistemática de la fuerza de trabajo asalariada y del campesinado pequeño circundante (y en parte, a menudo, también del medio), no participan en ningún trabajo físico, pertenecen en su mayoría a los descendientes de los feudales (nobles en Rusia, Alemania, Hungría; señores restaurados en Francia; lores en Inglaterra; antiguos esclavistas en América) o a magnates financieros especialmente enriquecidos, o a una mezcla de ambas categorías de explotadores y parásitos.

No es admisible de ningún modo, en las filas de los partidos comunistas, la propaganda o la realización de una indemnización a los grandes terratenientes por las tierras expropiadas, pues en las condiciones actuales de Europa y América esto significaría una traición al socialismo y la imposición de un nuevo tributo a las masas trabajadoras y explotadas, que son las que más han sufrido por la guerra, la cual ha multiplicado el número de millonarios y los ha enriquecido.

En cuanto a la cuestión del modo de gestión de la tierra confiscada por el proletariado victorioso a los grandes terratenientes, en Rusia, debido a su atraso económico, predominó el reparto de estas tierras para uso del campesinado, y solo fue una excepción relativamente rara la conservación de las llamadas "explotaciones soviéticas", que el estado proletario gestiona por su cuenta, transformando a los antiguos obreros asalariados en trabajadores por encargo del estado y en miembros de los Soviets que gobiernan el Estado. Para los países capitalistas avanzados, la Internacional Comunista reconoce como correcto el mantenimiento preferente de las grandes empresas agrícolas y su gestión según el tipo de las "explotaciones soviéticas" en Rusia.

Sin embargo, sería el mayor error exagerar o estandarizar esta regla y no permitir nunca la transferencia gratuita de partes de las tierras de los expropiadores expropiados al campesinado pequeño circundante, y a veces incluso al medio.

En primer lugar, la objeción habitual contra esto, consistente en señalar la superioridad técnica de la gran agricultura, se reduce a menudo a sustituir una verdad teórica indiscutible por el peor oportunismo y la traición a la revolución. Por el éxito de esta revolución, el proletariado no tiene derecho a detenerse ante una disminución temporal de la producción, como no se detuvieron los enemigos burgueses de la esclavitud en América del Norte ante la disminución temporal de la producción de algodón debido a la guerra civil de 1863-1865. Para el burgués es importante la producción por la producción; para la población trabajadora y explotada, lo más importante es el derrocamiento de los explotadores y la garantía de las condiciones que permitan a los trabajadores trabajar para sí mismos y no para el capitalista. Asegurar la victoria proletaria y su estabilidad es la primera y fundamental tarea del proletariado. Y la estabilidad del poder proletario no puede existir sin la neutralización del campesinado medio y la garantía del apoyo de una parte muy considerable, si no de todo, el pequeño campesinado.

En segundo lugar, no solo el aumento, sino incluso la conservación de la gran producción en la agricultura presupone un proletario rural completamente desarrollado, revolucionariamente consciente, que haya pasado por una sólida escuela de organización profesional y política. Donde aún no existe esta condición o donde no hay posibilidad de encargar el asunto a obreros industriales conscientes y competentes, allí los intentos de una transición prematura a la gestión estatal de las grandes explotaciones pueden solo comprometer al poder proletario; allí es obligatoria la máxima cautela y la más sólida preparación al crear "explotaciones soviéticas".

En tercer lugar, en todos los países capitalistas, incluso en los más avanzados, se conservan aún restos de la explotación medieval, semiseñorial, de los pequeños campesinos circundantes por los grandes terratenientes, por ejemplo, los *Instleute* en Alemania, los *métayers* en Francia, los aparceros-arrendatarios en los Estados Unidos (no solo negros, que en su mayoría son explotados precisamente de este modo en el sur de los Estados Unidos, sino a veces también blancos). En casos semejantes, es obligatorio por parte del estado proletario transferir las tierras arrendadas por los pequeños campesinos al uso gratuito de los antiguos arrendatarios, pues no existe otra base económica y técnica y no se puede crear de inmediato.

El inventario de las grandes explotaciones debe ser obligatoriamente confiscado y convertido en propiedad de todo el estado, con la condición indispensable de que, después de garantizar con este inventario las grandes explotaciones estatales, los pequeños campesinos circundantes puedan usarlo gratuitamente, observando las condiciones elaboradas por el estado proletario.

Si en el primer momento después de la revolución proletaria es absolutamente necesaria no solo la confiscación inmediata de las propiedades de los grandes terratenientes, sino también su expulsión total o su internamiento, como dirigentes de la contrarrevolución y opresores despiadados de toda la población rural, entonces, a medida que se consolide el poder proletario no solo en la ciudad sino también en el campo, es obligatorio esforzarse sistemáticamente para que las fuerzas existentes en esta clase, que poseen valiosa experiencia, conocimientos y capacidades organizativas, sean utilizadas (bajo el control especial de los comunistas obreros más fiables) para la creación de la gran agricultura socialista.

