Publicado: discurso de apertura del congreso (breve informe periodístico) – 30 de marzo de 1920 en la "Pravda" nº 69 y en "Izvestia del VTsIK" nº 69; informe del Comité Central – 30 y 31 de marzo en la "Pravda" nº 69 y 70; discurso de clausura sobre el informe del CC (breve informe periodístico) – 31 de marzo en la "Pravda" nº 70; discurso sobre la construcción económica (informe periodístico) – 1 de abril en la "Pravda" nº 71; discurso sobre la cooperación (breve informe periodístico) – 4 de abril en la "Pravda" nº 74; discurso de clausura del congreso (informe periodístico) – 6 de abril en la "Pravda" nº 75 y en "Izvestia del VTsIK" nº 75.

Publicado íntegramente en 1920 en el libro «Noveno Congreso del Partido Comunista de Rusia. Informe estenográfico».

El discurso de clausura sobre el informe del CC se publicó íntegramente por primera vez en 1960 en el libro «IX Congreso del PCR(b). Marzo – abril de 1920. Protocolos».

Se imprime según el texto del libro, cotejado con la estenografía.

Cuestionario personal del delegado al IX Congreso del PCR(b), cumplimentado por V. I. Lenin el 29 de marzo de 1920. (Reducido).

## 1. Discurso de apertura del congreso 29 de marzo

Permítanme, ante todo, saludar en nombre del CC del PCR a los delegados reunidos en el congreso del partido.

Camaradas, inauguramos el congreso ordinario del partido en un momento de suma importancia. El desarrollo interno de nuestra revolución ha conducido a las más grandes y rápidas victorias sobre el enemigo en la guerra civil, y en virtud de la situación internacional, estas victorias no han sido sino la victoria de la revolución soviética en el primer país que realizó esta revolución, en el país más débil y atrasado, victoria sobre el capitalismo y el imperialismo mundial unidos. Y después de estas victorias podemos ahora, con serena y firme confianza, proceder a las tareas inmediatas de la construcción económica pacífica, con la seguridad de que el presente congreso hará balance de la experiencia de más de dos años de trabajo soviético y sabrá aprovechar la lección adquirida para resolver la próxima tarea, más difícil y compleja, de la construcción económica. Y en el plano internacional, nuestra situación nunca ha sido tan favorable como ahora, y lo que especialmente nos llena de alegría y ánimo son las noticias que recibimos cada día de Alemania y que muestran que, por difícil y penoso que sea el nacimiento de la revolución socialista, el poder soviético proletario en Alemania crece de manera imparable. La Kornilovschina alemana ha jugado en Alemania el mismo papel que en Rusia. Después de la Kornilovschina comenzó un giro hacia el poder obrero no solo en las masas de los obreros urbanos, sino también en el proletariado rural de Alemania, y este giro tiene un significado histórico mundial. No solo nos da una confirmación absoluta, una y otra vez, de la corrección del camino, sino que nos da la seguridad de que no está lejano el momento en que iremos de la mano con el gobierno soviético alemán. (Aplausos.)

Declaro abierto el congreso y ruego proceder a la elección del presidium.

## 2. Informe del Comité Central 29 de marzo

Camaradas, antes de comenzar el informe, debo decir que el informe se divide, como en el congreso anterior, en dos partes: la parte política y la parte organizativa. Esta división sugiere ante todo cómo se ha conformado el trabajo del CC desde el punto de vista externo y organizativo. Nuestro partido ha vivido ahora el primer año sin Y. M. Sverdlov, y esta pérdida no podía dejar de afectar a toda la organización del CC. Nadie ha sabido unificar en sí mismo el trabajo organizativo y político como sabía hacerlo el camarada Sverdlov, y tuvimos que intentar sustituir su trabajo por el de una colegiatura.

El trabajo del CC durante el año del informe se llevó a cabo, en cuanto al trabajo cotidiano corriente, por dos colegiaturas elegidas por el pleno del CC: el Buró Organizativo del CC y el Buró Político del CC{100}, y para la coordinación y coherencia de las decisiones de ambas instituciones, el secretario formaba parte de ambos burós. La cuestión se desarrolló de tal manera que la verdadera tarea principal del Buró Organizativo era la distribución de las fuerzas del partido, y la tarea del Buró Político, las cuestiones políticas. Por supuesto, esta división es hasta cierto punto artificial; es evidente que no se puede llevar a cabo ninguna política sin expresarla en nombramientos y traslados. Por consiguiente, toda cuestión organizativa adquiere un significado político, y en la práctica se estableció que basta con la solicitud de un miembro del CC para que cualquier cuestión, por una u otra consideración, sea tratada como política. El intento de delimitar de otra manera la actividad del CC difícilmente habría sido conveniente y en la práctica difícilmente habría alcanzado su objetivo.

El método de trabajo mencionado condujo a resultados extremadamente favorables: no tuvimos ningún caso en que surgieran dificultades entre uno y otro buró. Los trabajos de ambos órganos se desarrollaron, en general, armónicamente, y la aplicación práctica se facilitó por la presencia del secretario, siendo el secretario del partido quien cumplía íntegra y exclusivamente la voluntad del CC. Hay que subrayar desde el principio, para eliminar posibles malentendidos, que solo las decisiones colegiadas del CC, adoptadas en el Buró Organizativo, en el Buró Político o en el pleno del CC, solo esas cuestiones eran llevadas a la práctica por el secretario del CC del partido. De lo contrario, el trabajo del CC no puede funcionar correctamente.

Después de algunas observaciones breves sobre el orden interno del trabajo del CC, paso a mi tarea, al informe del CC. Dar un informe sobre el trabajo político del CC es una tarea muy difícil, si se entiende en sentido literal. Durante este año, una gran parte del trabajo del Buró Político se redujo a la resolución corriente de toda cuestión que surgiera relacionada con la política, que unificara las acciones de todas las instituciones soviéticas y del partido, de todas las organizaciones de la clase obrera, unificando y tratando de dirigir todo el trabajo de la República Soviética. El Buró Político resolvía todas las cuestiones de política internacional e interior. Es comprensible que sea imposible proponerse enumerar aproximadamente estas cuestiones. En lo publicado por el CC para el presente congreso encontrarán el material necesario para una síntesis{101}. Intentar repetir esta síntesis en el informe me sería imposible y, me parece, no sería interesante para los delegados. Cada uno de nosotros, trabajando en una u otra organización del partido o soviética, sigue diariamente el cambio extraordinario de las cuestiones políticas, externas e internas. La misma resolución de estas cuestiones, tal como se expresaba en los decretos del Poder Soviético, en la actividad de las organizaciones del partido, en cada giro, era una valoración del CC del partido. Hay que decir que las cuestiones eran tantas que a menudo había que resolverlas en condiciones de extraordinaria premura, y solo gracias al pleno conocimiento mutuo de los miembros de la colegiatura, al conocimiento de los matices de opinión, a la confianza, se pudo realizar el trabajo. De lo contrario, habría sido imposible incluso para una colegiatura tres veces mayor. A menudo había que resolver cuestiones complejas sustituyendo las reuniones por conversaciones telefónicas. Esto se hacía con la certeza de que algunas cuestiones deliberadamente complejas y controvertidas no serían eludidas. Ahora, cuando tengo que hacer un informe general, me permitiré, en lugar de una revisión cronológica y una agrupación de temas, detenerme en los momentos principales, más sustanciales, además aquellos que vinculan la experiencia de ayer, más bien la experiencia del año pasado, con las tareas que tenemos por delante.

Para la historia del Poder Soviético aún no ha llegado el momento. Si hubiera llegado, nosotros –diré por mí mismo; creo que también por el CC– no tenemos intención de ser historiadores; nos interesa el presente y el futuro. El pasado año del informe lo tomamos como material, como lección, como escalón desde el cual debemos avanzar. Desde este punto de vista, el trabajo del CC se divide en dos grandes ramas: el trabajo relacionado con las tareas militares y las que determinan la situación internacional de la república, y aquel trabajo de construcción económica interna pacífica que comenzó a pasar a primer plano, quizás solo a finales del año pasado o principios del actual, cuando se aclaró plenamente que habíamos obtenido una victoria decisiva en los frentes decisivos de la guerra civil. En la primavera del año pasado, nuestra situación militar era sumamente difícil; nos esperaban, como recuerdan, no pocas derrotas, nuevas y enormes ofensivas, antes no esperadas, de los representantes de la contrarrevolución y de la Entente, que no se habían previsto antes. Por lo tanto, es completamente natural que la mayor parte de este período transcurriera en trabajos para cumplir la tarea militar, la tarea de la guerra civil, que a todos los pusilánimes –sin mencionar al partido de los mencheviques, eseristas y otros representantes de la democracia pequeñoburguesa, a la masa de elementos intermedios– les parecía insoluble, que les obligó a decir con toda sinceridad que esta tarea era insoluble, que Rusia estaba atrasada y debilitada y no podía vencer al régimen capitalista de todo el mundo si la revolución en Occidente se prolongaba. Y por eso teníamos que, manteniéndonos en nuestra posición, con plena firmeza y conservando la absoluta certeza, decir que venceríamos, teníamos que llevar a cabo la consigna –«todo para la victoria» y «todo para la guerra».

En nombre de esta consigna tuvimos que ir, consciente y abiertamente, a la insatisfacción de toda una serie de las necesidades más apremiantes, dejando sin ayuda a menudo a muchos, con la certeza de que debíamos concentrar todas las fuerzas en la guerra y vencer en esa guerra que la Entente nos había impuesto. Y solo gracias a que el partido estaba en guardia, a que el partido estaba estrictamente disciplinado, y porque la autoridad del partido unificaba todos los departamentos e instituciones, y bajo la consigna dada por el CC, como un solo hombre, marchaban decenas, centenas, miles y, en última instancia, millones, y solo porque se hicieron sacrificios inauditos – solo por eso pudo ocurrir el milagro que ocurrió. Solo por eso, a pesar del doble, triple y cuádruple ataque de los imperialistas de la Entente y de los imperialistas de todo el mundo, pudimos vencer. Y, por supuesto, no solo subrayamos este aspecto de la cuestión, sino que debemos tener en cuenta que este aspecto constituye una lección: sin disciplina y sin centralización nunca habríamos cumplido esta tarea. Los sacrificios inauditos que hicimos para salvar al país de la contrarrevolución, para la victoria de la revolución rusa sobre Denikin, Yudenich y Kolchak, son la garantía de la revolución social mundial. Para lograrlo, era necesaria la disciplina del partido, la centralización más estricta, la absoluta certeza de que los sacrificios increíblemente pesados de decenas y centenas de miles de personas ayudarían a llevar a la práctica todas estas tareas, de que esto realmente podía hacerse y asegurarse. Y para ello era necesario que nuestro partido y la clase que ejerce la dictadura, la clase obrera, fueran elementos que unificaran a millones y millones de trabajadores tanto en Rusia como en todo el mundo.

Si pensamos en qué fue lo que, en última instancia, estuvo en la base más profunda de que ocurriera tal milagro histórico, de que un país débil, agotado y atrasado venciera a los países más fuertes del mundo, vemos que fue la centralización, la disciplina y el sacrificio inaudito. ¿Sobre qué base? Millones de trabajadores pudieron llegar, en el país menos educado, a la organización, a que esta disciplina y esta centralización se realizaran solo sobre la base de que los obreros, que han pasado por la escuela del capitalismo, están unidos por el capitalismo; de que el proletariado en todos los países avanzados, y cuanto más avanzado es el país, en mayor medida está unido; por otra parte, gracias a que la propiedad, la propiedad capitalista, la pequeña propiedad en la producción mercantil, desune. La propiedad desune, mientras que nosotros unimos y unimos a un número cada vez mayor de millones de trabajadores en todo el mundo. Ahora esto es visible, se podría decir, incluso para los ciegos, al menos para aquellos que no querían verlo. Cuanto más avanzamos, más se desunen nuestros enemigos. Los desune la propiedad capitalista, la propiedad privada en la producción mercantil, ya sean pequeños propietarios que especulan con la venta de excedentes de grano y se enriquecen a costa de los obreros hambrientos, ya sean capitalistas de diferentes países, aunque posean poderío militar, creen la «Sociedad de Naciones», la «gran liga única» de todas las naciones avanzadas del mundo. Tal unidad es pura ficción, puro engaño, pura mentira. Y hemos visto –el mayor ejemplo– esta pregonada «Sociedad de Naciones», que intentaba repartir derechos de administración de estados, dividir el mundo, esta pregonada alianza resultó ser una pompa de jabón que se deshizo inmediatamente, porque la basaban en la propiedad capitalista. Lo hemos visto en la mayor escala histórica, esto confirma esa verdad fundamental en cuyo reconocimiento basábamos nuestra razón, nuestra absoluta certeza en la victoria de la Revolución de Octubre, en que tomamos una causa a la que, a pesar de toda la dificultad, de todos los obstáculos, se unirán millones y millones de trabajadores en todos los países. Sabíamos que tenemos aliados, que hay que saber mostrar sacrificio en un país al que la historia ha encomendado una tarea honrosa y dificilísima, para que los sacrificios inauditos se compensen con creces, porque cada mes adicional que vivamos en nuestro país nos dará millones y millones de aliados en todos los países.

