Sin esperar nuestras preguntas, Lenin comenzó a hablar por sí mismo. Refiriéndose a las relaciones ruso-japonesas, Lenin expresó su profundo pesar por la posición de Japón, que no muestra disposición a salir al encuentro de los pasos pacíficos del gobierno obrero-campesino de Rusia. «El gobierno obrero-campesino —señaló—, precisamente porque se atiene a principios pacíficos, ha accedido al reconocimiento del estado tapón en el Lejano Oriente{60}».

Pasando a otros temas, Lenin formuló una tras otra una serie de preguntas: «1. ¿Constituyen los terratenientes en Japón la clase dominante? 2. ¿Pueden los campesinos japoneses poseer libremente la tierra? 3. ¿Vive el pueblo japonés principalmente de los recursos internos del país o importa Japón una gran cantidad de mercancías del extranjero?».

De este modo, Lenin nos dio a entender claramente que la vida del pueblo japonés le interesaba profundamente.

Luego Lenin formuló esta interesante pregunta: «He leído en un libro que en Japón los padres no golpean a sus hijos. ¿Es así?». Respondimos: «Excepciones, por supuesto, las hay, pero, por regla general, entre nosotros no se golpea a los niños». Él señaló con gran satisfacción que uno de los principios del gobierno obrero-campesino consiste también en la abolición del castigo corporal a los niños.

Nosotros formulamos varias preguntas sobre la revolución en Rusia y sobre las perspectivas de su desarrollo.

Exponiendo brevemente la historia del movimiento revolucionario ruso, Lenin dijo: «Antes de la revolución, la clase obrera y el campesinado de Rusia sufrían una opresión sin precedentes en la historia. Como resultado de esa opresión, el espíritu de protesta de las masas populares se intensificaba cada vez más y condujo a la explosión revolucionaria. Precisamente ahí radica la causa de que, a pesar de la organización comparativamente débil de las capas inferiores de la población de Rusia y a pesar del bajo nivel de alfabetización en comparación con otros países, el movimiento revolucionario no pudiera ser sofocado. Hoy la clase obrera y el campesinado de Rusia tienen una experiencia de más de dos años de revolución y han pasado por una magnífica escuela de aprendizaje político y social. La experiencia acumulada durante estos dos años y medio puede compararse plenamente con un desarrollo de siglos».

Después preguntamos: «La república obrero-campesina se negó por principio a pagar las deudas de los empréstitos del gobierno zarista, sin embargo prometió, tras la conclusión de la paz con Estonia, pagarle una gran suma en oro. ¿Cómo se explica esto?».

Lenin sonrió ampliamente y respondió: «Estonia se comporta benévolamente hacia el estado obrero-campesino, y el gobierno obrero-campesino, en respuesta a esta benevolencia, prometió pagarle en oro». Luego dijo: «Es muy difícil tratar con las clases poseedoras. Los representantes de las clases poseedoras, por su propia naturaleza, solo piensan en satisfacer su codicia de dinero. Tomemos, por ejemplo, a América. América propuso a nuestro estado obrero-campesino concertar la paz. Pero si se estudia atentamente esa propuesta, resulta que tiene de principio a fin un carácter de rapiña. Esto es inaceptable para nosotros. Por eso nos negamos por principio a firmar semejante tratado de paz. Claro está, no queremos que en el extranjero nos miren como a un estado débil. Hay razones para pensar que cuanto más tiempo se nieguen los países de la Entente a reconocer al estado obrero-campesino e intenten llevar a cabo una intervención militar en Rusia, tanto más ventajoso será esto en última instancia para nosotros.

Grandes perspectivas se abren ante la industria de Rusia. Tomemos, por ejemplo, aunque solo sea la energía. Si se desarrolla hasta un alto nivel, podremos electrificar todas las ramas de la economía. Las posibilidades creadoras del comunismo darán pronto un gran efecto en la solución de todos estos problemas y se dará un paso gigantesco hacia adelante, comparable al progreso que se realiza durante muchas décadas».

Transmitido por telégrafo el 6 de junio de 1920.

Impreso en japonés el 13 de junio de 1920 en el periódico «Osaka Asahi» nº 13814, el 15 de junio de 1920 en el periódico «Tokio Asahi» nº 12211 y en inglés el 7 de agosto de 1920 en la revista «Soviet Russia» nº 6.

En ruso (traducción del inglés) impreso por primera vez el 16 de abril de 1963 en el periódico «Izvestia» nº 91.

Se publica según el texto del periódico «Osaka Asahi». Traducción del japonés.