7.  La victoria del socialismo sobre el capitalismo, la consolidación del socialismo, pueden considerarse aseguradas solo cuando el poder estatal proletario, después de haber reprimido definitivamente toda resistencia de los explotadores y haberse asegurado una estabilidad perfecta y una sumisión completa, reorganice toda la industria sobre la base de la gran producción colectiva y de la base técnica más moderna (basada en la electrificación de toda la economía). Solo esto dará la posibilidad de una ayuda tan radical, técnica y social, prestada por la ciudad al campo atrasado y disperso, que esta ayuda cree la base material para un enorme aumento de la productividad del trabajo agrícola y, en general, del trabajo rural, induciendo así a los pequeños agricultores, por la fuerza del ejemplo y en su propio interés, a pasar a la gran agricultura colectiva y mecanizada. Esta verdad teórica indiscutible, nominalmente reconocida por todos los socialistas, es deformada en la práctica por el oportunismo que domina tanto en la Internacional amarilla, la Segunda, como entre los dirigentes de los "independientes" alemanes e ingleses, así como de los longuetistas franceses, etc. La deformación consiste en que la atención se traslada a un futuro relativamente lejano, hermoso y rosado, desviando la atención de las tareas inmediatas de la difícil transición concreta y del acercamiento a ese futuro. En la práctica, esto se reduce a la predicación de la conciliación con la burguesía y de la "paz social", es decir, a la traición completa al proletariado, que lucha ahora en condiciones de una devastación y un empobrecimiento inauditos, creados en todas partes por la guerra, en condiciones de un enriquecimiento y un descaro inauditos de un puñado de millonarios precisamente gracias a la guerra.

Precisamente en el campo, la posibilidad real de una lucha exitosa por el socialismo exige, en primer lugar, que todos los partidos comunistas eduquen en el proletariado industrial la conciencia de la necesidad del sacrificio por su parte y la disposición a realizar sacrificios para derrocar a la burguesía y consolidar el poder proletario, pues la dictadura del proletariado significa tanto la capacidad del proletariado para organizar y conducir tras de sí a todas las masas trabajadoras y explotadas, como la capacidad de la vanguardia de realizar los máximos sacrificios y heroísmo para este fin; en segundo lugar, para el éxito se requiere que la masa trabajadora y más explotada del campo obtenga de la victoria de los obreros una mejora inmediata y sustancial de su situación a costa de los explotadores, pues sin esto no está asegurado el apoyo del campo al proletariado industrial, y, en particular, no podrá asegurar de otro modo el abastecimiento de las ciudades con productos alimenticios.

8.  La enorme dificultad de organizar y educar para la lucha revolucionaria a las masas trabajadoras agrícolas, colocadas por el capitalismo en condiciones de particular opresión, dispersión y, a menudo, dependencia semimedieval, exige de los partidos comunistas una atención especial a la lucha huelguística en el campo, un apoyo intensificado y un desarrollo integral de las huelgas de masas de los proletarios y semiproletarios agrícolas. La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917, confirmada y ampliada ahora por la experiencia de Alemania y otros países avanzados, muestra que solo la lucha huelguística de masas en desarrollo (en la cual, bajo ciertas condiciones, pueden y deben ser involucrados en el campo también los pequeños campesinos) es capaz de romper el sopor campesino, despertar la conciencia de clase y la conciencia de la necesidad de la organización de clase en las masas explotadas del campo, mostrarles de manera clara y práctica la importancia de su alianza con los obreros urbanos.

El Congreso de la Internacional Comunista estigmatiza como traidores y renegados a aquellos socialistas –existentes, por desgracia, no solo en la Internacional amarilla, la Segunda, sino también entre los tres partidos particularmente importantes en Europa que salieron de esta Internacional– que son capaces no solo de ser indiferentes ante la lucha huelguística en el campo, sino también de manifestarse contra ella (como K. Kautsky) desde el punto de vista del peligro de disminución de la producción de artículos de consumo. Ningún programa ni declaración solemne tiene ningún valor si no existe el hecho probado en la práctica, con hechos, de que los comunistas y los dirigentes obreros saben poner por encima de todo el desarrollo de la revolución del proletariado y su victoria, saben realizar los más pesados sacrificios por ella, pues de otro modo no hay salida ni salvación del hambre, la devastación y las nuevas guerras imperialistas.

En particular, es necesario señalar que los dirigentes del viejo socialismo y los representantes de la "aristocracia obrera", que ahora a menudo hacen concesiones verbales al comunismo o incluso pasan nominalmente a su lado para conservar su prestigio entre las masas obreras que se revolucionan rápidamente, deben ser probados en su lealtad a la causa del proletariado y en su capacidad para ocupar puestos de responsabilidad precisamente en aquel trabajo donde el desarrollo de la conciencia revolucionaria y de la lucha revolucionaria es más agudo, donde la resistencia de los terratenientes y la burguesía (campesinos ricos, kulaks) es más encarnizada, donde la diferencia entre el socialista conciliador y el comunista revolucionario se manifiesta más claramente.

9.  Los partidos comunistas deben hacer todos los esfuerzos para pasar lo más rápidamente posible a la fundación en las aldeas de Soviets de diputados, en primer lugar, de los obreros asalariados y semiproletarios. Solo estando vinculados con la lucha huelguística de masas y con la clase más oprimida, los Soviets están en condiciones de cumplir su cometido y consolidarse lo suficiente como para someter a su influencia (y luego incluir en su seno) a los pequeños campesinos. Si la lucha huelguística aún no está desarrollada y la capacidad de organización del proletariado agrícola es débil, tanto debido a la gravedad de la opresión de los terratenientes y los campesinos ricos, como debido a la falta de apoyo por parte de los obreros industriales y sus sindicatos, entonces la formación de soviets en el campo requiere una larga preparación mediante la creación, aunque sea de pequeños núcleos comunistas, una agitación intensificada que exponga las demandas del comunismo de la manera más popular, explicándolas con el ejemplo de manifestaciones destacadas de explotación y opresión, la organización de viajes sistemáticos de obreros industriales al campo, etc.