Si, en última instancia, pensamos por qué resultó que pudimos vencer, que debíamos vencer, es solo porque todos nuestros enemigos, formalmente vinculados por cualquier tipo de lazos con los gobiernos más poderosos del mundo y los representantes del capital –por más unidos que estuvieran formalmente– resultaron desunidos, su vínculo interno en esencia los desunía, los enfrentaba entre sí, y la propiedad capitalista los descomponía, los convertía de aliados en bestias salvajes, de modo que no veían que la Rusia Soviética aumentaba el número de sus partidarios entre los soldados ingleses desembarcados en Arcángel, entre los marineros franceses desembarcados en Sebastopol, entre los obreros de todos los países donde los socialtraidores se pusieron del lado del capital en todos los países avanzados sin excepción. Y esta causa fundamental, la causa más profunda, nos dio en última instancia la victoria más segura, fue la fuente que sigue siendo la más importante, invencible, inagotable de nuestra fuerza y que nos permite decir que, cuando realicemos en nuestro país plenamente la dictadura del proletariado, la mayor unificación de sus fuerzas a través de la vanguardia, a través de su partido de vanguardia, podemos esperar la revolución mundial. Y esto es, en realidad, la expresión de la voluntad, la expresión de la determinación proletaria de luchar, la expresión de la determinación proletaria de unirse a millones y decenas de millones de obreros en todos los países.

Los señores burgueses y los supuestos socialistas de la II Internacional han declarado que esto son frases de agitación. No, esto es realidad histórica, confirmada por la sangrienta y dura experiencia de la guerra civil en Rusia, pues esta guerra civil fue una guerra contra el capital mundial, y este capital se descomponía por sí mismo en la pelea, se devoraba a sí mismo, mientras que nosotros salíamos más templados, más fuertes en el país del proletariado que moría de hambre y de tifus exantemático. En este país, nos uníamos a más y más trabajadores. Lo que antes parecía a los conciliadores una frase de agitación, de lo que la burguesía solía reírse, este año de nuestra revolución, y sobre todo el año del informe, lo ha convertido definitivamente en un hecho histórico indiscutible que permite decir con la confianza más positiva: si hicimos esto, ello confirma que tenemos una base mundial, infinitamente más amplia que en cualquier revolución anterior. Tenemos una unión internacional que no está registrada en ninguna parte, no está formalizada, no representa nada desde el punto de vista del «derecho estatal», pero en realidad, en el mundo capitalista en descomposición, lo representa todo. Cada mes, cuando conquistábamos posiciones o simplemente nos manteníamos contra un enemigo increíblemente poderoso, demostraba al mundo entero que teníamos razón y nos daba nuevos millones de personas.

Este proceso parecía difícil, estuvo acompañado de derrotas gigantescas. Al inaudito terror blanco en Finlandia{102} le siguió, precisamente en el año del informe, la derrota de la revolución húngara, que fue estrangulada por los representantes de la Entente, mediante un acuerdo secreto con Rumanía, engañando a sus parlamentos.

Fue la traición más vil, una conspiración de la Entente internacional para estrangular la revolución húngara con el terror blanco, sin mencionar cómo llegaron a acuerdos con los conciliadores alemanes para estrangular la revolución alemana{103}; cómo estas personas, que declararon a Liebknecht un alemán honesto, se lanzaron contra este alemán honesto como perros rabiosos, junto con los imperialistas alemanes. Superaron todo lo imaginable, y cada una de esas represiones por su parte solo nos fortalecía, nos reforzaba, socavaba su terreno.

Y creo que esta experiencia fundamental que hemos realizado debe ser tenida en cuenta sobre todo. Aquí hay que pensar sobre todo en hacer la base de nuestra agitación y propaganda el análisis, la explicación de por qué vencimos, por qué estos sacrificios de la guerra civil se compensaron con creces y cómo hay que actuar sobre la base de esta experiencia para obtener la victoria en otra guerra, la guerra en el frente incruento, en la guerra que solo ha cambiado de forma, pero que libran contra nosotros los mismos viejos representantes, servidores y jefes del viejo mundo capitalista, solo que con más ahínco, furia y saña. En nuestra revolución, más que en cualquier otra, se ha confirmado la ley de que la fuerza de la revolución, la fuerza del ímpetu, la energía, la determinación y el triunfo de su victoria aumentan al mismo tiempo la fuerza de resistencia por parte de la burguesía. Cuanto más vencemos, más aprenden los explotadores capitalistas a unirse y pasan a ofensivas más decididas. Pues todos recuerdan perfectamente –no hace tanto tiempo desde el punto de vista temporal, pero hace mucho desde el punto de vista de los acontecimientos actuales– recuerdan que al bolchevismo se le consideraba al principio de la Revolución de Octubre como una curiosidad; y si en Rusia hubo que renunciar muy pronto a ese punto de vista, que era una expresión del subdesarrollo, de la debilidad de la revolución proletaria, también se renunció a él en Europa. El bolchevismo se convirtió en un fenómeno mundial, la revolución obrera levantó la cabeza. El sistema soviético, en el que nosotros, al crearlo en octubre, seguíamos las consignas de 1905, elaborando nuestra propia experiencia, este sistema soviético resultó ser un fenómeno histórico mundial.

Ahora dos campos se enfrentan con plena conciencia, a escala mundial, sin la menor exageración. Hay que señalar que solo durante este año se han enfrentado en una lucha decisiva y final, y ahora, precisamente durante el trabajo del congreso, vivimos quizás uno de los momentos más grandes, agudos, inconclusos, de transición de la guerra a la paz.

Todos saben cómo tuvieron que hacerlo los jefes de las potencias imperialistas de la Entente, que gritaban al mundo entero: «nunca cesaremos la guerra con los usurpadores, bandidos, invasores del poder, enemigos de la democracia, bolcheviques» – saben cómo primero levantaron el bloqueo, cómo fracasó su intento de unir a los pequeños estados, porque supimos atraer a nuestro lado no solo a los obreros de todos los países, sino que logramos atraer también a la burguesía de los pequeños países, porque los imperialistas son opresores no solo de los obreros de sus países, sino también de la burguesía de los pequeños estados. Saben cómo atrajimos a nuestro lado a la burguesía vacilante dentro de los países avanzados, y ahora ha llegado el momento en que la Entente viola sus promesas anteriores, sus preceptos, viola sus tratados, que, entre otras cosas, había concluido decenas de veces con diferentes guardias blancos rusos, y ahora con esos tratados se sienta ante un charco, porque en esos tratados ha arrojado cientos de millones y no ha llevado el asunto hasta el final.

Ahora, levantando el bloqueo, ha iniciado de hecho negociaciones de paz con la República Soviética, y ahora no lleva estas negociaciones hasta el final, por lo que los pequeños estados han perdido la fe en ella, la fe en sus fuerzas. Vemos que la situación de la Entente, su situación externa, no se presta en absoluto a ser definida desde el punto de vista de los conceptos habituales de la jurisprudencia. Los estados de la Entente con los bolcheviques no están ni en paz ni en guerra, tienen tanto reconocimiento como no reconocimiento de nosotros. Y esta completa descomposición de nuestros adversarios, que estaban seguros de que representaban algo, muestra que no representan nada más que un puñado de bestias capitalistas, que se han peleado entre sí y son completamente incapaces de hacernos nada.

Ahora la situación es tal que Letonia nos ha hecho oficialmente propuestas de paz{104}; Finlandia ha enviado un telegrama en el que se habla oficialmente de la línea de demarcación, pero en esencia se trata de una transición a una política de paz{105}. Por último, Polonia, esa Polonia cuyos representantes han hecho y siguen haciendo especialmente sonar las armas, esa Polonia que ha recibido y recibe la mayor cantidad de trenes con artillería y promesas de ayuda para que Polonia continúe la lucha contra Rusia, incluso esa Polonia, cuya inestable situación del gobierno la obliga a cualquier aventura de guerra, esa Polonia ha enviado una invitación para abrir negociaciones de paz{106}. Hay que ser sumamente cautelosos. Nuestra política requiere la más atenta atención. Aquí es más difícil encontrar la línea correcta, porque nadie sabe aún sobre qué rieles está el tren –el propio enemigo no sabe qué hará después. Los señores representantes de la política francesa, que son quienes más incitan a Polonia, y los jefes de la Polonia terrateniente-burguesa no saben qué pasará después, no saben qué quieren. Hoy dicen: «Señores, algunos trenes con cañones, algunos cientos de millones, y estamos listos para guerrear con los bolcheviques». Ocultan las noticias sobre las huelgas que crecen en Polonia, presionan a la censura para ocultar la verdad. Y el movimiento revolucionario allí aumenta. El crecimiento revolucionario en Alemania, en su nueva fase, en su nueva etapa, cuando los obreros, después de la Kornilovschina alemana, crean ejércitos rojos, dice directamente (los últimos telegramas de allí) que los obreros se enardecen cada vez más. En la conciencia de los propios representantes de la Polonia burgués-terrateniente comienza a penetrar la idea: «¿No será demasiado tarde, no habrá antes una República Soviética en Polonia que la realización de un acto estatal, pacífico o militar?». No saben qué hacer. No saben qué les depara el mañana.

Sabemos que cada mes nos da un gigantesco aumento de nuestras fuerzas y seguirá dándonos. Por lo tanto, estamos ahora en el plano internacional más firmes que nunca. Pero debemos tratar la crisis internacional con suma atención y disposición para afrontar cualquier tipo de sorpresas. Tenemos una propuesta formal de paz de Polonia. Estos señores se encuentran en una situación desesperada, tan desesperada que sus amigos, los monárquicos alemanes, personas más educadas, con mayor experiencia política y conocimiento, se lanzaron a una aventura, a la Kornilovschina. La burguesía polaca lanza una propuesta de paz, sabiendo que la aventura podría ser una Kornilovschina polaca. Sabiendo que nuestro adversario se encuentra en una situación desesperadamente difícil –un adversario que no sabe qué quiere hacer, qué hará mañana– debemos decirnos con toda firmeza que, a pesar de que hubo una propuesta de paz, la guerra es posible. Es imposible prever su comportamiento posterior. Hemos visto a estas personas, conocemos a esos Kerensky, mencheviques y eseristas. Durante estos dos años hemos visto cómo hoy los empujaba hacia Kolchak, mañana casi hacia los bolcheviques, luego hacia Denikin, y todo se cubría con frases sobre libertad y democracia. Conocemos a estos señores, por eso nos aferramos con ambas manos a la propuesta de paz, yendo a concesiones máximas, seguros de que la paz con los pequeños estados hará avanzar la causa infinitamente más que la guerra, porque con la guerra los imperialistas engañaban a las masas trabajadoras, ocultaban bajo ella la verdad sobre la Rusia Soviética; por eso toda paz abrirá cien veces más y más ampliamente el camino a nuestra influencia. Esta ya es grande durante estos años. La III Internacional Comunista ha obtenido victorias inauditas. Pero sabemos al mismo tiempo que pueden imponernos la guerra cualquier día. Nuestros adversarios aún no saben de qué son capaces en este sentido.

Que se están haciendo preparativos militares, no hay duda. A este armamento estatal recurren ahora muchos vecinos de Rusia y, quizás, muchos estados no vecinos. Por eso hay que maniobrar sobre todo en nuestra política internacional y mantenernos más firmes en el rumbo que hemos tomado, y estar preparados para todo. La guerra por la paz la hemos llevado a cabo con extraordinaria energía. Esta guerra da magníficos resultados. En este campo de lucha nos hemos manifestado de la mejor manera, en todo caso no peor que en el campo de actividad del Ejército Rojo, en el frente sangriento. Pero no depende de la voluntad de los pequeños estados, aunque quisieran la paz, no depende de su voluntad la conclusión de la paz con nosotros. Están enteramente en deuda, como en seda, con los países de la Entente, y allí se libra una lucha desesperada y una competencia entre ellos. Por lo tanto, debemos recordar que la paz, desde el punto de vista histórico mundial, basada en la guerra civil y la guerra contra la Entente, es, por supuesto, posible.

