El camarada Lansbury, en una conversación conmigo, subrayaba especialmente el siguiente argumento de los dirigentes oportunistas ingleses del movimiento obrero:

los bolcheviques hacen compromisos con los capitalistas, aunque sea, por ejemplo, en el tratado de paz con Estonia aceptando concesiones forestales; si es así, entonces no menos legítimos son los compromisos con los capitalistas que hacen los dirigentes moderados del movimiento obrero inglés.

El camarada Lansbury considera este argumento muy extendido en Inglaterra, que tiene importancia para los obreros y que exige urgentemente un análisis. Intentaré cumplir este deseo.

I

¿Puede un partidario de la revolución proletaria hacer compromisos con los capitalistas o con la clase de los capitalistas?

Esta pregunta, evidentemente, está en la base del razonamiento que he expuesto. Pero en una formulación tan general, esta pregunta testimonia ya sea una extrema inexperiencia política y una escasa conciencia política de quien pregunta, o su intención fraudulenta de encubrir mediante un sofisma la justificación del pillaje, el saqueo, de toda violencia capitalista.

En efecto, una respuesta negativa a esta pregunta general sería un absurdo manifiesto. Por supuesto, un partidario de la revolución proletaria puede hacer compromisos o acuerdos con los capitalistas. Todo depende de qué acuerdo y en qué circunstancias se realiza. En esto y solo en esto se puede y se debe buscar la diferencia entre un acuerdo legítimo desde el punto de vista de la revolución proletaria y un acuerdo traidor, pérfido (desde el mismo punto de vista).

Para aclarar esto, recordaré primero el razonamiento de los fundadores del marxismo, y luego daré los ejemplos más simples e ilustrativos.

Marx y Engels no en vano son considerados fundadores del socialismo científico. Fueron enemigos implacables de toda fraseología. Enseñaron a plantear las cuestiones del socialismo (y entre ellas las cuestiones de la táctica socialista) de manera científica. Y en los años 70 del siglo pasado, cuando Engels tuvo que analizar el manifiesto revolucionario de los blanquistas franceses, fugitivos de la Comuna, Engels les dijo sin rodeos que su jactanciosa declaración «ningún compromiso» es una frase vacía{117}. No se puede renunciar de antemano a los compromisos. Se trata de saber, a través de todos los compromisos que a veces las circunstancias imponen necesariamente incluso al partido más revolucionario de la clase más revolucionaria, a través de todos los compromisos, saber conservar, fortalecer, templar y desarrollar la táctica y la organización revolucionarias, la conciencia revolucionaria, la determinación, la preparación de la clase obrera y de su vanguardia organizada, el partido comunista.

Para quien está familiarizado con los fundamentos de la doctrina de Marx, tal punto de vista se deriva inevitablemente de toda esta doctrina. Y como en Inglaterra, debido a una serie de razones históricas, el marxismo desde la época del cartismo{118} (que en muchos aspectos fue una preparación del marxismo, la «penúltima palabra» hacia el marxismo) ha sido relegado a un segundo plano por los dirigentes oportunistas y semiburgueses de los sindicatos y las cooperativas, intentaré explicar la corrección del punto de vista expuesto mediante ejemplos típicos tomados del ámbito de fenómenos bien conocidos de la vida cotidiana, política y económica.

Comenzaré con el ejemplo que ya he citado una vez en uno de mis discursos[15]. Supongamos que un automóvil en el que usted viaja es atacado por bandidos armados. Supongamos que usted, cuando le colocan un revólver en la sien, entrega a los bandidos el automóvil, el dinero, su revólver, y los bandidos utilizan ese automóvil, etc., para cometer más robos{119}.

Hay indudablemente un compromiso suyo con los salteadores, un acuerdo suyo con los salteadores. Un acuerdo no firmado y concluido tácitamente sigue siendo, sin duda, un acuerdo completamente definido y preciso: «yo te doy, salteador, el automóvil, las armas, el dinero; tú me libras de tu agradable compañía».

Se pregunta: ¿llamaría usted a la persona que ha concluido tal acuerdo con los salteadores, partícipe del bandidaje, partícipe del ataque de los salteadores contra terceras personas, despojadas por los bandidos con ayuda del automóvil, el dinero y las armas recibidos de la persona que concluyó el acuerdo?

No, no lo llamaría.

El asunto aquí es completamente claro y simple hasta la trivialidad.

Y es igualmente claro que, en otras circunstancias, la entrega tácita a los bandidos del automóvil, el dinero y las armas sería considerada por cualquier persona sensata como participación en el bandidaje.

La conclusión es clara: es tan absurdo renunciar de antemano a cualquier acuerdo o compromiso con los bandidos, como deducir una justificación de la complicidad en el bandidaje de la proposición abstracta de que, en términos generales, los acuerdos con los bandidos son a veces admisibles y necesarios.

Tomemos ahora un ejemplo político…[16]

Escrito en marzo – abril de 1920.

Publicado por primera vez en 1936 en la revista «Bolchevique» nº 2.

Se publica según el manuscrito.