¡Camaradas! Ante todo, permítanme agradecerles que nos hayan enviado su delegación para conocer la Rusia Soviética. Cuando su delegación me propuso enviar a través de ella una carta a los trabajadores ingleses y, quizás, también una propuesta al gobierno inglés, respondí que aceptaba con gratitud la primera propuesta, pero que debía dirigirme al gobierno no a través de una delegación obrera, sino directamente en nombre de nuestro gobierno, por medio del camarada Chicherin. Nos hemos dirigido así muchas, muchísimas veces al gobierno inglés, con la propuesta más formal y solemne de iniciar negociaciones de paz. Todas nuestras propuestas las siguen haciendo continuamente todos nuestros representantes: tanto el camarada Litvínov como el camarada Krasin y todos los demás. El gobierno inglés rechaza obstinadamente nuestras propuestas. No es extraño, por tanto, que con los delegados de los trabajadores ingleses deseara hablar exclusivamente como con delegados de los trabajadores, y no como representante del gobierno de la Rusia Soviética, sino simplemente como comunista.

No me sorprendió que varios miembros de su delegación no estuvieran en el punto de vista de la clase obrera, sino en el punto de vista de la burguesía, de la clase de los explotadores, pues en todos los países capitalistas la guerra imperialista ha puesto de manifiesto un viejo absceso: precisamente el tránsito de la mayoría de los dirigentes parlamentarios y tradeunionistas de los trabajadores al lado de la burguesía. Bajo el falso pretexto de la "defensa de la patria" defendían en realidad los intereses rapaces de uno de los dos grupos de bandidos mundiales, el anglo-americano-francés o el alemán; se aliaban con la burguesía contra la lucha revolucionaria del proletariado; encubrían esta traición con frases sentimentales pequeñoburguesas, reformistas y pacifistas sobre la evolución pacífica, sobre los métodos constitucionales, sobre la democracia, etc. Así ocurría en todos los países; no es extraño que el mismo fenómeno en Inglaterra se reflejara también en la composición de su delegación.

Los miembros de su delegación, Shaw y Guest, me preguntaban, visiblemente sorprendidos y ofendidos por mi declaración de que Inglaterra, a despecho de nuestras propuestas de paz, a despecho de las declaraciones de su gobierno, continúa la intervención, hace la guerra contra nosotros, ayuda a Wrangel en Crimea y a la Polonia contrarrevolucionaria de los guardias blancos; me preguntaban si tengo pruebas de ello, si puedo indicar cuántos trenes con pertrechos militares ha enviado Inglaterra a Polonia, etc. Respondí que para obtener los tratados secretos del gobierno inglés es necesario derrocarlo revolucionariamente y apoderarse de todos los documentos de su política exterior, como hicimos nosotros en 1917. Todo hombre instruido, todo el que se interesa sinceramente por la política, sabía antes de nuestra revolución que el zar tenía tratados secretos con los gobiernos bandidescos de Inglaterra, Francia, América, Italia, Japón, sobre el reparto del botín, sobre Constantinopla, Galitzia, Armenia, Siria, Mesopotamia, etc. Solo los embusteros y los hipócritas (sin contar, naturalmente, a las gentes completamente ignorantes, atrasadas, analfabetas) podían negar esto o fingir que no lo sabían. Pero sin la revolución jamás podríamos haber obtenido los documentos secretos de los gobiernos bandidescos de la clase capitalista. Aquellos dirigentes o representantes del proletariado inglés —sean parlamentarios, tradeunionistas, periodistas u otros— que fingen no saber de la existencia de los tratados secretos de Inglaterra, Francia, América, Italia, Japón, Polonia, sobre el saqueo de otros países, sobre el reparto del botín, y que no libran una lucha revolucionaria para desenmascarar tales tratados, solo demuestran con ello, una vez más, que son fieles servidores de los capitalistas. Esto lo sabemos desde hace tiempo; lo desenmascaramos tanto en nuestro país como en todos los países del mundo. La visita a Rusia de la delegación de los trabajadores ingleses acelerará el desenmascaramiento de tales dirigentes también en Inglaterra.

Conversé con su delegación el miércoles 26 de mayo. Y al día siguiente llegaron telegramas de que Bonar Law había reconocido en el parlamento inglés la ayuda militar a Polonia en octubre "para defenderse de Rusia" (¡claro que solo para defenderse, solo en octubre! ¡En Inglaterra hay todavía "influyentes dirigentes obreros" que ayudan a los capitalistas a embaucar a los trabajadores!), y el periódico "New Statesman"{58}, el más moderado de los periódicos o revistas pequeñoburguesas, escribía sobre el envío a Polonia de tanques más poderosos que los empleados en la guerra contra los alemanes. ¿Se puede después de esto no reírse de aquellos "dirigentes" de los trabajadores ingleses que, con aire de inocencia ofendida, preguntan qué "pruebas" hay de que Inglaterra hace la guerra a Rusia y ayuda a Polonia y a los guardias blancos en Crimea?