Pero nuestros pasos hacia la paz deben ir acompañados de la tensión de toda nuestra preparación militar, sin desarmar en absoluto a nuestro ejército. Nuestro ejército es la garantía real de que las potencias imperialistas no harán el menor intento, la menor tentativa, pues aunque pudieran contar con algunos éxitos efímeros al principio, ninguna de ellas quedaría sin ser derrotada por la Rusia Soviética. Esto debemos saberlo, esto debe ser la base de nuestra agitación y propaganda, y a esto debemos saber prepararnos y resolver la tarea que, con la creciente fatiga, obliga a unir ambas cosas.

Paso a las consideraciones de principio más importantes que nos obligaban a dirigir con decisión a las masas trabajadoras por el camino de utilizar el ejército para resolver las tareas fundamentales e inmediatas. La vieja fuente de disciplina, el capital, está debilitada; la vieja fuente de unificación ha desaparecido. Debemos crear una disciplina diferente, una fuente diferente de disciplina y unificación. Lo que es coacción provoca indignación y gritos, ruido y clamores de la democracia burguesa, que anda con las palabras «libertad» e «igualdad», sin comprender que la libertad para el capital es un crimen contra los obreros, que la igualdad entre el harto y el hambriento es un crimen contra los trabajadores. Nosotros, en nombre de la lucha contra la mentira, nos hemos mantenido en que realizamos el servicio laboral y la unificación de los trabajadores, sin temer en absoluto la coacción, pues ninguna revolución se ha hecho sin coacción, y el proletariado tiene derecho a ejercer la coacción para mantener a toda costa lo suyo. Cuando los señores burgueses, los señores conciliadores, los señores «independientes» alemanes, los «independientes» austriacos y los longuetistas franceses discutían sobre el factor histórico, siempre olvidaban un factor como la determinación revolucionaria, la firmeza y la inflexibilidad del proletariado. Y esto es precisamente la inflexibilidad y el temple del proletariado de nuestro país, que se decía a sí mismo y a los demás y demostró en la práctica que pereceríamos antes todos hasta el último que entregar nuestro territorio, que ceder nuestro principio, el principio de disciplina y política firme, al que debemos sacrificarlo todo. En el momento de descomposición de los países capitalistas, de la clase capitalista, en el momento de su desesperación y crisis, decide solo este factor político. Las frases sobre minoría y mayoría, sobre democracia y libertad no deciden nada, por mucho que los héroes del pasado período histórico las señalen. Aquí deciden la conciencia y la firmeza de la clase obrera. Si está dispuesta al sacrificio, si ha demostrado que sabe tensar todas sus fuerzas, entonces esto resuelve la tarea. Todo para resolver esta tarea. La determinación de la clase obrera, su inflexibilidad para realizar su consigna –«antes pereceremos que rendirnos»– no es solo un factor histórico, sino un factor decisivo, vencedor.

De esta victoria, de esta certeza, pasamos, y hemos llegado a aquellas tareas de la construcción económica pacífica cuya solución constituye la función principal de nuestro congreso. En este aspecto, no se puede hablar, en mi opinión, de un informe del Buró Político del CC o, mejor dicho, de un informe político del CC; hay que decir directa y abiertamente: sí, camaradas, esta es una cuestión que ustedes resolverán, que deben ponderar con la autoridad de la máxima instancia del partido. Esta cuestión la hemos esbozado claramente ante ustedes. Hemos tomado una posición determinada. Su deber es confirmar definitivamente, corregir o modificar nuestra decisión. Pero el CC en su informe debe decir que en esta cuestión fundamental y candente ha tomado una posición completamente determinada. Sí, ahora la tarea consiste en aplicar a las tareas pacíficas de la construcción económica, a las tareas de restaurar la producción destruida, todo lo que pueda concentrar el proletariado, su unidad absoluta. Aquí se necesita una disciplina férrea, un régimen férreo, sin el cual no nos habríamos mantenido no solo dos años y pico, sino ni siquiera dos meses. Hay que saber aplicar nuestra victoria. Por otro lado, hay que entender que esta transición requiere muchos sacrificios, que de por sí ya ha sufrido muchos el país.

El aspecto de principio del asunto era claro para el CC. Toda nuestra actividad estuvo subordinada a esta política, dirigida en este espíritu. Una cuestión como, por ejemplo, que parece un detalle, que por sí misma, si se sacara de contexto, por supuesto no puede pretender un significado de principio fundamental –la cuestión de la colegialidad y la dirección unipersonal, que ustedes resolverán– debe ser planteada sin falta bajo el ángulo de las principales adquisiciones de nuestro conocimiento, de nuestra experiencia, de nuestra práctica revolucionaria. Se nos dice, por ejemplo: «La colegialidad es una de las formas de participación de las amplias masas en la administración». Pero nosotros en el CC sobre esta cuestión hablamos, decidimos, y debemos rendir cuentas ante ustedes: camaradas, con tal confusión teórica no se puede transigir. Si en la cuestión fundamental de nuestra actividad militar, de nuestra guerra civil, hubiéramos permitido una décima parte de tal confusión teórica, habríamos sido derrotados, y con justicia.

Permítanme, camaradas, en relación con el informe del CC y en relación con la cuestión de la participación de la nueva clase en la administración sobre la base de la colegialidad o la dirección unipersonal, introducir un poco de teoría, señalar cómo administra una clase, en qué se expresa el dominio de una clase. Nosotros, en este aspecto, no somos novatos, y nuestra revolución se diferencia de las revoluciones anteriores en que en nuestra revolución no hay utopismo. Si en lugar de la vieja clase ha llegado una nueva, solo en una lucha furiosa con otras clases se mantendrá, y solo vencerá hasta el final si logra llevar a la abolición de las clases en general. El proceso gigantesco y complejo de la lucha de clases plantea las cosas así; de lo contrario, se hundirán en el pantano de la confusión. ¿En qué se expresa el dominio de una clase? ¿En qué se expresaba el dominio de la burguesía sobre los feudales? En la constitución se escribía sobre libertad, sobre igualdad. Eso es mentira. Mientras existan trabajadores, los propietarios son capaces e incluso están obligados, como propietarios, a especular. Nosotros decimos que no hay igualdad, el harto no es igual al hambriento y el especulador no es igual al trabajador.

¿En qué se expresa ahora el dominio de la clase? El dominio del proletariado se expresa en que se ha expropiado la propiedad terrateniente y capitalista. El espíritu, el contenido fundamental de todas las constituciones anteriores, hasta la republicana democrática, se reducía a una sola propiedad. Nuestra Constitución tiene derecho y se ha ganado el derecho a la existencia histórica porque no solo está escrita en el papel que la propiedad es abolida. El proletariado vencedor ha abolido y destruido hasta el final la propiedad, he aquí en qué consiste el dominio de la clase. Ante todo, en la cuestión de la propiedad. Cuando se resolvió prácticamente la cuestión de la propiedad, con ello se aseguró el dominio de la clase. Cuando la Constitución escribió después en el papel lo que la vida había decidido –la abolición de la propiedad capitalista, terrateniente– y añadió: la clase obrera según la Constitución tiene más derechos que el campesinado, y los explotadores no tienen ningún derecho – con ello se escribió que habíamos realizado el dominio de nuestra clase, con lo que vinculamos a nosotros a los trabajadores de todos los estratos y pequeños grupos.

Los pequeños propietarios están dispersos; aquellos entre ellos que tienen mayor propiedad son enemigos de los que tienen menos, y los proletarios, aboliendo la propiedad, les declaran una guerra abierta. Todavía hay mucha gente inconsciente, oscura, que está enteramente a favor de cualquier tipo de libre comercio, pero que, cuando ven la disciplina, el sacrificio en la victoria sobre los explotadores, no pueden guerrear, no están con nosotros, pero son impotentes para oponerse a nosotros. Solo con el dominio de la clase se determina la relación de propiedad y la relación de qué clase está arriba. Quien vincula la cuestión de en qué se expresa el dominio de la clase con la cuestión del centralismo democrático, como observamos a menudo, introduce tal confusión que ningún trabajo exitoso puede realizarse sobre esa base. La claridad de la propaganda y la agitación es la condición fundamental. Si nuestros adversarios decían y reconocían que habíamos hecho milagros en el desarrollo de la agitación y la propaganda, hay que entenderlo no externamente, que teníamos muchos agitadores y habíamos gastado mucho papel, sino internamente, que la verdad que había en esa agitación se abría paso en las cabezas de todos. Y de esa verdad no se puede desviar.

Cuando las clases se sucedían unas a otras, cambiaban la relación con la propiedad. La burguesía, al suceder al feudalismo, cambió la relación con la propiedad; la constitución de la burguesía dice: «El que tiene propiedad es igual al que es mendigo». Esta era la libertad de la burguesía. Esta «igualdad» daba el dominio en el estado a la clase capitalista. Y bien, ¿creen que cuando la burguesía sucedió al feudalismo, confundía el estado con la administración? No, no eran tan tontos; decían que para administrar hay que tener personas que sepan administrar, para eso tomaremos a los feudales y los transformaremos. Así lo hicieron. ¿Fue eso un error? No, camaradas, la capacidad de administrar no cae del cielo ni llega por el espíritu santo, y el hecho de que una clase determinada sea la clase avanzada no la hace inmediatamente capaz de administrar. Lo vemos en el ejemplo: mientras la burguesía vencía, tomaba para administrar a personas salidas de otra clase, la feudal; de ningún otro lado podía tomarlas. Hay que mirar las cosas con seriedad: la burguesía tomaba a la clase anterior, y ahora también nuestra tarea es saber tomar, someter, utilizar su conocimiento, su preparación, aprovechar todo esto para la victoria de la clase. Por eso decimos que la clase vencedora debe ser madura, y la madurez no se acredita con una receta o un certificado, se acredita con la experiencia, la práctica.

Los burgueses vencieron sin saber administrar, y se aseguraron la victoria declarando una nueva constitución y reclutando, tomando administradores de su clase y comenzaron a aprender, utilizando a los administradores de la clase anterior, y a los suyos nuevos comenzaron a enseñarlos, prepararlos para la administración, poniendo en juego todo el aparato estatal, secuestrando las instituciones feudales, poniendo en la escuela a los que tienen dinero, y así, a través de largos años y décadas, prepararon administradores de su clase. Hoy, en el estado organizado a imagen y semejanza de la clase dominante, hay que hacer como se ha hecho en todos los estados. Si no queremos situarnos en la posición del utopismo más puro y las frases vacías, debemos decir que debemos tener en cuenta la experiencia de los años anteriores, que debemos asegurar la Constitución conquistada por la revolución, pero para administrar, para la organización del estado, debemos tener personas que posean la técnica de la administración, que tengan experiencia estatal y económica, y esas personas no podemos tomarlas de ningún otro lado que de la clase anterior.

A menudo, el razonamiento sobre la colegialidad está impregnado del espíritu más ignorante, del espíritu de anti-especialismo. Con ese espíritu no se puede vencer. Para vencer, hay que comprender toda la historia más profunda del viejo mundo burgués, y para construir el comunismo, hay que tomar la técnica y la ciencia y ponerla en marcha para círculos más amplios, y no se puede tomar de ningún otro lado que de la burguesía. Esta cuestión fundamental hay que plantearla de manera destacada, hay que situarla entre las tareas fundamentales de la construcción económica. Debemos administrar con la ayuda de personas salidas de la clase que hemos derrocado –personas que están imbuidas de los prejuicios de su clase y a las que debemos reeducar. Al mismo tiempo, debemos reclutar a nuestros propios administradores de las filas de nuestra clase. Debemos emplear todo el aparato estatal para que las instituciones educativas, la educación extraescolar, la preparación práctica –todo esto, bajo la dirección de los comunistas, se dirija a los proletarios, a los obreros, a los campesinos trabajadores.

