Me hubiera gustado mucho, camaradas, asistir a vuestro congreso y hablar sobre las cuestiones alimentarias más importantes que figuran en el orden del día de vuestra reunión. Pero, desgraciadamente, me veo privado de la posibilidad de cumplir mi deseo y me veo obligado a contentarme con dirigiros un breve mensaje mediante este telefonema. Considero necesario señalaros, camaradas, que los exitosos resultados de vuestro trabajo, extraordinariamente duro y responsable, han impulsado recientemente al Consejo de Comisarios del Pueblo a adoptar un acuerdo en el que se expresaba satisfacción por los éxitos alcanzados en la actividad de acopio de los órganos de abastecimiento. No hay duda alguna de que en los más de dos años transcurridos los órganos de abastecimiento se han fortalecido y han crecido organizativamente. En buena medida ello se lo debemos a vuestros esfuerzos.

Pero, por supuesto, no es posible detenerse en los resultados alcanzados. El frente del hambre, el más importante después del frente militar, plantea ante vosotros toda una serie de nuevas tareas, sin cuya solución no es posible ni el ulterior fortalecimiento del poder obrero-campesino, ni la resolución de las tareas acuciantes y urgentes de la construcción económica.

Espero también que, en la obra de la construcción económica, ayudéis a establecer relaciones correctas con la cooperación, sobre la base de las resoluciones del congreso del Partido{72}, para resolver con éxito la difícil pero agradecida tarea de transformar la cooperación pequeñoburguesa en cooperación socialista.

Los éxitos que ya habéis alcanzado en el trabajo de abastecimiento os obligan, en mayor medida que antes, a hacer frente a toda costa a las nuevas tareas y, de este modo, acercaros a la solución real del problema alimentario, pues a quien mucho se le ha dado, mucho se le exigirá; y vosotros, con vuestro trabajo, habéis demostrado que no se os ha dado poco. Permitidme, pues, desearos éxito en la solución de las cuestiones que figuran en el orden del día de vuestra reunión, y asimismo en vuestro trabajo cotidiano, al que, estoy seguro, os entregaréis después de finalizada la reunión en los lugares de origen con energía decuplicada.

Escrito el 30 de junio de 1920.

Publicado el 2 de julio de 1920 en el periódico "Pravda" nº 143.

Se imprime según el texto del periódico.