Los miembros de la delegación me preguntaron qué consideraba más importante: la formación en Inglaterra de un partido consecuente, revolucionario, comunista, o la ayuda inmediata de las masas obreras en Inglaterra a la causa de la paz con Rusia. Respondí que esto es cuestión de convicciones. Los partidarios sinceros de la liberación de los trabajadores del yugo del capital no pueden estar en modo alguno en contra de la fundación de un partido comunista, el único capaz de educar a las masas obreras no a la manera burguesa, no a la manera pequeñoburguesa; el único capaz de desenmascarar realmente, de poner en ridículo, de cubrir de oprobio a los "dirigentes" capaces de dudar de si Inglaterra ayuda a Polonia, etc. No hay que temer que en Inglaterra haya demasiados comunistas, pues allí ni siquiera existe un pequeño partido comunista. Pero si alguien continúa aún en la esclavitud ideológica de la burguesía, continúa compartiendo los prejuicios pequeñoburgueses sobre la "democracia" (democracia burguesa), el pacifismo, etc., entonces, por supuesto, tales personas solo perjudicarían aún más al proletariado si se les ocurriera llamarse comunistas y adherirse a la III Internacional. Tales personas no son capaces de nada más que de dulces "resoluciones" contra la intervención, compuestas solo de frases pequeñoburguesas. En cierto sentido, estas resoluciones también son útiles, precisamente en el sentido de que los viejos "dirigentes" (partidarios de la democracia burguesa, de los métodos pacíficos, etc., etc.) se harán ridículos a los ojos de las masas, se desenmascararán tanto más rápido cuanto más resoluciones vacías, que no obligan a nada, no acompañadas de ninguna acción revolucionaria, aprueben. A cada cual lo suyo: que los comunistas trabajen directamente a través de su partido en la obra de esclarecer la conciencia revolucionaria de los trabajadores. Que aquellos que apoyaron la "defensa de la patria" en la guerra imperialista por el reparto del mundo, la "defensa" del tratado secreto de los capitalistas ingleses con el zar sobre el saqueo de Turquía; que aquellos que "no ven" la ayuda de Inglaterra a Polonia y a los guardias blancos en Rusia; que ellos lleven cuanto antes al ridículo la cantidad de sus "resoluciones pacíficas"; tanto más pronto les alcanzará la suerte de Kerenski, de los mencheviques y de los eseristas en Rusia.

Algunos miembros de su delegación me preguntaban con sorpresa acerca del terror rojo, acerca de la falta de libertad de prensa en Rusia, de libertad de reunión, acerca de nuestra persecución de los mencheviques y de los obreros mencheviques, etc. Respondí que los verdaderos culpables del terror son los imperialistas de Inglaterra y sus "aliados", que han llevado a cabo y llevan a cabo el terror blanco en Finlandia y en Hungría, en la India y en Irlanda; que han apoyado y apoyan a Yudénich, Kolchak, Denikin, Pilsudski, Wrangel. Nuestro terror rojo es la defensa de la clase obrera contra los explotadores, es la represión de la resistencia de los explotadores, al lado de los cuales se colocan los eseristas, los mencheviques, un número insignificante de obreros mencheviques. La libertad de prensa y de reunión en la democracia burguesa es la libertad de conspiración de los ricos contra los trabajadores, la libertad de sobornar a los periódicos y de comprarlos por parte de los capitalistas. Ya he explicado esto tantas veces por escrito, que repetirme no fue muy grato.

Y dos días después de mi conversación con vuestra delegación, los periódicos trajeron la noticia de que, además del arresto de Monatte y Loriot en Francia, Sylvia Pankhurst había sido arrestada en Inglaterra. He aquí la mejor respuesta del gobierno inglés a la cuestión que los «líderes» no comunistas de los obreros ingleses, cautivos de los prejuicios burgueses, ni siquiera se atreven a plantear, precisamente la cuestión: ¿contra qué clase se dirige el terror? ¿contra los oprimidos y explotados o contra los opresores y explotadores? ¿se trata de la «libertad» para que los capitalistas roben, engañen y embaucen a los trabajadores, o de la «libertad» de los trabajadores del yugo de los capitalistas, especuladores y propietarios? La camarada Sylvia Pankhurst es representante de los intereses de cientos y cientos de millones de personas que están oprimidas por los capitalistas ingleses y de otros países; por ello es sometida al terror blanco, la privación de libertad, etc. Esos mismos «líderes» obreros que llevan a cabo una política no comunista son, en un noventa y nueve por ciento, representantes de la burguesía, de su engaño, de sus prejuicios.

Para concluir, os doy las gracias una vez más, camaradas, por habernos enviado vuestra delegación. Su conocimiento de la Rusia soviética, a pesar de toda la hostilidad de muchos hacia el sistema soviético y la dictadura del proletariado, a pesar del enorme cautiverio que sufren por los prejuicios burgueses, acelerará inevitablemente el derrumbamiento del capitalismo en todo el mundo.

30. V. 1920.

«Pravda» N.º 130 e «Izvestia del VTsIK» N.º 130, 17 de junio de 1920.

Se imprime según el manuscrito.