Solo así podemos organizar el asunto. Después de nuestra experiencia de dos años, no podemos razonar como si hubiéramos empezado la construcción socialista por primera vez. Hicimos bastantes tonterías en el período de Smolny y sus alrededores. No hay nada de vergonzoso en ello. ¿De dónde íbamos a sacar inteligencia cuando emprendíamos un asunto nuevo por primera vez? Probamos de una manera, probamos de otra. Íbamos a la deriva, porque no se podía distinguir el elemento correcto del incorrecto –para eso se necesita tiempo. Ahora esto es un pasado no lejano del que hemos salido. Ese pasado, en el que reinaban el caos y el entusiasmo, ya pasó. El documento de ese pasado es la Paz de Brest. Es un documento histórico, más aún, es un período histórico. La Paz de Brest nos fue impuesta porque éramos impotentes en todos los campos. ¿Qué fue ese período? Fue un período de impotencia, del que salimos vencedores. Fue un período de colegialidad total. No se puede saltar por encima de este hecho histórico cuando se dice que la colegialidad es una escuela de administración. ¡No se puede estar todo el tiempo sentado en la clase preparatoria de la escuela! (Aplausos.) Eso no va a funcionar. Ahora somos adultos, y nos azotarán y azotarán en todos los campos si actuamos como escolares. Hay que avanzar. Hay que elevarse con energía, con unidad de voluntad. Sobre los sindicatos recaen dificultades gigantescas. Hay que lograr que asimilen esta tarea en el espíritu de lucha contra los restos del pregonado democratismo. Todos esos gritos sobre los designados, toda esa vieja y dañina basura que encuentra lugar en diferentes resoluciones, conversaciones, debe ser barrida. De lo contrario, no podemos vencer. Si no hemos asimilado esta lección en dos años, estamos atrasados, y los atrasados serán derrotados.

La tarea es sumamente difícil. Nuestros sindicatos han prestado una ayuda gigantesca en la construcción del estado proletario. Fueron el eslabón que unía al partido con la masa millonaria y oscura. No juguemos al escondite: los sindicatos llevaron sobre sus hombros toda la tarea de lucha contra nuestras calamidades, cuando había que ayudar al estado en el trabajo de abastecimiento. ¿Acaso no era esa la tarea más grande? Hace poco salió el «Boletín de la Dirección Central de Estadística»{107}. Allí se han resumido los resultados por estadísticos a los que no se puede sospechar de bolchevismo de ninguna manera. Allí hay dos cifras interesantes: en 1918 y 1919, los obreros de las provincias consumidoras recibían 7 puds, mientras que los campesinos de las provincias productoras consumían 17 puds al año. Antes de la guerra, ellos mismos consumían 16 puds al año. He aquí dos cifras que muestran la correlación de clases en la lucha por el abastecimiento. El proletariado siguió haciendo sacrificios. ¡Gritan sobre la violencia! Pero justificó y legalizó esta violencia y demostró la corrección de esta violencia por el hecho de que hizo los mayores sacrificios. La mayoría de la población, los campesinos de las provincias productoras de nuestra hambrienta y arruinada Rusia, por primera vez comieron mejor que durante cientos de años en la Rusia zarista, capitalista. Y diremos que las masas pasarán hambre hasta que venza el Ejército Rojo. Era necesario que la vanguardia de la clase obrera hiciera este sacrificio. Tiene una escuela en esta lucha; saliendo de esta escuela, debemos avanzar. Ahora hay que dar este paso a toda costa. Como todo sindicato, los viejos sindicatos tienen su historia y su pasado. En ese pasado fueron órganos de resistencia contra quien oprimía el trabajo, contra el capitalismo. Pero cuando la clase se ha convertido en estatal y cuando ahora tiene que hacer grandes sacrificios y perecer y pasar hambre, la situación ha cambiado.

No todos comprenden este cambio y no todos se adentran en él. Aquí nos ayudan algunos mencheviques y eseristas, que exigen la sustitución de la dirección unipersonal por la colegialidad. Disculpen, camaradas, ¡eso no va a funcionar! De eso nos hemos desacostumbrado. Ahora tenemos ante nosotros una tarea muy compleja: habiendo vencido en el frente sangriento, vencer en el frente incruento. Esta guerra es más difícil. Este frente es el más duro. Lo decimos abiertamente a todos los obreros conscientes. Después de la guerra que soportamos en el frente, debe haber una guerra incruenta. Se da la situación de que cuanto más vencíamos, más regiones aparecían como Siberia, Ucrania y Kubán. Allí hay campesinos ricos, allí no hay proletarios, y si hay proletariado, está corrompido por las costumbres pequeñoburguesas, y sabemos que allí cualquiera que tiene un pedazo de tierra dice: «Me importa un comino el gobierno. Le sacaré al hambriento todo lo que quiera y me importa un bledo el gobierno». Al campesino especulador, que, dejado a Denikin, vaciló hacia nuestro lado, ahora lo ayudará la Entente. La guerra ha cambiado de frente y de formas. Ahora combate con el comercio, con el acaparamiento, lo ha hecho internacional. En las tesis del camarada Kamenev, que fueron publicadas en «Izvestia del CC»{108}, la base de principio de esto está expresada plenamente. Quieren hacer internacional el acaparamiento. Quieren convertir la construcción económica pacífica en una descomposición pacífica del Poder Soviético. Disculpen, señores imperialistas, estamos en guardia. Decimos: hemos guerreado y vencido, y por eso seguimos poniendo como consigna fundamental la que nos ayudó a vencer. La conservamos enteramente y la trasladamos al campo laboral, precisamente la consigna de la firmeza y la unidad de voluntad del proletariado. Los viejos prejuicios, las viejas costumbres que han quedado, hay que acabar con ellas.

Puedo detenerme, para concluir, en el folleto del camarada Gusev{109}, que, en mi opinión, merece atención en dos aspectos: es bueno no solo desde el punto de vista formal, no solo porque fue escrito para nuestro congreso. Hasta ahora, por alguna razón, todos solíamos escribir resoluciones. Dicen que todos los tipos de literatura son buenos, excepto los aburridos. Las resoluciones, creo, deben clasificarse como un tipo aburrido de literatura. Sería mejor si, siguiendo el ejemplo del camarada Gusev, escribiéramos menos resoluciones y más folletos, aunque tengan una masa de errores como los que abundan en su folleto. Pero a pesar de estos errores, es la mejor cosa, porque en ella se ha puesto en el centro de atención el plan económico fundamental de restauración de la industria y la producción de todo el país, porque en ella todo está subordinado al plan económico fundamental. El Comité Central ha incluido en sus tesis, que se han repartido hoy, un párrafo entero que tomó íntegramente de las tesis del camarada Gusev. Podemos, con la ayuda de los especialistas, elaborar aún más detalladamente este plan económico fundamental. Debemos recordar que este plan está calculado para muchos años. No prometemos liberar inmediatamente al país del hambre. Decimos que la lucha será más difícil que en el frente de combate, pero nos interesa más, constituye un acercamiento más directo a nuestras verdaderas tareas fundamentales. Exige la máxima tensión de las fuerzas, aquella unidad de voluntad que hemos manifestado antes y que debemos manifestar ahora. Si resolvemos esta tarea, entonces obtendremos una victoria no menor en el frente incruento que en el frente de la guerra civil. (Aplausos.)

## 3. Discurso de clausura sobre el informe del Comité Central

30 de marzo

Camaradas, los principales ataques provocaron ese aspecto del informe político del CC que el camarada Sapronov llamó insultos. El camarada Sapronov dio un carácter y un sabor extraordinariamente definidos a la posición que defendía, y para mostrarles cómo están las cosas desde el punto de vista fáctico, quisiera comenzar recordando algunas fechas fundamentales. Aquí tengo ante mí las «Izvestia del CC del PCR» del 2 de marzo; publicamos en nombre del CC una carta a las organizaciones del PCR sobre la cuestión de la organización del congreso. Y en la primera carta decimos: «Ha pasado, afortunadamente, el tiempo de las discusiones puramente teóricas, de las disputas sobre cuestiones generales, de la aprobación de resoluciones de principio. Esto ya es una etapa superada, una tarea resuelta ayer y anteayer. Hay que ir adelante, hay que saber comprender que ahora tenemos ante nosotros una tarea práctica, que con todas las fuerzas, con energía verdaderamente revolucionaria, con la misma abnegación con que nuestros mejores camaradas, obreros y campesinos del Ejército Rojo, vencieron a Kolchak, Yudenich, Denikin, hay que resolver la tarea práctica de la victoria más rápida sobre la devastación».

Debo confesar que aquí resulté culpable de optimismo yo, que pensaba que el tiempo de las discusiones teóricas había pasado. En efecto, durante 15 años antes de la revolución teorizamos, dos años administramos el estado, ahora hay que mostrar eficiencia y practicidad, y así nos dirigimos el 2 de marzo a los camaradas que tienen experiencia práctica. En respuesta a esto, el 10 de marzo se publican en «La Vida Económica»{110} las tesis de Tomsky, el 23 de marzo las tesis de los camaradas Sapronov, Osinsky, Maximovsky, el 27 de marzo aparecen las tesis del Comité Provincial de Moscú, es decir, ya después de nuestro llamamiento al partido. Y en todas estas tesis la cuestión está planteada teóricamente incorrecta. Si nuestro punto de vista en la carta era optimista, erróneo, si nos parecía que esta época ya había sido superada por nosotros, las tesis indicaron que aún no había sido superada, y no hay por qué quejarse a los camaradas de los sindicatos de que fueron tratados injustamente, y ahora tenemos ante nosotros la cuestión: ¿es correcto este punto de vista o la posición que, después de nuestro llamamiento del 2 de marzo, defendían todas estas tesis? En cada una de ellas hay una masa de material práctico, y esto hay que tenerlo en cuenta. Si el CC hubiera mirado esto sin seria atención, sería una institución que no sirve para nada.

Pero escuchen lo que escribe el camarada Tomsky:

«§ 7. El principio fundamental en la estructura de los órganos de regulación y administración de la industria, el único que puede garantizar la participación de las amplias masas obreras no partidistas a través de los sindicatos, es el principio actualmente existente de administración colegiada de la industria, desde el presidium del VSNJ hasta la dirección de la fábrica inclusive. Solo en casos excepcionales, mediante acuerdo mutuo de los presidiums del VSNJ y del VTsSPS o del CC de los sindicatos correspondientes, debe permitirse la administración unipersonal de empresas individuales, bajo la condición indispensable del control sobre los administradores unipersonales por parte de los sindicatos y sus órganos. § 8. Para garantizar la realización de la unidad del plan de construcción económica y establecer la coordinación en la actividad de los sindicatos y los órganos económicos, la participación de los sindicatos en la administración de la industria y su regulación debe establecerse sobre la base de los siguientes principios: a) las cuestiones generales de la política económica son discutidas por el VSNJ y sus órganos con la participación de los sindicatos; b) las colegiaturas económicas dirigentes son formadas por el VSNJ y sus órganos conjuntamente con los órganos correspondientes de los sindicatos; c) las colegiaturas de los órganos económicos, discutiendo conjuntamente con los sindicatos las cuestiones generales de la política económica de tal o cual rama de la producción y dándoles informes periódicos sobre su actividad, son órganos solo del VSNJ y están obligadas a llevar a la práctica solo sus resoluciones; d) todas las colegiaturas de los órganos económicos están obligadas a cumplir sin réplica las resoluciones de los órganos superiores del VSNJ personal y colegiadamente, respondiendo solo ante el VSNJ por su cumplimiento».

Esto es una terrible confusión de cuestiones teóricas elementales.

Es cierto que la administración se realiza a través del administrador unipersonal, pero quién resultará ser este administrador, un especialista o un obrero, depende de cuántos administradores tengamos del viejo y del nuevo orden. Pero esto son cosas teóricas elementales. Hablemos de ello. Si quieren discutir la línea política del CC, no nos endilguen nada que no hayamos planteado ni dicho. Cuando el 2 de marzo llamamos a los camaradas a darnos refuerzos prácticos, ¿qué recibimos como respuesta? En respuesta, los camaradas de las bases nos presentan cosas teóricas manifiestamente incorrectas. En las tesis de los camaradas Osinsky, Maximovsky y Sapronov, que aparecieron el 23 de marzo, todo es una distorsión teórica continua. Escriben que la colegialidad, de una forma u otra, constituye la base necesaria del democratismo. Afirmo que en 15 años de historia prerevolucionaria de la socialdemocracia no encontrarán nada parecido. El centralismo democrático significa solo que los representantes de las bases se reúnen y eligen un órgano responsable, que debe administrar. Pero ¿cómo? Depende de cuántas personas aptas haya, de cuántos buenos administradores haya allí. El centralismo democrático consiste en que el congreso controla al CC, lo destituye y designa uno nuevo. Pero si nos pusiéramos a verificar las incorrecciones teóricas escritas en estas tesis, nunca terminaríamos. En realidad, no me ocuparé más de esto y solo diré que el CC tomó la línea en esta cuestión que no podía dejar de tomar. Sé perfectamente que el camarada Osinsky y otros no comparten puntos de vista majnovistas y majaevistas, pero a sus argumentos los majnovistas no pueden dejar de aferrarse. Están vinculados a ellos. Tomen las tesis del Comité provincial de Moscú del partido, que nos fueron repartidas. Aquí se dice que en una sociedad socialista desarrollada, donde desaparecerá la división social del trabajo y la fijación de las personas a las profesiones, el cambio periódico de personas que realizan por turno la función de administración solo es posible sobre la base de una amplia colegialidad, etc., etc. ¡Todo esto es una confusión total!

