Habiendo esperado la propuesta oficial de los independientes (alemanes) sobre las negociaciones, ahora nosotros, como partido, debemos responderles con total franqueza, sin esa "diplomacia" que hasta cierto punto es obligatoria para la Internacional Comunista.

Y hay que responder de tal manera que se aclare el asunto a las masas de obreros que simpatizan con la dictadura del proletariado y el sistema soviético, – obreros a quienes no solo en Alemania, sino también en Francia y en Inglaterra y en una serie de países, engañan (consciente e inconscientemente, es decir, por autoengaño) los dirigentes que solo de palabra firman bajo esas consignas populares entre los obreros (dictadura del proletariado y Poder soviético), pero que en realidad realizan un trabajo, una propaganda, una agitación, etc., a la vieja usanza, en un espíritu no acorde con esas consignas, en un espíritu contradictorio a ellas.

Lo que sigue es un bosquejo provisional de tesis para tal respuesta (del PCR al Partido Socialdemócrata Independiente Alemán):

(El orden de los puntos también debe ser aún reelaborado)

1. La dictadura del proletariado significa la capacidad, la disposición, la decisión de atraer hacia su lado (hacia el lado de la vanguardia revolucionaria del proletariado) a toda la masa de trabajadores y explotados mediante medidas revolucionarias, a costa de la expropiación de los explotadores.

Esto no se encuentra en la agitación cotidiana de los independientes alemanes (en el "Freiheit"{25}, por ejemplo). Tampoco lo tienen los longuetistas.

2. En particular, es especialmente necesaria tal agitación para los proletarios y semiproletarios del campo, así como para los pequeños campesinos (campesinos que no emplean trabajo asalariado ni siquiera en la época más intensa de la cosecha, etc., campesinos que venden poco o nada de pan). A estos estratos de la población hay que explicarles a diario, de manera archisimple, popular y concretísima, que el proletariado, al apoderarse del poder estatal, les dará, a costa de los terratenientes expropiados, un mejoramiento inmediato de su situación. Les dará la liberación del yugo de los grandes terratenientes, les dará, como conjunto, las grandes propiedades, la liberación de las deudas, etcétera, etc. Lo mismo para la masa trabajadora urbana no proletaria o no del todo proletaria.

Tal agitación no la realizan los independientes alemanes (como tampoco los longuetistas).

3. El sistema soviético es la destrucción de esa mentira burguesa que llama "libertad de prensa" a la libertad de comprar la prensa, a la libertad de comprar periódicos por parte de los ricos, los capitalistas, a la libertad para que los capitalistas compren cientos de periódicos y así falseen la llamada "opinión pública".

Esta verdad no la comprenden los independientes alemanes (al hablar de ellos, sobreentendamos siempre a los longuetistas, a los independientes ingleses, etcétera, etc.), no la aplican, no agitan diariamente por la destrucción por vía revolucionaria de esa esclavitud de la prensa por el capital, que la democracia burguesa llama falsamente libertad de prensa.

Al no realizar tal agitación, los independientes solo reconocen de palabra (Lippenbekenntniss) el Poder soviético, pero en realidad permanecen enteramente oprimidos por el prejuicio de la democracia burguesa.

La expropiación de las imprentas y almacenes, de las reservas de papel – esto, lo principal, no saben explicarlo, porque ellos mismos no lo entienden.

4. Lo mismo se refiere a la libertad de reunión (es una mentira mientras los ricos poseen los mejores edificios o compran los edificios públicos), al "armamento del pueblo", a la libertad de conciencia (= libertad para que el capital compre y soborne organizaciones eclesiásticas enteras para atontar a las masas con el opio religioso) y a todas las demás libertades burguesas-democráticas.

5. La dictadura del proletariado significa el derrocamiento de la burguesía por una sola clase, el proletariado, y precisamente por su vanguardia revolucionaria. Exigir que previamente esta vanguardia adquiera la mayoría del pueblo mediante la votación en los parlamentos burgueses, en las asambleas constituyentes burguesas, etc., es decir, mediante la votación bajo la existencia de la esclavitud asalariada, bajo la existencia de los explotadores, bajo su yugo, bajo la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción. Exigir esto o suponerlo significa en realidad abandonar completamente el punto de vista de la dictadura del proletariado y pasar de hecho al punto de vista de la democracia burguesa.

Así actúan los independientes alemanes y los longuetistas franceses. Repitiendo las frases de los demócratas pequeñoburgueses sobre la mayoría del "pueblo" (engañado por la burguesía y oprimido por el capital), estos partidos objetivamente se colocan aún del lado de la burguesía contra el proletariado.

6. La dictadura del proletariado presupone y significa la clara conciencia de esta verdad: que el proletariado, en virtud de su situación objetiva, económica, en toda sociedad capitalista, expresa correctamente los intereses de toda la masa de trabajadores y explotados, de todos los semiproletarios (es decir, los que viven parcialmente de la venta de su fuerza de trabajo), de todos los pequeños campesinos, etc.