Nos dirigimos a los prácticos locales: ayúdennos con indicaciones prácticas. En lugar de ello, nos dicen que el CC no cuenta con las bases. ¿Con qué no cuenta? ¿Con las disertaciones sobre la sociedad socialista? Aquí no hay ni sombra de practicismo, ni de eficiencia. Por supuesto, tenemos excelentes obreros que toman mucho de la intelectualidad, pero a veces no lo mejor, sino lo peor. Entonces hay que luchar contra eso. Pero si en respuesta al llamamiento del CC para dar indicaciones prácticas han planteado cuestiones de principio, entonces debemos hablar de ellas. Entonces debemos decir que es necesario luchar contra las incorrecciones de principio. Las tesis que se han presentado después del 2 de marzo contienen monstruosas incorrecciones de principio.

Esto lo afirmo. Hablemos de ello y discutamos. ¡No hay que eludirlo! No vale la pena remitirse a que no somos teóricos. Disculpe, camarada Sapronov, sus tesis son tesis de un teórico. Verán que si se introducen en la práctica, es necesario retroceder y resolver las cuestiones en un planteamiento no práctico. Quienes en las tesis de los camaradas Maximovsky, Sapronov, Tomsky buscaran indicaciones prácticas se equivocarían profundamente; son fundamentalmente incorrectas. Considero que la relación de la clase con la organización del estado es radicalmente incorrecta y nos arrastra hacia atrás. Por esto, naturalmente, abogan todos aquellos elementos que se quedan atrás, que aún no han superado todo esto. Y no hay que culpar a los autores de estas tesis de que hayan ido conscientemente tras el relajamiento, sino de que con su error teórico en la cuestión que el CC les propuso plantear, dan una bandera, una justificación a los peores elementos. ¿Y por qué se hizo todo esto? Por falta de previsión. Esto se establece por los documentos auténticos con total indiscutibilidad.

Paso a la acusación que hizo el camarada Yurenev sobre el camarada Shlyapnikov. Si el CC hubiera removido al camarada Shlyapnikov como representante de la oposición justo antes del congreso, tal CC sin duda habría cometido una vileza. Cuando establecimos que el camarada Shlyapnikov se iba, dijimos en el Buró Político que no le dábamos directivas antes de la partida, y el camarada Shlyapnikov vino a verme la víspera de la partida y declaró que se iba sin directivas del CC. Por lo tanto, al camarada Yurenev le llegó simplemente un rumor y lo difunde. (Yurenev: «Shlyapnikov me lo dijo personalmente…»)

No sé cómo pudo decírselo personalmente, cuando antes de partir estuvo conmigo y dijo que se iba sin directivas del CC. Sí, por supuesto, si el CC hubiera desterrado a la oposición antes del congreso, sería inadmisible. Pero cuando se habla en general de destierro, digo: tómense entonces la molestia de elegir un CC que pueda distribuir correctamente las fuerzas, pero que quite la posibilidad de quejarse. ¿Cómo se puede distribuir de manera que todos estén contentos? Si no hay esta distribución, entonces ¿para qué hablar de centralismo? Y si hubo una distorsión de los principios, hablemos de ellos con ejemplos. Si hemos desterrado a representantes de la oposición, dennos el ejemplo para examinarlo; quizás haya errores. Quizás fue desterrado el camarada Yurenev, que presentó una queja al Buró Político de que había sido tomado incorrectamente del Frente Occidental? Pero el Buró Político, tras examinar la cuestión, consideró que se había hecho correctamente. Y cualquier CC que elijan no puede negarse a distribuir las fuerzas.

Además, sobre la distribución de asuntos entre el Buró Organizativo y el Buró Político. El camarada Maximovsky tiene más experiencia que yo en cuestiones organizativas, y dice que Lenin introduce confusión en las cuestiones del Buró Organizativo y el Buró Político. Bueno, pues analicemos. Según nosotros, el Buró Organizativo distribuye las fuerzas, y el Buró Político se ocupa de la política. Si tal división es incorrecta, ¿cómo delimitar la actividad de estos dos órganos? ¿Escribir una constitución? Es difícil dividir exactamente el Buró Político y el Buró Organizativo, delimitar su actividad. Cualquier cuestión puede volverse política, incluso el nombramiento de un comandante. Si alguien propone otra solución, por favor; camaradas Sapronov, Maximovsky, Yurenev, presenten sus propuestas, intenten dividir, delimitar el Buró Organizativo y el Buró Político. Nos basta una protesta de un miembro del CC para que la cuestión sea reconocida como política. Y durante todo el tiempo no hemos tenido ni una sola protesta. La iniciativa propia está menos limitada: cualquier miembro del CC puede declarar una cuestión política. Y cualquier práctico con algo de experiencia en cuestiones organizativas, que no razone como el camarada Maximovsky, sino un trabajador que haya trabajado en este campo aunque sea medio año, debe presentar críticas no como las del camarada Maximovsky. Que los críticos den indicaciones concretas, las aceptaremos y aconsejaremos elegir un nuevo CC que lleve a cabo esos deseos. Y solo hemos recibido críticas sin objeto, afirmaciones falsas.

Supongamos que separan el Buró Organizativo de la dirección política. Pregunto, ¿en qué consistiría entonces la dirección política? ¿Quién dirige, sino las personas, y cómo dirigir, sino distribuyendo? ¿Acaso se puede obligar a una persona si no es capaz de aplicar determinadas directivas? Se le dan determinadas instrucciones, se controla su trabajo, finalmente se le coloca en otro trabajo. ¿Y cómo enseñar aún a los camaradas Maximovsky, Sapronov y Osinsky, que en sus tesis esbozan una corrección teórica que hace tiempo fue rechazada? En la práctica llevan a cabo algo aún peor y demuestran que no hay ningún material para una crítica práctica.

El camarada Sapronov habló mucho de oligarquía e iniciativa propia. Lástima que no lo ilustró con ejemplos de Ucrania. Allí vemos qué ataques contra la oligarquía levantaban las conferencias locales. Esta cuestión la examinará el congreso, o bien la encargará al CC. Pero sobre la conferencia ucraniana, en la que la mayoría con Sapronov a la cabeza se pronunció contra el camarada Rakovsky y llevó a cabo una persecución completamente inadmisible, diremos que no reconocemos esa resolución de la conferencia regional. Esa es una decisión del CC. Si fue incorrecta, llávennos a rendir cuentas, pero no se libren con frases, porque aquí hay personas letradas y dirán –esto es demagogia. Si estamos equivocados en la valoración de la escisión ucraniana, aporten hechos de que el CC cometió un error.

Diremos que no reconocemos esa conferencia del camarada Sapronov, y designamos a dos compañeros viejos y dos nuevos, al camarada J... y a los borotbistas. No he oído ni una protesta ni del camarada Sapronov ni de otros, ni un solo argumento práctico. Si disolvimos y dispersamos toda una conferencia ucraniana, había que tocar a rebato y decir que somos criminales. Mientras tanto, todos callan, porque sienten que detrás de esas frases sobre iniciativa propia, etc., se ocultaron y escondieron todos los elementos desorganizadores, elementos de pequeñoburguesía y atamanismo, que en Ucrania son muy fuertes. (Aplausos.)

He oído un punto práctico en el discurso del camarada Sapronov y me he agarrado a ese punto. El camarada Sapronov dice: el VII Congreso de los Soviets prescribió, y nosotros violamos su prescripción, que el decreto sobre la recolección del lino es una violación de la resolución del VTsIK. No puedo recordar ni una décima parte de los decretos que aprobamos. Pero he consultado en la secretaría del Sovnarkom las reglas sobre la recolección del lino{111}. El decreto se aprobó el 10 de febrero. ¿Qué se descubrió? Ni en el Buró Político ni en el VTsIK hay camaradas que estuvieran en contra de la defensa de la iniciativa propia. Les hemos visto aquí en esta tribuna. Los camaradas saben que tienen la lengua muy bien colocada. ¿Por qué no apelaron esta resolución? ¡Presenten sus quejas! No hubo tal queja después del 10 de febrero. Nosotros, por propuesta del camarada Rikov y de acuerdo con el camarada Sereda y el Narkomprod, después de una larga lucha, aprobamos esta resolución. Se nos dice: «¡Se equivocaron!». Quizás. Corríjannos. Pasen esta cuestión al Buró Político. Esa será una decisión formal. Den el acta. Si demuestra que violamos la resolución del congreso, debemos ser sometidos a juicio. ¿Dónde está esa acusación? Por un lado, reproches por Shlyapnikov, por otro lado, se dice que la decisión sobre el lino fue violada. Tómense la molestia de aportar datos de que violamos la resolución. Pero no aportan hechos. Todas sus palabras quedan en palabritas: iniciativa propia, designación, etc. ¿Para qué entonces el centralismo? ¿Podríamos habernos mantenido dos meses si no hubiéramos designado durante dos años, cuando en diferentes lugares pasábamos de total agotamiento y destrucción de nuevo a la victoria? Porque no les gusta la destitución del camarada Shlyapnikov o del camarada Yurenev, arrojan esas palabritas a la multitud, a la masa inconsciente. El camarada Lutovinov dice: «La cuestión no está resuelta». Hay que resolverla. Si dos comisarios del pueblo discrepan en la valoración de Iván Ivánovich y uno afirma que aquí hay política – ¿qué hacer, indiquen el modo? ¿Creen que las cuestiones aburridas solo están en el Presidium del VTsIK? Digo que no hay institución donde no haya cuestiones aburridas, y todos tienen que examinar la cuestión de María Ivanovna o Sidor Ivanovich. Pero decir que no hay política no se puede, porque la política atraviesa cada cabeza. El camarada Lutovinov tuvo... – no sé cómo decirlo, temo ofender la delicadeza del oído del camarada Sapronov y temo usar una expresión polémica– pero dijo que el camarada Krestinsky amenazó con la escisión. Al respecto hubo una reunión del buró. Existe el acta del buró, y ruego a todos los miembros del congreso que tomen esa acta y la lean[11]. Llegamos a la conclusión de que el camarada Krestinsky tuvo vehemencia, y ustedes, camarada Lutovinov y camarada Tomsky, tuvieron una riña muy maloliente. Quizás estamos equivocados – corrijan nuestra decisión, pero hablar así, sin leer los documentos, sin referirse a que hubo una reunión especial, que el asunto fue examinado en presencia de Tomsky, Lutovinov, no se puede.

Me queda aún tocar dos puntos, ante todo el nombramiento de los camaradas Bujarin y Radek. Se dice que los enviamos como comisarios políticos al VTsSPS, y aquí se piensa explotar esa trama de que se viola la iniciativa propia, se practica el burocratismo. Quizás conozcan mejores teóricos que Radek y Bujarin, entonces dennoslos; quizás conozcan mejores personas familiarizadas con el movimiento sindical, dennoslas. ¿Cómo, el CC no tiene derecho a añadir al sindicato a personas que están mejor familiarizadas teóricamente con el movimiento sindical y conocen la experiencia alemana y pueden influir en la línea incorrecta? ¡El CC que no cumpliera esta tarea no podría administrar! Cuanto más nos rodean los campesinos y los cosacos de Kubán, más difícil es nuestra situación con la dictadura proletaria. Por lo tanto, hay que enderezar la línea y hacerla de acero a toda costa, y esta línea la recomendamos al congreso del partido.

El camarada Bubnov dijo aquí que está estrechamente vinculado con Ucrania, y con ello reveló el verdadero carácter de sus objeciones. Dijo que el CC tiene la culpa del fortalecimiento de los borotbistas. Esta es una cuestión sumamente compleja e importante, y creo que en esta cuestión tan importante, donde se requería maniobra, y muy compleja, salimos vencedores. Cuando hablamos en el CC de concesiones máximas a los borotbistas, se reían de ello, decían que no íbamos derechos; pero derechos se puede combatir cuando el enemigo tiene una línea recta. Ya que el enemigo se mueve en zigzag, y no en línea recta, debemos seguirlo y atraparlo en todos los zigzags. Prometimos a los borotbistas el máximo de concesiones, pero con la condición de que siguieran una política comunista. De este modo demostramos que no tenemos la menor intolerancia. Y que estas concesiones fueron hechas completamente correctas lo demuestra el hecho de que todos los mejores elementos de los borotbistas han entrado ahora en nuestro partido. Hemos reregistrado a ese partido y, en lugar de una sublevación de los borotbistas, que era inevitable, obtuvimos, gracias a la línea correcta del CC, magníficamente llevada a cabo por el camarada Rakovsky, que todo lo mejor que había en el seno de los borotbistas entró en nuestro partido bajo nuestro control, con nuestro reconocimiento, y el resto desapareció de la escena política. Esta victoria vale un par de buenas batallas. Por lo tanto, decir que el CC tiene la culpa del fortalecimiento de los borotbistas significa no comprender la línea política en la cuestión nacional.

Tocaré aún el discurso del último camarada, que dijo que hay que eliminar del programa lo que se dice sobre los sindicatos. He aquí una muestra de precipitación. No lo hacemos tan a la ligera. Afirmamos que no hay que eliminar nada, hay que discutir en folletos, artículos, en la prensa, etc. Los sindicatos tienden a tomar en sus manos la vida económica, precisamente la industria. Las conversaciones sobre no incluir a los especialistas en los sindicatos son un prejuicio. Los sindicatos son educadores, y se les exige rigurosamente. El CC no tolerará a un mal educador. La educación es un asunto largo y difícil. Aquí no se puede salir del paso con un decreto, hay que acercarse con paciencia y habilidad, y vamos hacia eso y seguiremos yendo. El asunto exige ser muy cautelosos, pero firmes.

## 4. Discurso sobre la construcción económica

31 de marzo

Camaradas, ante todo dos pequeñas observaciones. El camarada Sapronov continuó reprochándome el olvido, pero la cuestión que planteó no la explicó. Siguió asegurando que el decreto sobre el aprovisionamiento de lino es una violación de la resolución del VTsIK. Declaro que no se puede lanzar en un congreso del partido acusaciones gratuitas, y además muy graves. Por supuesto, si el Sovnarkom hubiera violado una resolución del VTsIK, estaría sujeto a ser llevado a juicio. Pero ¿por qué desde el 10 de febrero hasta hoy no ha llegado ninguna queja de que este decreto sea una violación? Recibimos una acusación completamente infundada, que es muy fácil de lanzar, pero estos métodos de lucha no son serios en absoluto.

El camarada Milyutin dice que casi no tenemos divergencias y que por eso resulta algo así como que Lenin está contra la pelea y él mismo desarrolla esta pelea. Pero el camarada Milyutin distorsiona algo, lo que no debería hacer. Tuvimos un primer proyecto de resolución, esbozado por el camarada Trotsky, luego reelaborado colegiadamente en el CC. Enviamos este proyecto a los camaradas Milyutin y Rikov. Nos lo devolvieron diciendo que lucharían contra él. Así fue como ocurrió realmente. Después de que desarrollamos agitación y obtuvimos aliados, ellos montaron en el congreso una oposición integral, pero al ver que no salía nada, solo entonces empezaron a decir que estaban casi de acuerdo. Por supuesto, es así, pero hay que llevar el asunto hasta el final y establecer que su acuerdo significa su completo fracaso, después de que la oposición se presentó aquí e intentó cohesionarse en torno a la colegialidad. Cuando se le acabó el tiempo al camarada Milyutin, después de 15 minutos, solo entonces recordó que estaría bien dar al asunto un planteamiento práctico. Completamente correcto. Pero temo que sea tarde; aunque aún queda el discurso de clausura del camarada Rikov, la oposición no se puede salvar. Si los defensores de la colegialidad hubieran hecho en los últimos dos meses lo que predican, nos hubieran dado al menos un ejemplo, no como el de que hay un director y un ayudante, sino que hubieran dado una encuesta con un examen preciso de la cuestión, con una comparación de la colegialidad con la dirección unipersonal, como se había resuelto en el congreso de los consejos de economía nacional y en el CC, entonces nos habríamos vuelto mucho más inteligentes, entonces en el congreso no habríamos tenido discusiones de principio, que son insustanciales, entonces los partidarios de la colegialidad podrían haber dado impulso al asunto. Su posición sería fuerte si, de hecho, pudieran citar al menos 10 fábricas puestas en las mismas condiciones y administradas según el principio de colegialidad, y las compararan de manera práctica con la organización en las fábricas administradas unipersonalmente. Para tal informe, a cualquier ponente se le podría dar una hora, y ese ponente nos habría hecho avanzar mucho; quizás habríamos establecido gradaciones prácticas sobre esta base de colegialidad. Pero todo está en que cualquiera de ellos, que debería tener material práctico, tanto los de los consejos de economía nacional como los sindicalistas, no dieron nada, porque no tenían nada. ¡No tienen absolutamente nada!

Aquí el camarada Rikov objetó que quiero rehacer la revolución francesa, que niego que la burguesía creciera dentro del régimen feudal. No dije eso. Dije que al suceder la burguesía al régimen feudal, la burguesía tomaba a los feudales y aprendía de ellos la administración, y esto no contradice en absoluto el crecimiento de la burguesía dentro del régimen feudal. Y mis afirmaciones de que la clase obrera, después de tomar el poder, comienza a realizar sus principios, no fueron refutadas absolutamente por nadie. Después de tomar el poder, la clase obrera mantiene, conserva el poder y lo fortalece, como toda clase, mediante el cambio de la relación con la propiedad y una nueva constitución. ¡Esa es mi primera afirmación fundamental, indiscutible! La segunda afirmación, de que toda clase nueva aprende de la clase anterior y toma representantes de la administración de la clase anterior, es también una verdad absoluta. Por último, mi tercera afirmación, de que la clase obrera debe aumentar el número de administradores de entre sus filas, crear escuelas, preparar cuadros de trabajadores a escala estatal. Estas tres afirmaciones son incontestables y van radicalmente contra las tesis de los sindicatos.

Le dije al camarada Tomsky en la fracción, cuando analizábamos sus tesis, cuando el camarada Bujarin y yo fuimos derrotados{112}, le dije que en sus tesis el punto 7 quedaría como rastro de una completa confusión teórica. En él se dice:

«El principio fundamental en la estructura de los órganos de regulación y administración de la industria, el único que puede garantizar la participación de las amplias masas obreras no partidistas a través de los sindicatos, es el principio actualmente existente de administración colegiada de la industria, desde el presidium del VSNJ hasta la dirección de la fábrica inclusive. Solo en casos excepcionales, mediante acuerdo mutuo de los presidiums del VSNJ y del VTsSPS o del CC de los sindicatos correspondientes, debe permitirse la administración unipersonal de empresas individuales, bajo la condición indispensable del control sobre los administradores unipersonales por parte de los sindicatos y sus órganos».

¡Esto es una completa tontería, porque el papel de la clase obrera en la conquista del poder estatal, la relación de los métodos, todo está confundido! ¡No se puede transigir con tales cosas! Tales cosas teóricamente nos arrastran hacia atrás. Lo mismo se puede decir del centralismo democrático de los camaradas Sapronov, Maximovsky y Osinsky. El camarada Osinsky lo olvida, al plantear la idea de que yo llamo tontería al centralismo democrático. ¡No se puede distorsionar así! ¿Qué tiene que ver la cuestión del nombramiento, de la realización a través de las organizaciones locales? Se puede realizar a través de colegiaturas y también se pueden nombrar colegiaturas. ¡La cuestión, presentada fuera de lugar! Se dice que el centralismo democrático no consiste solo en que administra el VTsIK, sino que el VTsIK administra a través de las organizaciones locales. ¿Qué tiene que ver la colegialidad o la dirección unipersonal?

El camarada Trotsky recordó su informe de 1918 y, leyendo el discurso que pronunció entonces, señaló que entonces no solo discutimos sobre cuestiones fundamentales, sino que se tomó una decisión concreta del VTsIK. Desenterrando su viejo folleto «Las tareas inmediatas del Poder Soviético»[12], del que me había olvidado por completo, veo que la cuestión de la dirección unipersonal no solo fue planteada, sino que recibió aprobación en las tesis del VTsIK[13]. Trabajamos de tal manera que olvidamos no solo lo que escribimos, sino también lo que resolvió el VTsIK, y luego nos remitimos a la resolución. He aquí extractos del folleto:

«Los representantes conscientes (y en su mayor parte, probablemente, inconscientes) del relajamiento pequeñoburgués querían ver una desviación del principio de colegialidad y del democratismo y de los principios del Poder Soviético en la concesión a individuos de poderes “ilimitados” (es decir, dictatoriales). Entre los eseristas de izquierda se desarrolló en algunos lugares una agitación directamente hooligan, es decir, que apelaba a los malos instintos y al afán pequeñopropietario de “arrebatar”, contra el decreto sobre la dictadura{113}»... «toda gran industria maquinizada –es decir, precisamente la fuente material, productiva y el fundamento del socialismo– exige la unidad de voluntad más absoluta y estricta, que dirija el trabajo conjunto de centenares, miles y decenas de miles de personas. Técnica, económica e históricamente, esta necesidad es evidente, siempre ha sido reconocida por todos los que han pensado en el socialismo como condición del mismo» – solo así «puede garantizarse la unidad de voluntad más estricta»...

«Pero, de una u otra manera, la sumisión incondicional a una voluntad única para el éxito de los procesos de trabajo organizados según el tipo de la gran industria maquinizada es absolutamente necesaria. Para los ferrocarriles es necesaria en doble y triple grado»...

«Y toda nuestra tarea, la tarea del partido de los comunistas (bolcheviques), que es el expresor consciente de la aspiración de los explotados a la liberación, es comprender este viraje, entender su necesidad, ponerse al frente de la masa agotada y que busca fatigosamente una salida, conducirla por el camino seguro, por el camino de la disciplina laboral, por el camino de la conciliación de las tareas de la asamblea sobre las condiciones de trabajo y las tareas de la sumisión incondicional a la voluntad del dirigente soviético, del dictador, durante el trabajo»...

«Hacía falta precisamente la victoria de Octubre de los trabajadores sobre los explotadores, hacía falta toda una franja histórica de discusión inicial por los propios trabajadores de las nuevas condiciones de vida y de las nuevas tareas, para que fuera posible un tránsito firme a las formas superiores de disciplina laboral, a la asimilación consciente de la idea de la necesidad de la dictadura del proletariado, a la sumisión incondicional a las disposiciones unipersonales de los representantes del Poder Soviético durante el trabajo»...

«Hay que aprender a unir juntos el democratismo asambleario de las masas trabajadoras, tumultuoso, que brota como una crecida primaveral, que se sale de todos los cauces, con la disciplina férrea durante el trabajo, con la sumisión incondicional –a la voluntad de una sola persona, del dirigente soviético, durante el trabajo»[14].

El 29 de abril de 1918, el VTsIK aprobó una resolución en la que se expresa la plena aprobación de los postulados fundamentales expuestos en este informe, y encargó a su Presidium redactar los postulados fundamentales en forma de tesis, como tareas fundamentales del Poder Soviético. ¡Así pues, repetimos lo que hace dos años fue aprobado en una resolución oficial del VTsIK! Y ahora nos arrastran hacia atrás en una cuestión resuelta hace tiempo, una cuestión que el VTsIK aprobó y aclaró, a saber, que el democratismo soviético socialista no contradice en nada la dirección unipersonal y la dictadura, que la voluntad de la clase a veces la realiza un dictador, que a veces hace más y a menudo es más necesario. En todo caso, la relación de principio hacia la colegialidad, hacia la dirección unipersonal, no solo se aclaró hace tiempo, sino que fue aprobada por el VTsIK. En este aspecto, nuestro congreso demuestra la triste verdad de que, en lugar de avanzar desde la aclaración de las cuestiones de principio hacia las concretas, avanzamos como un cangrejo. Si no nos deshacemos de este error, no resolveremos la tarea económica.