Estos estratos de la población siguen a los partidos burgueses y pequeñoburgueses (incluidos los partidos "socialistas" de la II Internacional) no en virtud de una libre manifestación de voluntad (como piensa la democracia pequeñoburguesa), sino en virtud del engaño directo que les inflige la burguesía, en virtud del yugo del capital sobre ellos, en virtud del autoengaño de los dirigentes pequeñoburgueses.

A estos estratos de la población (semiproletarios y pequeños campesinos) el proletariado los atraerá a su lado, podrá atraerlos a su lado solo después de su victoria, solo después de la conquista del poder estatal, es decir, después de que derroque a la burguesía, libere así a todos los trabajadores del yugo del capital y les muestre en la práctica qué beneficios (los beneficios de la libertad frente a los explotadores) proporciona el poder estatal proletario.

Esta idea, que constituye la base y la esencia de la idea de la dictadura del proletariado, los independientes alemanes y los longuetistas franceses no la entienden, no la inculcan en las masas, no la propagan diariamente.

7. La dictadura del proletariado significa la conciencia de la necesidad de reprimir por la fuerza la resistencia de los explotadores, la disposición, la capacidad, la decisión de hacerlo. Y dado que la burguesía, incluso la más republicana y democrática (por ejemplo, en Alemania, en Suiza, en América), recurre sistemáticamente a los pogromos, al linchamiento, al asesinato, a la violencia militar, al terror contra los comunistas y, en realidad, contra todo paso revolucionario del proletariado, en estas condiciones, renunciar a la violencia, al terror, significa convertirse en un pequeñoburgués llorón, significa sembrar ilusiones reaccionarias y pequeñoburguesas sobre la paz social, significa – hablando concretamente – acobardarse ante el oficial matón.

Pues la criminalísima y reaccionarísima guerra imperialista de 1914-1918 educó en todos los países y colocó en la escena política de todas, incluso de las más democráticas repúblicas, precisamente a decenas y decenas de miles de oficiales reaccionarios, que preparan el terror y llevan a cabo el terror en favor de la burguesía, en favor del capital contra el proletariado.

Por eso, la actitud hacia el terror que manifiestan en los hechos, en los discursos parlamentarios, en los artículos periodísticos, en toda su agitación y propaganda, los independientes alemanes y los longuetistas franceses, es de hecho una renuncia completa a la esencia de la dictadura del proletariado, es de hecho un paso a la posición de la democracia pequeñoburguesa, es una corrupción de la conciencia revolucionaria de los obreros.

8. Lo mismo se refiere a la guerra civil. Después de la guerra imperialista, ante los generales y oficiales reaccionarios que aplican el terror contra el proletariado, ante el hecho de que nuevas guerras imperialistas ya se preparan con la política actual de todos los Estados burgueses, – y no solo se preparan conscientemente, sino que se derivan con necesidad objetiva de toda su política, – en tales condiciones, en tal situación, lamentar la guerra civil contra los explotadores, condenarla, temerla, significa colocarse de hecho como reaccionario.

Significa temer la victoria de los obreros, que puede costar decenas de miles de víctimas, y permitir con seguridad una nueva matanza de los imperialistas, que costó ayer y costará mañana millones de víctimas.

Significa alentar de hecho las inclinaciones, los planes y los preparativos reaccionarios y violentos de los generales burgueses y de los oficiales burgueses.

Así de reaccionaria es en realidad la posición melosa, pequeñoburguesa y sentimental de los independientes alemanes y los longuetistas franceses en la cuestión de la guerra civil. Cierran los ojos ante las maquinaciones de la Guardia Blanca, su preparación por la burguesía, su creación por la burguesía, y se apartan hipócrita, farisaicamente (o cobardemente) del trabajo de crear la Guardia Roja, el Ejército Rojo de los proletarios, capaz de aplastar la resistencia de los explotadores.

9. La dictadura del proletariado y el Poder Soviético significan la clara conciencia de la necesidad de destruir, de hacer añicos, el aparato estatal burgués (aunque sea republicano-democrático), los tribunales, la burocracia, civil y militar, etc.

Ni la conciencia de esta verdad ni la agitación cotidiana en su favor muestran los independientes alemanes y los longuetistas franceses. Peor aún: dirigen toda su agitación en el espíritu opuesto.

10. Toda revolución (a diferencia de la reforma) significa por sí misma una crisis, y una crisis muy profunda, tanto política como económica. Esto es independientemente de la crisis creada por la guerra.