Quería decir aún dos palabras sobre algunas observaciones del camarada Rikov. Afirma que el Sovnarkom impide la unificación de los comisariados económicos, y cuando se dice que el camarada Rikov desea comerse al camarada Tsyurupa, él responde: «No me opongo a que Tsyurupa me coma a mí, pero con tal de que se unifiquen los comisariados económicos». Sé a dónde conduce esto, y debo decir que el intento del VSNJ de instalarse en algún bloque separado de comisariados económicos al margen del Consejo de Defensa y del Sovnarkom no pasó inadvertido para el CC y provocó una actitud negativa. Ahora el Consejo de Defensa ha sido renombrado como Consejo de Trabajo y Defensa. Quieren separarse del comisariado militar, que da las mejores fuerzas para la guerra, que es una institución sin la cual ni siquiera pueden realizar el servicio laboral, y nosotros no podemos realizar el servicio laboral sin el Comisariado del Pueblo del Interior. Si tomamos el correo, no podemos enviar cartas sin el Comisariado de Correos y Telégrafos. Tomemos el Narkomzdrav. ¿Cómo van a llevar a cabo la economía cuando el 70% está con tifus? Resulta que para nosotros todo asunto hay que coordinarlo y separarlo en un comisariado económico. ¡Este es un plan completamente absurdo! ¡El camarada Rikov no tuvo ninguna base seria! Por eso se luchó contra esto, y el CC no lo apoyó.

Más adelante, el camarada Rikov bromeó sobre el bloque con el camarada Goltsman, que se perfila entre el camarada Trotsky. Quería decir algunas palabras: siempre es necesario un bloque entre los grupos del partido que tienen razón. Esto debe ser siempre una condición obligatoria para una política correcta. Si el camarada Goltsman, a quien, por desgracia, conozco poco, pero de quien he oído hablar como representante de una corriente entre los metalúrgicos, que insiste especialmente en la aplicación de métodos racionales – lo que también está subrayado en mis tesis –, si desde este punto de vista insiste en la dirección unipersonal, esto, por supuesto, solo puede ser sumamente útil. El bloque con esta corriente sería archiútil. Si en el CC se refuerza la representación de los sindicatos, será útil tener en él también representantes de esta corriente, aunque sea incorrecta en algo, pero original, que tiene un matiz determinado, junto con los representantes extremos de la colegialidad, que luchan en nombre del democratismo y se equivocan. Que estén representados tanto unos como otros en el CC – y habrá bloque. Que el CC se componga de tal manera que mediante el bloque se pueda encontrar un campo para operar durante todo el año, y no solo durante la semana del congreso del partido. Siempre hemos rechazado el principio de representación regional, porque hay mucho compadrazgo regional en ello. Cuando hay que fusionarse más estrechamente con los sindicatos, hay que observar cada matiz de los sindicatos, hay que tener vínculo – es inevitable que el CC esté compuesto de tal manera que con las amplias masas de los sindicatos (tenemos 600 000 miembros del partido y 3 000 000 de miembros de los sindicatos) haya una correa que vincule al CC simultáneamente con la voluntad única de los 600 000 miembros del partido y los 3 000 000 de miembros de los sindicatos. Sin esta correa no podemos administrar. Cuanto más conquistábamos Siberia, Kubán y Ucrania con su población campesina, más difícil se volvía la tarea, más pesadamente funciona la máquina, porque hay poco proletariado en Siberia, y en Ucrania es más débil. Pero sabemos que los obreros de Donetsk y Nikolaev dieron un rechazo directo a la defensa de la colegialidad semidemagógica en la que caía el camarada Sapronov. No hay duda de que el elemento proletario en Ucrania es diferente al de Petrogrado, Moscú e Ivanovo-Voznesensk, y no porque sea malo, sino por acontecimientos puramente históricos. No tuvo que templarse tanto en el hambre, el frío y la lucha como les ocurrió a los proletarios de Moscú y Petersburgo. Por eso se necesita ese vínculo con los sindicatos, esa organización del CC para que conozca los matices no solo de los 600 000 miembros del partido, sino también de los 3 000 000 de miembros de los sindicatos, para que pueda conducir en cualquier momento a todos como a un solo hombre. ¡Esa organización es necesaria! Es el interés fundamental, político, sin el cual la dictadura del proletariado no sería dictadura. ¡Bloque, pues bloque! No asustarse de él, sino saludarlo y realizarlo más fuerte y más ampliamente en las instituciones más céntricas del partido.

## 5. Discurso sobre la cooperación 3 de abril{114}

Solo ayer por la tarde y hoy he podido conocer en parte ambas resoluciones. Creo que la resolución de la minoría de la comisión es más correcta. El camarada Milyutin la atacó con un gran arsenal de palabras terribles, descubrió en ella medias tintas y hasta medias medias tintas, la acusó de oportunismo. Pero me parece que el demonio no es tan feo como lo pintan. Si se examina en esencia, precisamente los argumentos de Milyutin, que intentó situar la cuestión en una posición de principio, revelan la incorrección e inadecuación, precisamente desde el punto de vista práctico, práctico y marxista, de la resolución que defendía Milyutin. Esta incorrección se reduce a lo siguiente: Milyutin señalaba que en su resolución, la de la mayoría de la comisión, se habla de la fusión con el volispolkom, de la subordinación al volispolkom, y en ello ve la franqueza y determinación de su resolución en comparación con la insuficiente revolucionariedad de la resolución de la minoría. Ya hemos visto durante largo tiempo de nuestra campaña revolucionaria que cuando nuestras acciones revolucionarias estaban preparadas, se coronaban con éxito; cuando solo estaban imbuidas de ardor revolucionario, terminaban en fracaso.

¿Qué dice la resolución de la minoría de la comisión? La resolución de la minoría dice: dirige la atención a fortalecer el trabajo comunista en las sociedades de consumo y a adquirir en ellas la mayoría, prepara aquellos órganos a los que quieres transferir y luego transferirás. Comparen con esto la línea que sigue Milyutin. Él dice: la cooperación es mala, por lo tanto, transfiéranla a los volispolkoms. ¿Y tienen ustedes una base comunista en esa cooperación que quieren transferir? La esencia del asunto –la preparación– se elude, se da solo la consigna última. Si este trabajo comunista está preparado y se han creado los órganos que podrán tomarla y dirigirla, entonces la transferencia es comprensible, entonces no hay que proclamarlo en el congreso del partido. Pero ¿cuántas veces han alzado la mano contra el campesinado? ¡Cuántas veces el mismo VSNJ alzó la mano contra el campesinado y contra la cooperación en el asunto de la recolección del lino! Si recuerdan la experiencia práctica de nuestro trabajo local y del Sovnarkom, dirán que este es un enfoque incorrecto del asunto, y que es correcta la resolución que dice que es necesario el trabajo de educación comunista y la preparación de un cuadro de trabajadores, sin lo cual la transferencia es imposible.

La segunda cuestión fundamental es el vínculo con la cooperación de consumo. Aquí el camarada Milyutin muestra una extraordinaria inconsistencia. Si la cooperación de consumo no cumple todas las tareas, es decir, aquello de lo que se habló durante dos años en toda una serie de decretos dirigidos contra el kulak, entonces hay que recordar que los medios de poder que tenemos contra el kulak se dan también contra la cooperación de consumo. Esto se aplica plenamente. Ahora lo más importante es aumentar la producción y la cantidad de productos. Si la cooperación de consumo no logra hacerlo, entonces será castigada por ello. Si, estando vinculada con la cooperación de producción, da aunque sea un pequeño aumento de productos, hay que inclinarse ante ella y desarrollar su iniciativa. Si la cooperación de consumo, a pesar de un vínculo local vivo más estrecho con la producción, no logra dar un aumento – significa que no ha cumplido la tarea directa del Poder Soviético. Si hay al menos dos o tres camaradas enérgicos en el distrito, dispuestos a luchar contra los kulaks y la burguesía, el asunto está ganado. ¿Dónde fue marginada la iniciativa del camarada Chuchin? No citó ningún ejemplo. Pero la idea de que hay que vincular la cooperación de producción con la de consumo y hacer todo tipo de concesiones, con tal de aumentar la cantidad de productos en el futuro más cercano, esta idea se desprende de nuestra experiencia de dos años. No obstaculiza en absoluto ni a los trabajadores comunistas ni a los soviéticos en la lucha contra la cooperación de tipo kulak, burgués. No solo no lo obstaculiza, sino que da una nueva arma en sus manos. Si sabes organizar algo, te daremos una prima, pero si no cumples esta tarea, te golpearemos no solo por ser contrarrevolucionario, para eso está la Cheka, como se declaró correctamente aquí: no, te golpearemos por no cumplir las tareas del poder estatal, del Poder Soviético, y del proletariado.

Contra la unificación de las cooperativas de consumo, el camarada Milyutin no adujo ni un solo argumento práctico – solo señaló que le parece oportunismo o medias tintas. Es extraño oír esto del camarada Milyutin, que junto con el camarada Rikov se proponía dar grandes pasos y se convenció de que no podía dar ni una décima parte de un paso. Desde este lado, el vínculo con la cooperación de consumo es una ventaja, da la posibilidad de ponerse inmediatamente a la producción. Contra la injerencia en el trabajo político se dan todos los medios, y la subordinación en lo productivo y económico depende enteramente del Narkomzem, del VSNJ. Todos estos medios los tienen en la medida en que pueden controlar la cooperación.

Ahora llegamos a la tercera cuestión – sobre la estatificación, que Milyutin defendió de tal manera que era extraño escuchar. Se creó una comisión, y el camarada Krestinsky quedó en minoría en la comisión, y el camarada Milyutin salió vencedor, pero ahora dice: «En cuanto a la estatificación, acepto no discutir». ¿Para qué entonces discutía la comisión? Si ustedes piensan como piensa el camarada Chuchin, están equivocados al renunciar a la estatificación. Aquí se dijo: si se nacionalizó a los capitalistas, ¿por qué no se puede nacionalizar a los kulaks? Pero este argumento no en vano encontró aquí hilaridad. En efecto, por mucho que se cuente a los campesinos acomodados que no pueden prescindir de la explotación del trabajo ajeno, no son menos de medio millón, y quizás incluso cerca de un millón, ¿cómo podremos nacionalizarlos? Es una fantasía. Para eso no tenemos fuerzas ahora.

El camarada Chuchin tiene toda la razón cuando dice que en la cooperación se sienta toda una serie de contrarrevolucionarios, pero esto no es de esa ópera. Aquí se dijo con justicia sobre la Cheka. Si debido a su miopía no pueden descubrir a los jefes individuales de la cooperación, pongan allí a un comunista para que señale esa contrarrevolución, y si es un buen comunista, y un buen comunista a la vez es también un buen chequista, entonces, colocado en la sociedad de consumo, debe traer, al menos, a dos cooperativistas contrarrevolucionarios.»

Por eso el camarada Chuchin se equivoca cuando predica la estatificación inmediata. Esto sería bueno, pero es imposible debido a que tenemos que ver con una clase que nos es menos accesible y que en ningún caso se presta a la nacionalización. Ni siquiera de las empresas industriales hemos nacionalizado todo. Mientras la orden en nombre de los glavki y centros llega al lugar, resulta completamente impotente: se hunde completamente en un mar, ya sea de papeles, ya sea de falta de caminos, de falta de telégrafo, etc. Por eso ahora hablar de la nacionalización de la cooperación no es posible. El camarada Milyutin está equivocado también de principio: siente que es débil, y piensa que se puede simplemente eliminar este punto. Pero entonces, camarada Milyutin, usted cercena su resolución, entonces da testimonio de que la resolución de la minoría tiene razón, pues el espíritu de su resolución – subordinar al volispolkom (en el primer punto se dice así – «tomar medidas») – es un espíritu chequista, introducido incorrectamente en la cuestión económica. La otra resolución dice que en primer lugar hay que aumentar el número de comunistas, reforzar la propaganda y agitación comunista, que hay que crear una base. Aquí no hay nada especialmente ruidoso, no se prometen ríos de leche y orillas de jalea. Pero si en las bases hay comunistas, saben qué hacer, y el camarada Chuchin no necesitará iluminar dónde llevar a los contrarrevolucionarios. Segundo, hay que preparar el órgano. «Prepara el órgano y pruébalo en la práctica, comprueba si aumenta la producción» – ¡eso es lo que dice la resolución de la minoría! Ante todo, crea la base, y luego – luego ya veremos. Lo que sea necesario, se hará por sí mismo. Decretos sobre que a los contrarrevolucionarios hay que enviarlos a la Cheka, y si no hay Cheka, al Revkom, se presentan en abundancia suficiente. Hay que menos de ese manotear. Hay que aprobar la resolución de la minoría, que da la línea fundamental.