La tarea del partido revolucionario del proletariado es explicar a los obreros y campesinos que hay que tener el valor de afrontar valientemente esta crisis y encontrar en las medidas revolucionarias la fuente de fuerza para superarla. Solo superando las más grandes crisis con entusiasmo revolucionario, con energía revolucionaria, con disposición revolucionaria a los más duros sacrificios, puede el proletariado vencer a los explotadores y librar definitivamente a la humanidad de las guerras, del yugo del capital, de la esclavitud asalariada.

No hay otra salida, porque la actitud reformista hacia el capitalismo engendró ayer (y engendrará inevitablemente mañana) la matanza imperialista de millones de personas y todo tipo de crisis sin fin.

Los independientes y los longuetistas no comprenden esta idea fundamental, sin la cual la dictadura del proletariado es una frase vacía, no la muestran en su propaganda y agitación, no la explican a las masas.

11. Los independientes y los longuetistas no profundizan ni desarrollan en las masas la conciencia de la podredumbre y la fatalidad de ese reformismo que predominó de hecho en la II Internacional (1889-1914) y la arruinó, sino que ofuscan esta conciencia, encubren la enfermedad, no la descubren ni la desenmascaran.

12. Habiendo salido de la II Internacional, condenándola de palabra (por ejemplo, en el folleto de Crispien), los independientes tienden de hecho la mano a Friedrich Adler, miembro del partido austriaco de los señores Noske y Scheidemann.

Los independientes toleran en su seno a literatos que niegan por completo todos los conceptos fundamentales de la dictadura del proletariado.

Esta divergencia entre la palabra y el hecho caracteriza toda la política de los dirigentes de los partidos independientes en Alemania y de los longuetistas en Francia. Son precisamente los dirigentes quienes comparten los prejuicios de la democracia pequeñoburguesa y de las cúpulas del proletariado corrompidas por el reformismo, en contra de las simpatías revolucionarias de las masas obreras, que gravitan hacia el sistema soviético.

13. Los independientes y los longuetistas no comprenden ni explican a las masas que las superganancias imperialistas de los países adelantados les permitieron (y les permiten ahora) sobornar a las cúpulas del proletariado, arrojarles migajas de las superganancias (obtenidas de las colonias y de la explotación financiera de los países débiles), crear una capa privilegiada de obreros instruidos, etc.

Sin desenmascarar este mal, sin luchar no solo contra la burocracia sindicalista, sino también contra todas las manifestaciones del espíritu gremial pequeñoburgués, de la aristocracia obrera, de los privilegios de la capa superior de obreros, sin expulsar despiadadamente a los representantes de este espíritu del partido revolucionario, sin apelar a las bases, a masas cada vez más amplias, a la verdadera mayoría de los explotados, no puede hablarse de dictadura del proletariado.

14. La falta de deseo o de capacidad para romper con las cúpulas obreras contagiadas por el imperialismo se manifiesta también en los independientes y los longuetistas por el hecho de que no hacen agitación en pro del apoyo directo e incondicional a todas las insurrecciones y movimientos revolucionarios de los pueblos coloniales.

En tales condiciones, la condena de la política colonial y del imperialismo se convierte en hipocresía o en un suspiro vacío del filisteo embrutecido.

15. Los independientes y los longuetistas no hacen agitación en el ejército (a favor del alistamiento en el ejército con el fin de preparar su tránsito al lado de los obreros contra la burguesía). No crean organizaciones para ello.

No responden a las violencias de la burguesía, a sus infinitas violaciones de la «legalidad» (tanto durante la guerra imperialista como después de su término), con la propaganda sistemática de organizaciones ilegales y su creación.

Sin combinar el trabajo legal con el ilegal, las organizaciones legales con las ilegales, no puede hablarse de un partido verdaderamente revolucionario del proletariado ni en Alemania, ni en Suiza, ni en Inglaterra, ni en Francia, ni en América.

16. En general y en conjunto, toda la propaganda, toda la agitación, toda la organización de los independientes y los longuetistas es más pequeñoburguesa-democrática que revolucionario-proletaria; es pacifista, no social-revolucionaria.

En virtud de ello, el «reconocimiento» de la dictadura del proletariado y del Poder Soviético queda en palabras.

Conclusión: ante tal estado de cosas, el PCR considera lo único correcto no unirse con los independientes y los longuetistas en una sola Internacional, sino esperar a que las masas revolucionarias de los obreros franceses y alemanes corrijan la debilidad, los errores, los prejuicios, la inconsecuencia de partidos como los independientes y los longuetistas.

En la Internacional Comunista, a juicio del PCR, no hay lugar para tales partidos.

El PCR no renuncia, sin embargo, a las consultas con todos los partidos que deseen consultar con él, conocer su opinión.

Escrito el 20 de enero de 1920.

Publicado incompleto el 22 de marzo de 1920 en la revista «La Internacional Comunista» n.º 9

Publicado por primera vez completo en 1924 en la revista «La Internacional Comunista» n.º 8

Se imprime según el manuscrito.