## 6. Discurso de clausura del congreso 5 de abril

Camaradas, al hacer un breve resumen del trabajo de nuestro congreso, debemos, en mi opinión, detenernos ante todo en las tareas de nuestro partido. El congreso ha aprobado una resolución detallada sobre la cuestión organizativa, y el lugar más importante en esta resolución, como era de esperar, lo ocupa la cuestión de la educación, de la instrucción, de la utilización organizativa de los miembros de nuestro partido. La comisión de mandatos ha informado de que en el presente congreso están representados más de 600 mil miembros de nuestro partido. Todos sabemos bien las enormes dificultades que ha tenido que atravesar el partido en estos tiempos de lucha, cuando había que luchar para que al partido gubernamental –naturalmente abierto, porque es el partido gubernamental, y que abre el camino al poder– no pudieran adherirse y pegarse los peores elementos, los desechos del viejo capitalismo. Y uno de los medios de lucha fue la designación de semanas del partido. Solo en tales condiciones, solo en tales momentos, cuando el partido y el movimiento atravesaban una situación particularmente difícil, cuando Denikin estaba al norte de Oriol y Yudenich a 50 verstas de Petrogrado, podían ingresar en el partido solo personas sinceramente devotas a la causa de la liberación de los trabajadores.

Estas condiciones ahora, al menos en el futuro próximo, no se repetirán, y hay que decir que ese número enorme de miembros de nuestro partido, en comparación con los congresos anteriores, que se ha alcanzado y realizado, suscita ciertos temores, y existe un peligro completamente real que consiste en que el rápido crecimiento de nuestro partido no siempre fue a la par de cuánto hemos educado a esa masa para sus tareas actuales. Tenemos que tener constantemente en cuenta que este ejército de 600 mil personas debe ser la vanguardia de la clase obrera, que de otro modo, sin disciplina férrea, difícilmente habría sido posible realizar sus tareas en el transcurso de dos años. La condición fundamental para la aplicación y conservación de nuestra disciplina más estricta es la devoción: todos los viejos medios y fuentes de aplicación de la disciplina han sido destruidos; en la base de nuestra actividad hemos puesto solo un alto grado de reflexión y conciencia. Esto nos ha dado la posibilidad de realizar una disciplina que está por encima de la disciplina de cualquier otro estado y que descansa sobre una base diferente a la disciplina que continúa manteniéndose a duras penas, si es que aún puede mantenerse, en la sociedad capitalista. Por lo tanto, debemos recordar que nuestra tarea para el próximo año, después de los brillantes éxitos en la guerra, no consiste tanto en la expansión del partido, sino en el trabajo interno, en el sentido del desarrollo de la composición de nuestro partido. Nuestras resoluciones sobre la cuestión organizativa no en vano dedican el máximo espacio a esto.

Hay que lograr a toda costa que esta vanguardia del proletariado, este ejército de 600 000 miembros, esté a la altura de las tareas que recaen sobre él, ¡y recaen sobre él tareas de gigantesca importancia, internacionales e internas! En cuanto a las tareas internacionales, nuestra situación internacional nunca ha sido tan excelente como en la actualidad. Por raramente que nos lleguen noticias del extranjero sobre la vida de los obreros de allí, cada vez que se reciben un par de cartas o algunos números de periódicos obreros socialistas europeos y americanos, se experimenta el más alto goce, porque se ve cómo en las masas, completamente no tocadas antes por la propaganda o que vegetaban en un miserable oportunismo, en un socialismo puramente parlamentario, en todas partes y por doquier, mucho más de lo que sabemos, en cualquier rincón de la tierra, en todas partes se observa un enorme crecimiento del interés por el Poder Soviético, por las nuevas tareas, en todas partes se desarrolla un profundo movimiento revolucionario, efervescencia, planteamiento de la cuestión revolucionaria.

Ayer tuve ocasión de conocer un número del periódico del partido obrero socialista inglés. Los obreros ingleses, que tuvieron jefes intelectuales, que durante decenas de años se distinguieron por el desprecio a la teoría, hablan con total determinación, y el periódico testimonia que ahora entre los obreros ingleses hay interés por la cuestión de la revolución, surgió y se intensificó el interés por la lucha contra el revisionismo, contra el oportunismo, contra el socialismo parlamentario, contra esa socialtraición que tan bien hemos estudiado. ¡Esta lucha se pone a la orden del día! Podemos decir con certeza que resultó tener toda la razón el camarada americano R., que publicó un libro grueso que contiene una serie de artículos de Trotsky y míos y que da así una síntesis de la historia de la revolución rusa. Este camarada dice que la revolución francesa resultó victoriosa a escala histórico-mundial, y si pudo ser directamente aplastada, fue porque estaba rodeada por países en el continente europeo más atrasados, en los que no pudieron surgir inmediatamente movimientos de imitación, simpatía y apoyo. La revolución rusa, que tuvo que surgir antes que otras en virtud del yugo del zarismo y toda una serie de otras condiciones (vínculo con 1905, etc.), está rodeada de países que se encuentran en un grado más alto de desarrollo capitalista, que se acercan más lentamente a la revolución, ¡pero con más solidez, más firmeza, más seguridad! Vemos que cada año e incluso cada mes el número de partidarios y amigos de la república soviética dentro de cada país capitalista crece en 10, en 100, en 1000 veces, ¡y hay que decir que tenemos más amigos y aliados de lo que sabemos!

¡El intento del imperialismo mundial de aplastarnos por la vía militar ha sufrido un completo fracaso! Ahora la situación internacional nos ha dado una tregua mucho más larga y sólida que la que tuvimos al comienzo de la revolución. Pero hay que recordar que esto no es más que una tregua. Hay que recordar que todo el mundo capitalista está armado hasta los dientes y espera el momento, escogiendo las mejores condiciones estratégicas, sondeando los modos de ataque. ¡No se puede olvidar en ningún caso que ahora toda la fuerza económica y toda la fuerza militar están todavía de su lado! A escala mundial aún débiles, crecemos rápidamente, nos fortalecemos, arrancamos de las manos del enemigo un arma tras otra, ¡pero el enemigo acecha a la república soviética a cada paso! Ahora el capital internacional va con la intención determinada, con un plan calculado, para, al levantar el bloqueo, unir, fusionar, cohesionar el acaparamiento internacional, el libre comercio internacional, con nuestro acaparamiento interno y preparar sobre la base de este acaparamiento una nueva guerra, preparar una nueva serie de trampas, celadas.

Aquí llegamos a la tarea fundamental que fue la cuestión principal, el objeto principal de atención de nuestro congreso. Esta es la tarea de la construcción. En este aspecto, el congreso ha dado mucho, precisamente: fue aprobada por unanimidad la resolución sobre la cuestión principal de la construcción económica y el transporte. Y ahora, gracias a la educación partidista, lograremos que esta resolución sea aplicada por los tres millones de obreros que están en los sindicatos, como un solo hombre. Lograremos que esta resolución sirva para que dirijamos toda nuestra fuerza, disciplina, energía, a la restauración de la economía del país, en primer lugar – la restauración del transporte, y en segundo lugar – la restauración de la situación alimentaria.

Para la propaganda tenemos ahora toda una serie de cuestiones, y en este aspecto cada noticia del extranjero y cada 10 nuevos miembros del partido nos dan nuevo material para la propaganda. La propaganda debe seguir su curso, sin dispersar, sin dividir las fuerzas. Debemos recordar firmemente que la fuente de los éxitos, de los milagros que hemos manifestado en el arte militar, fue que siempre nos concentrábamos en lo principal, en lo fundamental, resolvíamos el asunto como no sabía resolverlo la sociedad capitalista. ¡El caso es que la sociedad capitalista todo lo que interesa especialmente a los ciudadanos –sus condiciones económicas de existencia, la guerra y la paz– todo esto la sociedad capitalista lo resuelve a escondidas de la propia sociedad; las cuestiones más importantes: la guerra, la paz, las cuestiones diplomáticas son resueltas por un puñado insignificante de capitalistas, que engañan no solo a las masas, sino que a menudo engañan incluso al parlamento. ¡No hay en el mundo ningún parlamento que haya dicho alguna vez algo serio sobre la cuestión de la guerra y la paz! En la sociedad capitalista, las cuestiones principales de la vida económica de los trabajadores, su situación de hambrientos o de buena existencia – las resuelve el capitalista, como señor, como dios. En todos los países capitalistas, en las repúblicas democráticas, la atención del pueblo durante tales períodos es distraída por esa prensa burguesa venal que se llama libertad de palabra, que inventa y pone en circulación todo para engañar, embaucar a esa masa. ¡Al contrario, en nuestro país todo el aparato del poder estatal, toda la atención del obrero consciente se concentraban total y exclusivamente en el momento principal, responsable, en la tarea principal! En el campo militar hemos hecho un gigantesco progreso en este aspecto, y esta experiencia debemos trasladarla ahora al campo económico.

Realizamos la transición al socialismo, y la cuestión más esencial –la del pan, la del trabajo– no es una cuestión privada, un asunto privado del empresario, sino una cuestión de toda la sociedad, cuando cada campesino que piense un poco debe darse cuenta y comprender claramente que si el estado en toda su prensa, en cada artículo, en cada número del periódico plantea la cuestión del transporte, esto es un asunto común. Esta construcción es la transición para el campesino de aquella ceguera y oscuridad que lo condenaba a la esclavitud, a la verdadera libertad, a aquello en que los trabajadores conocen todas las dificultades que tienen por delante, y todas las fuerzas de la organización social, todas las fuerzas del aparato estatal, todas las fuerzas de la agitación se dirigen a lo más simple y lo más esencial, desechando los oropeles, las chucherías y el juego con toda clase de resoluciones y promesas inteligentísimas de que se ocupan los agitadores de los periódicos de cualquier país burgués. Hay que concentrar todas las fuerzas, toda la atención en estas tareas económicas más simples, que son comprensibles para cada campesino, contra las cuales ningún campesino medio medianamente honesto, incluso acomodado, puede oponerse, y al plantearlas en cualquier reunión resultamos siempre absolutamente en lo cierto. La masa obrera y campesina más inconsciente confirmará que lo principal es ahora restaurar la economía de modo que no pueda caer de nuevo en manos de los explotadores, para que no reciba la menor concesión la persona que, en un país hambriento, teniendo excedentes de grano, los utiliza para enriquecerse y hacer pasar hambre a los pobres. No encontrarán a la persona más oscura, más inconsciente, que no tenga conciencia de que esto es injusto, en quien no haya destellado un pensamiento vago, confuso, pero que sin embargo destella, de que los argumentos aducidos por los partidarios del Poder Soviético corresponden plenamente a los intereses de los trabajadores.

En estas tareas simples, que en las grandes sociedades capitalistas son relegadas a un segundo plano y consideradas asunto privado de los patronos, en estas cuestiones debemos concentrar toda la atención de todo el ejército de 600 000 miembros del partido, entre los cuales no debemos tolerar ni a uno solo que no cumpla su tarea, y en nombre de ello obligar a los obreros, en masa, con la mayor abnegación y devoción, a unirse plenamente a nosotros. Esto es difícil de organizar, pero tiene una enorme autoridad moral y una fuerza de convicción gigantesca – ¡es justo desde el punto de vista de los trabajadores! Y así, en la confianza de que esta tarea, gracias a los trabajos del congreso, podrá ser ahora resuelta tan brillantemente, aunque también a costa de una serie de derrotas y una serie de errores, como resolvimos la tarea militar, en esta confianza podemos decir que ahora nos miran los obreros de todos los países europeos y americanos, miran con expectación: ¿resolveremos esta tarea más difícil que recae sobre nosotros, pues esta tarea es más difícil que la tarea de la victoria militar? ¡No se puede resolver con simple entusiasmo y simple sacrificio y arrebato heroico! En este trabajo de organización, en el que nosotros, los rusos, fuimos más débiles que otros, en este trabajo de autodisciplina, en este trabajo de habilidad para desechar lo superfluo y lograr lo principal, nada se hará rápidamente, y en este campo de la recolección de grano, de la reparación del transporte, de la restauración de la economía, que avanza solo pulgada a pulgada, donde se prepara el terreno y se hace algo pequeño pero sólido – en este trabajo nos miran los obreros de todos los países, esperando nuestras nuevas victorias. ¡Estoy seguro de que, apoyándonos en las resoluciones de nuestro congreso, logrando que los 600 000 miembros del partido trabajen como un solo hombre, estableciendo un vínculo más estrecho con los órganos económicos y los órganos sindicales – resolveremos esta tarea tan victoriosamente como resolvimos la tarea militar, e iremos rápida y firmemente hacia la victoria de la República Soviética Socialista Mundial! (Aplausos.)